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Philip K. Dick's Electric Dreams: Human Is (TV) (2017)

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Sinopsis
Una mujer atrapada en un matrimonio sin amor de pronto descubre que la psique de su marido, que la maltrata psicólogicamente, ha sido reemplazada por algo extraño… si bien sorprendentemente amable. Esto lleva a la mayor preocupación de Philip K. Dick: ¿qué nos define realmente como humanos?
Adaptación de la historia corta "Human Is". (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Reino Unido Reino Unido
Título original:
Philip K. Dick's Electric Dreams: Human Is (TV)
Duración
47 min.
Guion
Jessica Mecklenburg (Historia: Philip K. Dick)
Música
Cristobal Tapia de Veer
Fotografía
David Katznelson
Productora
Emitida por Channel 4; Channel 4 / Anonymous Content / Electric Shepherd Productions / Left Bank Pictures / Moon Shot Entertainment / Rooney McP Productions / Sony Pictures Television / Tall Ship Productions
Género
Ciencia ficción Telefilm Mediometraje
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Philip K. Dick Electric Dreams
6
El regreso de Silas.
82/05(08/04/18) Entretenido sin más este tercer episodio (de diez) de la serie británica “Electric Dreams de Philip K. Dick”, bajo un bonito envoltorio de ciencia ficción discurre un capítulo que es un quiero y no puedo en el sentido de que tiene una atractiva premisa que termina ser nada incisiva, cayendo en senderos ya trillados y que no provocan sensación en el espectador más allá del “pues vale… y ahora qué”. Serie que intenta ser la respuesta de Channel Four a “Black Mirror”, producto que se fue a la competencia Netflix, al igual que la referida son episodios auto-conclusivos, con relatos diferentes, escenarios diferentes y diferentes personajes (y actores), que intentan mostrar una distopía que nos haga reflexionar sobre nuestro presente, y por lo visto hasta a ahora esta (al contrario de la creada por Charlie Brooker) apenas rasca algo de hondura dramática, en este caso basados en relatos cortos del genio literario de las distopias Philip k. Dick . Esta se publicó por primera vez en Startling Stories, invierno de 1955. La trama se centra en la crisis que enfrenta una mujer cuyo marido frío y emocionalmente abusivo regresa de una expedición militar al planeta Rexor IV, cambió para mejor, en una historia que recuerda al (verdadero) caso (SXVI) francés de Martin Guerre, llevado al cine en varias ocasiones. El episodio está dirigido por Francesca Gregorini (“Humans”) y escrito por Jessica Mecklenburg (“Strangers Things”), dirigiendo a unos buenos actores, entre los que destaca (el que es el reclamo comercial del metraje) el gran Bryan Cranston (también produce), y junto a él la australiana Essie Davis, se suma con una esmerada ambientación creando un mundo futuro verosímil, pero al que le falla su previsible argumento.
En el futuro lejano (500 años en el futuro, 2520), la humanidad está desesperada por un gas raro que haga que el entorno devastado de la Tierra (ahora llamada Terra) sea habitable. Un militar severo y ambicioso, Silas (Bryan Cranston), insta a una guerra costosa contra otra raza sensible que tiene una fuente abundante del material, su esposa Vera (Essie Davis) es una diplomática que quiere encontrar una solución pacífica.

Muestra una sociedad futura que vive (como en “La fuga de Logan” y otras distopias) en el interior de la tierra, habita en cuevas, sin salir al exterior, las gentes que la habitan parecen estar muy jerarquizadas militarmente, estos gerifaltes marciales tiene n vistas al exterior de la árida Terra por sus amplios ventanales, la población civil (parece) malvivir en el subsuelo en medio de enorme decadencia moral. En lo que respecta a la historia mencionar que le falta solidez orgánica para que nos llegue la aspereza de la relación Vera-Silas, pilar del relato, solo atisbado por ese viaje lujurioso (cuasi porno-soft) de ella a un club hedonista de perversión sexual, que más bien parece metido de cara a la galería, pues despista de lo importante y resulta pasado de vueltas. Quizás juega en su contra que la construcción de esta dual (en dos fases) relación puede necesitar más tiempo para que fluya con naturalidad, llegando a sentirlo con trivialidad y desapego emocional, para que cuando llega la catarsis la ves venir de lejos, y en su clímax del juicio todo es tan previsible como que después de la noche viene el día, y para remate en vez de dar algo de dimensión y ambigüedad en su epílogo de te subrayan lo que ya todos sabíamos, tratando al espectador de poco avezado, ERROR. Y es que no se sabe porque Vera con esa libertina mentalidad se unió a Silas, o es que cambio a lo largo de este matrimonio alguno de los dos, con lo que parte del corazón de la trama queda coja de contenido, llegando a su conclusión por el lado acomodaticio, sin sorpresas ni giro alguno que te mueva de tu asiento. Quedando un romance impostado sin demasiada sustancia, que como ya he mencionado arriba suena a deja vú. Quedándote al final ante un episodio fallido que sugiere más (mucho más) de lo que da.

Bryan Cranston es siempre una presencia carismática apreciable que aquí con poco demuestra lo mucho que es, en un rol bipolar que borda con mesura, ah si quieres ver su culo desnudo esta es tu ocasión; Essie Davis está bien en su papel de desconcertada esposa, primero insatisfecha que busca desahogarse sexualmente fuera de casa, y luego encontrando el cambio de su marido fogoso y como un flechazo lujurioso revitalizante, no importándole si es o no lo que dicen puede ser, cumple, aunque con las tara (al igual que Cranston) de personajes poco explorados en sus caracteres; Liam Cunningham, el eterno Davos Seaworth de Game of Thrones, resulta desprobechado, más bien parece estar para das lustre al cartel promocional, un cameo alargado sin chicha.

La puesta en escena es un envoltorio apreciable en su estética futurista, con un estupendo diseño de producción de Lisa Hall (“This Is England '86”), con esas edificaciones acristaladas encaramadas en las montañas, los salones, las residencias, ese inframundo que parece inspirado en el de “Total Recall” (1990), film también basado en un relato de K. Dick, esta inmersión se ve reforzada por el diseño de vestuario de Edward K. Gibbon (“Guerra y Paz”, miniserie 2016); Esto realzado por la sugerente fotografía de David Katznelson (“Downton Abbey”) sabiendo moverse por los diferentes escenarios; En la banda sonora lo que destaca es la versión que Cat Power hace del mítico tema de Oasis “Wonderwall”, toda una delicia en su singular modo de entonarla.

En conjunto me queda un ameno producto, que no llega aburrir, pasas un ratito ameno, pero no cala en el espectador (o sea, yo), teniendo algunos puntos estimables (pero sin poder mínima de perdurabilidad). Fuerza y honor!!!
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
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