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La tempestad (C) (1947)

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Sinopsis
En "Le tempestaire" la protagonista es la propia naturaleza. La historia sigue a mujer de una aldea costera tiene pavor ante un mar cada vez más encabritado. Es un miedo que proviene de que su marido está navegando en el mar, aunque ella está segura en su casa, en su pueblo, y la tempestad no puede afectarle físicamente mientras lleve un poco de cuidado. (FILMAFFINITY)
Dirección
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Le Tempestaire (The Storm-Tamer) (The Tempest: Poem on the Sea) (S)
Duración
22 min.
Guion
Jean Epstein
Música
Yves Baudrier
Fotografía
Albert Militon (B&W)
Productora
France Illustration-Film Magazine
Género
Drama Cortometraje
7
El domador de imágenes.
Una de las últimas obras de Epstein que, pese a su escaso metraje, condensa en gran medida las ambiciones artísticas de este realizador tan peculiar.

Localizando el filme en las costas bretonas, Epstein podría haber optado por realizar una película documental o neorrealista que mostrara la vida de los pescadores (al estilo de "Hombres de Arán" de Flaherty o al de "La terra trema" de Visconti), pero pronto nos queda claro que al realizador francés (de origen polaco) no le interesan tales perspectivas; a Epstein le seduce el misterio que subyace a la experiencia cinematográfica, que es capaz de hacer magia a través de medios modernos. Así, lo que se nos muestra es un pequeño universo dominado por la superstición, por los malos augurios y las "señales", y más importante aún, un universo que le sirve para establecer un paralelismo entre los prodigios de que es capaz el "domador de tempestades", y los que puede lograr el cineasta.

En efecto, ambos pueden jugar con el tiempo, detener lo que siempre está en movimiento; pueden hacer surgir una esperanza de la nada e ir más allá de lo visible, de lo real. Así pues, el cineasta es un mago capaz de superar las limitaciones temporales, de penetrar los verdaderos sentimientos de los personajes -por medio de la sola imagen, con sus característicos primeros planos-, y en definitiva, de traspasar el misterio de las cosas. Cuando esto se logra, se alcanza al tiempo una visión alternativa del mundo, y para Epstein, sólo esa visión distinta puede proporcionarnos una comprensión más completa, y el cine es el vehículo que la hace posible.

Las imágenes que logra Epstein siempre son sugerentes y distintas, ya se pose su mirada sobre las personas, los objetos o la atmósfera; es capaz de dotarlas de trascendencia y misterio -o al menos a mí me lo parece-, de convertirlas, por medio de su mera contemplación, en fuentes de información y conocimiento acerca de lo visible y de lo oculto. Ciertamente, es necesario para el espectador sintonizar con esa filosofía vanguardista y utópica de Epstein para apreciar el valor de su obra (en conjunto, más allá de este caso particular), pues de lo contrario, y muy legitimamente, sus películas se le harán pesadas o incomprensibles. Pero si por el contrario, ya sea por erudición o por sincera sensibilidad, logra conectar con las inquietudes artísticas de Epstein, a buen seguro experimentará sensaciones poderosas y distintas.

Quizás se pueda entender mejor la propuesta de Epstein si la comparamos con la que expresaba Juan Ramón Jiménez en el poema que reproduzco en spoiler.
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11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil