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Apuntes para una película de atracos (2018)

Apuntes para una película de atracos
Trailer
6,6
597
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Sinopsis
Elías es un director de cine que soñaba con hacer una película de atracos. Durante el verano de 2013 lee una noticia sobre la detención de 'El Robin Hood de Vallecas', el líder de 'la banda de las alcantarillas'. Siente entonces que ha encontrado la oportunidad para cumplir su sueño. Le manda una carta a la cárcel donde cumple condena. Contra todo pronóstico, Elías recibe respuesta tres semanas después. 'El Robin Hood' acepta que vaya a la cárcel a visitarle. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ España España
Título original:
Apuntes para una película de atracos
Duración
85 min.
Estreno
5 de diciembre de 2018
Guion
León Siminiani
Fotografía
Juan Barrero, Giuseppe Truppi
Productora
Pandora Cinema
Género
Documental Robos & Atracos
7
«Todo lo que tengo que ofrecer soy yo mismo»
Chris Marker dijo: «Al contrario de lo que la gente dice, usar la primera persona en las películas tiende a ser un signo de humildad: todo lo que tengo que ofrecer soy yo mismo». Ello se puede aplicar perfectamente a Elías León Siminiani y su cine, un cine honesto, directo, humilde y sencillo.

Hace poco hablaba en un texto sobre el filme Entre dos aguas de Isaki Lacuesta y sobre el gran debate entre la ficción, el documental y sus límites. Mi opinión sobre dicho tema es que no hay tal frontera, que las obras cinematográficas se clasifican por comodidad pero que en el fondo no existe una gramática que cumplir. El cine no se hace bien o mal, el cine se hace, el cine es libre.

Apuntes para una película de atracos es para mí un claro ejemplo que prueba la anterior afirmación. Se trata de una obra hecha con total libertad, usando los medios y las formas que Siminiani considera adecuados, necesita o se ha visto obligado a utilizar en cada momento. Es un filme en el que todo vale y donde lo que realmente importa es su contenido y no sus maneras, su estética.

Así, Siminiani usa distintos procesos como son la recreación, la investigación o las entrevistas. Los mezcla entre sí con espontaneidad, acudiendo a uno u otro cuando así lo considera el cineasta o cuando así lo pide la pieza audiovisual. Se hace a su vez patente gracias el montaje que algunas escenas han sido preparadas o interpretadas, y que otras en cambio han sido grabadas de forma improvisada natural.

También encontramos distintas formas que ayudan a contar la historia de Flako, formas como la animación, imágenes de archivo, metraje de películas de cine negro como Rififí o Los peces rojos, fotografías, audios, videos realizados con el móvil del protagonista y planos tomados con diversas cámaras por el propio cineasta.

Pero es precisamente esa falta de estética lo que se convierte en una estética en sí. El amasijo de medios, formas y procesos se convierte en una manera de contar las cosas. Y funciona. Porque lo que se está contando se hace con pasión, ganas, inquietudes y sacrificios.

Vuelvo aquí de nuevo al tema del video-ensayo, a la primera persona que decía Chris Marker. Siminiani nos habla de tú a tú y liga la historia que está contando a la de su propia vida. No puede separar su cine de sí mismo, y por tanto nos pone en perspectiva: quien lo cuenta y desde donde lo cuenta, haciendo así evidente el fuerte elemento subjetivo del que dependen las películas, el director.

Pero además de Elías existe otro sujeto muy poderoso en este filme: el otro, el retratado, el Flako. Y es que de igual modo depende de él la película, tanto el proceso como el resultado final (Si es que las obras artísticas llegan a estar en algún momento terminadas).

El Flako también nos habla en primera persona, se ofrece a sí mismo, sus vivencias, sus recuerdos, sus pensamientos, sus alegrías y sus miedos. Curiosamente, una persona que se tapa la cara ante la cámara se destapa ante el espectador. Está dispuesto a contar, a compartir. Su carisma es espectacular.

Un tema muy importante para ellos dos, para Elías y el Flako, para filmador y filmado, es como lo ve el otro, que piensa de él. Esa inquietud y esas ganas de empatizar es lo que les lleva a lograr un grado de comunicación y conexión casi mágico. Son de clases diferentes, pero lo aceptan y no se dejan contaminar por ello de una forma negativa, y todo eso impregna la obra, llega al público.

Termino hablando de algo que a su vez cobra mucha importancia en la película: el tiempo. Y es que se trata de un proyecto grabado a lo largo de casi cinco años, un periodo de rodaje bastante más extenso de lo normal. Si a ello le sumamos el hecho de que Siminiani también se filma a sí mismo y a los suyos encontramos un bello retrato del paso del tiempo.

Y en el fondo eso es precisamente la función básica del cine: captar imágenes que escapen de esta dimensión, soñar por un momento que hemos logrado burlar a la muerte y alcanzar la eternidad.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Siminiani sigue trazando su Mapa...
Un documental puede conformarse a través de distintos métodos. Normalmente, mientras uno va recopilando material para su tesis final, surgen otras direcciones (circunstanciales o no, provocadas o no) que terminan por desviarse del sendero inicial. Algunos cineastas tratan de maquillar estos entresijos en sus filmes. Sin embargo, León Siminiani, decide hacer suyas las propias costuras que hilvanan las películas en su ‘Apuntes para una película de atracos‘.

Uno de los elementos principales de la habitual propuesta formal del cineasta reside en situarse en el centro de la historia, en convertirse él mismo en referencia y lo hace comentando las imágenes que filma (o lo que éstas le evocan) usando su propia voz en off. Algo que ya venía haciendo en sus cortometrajes ‘Zoom‘ y ‘Límites: 1ª persona‘ o en su primer largometraje ganador del Giraldillo de Oro al Mejor Documental en el Festival de Sevilla ‘Mapa’, se repite ahora en su segundo documental, ‘Apuntes para una película de atracos‘. En esta segunda propuesta, Siminiani no parece ser protagonista absoluto de su entorno íntimo y vivencial (como sí hiciera en ‘Mapa’) porque esta vez cuenta con la historia de uno de los personajes más carismáticos del cine reciente español. Se trata de Flako (como apoda el propio Siminiani), o El Robin Hood de Vallecas, un butronero que perpetró una serie de atracos en bancos madrileños (en respuesta a la crisis financiera), siguiendo la estela de su padre, hasta ser detenido en 2013.

Con la historia como pretexto, ‘Apuntes para una película de atracos’, se abre con unos títulos de crédito, en blanco y negro, que reproducen las cabeceras reconocibles del film noir. Este espíritu reivindicativo del cine clásico de atracos, que parte de una fascinación cinéfila de Siminiani, seguirá tomando forma – ayudado también por archivos audiovisuales rescatados o piezas animadas – durante los cinco años que toma la producción del filme, habiéndose desviado libremente (demasiado libremente) de su idea inicial, que parecía girar entorno a la figura de Flako.

Justamente la primera mitad de la película (que coincide con el encierro en prisión del personaje) supone un ejercicio un tanto repetitivo en sus formas y más conscientemente narcisista. Si en ‘Mapa’ Siminiani dejaba claro desde un principio que la película iba a plantear, no solo su búsqueda personal a través de un viaje a India, sino también una reflexión sobre el propio proceso creativo del filme o sobre la representación cinematográfica desde el privilegio de clase, en ‘Apuntes para una película de atracos’ su planteamiento inicial no corresponde con el resultado. Mientras parece pausar al que parecía el personaje principal de su película, hace presencia física de su persona (más que en ‘Mapa’, que se escondía tras la cámara) y se permite rodar el propio nacimiento de su hija o a su mujer entre gritos antes de entrar al paritorio, como si de un robo de identidades se tratase. Esto, que parece un intento de diálogo con la preocupación que sufre Flako en prisión ante la incertidumbre de no saber afrontar su también reciente paternidad, queda en hechos poco significativos y remite a una autocomplacencia que podría provocar rechazo.

Sin embargo, la película parece despegar cuando Siminiani pasa los mandos de la narración a su compañero de Vallecas, que ya goza del tercer grado penitenciario. La constante voz en off del autor desaparece y se pasa a escuchar las reflexiones de Flako, quien conduce a partir de ese momento el hilo narrativo. Una escena significativa parece resumir estas reflexiones sobre las difusas fronteras del documental y la ficción que tanto preocupan a su creador: en plena post-producción de la película que vemos en pantalla, sentados frente al programa de edición, Siminiani le pide expresamente a Flako que modifique el montaje a su gusto. Por fin se evidencia la rendición al personaje que tanto se ansiaba ver y escuchar.

El cineasta demuestra así no ocultar nunca los trucajes, las costuras de una producción que, aunque por su naturaleza, nunca puede reflejar al cien por cien la realidad, – los vacíos de información, el montaje, los puntos de vista, las recreaciones – se atreve al fin a conceder al retratado una voz directa en la representación de su historia.

Leer en: https://macguffin007.com/2018/12/15/critica-apuntes-para-una-pelicula-de-atracos/
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil