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Los cuatrocientos golpes (Los 400 golpes) (1959)

Los cuatrocientos golpes (Los 400 golpes)
Trailer
8,1
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Sinopsis
Con sólo catorce años, Antoine Doinel se ve obligado no sólo a ser testigo de los problemas conyugales de sus padres, sino también a soportar las exigencias de un severo profesor. Un día, asustado porque no ha cumplido un castigo impuesto por el maestro, decide hacer novillos con su amigo René. Inesperadamente, ve a su madre en compañía de otro hombre; la culpa y el miedo lo arrastran a una serie de mentiras que poco a poco van calando en su ánimo. Deseando dejar atrás todos sus problemas, sueña con conocer el mar y traza con René un plan para escaparse. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Les Quatre Cents Coups (Les 400 Coups)
Duración
94 min.
Guion
Marcel Moussy, François Truffaut
Música
Jean Constantin
Fotografía
Henri Decae (B&W)
Productora
Les Films du Carrosse
Género
Drama Nouvelle vague Película de culto Adolescencia Enseñanza
Grupos  Novedad
Antoine Doinel
9
Hijos del desamor / Mi primer aniversario en Filmaffinity
Por si fuera poco asumir el hecho de que la vida es dura de por sí, y que estamos aquí seguramente por pura suerte, o por puro azar, y que todos los días ocurren desgracias de toda índole que hacen polvo o eliminan de un plumazo a muchas personas… Añadamos a todas esas desgracias la que quizás sea la más catastrófica y trágica de todas: la falta de amor.
En este mundo nuestro falta amor por todas partes. Dondequiera que uno mire, hay muchos ojos que suplican con gritos mudos y piden unas migajas de afecto. En los túneles del metro, en las calles concurridas, en los colegios, en los hospitales, en los sanatorios, en las clínicas de desintoxicación, en la consulta de los psiquiatras, también esos compañeros de trabajo que tratan de disimular la opacidad de sus miradas y que arrastran vidas grises, esos empleados tristes apostados como ratones en una ratonera tras ventanillas alienantes y que miran adelante con insatisfacción… Tantas miradas pidiendo auxilio. Tantas historias de desamor.
Los ojos de un niño dicen muchas cosas. Dicen si es amado o no. Y los de Antoine proclaman su paso por días y más días rebosantes de incomunicación, de indiferencia, de carencias afectivas, de falta de entendimiento, de roces, conflictos y ausencias. Desconoce qué significa la entrega y que alguien se desviva por él. Desconoce qué significa el amor verdadero.
Uno de los mayores dolores para un niño tiene que ser el de saber que su madre no deseó su nacimiento. Considerarse un estorbo, un obstáculo para ella. Sobre todo si ella no para de recordárselo. Si ella le hace ver que es una carga.
El niño que se siente desplazado en el orden natural de las cosas, que carece de ese punto de apoyo fundamental, pasará por la vida trastabillando, sin hallar un sentido ni un objetivo preciso al que aferrarse, como no sea buscar de algún modo llamar la atención, rebelarse contra un entorno amenazador y vacío, y escapar de lo que le hace daño. Incomprendido, condenado por dedos acusadores que desoyen su súplica inarticulada. Hablando un idioma que los cerriles adultos no entienden. Lúcido, forjándose su propósito de ser libre y tratar de encontrar su lugar, un lugar donde no haya unos padres amargados que lo lastimen, donde no haya un sistema ciego y sordo incapaz de calar las complejas sutilezas de las mentes de los niños maltratados. Existe mucho más que el maltrato físico, y tal vez sea aún peor ese tipo de maltrato que no resulta tan evidente porque no deja marcas en la piel, sino en el espíritu y en el corazón.
Antoine, metido en el círculo vicioso de la incomprensión y la barrera entre los adultos y él, comenzará sus andanzas, con aires de bravatas entremezcladas de ingenuidad, hacia su búsqueda particular de un mundo que sea más soportable que aquél que constantemente le decepciona y lo acusa desmesuradamente, incluso cuando él, tratando de hacer algo que complazca a sus mayores, mete la pata como todo el mundo.
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326 de 376 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
¡¡CORRE Y NO PARES, DOINEL!!
¡Pobre Antoine Doinel, qué vida perra! Te llueven los golpes de todo tipo...

Decir cuatrocientos no es exagerar: véase pequeña muestra en la parte *Spoiler*.

Desde 1959, cada vez que se ve tu primera película alguien corre contigo, huyendo para siempre de los golpes y el sometimiento; hacia la libertad, por laboriosa y desconcertante que ésta resulte: lo primero que se aprende es que no se regala.
Representas un impulso latente en el núcleo de cada espectador occidental: un reflejo rebelde que, igual que una careta, se pone tu rostro serio y rompe a correr, pensando '¡Eureka, ya lo tengo!' como tú cuando leías tu libro de Balzac ("La búsqueda de lo Absoluto").
No te detendrás mientras haya cine...
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211 de 228 usuarios han encontrado esta crítica útil
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