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The Disaster Artist (2017)

The Disaster Artist
Trailer
6,9
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Sinopsis
Narra la historia real de la producción de la película 'The Room', que ha sido considerada como “una de las peores películas de la historia". Dirigida en 2003 por Tommy Wiseau, 'The Room' se ha estado proyectando en salas -completamente llenas- por toda Norteamérica desde hace más de una década. 'The Disaster Artist' es una comedia sobre dos inadaptados en busca de un sueño. Cuando el mundo los rechaza, deciden hacer su propia película, un film maravillosamente espantoso gracias a sus momentos involuntariamente cómicos, sus tramas dispersas y sus terribles interpretaciones. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
The Disaster Artist
Duración
106 min.
Estreno
29 de diciembre de 2017
Guion
Scott Neustadter, Michael H. Weber (Libro: Greg Sestero, Tom Bissell)
Música
Dave Porter
Fotografía
Brandon Trost
Productora
Good Universe / New Line Cinema / Point Grey Pictures / RabbitBandini Productions / RatPac-Dune Entertainment
Género
Comedia Cine dentro del cine Basado en hechos reales Biográfico Amistad
9
Planeta Wiseau
Hace algo más de una década, se colocó la primera piedra de un culto especial.
'The Room' era su nombre: incoherente, absurda, penosa, cutre, surrealista... única. Como bien se dice al principio: "si les dices a los diez directores más talentosos de la actualidad que la repitan, no serán capaces ni de acercarse a lo que es".
Semejante despropósito solo podía crear un seguimiento equivalente, y allá que la película infló su leyenda en sesiones golfas, impactando a toda la gente del mundillo, mientras su protagonista/director/productor/guionista Tommy Wiseau ganaba fama por haberla parido.

'The Disaster Artist' no es, como podría parecer en un primer momento, sólo una comedia sobre la creación de tan magna "obra maestra": como el cartelito de "basado en hechos reales" avisa, esto es un intento por comprender a Tommy Wiseau, desde el respeto, pero sin faltar a la verdad en su descacharrante personalidad.
Su introducción ya deja esto claro, presentándolo como una figura mítica y gigantesca, mientras el tío lo está dando todo, a su aire, libre, replicando a un Marlon Brando que se revolvería en su tumba si pudiera verlo.
El público se ríe, todos nos reímos, porque es imposible hacer otra cosa, pero Greg Sestero le ve y solo piensa "quiero ser como este tío, y perder el miedo a expresar lo que me apasiona": un punto de vista a contracorriente, que le hará su amigo cuando todos los demás le tomen por loco, y que bien pensado no deja de ser razonable.

James Franco se sumerge en el pelazo, mentón y párpado caído (grandioso párpado caído) de Tommy Wiseau, metiéndonos junto a Greg en un planeta en el que nunca se grita lo suficientemente alto mientras se interpreta o nunca es demasiado tarde para visitar un homenaje James Dean, uno en el que su risa característica y sus expresiones sin sentido dibujan primero a un solitario que acaba de encontrar a alguien que le escucha, y después a un soñador que se ha llevado todas las negativas posibles.
Estamos en una comedia porque el tío es gracioso de por sí, pero las risas permiten pasar por alto el fondo trágico que hay detrás, que sólo asoma de vez en cuando y que cuando lo hace es más doloroso que cualquier otra cosa.
Para todos, Tommy Wiseau es un ridículo que ni en un millón de años (ni después tampoco) tendría una oportunidad en el cine, pero él mismo se ve como un artista incomprendido, ante una industria que cada vez que puede nos recuerda su frivolidad y superficialidad.

La película nos convierte en parte de todos los que no creyeron en él, sin quererlo: nos reímos cuando Tommy se pone a escribir para romper las ideas preconcebidas sobre su persona, nos reímos cuando su sueño compartido con Greg está pendiente de un hilo, nos seguimos riendo cuando no tiene ni idea de rodar y aún así pone todo el dinero y recursos de los que es capaz para hacer su guión realidad.
Es fácil olvidarse de que, tras los castings chorras y las decisiones cuestionables, había una persona tratando de demostrarse a si mismo que no tenía por qué ser el monstruo de Frankenstein que le dijeron que era.
Y precisamente hay un punto de la historia en el que la mezquindad de Tommy le gana la partida a la gracia que nos hacía, y a punto estamos de volverle la espalda como su amigo y colaboradores, pensando que pobre gilipollas el que está abusando de todos para conseguir una película de mierda.

Pero, en una escena clave, el monstruo se baja de sus altares y el público se sube a su particular planeta: Greg Sestero (entregado Dave Franco mediante) silencia risas inicialmente crueles que resuenan en la sala de cine, y se permite transformarlas en una bonita reflexión sobre la relación director-espectador, estableciendo que no importa si una película es recibida con premios o con burlas, sino que cuál es el recuerdo que deja.
Y, aceptándose como es, su amigo se da cuenta de que no tenía que ser otro Tennessee Williams, sino simplemente Tommy Wiseau.

Cuesta perseguir un sueño, y aún más duele creer alcanzarlo para darte cuenta de que en realidad está mucho más lejos de lo que se pensaba.
Pero Tommy Wiseau hizo una película irrepetible, que nadie más habría podido hacer como a él le salió (como se demuestra en los créditos finales, imprescindible verlos hasta el final), y solo por eso es el artista que dijo ser, aunque nos haya costado aceptarlo.
Han tenido que pasar años de mofas y sesiones golfas, pero su particular planeta ahí sigue, plasmado en película, para que volvamos a darnos cuenta de lo único que resulta.

Y si hay algo que este sentido homenaje a los soñadores y al cine consigue es que, efectivamente, ya no nos reíremos de ti, Tommy.
Pero ojala sigamos riéndonos contigo.
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123 de 134 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La carcajada más respetable (hasta el final)
James (Y Dave) Franco nos acercan a una comedia en la que se les ve como Pedro por su casa, tan cómodos que (como en "The Room") no sabes cuándo hay que tomársela en serio y cuando reírse.

La película consigue que en menos de 20 minutos ames el personaje de Tommy, y te embarques en la aventura que supone a los dos protagonistas encontrarse (o perderse) en el mundo cinematográfico de Hollywood.
Hora y media de carcajadas en cada escena, con cada diálogo, con la interpretación de James al personaje de Wiseau y de cómo consigue divertir tanto e ironizar tanto de ella mostrando tantísimo respeto por la misma y su director. Agranda la leyenda a la par que demuestra ser un gran actor y director, ya que como él mismo dice "no estamos aquí para promocionar el trabajo de otros".

Un gran número de actores (la lista es interminable aunque el mejor, de largo, es James) han querido sumarse a esa fiesta del humor y del honor, sin olvidarse de recordarnos el camino de la vida, las metas, la amistad, la confianza... no sé cómo consigue hacer algo tan completo en hora y media de película, pero desde luego es admirable.

En la rueda de prensa (San Sebastián 2017) James ha insistido en que NO es una parodia, y quizás es esa seriedad tan divertida y fresca lo que consigue que te haga reír tanto.

Vayan a verla, y quédense después de los créditos. Hasta el final.
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38 de 45 usuarios han encontrado esta crítica útil