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Osama (2003)

Sinopsis
Bajo el opresivo régimen talibán, la madre de una muchacha de 12 años, médico de profesión, pierde su empleo en un hospital y las dos mujeres, así como la abuela, se convierten en auténticas prisioneras en su propia casa, ya que no pueden abandonarla sin un «acompañante legal» y tienen prohibido trabajar fuera para ganarse la vida. La madre y la abuela urden un plan: le cortarán el pelo a la chica y cambiarán su indumentaria, para que parezca un muchacho. Asustada ante la posibilidad de que se descubra su secreto, la joven –que ha adoptado el nombre de Osama– empieza a trabajar para un tendero del vecindario, que fue amigo de su padre. Pero pronto llega a la edad de tener que acudir a la escuela islámica, y allí será más difícil ocultar su verdadera identidad. (FILMAFFINITY)
Director
Reparto
Año / País:
/ Afganistán Afganistán
Título original:
Osama
Duración
82 min.
Guion
Siddiq Barmak
Música
Mohammad Reza Darwishi
Fotografía
Ebrahim Ghafuri
Productora
Coproducción Afganistán-Japón-Irlanda; Barmak Film / NHK / LeBrocquy Fraser
Género
Drama
"Vivo, brutal, estremecedor retrato del rostro oculto de una niña afgana. (...) A ras de suelo, en los límites del documento, este sencillo relato o poema arrancado de la miseria de Afganistán es una pequeña cumbre de cine libre."
[Diario El País]
8
Te removerá las entrañas (8.2)
Te sentirás impotente ante tanta injusticia, te removerá las entrañas la historia de esta preciosa niña despojada de su dignidad, al igual que otras muchas mujeres afganas. Durante su corta vida (porque podemos decir que llega un momento en que pasa a ser un zombi) no descansará ni un momento, pues constantemente le acechará la sombra del desenmascaramiento del disfraz masculino que se ve obligada a llevar para poder alimentar a su familia.
Lo peor de todo es saber que realmente está pasando lo que cuenta. Llega a ser desesperanzador.

La invasión estadounidense de Afganistán ha aportado pocas cosas buenas. Una de ellas fue la posibilidad de volver a hacer cine tras una prohibición que duró 6 años. Desde 1992 hasta 1996, Siddiq Barmak, el director, había dirigido la organización gubernamental cinematográfica afgana; pero ese año el régimen talibán llegó al poder y dictó un arresto domiciliario contra él del que logró escapar, tras lo cuál se exilió en Pakistán.
El régimen talibán aportó aún menos. Lo único "bueno" de rodar ahora en esos países es que allí los niños ya no son niños, sino adultos encerrados en cuerpos infantiles que han pasado por tantas penurias que actúan ante la cámara con una naturalidad pasmosa. De hecho, todos los actores de esta película, incluida la protagonista, son gente que se encontraron por las calles de Kabul el director y sus ayudantes.
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51 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
EL GOBIERNO QUE ODIA A LAS MUJERES
¿Recuerdan a Sharbat Gula, la niña afgana de ojos verdes en la portada del “National Geographic”? Pues su vida bien pudo ser la de la protagonista de esta película, que se disfraza de chico para poder trabajar y llevar sustento a casa. Vive con dos viudas de guerra, su madre y su abuela, quienes no pueden siquiera salir solas a unas calles controladas por patrullas talibán.

Tales patrullas con metralleta al hombro son las que en la escena de apertura reprimen brutalmente, a tiros y manguerazos, una manifestación de mujeres enjauladas en sus burkas azules. Lo filma un periodista guiado por un pillastre.
Son patrullas que riñen con severidad a un hombre porque a su mujer le han quedado al descubierto las sandalias y va excitando desvergonzadamente a los hombres.

El paisaje es la metafísica de la ruina: barrizales, chozas, quinqués, boquetes, humaredas, harapos, cascotes, flaqueza, ladridos, grietas, árboles secos, carros con burro, terrones…

Cuando la niña travestida y asustada encuentra empleo en la lechería de un amigo de la familia, no cuenta con que un muláh barbinegro la va a reclutar por la fuerza para una escuela coránica donde, además de doctrina islámica e instrucción militar, a los adolescentes enseñan a lavarse preceptivamente los genitales.

No es un documental. Es un drama atroz, una tétrica variante de las Mil y una Noches. Ésa es la atmósfera del cuento de la abuela, el del chaval que pasa bajo el arco iris para convertirse en chica y no trabajar, y la del pasaje en que el notable local tiene encerradas con candado a sus mujeres, cada una condenada en un cuarto, con los hijos que les va haciendo. Y está contado con el instrumental preciso para transmitir con eficacia concreta, mediante una narración sencilla, pausada, pero tensa y opresiva, su estremecedor mensaje: la desgracia espantosa que aguarda hoy, en pleno siglo XXI, a quien nace con género femenino en ese país cuyo gobierno odia a las mujeres.

Esa chica que para librarse de ser cazada grita con desesperación no ser una chica; que dibuja en el vaho de un cristal la imagen esquemática de una niña, afirmándose sigilosamente ante el tráfico de hombres y patrullas que pasan delante, dominando la calle; que al saltar a la comba encuentra una conciencia íntima de su libertad imposible, bien podría ser la niña del “National Geographic”, que nos sigue mirando desde la pantalla, desde el relato de su vida que es pura pesadilla por culpa de un régimen político-religioso al que se ha permitido extremar su inherente machismo hasta un grado apoteósico.
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