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Testigo de cargo (1957)

Testigo de cargo
Trailer
8,7
40.353
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Sinopsis
Leonard Vole (Tyrone Power), un hombre joven y atractivo, es acusado del asesinato de la señora French, una rica anciana con quien mantenía una relacion de carácter amistoso. El presunto móvil del crimen era la posibilidad de heredar los bienes de la difunta. A pesar de que las pruebas en su contra son demoledoras, Sir Wilfrid Roberts (Charles Laughton), un prestigioso abogado criminalista londinense, se hace cargo de su defensa. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Witness for the Prosecution
Duración
114 min.
Guion
Billy Wilder, Harry Kurnitz (Teatro: Agatha Christie)
Música
Matty Malneck
Fotografía
Russell Harlan (B&W)
Productora
United Artists
Género
Intriga Drama Drama judicial
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Agatha Christie Testigo de cargo
"Excelente película, con la dosis de intriga de la obra de Christie, que crece en emoción hasta un final tan inesperado como sugestivo. El glamouroso reparto en el que destaca el impresionante trabajo de Laughton, hace el resto."
[Diario El País]
8
El peine de los vientos.
Película absolutamente tramposa e inverosímil, con un final ridículo, precipitado, que manipula desde el más chabacano embeleco. La trama no se sostiene por sí misma, está claro. Pero la sostiene, entre trapisondas varias, el propio espectador. Y la sostiene un poco por la simpatía que le genera Laughton y un poco sin saber por qué, pero con un interés que no le prestaría, normalmente, a una peli actual de estas características.

Quizás sí sea una obra maestra, aunque a mí no me lo parezca. Y si finalmente lo fuera lo sería por unos diálogos estupendos, un guión milimétrico en su despropósito pero de tremenda precisión técnica, etc. Pero sobre todo, creo yo, lo sería por su condición de película consistente, inoxidable; que está ahí, y ahí se queda. No la mueve ni el tiempo. Permanece fresca, joven. Aguanta la ventolera de los años y la marejada de sucesivas generaciones de espectadores.

Por ello, es digno de alabar el método mágico e indescifrable de algunos directores para generar películas (no sé si obras maestras o no, no entro en ese debate) capaces de mantenerse como el primer día, capaces de conectar con el espectador y hacerle vibrar 40 ó 50 años después (con lo difícil que es eso en el terreno audiovisual, nos criamos con imágenes y nos condicionan las imágenes).

Y no me refiero al cinéfilo medio, ni siquiera. Voy más allá, me refiero al aficionado a las películas, no al cine, que se traga lo que le echen siempre que sea en color y de no más de 15 años. Incluso ése, en su mayoría, se zamparía esta peli sin rechistar. Y por muchas protestas que formule por el desenlace y por mucho que adelante su resolución (que lo hará), se lo pasará de la hostia con un espectáculo en que engañarle y sorprenderle no es lo prioritario (aunque le engañen), y porque se le ha contado de manera estupenda una historia entretenidísima, apuntalada con elementos (una introducción impecable, actores, guión y realización de soberbia capacidad narrativa) de primer nivel. Y en esos elementos radica la diferencia entre películas como ésta y el grueso del thriller sorpresivo actual. No existe comparación posible partiendo de confrontar finales y sorpresas... Esta cinta condensa un enorme trabajo artesanal en un desarrollo que va más allá del final, el disfraz, el acento o el cuchillo. Cuestiones irremisiblemente pasajeras puesto que se dirigen a un público concreto, a la sensibilidad y la ingenuidad, en este caso, de una época determinada. Pero... ¿contar bien una historia? Eso no tiene fecha de caducidad.

En esto de la longevidad de las pelis Wilder es, probablemente, el gran especialista, el mejor (junto a Hitchcock). Siempre que busco cine clásico para ponérselo a no aficionados al cine recurro a ¡Qué bello es vivir! o al maestro Wilder. Siempre que busco cine imperecedero, ése que hace hincapié en el nudo tanto o más que en el desenlace, recurro a películas como ésta.

Y la verdad es que normalmente acierto. Bueno, Wilder... Wilder acierta.
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297 de 374 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Tanto tiempo después sigue siendo ejemplar
Es “Testigo de cargo” una de esas películas que de tanto rizar el rizo en su final, se vuelve todo inverosímil pero que te quedas con una agradable sonrisa en la cara. Sonrisa al comprobar unos diálogos ingeniosos, con grandes toques de humor, con un sarcasmo tan sutil que pasa desapercibido.

Magistralmente interpretada por su trío protagonista: Tyrone Power, Marlene Dietrich, Charles Laughton. Laughton lleva la interpretación en esta cinta hasta confundir su personaje con su propia persona. Cercano, ral, bonachón y pícaro. Fantástico durante todo el metraje.
La película se hace corta. Ni el tiempo, ha podido borrar la brillante realización del director Billy Wilder.

Divierte, fascina, inquieta y sorprende. ¿Qué más se le puede pedir a una película?

La Dietrich siempre refinada, puesta para nuestro disfrute dice: “Nunca me desmayo porque no estoy segura de caer con elegancia“.

Y yo contesto: señora, con frases como esa y directores como el que le ronda la elegancia esta garantizada.
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135 de 143 usuarios han encontrado esta crítica útil