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Los olvidados (1950)

Los olvidados
Trailer
8,3
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Sinopsis
El Jaibo es un adolescente que escapa de un correccional y se reúne en el barrio con sus amigos. Unos días después, el Jaibo mata, en presencia de su amigo Pedro, al muchacho que supuestamente tuvo la culpa de que lo enviaran al reformatorio. A partir de entonces, los destinos de Pedro y el Jaibo estarán trágicamente unidos. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ México México
Título original:
Los olvidados
Duración
88 min.
Guion
Luis Buñuel, Luis Alcoriza
Música
Gustavo Pitaluga, Rodolfo Halffter
Fotografía
Gabriel Figueroa (B&W)
Productora
Ultramar Films
Género
Drama Drama social Pobreza Infancia
9
Neorrealismo+fetichismo+surrealismo.
Una película redonda en la que Buñuel toma los postulados de ese cine realista tan de actualidad en la época pero haciéndolo completamente suyo (esto es, un Buñuel realista pero Buñuel antes que nada). Con ella pudo acometer un proyecto a la altura de su categoría tras algunas obras menores.

Una película seca, vigorosa y tan obsesiva y cruda como pueda ser lo mejor del director.

Tuvo muchas reacciones en contra por ennegrecer innecesariamente México (a pesar del discursito inicial que mete Buñuel creo que para que la película molestara menos, o para justificar lo que venía, más que para plantear la cuestión como un problema universal). Aún así, como digo, no se libró de críticas: que si no era mexicano, que si ofendía gratuitamente...

Buñuel se defendió afirmando que lo que sale en la cinta sí existía (estuvo unos meses visitando y empapándose de esos barrios, consultó casos en los archivos del Tribunal de Menores...). Por tanto por ahí trató de dar una visión realista, usando para ello actores no profesionales (algunos personajes son actores pero otros son campesinos, gente sacada de una granja-escuela etc.), reflejando sus sensaciones sobre lo que le rodeaba y tratando una importante problemática social (reclamando soluciones desde la base) mostrándola, según sus palabras, sin juzgar a los personajes.

Pero la cinta incorpora más detalles, no sólo es prima hermana del neorrealismo. En Francia gustó mucho a Breton y a los surrealistas y fue premiada en Cannes. Es por tanto un producto que no se limita al realismo más convencional y que recurre a elementos surrealistas y disparatados (menos de los que al propio Buñuel le hubiese gustado incorporar pero algo hay). En este sentido el sueño es extraordinario (fantástica representación onírica de las obsesiones del niño) y merece la pena verlo sin más, sin comentarios. Como digo, él quería introducir más detalles en este sentido pero el tono realista y crudo de la cinta era ya demasiada concesión para el productor que le pidió que se sujetara un poco y que, por ejemplo, desistiera de su idea de meter un sombrero de copa (?) en una de las chabolas.

Pero también introdujo toques "buñuelianos": el ciego aficionado a las niñitas, la abundancia de gallos y gallinas (una obsesión irracional como el director reconocía), fetichismo (el erotismo de mujeres lavándose los pies y las piernas), el fantasmagórico sueño, el perro como visión que trae la muerte (una visión sacada directamente de la conciencia de ese personaje moribundo) etc.

Curiosidad: en el guión colaboró Max Aub aunque sea Alcoriza el único que aparece. Y Dancigers se ocupó de adaptar los diálogos al lenguaje de la calle en México, creo que esa fue toda su aportación.
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131 de 141 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
VIVIR A PALOS
1) Buñuel opinaba que una película debe comunicar indirectamente que vivimos en un mundo “brutal, hipócrita e injusto”. Y no mediante tesis abstractas sino con imágenes contundentes que revelan al espectador la injusticia y le niegan el consuelo imaginario: la infelicidad continúa en el sueño, que no es la válvula surrealista a mundos paralelos. Buñuel va también más allá de un planteamiento neorrealista como el de “El limpiabotas”, carente de discurso sobre lo interior y lo irracional. Integrando sueños, visiones y alucinaciones, amplía y desborda ese planteamiento, atravesándolo con hilos subliminales y envolviéndolo en dura poesía.
Tragedia afrontada con despiadada lucidez y sin compasión, la tenebrosa música de R. Halffter ya anticipa el tono desde los créditos.
Mientras desfilan panorámicas de Nueva York, París, Londres y al final México DF, una voz neutra advierte que se contarán hechos de la vida real, protagonizados por personajes auténticos, y que la película deja a las fuerzas progresistas de la sociedad la solución del problema expuesto.

Durante meses, con ropas viejas, en compañía de Alcoriza y del fotógrafo Fitzgerald, Buñuel exploró los míseros arrabales del DF. Ranchitos de madera y casas desmoronadas.

2) Cuando el delincuente juvenil Jaibo sale del correccional, reasume el liderazgo de la pandilla callejera para ejecutar venganzas, robos y crueles palizas, sin respetar a tullidos ni a ciegos.
Entre los pandilleros, el niño Pedro es repudiado por su madre, quien lo tuvo a los 14 años, antes de ser abandonada por el marido. Pedro tiene que robar en su propia casa la comida que se le niega. Suplicante, dice a su madre una frase tremenda:
—¡Quiero portarme bien, pero no sé cómo!
La madre, el principal personaje de la película para Buñuel, se desentiende del hijo, indiferente a la nulidad de la bienintencionada institución donde piensa entregarlo, dejándolo sin escapatoria ante el destino.
—¡Castíguenlo hasta que escarmiente!

3) Buñuel no tuvo toda la libertad requerida por su inventiva (detalles como la orquesta de cien músicos tocando en un edificio en obras o los chabolistas con chistera fueron suprimidos), pero se dedicó a un uso reiterado de las gallinas, que aparecen a todas horas. No falta el sello fetichista (la leche de burra en los muslos de la adolescente, las mujeres lavándose las piernas), ni el magistral sueño en que a Pedro le ofrece la madre un trozo de carne, una víscera, o la no menos magistral escena muda del pederasta, a través de un escaparate, con ecos expresionistas.

4) El indio “Ojitos” es olvidado por su padre, Pedro es olvidado por su madre, ésta por el marido, y todos por la sociedad.

El film rezuma cruel fatalidad, destino trágico que todo lo tuerce y arruina. Bien y Mal conducen al agujero negro de la muerte, anunciada por un perro sarnoso.

El espectador no se libra: el huevo estrellado contra su ojo, la lente de la cámara, le impide agresivamente la neutralidad contemplativa.
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121 de 124 usuarios han encontrado esta crítica útil