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El árbol de los zuecos (1978)

El árbol de los zuecos
Trailer
7,7
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Sinopsis
Relato en tono semidocumental sobre la vida durante el cambio de siglo (XIX-XX) de los campesinos bergamascos (Lombardía), que llevan una vida dura y sacrificada, pero llena de gran dignidad. La ambientación es solemne y serena como la música de Bach que le sirve de fondo. Obtuvo excelentes críticas. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
L'albero degli zoccoli
Duración
175 min.
Guion
Ermanno Olmi
Música
Johann Sebastian Bach
Fotografía
Ermanno Olmi
Productora
RAI Radiotelevisione Italiana / Italnoleggio
Género
Drama Siglo XIX Vida rural
"Intensa a la vez que reposada, la obra maestra de Olmi, con un dramatismo contenido que hipnotiza"
[Diario El País]
"Adorable"
[Diario El Mundo]
9
EL CAMPO, DONDE NUNCA PASA NADA.
Impresionante retrato de un mundo hoy extinguido (al menos en nuestras sociedades occidentales), este insólito filme de Ermanno Olmi penetra, como pocas obras artísticas lo han logrado, en el alma del campesino y la vida del campo.

Sé que puedo parecer exagerado si afirmo que esta película debiera ser vista por los jóvenes de hoy día, más aún si tenemos en cuenta su metraje y esa sensación, legítimamente expresada por otros usuarios, de que no hay un verdadero argumento, de que no pasa nada en el filme. En mi opinión, la cinta tiene un alto valor educativo, pues ilustra con asombroso realismo cómo fue la vida de nuestros antepasados recientes, la mayoría de los cuales procedía del campo, abordando también -con notable delicadeza y respeto- sus sentimientos y forma de ser característicos. Yo no estoy de acuerdo con la afirmación de que en el filme no ocurre nada; al contrario, ante nuestros ojos vemos sucederse las estaciones, las diversas labores del campo, el clasismo, el nacimiento de los hijos, la fe, el cortejo y el matrimonio, la magia, el sacrificio, un milagro, la sabiduría popular, la fiesta y la injusticia. Creo sinceramente que pocas películas pueden presumir de contener tantos aspectos de interés y trascendencia, y que lo que ha chocado a algunos espectadores es que no existen protagonistas únicos o muy definidos.

Empeño personalísimo de su director, el filme respira autenticidad y amor a partes iguales; autenticidad por el verismo con el que se recrean las casas, el vestuario, las labores del campo, por emplear actores no profesionales, escenarios naturales, y también por la acertada fotografía, atenta en la distinción de las estaciones. Amor por el respeto y afecto sinceros con los que el director se acerca a una realidad dura, llena de esfuerzo y privaciones, pero cuyos protagonistas son retratados desde la dignidad y la admiración. Así, en las pequeñas historias que se suceden en la película hay momentos verdaderamente emocionantes, como el nacimiento del niño (las miradas del padre, su timidez, son excepcionales), las enseñanzas del viejo Anselmo, su hábil plantación de semillas de Tomate, o la historia del árbol de los zuecos, hermosa y terrible a un tiempo.

Si a todo ello añadimos una excelente selección musical, un guión consecuente y creíble, y algunos momentos de pausada belleza visual (algunos planos generales de los campos y el cielo, el viaje en barcaza por el río), sólo queda admitir que hemos presenciado una gran obra, como lo son todas aquéllas que sirven como testimonio de un mundo pasado y de la sociedad que lo pobló y lo hizo tal cual fue.
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39 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
ÁLBUM FOTOGRÁFICO DE LAS RUTINAS DIARIAS
Durante gran parte de la película me estuve preguntando ¿ Dónde está el árbol de los zuecos?. Una vez localizado, cambié la pregunta ¿ Qué importancia tiene ese árbol? y después de casi 3 horas de cine, se hizo la luz. El árbol de los zuecos es el símbolo de una época, donde los señores mantenían su "status" a costa del sudor de "sus" campesinos disponiendo de ellos a su antojo y arbitrio.

Esto no deja de ser una ligerísima aproximación a un film de mérito, realizado en unos años donde este tipo de cine parecía tener su momento. Recordemos sin ir más lejos Padre Padrone de los Taviani, premio Cannes 1977 o la propia Novecento de Bertolucci (1976), películas donde las tradiciones, los gozos, las sombras, y sobre todo, las penurias del campesinado, amen de su fuerza revolucionaria, trataban de hacerse un hueco en las conciencias alegres y confiadas.

Sin embargo, hay diferencias entre las películas citadas. Por un lado, Novecento recoge la ira justa de unos campesinos oprimidos política y socialmente, Padre Padrone refiere la fuerza inmovilista de unas tradiciones seculares que frenan cualquier avance y El árbol de los zuecos es un auténtico álbum de fotografías donde se conserva la instantánea de las rutinas diarias de unas familias normales a las que les pasan cosas tan normales que uno se figura que no les pasa nada.

Puro neorrealismo tardío, en la línea Rossellini o De Sica. Aunque, la realidad nunca es tardía. Y Olmi mas que cine de ficción realiza un documento histórico que, con seguridad, sorprenderá a aquellos espectadores presentes y, sobre todo futuros, que no conciban la vida sin un televisor o una lavadora. Seguramente encuadrarán El árbol de los zuecos en la categoría cinematográfica de la ciencia (o realidad) - ficción.

Buen ejemplo de un cine de compromiso social que el tiempo y los cambiantes gustos han arrinconado en cierta manera, pero que aún conserva gran parte de su fuerza gracias a la veracidad de sus vivencias y de sus denuncias.

Eso sí, tres horas son muchas horas.
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33 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil