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Polisse (2011)

Polisse
Trailer
6,5
1.958
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Sinopsis
Crónica de la rutina diaria de la unidad infantil del Departamento de Policía de París: abusos a menores, conflictos familiares, niños carteristas, violaciones, sexo precoz... Fred, un policía rebelde, se enamora de Melissa, una fotógrafa nombrada por el gobierno para colaborar con este cuerpo policial. Ella se encuentra dividida entre Fred, y el violento mundo en el que vive diariamente, y Lino, su rico e infiel esposo. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Polisse
Duración
127 min.
Estreno
24 de febrero de 2012
Guion
Maïwenn Le Besco, Emmanuelle Bercot
Música
Stephen Warbeck
Fotografía
Pierre Aïm
Productora
Chaocorp / Les Productions du Trésor / Arte France Cinéma / Mars Films / Shortcom / Canal+ / CinéCinéma / Arte France / Cofinova 7 / Sofica Manon / Soficinéma 7 / Wild Bunch
Género
Drama Policíaco
6
Humor para sobrevivir a la dura realidad
La primera imagen que viene a la cabeza sobre “Polisse” es la de Maïwenn Le Besco recogiendo su Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes entre sollozos y prácticamente ininteligibles palabras. Un reconocimiento no exento de polémica porque muchas reacciones tras ver su filme allí no fueron precisamente positivas. Se le acacharon problemas de forma con sus parecidos razonables a “La clase” de Laurent Cantet y “Ley 627” de Bertrand Tavernier. Y esa forma precisamente hace que tal vez los méritos de su fondo no salgan a flote correctamente. La mirada es pretendidamente documentalista y la propia Maïwenn Le Besco se reserva un papel como fotógrafa que sigue a esa unidad del Departamento de Policía de París especializada en menores. No obstante, la directora y escritora del filme cita como referencia los documentales de Virgil Vernier sobre la policía.

¿Qué interesa de un departamento que tiene que lidiar con violencia sexual, explotación, malos tratos, etc. con menores? Ser parte de ellos en ese día a día conlleva enfrentarse a casos escabrosos y momentos extremadamente duros pero el humor se convierte en la única arma que encuentra la unidad para combatir con la miseria humana a la que se enfrentan en su jornada de trabajo. Es un proyecto valiente y arriesgado aunque con referentes obvios. Maïwenn Le Besco ha trabajado con completa libertad investigando y creando posibilidades en la historia (en una de ellas se convertían en policías corruptos y cometían un atraco huyendo a Las Vegas). Con las posibilidades que le ofreció el seguimiento a ese reparto coral se completaron 150 horas de material rodado listo para montar, que fueron reducidas a poco más de dos.

Ese diario nos mete de lleno en ese día a día de unos policías pero también pone rostros a víctimas y verdugos. El punto de vista también establece en algunos casos un previo a modo de incursión en los hechos para después pasar a su lado documentalista y enfrentar los testimonios frente a la cámara en los interrogatorios. Realmente el trabajo de esos policías es ese… No existe una conexión posterior con los verdugos o víctimas, simple desconexión para no acabar hospitalizados por depresión terminal. Meramente trabajan en numerosos casos de manera rápida y la involucración personal no tiene cabida; el espectador, al igual que los protagonistas, queda excluido de esa otra historia posterior que vivan los denunciantes y denunciados.
El grupo es retratado como un clan y se juega mucho en el guión con la práctica imposibilidad de conciliar la vida personal y familiar. Presenciamos cómo dan todo lo mejor de sí para poder ejercer lo mejor su profesión y ser unos anónimos héroes del día a día (dejando lo peor, salvo roces, para su vida privada). Reciben, eso sí, cierta incomprensión social e incluso palos secos desde sus superiores. Son también las víctimas del silencio y merecían una película tan honesta como la que les brinda Maïwenn Le Besco.
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17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El dedo en la placa
'POLISSE' explora el ámbito policíaco mezclando el tratamiento dramático y una realización más propia del documental que de la ficción. No hay protagonistas. Ni "polis" buenos ni "polis" malos. Todo el peso narrativo recae sobre los miembros de la Unidad Infantil de la Policía parisina, algo así como la brigada de protección de menores. Víctimas y verdugos también tienen su relevancia en la historia, pero la directora francesa prefiere en esta ocasión servirse de ellos como medio para llegar al fondo de cada uno de los miembros del Cuerpo.

Decir que los diálogos son excelentes sería quedarse corto ya que estos consiguen, ayudados por la destreza de la cámara, impregnar la cinta de naturalidad abrumadora y realismo a gran escala. Maïwenn y sus personajes trasladan la carcajada a su terreno acentuando, para bien y para mal, el sentido del humor francés. A saber: ácido, crudo, también autocrítico. Excesivamente ofensivo para los más sensibles y muy mal rematado en algunas escenas, pero tremendamente útil para pellizcar donde más duele. El caso es que golpea con fuerza hurgando en las heridas sin demasiados miramientos pero con tacto y profundo conocimiento de causa. Los franceses trabajan desde cotas intelectuales inapreciables para el resto. Hay que decirlo más en lugar de tacharles sistemáticamente de pedantes cada vez que tratamos de esconder nuestro estúpido complejo de inferioridad.

Lo mejor y más atractivo de 'Polisse'es que no utiliza su punto de vista para juzgar sino para mostrar los conflictos de un grupo de personas absorbidas por la dureza a la que se ven sometidos en el trabajo cada día. Dejémonos de demagogias: conviene que nos quitemos durante dos horas de nuestra vida la coraza del progresismo para reivindicar por fin la importancia de algunas funciones y labores que desempeñan ciertos sectores de la policía.

Todos los actores están soberbios y su casi anonimato nos ayuda a olvidarnos de su capacidad como intérpretes. Maïween se reserva para sí misma el peor personaje de la cinta, el más innecesario y el más agarrado al cliché. No se sabe muy bien qué pinta en medio de todo. Su personaje no suelta la cámara de fotos, quizá tratando de simbolizar la presencia de la visión como directora en mitad del cotarro. Quién sabe. Lo importante es que ha usado la otra cámara (la de cine) para filmar un tratado lleno de matices acerca del compromiso humano, social y profesional de un montón de individuos que viven y creen en su profesión.

Atentos a esta película que, pese a estar muy mal cerrada, incluye algunas de las mejores secuencias que se hayan rodado en la historia del cine europeo. Y mucho ojo con esta directora porque su película supone un repaso crítico y excepcionalmente bien filmado al estado social en que se encuentra la infancia en la vieja Europa.
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13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil