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Siempre estoy sola (1964)

Siempre estoy sola
Trailer
6,7
194
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Sinopsis
Jo, una mujer que se ha casado varias veces, parece que con su último marido ha encontrado por fin la estabilidad que necesitaba; pero la calma y la serenidad que disfruta podrían ser engañosas. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
The Pumpkin Eater
Duración
118 min.
Guion
Harold Pinter (Novela: Penelope Mortimer)
Música
Georges Delerue
Fotografía
Oswald Morris (B&W)
Productora
Romulus Films
Género
Drama
8
Cáscara de calabaza
Hay que reivindicar a Clayton más allá de The Innocents o del free cinema. Impecable en su ejecución, no tanto en su desarrollo, encontramos, desde el mismo inicio con un barrido de la casa del matrimonio Armitage, una lección maestra de la puesta en escena. Vértice opuesto al ejercicio que Nichols rodó años después para el lucimiento de la pareja Burton-Taylor.

Noto en esta comparación, que he envejecido como espectador, me imagino que porque el espectador es a su vez, habitante, que con los años se nutre de vivencias más tangibles que las vistas entre bambalinas.

De histrionismo casi nulo, Clayton usa la fuerza del mejor aliado: la cámara, que en movimientos suaves y con planos picados, construye el carácter de Jo (Anne Bancroft) y sus satélites. Ejemplos hay en este ejercicio tantos como minutos de metraje, pero rescataré el momento en que Clayton, desembarazándose del clasicismo, como buen integrante del free cinema inglés, acomete el aborto, dejando siempre un primer plano de Bancroft mientras la cámara se balancea al compás del movimiento de su marido Jack Armitage (perfecto en su imperturbabilidad Peter Finch).

Hay que reivindicar a Bancroft más allá de El graduado (¡anda, de Nichols! ¡Qué casualidad más casual!) Porque sí, hay una cámara que se queda quita con un plano que pesa como una losa, pero la que permanece aguantando, como el Coloso su antorcha eterna, es Anne Bancroft. De mirada perdida, de mirada inocente, de mirada enamorada, de mirada furibunda, de miradas eternas. Y aunque en películas con un tratamiento tan exquisito del plano, hablar de actuaciones llega a ser inane, me es doloroso no alabar el trabajo de Bancroft.

Película de guión juguetón, a la caza del espectador, que habla cuando toca y calla cuando debe, y que se permite licencias poéticas más o menos obscenas sobre las infidelidades de Jack. Jack mantiene una conversación con Bob Conway (grandísimo también James Mason):

- ¿Sueles jugar al billar? -pregunta Jack tras encontrarse con Conway en un bar.
- Sí, juego bastante.
- Qué pena. Yo no.
- ¿A qué juegas tú?
- ¿A qué juego? Pues te aseguro que no me acuerdo. ¿Y a qué juegas tú?
- Al billar, por ejemplo.
- Apuesto a que eres muy bueno.
- No tanto como tú.
- Yo no juego.
- No te creo ni una palabra.

(Abróchense los cinturones porque esto continúa).
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21 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Ejercicio de maestría
Jack Clayton era un polifacético artista, que fue sobre todo conocido como director (si exceptuamos sus cortos, documentales y telefilms) de siete largometrajes, además de productor. Su carrera es selecta (aunque contenga el descalabro de “El gran Gatsby”) y además de tener una obra maestra como es “Suspense”, incluye notables películas y una excelente radiografía, casi perfecta, sobre la incomunicación, la manipulación, el maltrato y el shock emocional que es “Siempre estoy sola”. Espléndido guión del que fuera relativamente reciente premio Nobel Harold Pinter, demasiado “innovador” para la época, con extraordinaria fotografía en blanco y negro, acompañada de una espléndida banda sonora intimista, nos sumergimos en una atmósfera donde la dirección artística está muy pensada, desde un moderno sillón a unas lavadoras (antológica la escena en la que la protagonista se va de compras). Todo en ella está pensado y muy bien desarrollado sobre todo gracias a un espléndido plantel de actores, desde los que desempeñan papeles secundarios, a Peter Finch que da la réplica directa a la protagonista, hasta llegar a una Anne Bancroft en una descomunal interpretación, epicentro total y absoluto de la historia. De esta fabulosa actriz dijo Visconti que era la versión femenina de Marlon Brando. Se quedó corto, sobre todo si la recuerdo con su chupa en "7 mujeres", donde superaba en fuerza al mismo Brando de "Salvaje" y eso que él disponía además de flamante moto.
De nuevo Hollywood pasó por alto el destacar una gran película dramática como esta, superior incluso a “Un lugar en la cumbre” que sí captó mayor atención, y dejando sin premio a la única nominación, su protagonista. Sin entrar en más detalles no deja de ser insultante, ya que Miss Bancroft hace un trabajo que no tenía competencia ese año, aún teniendo de contrincante a Kim Stanley por su notable actuación en “Plan siniestro”, pero bueno, lo ganó finalmente Julie Andrews por “Mary Poppins”, que por haber sido despreciada para “My fair lady”, personaje que hizo (y cantó) en su gira teatral fue votada por los académicos en pleno ataque de justicia.
Clayton no hizo una réplica al cine de Antonioni, ni en su tema ni en su propuesta, fue más allá. Creo que siguió por un camino que pocos habían andado antes, quizás donde Cassavetes con el tiempo supo también llegar, en ese estilo nada académico, cercano al free cinema inglés, lógico, y donde los diálogos y los actores pesan más que cualquier otro capricho técnico, que un director menos inteligente nunca hubiera podido llevar a buen puerto. Un camino por el que luego han seguido caminando otros y que sigue ahí, para quien quiera (o se sienta capaz) de continuarlo con semejante honestidad.
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17 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil