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Orígenes (2014)

Sinopsis
Ian Gray, un estudiante de biología molecular especializado en la evolución del ojo humano, conoce a una misteriosa mujer cuyo iris es multicolor. Años después, su investigación lo lleva a hacer un descubrimiento asombroso, que podría cambiar la forma en que percibimos nuestra existencia. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
I Origins
Duración
113 min.
Estreno
14 de noviembre de 2014
Guion
Mike Cahill
Música
Will Bates, Phil Mossman
Fotografía
Markus Förderer
Productora
Verisimilitude / WeWork Studio / Bersin Pictures
Género
Drama Romance Ciencia ficción Cine independiente USA Drama romántico Religión
7
La originalidad del título original que engloba a los orígenes y Orígenes
"Orígenes", de Mike Cahill, es una película original, según el guiño que parece nos hace el título en castellano. No así el título original que, en mi opinión, es un hallazgo y una traviesa paradoja no explicitada —aunque no descarto que sólo sea una interpretación mía—, y que, como en tantas ocasiones, se pierde en una mala traducción. El título original no es "Origins" sino "I Origins" que —aunque es verdad que para mayor ambigüedad se omite la coma— se traduciría por "Yo, Orígenes". Orígenes, fue uno de los principales doctores de la Iglesia Católica tan reconocido como S. Agustín, S. Gregorio Magno o Sto. Tomás de Aquino. Una de sus principales aportaciones al dogma fue su rechazo de la doctrina de la reencarnación. Buen conocedor del concepto griego de la metempsicosis o transmigración del espíritu, lo condenó por ser ajeno a la Iglesia, al no tener apoyatura bíblica. La Metempsícosis, como es sabido, es una concepción recurrente en las religiones orientales —entre las que destaca el budismo—, que defiende que, una vez que ha tenido lugar la muerte de alguien, su alma transmigra a otro cuerpo, cuyo grado de perfección depende de los merecimientos obtenidos en vida por aquél que acaba de fallecer.

El papel de Orígenes en la película lo desempeñaría el personaje de Ian Gray (Michael Pitt), pero no desde una posición religiosa que combate lo que dice otra acerca de la inmortalidad, sino desde una posición científica que considera a la religión superstición y que rechaza por tanto la inmortalidad. Gray alberga la esperanza de que la investigación en la que está trabajando: probar la teoría de la evolución en el ojo humano, tenga como valor añadido dejar en entredicho la existencia de un diseño inteligente en una de las piezas más sofisticadas del ser humano —como es el ojo—, asestando así un duro golpe a la teoría del creacionismo que intenta dar gato por liebre al pretender convertir una concepción religiosa en científica. La teoría del "Diseño inteligente" es uno de los elementos clave en la enconada polémica que se mantiene desde hace años en Estados Unidos, ya que ha sido la gran coartada del creacionismo para contraponerse, como teoría científica y no religiosa, al evolucionismo, e intentar lograr así que se estudie en las escuelas estadounidenses que, debido a su carácter laico, no pueden impartir enseñanza religiosa. La teoría del diseño inteligente supone que el origen o evolución del Universo, la vida y el hombre, serían el resultado de acciones racionales emprendidas de forma deliberada por un ente pensante. Este ente pensante o diseñador inteligente no es otro que Dios, aunque se obvia esta denominación, para que pueda ser incluido en los temarios escolares.

Esta película está emparentada con "Más allá de la Vida" de Clint Eastwood, que podría considerarse, en una mirada superficial, como de tesis respecto a la inmortalidad, a partir de sus dos temas centrales: el placentero tránsito de la vida a la muerte y la existencia de personas con una sensibilidad especial, que podrían llegar a ponerse en contacto con los muertos. En realidad de lo único de lo que levanta acta "Más allá de la Vida" es de dos cuestiones razonablemente documentadas, de las que por sí solas no se infiere nada acerca de la inmortalidad: Primero, que se han generado unos mecanismos —que quizás sean evolutivos en el ser humano— que le permiten un tránsito agradable de la vida a la muerte, al igual que se han desarrollado unas apetencias que estimulan la reproducción, por ser consecuencia de un acto muy placentero para la mayoría de personas.
Y segundo, que hay individuos que pueden adentrarse en la mente de los vivos, lo que pueden hacer pasar por un diálogo con los muertos.

"Orígenes" no es una película de tesis sobre la inmortalidad sino una película de intriga que tiene como elemento central de la intriga la inmortalidad.

El acierto en el reparto, las buenas interpretaciones, la extraordinaria fotografía y una banda musical sobresaliente, unidas a una cuidada puesta en escena al servicio de una acción que no decae en ningún momento, contribuyen a que esta película se vea muy bien, resulte muy amena y consiga plenamente su objetivo principal, que no es otro que el de sorprender.
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140 de 161 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Una maravilla que cautiva la vista y despierta emociones
“Ahora mismo existe un extraño miedo al sentimiento”. Lo dijo Mike Cahill durante la presentación de su última película en el festival de Sitges. Y debe andar en lo cierto, porque hacía tiempo que una película no me ponía los pelos de punta. Nada menos que en tres ocasiones. Tres maravillosos instantes con los que Orígenes ya se gana un ineludible visionado pero que son sólo tres reacciones subjetivas ante un filme elegante, reflexivo y muy redondo. Una de las más gratas sorpresas del certamen fantástico.

La primera respuesta epidérmica se produce al poco tiempo de empezar la película, cuando Ian Gray, un estudiante de biología molecular, se queda prendado de un par de ojos multicolores. Inmortalizados con su cámara, son el único rasgo que conserva de la misteriosa joven que conoció en una fiesta de disfraces. A partir de ahí comienza una intensa búsqueda que culmina en un vagón de metro con unos cascos y la magnífica canción que dio comienzo a su relación. La gran historia de amor a primera vista que sólo unos pocos afortunados vivirán más allá de la gran pantalla.

Pero el romance en Orígenes no se ciñe exclusivamente a la pareja que forman Michael Pitt y la bellísima Astrid Bergès-Frisbey. Es también el reflejo de una pasión tan poco atractiva para el cine como la pasión por la ciencia. Los hipnóticos primeros planos de iris son el estímulo visual para poder plasmar la obsesión del joven científico y su becaria por encontrar el origen del ojo humano. Una visión romántica de la investigación que conducirá a un intenso debate entre la razón y las creencias.

Antes de alcanzar el tono más reflexivo, cuando parecía todo encarrilado, la trama da un giro de 180 grados. Una escena imprevista, un duro golpe al espectador con el que Cahill provoca el segundo gran erizamiento de piel, no sólo por el sorprendente suceso sino también por su poderoso tratamiento audiovisual. El shock ahoga el sonido, el grito de dolor que sólo un gran trauma impediría escuchar. Una de las grandes interpretaciones en la interesante carrera de Michael Pitt.

Y la tercera gran conmoción, capaz de hacerte levantar para aplaudir a su responsable, se reserva para el final del metraje, cuando Orígenes se adentra en la India y en el manido tema de la reencarnación. De manera intrigante y espléndida, Cahill nos va planteando el eterno dilema entre ciencia y religión, apelando primero a los datos y a la propia experiencia después. El razonamiento y la observación a los que se debe todo científico quedan en entredicho ante las puertas de un ascensor. Sobrecogedora escena que devuelve la fe en los milagros, al menos en los que pueden llegar a producirse en una platea.

Puede que Cahill tenga razón, que los sentimientos no se prodiguen últimamente en el cine. Quizá por eso Orígenes se degusta como aire fresco, sin el sabor rancio de las películas románticas y con un filtro pretendidamente moderno, hipster para algunos, que se aplica desde en la puesta en escena hasta la banda sonora. Una maravilla que cautiva la vista y que, sin rozar la cursilería, despierta emociones.
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