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Rojo como el cielo (2006)

Rojo como el cielo
Trailer
7,3
418
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Sinopsis
En la Toscana de los años 70, el pequeño Mirco de 10 años es un gran aficionado al cine, pero a causa de un desafortunado accidente pierde la vista y la ley le considera un incapacitado para acceder a la escuela pública, por lo que sus padres se ven obligados a enviarlo a una institución. Allí, el niño encuentra un viejo grabador de bobina abierta y descubre que sólo con la utilización de los sonidos puede crear cuentos de hadas. A pesar de que la gente en el Instituto intenta hacerle desistir de su afición, Mirco irá convenciendo a otros niños ciegos para descubrir sus propios talentos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Rosso come il cielo (Red Like the Sky)
Duración
96 min.
Guion
Cristiano Bortone, Paolo Sassanelli, Mónica Zapelli
Música
Ezio Bosso
Fotografía
Vladan Radovic
Productora
Orisa Produzioni
Género
Drama Discapacidad Años 70
6
Ojos que no ven
Se ve con agrado. Rojo como el cielo es una historia que puede recordar en algo a Los chicos del coro. Digamos que es Los chicos del coro a la italiana y a lo pobre. Con un matiz que caracteriza a los chicos del colegio de la película. No por ello se trata de una película menor. Es una historia bonita, bienintencionada (algo burda en cuanto al panteamiento buenos y malo), que se va perdiendo un poco hasta llegar al emotivo final (algo teatral, pero efectivo) Puede que que peque de sentimentalismo, aunque si se quiere contar algo como lo que se cuenta en esta película es casi inevitable franquear el límite, esa delgada línea roja.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
LOS SONIDOS QUE TRANSFORMAN LAS MONTAÑAS
A veces ocurre, que la sociedad transforma a los individuos, generando en ellos un sentir de rebaño al cual siguen sin anteponer pregunta alguna. Y sucede también, con frecuencia, que el individuo transforma a la sociedad, al alcanzar personales conquistas que terminan atrayendo a grandes multitudes.

No se necesita ser demasiado poderoso, ni tener fuertes roces, ni grandes recursos para acceder a una posibilidad de éstas. Sólo se requiere definición, tenacidad y una sólida persistencia para sostener un ideal.

Mirco Valeri es uno estos seres. Su familia es humilde y él siente una gran atracción por el cine, que su padre satisface cuando le es posible. Pero, la desgracia está en camino y Mirco tiene que ser internado en un centro especial en Génova, donde se enfrenta a una educación rígida que sólo aspira a enseñar oficios pertinentes a su limitación y con el sólo caracter de la supervivencia. Dentro de la visión estrecha del rector del colegio, no cabe otra posibilidad, pero, por fortuna, el profesor Giulio es un hombre progresista que cree en los potenciales del individuo capaces de trascender cualquier limitación, y así, Mirco se siente respaldado cuando decide expresarse por medio de un viejo grabador, apto para retomar sonidos naturales y simulados, con los que resuelve sus principales tareas.

El surgimiento de un pequeño clan es inevitable y comienza así un afán de autoexpresarse que, sin proponérselo, va calando hondo, dejando huellas que sobrepasan las paredes de aquel anclado recinto hasta generar un verdadero impacto social.

La película se inspira en la vida real de Mirco Menacci, ahora convertido en un acreditado sonidista del cine italiano, y cuya experiencia en el colegio, motivó el decreto de inclusión de los chicos invidentes en las escuelas públicas, cesando así todo aislamiento social motivado por su discapacidad.

Y ¡cuán atinada es esta medida! pues, la invidencia limita en algunas cosas, mientras agudiza otras esenciales. Y así, percibes lo que los demás no perciben, oyes más allá de lo que otros oyen y tienes sensaciones que, la gran mayoría, jamás siente. Sólo depende de tu capacidad de trascender y del compromiso que asumas con una existencia que sólo te “quita” lo que ya no necesitas para tu proceso evolutivo, pues no ver hacia fuera duplica las posibilidades de mirar hacia dentro… y allí se encuentra el Ser. Y si ya has alcanzado el estado de conciencia de que nada nos pertenece, comprendes enseguida que nada se te quita, y que sólo lo regresas cuando ya no es necesario.

Cristiano Bortone ha conseguido un filme con aliento vivo, cuyo sonido, haciendo homenaje a su real protagonista, pesa significativamente, y donde unos personajes tan simples como hermosos, iluminan la escena con su entereza, su valioso y comprometido trabajo en grupo, y su fidelidad a una amistad que, sin duda, jamás olvidarán.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil