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Thérèse (1986)

Thérèse
Trailer
6,9
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Sinopsis
A través de la figura de la monja francesa Teresa Martin (1873-1897), se plantea la posibilidad de la santidad en la vida cotidiana, sin necesidad de fenómenos sobrenaturales. Teresa Martin ingresó en la orden de las carmelitas de Lisieux, donde tomó el nombre de Teresa del Niño Jesús. Murió a los veinticuatro años de edad. Fue canonizada en 1925. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Thérèse
Duración
94 min.
Estreno
28 de enero de 2011
Guion
Camille de Casabianca, Alain Cavalier
Música
Gabriel Fauré, Jacques Offenbach
Fotografía
Philippe Rousselot
Productora
AFC / Centre National de la Cinématographie (CNC) / Films A2
Género
Drama Religión Biográfico
9
Retrato de un alma
Es extraño hacer una crítica antes de ir al cine a ver la película. Tan extraño como que un director tan alejado de la fe como Alain Cavalier (al menos en el momento que la rodó) pueda haber obrado este milagro llamado "Thérèse". Porque ya lo está, que sino también serviría como prueba para el proceso de canonización de la chica.

Pero como por fin, tras 25 años, se estrena en España esta joyita, y la he visto un par de veces este último año, voy a disfrutarla por tercera vez en pantalla grande. Tan seguro estoy de volverla a paladear que hago un acto de fe y adelanto la crítica.

Cavalier ha cogido "Historia de un alma", la autobiografía de Thérèse de Lisieux, y en vez de adaptarla la ha tallado y ha construido un retablo. Las imágenes son eso: sucesivos cuadros con fondo de estudio fotográfico. Pero en vez de disparar la cámara fotográfica lo ha hecho con la cinematográfica.

Todo esto puede parecer muy gafapastoso, y lo es, pero a veces a los directores gafapastas les suena la flauta. La película es de una belleza prístina. Ayuda mucho la memorable actuación de Catherine Mouchet, a la altura de la Falconetti de "La pasión de Juana de Arco".

A pesar de que es un filme muy austero es bastante llevadero. No hay música, no hay intriga, no hay explicaciones ni justificaciones. No hay beatería, sino reciedumbre tal como pedía la otra Teresa de Jesús, la de Ávila.

Las reacciones de los protagonistas se retratan más en las imágenes que en lo que dicen. En pequeños gestos que parecen anecdóticos pero que reflejan una reacción, una frustración, una alegría, un anhelo, un desprendimiento. Esas manos del padre rascando la mesa porque a su hija no le caben sus confituras en la maleta; esa pulsera que Thérèse se quita con dificultad para regalársela a su hermana; ese volteo de la cama; ese gesto facial de la joven monja cuando corta el pelo a la novicia; y así un cuadro tras otro hasta tallar un retrato asombroso del alma más pura de la Edad Contemporánea.

"Il est des âmes sur la terre
Qui cherchent en vain le bonheur
Mais pour moi, c’est tout le contraire
La joie se trouve dans mon cœur
Cette joie n’est pas éphémère
Je la possède sans retour
Comme une rose printanière
Elle me sourit chaque jour."

[(Sainte Thérèse de Lisieux (AKA Santa Teresita del Niño Jesús)]
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29 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
GRACIA
1) “¿Qué más da? Todo es gracia”.

Así se despide el pobre cura rural de Bresson-Bernanos. Moría tuberculoso.
Como Simone Weil, heterodoxa pensadora católica, que escribió sobre la gracia y murió joven.
Como santa Teresa de Lisieux, llena de gracia, alegría de existir y alegría de morir, aun en medio de dolores sin paliativos.

Gracia: milagro interior, sobrenatural e inexplicable. Una especie de entrada gratuita para participar en lo divino.


2) Casi todo es gracia en “Thérèse”.

Por la gracia se diría tocada la elección de la actriz, Catherine Mouchet, que a juzgar por las fotos de Thérèse Martin parece reencarnación: da plenamente el tono de esa clase de dicha por la que el acto más sencillo es fuente de regocijo íntimo. También la compasión con que es retratado el padre, procreador involuntario e incomprendido de monjas de clausura (gran interpretación de Jean Pelegri, unos fuertes destellos de hondura). Y la narración de la enfermedad mediante notas ligeras, sin espesor, lejos de la beatería, la gravedad, lo solemne. Notas como el baile de las novicias, un poco achispadas tras un brindis de cumpleaños; como su desparpajo al hablar de Cristo igual que un novio irresistible que anhelan las despose, las posea totalmente; como la insólita caricia con el pie, o la franqueza desarmante de Thérèse al expresar su ansia de éxtasis, saltando todas las normas y previsiones; como la potencia evocadora de los versos del “Cántico espiritual” de san Juan de la Cruz leídos por una de las monjas, en busca nocturna del Amado, o el escenario apenas esbozado, de sobra funcional, y los fondos diluidos en gris neutro, abstractos, para no interferir las composiciones concretas, rotundas como bodegones de un solo elemento: una silla, una cama, una mesa, una celosía, una cortina satinada…

Notas como las que la enferma apuntaba en un cuaderno con letra redonda y contenta, acaso un poco infantil.


3) Lo que en “Thérèse” no es gracia es alegato seco y contundente contra su ausencia: el rictus agrio de la superiora, tan preocupada por la intendencia, el reparto de cargos, la aplicación inflexible de las reglas, las elecciones; o la rigidez del párroco, ante todo político y burócrata.

Ojos fijos en lo temporal y ciegos para el sutil resplandor del espíritu.

La película lo incluye como fondo gris contra el que dibujar la aureola de Thérèse Martin.
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20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil