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Olive Kitteridge (Miniserie de TV) (2014)

Olive Kitteridge (Miniserie de TV)
Trailer
7,7
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Sinopsis
Miniserie de TV de 4 episodios (2014). La protagonista es Olive Kitteridge (Frances McDormand), una profesora de matemáticas de mediana edad que trabaja en un pequeño pueblo de Maine (Nueva Inglaterra) y que está casada con Henry (Richard Jenkins), un farmacéutico de buen corazón. Basada en un premio Pulitzer de Elisabeth Strout. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Olive Kitteridge
Duración
240 min.
Guion
Jane Anderson (Novela: Elisabeth Strout)
Música
Carter Burwell
Fotografía
Frederick Elmes
Productora
Emitida por Home Box Office (HBO); Home Box Office (HBO) / Playtone / As Is
Género
Serie de TV Drama Miniserie de TV Enseñanza Matemáticas
Categorías 1
8
Una mujer difícil
Hace un par de semanas la cadena privada HBO volvió a hacer gala de la enorme calidad de sus producciones con el estreno de una mini-serie llamada "Olive Kitteridge", basada en la novela homónima de Elisabeth Strout. La mini-serie consta de cuatro episodios, que fueron emitidos en dos tandas, por lo que uno podía hacer con ella lo mismo que con lo que los yanquis llaman un page-turner (una de esas novelas que uno no puede dejar de leer) y verla prácticamente de un tirón para disfrutar de sus maravillosas interpretaciones, de su estupenda música y ver cómo poco a poco una tristeza va agrandando los surcos en la piel de sus protagonistas, emsombreciendo sus miradas, palideciendo sus rostros. Una historia que resulta tan buena por lo que cuenta, como por lo que intenta ocultar.

Así observamos atentamente 25 años en la vida del disfuncional matrimonio Kitteridge, Olive (una profesora de matemáticas taciturna, malhumorada, intratable, intransigente, crítica, cero empática y cero cariñosa con los que la rodean, una mujer difiícil cuyos actos no siempre se corresponden con sus sentimientos, una mujer que se atreve a decir lo que muchos callan por cobardía; vamos, la madre que todos querríamos tener...) y Henry (un farmácéutico de buen corazón, paciente, que intenta ayudar a todas aquellas personas que se cruzan por su camino en un momento bajo de sus vidas y eso saca a Olive de sus casillas; un auténtico bonachón...). Olive y Henry se detestan y se quieren a partes iguales, conocen todos los recovecos de su relación, sus defectos, sus virtudes, sus secretos, mejor incluso que nosotros como atentos espectadores, pero aún así permanecen el uno junto al otro hasta el final, es uno de esos matrimonios de los de antes, para los que la frase "hasta que la muerte los separe" significaba alguna cosa, que no tiraban la toalla por la primera desaveniencia, por una discusión acalorada, ni siquiera por un desliz. Ver cómo, aunque no se lo digan nunca, estos dos se quieren y se necesitan resulta realmente conmovedor y emocionante.

Ni hace falta decir que la pareja de actores protagonistas es maravillosa, una apuesta segura en mi quiniela de los próximos Golden Globes, cuyas nominaciones se harán públicas el próximo 11 de diciembre. Por un lado, tenemos a la infalible Frances McDormand (que interpreta a Olive), merecidísima ganadora de un Oscar por su estupendo papel en "Fargo". McDormand es de esas actrices a las que parece no asustar el devenir de los años, que no tienen la necesidad de ocultar el inexorable paso del tiempo a golpe de bisturí y que aprovechan las huellas de la madurez que el tiempo ha dejado en su rostro, para dotar a sus personajes de una profundidad que el bótox esteriliza y anula en rostros de otras actrices de su edad. Además McDormand dispone en este caso de casi 240 minutos de metraje para desarrollar un personaje tan complejo como el de Olive Kitteridge, algo que en una película de 90 minutos sería prácticamente imposible. Así podemos entender perfectamente la depresión por la que está pasando el personaje (que como ella misma explica en un momento de la trama, el gen depresivo circula por los genes de su familia, por lo que es algo con lo que tarde o temprano ella y todos sus vástagos tendrán que lidiar). Podemos entender su cinismo ante todo, su triste mirada, el no obvio pero incondicional amor que siente hacia su marido, aunque parezca que nunca se lo tome en serio.

Y luego tenemos a Richard Jenkins, otro monstruo de la actuación que convierte en oro interpretativo todo lo que toca. Jenkins llena a Henry con una bondad y una generosidad genuinas. Nos creemos totalmente cómo Henry quiere ayudar a las personas desvalidas, como a Denise Thibodeau, que pierde a su prometido en un accidente de caza, y de la que Henry se "enamora", se enamora de su dulzura, de su inocencia, su vulnerabilidad, es todo lo que Olive no es, Denise le hace sentirse necesitado. Olive obviamente se da cuenta de todo, y cruelmente la llama "ratoncillo" sólo para demostrarle a Henry lo ridículo que ella le ve, yendo detrás de una chica a la que le dobla la edad. Henry es un personaje que despierta ternura. Quizás durante la película uno siente que Olive no le está dando el tipo de vida que se merece, pero durante el final de sus días, nos damos cuenta de que es la única persona que realmente está ahí incondicionalmente para él, ni su estimado hijo está ahí en los momentos más difíciles.

La mini-serie es una soberbio estudio sobre la depresión, las enfermedades mentales, el inexorable paso del tiempo y el suicidio. Sobre su honesto personaje protagonista, cuyas contradicciones resultan fascinantes y que harán que no podamos apartar la mirada de su curtido rostro.
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44 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Desconciertos vitales
He visto 240 minutos de actividades cotidianas, de gente en apariencia normal, como la que hay en cualquier familia de cualquier barrio de cualquier parte del mundo. Y aun así tengo la sensación de haber visto algo extraordinario y único. Y no solo por su preciso guion, tan hermosamente escrito, o su inteligente y matizada dirección, que la elevan a obra artística de primer orden. Tampoco lo es por el apasionante trabajo de cada actor que se presenta en pantalla, capaces de llenarla con su mera presencia. Algunos, como McDormand, autentica madre del proyecto, la desbordan, cuando habla y cuando calla. Simplemente me han sumergido en esas vidas cotidianas y no quería salir. Me remueve muchas cosas dentro. Son personajes que reconozco, que entiendo, en lo bueno y en lo malo, en sus contradicciones, en sus momentos de brillantez y en sus momentos miserables. En su complejidad y en su obviedad. Me emocionan y me dejan pensando. Simplemente me dejan tocados. Y esa frase final, tan esclarecedora, tan sincera y a la vez tan terriblemente cierta para tantas y tantas personas. Cuando me enfrento a una miniserie de HBO, suelo entusiasmarme con facilidad, pues nos han acostumbrado a un nivel muy alto. Con Olive Kitteridge han logrado una de sus obras cumbre, por su valor artístico irreprochable y ante todo por su enorme valor humano. Un melodrama sensible, contado a fuego lento pero dejando ese regusto de lo perdurable, de lo universal y que como ocurre muchas veces en esos casos, irremediablemente calan a lo personal e íntimo si se conecta con la obra. Mr. HBO, Mrs. McDormand: muchas gracias. Conecté.
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32 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil