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Críticas de Estepario
Críticas ordenadas por:
Sueños de libertad
Sueños de libertad (1994)
  • 8,6
    166.934
  • Estados Unidos Frank Darabont
  • Tim Robbins, Morgan Freeman, Bob Gunton, James Whitmore, ...
10
¿Cómo explicarte?
¿Qué tiene de maravilloso esta película? Podría uno estar horas hablando de detalles técnicos, pero para qué. Las películas favoritas de cada uno de nosotros tienen siempre algo especial, algo que inconscientes o no siempre incorporamos en nuestra estimación de la obra. Puede ser el momento de cuándo se vio, lo que despertó luego de hacerlo, cómo afectó nuestras vidas, etc. Miles de diversos factores, difíciles de clasificar. Pero su principal característica es que nos son muy difíciles de transmitir, de hacerlos ‘objetivos’ para que el otro entienda por qué nos gusta tanto cierta película.

¿Cómo explicarte entonces qué significa para mí ‘The Shawshank Redemption’? ¿Tiene sentido intentarlo? Quizás solo pueda decirte que es una belleza a mis sentidos. Que es el parámetro que me fijó lo que el cine es, y a lo que puede llegar. Una hermosa metáfora de más de dos horas, pero que en ningún momento aburre. Entretiene, enternece, nos hace reflexionar, nos da tristezas, alegrías, esperanza. Es el pacífico, abierto en la inmensidad. Los muros de Shawshank. El testamento de Brooks. La música de Newman. La sonrisa de Andy. Es la esperanza de Red y las lágrimas del espectador.

Pero, en el fondo, no puedo explicarte realmente qué es. No creo que el lenguaje haya aún evolucionado para ello. No puedo convencerte de nada. Solo puedo recomendarla y decirte que si alguna vez has sentido algo maravilloso y especial en cualquier arte, yo en esta película he sentido lo mismo.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sueño de invierno
Sueño de invierno (2014)
  • 7,4
    3.779
  • Turquía Nuri Bilge Ceylan
  • Haluk Bilginer, Melisa Sözen, Demet Akbag, Nadir Saribacak, ...
8
Diseccionando el alma humana
Ceylan nos regala la que es, quizás, su película más literaria. En mi opinión, los diálogos han sido siempre pieza fundamental de su cine, aunque considero que sus otras realizaciones pueden categorizarse bajo otro eje principal. Pero aquí la premisa es directa: Ceylan nos quiere narrar, en más de tres horas, una novela visual, donde la hermosa imagen se funde con la profundidad y complejidad del diálogo. El resultado es una obra sumamente densa, reflexiva, cuya total dimensión artística sólo puede ser apreciada, creo yo, luego de varios visionados.

¿Qué es entonces lo que Ceylan nos propone en su más de tres horas de diálogos? "Trato de comprender el alma humana" nos dice en una entrevista acerca de esta película. Y entiéndase aquí como alma humana la exploración de sus acciones, sus deseos, y, sobre todo, de cómo nuestras vivencias, nuestro pasado y nuestras huellas nos condicionan en lo que, fuera de las máscaras, realmente somos. Como una obra Shakesperiana, o al mejor estilo de Chéjov (gran influencia del director), estas cuestiones se exploran bajo las miradas de sus personajes. Los partícipes no hacen a la historia, como meras marionetas del guión; ellos son la historia bajo la cual se desarrolla la trama. Por ello considero que un análisis de ésta sólo puede hacerse a través de ellos y no de la trama en sí. Y a pesar de que cada personaje en la obra tiene un papel fundamental, en Aydin y Nihal percibimos el desarrollo principal de aquello que el director nos quiere contar.

En Aydin vemos, en sentido general, la necesidad del hombre, quizás en su forma más pura. En la que las preocupaciones provienen de las relaciones y de cómo obtener de ellas lo que más anhelamos por dentro. Aydin no debe preocuparse de cosas que para otros son cuestiones de vida o muerte, tales como el dinero (léase Ismail y Hamdi), el trabajo o la salud. Sus dilemas nacen sólo de lo que hay dentro de él. Pasa el tiempo escribiendo libros y ensayos para un diario local. Habla con su vida, con su experiencia, pero también con sus ideas. Es un idealista antes que un realista, anteponiendo la palabra a la acción. Su cónyuge, Nihal, es un antídoto de receta ante la soledad. En cierta manera Aydin lleva bien adentro un poco de todos los hombres: la necesidad pura de saciar nuestra soledad, el frio de la soledad; el pasado perdido, consumado, del cual a veces sólo nos queda recordarlo para lamentarnos que ya no está; y quizás nos representa en lo más puro: la necesidad de hacer algo, de matar el tiempo, de asentarnos y de alguna manera aceptar que esto es lo que somos y lo que tenemos, que quizás ello es lo mejor que podemos hacer y resignarnos a seguir así. Aún cuando sabemos que no es ideal, que no representa lo que hubiésemos querido, o anhelamos llegar.

Por su parte, en Nihal se plasman el remordimiento, la culpa y la conciencia. La noción reafirmada una vez más de que, aunque el presente no es ni por cerca lo que uno desearía, es en cierta forma lo mejor que uno puede anhelar. Nihal debe resignarse a jugar las cartas que les tocaron. Sin embargo, eso no quita que deban se jugadas con buena cara. No esconde su temperamento ni su estado de ánimo, más bien los deja bien en claro. Que se noten es justamente la intención. Y lo hace porque entiende que, al igual que ella, Aydin no se opondrá pues sus cartas también son las únicas. Curiosamente, en esta química aberrante se yuxtaponen distintas necesidad para mantener el matrimonio. En Aydin, como dijimos, la necesidad pura del hombre de saciar la soledad; en Nihal, la necesidad es más bien económica, en el sentido de no contar con mejor respaldo para vivir que el que puede obtener de Aydin. El uno sin el otro está vacío, pero las razones son distintas. La voluntad de reafirmarse como individuos está impuesta tanto por las propias necesidades, como también por las del entorno. Las cadenas de su entorno entonces modelan las necesidades puras de Nihal. Quiere ayudar a los que no tienen, pues ve en ellos su verdadero destino. Sacia así su conciencia, de su remordimiento, entregándose a aquellos damnificados.

[Sigue en spoiler por falta de espacio; no hay spoiler en esta película]
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amanecer
Amanecer (1927)
  • 8,4
    13.201
  • Estados Unidos F.W. Murnau
  • George O'Brien, Janet Gaynor, Margaret Livingston, Bodil Rosing, ...
6
Ensayo (impopular) sobre 'Amanecer'
La primera vez que vi 'Amanecer', hace ya unos años, lo hice por recomendación de esta página. Al igual que ahora, la película gozaba de una puntuación excepcional, alabada por la crítica que parecía que estábamos ante el Quijote del cine. Bajo tanta recomendación no tenía más opción que verla. Es cierto que a veces, cuando uno espera mucho de una película, las expectativas pueden llegar a no satisfacerse. Esto ocasionaría, acaso, que uno juzgue lo visto desde una perspectiva errónea. En todo caso, lo cierto es que mi primer visionado dio como resultado una gran decepción, reflejada por la nota que le coloqué en aquel entonces: un 5.

¿Qué me decepcionó? Sencillamente fue lo plano que es su historia. En efecto, 'Amanecer' en la narrativa no es más que una simple y cursi historia de amor. Es sólo eso, una historia de amor entre dos personas; y no lo digo despectivamente, sino digo realmente lo que es. Es cursi por cómo se desarrolla la historia: el esposo que reencuentra el amor en su esposa, que de nuevo vuelven a ser sumamente felices, que reencuentran lo bello de la vida en cada rinconcito - en esencia, que todo es amor y felicidad, sonrisas. Y en esto seamos sinceros, no puede negarse que efectivamente la historia no sea así, cosa que suele estar generalmente muy en contraste con la realidad, no importa de cual época se trate.

En cuanto a lo técnico, el cómo se narra la historia, la genialidad de Murnau es totalmente innegable. Usa técnicas maravillosas, explotando al máximo los recursos disponibles en aquellos tiempos. Sus movimientos de cámara, la selección y superposición en contraste de distintos planos, su duración; todo es destacarle. No es, como he leído en algunas críticas, una película lenta ni mucho menos. La duración de sus planos es, creo yo, la necesaria para transmitir lo que se quiere. En resumen, no hay nada que renegar en este aspecto, y al contrario, yo creo que es uno de los puntos más fuertes y destacados que tiene la obra.

Ahora bien, antes de hacer esta crítica he vuelto a ver la película. Esperaba, como ya me ha pasado, ver quizás ahora las cosas desde otra perspectiva, y por qué no, subir algún que otro punto mi anterior votación. Sin embargo, perdónenme, pero no pude dejar de seguir notando lo mismo. Sólo pude subir un punto. La historia, a mis ojos, sigue siendo completamente cursi. Lo admito, tiene momentos destacables en la narrativa, como pueden ser los tramos iniciales y finales. Pero en el medio, en la ciudad, las secuencias las veo muy planas y simples, con un intento de sumar comedia en una suerte de 'sketchs'. Esta parte no me parece mala, por así decirlo, pero debo decir que me parece muy plana y que no amerita para nada que se alabe a esta película como se lo hace acá.

Entonces, me pregunto, ¿Por qué gusta tanto? ¿Por qué se tiene a 'Amanecer' en el altar? Creo que la respuesta es sólo una: por la universalidad de su historia de amor. Y es que si hay algo que conmueve a todo el mundo, a todo el público, son las historias románticas; son intemporales y universales. Es esa historia de amor, de 'esperanza' en el matrimonio, de su felicidad, de sus aventuras, junto con su notable apartado técnico, lo que atribuyo a tanta adoración por 'Amanecer'. Temas que, como digo, conmueven en general a todo tipo de público, como algo innato a nosotros. Porque en el fondo quisiéramos que nuestra historia de amor sea esa, esa felicidad y bienaventuranza que se nos muestra, esa esperanza, ese hijo, esa, llanamente, 'linda y buena vida'. Y claro, no hay que olvidar también que la película es de 1927, es muda, es clásica, de culto... si entienden lo que digo.

En todo caso, espero con esto haber justificado mi nota. Perdonen si ofendí a alguien, pero así es como veo las cosas. En lo personal preferiría que esta obra no sea considerada una cumbre de cine, pues creo que en éste existen muchas otras películas cuya inmortalidad y trascendencia alcanzan cotas mucho más profundas en cuanto a legado artístico. En definitiva, le pido al cine mucho más, porque sé que lo hay y que, por sobre todo, puede darlo.
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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Shakhmatnaya goryachka (C)
Shakhmatnaya goryachka (C) (1925)
  • 6,7
    210
  • Unión Soviética (URSS) Vsevolod Pudovkin, Nikolai Shpikovsky
  • Boris Barnet, José Raúl Capablanca, Zakhar Darevsky, Konstantin Eggert, ...
6
Pasión por el ajedrez
'La fiebre del ajedrez' es una de las primeras filmaciones hechas sobre ajedrez. El corto se centra en el torneo de Moscú de 1925, uno de los primeros en tener relevancia internacional. En efecto, en el mismo participaron grandes figuras de la época como el vigente campeón mundial Capablanca, junto con Lasker (ex-campeón mundial), Marshall, Tartakower, Reti, Rubinstein y Bogoljub (quién ganaría el torneo), entre otros.

Desde el punto de vista narrativo, 'La fiebre del ajadrez' relata humildemente, a través de una historia de amor, cómo el ajedrez se estaba volviendo una auténtica obsesión en la reciente Rusia soviética. Un amor al juego que, en vista de la amada, se contrapone a su amor conyugal. Las imágenes son claras: el ajedrez es todo, es la 'fiebre' del momento. De hecho, históricamente los rusos pronto empezarían un dominio del juego que daría lugar a grandes campeones mundiales como Alekhine, Botvinnik, Tal, Smyslov, Karpov y Kasparov. Esta 'fiebre' llegaría incluso a un estatus de representar su superioridad intelectual (esto es, del comunismo como gobierno) a través de su superioridad en el ajedrez, punto que tendría su auge políticamente en el campeonato mundial de 1972 entre Fischer y Spassky.

En resumen, creo que este cortometraje gustará a todos aquellos aficionados al ajedrez. Contiene auténticas reliquias como imágenes del torneo de Moscú del 1925 y una pequeña actuación del gran Capablanca. Un film que enriquece por su contenido histórico, a la vez que se disfruta por la sencillez y encanto de su historia. Y todo bajo esa 'fiebre', esa pasión que, para muchos, representa el ajedrez.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Atmen
Atmen (2011)
  • 6,3
    236
  • Austria Karl Markovics
  • Thomas Schubert, Karin Lischka, Gerhard Liebmann, Georg Friedrich, ...
8
'El infierno son los otros'
En su debut como director Karl Markovics nos regala una obra increíble, una opera prima que a más de uno le hubiera gustado dirigir. En efecto, 'Atmen' (Breathing) despliega un estilo tranquilo, ameno, contemplativo y reflexivo. Se sirve de un ritmo pausado, con un uso de la cámara majestuoso, en el cual Markovics despliega su talento para dotar de personalidad y estilo a la obra.

'Breathing' se centra en un joven de 19 años (Kogler) que reside en una correccional juvenil. Su vida está marcada de desdichas desde su infancia, siendo su personalidad un claro reflejo de esto. Es retraído, frío y distante. Su existencia está prácticamente limitada a mantener un trabajo fijo y ganar el juicio para obtener su libertad. Algo que, para Kogler, no resulta nada fácil. Hasta que, cosa no casual, decide por cuenta propia trabajar en una funeraria.

Markovics se apoya en una soberbia y magistral dirección para crear un atmósfera desoladora, triste y rutinaria de una vida que no parece dar ni recibir mucho de sí. Con diversos planos vemos y vivimos en carne propia la desolación de Kogler, su vacío y su impotencia al no encontrar las herramientas necesarias para salir adelante. Y la cámara, tranquila e imparcial, nos muestra lo realmente duro que puede ser ello. Nos hace ser Kogler: ver lo que él ve, siente, sufre, añora. Nos hace reflexionar sobre la injusticia, el amor, la muerte, la responsabilidad y, quizás sobre todas las cosas, sobre el duro y triste destino que algunas personas sufren.

Desde el punto de vista filosófico, 'Breathing' nos retrata duramente cómo la suerte que nos toca es muchas veces responsable de lo que somos y hacemos con nosotros. No en vano en la película se cita a Sartre: 'El infierno son los otros'. El mismo Sartre que genialmente también dijo que 'Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él'. Ese Kogler que vemos, triste y ermitaño, es ese hombre 'sartreano', desolado, que lucha por darle un molde, un sentido, una forma a esa pobre vida a la cual lo 'arrojaron'.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Occident
Occident (2002)
  • 6,4
    161
  • Rumanía Cristian Mungiu
  • Alexandru Papadopol, Anca-Ioana Androne, Samuel Tastet, Tania Popa, ...
7
Ecos desde Rumanía
Tras haber visionado '4 meses, 3 semanas, 2 días' me propuse explorar más la obra de este director. Así caí en 'Occidente', una película de historias cruzadas que parecía interesante. Y la verdad es que, lejos de lo que esperaba, me he llevado una sorpresa al ver el cambio en el estilo de dirección de Cristian Mungiu.

'Occidente' es, en efecto, una película 'light'. El desarrollo se presenta a través de la visión de diferentes personajes, donde en cada uno se entremezclan historias cruzadas que van anexando situaciones diferentes a lo largo de la obra. El drama se centra, básicamente y como su título lo indica, en la emigración desde Rumanía hacía Europa occidental. En esto Mungiu traza una visión de una Rumanía en la que las esperanzas de progreso se encuentran, casi irremediablemente, en la huida hacía un 'país mejor'.

Sin dejar de lado el drama que se le intenta poner a la película, la obra suma una buena dosis de humor. De todas formas no es inconcebible la ausencia de comicidad en el desarrollo, en pos de una exploración más profunda de los sentimientos de los personajes. En todo caso creo que Mungiu demostró posteriormente en '4 meses, 3 semanas, 2 días' que sí es capaz de realizar un drama serio sin la necesidad de tintes cómicos.

En resumen, el resultado de 'Occidente' es de una obra redonda. En el anexo y conclusión de las historias cruzadas Mungiu demuestra su habilidad como narrador, conjugando drama y comedia en un producto que retrata sutilmente la situación de Rumanía a comienzos del siglo XXI.
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Oslo, 31. August
Oslo, 31. August (2011)
  • 7,1
    2.998
  • Noruega Joachim Trier
  • Anders Danielsen Lie, Hans Olav Brenner, Ingrid Olava, Øystein Røger, ...
8
El vacío
Nuestra vida depende, como seres finitos, en darle un sentido. En eso nos consolamos, en eso buscamos un futuro. Nos ponemos entonces metas, objetivos: nos aferramos a algo. Y ese algo se vuelve nuestra vida, nuestra razón de levantarnos con buen ánimo; lo que, quizás, será nuestra 'huella'. Nuestra innata necesidad de no perecer, de dejar algo, de que nuestra vida tenga algún sentido. De que nuestro paso por la Tierra no haya sido más que para consumir oxígeno y producir desechos. Queremos, muy profundamente, que nuestra vida importe, no sólo para nosotros, sino que, principalmente, para los demás. Queremos que, si hoy dejamos de existir, haya alguien, en algún lugar, que se dé cuenta; que lo siente, que lo duela, que se alegre: que le afecte.

En 'Oslo, 31 de agosto' Joachim Trier plasma este vacío en Anders. Un drogadicto que busca reivindicarse en la sociedad. Encontrar un lugar; quizás una 'redención'. Una segunda oportunidad. Pero se siente vacío. Su vida ya perdió ese necesario 'significado'. Al lado, la gente vive ajena a él. En la brillante escena de la cafetería (lo mejor de la película, en mi opinión) Trier muestra este punto. Vemos un Anders solo, y a su lado un mundo ajeno; la gente discute sobre sus problemas, sus vicisitudes: ellos también las tienen. Pero lo más doloroso no es este lógico consuelo, sino saber que si Anders no estuviera ahí esas personas aún seguiría lidiando con su vida. Su existencia, en esa pequeño cafetería, es aislada, sórdida e invisible. Como en esa cafetería, como en todo Oslo, Anders parece ser intrascendente para la gente.

Con este tema central y muchos otros (papel de la infancia en nuestras vidas, amistad, soledad, incomprensión, etc.) Trier crea una obra no maestra, pero si muy redonda. Una obra poética que con fuertes imágenes retrata ese vació que todos tenemos o hemos tenido, pero que inconscientemente vivimos tapándolo con 'cosas para hacer', con planes, con distracciones.
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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Climas
Climas (2006)
  • 6,6
    805
  • Turquía Nuri Bilge Ceylan
  • Ebru Ceylan, Nuri Bilge Ceylan, Nazan Kesal, Mehmet Eryilmaz, ...
8
Música desde una cajita musical
Tres estaciones, tres etapas:

1) Verano

El verano es tiempo de vacación. Donde, en el calor, las parejas pude tomarse su tiempo para para viajar, estar juntos y conocerse.

Isa y Bahar son estables físicamente (en apariencia) pero inestables emocionalmente. El verano es motivo se salida. Una estación para encontrarse las caras y reconocer la realidad, la posibilidad de la unión. Ambos lloran solitariamente; una por fuera, otro por dentro. Saben que, aunque quieran, no pueden estar juntos. En sus vacaciones, en su verano, el calor de estar juntos se vuelve insoportable.

2) Otoño

Las hojas caen. El calor cede progresivamente al frío. Una estación en el medio de los extremos calor (juntos) - frío (separados); relación-separación. La narración se nos presenta en ojos de Isa. Solitario, sacia sus deseos íntimos con un amor no correspondido, una 'pasajera'. Alguien ante la cual impone tener un control, instintivamente animalesco, sobre una ilusoria relación que le fue negada en Bahar.

Las hojas se terminan de caer. El agua se hace nieve y el termómetro desciende. La ilusión se desvanece en su esterilidad.

3) Invierno

El invierno es duro, cruel. Como la soledad, el frío puede ser a veces insoportable. En la necesidad de obtener un poco de calor (humano) Isa busca nuevamente redimirse, entregarse a la relación.

En este paisaje triste y duro vemos la realidad. Y en la expresividad de sus ojos vemos el fuego interior de ambos apagarse luego de una pequeña y nostálgica chispa. El calor de estar juntos no es suficiente para mantener el fuego.



En este clima Ceylan dirige (y actúa) magistralmente. Su película más natural, más tierna, más sincera. Una historia sencilla pero preciosa, que rebosa humanidad en cada plano. Tan linda y simple como una hermosa música saliendo de una cajita musical.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paris, Texas
Paris, Texas (1984)
  • 7,9
    31.574
  • Alemania del Oeste (RFA) Wim Wenders
  • Harry Dean Stanton, Nastassja Kinski, Dean Stockwell, Aurore Clément, ...
4
Artificios
París, Texas es el lugar añorado pero nunca alcanzado. El lugar que que se compra (concibe) pero nunca se llega. Paris, Texas, la película, trata artificiosamente este cuento.

Todo empieza en un misterio: un hombre (al parecer mudo e indigente) que camina solitariamente en los desiertos de Texas. Durante este tramo se mantiene la intriga por saber quién es el personaje, por qué no habla, y qué le sucede. La lógica infiere, irremediablemente, que debe estar loco. Pero aquí es donde la lógica se nos desliza.

En el momento en que Travis empieza hablar empieza la caída. La historia se sigue desarrollando pero cada vez empiezan a quedar más lagunas (véase Spoiler). Wenders aquí empieza a jugar a las marionetas con sus perosnajes para que encajen en el argumento, quitando así realismo a la película.

El resultado final son pequeños momentos memorables (cítese, principalmente, el monólogo en el peep show). Sin embargo, más allá de lo bien logrado de esto pedacitos, el conjunto es defectuoso y artificioso. La historia subyacente es simple, pero retorcida y estilizada a fin de impresionar al público. Y en este cóctel los defectos argumentativos se camuflan en un estilo que niebla la unión de las piezas del rompecabezas.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Dónde está la casa de mi amigo?
¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987)
  • 7,6
    3.007
  • Irán Abbas Kiarostami
  • Babek Ahmad Poor, Ahmed Ahmed Poor, Kheda Barech Defai, Iran Outari, ...
8
El sentido de la educación
La verdadera educación no es el conocimiento, no son lo deberes, no son saber las capitales de los países, los mares del mundo, la historia de tu país; la verdadera educación no es hacer los deberes en un cuaderno y no en un par de hojas sueltas.

Kiarostami retrata de manera conmovedora qué es la verdadera educación: el niño que quiere ser solidario, empático, responsable y devolverle su cuaderno a su amigo..

Pero nosotros fallamos y pedimos que hagan sus "deberes", que primero termine de hacer los cumplimientos de su "educación", para después devolverle el cuaderno a su amigo. Para después ser solidario... para después realmente educarse...


"La educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela"
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Érase una vez en Anatolia
Érase una vez en Anatolia (2011)
  • 6,8
    1.619
  • Turquía Nuri Bilge Ceylan
  • Muhammet Uzuner, Yilmaz Erdogan, Taner Birsel, Ahmet Mumtaz Taylan, ...
8
Detalles
Una historia sencilla, pero una dirección soberbia, hace que Ceylan traspase la pantalla y nos haga sentir las vicisitudes de una jornada laboral en la piel de sus participantes. Una jornada en Anatolia, pero que traspasa sus límites. Una jornada como cualquier otra, pero que encierra el milagro de esta proyección: que los momentos impactantes no se encuentran en situaciones increíbles, grandes o magnánimas. Es que aquí no hay situaciones súper-desarrolladas, grandes diálogos, momentos dramáticos, giros imprevistos de guión... La cámara simplemente se encarga de acompañar, sin menospreciar cada momento, cada detalle; porque el imprevisto de las situaciones determinará lo que queda, lo que se aprecia o desprecia, pero lo que al fin se recuerda...

Porque a veces, en la cotidianidad más pura, mas rutinaria, simplemente basta un soplo del viento para levantar la pluma. Para derramar las lágrimas de aquél ojo desolado. Eso es lo que nos hace, lo que nos puede hacer sentir escalofríos; la verdad que nos puede sacar del cuento de hadas, la mirada que nos puede penetrar y hace gritar nuestro vacío existencial, el vaso del amor compartido con los que sólo ven pero no tienen, en la hermosura de la flor más bella, el hijo que llora con la mirada, quebrando, doliendo, golpeando más fuerte que una piedra en el ojo... La empatía como fuerza motora de toda relación humanitaria...

¿Qué somos sino? No hace falta la alfombra roja, las luces, el destello de la cámara, la adulación, el discurso, el alago, los aplausos de fondo, el diploma, el cuadro. Al final, lo que nos queda son esos pequeños momentos. Los que se nos pasan mientras esperamos (o no) que pasen. Esas pequeñas situaciones, imprevistas, dolorosas, alegres, pero que pueden llegar de imprevisto, en cualquier día, en cualquier instante.

Supongo que era eso Ceylan. Perdóname si te malinterpreté. Pero es lo que me has dejado en tu más de dos horas de detalles. En saber que estaba viendo algo sencillo, una historia simple, pero que en el fondo de eso se trata. De apreciar que ahí también puede a ver algo. Del nuevo día. Del misterio del qué traerá la marea. Porque quizás, algún día, de ese imprevisto, en ese día cualquiera, "Uno podrá decir 'Una vez en Anatolia...'". Una vez que vale la pena filmar.
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15 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Le fils
Le fils (2002)
  • 7,1
    2.624
  • Bélgica Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne
  • Olivier Gourmet, Morgan Marinne, Isabella Soupart, Rémy Renaud, ...
8
Fracciones
Los hermanos Dardenne no crearon una historia y la filmaron. No hay un inicio, un desarrollo y un fin. Su film es la piel de la realidad. La cámara simplemente muestra; no habla, no describe, no narra; no se desarrolla. Simplemente muestra. Tal como cuando uno sale a la calle y contempla la vida. Esta vez, se nos permite adentrarnos en una de ellas.

El conjunto: más escalofríos que un 'Thriller' de pochoclo en la cartelera del domingo. No hay música, no hay diálogos forzados, no hay momentos 'Kodak'; las imágenes simplemente se funden en un gran documental visual. Un documental que es relatado por los sentimientos del padre, Oliver. Los sentimientos, incapaces de explicarse (ni para él, ni para nosotros), pero que corresponden al instinto más humano posible: la búsqueda inextricable de un por qué.

Y nosotros los sentimos. Somos el padre. Somos Oliver. No lo miramos a él, miramos a través de él. Sus emociones, sus visiones, sus miedos, sus incertezas; todo se conjunta con las nuestras. La cámara, brillantemente, se posa sobre su hombro: nos muestra su esencia. Hasta sus abdominales los sentimos.

Oliver y Francis. Nos dejaron ver una fracción de ellos. Ya es suficiente. La vida sigue, pero no es necesario contarlo. Lo dicho, dicho está: los créditos aparecen. Y yo con piel de gallina.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La tumba de las luciérnagas
La tumba de las luciérnagas (1988)
  • 8,1
    35.713
  • Japón Isao Takahata
  • Animation
9
Lampyridae
Luciérnagas: Luz: sinónimo universal de libertad, prosperidad, futuro, felicidad, vida. En el lado opuesto, Tinieblas, sinónimo universal de represión, dolor, miedo, infelicidad, muerte.

Plena Segunda Guerra Mundial, ¿Y la Luz? Bombas, explosiones, ciudades devastadas, vidas aniquiladas, marchitas, vacías. Muerte, represión, infelicidad. ¿Futuro?

Seita y Setsuko. El joven y la niña: ¿Símbolos de la humanidad? Ya son cuerpos desgastándose, sin vida, negros: Tinieblas. Y el dolor de estómago: la radiación de la guerra.

Oscurece. Las luciérnagas sobrevuelan. ¿Están aquí? No, pertenecen a la irrealidad. Irrealidad de luz, de felicidad, de futuro, de vida.

Todo negro. Las flores se cayeron. El agujero negro de la guerra consumió toda la Luz a su alrededor. La posibilidad de una vida pasa sobre los ojos de una generación pérdida.

De este mundo, de esta guerra, sólo nos queda la tumba de las luciérnagas.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
My Dinner with André
My Dinner with André (1981)
  • 7,4
    1.193
  • Estados Unidos Louis Malle
  • Wallace Shawn, André Gregory, Jean Lenauer, Roy Butler
8
Cogito
Un restaurante. Una mesa. Dos sillas. Utensilios. Y dos cerebros. Sí, dos cerebros.

Y es que cuando la historia es buena, los decorados sobran. Si el libro bueno, ¿Importa si lo leo en la biblioteca, el mi casa, en el parque, en la playa? ¿Y el sillón, la silla, la cama, el suelo? Los buenos libros se leen solos: su atmósfera te atrapa y te hace olvidar de las vicisitudes de la propia vida; te sumerge en un sueño, un sueño en el que estás despierto y en el que podrás recordarlo todo. Esa es su maravilla.

Malle filmó un gran libro. Un gran libro de palabras, donde las imágenes a nuestro alrededor no son más que el decorado de nuestro lugar de lectura. Con dos personas, dos cerebros, construye una discusión entre dos formas distintas de ver la vida: la una, la convencional, la otra, la atrevida, la desafiante, la inconexa, que busca más allá de lo explícito y pretende adentrarse donde se rehúsa por miedo. Las palabras entonces se construyen, dialogan, se despliegan, y pegan como un fuerte martillazo. El cerebro recibe y reflexiona. La acción se consume y disfruta. Y con ninguna explosión de fondo.

¿Qué somos sino? Seres racionales. Capaces de analizar las cosas. La palabra es nuestro modo de transmitirla. Pero no es perfecta. ¿André? ¿Wally? No, no se trata de tomar posturas. Se trata de mirarlas y ver que las hay. Que la vida puede concebirse de muchas formas, y que cada una de ellas no es más un molde de nuestras experiencias. ¿Y si nuestras experiencias son distintas, como podemos coincidir en todo? Y sin embargo.

Entre tantas cenas y cenas, André, debo darte las gracias por acompañarme. El placer está en el cerebro, y el mismo se excita cuando se lo hace trabajar. André, gracias. Malle, tú también. Seremos pocos, pero estamos. Estamos para aguardar la próxima cena. Quién dice, quizás en otra cena aparezca otro André. Gustoso iré.


Sí, Sócrates, hubiera sido tu película favorita.


"Cuando por fin llegué, Debby ya había llegado de trabajar. Le conté toda mi cena con André".
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2 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Trainspotting
Trainspotting (1996)
  • 8,1
    134.908
  • Reino Unido Danny Boyle
  • Ewan McGregor, Robert Carlyle, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner, ...
8
Ecce Homo
Él elige.
Nada de uniforme.
Nadie le otorga ningún saldo.
Vive el hoy, el futuro está muy lejos para pensar en él.
Ninguna seguridad, ningún mañana, ningún pasado, y un presente muy nublado.
No, no desea los -último modelo- de la revista mensual: quiere el hoy.
Heroína, alcohol, marihuana, cocaína, chicas, robo.
Su vida es una dependencia, una dependencia al presente.
Buscar siempre la dosis necesaria: siempre puede haber un día perfecto.
Hoy, quizás mañana, y puede que pasado mañana. La misma ración diaria. Hay que sobrevivir.
Lo que le da vida es lo que lo hace dependendiente.

Elegimos.
Universitario, terciario, secundario, primario.
Desemboque unánime: el trabajador. Y, por favor, a saldo fijo.
¿Cuarenta años? No importa, siempre podemos esperar la jubilación.
Confiamos en nuestra seguridad, porque el mañana puede ser mejor: tenemos planes.
Revista mensual: televisor, lavadoras, coches, compactaras, microondas (¡Y fíjate el precio!).
Levantarse, trabajar, comer, descansar, trabajar, comer, dormir, levantarse, trabajar.
Nuestra vida es una dependencia, una dependencia al futuro.
Mes por mes, y con suerte, un descansito: siempre puede haber un día perfecto.
Y hoy, y mañana y pasado mañana. La misma ración diaria. Hay que sobrevivir.
Lo que nos da vida es lo que nos hace dependendientes.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Django sin cadenas
Django sin cadenas (2012)
  • 7,9
    111.857
  • Estados Unidos Quentin Tarantino
  • Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Kerry Washington, ...
3
No importa, es Tarantino
No importa si el guión es más predecible que un tiro oblicuo en el vacío, es Tarantino.

No importa si la mitad de la película es pura violencia hollywoodense (dosis necesaria del subconsciente colectivo), es Tarantino.

No importa si se violan las leyes de la física y un disparo en una dirección hace volar a la hermosísima dama en la dirección contraria, es Tarantino.

No importa si la estupidez de los personajes es, recurrentemente, pieza clave de toda causa (y es que es más fácil crear un tonto que un inteligente), es Tarantino.

No importa que la historia se desarrolle superfluamente en torno a la (¡núnca narrada!) historia de amor entre dos admirables y superemotivos personajes, es Tarantino.

No importa si el desarrollo de la historia son un conjunto de hermosos y memorables "Momentos Kodak" (indudablemente, para la posteridad, al lado de los molinos del Quijote), en vez de un desarrollo verosímil e inteligente, es Tarantino.

No importa si los bravos y supermalos pistoleros aún no pueden superar su shock a la hora de disparar, y un admirable pero triste letargo les impide entrar en acción justo cuanto nuestro buen Django desenfunda su gloriosa arma y acomete contra sus adversarios, es Tarantino.

Y es que no importa si hay más violencia que emotividad, más disparos que diálogos inteligentes, más sangre que reflexiones, más héroes que humanos, más explosiones que realismo, más tontos que inteligentes, más hazte la fama y échate a..., más críticos obsecuentes, más sobrevaloración, más perros comiendo negros, más látigos marcando negras, más y más sangre (¡explícito, explícito, qué se vea todo, por favor!), más superexplosiones (¡Oh!), más superdiálogos con superbuscaproblemas, más pochoclo, más Hollywood, más ficha de director, no, por supuesto que no importa, es Tarantino.
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50 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil
El club de la pelea
El club de la pelea (1999)
  • 8,1
    187.165
  • Estados Unidos David Fincher
  • Edward Norton, Brad Pitt, Helena Bonham Carter, Meat Loaf, ...
9
Nuestra guerra
Se me escapa, otra vez. Otro pensamiento, otra realidad, otro vistazo, otra llamada, otro relámpago de lucidez, y mi pesar existencial me comprime por dentro. ¿Qué ha de ser del hombre cuando despierte y vea que lo que somos?

Hemos pasado del centro a la órbita; de la galaxia, a las galaxias; de la infinitud a las fechas; de los milenios a los billones. El hombre ha perdido su coraza de ilusiones. Y naturalmente es difícil despertar: cuando estamos mucho tiempo a oscuras, nos molesta cuando prenden la luz.

La sociedad, sin embargo, funciona como nuestro filtro perfecto. No creo conocer otro mejor. Otro que sea tan efectivo, y con tanta variedad de instrumentos para que sigamos somnolientos. Y caemos como cebos: nos gusta. Nos gusta la ignorancia; en ésta podemos moldear la realidad a nuestro gusto: somos grandes artistas.

Pero a veces, por la misma velocidad de nuestras vidas, nuestra pequeña y moldeada forma se empieza a quebrajar; naturalmente: no es sólida. De todos lados empiezan a llegar rayos de sol. Los ojos empiezan a doler: los cerramos, es lo único que tenemos a mano.

Preferimos no ver, y de ser posible, tampoco oír. Preferimos correr; preferimos pelear; preferimos estar acompañados (para aguantar mejor el frío); preferimos crear nuestra secta, y a partir de ella nuestro deseos; preferimos darle el nombre “Fight Club”. Con el combatiremos: “Nuestra guerra es la guerra espiritual”.

Quisiera decirles que no, que no hace falta… Pero no puedo; me quebrajo también. El hombre se cierne sobre el hilo de su realidad: dependerá de su estabilidad para seguir subiendo. La realidad pesa mucho: ¿Quién no preferiría el Jardín de Eden en vez de una mota de Polvo?

Pero yo quiero seguir de pie. Quiero la realidad; los rayos de sol me acompañan: la vida está conmigo. Y aunque pueda ser que algunos pasen por momentos muy extraños de sus vidas para poder verlos, me remito a decirles: amigos, ganemos nuestra guerra sin luchar, que en ésta no hace falta.
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
2001: Odisea del espacio
2001: Odisea del espacio (1968)
  • 7,8
    114.782
  • Reino Unido Stanley Kubrick
  • Keir Dullea, Gary Lockwood, William Sylvester, Daniel Richter, ...
8
El gran amanecer
El mono es un ser indefenso, miedoso (sobre todo en la noches), e insuficiente; el leopardo gana. Pero el monolito parepara la batuta: !Y qué batuta! "Hágase aquí una nueva especie" Y nació el hombre... y, en su poder, el hueso. Ya se acometió el primer asesinato: ya empezó el dominio terrenal de eso que se llamará ser humano.

4 millones, y el hueso se expande; ahora navega por el espacio; ahora es supraterreneal. El hombre se halla en su límite; el hombre ya no es más hombre. El ser humano terrenal se expande; ¿Qúe nombre usaremos ahora? He nuevamente aquí el monolito (¿Cómo dices? ¿Que qué significa? ¿Tiene relevancia aquí la causa más que el efecto?). Ahora el hombre se moja los pies en la orilla del cosmos.

4 millones y 18 meses. El ser humano debe finalizarse así mismo. Para ello debe eliminar primero su más acabada forma; debe aniquilarse a "sí mismo" en su capacidad; Hal representa el todo, y por ello, por evolución, el último. El monolito es el camino: para avanzar de la orilla, hace falta que primero te enfrentes a tí mismo.

Hal se desconecta; Hal muere: el ser humano ya es historia, el ser humano acaba su imagen. El viaje ahora queda en manos del manolito. ¿El final nos lo anuncia? ¿Qué especie llega a la Tierra? Sabemos que se hace escuchar: "Así hablo Zarathustra" ... ¿Acaso estará realmente amaneciedo?
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amores Perros
Amores Perros (2000)
  • 7,7
    73.910
  • México Alejandro González Iñárritu
  • Emilio Echevarría, Gael García Bernal, Goya Toledo, Alvaro Guerrero, ...
7
Reflejos
"Porque también somos lo que hemos perdido"

La última frase de la película, refleja, lo que para mi juicio, es la visión más profunda y filosófica que este film aborda y quiere expresar.
Dicha frase, se representa, a modo de metáfora, mediante los perros y los mismos protagonistas.

Me expreso en el Spoiler.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
WALL•E
WALL•E (2008)
  • 7,9
    126.288
  • Estados Unidos Andrew Stanton
  • Animation, Fred Willard
7
Imágenes
Mucha basura... Y un pequeño robot. Aquí no hacen faltas diálogos, las imágenes hablan solas.

El amor aparece, no distingue seres, objetos ni materiales. Está ahí, reina y enriquece.

El ser humano. Nuestro futuro, ¿Apocalíptico?. El desdén de un potencial, tirado a la basura en la tecnología.

Hay clásico, raíces que denota presencia. Calidad, de animación. No hay marketing, hay arte. No hay intereses, hay objetivos.

Un robot, una extraterrestre, una planta, y una profunda reflexión del futuro, casi sin diálogos. No hacen falta.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil