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8
El equilibrio entre la mañana y la noche
En este filme con un argumento minimalista y pocos personajes, no te dejará otra opción que sumergirte en los muelles de Nueva York a través de la atmósfera fría y malsana que se respira casi todo el tiempo.

Una de las claves del éxito de este filme reside en la visceralidad y realismo que muestran tanto protagonistas como el resto del reparto. Beben, se pelean, los hombres acosan a las mujeres y éstas se comportan como mujeres que saben lo que quieren, son burdos y chabacanos, sin los mínimos modales y conscientes de su maldad. Con realismo, como puedes ver, no me refiero a la historia en sí, más bien a la ambientación y el reparto. Besos en la boca entre mujeres, bodas en la barra de un bar y mucho erotismo hacen de esta obra, algo muy especial.

Otra de las claves, posiblemente la más importante ya que es la que mantiene la tensión y el interés, es el delicado juego al que participan los protagonistas. Tanto Mae como Bill, interpretan sus papeles con una total precisión. Mae muestra a partes iguales credulidad, indiferencia, dolor y esperanza sin llegar a saber nunca que podrá pasar. Bill ama y se odia, se muestra bonachón por momentos, cruel en otros. Con esta sutileza en las interpretaciones, la intriga y el suspense se mantienen constantes hasta el tramo final.

El día y la noche, durante la noche todos los gatos son pardos, si esto lo riegas de toneladas de alcohol, entenderás lo que puede significar el día para una pareja que se conoció 12 horas antes y se han levantado casados.

Los últimos filmes de la etapa muda alcanzan una madurez que tiende a dejarme sorprendido. Las bases del cine, según Griffith, quedan totalmente visibles y será lo que marque nuestra concepción actual.
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20 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Una delicia muda
Séptimo largometraje del realizador Josef von Sternberg (1894-1969) (“El ángel azul”, 1930). El guión, del acreditado Jules Furthman, adapta el relato “The Dock Walloper”, de John Monk Saunders. Se rueda en los platós de Paramount Studios (Hollywood, L.A, CA), donde se montan cuatro escenarios: la bodega de un barco, un bar del puerto (el Sandbar), la habitación de una pensión y los muelles de NY. Añade unas pocas tomas exteriores. En 1999 el film es seleccionado para ser preservado por el Nacional Film Registry. Producido por Josef von Sternberg, Jesse L. Lasky y J. G. Bachmann para Paramount Pictures, se estrena el 16-IX-1928 (NYC).

La acción dramática tiene lugar durante unas 15 horas de un día de 1928 en el puerto de NY. Bill Roberts (Bancroft), fogonero de un barco mercante que llega a los muelles de NY, obtiene licencia para permanecer en tierra hasta la mañana del día siguiente. Obtienen un permiso similar su jefe, el tercer oficial Andy (Lewis), y su compañero “Sugar” Steve (Cook). Se relacionan con Mae (Compson) y Lou (Baclanova). Bill es un hombre alto, fuerte, rudo, malhumorado, individualista y violento. Mae es una chica joven, dulce, encantadora y frágil, que carece de recursos para mantenerse, adquirir la ropa que necesita y pagar la habitación que ocupa. Lou es una mujer romántica, frustrada, abandonada por el marido hace tres años y maltratada por la vida. Mae y Lou se dedican a la prostitución. “Sugar” es borrachín, leal y gran amigo de Bill. Andy se siente atraído por Mae, es violento, egoísta y desconsiderado.

El relato desarrolla una historia sencilla y asequible, protagonizada por personajes modestos, maltratados por la vida y mal pagados, que ocupan espacios marginales dentro de la sociedad y viven agitados por el crimen, la mala vida, el paro, la miseria, la explotación y la ausencia de expectativas de mejora. Este universo es el preferido del realizador, que vivió una infancia menesterosa y difícil. Sternberg describe este mundo con comprensión, simpatía y un enorme cariño. Lo muestra bullicioso, ruidoso, abigarrado. Poblado de personas de diferentes edades y distinta condición, lo contempla con benevolencia, dispuesto siempre a la disculpa y la redención. Las imágenes del bar, saturado de gente, humo, música estrepitosa, conversaciones en voz alta y ebriedad, muestran un universo que trata de olvidar su desventura y su desesperanza.

La vida del grupo sirve a Sternberg para extraer del mismo los personajes individuales: una pareja protagonista y varios personajes adicionales que complementan la historia principal. Estos personajes son tratados de un modo enternecedor, que conmueve y cautiva el ánimo del espectador. Desgracia y bondad, explotación e ingenuidad, desesperación y esperanza, son algunas de las combinaciones de opuestos a partir de las que el film crea poesía y motivos de fascinación.
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20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
UN BELLO ROMANCE EN UN AMBIENTE TURBIO
El cine es como el cristianismo: nació pensado para el pueblo. La religión de Jesús se conectaba con los desarraigados, los humildes y los limpios de corazón, y el cine tomó partido por la clase obrera. No por nada, la primera película se tituló “La Salida de los Obreros”, la primera comedia “El Regador Regado” y el primer corto trucado “La Demolición de un Muro”.

Pero, como ocurriera con el cristianismo, el cine cayó luego en manos de obnubilados que buscaban la satisfacción de sus intereses individuales antes que los colectivos, y así, el dio$ dinero entró en el juego… y como la espiritualidad, el propósito clarificador, edificante y crítico del cine, entró en la mayor escasez y sólo brotaría, desde entonces, con los persistentes, consecuentes y críticos acérrimos de la sociedad que padecemos.

Josef von Sternberg, fue uno de los realizadores que se mantuvo, en alto grado, coherente con los propósitos iniciales del séptimo arte y antepuso a la sofisticación y a la rimbombancia de buena parte del cine, historias de gente común que se movía en los lugares más arrinconados del planeta. Y lo mejor de todo es que, con tales historias, logró uno de los legados más exquisitos y perfectos que, como arte cinematográfico, podamos encontrar. Véase “La ley del Hampa”, “El Ángel Azul”, “Marruecos”… o “LOS MUELLES DE NUEVA YORK”, y ahí tiene cine excelso, lleno de dignidad y calidez, y con un virtuosismo visual en las más altas cimas.

Para disponer del mayor rigor estético, Sternberg hizo reconstruir en un Estudio un ambiente de muelle con todas sus sombras, su hollín y sus neblinas. Puso a moverse a los pendencieros, los rebuscadores, las damas disponibles… y a toda esa gente de puerto para quien la vida va y viene sin grandes objetivos, y es allí donde transcurre la singular historia de un fogonero quien, tras salvar la vida de una bella chica que se lanzó al río con ansias de hacer el viaje sin regreso, encuentra ocasión para jugar con el amor, sin darse cuenta entonces que, ese juego, es en el fondo lo que su corazón más desea.

Mae, ve en él una esperanza de retomarle sentido a la existencia, pero asume con dignidad y aceptación plena, las decisiones que Bill toma con su vida. Y así, este sencillo juego del amor, se va tornando en una cálida y romántica experiencia, a la que sólo un maestro puede extraer toda su poesía y su fuerza emocional.

Sternberg dignifica al ser humano, engrandece a los seres más marcados, y nos muestra incesantemente que, los más grandes sentimientos y valores, están también allí donde muchos jamás llegan a imaginarlo.

George Bancroft impacta como Bill Roberts. Betty Compson es una Mae dulce y arrobadora. Y Olga Baclanova es la mujer hastiada de su burdo marido que ve en la joven rubia la esperanza de que el amor surja al menos en otro lado. Y el amor, puedes estar seguro, sólo espera el menor resquicio para poder entrarse. Que al fin y al cabo, el universo entero es obra suya.
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13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La noche y el día.
82/27(17/02/09) En el último año del cine mudo Sternberg nos regaló esta obra envuelta en el magnífico expresionismo de luces y sombras. Esta es una historia de amor entre una vagabunda, Mae (Betty Compson), que rescata del suicidio en el puerto el rudo fogonero Bill (George Bancroft), una historia de amor partida claramente en dos, uno es la noche en la que el amor se desarrolla, y otro es el día en el que las cosas parecen verse más nítidas y lo que antes era amor se convierte en un truco de magia, es decir, te hecho un polvo y desaparezco. Pero los sentimientos pueden con la cabeza y el amor triunfa. Este melodrama consigue rezumar un aura de fatalismo inquietante donde la desgracia parece acechar, en este universo oscuro, sucio y lúgubre del puerto, repleto de personajes duros por fuera y blandos por dentro. Recomendable a los que gusten de buenos melodramas mudos. Fuerza y honor!!!
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9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El sueño del héroe
La historia está contada sucintamente, con sinceridad y con poco espacio para el melodrama. Y está aqui creo uno de sus mayores meritos. Para los que quieran aprender a contar historias breves, ya se sabe, que no hace daño estudiar las joyas del cine mudo. La maestría de sus escenas, son como rayos que nos van iluminando profundamente de información y sentidos, lo explícito e lo implícito al mismo tiempo. Es como un cuento de Chejov donde nada es superfluo. Para no perderse la actuación de George Bancroft, que se parece un poco a Charles Bronson, o más bien al revés. Me gustó un poco menos que Underworld, la otra de Sternberg, porque acá el ritmo es menos frenético, más melancólico, como si para Bill y Mae se estuviera agotando el tiempo de las aventuras. Y entre tantas preguntas inicia a remontar en el aire el dilema de si será hora de ir a burcar el tiempo de la serenidad o el de continuar a vivir despreocupados.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
PASAR UN BUEN RATO
Stemberg sabía por propia experiencia vital que desde la más humilde y desesperada situación puede surgir un rayo de luz, un viento que haga cambiar el rumbo. Hecho a si mismo el director austriaco estadounidense tuvo su oportunidad con "The Salvations hunters" (1925) que según donde se documente uno fue un fracaso de taquilla y para otros un gran éxito de crítica y publico. A Chaplin le gustó tanto como para ofrecerle dirigir un proyecto, independiente del astro, con su productora. Aunque posteriormente la cinta "Una mujer del mar", nunca fue estrenada por considerarla Chaplin muy artística y poco comercial.
El caso es que en el 28 llegó esta sencilla historia narrada en apenas 24 horas y el director dio un autentico recital en poco más de una hora de lo que era y sería capaz. La recreación del ambiente es su mayor baza. Puede ser Nueva York o cualquier puerto del mundo donde los marineros extenuados de su duro trabajo en sus interminables travesías, desahogan todo su ser en apenas unas horas en las que solo quieren en palabras del protagonista: "pasar un buen rato".
Con una primorosa fotografía en blanco y negro comienza su recital estético acogiéndose a las influencias expresionistas para lanzarse posteriormente de lleno a un naturalismo poético con una brillante imaginación para resolver de forma indirecta y muy bella situaciones claves (el intento de suicidio, el asesinato...).
La cámara se mueve con una soltura increíble en ambientes tanto abigarrados como desnudos, en un baile de contrastes que es el motivo principal de toda la cinta.
George Bancroft está en lo más alto de su carrera y prefigura gestos y maneras de ese John Wayne con el que coincidirá once años más tarde en "La diligencia" (John Ford /1939), al igual que también aparece delineada el prototipo de mujer fatal que encarnaría Marlene Dietrich, descubrimiento del director y parte fundamental de su carrera. Tanto Olga Blacanova como la desconocida Betty Compson están estupendas. Y no podemos olvidarnos de toda la gente de secundarios y figuración que pululan por el Sandbar, el tugurio donde se celebran las noches de llegadas de barcos como si fueran la última del mundo y donde tiene lugar una boda de un lirismo memorable.
Las escenas brillantes se suceden una tras otra en donde el melodrama se hace sentir. Al final los personajes hacen un quiebro al destino reclamándole algo más que un buen rato en la vida.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
The Docks of New York
¿Qué le habrá pasado por la cabeza a Bill Roberts (Georges Brancroft) cuando saltó a salvar a Mae (Betty Compson), esa vagabunda suicida que se aventó al agua de los muelles de Nueva York?
A juzgar por lo que uno como espectador llega a conocer de ese personaje durante The Docks of New York, se podría ser muy ñoñamente positivo y asumir que una responsabilidad heroica se apoderó de su ser, pero también podría pensarse que fue una morbosa curiosidad casi infantil por la aventura y la carne femenina la que lo empujó al agua fría en su única noche libre. Yo quiero imaginar un milisegundo de vacilación entre dejar morir a la desconocida que realmente le importaba un pepino y salvarla porque, desde donde la veía parecía estar sabrosona, que terminó por la apuesta de sacarla del agua en un acto más egoísta que altruista (no es el lugar para divagar sobre si salvar a un suicida es un acto de loable bondad o de absoluta y majadera crueldad, pero por si alguien me lo preguntara, si yo hubiera sido Lázaro, habría usado mi segundo chance para vengarme de Jesús por resucitarme, así que se imaginará usted lo que pienso sobre el asunto de salvar a un pobre suicida). Como sea, ese acto es el que da lugar al relato de esta película, en la que Bill, un fornido y burdo fogonero de barco, tras salvar a Mae de morir ahogada, se la lleva de parranda y termina por casarse con ella al mejor estilo de los amantes locos en Las Vegas (¿vendrá de aquí esa tradición tan cinematográfica?).
Desconozco si von Sternberg era machista o todo lo contrario, pero lo que sí sé, por la evidencia de sus películas, es que le encantaban los personajes masculinos imponentes y cruelmente atractivos. Su protagonista en esta película es un ejemplo perfecto. Brancroft encarna aquí, con todo virtuosismo, a un protomacho que hoy día haría indignar hasta el bufido y el ojo entornado a los correctos ciudadanos de bien (no puedo evitar imaginarme cómo habría rodado una escena explícita de cama el genial von Sternberg con este personaje). De hecho, muy seguramente la historia que The Docks of New York cuenta sería hoy motivo de enconados enojos. Bill, ese bárbaro, que calificaré de itifálico, va por la vida como un colonizador que se abre paso a machete entre la maleza (“Are you goin’ to let me have a good time in my own quiet way, or am I gonna take this place apart?” suelta este bruto en algún momento en que no lo dejan hacer su santa voluntad). Convencido de ser casi que una fuerza de la naturaleza, este marinero sucio vive siempre en línea recta hacia el placer y se convierte en casual salvador de la (no tan) dama en apuros, sacándola de su abismo de miseria autodestructiva con su solo poder masculino, para luego ser, a su vez, transformado por el poder redentor del amor femenino que lleva su luz incluso al lumpen roñoso de esos muelles tristes.
El lector podría atreverse a pensar por mis palabras que yo desapruebo en alguna medida este la esencia de este guion de Jules Furthman (basado en la historia de John Monk Saunders, The Dock Walloper) así que, por si acaso, dejo claro que me parece una brutal, sincera y atrevida muestra de naturalismo cinematográfico de la que lo único que me choca es el ingrediente esperanzador (me declaro seguidor de la tragedia determinista) que termina por hacer que las resoluciones se sientan repentinas y los arcos de transformación débiles.
Además de ese guion tan sencillo como visceral, esta belleza ofrece un espectáculo repleto de composiciones simbólicas pintado en un blanco y negro rico en matices con unos negros profundamente expresivos (qué buen trabajo de fotografía el que hace aquí Harold Rosson), en el que se recrea uno el ojo como en el striptease de un burdel; con una mezcla de delectación, cargo de conciencia y una pizca de asquillo.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Soy raro
Soy raro, muy raro. La crítica profesional en su día, la puso por la nubes y lamentó que fuera una de las últimas películas mudas, ya que enseguida pasó al olvido por las primeras películas sonoras.

La crítica de la gente, también la pone por las nubres. Yo... tengo que decir que no me gustó. La historia, es simple, sí, como muchas, pero no me ha gustado la forma en que se ha desarrollado. La ponen por la interpretación tan realista, a mí no me lo ha parecido y la del cura menos. Cualquier persona ve ese percal, y sale por patas.

Pero quizás haya matices interesantes, justamente lo que he dicho antes, quizás la mirada de la chica, se convenció que quizás no estaba perdido. Los tios duros y con coraza, quizás sí que tengan corazón, y que las segundas oportunidades existen. Es quizás con lo único que me quedo.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
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