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El sabor de las cerezas (1997)

El sabor de las cerezas
Trailer
7,1
7.177
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Sinopsis
Un hombre de mediana edad decide suicidarse. Su única preocupación es encontrar a alguien que le ayude y se comprometa a enterrarlo. Esta situación le permite conocer a una gran variedad de personajes. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Irán Irán
Título original:
Ta'm e guilass
Duración
98 min.
Guion
Abbas Kiarostami
Fotografía
Homayon Payvar
Productora
Abbas Kiarostami Productions / Ciby 2000 / Kanoon
Género
Drama Road Movie Drama psicológico
8
HAY SABOR DE CEREZAS Y HAY SABOR POR DEJAR DE SABOREAR CEREZAS
Esta es una película que no deja indiferente. Sorprendente guión. Sirve el sabor de las cerezas como explicación del sabor de la vida; pero cuando la vida ya no tiene sabor para una persona, por más cerezos que crezcan cargados de sabrosas cerezas, lo único que quiere es alcanzar la paz, el sabor del más allá de los sabores conocidos.

Supongo que el final en "tiempo real", una vez que ha acabado la historia, quiere decir, que el protagonista cumplió su objetivo o deseo y la vida sigue, que el muerto al hoyo y los vivos al bollo, incluso al bollo de filmar una película sobre el muerto y su hoyo. Así de contundente y crudo.

Lo más logrado a lo largo del filme es la reacción de los distintos personajes, todos ellos son convincentes y creíbles; también la incertidumbre y dudas del protagonista, quien si bien quiere abandonar el sabor de las cerezas, a la vez deja un resquicio abierto a la posibilidad de que en última instancia el cosmos o lo que sea haga que eso no suceda; actitud muy real y psicológicamente conseguida, pues ante una decisión tan crucial siempre lo inunda a uno un cierto miedo a la nada, a la tremenda equivocación sin marcha atrás.

Sin duda es una película distinta y merecedora de verse. Hace que el espectador se meta dentro de la cabeza del hombre que quiere dejar de saborear las cerezas y que reflexione acerca de ese atrevimiento humano tan teleológico.

Fej Delvahe
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62 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Un hermoso, complejo y maravilloso poema minimalista.
Un hombre subido a su land-rover recorre desesperado las calles de Teherán buscando a alguien que le ayude en su delicadísimo propósito: que alguien entierre su cuerpo bajo tierra una vez que se suicide. Primero lo intenta conun soldado kurdo, luego con un estudiante de teología islámica. Ambos le disuaden de su propósito. Finalmente encuentra en un hombre normal que ya quiso hacer lo mismo: intentó ahorcarse en un árbol, pero al agarrarse a una rama aplastó con su mano los frutos del árbol, unas sabrosas cerezas que tornaron sus deseos suicidas en necesidad de seguir viviendo.
Una obra maestra del ya mítico Kiarostami, que siguiendo con sus señas de identidad tan incorregibles como particularísimas, logra con "El sabor de las cerezas" un poema trágico de altura y anchuras sobresalientes, una metáfora lúcida y plena sobre la condición humana.
Tuvo que realizarla casi clandestinamente pues si ya para nosotros el suicidio resulta algo bastante espinoso, hay que imaginarse la aberración que eso significa en una sociedad tan fanaticamente religiosa y tan profundamente fundamentalista como la iraní, y por extensión, la comunidad árabe. Este hombre se quiere suicidar no sé sabe por qué ni falta que nos hace (ese es un gran acierto de la película), basta creer en una consideración global de que suicida porque no le gusta el mundo en el que vive, le desespera la deshumanización vigente, la falta de racionalidad de nuestros actos. Y Kiarostami propone una obra de soberbia envergadura moral, muy equilibrada e inteligente, que usa hasta lo indecible la racionalidad y el cerebralismo, el imperio de la lógica, el valor de lo humano y de lo natural, habiendo y haciendo un elogio maravilloso de las cosas naturales y del naturalismo mismo y configurando así un poema visual sencillo y maravilloso, pero casi también hasta abstracto y metafísico, arraigado hasta lo inimaginable en la austeridad y humildad de su apuesta.
Kiarostami vuelve a usar las secuencias que se repiten, las situaciones concéntricas, no usa la música compuesta, usa mucho los diálogos sencillos entre dos personajes que hablan quedándose fija la cámara en uno, no hay absolutamente nada que "vicie" la limpieza de la propuesta, hay ese tenaz y tozudo minimalismo y miniaturismo, aquí convertido en la más atípica y asombrosa road-movie que yo haya visto en mucho tiempo, una película prototípica, pedagógica, inmensa en su humildad, hermosa en su plasmación en cine cerrado en una última, tétrica pero luminosísima secuencia. No hay lecturas rotundas pues además la película, con toda la sencillez que lleva en sus alforjas, resulta profundamente compleja y resueltamente abierta a todo tipo de elucubraciones.
Sin duda alguna, la obra maestra de un cineasta que, en los tiempos que corren, resulta fundamental para reposar, pensar, anestesiar y oxigenar, durante una tranquila hora y media de cine, nuestras doloridas y maltrechas cabezas y miradas.
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58 de 76 usuarios han encontrado esta crítica útil