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Muriel (1963)

Muriel
Trailer
6,5
549
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Sinopsis
Tras la muerte de su marido, Helène, dueña de un negocio de antigüedades, cuida de su hijo adoptivo Bernard, un joven traumatizado por el recuerdo de Muriel. Hélène está buscando a Alphonse, su amor de juventud, al que no ve desde hace veinte años. Sin embargo, cuando, por fin, lo encuentra, ambos descubren que ya no tienen nada en común. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Muriel ou le temps d'un retour
Duración
115 min.
Guion
Jean Cayrol
Música
Hans Werner Henze
Fotografía
Sacha Vierny
Productora
Género
Drama Drama psicológico Nouvelle vague
8
Las hojas muertas
Al abordar una película como Muriel, es natural preguntarse si nos encontramos ante un artefacto meramente intelectual y literario; sofisticado, pedante y pretencioso.

Pero, ¿es sólo juego formalista, vanguardia de salón y cáscara sin pulpa? Si no es así, ¿qué lugar ocupa en ella la emoción?

La cinta es áspera; áspero el montaje, ásperas las relaciones espaciales, personales y en el tiempo; ásperos los edificios e interiores, la música y las tramas elididas.

La cualidad inicial de la película es precisamente la aspereza. La narración se afana en mantenernos fuera, al margen de la representación.

Cortes abruptos, Hélène recitando casi en trance, Bernard de mal humor y atormentado, la fachada de Alphonse…, frases a medias y preguntas sin respuesta. Objetos, desorientación, elipsis, ruptura del espacio-tiempo fílmico convencional… y un medido divagar como sin rumbo. Todo conforma un lienzo en que tenemos la certeza de que lo esencial no puede ser mostrado.

Hélène habita en una casa en que los muebles, antiguos, están en venta. Es ludópata –aunque no la vemos nunca dentro del casino. Alphonse es un abrigo repeinado con bufanda y fotos de palmeras argelinas. ¿Y Muriel?

«Aquella mañana, cuando fui a por ropa limpia al armario que no se había quemado, sólo me quedó ceniza blanca entre los dedos.»

Resnais despliega ante nosotros un limbo de extrañeza. La geometría de recursos no clásicos configura un mundo absurdo y lleno de agujeros, como una cicatriz amnésica y profunda. Un mundo en que el presente es suma de la ausencia y del pasado, en que sólo queda ya memoria de la herida. Un mundo horizontal y triste, donde no cabe el porvenir.

A la mitad exacta de la cinta (minuto cincuenta y cinco), la escena clave. Se ve y escucha con un nudo en la garganta.

En un contexto tan sesudo, destaca la canción de Ernest, sencilla, amarga y verdadera, sobre el paso del tiempo.

¿Y Muriel?

«No sé por qué, pero no creo que ese fuera su verdadero nombre.»
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33 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Recuedos
Tercer largometraje de Alain Resnais, que es a la vez el tercero y el último de su “trilogía de la memoria”, junto con “Hiroshima, mi amor” (1959) y “El año pasado en Marienbad” (1961). El guión es original del novelista Jean Cayrol, adscrito al movimiento del “Nouveau Roman”, como Duras, Robbe-Grillet, etc. Se rueda en escenarios reales de Boulogne sur Mer y alrededores, a comienzos de 1963 y en el Studio Éclair (Épinay-sur-Seine). Nominado al León de oro (Venecia), gana la copa Volpi (mejor actriz, Delphine Seyrig). Producido por Anatole Dauman (“Paris, Texas”, Wenders, 1984), para Argos Films (Paris), Dear Films (Roma) y otras productoras, se estrena el 9-X-1963 (Alemania).

La acción dramática tiene lugar en la ciudad de Boulogne sur Mer, entre septiembre y octubre de 1962, a lo largo de algo más de 2 semanas. La ciudad es elegida por hallarse atrapada entre la tierra y el mar y por haber sido destruida durante la IIGM y reconstruida después. Muestra escenarios de la ciudad antigua, de la nueva, de la que amenaza ruina y de las espléndidas panorámicas marinas, abruptas e inquietantes, de los alrededores. Los actores principales son Hélène Aughain (Sayrig), viuda, de unos 40 años, vendedora de muebles antiguos, que comparte un piso alquilado con Bernard (Thierrée), hijo de su antiguo marido. Otros personajes son Alphonse Noyard (Kérien), un amigo de juventud que acaba de regresar de Argelia; Roland de Smoke (Sainval), contratista de derribos; y Claudine (Badie).

El film desarrolla un drama con elementos de romance. El realizador deja planteados y sin resolver interrogantes sobre los efectos perversos de la guerra, los mecanismos de influencia del pasado sobre el presente, la capacidad del ser humano de conocerse a sí mismo y a los que le rodean, la fiabilidad de la memoria, la naturaleza de los componentes de que se alimenta (sueños, confusiones, distorsiones, etc.). El trasfondo de la Guerra de Argelia, finalizada el 5-VII-1962, con los acuerdos de Evian, añade dramatismo al relato, en especial en relación con los personajes que han participado en ella o la han sufrido directamente.

Resnais introduce los temas mediante el uso simultáneo de recursos visuales, sonoros, verbales, cromáticos y metafóricos o simbólicos, que dan lugar a impactos de gran efectividad. La artificiosidad del film, menos acentuada que la de “El año pasado en Marienbad”, pretende informar al espectador de que se halla ante una obra de arte, destinada a suscitar emociones, sentimientos y goce estético. Plantea los temas (tiempo, deseo, memoria...) sin resolverlos e invitando a la reflexión.
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28 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil