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Corazones rotos (1935)

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Sinopsis
El profesor Thalma presenta, en su casa, al prestigioso director de orquesta Franz Roberti (Charles Boyer) y a su alumna Constance Dane (Katharine Hepburn), la cual impresionará luego, con su belleza y su talento como compositora al notable director. Después de estar felizmente casados, comenzarán los problemas cuando, a la vida de Franz, regresa una atractiva amiga de los viejos tiempos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Break of Hearts
Duración
78 min.
Guion
Victor Heerman, Sarah Y. Mason, Anthony Veiller (Historia: Lester Cohen)
Música
Robert Schumann, Franz Schubert, Felix Mendelssohn, Johann Sebastian Bach, Antonín Dvorák, Max Steiner
Fotografía
Robert De Grasse (B&W)
Productora
RKO Radio Pictures
Género
Romance Drama Drama romántico
6
Estaba vacío, antes no lo sabía, ahora lo sé, esa es la diferencia
La séptima película de Katharine Hepburn y a la par el momento en el que comenzó aquel ocasional declive comercial de la ya oscarizada actriz. Sus películas hoy encantadoras, emotivas, siempre rescatables en su momento fueron fracasos comerciales que la llevaron a ser considerada una gafe para la taquilla. Basada en una historia de Lester Cohen, un señor que entre otras cosas venía de escribir el fantástico guión de "Of human bondage" basado en la novela de Somerset Maugham y dirigida por Phillip Moeller, un realizador escaso en el cine (tan solo dos films) pero de gran reputación en la escena teatral, "Break of hearts" es un melodrama romántico con buenas dosis de belleza clásica. El francés Charles Boyer, que recogió el testigo del cesado Franz Lederer, interpreta a Franz Roberti, un célebre director de orquesta que vive embriagado de su fama y su éxito con las mujeres felizmente, o eso cree, hasta que conoce a Constance una pianista humilde de la que se enamora y con la que contrae matrimonio (el propio Boyer acababa entonces de contraer matrimonio en la vida real con la que sería, cosa rara en Hollywood, su única esposa para siempre). Pero como todo no puede ser de color de rosa surgen los principios de infidelidad por parte de Roberti y todo se tensa y se precipita a la tragedia.
Viendo "Break of hearts" me vino a la memoria "Till Gladje" de Ingmar Bergman como otro ejemplo de película que capta muy bien y da espacio a un concierto sinfónico como sucede en ésta y que además también tiene una historia de amor en torno a dos músicos de la orquesta en este caso, pero también pensé en algo mucho más reciente, en el Albert Dupontel de "Fauteuils d'orchestre" como otro genio musical, pianista en este caso, rodeado de gente pero sólo en su interior como Roberti descubre que estaba antes,después de perder a Constance. Hay buenos momentos dentro de "Break of hearts", Hepburn en su pura versión original es un derroche interpretativo como no ha habido otra, Boyer tenía una de las mejores voces del panorama cinematográfico. Pero "Break of hearts" también tiene límites, que hacen que no sea hoy un clásico recordado, citado siquiera habitualmente, que Moeller no sea Ford, Cukor o Hawks, directores con los que trabajó Hepburn en aquella época, hace poco probable que la película sea rescatada ni como una gran producción ni como primeros pasos de un realizador mítico. Además se nota que Cohen solo pone la historia y que el guión y los diálogos quedan repartidos en otras 6 manos menos hábiles y que el conjunto carece del talento que sí tenía la citada "Of human bondage". En cambio esta producción de la RKO tiene todo lujo de equipo, desde Max Steiner poniendo música incidental hasta un gran director de fotografía como fue Robert de Grasse. Tiene hasta a Jason Robards Sr, el padre de Jason Robards Jr, un secundario habitual por entonces, negándole la entrada a Hepburn en el auditorio de música al que acude buscando a Roberti.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La defensa de la dignidad puede llevarnos a cosas muy indignas
Philip Moeller es un nombre de escasa recordación como director de cine, pues sólo dirigió dos películas de modesta acogida en las taquillas: “La edad de la inocencia” (1934) basada en la famosa novela de Edith Wharton, llevada ya por tercera vez al cine y, “CORAZONES ROTOS”, adaptación de una historia de Lester Cohen en la que dirige a la inolvidable pareja Charles Boyer y Katharine Hepburn.

La labor creativa de Moeller tuvo sus más altas cuotas en el teatro. Fue fundador, junto a Lawrence Langner y Helen Westley, del famosísimo Theatre Guild de New York, y como director, dramaturgo y/o productor, estuvo en unas 70 obras de frecuente éxito en los mejores escenarios.

Cuando uno visiona “CORAZONES ROTOS” siente, muy pronto, que se encuentra frente a una historia de ligero trazado, apegada sin pudor alguno a la fácil fórmula: “Chico encuentra chica-Chico pierde chica-Chico recupera chica”. En términos argumentales, no hay novedad de tipo alguno y los hechos se adhieren, sin la más mínima objeción, a los cánones convencionales de la sociedad de entonces.

Podría bastar con esto, para sentir que estamos ante otra película digna del gigantesco promontorio del olvido. Pero, yo no lo siento así, y conste que abomino del hecho de que una mujer como Constance Dane – o cualquiera otra-, que se sentía amada y respetada como ninguna por un hombre emprendedor y brillante, un simple desliz, la lleve a manifestar tal exceso de orgullo y tan extrema valoración de la fidelidad, que sea capaz de permitir que suceda lo que sucede con aquel apreciado director de orquesta, conocido como Franz Roberti.

El principal valor que encuentro en el filme (adicional a su excelente música con exquisita partitura del memorable Max Steiner), se asienta en la dirección actoral, mérito sin duda de Moeller -quien se luce con la totalidad de los intérpretes- y de la enorme capacidad histriónica de ese par de grandes que fueron Katharine Hepburn y Charles Boyer. El romanticismo, la ternura, la profunda atracción, la decepción, la frustración y cualquier otro sentimiento, podemos respirarlos con ellos porque los hacen fluir desde lo más hondo de sus seres. Así, uno termina sintiendo lo que ellos sienten, y sus personajes se hacen tan vívidos que pareciera que fueras tú mismo quien está viviendo lo que allí sucede. Por enésima vez, me sentí enamorado de la adorable Kate, y cuando veía sus ojos inundados de lágrimas, sentí una vez más ese algo tan intenso y conmovedor que, en los últimos tiempos, sólo me lo han causado Charlize Theron y mi entrañable hija.

Para mí, esto es arte. Cuando entre la obra y el espectador logran desvanecerse todas las barreras hasta conseguir que se fundan en uno sólo, ahí está a plenitud la esencia artística y su más grande propósito.

Titulo para Latinoamérica: “CORAZONES EN RUINAS”
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil