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Críticas de TOM REGAN
Críticas ordenadas por:
Against All Flags
Against All Flags (1952)
  • 6,2
    777
  • Estados Unidos George Sherman
  • Errol Flynn, Maureen O'Hara, Anthony Quinn, Mildred Natwick, ...
4
La Princesa Patma.
103/13(19/06/19) Intrascendente nadería hecha a mayor gloria de Errol Flynn, queriendo emular sus pretéritos clásicos de aventuras, pero notándose su decadencia física producida por las adicciones (drogas y alcohol), y eso que solo tenía 43 años. También tiene presencia y reclamo comercial la gran Maureen O’Hara y el electrizante Anthony Quinn. Insustancial film de piratas que parece hecho con desgana, con un guión y desarrollo muy pobre, donde las situaciones avanzan por imperativo de libreto, donde los diálogos y sucesos resultan un atropello a la razón, con unos personajes acartonados. Dirige el inane George Sherman con un guión de Joseph Hoffman (“El capitán pirata”), bajo una historia de Aeneas MacKenzie (“Los 10 Mandamientos”), donde lo mejor es que su corta duración (80 minutos) hace que el aburrimiento apenas haga acto de presencia, esto adornado por un sentido del humor apolillado, donde las escenas de acción resultan sin atractivo alguno, provocándote añoranza de los clásicos del género piratil, un producto infantil, donde encima proliferan los vicios de la peor pedagogía del cine, como son el machismo y el racismo. Esto enmarcado en una puesta en escena que va de lo naif a lo kitsch.

Brian Hawke (Errol Flynn), un oficial de la Marina que está recibiendo algunos azotes cuando nos reunimos con él para darle autenticidad a la afirmación de que ha sido expulsado de la Armada. Para hacer una banda de piratas pretende infiltrarse. Existe este tipo de hermandad de piratas que se refugian en una isla custodiada por flancos de cañones posicionados estratégicamente cuando no están saqueando la alta mar, y es trabajo de Hawkes desarmar los cañones para que los barcos de la Armada Británica puedan navegar hacia el puerto. A pesar de las marcas en la espalda, el ganso de Hawke se ve cocinado gracias a las sospechas del malvado pirata Capitán Roc Brasiliano (Anthony Quinn), pirata Spitfire Stevens (O'Hara).

Todo resulta tan endeble que analizarlo es darle entidad por encima de lo que se merece, donde todos los manidos clichés se dan cita de modo ingenuo en una cinta rancia. Y es que su rezumante machismo es propio de casposos incurables, pues se supone que una mujer capitán pirata, Spitfire Stevens, puede ser algo de loar como ejemplo de empoderamiento femenino, pero el modo de delinear el personaje resulta ridículo, no te crees que esa mujer imponga respeto alguno, ya desde la primera escena que sin venir a cuento le da un morreo a un prisionero (Bryan Hawke encarnado por Errol Flynn), donde luego vemos que sus inquietudes son propias de quinceañeras superficiales, o sea ponerse vestidos pomposos, colocarse lunares e insinuarse cada dos por tres al mencionado personaje. Pero el colmo de la desfachatez es el personaje de la Princesa Patma (Alice Kelley), ataviada cual idealización de Sabrina (la bruja), aquí se combinan el racismo de que una mujer que debería tener apariencia de Medio oriente es blanca como la leche, pero la vergüenza ajena viene con su carácter idiotesco, una idiota que en medio de un barco ardiendo le da un beso un desconocido y queda prendada y extasiada, y luego no para de pedirle besos al susodicho. Por cierto, el mismo que el de la capitana, que no puede ser otro que Errol Flynn, con un rol en el que todas las mujeres bellas caen rendidas cual rayo a sus pies. Para sentido del humor fresco (ataque de cinismo) queda Molvina MacGregor (Mildred Natwick), la asistenta de la princesa, que cuando oye que van a vender a varias mujeres, y a ella no, protesta por no poder ser adjudicada (eso se llama humor inteligente y sin machismo alguno, puaj).

La puesta en escena es propia de una máquina de hacer churros sin entidad propia alguna, casi todo rodado en interiores con decorados al fondo que cantan la traviata, la filmación se realizó en un escenario en los Universal Studios en Los Ángeles con algunas imágenes de la ubicación en Palos Verdes (California-USA). Con peleas a espadas insulsas, donde por supuesto (por mor del nefasto Código Hays) no hay sangre tras estocadas, con soluciones de continuidad estúpidas (spoiler). Con unos atuendos que parecen sacados de una tienda de disfraces, ejemplo los coloridos de Maureen O’Hara, adornados con esas infinitas botas altas, donde el realismo ni está ni se le espera, todo cuasi-caricaturesco.

Errol Flynn hace de Errol Flynn, sin dilemas morales, sin dudas, invencible, soportando al principio una tunda de latigazos como el que toma té, tiene carisma, peor este al igual que su físico se veían arrugados. Interesantes anécdota sobre esta película es que el director George Sherman intentó prohibir el alcohol en el set, y para saltarse esto, Flynn hundiría naranjas en alcohol y las comería en el set. Flynn ejerció un grado de autoridad en el set, los cambios en su contrato significaron que tenía derecho a un porcentaje de las ganancias de la película y ordenó que los días de filmación terminaran a las 4:00 pm, momento en que se emborracharía. Fue su última película en Hollywood, haría tres más antes de su muerte en 1960, pero en Europa; Maureen O’Hara ofrece otro día más en la oficina, luciendo esplendor de belleza, pero con rol penoso; Anthony Quinn es el único que parece tomarse en serio la película, haciendo un correcto villano, pero lastrado por todo alrededor conspirando para hacer un bodrio.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La vida y todo lo demás
La vida y todo lo demás (2003)
  • 6,4
    16.729
  • Estados Unidos Woody Allen
  • Jason Biggs, Christina Ricci, Woody Allen, Stockard Channing, ...
6
David Dobel alecciona a "Job".
94/03(05/06/19) Irregular dramedia romántica escrita y dirigida por Woody Allen (producida por su hermana Letty Aronson), protagonizada por Jason Biggs, Christina Ricci, y en un papel secundario por el propio Allen. Alterna diálogos y situaciones mordaces con tramos reiterativos y faltos de sustancia, resultando una cinta fácil de ver, con picos estimables, sobre todo a cargo de la electrizante y vitriólica oratoria de Woody Allen, embestida de parodia de sí mismo, sarcasmo, cinismo, pero también con mucho valle, deriva en una cinta con algunas sonrisas, pero con poca empatía con el drama romántico, pues sus pareja protagónica me queda exagerada en sus comportamientos y reacciones, pues es una subtrama muy trillada en la filmografía alleniana, aportando entre poco y nada a un relato influenciado (aunque muy por debajo) por “Annie Hall”, “Manhattan”, “Hannah y sus hermanas”, “Broadway Danny Rose”, “Delitos y faltas” o “Maridos y mujeres”. Woody se reserva esta cinta un rol de apoyo, a sus 67 se aleja del (muy ajustado) sambenito de emparejarse con mujeres mucho más jóvenes que él (Julia Roberts, Helen Hunt, Charlize Theron, Téa Leoni,…), aquí se desdobla en dos se icónica personalidad, por un lado para él mismo como David Dobel y por otro la traspasa a Jason Biggs como el guionista (para no se note es su alter ego?) Jerry Falk (anteriormente lo hizo en John Cusack y Kenneth Branagh), para entre los dos hablar sobre el gran mítico y neurótico temario del brooklyniano como hacer chanzas del judaísmo, de los psicoanálisis, el existencialismo, los tira y aflojas románticos, las complicaciones del sexo, ello adornado con recursos propios de Woody, como ejemplo la ruptura de la cuarta pared del protagonista. Defecto de Biggs es que nunca vemos en el realismo, no sentimos que sus palabras fluyan con naturalidad, no se hace convincente su actitud. Tiene algo de filme introspectivo dentro del cuerpo de trabajo de Allen, tiene mucho de autobiográfico. El director ha admitido que en su juventud tuvo largas charlas sobre lo humano y lo divino con un curioso hombre de mayor edad que quería ganarse la vida en el mundo de la comedia. Jason Biggs interpreta a Jerry Falk, un escritor de comedia recién llegado. El personaje está inspirado de manera anacrónica en la temporada de Woody Allen como escritor de bromas para el antiguo programa de televisión de Sid Caesar. Woody Allen interpreta a David Dobel, un viejo escritor de cómic paranoico que asesora a Jerry Falk en todos los asuntos de amor, vida y compromiso.

Allen se guarda la primera escena como David Dobel, lo vemos sentado en banco de Central Park aleccionando al joven Jerry, ello en medio de análisis de chistes que sirven como alegorías existenciales, para pasar a escuchgar a Jerry rompiendo la cuarta pared cual Alvy en “Annie Hall”. Parece asistiremos a una comedia en que seguiremos a una pareja de guionistas intentando hacerse un sitio en mundillo varieté, pero vira hacia la farsa sexual, donde el ritmo tiene muchos altibajos, pues la relación Amanda-Jerry nunca nos resulta empática, nunca se conecta con ellos, todo se siente prefabricado al haber nula química entre ellos, parecen mal cosidos, su radiografía sobre la dificultad del amor resulta esperpéntica, por un lado está un bonachón Jerry y por el otro está la promiscua (nunca con Jerry) Amanda, siendo esta la mala, con lo que no hay matices, tampoco ayuda el modo en que Jerry soporta tanta vejación esto no resulta verosímil.

La cinta tiene su fuerte en la relación mentor-discípulo de David Doble con Jerry, los dos unidos por su trabajo de guionistas, unidos por su religión judía, unidos por su gusto por el psicoanálisis, pero separados por décadas de edad, y aquí es donde el mayor desea inducir al menor con su experiencia y veteranía de mundo vivido. Con su radical filosofía sobre nuestra soledad en medio de la selva darwinista, donde debemos defendernos de los depredadores que nos rodean (si es con un rifle, mejor), aconsejando en todos los ámbitos de la vida a al pesimista Jerry. Estos encuentros (casi siempre en Central Park) hacen que haya momentos divertidos de humor, deconstruyendo la comedia a modo de lecciones de vida.

La historia discurre entre varios escenarios en la vida de Jerry, entre su tormentosa relación con Amanda, sus charlas instructiva con David, con (intrascendentes) sesiones con el psiquiatra (crítica a los terapeutas pues solo dice idioteces del tipo "...qué opinas sobre que los indios de Cleveland compren en "Toys are us?"), algunos tramos con su (nefasto) agente, y divagando cobre la creación del artista (ello en un tono muy superficial).

La puesta en escena resulta tan buena como acostumbra el realizador, rodando con el buen diseño de producción de Santo Loquasto (el de casi siempre de Woody) en su ciudad favorita NYC, destacando los hermosos paseos por Central Park, enaltecidos por la luminosa cinematografía del iraní Darius Khondji (“Delicatessen” o “Seven”), filmando por primera vez en Cinemascope Allen desde “Manhatan” (1979), o con esa bellaescena del espectáculo cantando de Diana Krall; Como siempre en Allen sobresale la música, proyectando su gusto por las melodías jazzísticas, o el Cole Porter, sumando canciones de Diana Krall, Stockard Channing, Billy Holiday, e incluso el especialista en techno Moby.

Jason Biggs como Jerry Falk, sucedáneo del personaje típico de Woody Allen, neurótico, inseguro, sugestionable, voluble, tartamudea, manipulado por los demás ante su aversión a decir “No”, tanto aguanta que su pareja le haga ascos a tocarle, le sea infiel, le engañe, le meta a su tormentosa madre en su casa (incluso con piano), tenga un psiquiatra indolente, su agente es incompetente, y él aguanta cual Job, estas vicisitudes las intentan exhortar hablando a cámara (como en “Annie Hall”), y sobre todo intenta enriquecerse con su relación paterno-filial con David Dobel. Pero Biggs no sabe darle naturalidad, se siente forzado;… (sigo en spoiler)
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Deadwood: The Movie
Deadwood: The Movie (2019)
  • 6,7
    759
  • Estados Unidos Daniel Minahan
  • Timothy Olyphant, Brad Dourif, Ian McShane, Molly Parker, ...
7
La última balada de Al Swearengen.
99/08(11/06/19) Tras 13 años esperando la anunciada película que diera conclusión a los cliffhanger de la tercera temporada llega la ansiada terminación con este atractivo y sugerente telefilm, no es una obra maestra, pero a los seguidores de la serie les encantará, no tiene una historia original, pero tiene momentos de gran emotividad (sin caer en lo sensiblero), es tan deliciosa como una nostálgica reunión de amigos que se juntan para un funeral, recordándome en muchos aspectos a “Trainspotting 2”, apenas tiene acción, pero la que hay rezuma realismo, no tiene a un Ian McShane electrizante, pero tiene a un Ian McShane maravillosamente crepuscular, además de reunir a la inmensa mayoría de los personajes míticos de la serie de tres temporadas de la HBO (2004-2006). Dirigida por Daniel Minahan (realizador de cuatro de los episodios de la serie) y escrita por el creador de la serie David Milch para HBO, recientemente se reveló que Milch sufría de la enfermedad de Alzheimer (se hizo público en abril de 2019), y este hecho marca a fuego el clima de ocaso de la historia, y sobre todo como el guionista convierte claramente en su alter ego a Al Swearengen, haciendo de este un tipo muy enfermo, pero manteniendo a fuego su cruda personalidad, y con ello reflexionado sobre aquello del tempus fugit y el memento mori, que cual halo cubre todo el metraje, haciendo también un fresco sobre la construcción de América (el descubrimiento de oro hizo que la gente colonizará lugares inhóspitos, esto provocó la llegada de diligencias, la llegada del tren, la llegada del teléfono,…), lo que hizo vertebrarla y agrandarla, y con ello “civilizándola”. Milch (Nic Pizzolatto reveló había ayudado a Milch a escribir el guión) siembra la película de diálogos mordaces, ingenioso, cínicos, ricos, con claro sabor shakesperianos, ello desarrollado con ritmo sereno pero pétreo, con el inconveniente de tener que dar espacio a tantos personajes que hay ciertos tramos de dispersión, siendo conveniente haber visto la serie para dar fondo a algunas acciones de los personajes, se intentan rellenar con el recurso de flash-backs, pero estos se sienten escasos para dar solidez, dejando arcos argumentales in media res, por lo que será complicado que a quien no haya visto la serie le guste, quizás deberían haberse centrado en menos caracteres, pero mi sensación es que lo que se ha querido hacer es una reunión de amigos que no se ven durante tiempo, ello con un hilo conductor nimio, un McGuffin endeble el poner un villano con el que unir a los viejos amigos, cuando rascando un poquito lo que queda es que todo gira alrededor del crepúsculo del Dios Swearengen y su aceptación del final.

Los seguidores de la serie de culto “Deadwood” recordarán el desgarrador final de la serie, con el mayor anti-héroe que ha dado la televisión Al Swearengen arrodillado sobre el suelo rascando con rabia con un cepillo una gran mancha de sangre que intenta limpiar, producto del sacrificio humano que tuvo que hace para salvar la vida de Trixie, ello para ofrecer un chivo expiatorio al potentado George Hearst para calmar su sed de venganza. Tras esto más de dos lustros después arranca con el estallido del progreso en el Oeste, ejemplificado en esa locomotora que cruza la pantalla hacia Deadwood (en la serie nunca hubo estación de tren en la ciudad minera). Tras esto vemos a una ebria Calamity Jane sobre un burro en medio de la montaña, y suelta un monólogo sobre el paso del tiempo mientras mira a lo lejos Deadwood, señalando el mantra del telefilm, el lapidario Cronos aplastándonos a cada segundo.

Tras esto nos sumergimos en un paseo melancólico a través de los personajes iconos de la serie, en pequeñas píldoras los vamos viendo, y aparentemente solo han cambiado en que son más viejos, sus personalidades siguen intactas, ello con un ritmo sereno pero marcando sus cartas, con la típica verborrea que Milch nos tenía acostumbrados, en una turbia mezcla entre Shakespeare y lenguaje soez. Seguimos viendo detalles en personajes que enriquecieron la serie, como ese chino Wu (Keone Young), que durante la serie solo respondía con “hijoputa, hijoputa!”, ahora habla algo más, pero su negocio secundario continua (deshacerse cadáveres echándolos a los cerdos); La fiel empleada de Al, Jewel (Geri Jewel), asistenta del salón Gem de la que todos hacen bromas, pero ella aguanta con dignidad y teniendo momentos enternecedores como cuando masajea los pies del enfermo Al; El doctor Doc Cochran (Brad Dourif) y su modo de filosofar; Calamity Jane (Robin Weigert) y su dulce relación de reencuentro con Joanie (Kim Dickens); Alma (Molly Parker) y su tristeza inherente a sus encuentros con su gran amor Seth Bullock; y más.

Una película deudora por supuesto de la serie, amamantada en su realismo crudo, en su ambientación realista (la ciduad recreada por la diseñadora de producción Maria Caso y filmada en los mismos escenarios que Westworld), en situaciones impactantes mezcladas con charlas punzantes, donde la violencia atávica está siempre latente, aunque no es ni mucho menos lo principal, donde la línea entre la moralidad y la amoralidad se difumina en medio del barro de las mugrientas calles.

Se le puede achacar no hay solidez narrativa, no hay historia de peso dramático detrás (lo de un terreno que un humilde personajes no quiere vender al poderoso, y este último aborda el tema por la tremenda resulta muy sobado), solo parece hecho el film para dar conclusión a Al Swearengen, resto de subtramas se quedan en final de una temporada más, aunque con muy poético final bajo la nieve, se abarca demasiado y se aprieta poco, aunque lo poco es mucho para el espectador ávido de volver con estos viscerales personajes.

Ian McShane es el amo y señor de la función, físicamente disminuido aquí (con cirrosis hepática), con menos presencia, pero su portentosa sombra cubre cada milímetro de Deadwood, Milch le regala las mejores oratorias, las mejores frases,... (sigo en spoiler)
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Glass
Glass (2019)
  • 6,4
    13.390
  • Estados Unidos M. Night Shyamalan
  • James McAvoy, Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Sarah Paulson, ...
4
Shyamalan en modo Airbender.
96/05(08/06/19) Decepcionante film realizado, guionizado y producido por M.N. Shyamalan secuela crossover de “El protegido” (2000) y de “Split” (2016), tiene un arranque esperanzador en el enfrentamiento Unbreakable vs Bestia, pero tras este tramo entramos en una aridez narrativa espesa, una errática y tediosa propuesta de cine de súper héroes, que aquí el realizador de “El sexto sentido” quiere hacer virar hacia el thriller psicológico-existencialista (puaj!), enclaustrando a tres supuestos súper-hombres en un psiquiátrico y psicoanalizándolos (puaj!). Todo resulta aquí lánguido, letárgico, agónico, esperas una catarsis que nunca llega, esperas un clímax poderoso y te encuentras con que la montaña ha parido un ratón lisiado, con personajes aletargados, carentes de alma, con un ritmo pesaroso, sin aportar algo nuevo al género, solo se salva de la quema la actuación de James McAvoy, pero solo es un apunte a pie de página de la que dio en “Split”, film que parecía el resurgir del cineasta de origen indio, y en realidad solo ha sido un oasis, hasta un reloj parado da dos veces bien la hora al día. A todo ello se suma el afán de Shyamalan por querer sorprender con sus finales, y en este caso resulta de una ridiculez atómica. El director intenta dar un nuevo prisma al híper-mega-trillado del sub-género súper héroes es loable, pero que esa nueva senda a explorar sea el psicoanálisis sobre los problemas de identidad personal, es una vía catastrófica en su desarrollo hastiante, cansino, soporífero, ha habido mejores sutiles cambios virando hacia la sátira y la parodia con por ejemplo “Deadpool”.

Todo el intríngulis (menudo palabro) tiene que ver con que una psiquiatra, Ellie Staple (encarnada en modo cliché por Sarah Paulson), que intenta hacer ver a los tres protagonistas, Glass, Unbreakable y Split, que son personas normales, que lo de súper héroes es producto de su trastornada mente. Y entonces la idea es torpedeada por el sin sentido, primero porque si no estuviéramos al tanto de “El protegido” o “Split” podría tener su intriga, pero cuando ya sabemos que David Dunn es indestructible y súper fuerte, y sabemos que Kevin puede transformarse en “La Bestia”, (cuál es el poder sobrenatural de Glass? La inteligencia, puaj!) cambiando a cuasi-Hulk que se sube (literalmente) por las paredes, todo este psicoanálisis carece de interés, se convierte en un rollo que aburre en medio de diálogos chuscos e infantiloides; Luego hilando más fino, queda una terapia burda, pues qué más da si son súper o son dementes, David no puede tomarse la justicia por su mano, La Bestia no puede secuestrar y comerse a sus víctimas, y Glass no puede provocar accidentes de tren, un absurdo tras otro.

La entrada en el Raven Hill Hospital Memorial se convierte en un somnífero insoportable, intentan introducir elementos de tensión como los gadgets para frenar a los súper-héroes, o las entrevistas jartibles, o las reuniones a tres, resultan artificios de un vacío penoso. Convirtiéndose la protagonista en la psicóloga embestida por Sarah Paulson, mediante ententes pretenciosos y hastiantes, con lo que al virar a una mujer plana de personalidad la cinta se contagia aún más de eso mismo, de encefalograma plano. Y siendo el único aliciente para seguir viendo el metraje el esperar un clímax que puede derrochar atractivo, pero este deriva en una batalla patética, con una coreografía infantil, con unos efectos visuales low cost, con una escenografía propia del que ha llegado al final del rodaje y se encuentra que ha dilapidado el presupuesto (no se en que pude ser en esta película), aun así Shyamalan pretendía sorprendernos con un giro final que diera (algo) de sentido al desarrollo de la cinta, pero esta resulta bochornoso (spoiler).

El director a través de su guión y que utiliza a Glass como alter ego para hacer pedagogía sobre el mundo de los comics y sus mitos súper-héroes, ya lo hacía marcando las cartas en “El protegido”, cuando abría la película disertando sobre este submundo, pero hoy día que semana si, semana también se estrena un blockbuster Marvel en el cine resulta ridículo que se nos quiera contar algo tan remasticado. Es más, la idea de que vivimos en un mundo en que los seres con poderes súper es algo ya tratado en X-Men, con lo que la sobre-explicación denota inseguridad en el libreto.

El único actor que parece tomarse en serio la película es James McAvoy como la Horda, aunque el efecto sorpresa que tenía en “Split” queda anulado, además de que su espacio en pantalla es mucho menor, se siente atropellado en poder exponer su extraordinaria capacidad mutante por sus 23 personalidades (aunque ni mucho menos aparecen todas), ejemplo el modo arrollador en que cambia cuando los focos le bombardean haciendo le pasar de un rol a otro, soberbio, una catarata de expresividad, lástima que se sienta todo como un alargado epílogo de la mencionada “Split”. Lastimosa es la relación que le imponen con una de sus víctimas, en clara alusión de “la Bella y La Bestia”, donde la belleza es tila para el salvajismo; Samuel L. Jackson encarna a Elijah-Glass, el que da título al film debería ser el eje, pero se siente un secundario en su película, durante la mayor parte del minutaje es un ser inerte, y después pone el piloto automático, desaprovechado es decir muy, pero muy poco; Bruce Willis como Unbreakable, resulta aún peor, todo el tiempo con rostro de estreñido, sin alma, sin carácter, un autómata cuasi-zombi en su nula expresividad; Sarah Paulson es un error de casting y de personaje incrustada en una historia equivocada… (sigo en spoiler)
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Mirror: Rachel, Jack y Ashley Too (TV)
Black Mirror: Rachel, Jack y Ashley Too (TV) (2019)
  • 4,9
    4.284
  • Reino Unido Anne Sewitsky
  • Miley Cyrus, Angourie Rice, Madison Davenport, Frances Sholto-Douglas, ...
4
Temporada fake, culmen este episodio.
98/07(10/06/19) Terminado de ver el tercer y último capítulo de la serie de culto “Black Mirror”, no puedo por más que sentirme estafado, pues la los dos primeros daban síntomas claros de estar o falto de las musas para su creador Charlie Brooker, o de pereza a la hora de escribir guiones sugestivos. Una serie que fue creciendo en popularidad con el boca a boca en sus primeras tres temporadas, tanto que pasó del Channel Four británico al canal estadounidense Netflix, aumentando con ello el presupuesto, esto se nota sobre todo en los intérpretes que han encabezado a partir de entonces la serie, pero esto ha ido proporcionalmente en detrimento de la calidad. La serie tiene en su núcleo el alertar sobre los peligros que conllevan las nuevas tecnologías, su sobrexplotación, como nos aliena, lo hacía con hondura reflexiva, pero en esta temporada de tres capítulos esto ha pasado a ser algo tangencial, una percha que no aguanta el peso de la introversión, un mero McGuffin. El culmen ha sido este soporífero capítulo, parece un “Black Mirror” bastardeado, atrofiado, hecho más que por Netflix por Disney, un vehículo para su estrella Miley Cirus, donde hace de una versión idealizada de sí misma (pasó de la estrella modosita Hannah Montana de Disney a estrella rebelde sexy-provocativa Miley Cirus), donde la mayoría de recursos narrativos son relleno, apuntes que se sueltan sin sentido (que él sea plaguicida y experimente con exterminar ratones sin querer matarlos qué importancia tiene en la historia narrativamente, que la madre de Rachel haya fallecido qué importancia tiene narrativamente, que Rachel tenga tiranteces con su hermana qué importancia tiene narrativamente, que nos cuelen la baja autoestima de Rachel qué importancia tiene narrativamente, a nada de esto tiene sustancia sobre la que profundizar son esbozos que parecen irán a algún lado, cuando aquí lo que tiene importancia para Brooker es la sub trama de Ashley, donde se hace un burdo y caricaturesco análisis sobre la celebridad, la manida fotografía de una star presa en una jaula de oro está ya muy visto, y aquí no hay enfoque original alguno, en lo que se puede ver como un cuento de hadas, con princesa (la cantante), manipulada vilmente por la madrastra (en este caso su tía), teniendo entre sus hadas madrinas, además de a las hermanas a un robot con muchos rasgos a Wall•E. La directora noruega Anne Sewitsky dirige este episodio con tono naif de comedia-telefilm de sobremesa, donde todos los elementos misántropos contestatarios son domados en pos de algo comercial, todo un maremágnum de clichés, de personajes tópicos, sin matices, todo un alarde de infantilismo para una serie nacida para aleccionar desde la seriedad.

Brooker adopta enfoque dos caras en esta historia, divide su primer acto y medio entre Ashley y una de sus admiradoras devotas, Rachel Goggins (Angourie Rice). Ella tiene otra madre muerta, un padre que está haciendo todo lo posible para resolver los problemas de su humano tasador de ratones, y una hermana mayor con el septo perforado, Jack (Madison Davenport), quien es inmune a las ministraciones de música de chicle.

Brooker vuelve a tomar ideas de sus capítulos anteriores (coctel torticero entre “15 millones de méritos” y “Waldo”) en un mejunje blandengue, que parece en su inicio va a ser atractivo drama tratando los riesgos de la Inteligencia Artificial (la minirobot), o sobre la intoxicación sobre las mitomanías de juveniles, o sobre familias desestructuradas, esto se aborda en diferentes momentos del capítulo, ofreciendo esperanza de algo con chicha, pero todo esto queda en apuntes a pie de página para dar cancha a esta fábula satírica indolente, desembocando en un rush final de vergüenza ajena echándose en brazos de un episodio teenager burdo.

El capítulo se abre dualmente en sus dos primeros tercios, por un lado la historia de una fandom de una cantante juvenil, Rachel, una chica huérfana de madre, con una relación complicada con su hermana mayor, y algo acomplejada en su baja autoestima, y por otro lado está la historia de la ídolo juvenil Asley O, chica manipulada por su pérfida tía en pos de exprimirla comercialmente. Hasta que en el tramo final las dos historia se funden en una, siendo infumable este bloque. Siendo ridículo (sobre todo por todo lo que ha sido esta serie) los gags a costa del diálogo entre Asley o y el robot Ashley. Asimismo es llamativo como se expone como perniciosa y borreguil la música pop, y como rebelde y adalid de ser buena el rock-heavy metal, cuando con ese final risible lo que hace es igualarlo.

La puesta en escena resulta elegante, con brillo en sus efectos visuales, con esa vivienda futurista de Ashley, pero sobre todo quedan los temas cantados por Miley Cirus, con el “On a roll”, que suena varias veces durante el metraje, y la versión del “Head Like A Hole” de Trent Reznor de su banda Nine Inch Nails, con la que se cierra la película, y que suena durante los créditos finales.

Angourie Rice como Rachel, da deliciosamente con el rol de juvenil retraída; Madison Davenport como Jack, hermana de Rachel, cumple con su papel de arisca compañera de cuarto; Susan Pourfar como Catherine resulta una villana muy acartonada, falta de aristas; Miley Cyrus como Ashley O da bien con un papel hecho a su medida.
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11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Mirror: Smithereens (TV)
Black Mirror: Smithereens (TV) (2019)
  • 5,8
    4.470
  • Reino Unido James Hawes
  • Andrew Scott, Damson Idris, Topher Grace, Ruibo Qian, ...
5
Black Mirror Low cost.
97/06(09/06/19) Intrascendente segundo capítulo de la quinta temporada de la serie de culto Black Mirror, creada por Charlie Brooker (guioniza todos los capítulos) ahora para Netflix (en sus dos primeras temporadas para el británico canal Channel Four), antología de episodios autoconclusivo, con historias y personajes diferentes, versando sobre los peligros que acarrean las nuevas tecnologías. Serie que en su cuarta temporada ya dejó ver desgaste, y que en esta quinta, con dos de los tres vistos Brooker parece un guionista o falto de ideas o perezoso, pues el primero ya me resultó auto-plagiarse en muchos aspectos, y en este esta sensación se agudiza, además de enmarcarnos en un relato donde el mantra de los riesgos de los avances tecnológicos resultan algo tangencial una descubierto el McGuffin. Dirigido por James Hawes (realizador del capítulo de la serie “Hated In The Nation” de la tercera temporada), con pulso firme nos entrega un thriller en el que consigue enganchar con la premisa de un secuestro en un coche, con la poli rodeando el coche donde sucede el rapto, manteniéndonos en cierta tensión por saber dónde están las motivaciones del raptor, viéndose por medio la crítica (superficial y ya muy sobada en la serie) de las grietas en las redes sociales (gente anónima retransmitiendo en directo el secuestro, propagando noticias peligrosas, consumiendo dramas como el que come pipas, la alienación con estas sub-vidas virtuales, …), o el poder que los gestores de estas tienen cual “Dioses” (como pueden entrar en nuestras vidas cual fantasmas y saber todo de nosotros por encima de la policia, la corrupción de nuestra privacidad), pero al final todo se nos rebela como un simplista mensaje que parece patrocinado por la DGT, difundiéndonos el buenista estate atento a la carretera por encima de todo, una simple distracción puede provocar una tragedia, me queda un globo que se va hinchando hasta explotar con la nada dentro. Su enganche con el núcleo de la serie sobre (otra vez) los contingencias de las nuevas tecnologías resulta un hilo tan fino como poco consistente. Al final la montaña pario un ratón, la reflexión sobre la patología con que vivimos imantados a las redes sociales me queda muy mal engarzada a la trama, tema ya tratado de un modo infinitamente mejor en el capítulo 3x01 “Black Mirror: Nosedive (Caida en picado)” de Joe Wright y protagonizado por una gran Bryce Dallas Howard, aquí todo se nos expone falto hondura, muy plano, carente de ese gen provocador que la serie nos inoculaba en la frescura de las primeras tres temporadas.

El director falto de sustancia con la que dar profundidad aprovecha los escasos mimbres que tiene para dar un episodio ameno, generador de la curiosidad del porqué, ofreciendo ritmo alrededor de un auto en medio de la nada, ello mediante recursos como las disputas entre raptor y reo (esa “chapa” que le da Chris a Jaden sobre que o levanta la vista del móvil me resulta muy rancia), y como sus (del secuestrador) demandas crean conflicto en el exterior con la policía, con el clásico choque entre negociación y uso definitivo de francotiradores, creando interés y suspense, provocando sensación de impulso narrativo saltando de escenario en escenario cual cadena, desde el campo rural, el cuartel general de Smithereen en California, la oficina del FBI, o el retiro en el desierto de Utah de Billy Bauer

De lo mejor del episodio es la brillante actuación de Andrew Scott (espectacular Moriarty en la serie “Sherlock”), una fuerza de la naturaleza, histriónico, pero necesario para su electrizante personaje, para hacer creíble su rabia y desesperación, aunque al final su plan se rebele muy pobre y poco creíble; Topher Grace como Billy Bauer cumple en su rol de pseudo Mark Zuckerberg; Damson Idris como Jaden el raptado da un buen rendimiento exponiendo temor en su expresivo rostro.
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5 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cape Fear
Cape Fear (1962)
  • 7,5
    7.556
  • Estados Unidos J. Lee Thompson
  • Gregory Peck, Robert Mitchum, Polly Bergen, Lori Martin, ...
7
Max Cady.
93/02(04/06/19) Sugerente thriller psicológico, adelantado a su tiempo por algunos recursos eróticos, realizado por John Lee Thompson. Adaptado por James R. Webb (“La conquista del oeste” o “El gran combate”) de la novela de 1957 “The Executioners” de John D. MacDonald. Fue storyboarded inicialmente por Alfred Hitchcock (estaba programado para dirigirla, lo deja por una disputa), posteriormente dirigida por J. Lee Thompson (director mediocre, tocó la cima de calidad con esta película, aunque el año anterior tocó la cima del éxito con “Los cañones de Navarone”). Se centra en un abogado cuya familia es acosada por un criminal que él letrado ayudó a enviar a la cárcel. Tiene entre sus grandes alicientes un arrollador Robert Mitchum (con sombrerito panamá, enormes puros, o sonrisa pícara), rol de inteligente y sádico villano, acompañándole con el héroe que defiende a su familia Gregory Peck en actuación que palidece ante el carismático protagonista de “La noche del cazador”, hay una música perturbadora extraordinaria (de Bernard Herrmann) . En lo que es una historia que indaga en los agujeros de las leyes, de cómo puede haber abyectos que se aprovechen de esto en su espurio beneficio, esto expuesto en la primera parte del film, donde la tensión es latente, pero en el último tercio virar hacia el cine de cuasi-terror, azuzado por una oscura ambientación, convirtiéndose Max Cady en una especie de ente maligno capaz de todo. Pero en su debe me quedan algunas incoherencias, lagunas, un rimo con altibajos, soluciones argumentales cuando menos estridentes, le falta valentía para exprimir las posibilidades turbadoras que da la historia. Thompson siempre había imaginado la película en blanco y negro antes de la producción, como fanático de Alfred Hitchcock, quería tener elementos hitchcockianos en la película, como ángulos de iluminación inusuales, partitura musical extraña, primeros planos y toques sutiles en lugar de representaciones gráficas de la violencia que Cady tiene en mente para la familia. A Peck, quien produjo la película, no le gustó el título de la novela The Executioners y decidió que las películas con nombres de lugares tendían a ser exitosas. Así que miró un mapa de Estados Unidos y sucedió en Cape Fear en Carolina del Norte. Pero, desgraciadamente, la película no tuvo éxito y su fracaso financiero terminó con la compañía de Peck, Melville Productions. Cape Fear fue rehecho en 1991 por Martin Scorsese, con Peck, Mitchum y Balsam apareciendo en roles secundarios, Martin reutiliza la banda sonora de Herrmann en su nueva versión. Viendo este film de 1962 no podía dejar de pensar en la versión scorsesiana, provocando uno de esos raros casos donde el remake supera en mucho al original, desde la dirección con su ritmo fluido, el guión pulido y no con tantas lagunas, donde la tensión sexual te cala, dando mejores y más complejas motivaciones a los personajes, y con unas actuaciones en general mejores, Nolte mejor que Peck, Lange mejor que Polly Bergen, y apabullante mejor Juliette Lewis (arrolladora Lolita) que la sosa Lori Martin.

Tiene un arranque sugerente, atractivo, con la incisiva aparición de un serpentil Max Cady, haciendo que su poderosa presencia esté presente incluso cuando no está en pantalla, su influjo es total, tanto que cuando no está se echa en falta, su malévola encarnación es un aura que envuelve en zozobra los fotogramas azuzado de modo siniestro por la música, potenciando la intensidad y tensión, pero esta no se mantiene durante el largo del minutaje, siendo el zenit de esto el encuentro en el bar entre Max y Sam, con diálogos afilados y mordaces. Es el clásico enfrentamiento entre el Bien vs Mal, con ramificaciones hacia el juego del gato y el ratón, sin más matices que ese superficial (pues todo se resumiría en que no se puede encerrar a nadie por que suponga una amenaza en la sombra) análisis de las deficiencias de la ley, como bien expone el jefe de policía Mark Dutton (buen pero desaprovechado Martin Balsam) “…o sobran leyes o no tenemos suficientes”. Esta arritmia se agudiza por que la familia de Sam Bowden (Gregory Peck) resulta muy sosa, Familia sin aristas (cosa que la versión Scorsese subsana), ejemplo de cómo las familias aburguesadas se sienten cómodas sin pensar que hay otros mundos con los que pueden colisionar, intentando ser un aviso a navegantes este relato. Llegado el primer tercio el ritmo se estanca, para en el último tercio desembocar en la acción de un tramo con trazas de cine de terror, aunque con una premisa imposible de digerir (spoiler), donde lo siniestro se funde con lo vengativo, donde Max Cady se transmuta en una especie de Seal, sobresaliendo brillantemente el encuentro entre Max y Peggy Bowden (Polly Bergen), esposa de Sam, todo un alarde de choque psicológico aderezado con un erotismo palpitante por mor (improvisado por el director, pues no estaba en el guión) del empleo de unos huevos, quedando en el subconsciente esta secuencia en su semioscuridad, con sus sombras, cual serpiente (Max) intentando embaucar a la inocente “Eva” (Peggy). Para desembocar en un final acomodaticio y poco valiente, con lo que se da una conclusión previsible y plana.

Robert Mitchum como Max Cady es el amo de la película, tipo sibilino, cínico, arrogante, de andares altivos, con sentido del humor perverso, ingenioso, amoral, destila ser un animal sexual, un depredador en busca de su presa, un sádico procaz, lleva consigo un sentido de lo aterrador, su mirada perversa con ese modo de levantar la ceja, su modo de fumar puros (metáfora sexual?), lo ves como algo creíble, naturalidad aplastante, alargando la sombra de su grandioso papel en “La noche del cazador”, soberbio, teniendo una gran química con Peck, aunque robádnosle cada entente; Gregory Peck como Sam Bowden es la otra cara de la moneda, un tipo familiar, cariñoso, noble, ejemplo del que se siente el protector de su prole, por encima de la (para él fallida) ley,… (sigo en spoiler)
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Mirror: Striking Vipers (TV)
Black Mirror: Striking Vipers (TV) (2019)
  • 6,0
    5.429
  • Reino Unido Owen Harris
  • Anthony Mackie, Yahya Abdul-Mateen II, Nicole Beharie, Pom Klementieff, ...
5
Roxie & Lance.
95/04(06/06/19) Fallido primer episodio de la quinta temporada de la serie de culto creada por Charlie Brooker (guioniza todos los capítulos) ahora para Netflix (en sus dos primeras temporadas para el británico canal Channel Four). Charlie parece haber agotado las ideas y solo hace coger elementos de otras entregas anteriores y mezclarlos. Y es que lo del botoncito que te colocas en la sien para transportarte a mundos subliminales resulta de un sobado mayor que los huevos del toro de la bolsa, lo de los amores disfuncionales ya se ha visto en episodios anteriores, además de ser algo tratado ya en cine (“Lars y una chica de verdad” o “Her”), no hay originalidad, además el elemento de alertar sobre los peligros tecnológicos al que se critica cual mantra en la serie, aquí se rebela como un McGuffin, mero artificio para despertar gustos sexuales durmientes, pues en realidad todo se reduce a la transexualidad (si un hombre disfruta del sexo en el cuerpo de una mujer se llama así, y no gay) incipiente de uno de los personajes (que no homosexualidad), ello potenciado por la idealización de los cuerpos en escenarios prefabricados ad-hoc. Aquí la crítica social esta domada, quedando en un melodrama simplista sobre como el matrimonio y como el deseo se apaga con la rutina, necesitando de nuevos estímulos, pero esto está más sobado que las tetas de una actriz porno, no hay poso que te de capacidad alguna de trascendencia en la memoria, aderezado por un final chirriante. Dirige Owen Harris (San Junipero y Be Right Back), sobre un relato que de modo plano intenta hacernos reflexionar sobre si los juegos de realidad virtual enmascaran nuestros bajos instintos, sobre si lo que somos realmente emerge nuestra represión sexual bajo esta máscara idealizada, pero esto me queda muy forzado, primero con apresuramiento, luego aletargando el ritmo hacia lo reiterativo y tedioso, y para coronarlo con un final atropellado, explorando con ello la crisis de identidad en una sociedad moderna, como queriendo presentarnos una forma nueva de amor, el cibernético, con sus propios códigos, pero esto me queda forzado, mal cosido a la ya mencionada nueva tecnología.

La cinta arranca de un modo desconcertante, sin saberse hacia dónde van los tiros, mostrando como una pareja Danny (Anthony Mackie) y Theo (Nikki Beharie) de jóvenes se enrollan tras estar en un club, para pasar a un salto de 11 años y vemos esta pareja ya de casados celebrando una barbacoa-cumpleaños (38 de Danny), exponiendo en la mirada de él hastío vital, y la llegada de su viejo amigo Karl (Yahya Abdul-Mateen II), al que no ve hace tiempo le supone un chute mental de rejuvenecimiento, para en el giro del relato derivar esto en algo más que un bromance. Esto le sirve a Brooker para explorar los límites de la amistad, la heterosexualidad, la homosexualidad, o el transexualismo, pero todo esto se me rebela metido con fórceps, no termino de creerme lo rápido que sucede todo el intríngulis, el análisis de la sexualidad reprimida me resulta tramposo. Es un capítulo lleno de situaciones manidas, con ese matrimonio aburrido por la vida juntos, con elipsis y situaciones ajadas, manejando recursos como el paso inexorable del tiempo para nuestro físico, el rejuvenecimiento virtual (San Junipero?), el juego de avatares se torna en una fuente de juventud, la rutina de pareja, el desgaste por la convivencia, las ganas de experiencias nuevas, la monogamia, o que es en realidad la infidelidad. Todo me resulta más aparatoso que profundo, cayendo en lo burdo de un final grimante, que pretende sorprender y lo que me produce es una mueca de indiferencia.

Anthony Mackie como el inseguro Danny da una actuación un tanto estreñida, con ese rostro de enfadado permanente; Yahya Abdul-Mateen II resulta con más matices, más abierto, da un buen rendimiento; Ludi lim como el avatar Lance de Danny da una actuación buena, siendo más efectiva Pom Klementieff como la Roxie avatar de Karl, más picarona y matizada; Nikki Beharie es la mejor actuación con un arco de desarrollo creíble, dejando caer pequeñas dosis de sus (perversos) gustos sexuales (spoiler).

De la puesta en escena destacan los efectos especiales creados por la coordinadora Lilles Whitby (“Jurassic World” o “Jason Bourne”), creando un notable mundo virtual, con sus consiguientes efectos de golpes, y con esos fondos idealizados que nos transportan a los que hace décadas jugábamos a este tipo de juegos (aunque en mi caso sin pensar sensualmente en mi oponente).
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13 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los 400 golpes
Los 400 golpes (1959)
  • 8,1
    29.038
  • Francia François Truffaut
  • Jean-Pierre Léaud, Claire Maurier, Albert Rémy, Guy Decomble, ...
9
Feliz 60 Aniversario del estreno (4/05/19) de un Clásico imperecedero.
90/20(30/05/19) Maravilloso Icono del Séptimo Arte la ópera prima en la dirección del parisino François Truffaut y que junto a “El bello Sergio” (1958) de Claude Chabrol dio origen a la Nouvelle Vague influenciado en este caso del neorrealismo italiano en su modo de una ambientación en escenarios naturales de dónde saca historias micro-mundanas que proyectaban algo macro, en este caso exponiendo una sociedad que no sabiendo tratar a su juventud la reprimía con el sentido del que quiere matar moscas a cañonazos. Obra que radiografía con bisturí naturalista la infancia, su rebeldía, su inconformismo enfrentado a unos referentes morales de una sociedad (padres, profesores, autoridades,…) que no saben comprender esta complicada etapa de la vida, resultando un conmovedor ataque a la educación represiva. En gran parte autobiográfica, la película cuenta la difícil infancia de Antoine Doinel (gran Jean-Pierre Léaud), sus relaciones con sus padres, pequeños fechorías, novillos escolares. En el estilo de Truffaut está influenciado de películas francesas que lo marcaron, con referencias a otras obras, sobre todo una escena tomada al por mayor de Zéro de conduite de Jean Vigo. El brillante actor Jean-Pierre Léaud se convierte en alter ego del realizador, pasando a ser su actor fetiche, protagonizando cinco films más de Truffaut, siempre encarnando el mismo personaje Antoine Doinel en cuatro obras más (en el cortometraje Antoine et Colette de 1962, y en los largometrajes Besos robados de 1968, Domicilio conyugal de 1970, y El amor en fuga 1979). Película dedicada a memoria de André Bazin, mentor del cineasta fallecido un año antes del estreno en cines, día después del comienzo del rodaje. La expresión faire les 400 coups significa algo así como hacer todas las tonterías posibles. Esta película forma parte de la lista de 50 películas para ver antes de cumplir 14 años, establecida en 2005 por el British Film Institute, integra hasta el top 10 de esta lista. Los 400 golpes recibió numerosos premios y nominaciones, incluido el Premio del Festival de Cine de Cannes al Mejor Director, el Premio OCIC. La película también fue nominada para un Oscar a la Mejor Escritura en 1960 (perdió ante el de “Confidencias de medianoche”). La película tuvo un total de 4.092.970 entradas vendidas en Francia, por lo que es la película más exitosa de Truffaut en su país de origen. Quedando una incisiva historia sobre los problemas de un niño de 12 años enaltecido por ese mítico último plano congelado.

El carácter autobiográfico, elementos coincidentes con la vida de Truffaut durante su juventud: la difícil relación con su madre, Gilberte (Claire Maurier), y con su padrastro, Julien (Albert Rémy), con los que apenas convivió hasta los ocho años (el tiempo que pasó con su abuela materna, la cual le inculcó la afición a la lectura); los problemas de adaptación a la rigidez de la disciplina escolar; la complicidad con su íntimo amigo Robert Lachenay (René, en el film - Patrick Auffay), en casa del cual pasó buena parte de su infancia para evitar estar con sus padres; y, finalmente, las ausencias escolares y los pequeños hurtos que acabarían con Truffaut/Doinel en diversos reformatorios; Asimismo Truffaut riega con dosis nostálgicas de cinefilia el metraje con carteles de cine o sesiones en salas.

La historia tiene una progresión bien marcada, desde su tono inicial desenfadado, más vitalista, con las travesuras in crescendo de Antoine, mostrando sus “aventuras” en la escuela con el rígido y represivo profesor (con sus métodos añejos, como regaña a alumnos de espaldas, como les reprende físicamente con el lanzamiento de tizas, como sienten los picores sexuales deleitándose con pi-ups de calendario, como se saltan clases para disfrutar de un día de asueto con su amigo René (Patrick Auffay), mítica la secuencia de Antoine en la “olla centrifugadora” (también van al cine, fuman, beben, falsifican notas de padres, …), o la divertida secuencia vista en picado de los alumnos por la calle siguiendo en fila al profesor de gimnasia rítmica, y a cada despiste del maestro los alumnos van desapareciendo por las esquinas o por soportales. Truffaut consigue que el espectador se identifique el problemático Antoine, sentimos que solo es un chico imaginativo en un hogar que disfuncional, vive en un mundo de mayores que no son de ningún modo referentes morales para él, se siente perdido, solo encuentra válvula de escape en Balzac y en las correrías con su colega René. Sentimos a Antoine cercano por su espontaneidad, por el modo creíble en que afronta cada problema, por el estoicismo con que soporta los castigos, nos sentimos cercano a sus vicisitudes, sentimos su desorientación en un hogar que no respira amor, una madre infiel y un padre que se entera una noche por una discusión con su madre que no es su progenitor. Exponiendo crudamente la grieta generacional entre padres e hijos, la incomunicación entre jóvenes y adultos.

Los adultos nos son mostrados como parcos en ideas, solo responden a las inquietudes y (inherente) ociosidad de los niños con desconfianza, violencia, asfixia anímica, atemorizando su espíritu, no saben educar, si no imponer a la fuerza, y esto en muchos casos hace que el noble y cándido espíritu juvenil termine por explotar; Antoine con los padres solo tiene un tramo de felicidad, cuando tras la última “desgracia” provocada por la ingenuidad (el altar con velas a Balzac desemboca en un incendio), los padres, y sobre todo la madre impulsa una salida nocturna para ir al cine y los vemos reír en el auto de vuelta a casa, pero esto solo es un oasis antes del rush final donde el clima se enrarece de modo cortante, hasta desembocar en secuencias que duelen y conmueven (esas lágrimas de Antoine) de modo soberbio, para asistir a una declaración-soliloquio en primer plano estremecedora a una psicóloga de su juventud, de sus errores, su relación con la familia, ...(sigo en spoiler).
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nazarín
Nazarín (1959)
  • 7,7
    3.370
  • México Luis Buñuel
  • Francisco Rabal, Marga López, Rita Macedo, Ignacio López Tarso, ...
8
Feliz 60 Aniversario del estreno (11/05/19) de este clásico buñueliano.
88/18(28/05/19) Notable film buñueliano perteneciente a la etapa mexicana del cineasta de Calanda, una vez más hace gala de su misantropía con un relato en que ataca la piedad, a la Iglesia y su hipocresía, a la sociedad por su cainismo. Basada en la novela homónima de Benito Pérez Galdós publicada en 1895 acerca de un sacerdote manchego, oriundo de Miguelturra, especie de Jesús encarnado en sacerdote de en un barrio popular de Madrid, la novela de Galdós se convertía en denuncia del fracaso del sistema burgués por crear una sociedad más igualitaria y más cristiana. Buñuel respeta el original literario, si bien introduce algunos cambios significativos con respecto a éste, para empezar la trama, que en la novela se desarrollaba en una ciudad de provincias española de mediados del XIX, se traslada en el guión de Luis Buñuel y Julio Alejandro (“La ciudad de los niños”) al México de comienzos del XX; tampoco aparecía en el texto original la escena con los huelguistas ni el ambiguo final que Galdós dejaba mucho más atado. Nazarín es la primera de las tres adaptaciones que encararía Buñuel, asistido por su coguionista Julio Alejandro, de novelas del español Benito Pérez Galdós, siendo las otras dos Viridiana (1961) y Tristana (1970). Aquí Buñuel hace un fresco desesperanzado y muy humanista de nuestro mundo, recorriendo un aire nihilista todo el metraje en su fábula anticlerical, donde se hacen claros paralelismos entre Nazarín y la vida de Jesús, de cómo el buenismo altruista infinito del primero le hace un incomprendido, causa más problemas que soluciones, donde el egoísmo reinante solapa cualquier capacidad de bondad desinteresada mal entendida. Buñuel “ateo por la gracias de Dios” (esto decía de sí mismo), suelta andanada sobre andanada contra el fariseísmo imperante en la sociedad extrapolable a hoy día, lo que la hace un discurso atemporal. Es una cinta realista, donde Buñuel suma algún recurso de realismo mágico con ese perturbador Jesucristo riendo de la delirante prostituta mientras Nazarín reza en latín, donde se puede ver como una road movie donde al protagonista obligado a un éxodo recorre la ruralidad mexicana cruzándose con gentes de todo tipo, y donde su nobleza y caridad se topan con el darwinismo más recalcitrante. Llama la atención que esta es una película con muchas similitudes con “El fugitivo” (1948) de John Ford, con un sacerdote recorriendo una nación centroamericana, y topándose con un mundo mísero, donde su fe es puesta a prueba, además tiene al mismo director de fotografía, Gabriel Figueroa, también tiene muchos puntos en común con una cinta buñueliana estrenada dos años después, “Viridiana”, donde también se hacía una mirada mordaz a la caridad cristiana, también con una religiosa de protagonista. Luis Buñuel, exiliado en México, hizo su primera película con el actor murciano Francisco Rabal (luego lo haría en “Viridiana” y “Bella de día”). Ganadora del Premio Internacional del Festival Internacional de Cine de Cannes, 1959. Está en el sexto lugar dentro de la lista de las 100 mejores películas del cine mexicano, según la opinión de 25 críticos y especialistas del cine en México, publicada por la revista somos en julio de 1994, la segunda película de esta lista es "Los olvidados", también de Buñuel. Fue también la primera película en ser seleccionada para representar a México en los premios Oscar como mejor película extranjera. No fue nominada. No falta ni el humor bizarro buñueliano (mucho tiene que ver con el enano Ujo), ni los fetiches visuales del director, burros, tomas de piernas de mujer, botines o navajas.

Buñuel tenía entre sus mantras poner en entredicho la hipocresía del cristianismo y de su adalid la Iglesia católica, para ello aquí ridiculiza la limosna, la mansedumbre, la solidaridad altruista, la obediencia de vida, todo es revertido por el de Calanda por mor de enfrentarse a un mundo rico en podredumbre moral, donde todo esto puede ser confundido, con condescendencia, debilidad, cobardía, masoquismo, donde el imperante egoísmo, envidia, celos, codicia, no tolera ni comprende estos comportamientos fraternos. Son temas buñuelianos la caridad, la insolidaridad, la pobreza como caldo de cultivo de la mezquindad, las patologías sexuales, el adanismo, el machismo, la misoginia, el fetichismo. Con respecto a la caridad (como en “Viridiana”), Buñuel vuelve a su retórica de mostrarnos como esta cualidad humana puede convertirse en arma de doble filo.

Nazario cada vez que quiere mostrar caridad le sale el tiro por la culata, su bondad se torna en bonhomía, su altruismo pasa a ser candidez, esto es exhibido en varios episodios del film: Cuando ayuda a una prostituta refugiándola en su casa y esta le paga incendiándole la vivienda; Esto además le cuesta el repudio de la Iglesia que en su hipocresía no ve el acto de caridad con la necesitada y le castiga con el destierro por inmoralidad de convivir con una mujer, ejemplo de cómo ve la institución Buñuel, reforzado esto cuando Nazarín en su peregrinar se cruza por un camino con el despotismo de las autoridades (personificada en un miliar junto a un cura que reprenden a un viajero por no saludarles, humillándolo) y Nazarín arremete contra ellos por la indignidad, el militar reprende al protagonista y el sacerdote le ataca tildándolo de comunista, en clara exposición de dos formas de enfocar lo que es la Iglesia, por un lado el fariseísmo de sus acomodada clase, apegada al poder (el sacerdote junto al militar), frente al cura que intenta ejercer la práctica de la caridad con los necesitados, cerca del pueblo llano; Nazarín hambriento pide trabajo a cambio de comida, y este gesto termina provocando una revuelta de obreros (por el dumping); Nazarín ayuda a una niña enferma orando por ella y esto termina en histeria colectiva, reflejo de la fusión entre religión y superstición cuasi-pagana, la incultura mimetizada con el fanatismo religioso, con gente que parece poseída en su demencia mística;… (sigo en spoiler)
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The Big Bang Theory (Serie de TV)
The Big Bang Theory (Serie de TV) (2007)
  • 7,7
    96.802
  • Estados Unidos Chuck Lorre (Creator), Bill Prady (Creator), ...
  • Johnny Galecki, Jim Parsons, Kaley Cuoco, Simon Helberg, ...
8
Big Bang Sheldon Cooper.
87/17(26/05/19) Acabo de terminar de ver el último episodio de la última temporada de la de esta notable serie de humor estadounidense, creada por Chuck Lorre (“Roseanne” o “Dos hombres y medio”) y Bill Prady (“Las chicas Gilmore” o “Dharma y Greg”), tambien productores ejecutivos de la serie, junto con Steven Molaro. Los tres fueron escritores principales, se estrenó en la CBS el 24 de septiembre de 2007 y concluyó el 16 de mayo de 2019, habiendo emitido un total de 279 episodios en 12 temporadas. Habiendo un desgaste evidente conforme iban pasando los años, donde la frescura y originalidad se fue desgastando hacia caer en muchos casos en una sit com más con romances sensibleros, aunque para la Historia de la TV quedará la creación de ese personaje mítico que ha terminado siendo el eje central por su tremendo carisma y magnetismo comediante como es Sheldon Cooper, el resto están bien, pero esta encarnación de Jim Parsons es un roba-escenas perpetuo, con sus tics, manías, egocentrismo, narcisismo, ingenuidad, asoaciabilidad, todo en un coctel sensacional de personalidad arrolladora. Programa filmado frente a una audiencia en vivo, con sus consiguientes (e irritantes) risas de fondo. El programa fue nominado para el Premio Emmy por la Serie de Comedia Sobresaliente de 2011 a 2014 y ganó el Premio Emmy al Mejor Actor Principal en una Serie de Comedia Cuatro veces para Jim Parsons. Hasta el momento ha ganado siete premios Emmy de 46 nominaciones. Parsons también ganó el Globo de Oro al Mejor Actor en una Serie de Comedia de Televisión en 2011. Hasta ahora, la serie ha ganado 56 premios de 216 nominaciones. También ha generado una serie precuela en 2017 basada en el personaje de Parsons, Sheldon Cooper, llamado Young Sheldon, también se transmite por CBS. La banda canadiense de rock alternativo Barenaked Ladies escribió y grabó el tema musical del programa, que describe la historia y la formación del universo y la Tierra.

Jim Parsons como Sheldon Cooper: Originalmente de Galveston, Texas, Sheldon era un niño prodigio con memoria eidética comenzó sus estudios universitarios a la edad de once años, y obtuvo un doctorado a los dieciséis años. Físico teórico que investiga la mecánica cuántica y la teoría de cuerdas y a pesar de su coeficiente intelectual de 187, encuentra muchos aspectos rutinarios de las situaciones sociales difíciles de comprender. Tiene una forma de vida extremadamente ritualizada (su lugar en el sofá, su día del comic, la temperatura del apartamento, la hora de ir al baño,…). Parsons le da vida componiendo a un Icono catódico, una personalidad cercana al síndrome de asperger, pero que va evolucionando, no siempre coherentemente, pues por mucho que nos brinden buenos momentos no le pega que tenga novia, es una persona que está enamorado de sí mismo, el que le coloquen una pareja desvirtúa su hermética personalidad. Su rol acaba siendo el núcleo en que giran casi todas las tramas, su modo de hablar, su gesticulación, mirada, sonrisita, excelente, si por algo será recordada la serie es por Sheldon Cooper.
Johnny Galecki como Leonard Hofstadter: Un físico experimental con un coeficiente intelectual de 173, recibió su doctorado cuando tenía 24 años. Leonard es nerd que ama los videojuegos, cómics y Dungeons & Dragons, comparte apartamento en Pasadena, CA, con Sheldon. Leonard está enamorado de su nueva vecina Penny cuando se conocen por primera vez, además vive acomplejado por una madre psicóloga. Galecki le da vida con encanto, teniendo una gran química con Parsons.
Kaley Cuoco como Penny: Aspirante a actriz de Omaha, Nebraska. Vive en la puerta de enfrente de Leonard Y Sheldon. Es una camarera, con aspiraciones de actriz. Extrovertida y que gusta de beber (alcohol) bastante. Es la belleza del grupo, Kaley la encarna con mucha vis cómica, ella actúa como nuestra brújula de contrapunto en medio de estos geeks.
Simon Helberg como Howard Wolowitz: Ingeniero aeroespacial obtuvo su Master en el MIT. Howard es judío y vive con su madre, Debbie (solo escuchamos su vos, Carol Ann Susi). Howard inicialmente se cree a sí mismo como un mujeriego. Helberg le otorga un punto frek delicioso, con su peinado (a lo Beatle) y vestimenta, tampoco le termina de pegar su pareja fémina, cuando realmente su media naranja es Rajesh, con el que posee una compenetración digna de tener su propio spin-off.
Kunal Nayyar como Rajesh Koothrappali: Astrofísico de partículas originario de Nueva Delhi, India. Raj inicialmente no puede hablar con las mujeres a menos que tome alcohol. Raj también tiene gustos muy femeninos y, a menudo, asume un papel femenino estereotipado en su amistad con Howard, así como en el grupo de cuatro hombres. Raj también tiene un Yorkshire Terrier llamado Canela. Nayyar es un actor londinense, lo encarna con un gran mimetismo, con pasión, delicadeza, con inseguridad en su relación con las mujeres, te lo crees, con una gran expresividad en su gestualidad.
Estos actores fueron acreditados por primera vez como estrellas invitadas y más tarde fueron promovidos a reparto principal:
Melissa Rauch como Bernadette Rostenkowski (recurrente temporada 3, protagonizada por temporadas 4-12): Joven que inicialmente es compañera de trabajo en el bar con Penny para pagarse la universidad, donde estudia microbiología, termina saliendo con Howard. Personaje irritante, con esa voz chillona, con esa personalidad grimante, chirría en la serie.
Mayim Bialik como Amy Farrah Fowler (estrella invitada temporada 3, protagonizada por las temporadas 4 a 12): Una mujer seleccionada por un sitio de citas en línea como la pareja perfecta de Sheldon. Amy es de Glendale, California. Mientras que ella y Sheldon inicialmente comparten la falta de idea social. La actriz le da vida otorgándole muchos paralelismos con Sheldon, aunque a poco que avanza la serie se notan sutiles diferencias que les hacen chocar.... (sigo en spoiler)
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Casino
Casino (1995)
  • 8,1
    73.811
  • Estados Unidos Martin Scorsese
  • Robert De Niro, Sharon Stone, Joe Pesci, James Woods, ...
6
Martin intenta plagiarse y le falta fondo.
84/14(22/05/19) Fallido intento por parte de Martin Scorsese de rememorar el éxito de “Uno de los nuestros”, y no es que sea malo, es que resulta muy irregular, con varios altibajos, con una historia que no termina de enganchar, y con unos personajes estereotipados carentes de la fuerza tsunámica de “Goodfellas”. Y es que Marti no puede quitarse el olor a que quiere repetir estructura, pues repite él guionizando con Nicholas Pileggi (autor del libro en que se basa “Casino: Love and Honor in Las Vegas”, que cuenta como la mafia controlaba los casinos de Las Vegas), repite con la pareja protagonista Robert De Niro y Joe Pesci, cambiando el tercer vértice de Lyotta a Sharon Stone, se suma una estructura narrativa similar, con voz en off (en este caso hay hasta tres distintas) que narra la historia con nervio y mucha energía, desglosando los tejemanejes de la mafia en mundo de violencia latente, abordando temas similares como la avaricia, la amistad, la familia, el hedonismo, o el vivir al margen de la ley, añádase una galería de temas de la jukebox particular de Marti que adorna de modo ecléctico la historia, en una clásica historia (como “Goodfellas”) de auge y caída, en otra vuelta de tuerca al Sueño Americano. Hay electricidad en el ritmo, como mucha mordacidad, con un derroche estético formidable, con movimientos de cámara vibrantes, con humor y brotes de violencia salvaje, pero tras esto debería haber una historia troncal que nos entrelazara a al núcleo, pero esta se siente artificiosa, vemos por un lado un tipo enamorado de una femme fatale, y por otro a un brutal mafiosillo, pero esto se siente mal cosido a la trama principal, no se siente orgánica, son como pelis paralelas, y ninguna sin la sustancia suficiente para atraparte, y terminaba por su metraje de casi tres horas hacerse largo, donde nada se siente original en su mirada a la mafia, donde todo se siente lineal, hacia adelante y sin giros dramáticos que te remuevan, no sientes empatía alguna por estos personajes, termina por darte igual lo que les pase. Fue la octava colaboración entre el director Scorsese y De Niro. Cuando se presentó por primera vez a la MPAA, la película recibió una calificación NC-17 debido a sus representaciones de violencia. Se hicieron varias ediciones para reducir la calificación a R.

Hay tres figuras centrales: Sam "Ace" Rothstein (Robert De Niro), uno de los mejores apostadores instalado por la mafia de Kansas City para llevar su casino; Nicky Santoro (Joe Pesci), el mejor amigo de Ace desde hace mucho tiempo y el propulsor violento de manera impulsiva que introduce la calle en la escena de Las Vegas, y Ginger McKenna (Sharon Stone), una vividora que se casa con Ace por su dinero.

Tiene un sugestivo arranque con Sam "Ace" Rothstein (Robert De Niro), sentándose en su auto, gira la llave y el coche saltando por los aires por una bomba, y mientras vemos al protagonista flotar por los aires en medio del fuego Avernal parecen los créditos iniciales al son de La pasión de San Mateo de Bach, y a continuación oímos que quien nos cuenta la historia es él, cual homenaje al Joe Gillis muerto de la wilderiana “Sunset Boulevard” (1950), que nos cuenta su relato desde el mundo de los muertos.

Martin imprime un ritmo trepidante al film, con recursos visuales vibrantes, adornando todo con música de la época, sumergiéndonos en este microuniverso, epítome del Capitalismo, reflejo del Sueño Americano, exhibición de una ciudad prostituta, donde todo está dispuesto para ganar dinero, es la ciudad del pecado, dispuesto a desplumar a cuanto incauto caiga en sus garras, urbe en medio de la nada del desierto donde buitres de toda índole la surcan para ordeñar a la vaca que da leche en oro. Esto se nos expone con un sentido didáctico tremendo, explicándonos el funcionamiento de esta industria, las jerarquías como funcionaban, como llegaba el dinero a los sótanos, y como unos y otros por el camino iban esquilmando lo que podían en una cadena avarienta hasta que las maletas llegaban a la mafia, todos tenían su pellizquito, los crupieres, los aparca-coches, las busconas, etc. Todo en una narración prodigiosa de síntesis, en especie de docudrama sobre la trastienda de cómo controlaban las mafias los casinos de Las Vegas en los 70. De cómo la codicia fue carcomiendo a este Imperio.

La presentación de protagonistas también resulta muy ágil, con ingeniosos toques irónicos, con cinismo galopante, donde cada personaje da su punto de vista voz en off de lo que le sucede, creando un choque de filtros sugerente, componiendo personajes interesantes, con dosis incisivas de humor negro. Pero (está el pero) a medida avanza el metraje el andamiaje dramático se va diluyendo en reiteraciones y redundancias, asistes a un melodrama triangular-romántico escaso de conexión emocional y que no notas tenga que ver más que como alegoría con el auge y caída de este mencionado Imperio. Martin intenta que estos protagonistas mezquinos nos importen y naufraga cual Titanic. Ace es carente de personalidad sugestiva, especie de mero burócrata que no parece tener más sentimiento que el dinero, y encima resulta incoherente que nos lo pinten de muy sagaz y va y deja su “salvoconducto” en manos de una buscona (¿?) De Niro hace lo que puede con un rol sin alma, más tieso que un mástil; Nicky es un sociópata carente de sentimientos, repitiendo Joe Pesci el rol de “Goodfellas”, pero anulando el encanto badass de la original; Ginger es una clásica mujer fatal, presentada de modo fascinante al ritmo del “Heart of Stone” de los Rolling Stones, es el mejor personaje de los tres, el más complejo, tanto que terminan por no entenderse sus vaivenes cual tiovivo. Sharon Stone triunfó con el papel que más prestigio le ha dado hasta la fecha, demostrando que es una gran actriz, un derroche de energía,… (sigo en spoiler)
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Indiana Jones y la última cruzada
Indiana Jones y la última cruzada (1989)
  • 7,8
    116.728
  • Estados Unidos Steven Spielberg
  • Harrison Ford, Sean Connery, Alison Doody, Denholm Elliott, ...
6
Feliz 30 Aniversario del estreno (24/05/2019)
80/10(17/05/19) El tiempo y con ella la mentalidad no pasan en balde, y esta tercera entrega de las aventuras del arqueólogo más famoso de la historia del cine, que en su momento (de adolescente) me resultó “guay del Paraguay” de entretenida, vista 3 décadas después de su estreno me es un producto infantiloide, desprovisto de tensión, producto de una ligereza solo comparable a un argumento más simple que el mecanismo de un martillo, aunque mejora a las pretéritas por la inclusión en el reparto a partir del primer tercio del gran Sean Connery (encarnando con flema deliciosa al padre de Indy, Henry Jones), que es un deleite en su buena química con Ford. El Rey Midas de Hollywood Steven Spielberg volvió a dirigir para completar la trilogía, a partir de historia co-escrita por el productor ejecutivo George Lucas. Un divertimento que combina la acción con la comedia con gran ligereza, donde los dilemas morales, las complejidades o los matices quedan fuera del metraje, todo resulta festivo, intentando aportar sobre las dos anteriores indagando en el pasado de Indy, en su familia, en cómo se convirtió en el aventurero del sobrero panamá y la cazadora, como se aficionó al látigo, como cogió pánico a las serpientes, o como se hizo la cicatriz en la barbilla, pero sobre todo entra en su disfuncional vida familiar (hasta sabremos de boca de su padre su verdadero nombre) algo muy mantra de Spielberg, ya tratado en otras cintas, según comentó el propio Spielberg en un documental la relación entre padre e hijo de este film estaba influenciada por la de Steven con su progenitor Arnold, con el que estuvo alejado años y tras una revelación volvió a recuperar los vínculos afectivos. Esta es una cinta a la que las costuras se le ven demasiado, va de más a menos.

El film tiene (como es marca de la casa) un prólogo brillante en 1912, con ese arranque con imágenes majestuosas del Monument Valley en Utah, homenajeando Spielberg al maestro John Ford con ese convoy de jinetes surcando las imponentes montañas. Un grupo de boys scouts exploran las cuevas, ello mientras vemos a uno de los jóvenes de espaldas, de modo velado, en claro paralelismo con la aparición de Indy en “En busca del Arca perdida”, hasta que aparece su rostro (River Phoenix) descubriendo a unos saqueadores robando una reliquia colombina, Una Cruz de Oro colombina, derivando todo en una persecución que tiene su zenit en un tren en marcha que transporta en sus vagones los enseres de un circo (sus animales, su ajuar de magia,…), donde se gotean guiños del porqué del atuendo y cicatrices de Indy, consiguiendo huir el joven, llega a su casa donde su padre fuera de plano, aunque vemos sus manos escribiendo en un diario, pasa de lo que le cuenta su vástago, entonces aparece el saqueador a recuperar la cruz de Oro, y a cambio le regala su sombrero, el icónico que lleva durante toda la saga.

Hay dos tramos diferenciados, uno es el primer tercio, donde la acción es notable, muy bien ejecutada, trepidante; y la segunda parte precisamente cuando aparece el gran Sean Connery, donde la acción resulta regularmente mostrada (siendo benévolo), estrafalaria, pasada de vueltas y mal coreografiada (epítome es la que se da en el desierto con el tanque nazi), teniendo que dar muchas licencias para digerirla, en cambio los momentos de interacción Sean-Harrison son estupendos, quedando la mencionada acción en un segundo plano. El relato es el sempiterno de batalla entre el Bien vs Mal, donde los grises no hacen acto de presencia.

Las dos entregas pretéritas han marcado a fuego el tono distendido de la saga, inundando las secuencias de comedia y aventuras, todo con un aire muy familiar, para todos los públicos, con un sentido del humor muy blanco, donde no tienes que pensar mucho (o sea casi nada), donde los límites de lo verosímil son sobrepasados una y otra vez, con persecuciones, peleas, explosiones, búsquedas McGuffin místicas, y tono en un clima muy naif, ello en escenarios exóticos, todo envuelto en lo previsible, sin giros que te descoloquen, todo hacia adelante, donde las muertes no suponen catarsis alguna, todo lineal. En este caso llevándonos por el Monument Valley, Venecia, la Alemania nazi o un reino árabe ficticio, y subiéndonos en trenes, lanchas, sidecar, zeppelín, avionetas, caballos, o tanques; llevándonos a cuevas indias, catacumbas, canales, castillos, concentraciones alemanas con Hitler, túneles, desiertos o templos excavados en la roca.

En realidad, siendo un exegeta freudiano podemos deducir que la búsqueda del Santo Grial, en realidad es la búsqueda del padre ausente por parte del hijo, y es que lo que en las otras partes era un interés romántico vago (Karen Allen y Kate Capshaw), aquí lo intenta Alison Doody (muy bella, emulando en algunas escenas a Verónica Lake con su cabello, pero rol totalmente prescindible, una nadería florero), pero en realidad la pareja es Sean Connery, el mejor para hacer binomio el arqueólogo, con un Indy buscando la aprobación de su padre, el que él se sienta orgulloso de él, teniendo choques divertidos como cuando el padre le dice al hijo que sabía que cierto personaje femenino era una traidora, y dice saberlo porque ella habla en sueños (¿?); o también de como en las tres partes Indy siempre está intentando hallar a Dios, bien sea en el Arca, en una piedra o en este caso en el cáliz sagrado; Pero en realidad esto sería otorgar una trascendencia que ni tiene ni busca Spielberg, solo quiere generar un pasarratos que le dé buenos dividendos explotando un producto ya ganador.

La película intenta copiar la primera entrega, con muchas similitudes, con algunos claros guiños (el del Arca en las catacumbas es diáfano, la recuperación de los nazis como malos, y la vuelta de Marcus Brody y Sallah) pero llegado un punto las escenas de acción resultan metidas con el piloto automático, y es que por ejemplo todo lo que sucede en el castillo me es ridículo, propio de un film de Abbot & Costello;… (sigo en spoiler)
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The Breadwinner
The Breadwinner (2017)
  • 7,4
    2.819
  • Irlanda Nora Twomey
  • Animation
7
Parvana.
89/19(29/05/19) Emocionante drama en modo animación, narra con gran sentido conmovedor, sin caer en maniqueísmos el sufrimiento en el que se vive bajo un régimen opresor, sobre todo para la mujer como es el régimen talibán afgano pre 11-S. Historia basada libremente en la novela más vendida de Deborah Ellis, novela para adultos, sobre una niña de 11 años que debe hacerse cargo de su familia y cuidar de ella después de que los talibanes allanen su casa y arresten a su padre (de ahí el título). Aunque la heroína es una niña, y el libro fue escrito para lectores jóvenes, no es un film para infantil, se enfrenta directamente a la misoginia y al chovinismo del Afganistán contemporáneo, al tiempo que sugiere poderosamente que contar historias es tanto un medio de afrontamiento como una solución para el cambio. Twomey es una animadora, directora, guionista, productora y actriz de voz irlandesa. También es socia fundadora de Cartoon Saloon, un estudio de animación irlandés con sede en Kilkenny que realizó la animación para The Breadwinner. El estudio con sede en Irlanda también fue responsable de producir los nominados al Oscar "The Secret of Kells" y "Song of the Sea", y aunque Twomey trabajó en ambas películas, "The Breadwinner" marca su debut como director en solitario, empleando un estilo gráfico similar ("hand-drawn" a través de un programa llamado TVPaint), aumentado por coloridos interludios entre historias dentro de la historia diseñados para Parecer el stop-motion. En junio de 1985, National Geographic publicó un retrato de una niña afgana en su portada, con sus desafiantes ojos verdes mirando hacia afuera, como si desafiara a los lectores a medio mundo de distancia para imaginar las dificultades que ha enfrentado, está joven inspira visualmente a nuestra heroína Parvana, en lo que es un grito en favor de los derechos de las mujeres, en favor de la libertad individual, en favor de la imaginación como válvula de escape, en favor de la cultura, en favor del empoderamiento femenino, en favor de la sororidad, en contra del machismo, en contra de la misoginia, en contra de las tiranías, en contra de las guerras, en contra del fundamentalismo religioso. Relato que entronca con otras cintas con temática parecida, por ejemplo “Persépolis” (2007), enmarcada en el régimen de la Irán del Ayatollah Jomeini, o a “Wadjda” (2012), enmarcada en el opresor régimen de Arabia Saudí, pero sobre todo tiene mucho de “Osama” (2003), enmarcada durante el régimen yihadista afgano, donde una niña se viste de chico para poder moverse libremente. Todas estas películas (en acción real) referidas son protagonizadas por féminas, reflejando como los regímenes radicales islamistas someten y humillan a las mujeres. Una cinta que tras su bello acabado visual se halla una historia de supervivencia costumbrista de las que te atraparán por el carisma de su protagonista. Recibió una nominación a Mejor película animada en los Oscar (perdió ante la “”Coco” de Pixar).

Su nombre es Parvana (expresada con fuerza y convicción por la recién llegada SaaraChaudry), y se le permite visitar la plaza del mercado de Kabul solo si está acompañada por su padre (AliBadshah), un profesor local de una sola pierna cuya reverencia por los libros molesta a los jóvenes militantes, incluido un ex alumno especialmente malvado, apenas más que un niño, que desde entonces ha tomado el control de la región. Al comienzo de la película, mientras la familia comparte un momento de tranquilidad en casa, un grupo de matones talibanes irrumpen y arrastran al padre de Parvana, dejando a los demás (madre enferma, hermana mayor, hermanito) sin medios para mantenerse.

La cinta arranca con un padre y su hijita intentado vender cosas en la calle, él le habla a ella de histrorias del A través de la joven Parvana asistimos a una odisea cotidiana, como el quedarse sin figura masculina en el hogar hace que ella deba hacerse cargo de los quehaceres mundanos en el exterior del hogar, por mor de la represión misógina de las autoridades talibanas, el simple hecho de ir a coger agua de un pozo se convierte en una peligrosa aventura. Para la intrépida niña el estar fuera del hogar supone un riesgo constante, pero su valentía e inteligencia la hacen moverse por la ciudad buscando sustento, y en el exterior, en medio de la cerrazón de las leyes de la Sharia, encuentra amparo en dos personajes con los que termina empatizando. Una es otra niña que le da la idea, una compañera de clase, Shauzia (v.o. Soma Chhaya), para cortarse el cabello y hacerse pasar por chico y de este modo moverse con libertad por las calles, con la que Parvana mantiene una enternecedora relación de amistad, las dos pasan por lo mismo, buscan trabajo, comparten confidencias de ilusiones; También haya refugio emocional con la relación con un tipo lacónico analfabeto, uno de sus clientes en su labor de leer cartas, Razaq (v.o. Kawa Ada), comparten momentos de silencios que calan por su potencia dramática en que sabemos que piensan, los dos unidos por la pérdida.

Hay otra vertiente de subtrama en querer darnos un halo de esperanza en el poder liberador de los cuentos, en el poder infinito de la imaginación para transportarnos y proyectarnos hacia un mundo idealizado. Esto reflejado en el cuento (influenciada por el carácter de bardo de su padre Baba) que Parvana cuenta a Zaki (su hermanito pequeño con v.o. Lily Erlinghauser), quedando como una historia dentro de la película, un relato que trata sobre un niño que intenta traer de vuelta las semillas para la cosecha del año siguiente pero tendrá que enfrentarse al malvado Rey Elefante, historia de valentía que es claramente una alegoría del hermano mayor fallecido de Parvana, pero a la vez se puede ver como el alter ego de la narradora, decidida, segura de sí misma, valerosa, y a la vez embestida de inocencia infantil, en clara contraposición su imaginación a la opresión física y mental que intenta imponer el régimen fundamentalista... (sigo en spoiler)
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Valmont
Valmont (1989)
  • 6,7
    3.846
  • Reino Unido Milos Forman
  • Colin Firth, Annette Bening, Meg Tilly, Fairuza Balk, ...
6
Las comparaciones son odiosas.
91/21(31/05/19) Buena adaptación del checo Miloš Forman de la popular la novela del galo Pierre Choderlos de Laclos “Amistades peligrosas” (1782), aunque en su tramo final se desinfla en una conclusión bastante insatisfactoria, donde su mensaje final queda difuso y emborronado en un intento de innovar sobre el del libro se quedan huecos de contenido, provocando un anticlimax. El guión es de Jean-Claude Carrière (colaborador habitual en su etapa francesa de Luis Buñuel), que acomoda libremente el libro del SXVIII, reflejando la decadencia moral de una sociedad en las puertas de que su hedonismo de clase alta los implosione con la Revolución Francesa, envuelta en juegos de amor, de mentiras, de apuestas groseras, de infidelidades, o intrigas aristócratas. Mantiene un ritmo narrativo y fluidez atractivo, con una ambientación notable, con unas actuaciones estupendas, con una deconstrucción sangrante de una clase pudiente ensimismada en su arrogancia. Aunque el gran pero es su mala suerte, al estrenarse solo 11 meses después de otra versión mucho mejor de la misma novela, en este caso la dirigida por Stephen Frears, con un mejor acabado, con unos protagonistas más famosos (Malkovich, Close o Pfeiffer), y con un libreto más redondo, aderezado por este si con un final estremecedor, haciendo que esta versión quede como la hermana bastarda, y en este caso las comparaciones son odiosas y más para este “Valmont”. Recibió una nominación a los Oscar al Mejor Vestuario (Theodor Pištěk).

Tiene dos primeros tercios muy sugerentes, con humor sibilino (la anciana Madamme de Rosemonde, la caída de la barca de Valmont, o la actitud de esclavo del criado del protagonista) con un desarrollo ágil, con situaciones sugerentes, desmenuzando las miserias de una sociedad elitista, su podredumbre moral, su ociosidad, su despotismo, evolucionado una red de maquinaciones de la pareja protagónica en la que los sentimientos de los demás son violados en pos de su divertimento o venganzas infantiles. Pero (lo hay) al ser coetánea de la de Stephen Frears es inevitable la comparación, y aquí pierde por varias vueltas, pues está exenta la de Valmont del lirismo y épica romántica de la de 1988, y encima se pierde en un maraña vacua en su rush final, alejándose (y mucho) del sentido de la novela, y en ese tránsito perdiendo los personajes carácter trágico-poético, ello sin sumar reflexión alguna que nos saque de la inanidad de lo anticlimático, perdiéndose por el metraje la carga erótica inherente al relato.

La puesta en escena resulta exscelente, con un gran diseño de producción de Pierre Guffroy (“Tess” o “El quimérico inquilino”), recreando la época y suntuosidad de cadente del SXVIII francés en escenarios naturales de Francia (París en Musée Nissim de Camondo para el interior del Palacio Volange, Opéra Comique para las escenas de la ópera, Hôtel des Ambassadeurs de Hollande para la residencia de Madame Tourvel; Musée Vivant du Cheval-Chantilly es donde Gercourt entrena a cadetes con la espada); Château de Groussay-Yvelines es el estanque donde Valmont desde su barca intenta seducir a Madame Tourvel; Abbaye aux Hommes-Caen es la escena inicial; Bordeaux para calles; Chateau de Versailles para la escena de la boda; Château de la Motte-Tilly- Aube para la residencia de Madame de Rosemonde), con decorados barrocos formidables, proyectando el bullicio de las calles; Adornando a los personajes con un exquisito vestuario creado por Theodor Pistek (“Happy End” o “Amadeus”), aunque en el apartado de la peluquería me faltan los pelucones; todo esto filtrado por la cinematografía de Miroslav Ondrícek (“Hair” o “Amadeus”), jugando con la luz natural, otorgando lujo a las imágenes, componiendo cuadros de beldad sibarita, aprovechando la pompa de este tiempo; Esto punteado por la música de Christopher Palmer (participó en el departamento musical de “Enemigo mío” o “El Cabo del Miedo”), que acompaña pero no deja huella.

El Valmont de Colin Firth resulta algo blandito, de buen parecer, pero escaso de mordacidad, le falta la picardía y ruindad que el personaje requiere, un seductor ingenioso, pero falto de carisma para verlo como malvado, sino más bien como travieso, lo cual le resta hondura, no siendo rival para los ardides de Madame Marteuil, con lo que el duelo es desigual, cosa que no acontecía en la de Stephen Frears. En comparación la encarnación de Malkovich es como comprara a una cobra real (este último) con una lagartija (Firth), Malkovich adolece de la belleza de Firth, pero su carisma y electricidad desbordan la pantalla; La Marquesa de Merteuil de Annette Bening (con 30 años) encarna a una pérfida aristócrata, una víbora de rostro bello, de sonrisa encantadora, una maestra de marionetas que mueve sus envenenados hilos de modo perverso, valiéndose de arteras actitudes, tensando cuerdas, aprovechándose de la inocencia de los jóvenes. Benning la dota de fulgor malévolo, con orgullo, altivez, utiliza sus armas de mujer de modo retorcido. En comparación con la Glen Close de la versión 1988 la cosa está más nivelada, las dos demuestran intensidad, aunque la Close da un mayor arsenal dramático, gracias también a la superior finalización del guión que la hace arrolladora; Faizura Balk como Cecile Volanges hace una labor deliciosa como una entrañable e ingenua chica, perdida en una selva de manipuladores. En este caso Faizura si lo hace mucho mejor que la sensual pero inane (al menos aquí) Thurman dela versión 1988, demuestra más personalidad, más expresividad, más alma;… (sigo en spoiler)
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Game of Thrones (Serie de TV)
Game of Thrones (Serie de TV) (2011)
  • 8,6
    111.754
  • Estados Unidos David Benioff (Creator), D.B. Weiss (Creator), ...
  • Lena Headey, Peter Dinklage, Maisie Williams, Emilia Clarke, ...
9
Canción de Hielo y Fuego.
82/12(20/05/19) Hace unos días termine de ver el sexto y último episodio de la octava y última temporada de una de las series más populares de la Historia de la TV, he querido digerirla para criticarla con perspectiva, y estar menos contaminado por la decepción de esta última sesión, pues mi indignación era enorme. Con el paso del tiempo mi opinión se ha aposentado y dado valor al recorrido más que a su meta, y eso me hace darle un sobresaliente, incluso con la bajada de nivel de la conclusión, pues todo el camino de 73 capítulos no pueden verse empañados por los cuatro del final (no cuento los dos primeros de la temporada, que si me gustaron). Monumental relato que radiografía con bisturí ácido la compleja Condición Humana, analiza como el carácter puede evolucionar, escudriñando en la maldad, en los vínculos familiares, en la manipulación, en las ansias desmedidas de poder, en el egocentrismo, el narcisismo, el honor, la redención, el orgullo, la pérdida, la venganza, el destino, el liderazgo natural, en la opresión, en el amor, el sexo, la violencia atávica, y más. En una historia épica de intrigas políticas, de guerras, de amores, de amistades, de incestos, sacrificios humanos, de infanticidios, de devastaciones, que resonará por siempre en el universo catódico, creando D&D (los creadores Davids) una telaraña de subtramas que se entrelazan de modo sibarita, ello gracias a personajes tridimensionales, con defectos y virtudes, frágiles, valientes, nobles, egoístas, todos matizados en su humanidad, apoyándose en diálogos brillantes, y en situaciones que hacen fluir la narración de modo pétreo, calando al espectador de forma sublime, haciéndolo sentir en este sub-mundo, donde la muerte no tiene tabus, hace que empatiza con un personaje pueda ser dolorosamente letal en su imprevisibilidad. Una serie exuberante en su producción, en su gótica ambientación memorable, todo sumado hace que te emocione, y te remueva lo que les pasa a los personajes. La serie está marcada por su última temporada, un patinazo hecho a toda prisa, revoltijo de ideas que rompe con la coherencia de los personajes, con diálogos parecen escritos por un mono con dos pistolas, acabando en un final penoso (siendo benévolo), y es que se nota los showrunners se quedaron cojos al no tener material literario, y desbarran sin este referente, ya en la séptima baja la calidad de los guiones, echándose en brazos de la acción, aún así una gran séptima temporada, pero todo esto malo no puede emborronar 6 grandiosas temporadas, y una séptima espectacular, la travesía ha sido fascinante, tanto que este cierre intento verlo como un borrón a pie de página.Drama de fantasía creado por David Benioff y D. B. Weiss (showrunners que escriben la mayoría de los episodios cada temporada), para la HBO, adaptación de A Song of Ice and Fire, serie de novelas de fantasía de George R. R. Martin (escribió un episodio en cada una de las primeras cuatro temporadas, no escribió un episodio para las últimas temporadas, quería centrarse en completar la sexta novela, The Winds of Winter), primera de las cuales es A Game of Thrones (título que ha quedado para toda la serie cercenando la “A” del inicio).

Su primera temporada marca a fuego el tono general de la serie, con una presentación sólida de personajes y de ramificación de historias, con muchos personajes y que se multiplican en las siguientes temporadas y que en un estilo impresionante de maestría narrativa se sigue sin dificultad, otorgándole espacio a cada una, ello sustentado por lo bien definidos que están los protagonistas, conociendo sus caracteres, con coherencia y vigor, con arcos de desarrollo prodigiosos, con muertes inesperadas, con soluciones inteligentes a situaciones catárquicas, sin ser yo fan de la fantasía esta es introdcucida con goteo y resultando efectiva para dar mejores cimientos alegóricos al metraje. A todo este panorama de mosaico de sub historias que se abren y convergen de vez en cuando, que hacen te atrape y magnetice, ayuda sobre manera el parte-aguas que supuso el clímax de la primera temporada una decapitación que cual aura invisible flotará alo largo de toda la serie, y señalando un camino de curvas y vaivenes memorables. Con destellos de violencia realista, con mucho sexo, con batallas épicas, con seres que con el paso de los episodios serán leyenda de la TV, con Héroes homéricos, antihéroes (El Perro, Jaime, Bron, Jorah, Theon, Melisande, Varys, La Víbora/ Oberyn, Beric Dondarrion…) y Villanos magnos (Cersei, La Montaña, Joffrey, Twyn, Lord Frey, Ramsey, El Señor de la Noche, Euron, El Gorrión Supremo,…), añádase frases que se te quedaran por siempre, (Melisandre: “Los hombres nunca ansían lo que ya tienen”; Petyr Baelish: “El caos no es un pozo… es una escalera”; Tyrion Lannister: "Nunca olvides lo que eres, el resto del mundo no lo hará. Llévalo como una armadura y nunca lo usarán para herirte", “La muerte es tan terriblemente definitiva, mientras que la vida está llena de posibilidades”; Three-Eyed Raven: “El pasado ya está escrito. La tinta ya está seca”; Cersei Lannister: “Cuando juegas al juego de tronos, o ganas o mueres”; Tywin Lannister: “Cualquier hombre que deba decir ‘soy el rey’, no es un verdadero rey”, “El león no se molesta con las opiniones de las ovejas”; Varys: “No hay criatura en la tierra que sea tan terrorífica como un hombre verdaderamente justo”;…y muchas más). Con relaciones en las que la química hace crepitante cada entente (Eddar-Robert; Arya-El Perro; Jaime-Brienne; Jon-Sam; Tyrinon-Varys; Daenerys-Jorah.

Taras: La serie con tantas subtramas hace complicado todas tengan peso emocional, por ejemplo la que se establece entre Brienne y Podrick resulta un parche; pero la que más deja que desear por lo mucho que se infla y apunta, es la de Bran y su odisea mística, donde lo único salvable es la revelación de porque su “transporte humano” Hodor se llama así, resta,… (sigo en spoiler)
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3 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Town Without Pity
Town Without Pity (1961)
  • 7,1
    562
  • Estados Unidos Gottfried Reinhardt
  • Kirk Douglas, Barbara Rutting, Christine Kaufmann, E.G. Marshall, ...
6
La fealdad ha tenido un hermoso juicio contra la belleza hoy.
81/11(18/05/19) Sugerente drama judicial de coproducción internacional estadounidense-suiza-RFA dirigida por el berlinés Gottfried Reinhardt, se basó en la novela de 1960 Das Urteil ( El veredicto ) del escritor alemán Gregor Dorfmeister, escribió bajo el seudónimo de Manfred Gregor, historia adaptada por Jan Lustig (“Los contrabandistas de Monnflet”) de la novela de 1960 Das Urteil (El veredicto) del escritor alemán Gregor Dorfmeister, escribe bajo seudónimo de Manfred Gregor, guión de Silvia Reinhardt (“Situación desesperada, pero menos”), y George Hurdalek (“Sonrisas y lágrimas”), reescrito sin crédito (por estar en la Black List de Hollywood) por Dalton Trumbo (“Spartacus”), a sugerencia de Kirk Douglas. Film con el protagonismo carismático de un brillante Kirk Douglas, en la que sobresale su complejidad y ambigüedad al tratar temas la violación, los juicios, las habladurías en los pueblos, la marginación social, las envidias, la incomprensión, el sentido del deber, ello en una evolución enrarecida de cómo se puede convertir a la víctima de una violación en culpable. Elo con un desarrollo adusto, directo, punzante, cuasi-documental, a lo que contribuye la narración en off, que además sirve para traducir lo que se habla en alemán, aunque este dispositivo crea cierta barrera emocional con el espectador. . El tema de las condenas a muerte en el ejército candente en aquel año 1961, donde ahorcaron a John A Bennett, el último hombre ejecutado por el Ejército de los Estados Unidos, por violar a una niña austriaca de 11 años.

Film valiente al abordar un tema tan escabroso para su tiempo como es el de una violación, además en grupo, algo muy en boga en nuestra piel de toro en este tiempo, solo la había tratado anteriormente “Anatomía de un asesinato” (1959), precisamente con la realización de Otto Preminger, otro director europeo, en este caso ucranio. La historia nos sumerge en un relato con varias capas de reflexión moral. Primero asistimos fuera de plano a una violación, tras lo que vemos la humillación de como la vejada debe testificar aun convaleciente en el hospital con sus agresores inquisitorialmente presentes, al dolor físico de la violación, el del dolor mental al tener que revivirlo con ellos presentes. Vemos el compadreo de las autoridades militares decidiendo que se debe pedir de condena contra los acusados, en función de la alarma social, no de la justicia. Asistimos al circo que se convierte el juicio, donde lo peor de la ciudad sale a flote por mor de los testigos de la defensa, las envidias, egoísmos, venganzas, odios, celos, prejuicios rancios, un fluir de opiniones y medias verdades, que tiene su zenit en el interrogatorio del abogado defensor a la víctima, algo doloso de ver. Algo que deriva en que el pueblo se torne en un hervidero de chascarrillos, de habladurías, de miradas humillantes, haciendo un lugar opresivo.

Film que te hace pensar sobre lo kafkiano que puede llegar a ser un sistema judicial que da opción a la defensa a machacar a la víctima, de avasallarla, de hundirla en un escarnio público sangrante, dejando en muy mal lugar a los abogados, se entiende que utilice los medios necesarios para que sus clientes no sean condenados a pena capital, pero no el que se tenga que aplastar la fragilidad humana de una mujer violada, derivando en el juicio paralelo del pueblo, que superficialmente la juzga y condena estigmatizándola.

La película hace un juicio sumarísimo a la sociedad, a su sistema judicial, a su carácter populista, a los medios de comunicación sensacionalistas, a las familias ultra-protectoras, al machismo imperante. Todo esto es muy loable poner contra el paredón las lacras sociales, pero aquí los culpables son los violadores, y a estos el film tras el primer tramo los olvida, los pone en un margen, el personaje que encarna Robert Blake parece tener vida interior que lo diferencia del resto, pero esto se deja de lado tras apuntarlo con vigor, esto resta poder de profundidad a la historia, que pasa a que asistamos al escarnio público de las intimidades de la víctima, erigiéndose el juicio no en el de los violadores (de los que nada sabremos de su personalidad), sino en el de la violada, algo torticero que los jueces del tribunal permiten con un sesgo muy frío y poco empático con la víctima, esto me es estridente.

Resulta algo artificioso el modo de proceder del abogado defensor al que se intenta en la película de dar un carácter de persona buena y comprensiva, pero que en realidad es un tipo rastrero capaz de conspirar para robar el bikini de la víctima para sacarlo cual conejo de la chistera y destrozar a la chica aún más. Cuando vemos al letrado intentar que la violada no suba al estrado con la excusa de que será machacada, en realidad solo busca que sus defendidos no sean condenados a muerte, es legítimo, pero solo denota maquiavelismo. Tampoco entiendo esa animadversión a la periodista, pues en realidad él es parte fundamental del circo mediático, de hecho es el que lo alimenta con los libelos que va dejando caer durante el juicio, le interesa ir sembrando de ponzoña a la víctima. Y es que además nunca vemos dudar al abogado, no tiene dudas éticas sobre su comportamiento carroñero y rastrero, siente es su deber hacer todo lo posible para defender al cuarteto, aunque para ello tenga que sembrar la duda de la complicidad de la víctima en ser violada. Esto hace que su ambigüedad resulte lacerante para las mentes de hoy día, y es que una mujer no puede ser cómplice de ser violada por estar desnuda cambiándose de ropa, dejar caer esto resulta nauseabundo; También me han chirriado las dosis de humor que se dan durante el juicio, no viene a cuento en la temática del film, se puede entender como frivolizar el tema.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Busco mi destino
Busco mi destino (1969)
  • 7,0
    30.190
  • Estados Unidos Dennis Hopper
  • Peter Fonda, Dennis Hopper, Jack Nicholson, Karen Black, ...
5
50 Aniversario del estreno (12/05/1969) de un enmohecido film.
86/16(25/05/19) Sobrevalorada road-movie de claro carácter contracultural, realizado durante los movimientos contra la Guerra de Vietnam, film hijo de un tiempo donde estaba en boga la cultura hippie. Exitosa película que recaudó $ 60 millones en todo el mundo (tercera más taquillera en USA) de un presupuesto de filmación de no más de $ 400,000. Opera prima en la realización del actor Dennis Hopper, obra indie con guión (lo hay?) propio junto al coprotagonista (y productor de la cinta) Peter Fonda, y Terry Southern, donde una vez visto el film son las estampas de los dos motoristas surcando las carreteras de USA por parajes bellos, adornado por una excelente repertorio de canciones (costó comprar los derechos de las canciones 1 millón $, casi tres veces lo que costó el rodaje, con este el mensaje underground queda laminado, pues si se sustenta en darnos algo comercial…), pero estás postales visualmente atractivas solo hay el vacío existencial. Se vende como el film que marco a toda una generación (puaj!), en el que de modo henchido se intenta hacer una radiografía social de los estadounidenses de la américa profunda, mostrados como cerriles conservadores frente a la libertad individual que presentan la pareja de motoristas, la libertad que representan las comunas hippie, o la libertad que representa el consumo y el tráfico de drogas, nóteseme la ironía sobre todo en lo referente a lo último, en clara Apología (vomitiva) de la drogadicción. Y es que si el mensaje que la individualidad la deben ejemplificar dos traficantes de estupefacientes vamos servidos. Cuando en realidad lo que hay detrás de todo esto es una loa a las drogas, pues incluso tras las cámaras estas nunca faltaron durante el rodaje, cosa que rebosa la trastienda al pasar estas a utilizarse durante la filmación (marihuana). Aunque hay sesudos exégetas que quieran ver en la cinta un análisis sobre el cambio de los tiempos, sobre la amistad, sobre el sexo libre, o sobre la ya mencionada libertad, esto parecen más pajas mentales de alguien atestado de LSD, pues todo resulta tan plano como una mesa, todo huero de contenido a expensas que haya algún sesudo intelectualoide que descifre este metraje tedioso y pesaroso que se eterniza como la visita de los suegros. Es una cinta con unos personajes que van de un lado a otro sin sentido, se hunden en el hedonismo más pomposo, hacen paradas en las que se drogan, tienen sexo una y otra vez, y vuelven a sus motos, hacia la nada más absoluta. Aderezado por unas actuaciones que van de lo inaguantable de Dennis Hopper a lo cara de empanao de Peter Fonda, teniendo entre ambos diálogos que parecen escritos por un fumeta (y tendré razón), solo la aparición de Jack Nicholson nos saca del sopor teniendo alguna ingeniosa disertación a la luz de una hoguera sobre la libertad, esto es un oasis en medio del desierto que este erial de ideas con título mítico. Pretende mostrarnos una filosofía de vida sustentada en la libertad absoluta, pero esta paradójicamente se cimienta en el capitalismo más salvaje, como es el especular con drogas, compras droga a un mexicano y la vendes a un capo por más dinero, menudo contrasentido libertario. Los personajes de Wyatt y Billy se basaron respectivamente en Roger McGuinn y David Crosby de The Byrds. La primera colaboración de Hopper y Fonda fue en The Trip (1967), escrita por Jack Nicholson, que tenía temas y personajes similares a los de Easy Rider. Peter Fonda se convirtió en "un ícono de la contracultura" en The Wild Angels (1966), estableció "una persona que desarrollaría aún más en The Trip and Easy Rider". El viaje popularizó el LSD, mientras Easy Rider continuó "celebrando la contracultura de los 60", pero lo hace "despojado de su inocencia".La película se agregó al Registro Nacional de Películas de la Biblioteca del Congreso en 1998.

Dos motociclistas, Wyatt (Peter Fonda), que lleva pantalones de cuero y una chaqueta de Capt. America, y Billy (Dennis Hopper), parece un Buffalo Bill moderno, se dirigen del este de California hacia Nueva Orleans. En el prólogo compran droga a latino que habla castellano, y a continuación la venden en un aeropuerto a otro tipo, y tras esto cogen sus motos y a viajar por el medio oeste. Y por el camino largos silencios rellenados por canciones bien escogidas, y planos hermosos que proyectan libertad. Pero tras esto solo queda el eco de la superficialidad, las paradas de la pareja de amigos (suponemos que los son porque viajan juntos, aunque nunca sintamos que tengan vínculo humano alguno), resultan lisérgicas, provocando el amodorramiento por la futilidad en que nos sumergimos, por lo plomizo de sus ententes.

Solo hay un tramo que nos sacan del sopor, cuando aparece George Hanson encarnado por un formidable Jack Nicholson, opaca a los motoristas con su carisma y vitalidad, viajando de paquete con un casco de futbol americano de niño, por el modo en que se droga con ingenuidad, con sus disertaciones jocosas, sobre como los venusianos ya nos invadido, o soltando por su boca lo único potable que se escucha en toda la película (hasta un reloj parado da bien la hora dos veces al día): “Todo el mundo quiere ser libre, pero una cosa es hablar de ello y otra cosa es serlo… Claro que no les digas jamás que no son libres, porque entonces se dedicarán a matar y a mutilar para demostrar que lo son. Sí, sí están todo el día dale que te pego con la libertad individual pero ven a un individuo libre y se cagan de miedo. Y el miedo les hace peligrosos”. Tan grácil es la aparición de Nicholson, que cuando desaparece deja en un socavón más grande que el cuelgue que tiene en el cementerio los protagonistas, haciendo el agujero de aburrimiento más hondo por haber elevado el listón Jack.

Road movie que intenta pasear a dos supuestos adalides de la libertad individual (puaj!) por el conservador interior americano, especie de vaqueros en sus caballos modernos,… (sigo en spoiler)
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La leyenda del alcalde de Zalamea
La leyenda del alcalde de Zalamea (1972)
  • 5,7
    166
  • España Mario Camus
  • Francisco Rabal, Fernando Fernán Gómez, Julio Núñez, Teresa Rabal, ...
6
Dignidad rural.
85/15(23/05/19) Olvidado film realizado por Mario Camus con guión de Antonio Drove (“La verdad del caso Savolta”) adaptando el popular drama homónimo (también conocido como “El garrote más bien dado”) de Don Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), representada por primera vez en 1636, una de las obras más conocidas y representadas del Siglo de Oro de la literatura española, a causa de su eficaz estructura, la fuerza de sus vigorosos caracteres (el orgulloso labrador Pedro Crespo, el tozudo don Lope de Figueroa, héroe histórico de los Tercios de Flandes...) y su excelente versificación. Se encuadra dentro de la literatura barroca y se clasifica al mismo tiempo como comedia villanesca o de villanos y drama de honor. Camus le añade el “Romance del ciego” (seguramente un homenaje a otra gran obra del Siglo de Oro español, “El lazarillo de Tormes) compuesto por Antón García Abril e interpretado por Gregorio Paniagua a modo de coro griego que puentea de vez en cuando lo que estamos viendo. Obra que recuerda en muchos aspectos a la obra de Lope de Vega “Fuenteovejuna” (1614), donde se enfrenta la justicia civil frente a la militar, reflexionando sobre que es más justo, sobre el servilismo, sobre la honra, el orgullo, la soberbia, el despotismo, la arrogancia, el clasismo, el sentido del deber, la venganza, ello con el regusto de un machismo opresivo. Lo cual me resulta muy valiente para el año de su estreno, durante el censor franquismo, que dejara que vieran una película donde los malos son los militares, y el pueblo se rebela contra ellos y su autoritarismo. Una cinta que tiene en su pareja protagonista su gran y poderoso reclamo, como son los siempre formidables Paco Rabal y Fernando Fernán Gómez, secundados por intérpretes de apoyo notables, como Alfredo Mayo, Antonio Iranzo, Charo López, Josele Román, Fernando Sánchez Polack o Fernando Rey. Además de una puesta en escena buena, rodándose en exteriores naturales de la localidad de Garrovillas de Alconétar (Cáceres), destacando la impresionante Plaza Mayor de la Villa, donde se filmaron muchas escenas de la película. Aunque en su debe tiene el defecto de ser excesivamente teatral.

Una compañía de soldados al mando del capitán don Álvaro de Ataide (Alfredo Mayo) llega a la localidad de Zalamea de la Serena, en Badajoz, a causa de la guerra de Portugal. El capitán de descendencia nobiliaria está alojado en la casa de un rico labrador, Pedro Crespo (Paco Rabal), alcalde de la villa, a cuya hija Isabel (Isabel de Pomés) Don Álvaro seduce. Pedro Crespo intenta remediar la situación y que Don Álvaro se case con Isabel, pero Don Álvaro la rechaza por no ser de la nobleza. Este desprecio hiere el honor de toda la familia de Pedro. Aún sin poseer jurisdicción sobre el militar, Pedro Crespo manda prenderle y hace ajusticiar a Don Álvaro ahorcándole. Finalmente el Rey Don Felipe II (Fernando Rey), revisa la decisión del alcalde, la ratifica y nombra a Pedro Crespo alcalde perpetuo de Zalamea.

Obra que hace chocar el poder del pueblo llano representado en Pedro Crespo (Paco Rabal) contra el poder militar, que se cree por encima del bien y del mal, representado en Don Lope de Figueroa (Fernando Fernán Gómez), la justicia del individuo frente a la opresión del brazo armado del Estado (en este caso de la Monarquía de Felipe II). Haciendo brotar la libertad individual, su dignidad vejada por la tiranía avasalladora del poder del Ejército. Relato al que le cuesta arrancar, con un prólogo flash-forward que descoloca y desorienta, hasta que avanzado el metraje y nos pone sobre el núcleo de la historia, donde un civil (epítome la figura del alcalde) se ve humillado por la prepotencia militar, y entonces la sociedad civil se une cual Fuenteovejuna para tomarse la justicia por su mano (o garrote), creando el dilema moral de si esto es de recibo o no. Haciendo una lucha clasista entre la nobleza reflejada en los mandos militares y la plebe en el otro lado.

La cinta tiene gran parte de su atractivo en los ententes entre los dos Titanes de nuestro cine, Paco Rabal como el alcalde Pedro Crespo, y Fernando Fernán Gómez como el oficial Lope de Figueroa, diálogos sabrosos manejados con intensidad dramática, combinado entre ambos una crepitante química, dos antagonistas con alma, con motivaciones, con carácter y arrojo, siendo polos opuestos y a la vez compenetrándose de modo punzante.

Mario Camus imprime un ritmo a trompicones, alternando sugestivas situaciones con otras forzadas, haciendo perderse al espectador en una fluidez narrativa que parece comerse algunos momentos en la edición que harían más entendible la trama. Destacar el recurso ingenioso del juglar ciego que nos cuenta de vez en cuando la historia, otorgando un lirismo emocional mordaz. Aunque la puesta en escena resulta estimable, con la cinematografía de Hans Burmann (“La colmena” o “Abre los ojos”), jugando en exteriores con la luminosidad soleada, interiores y la nocturnidad con el dramatismo de jugar con el expresionismo, incluso con algún incisivo fuera de campo donde la sombra es el reflejo de la realidad (me refiero por supuesto al garrote vil), con contrapicados y picados, buena labor. Los exteriores se rodaron en la localidad de Garrovillas de Alconétar (Cáceres), destacando la impresionante Plaza Mayor de la Villa, donde se filmaron muchas escenas de la película. Además de los soportales encalados, las calles empedradas y el espacio abierto de la plaza, destacaron con lugares de rodaje, espacios externos rurales de Alconétar, como los campos de cereal con los gavilleros, el pinar de descanso del ejército, las parameras del recorrido de la hija deshonrada, etc.

Pedro Crespo a Lope: “Con mi hacienda; pero con mi fama, no; al rey, la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios.”, refiriéndose a que la ley ampara que de cobijo a los militares, pero no a que ultrajen a sus hijas.
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Durante la tormenta
Durante la tormenta (2018)
  • 6,5
    6.973
  • España Oriol Paulo
  • Adriana Ugarte, Chino Darín, Álvaro Morte, Javier Gutiérrez, ...
5
Frequency on tv.
83/13(21/05/19) Entretenida tercera realización del barcelonés Oriol Paulo (tras “El cuerpo” y “Contratiempo”), que termina por alargarse en demasía con lo que sus muchos agujeros se hacen más patentes, así como hace acto de presencia un bajón de ritmo alarmante. Hay que agradecer al cineasta su gusto por relatos enrevesados, arriesgando en sus temas, jugando con el espectador y su percepción, haciéndolo partícipe e involucrándolo en sus thrillers. En este caso juega con el efecto mariposa sumándolo a los gusanos de tiempo que comunican épocas con otras, derivando que al alterar un hecho del pasado hace que el efecto caos modifique sustancialmente el presente. Este es un tema tratado en muchas ocasiones en cine, desde “Regreso al futuro” (a la que se homenajea con la imagen del reloj grande atacado por un rayo), “Terminator”, “El efecto mariposa”, o la hispana “Los cronocrímenes”, aunque de la que más bebe descaradamente es de “Frequency”, en la que un padre y un hijo se comunicaban a través de una radio, lo hacían a través de décadas de diferencia, aquí se ha cambiado el medio de comunicarse a una vieja televisión. En este caso el relato atrae en su inicio pero va perdiendo fuelle a pasos agigantados, desinflándose en su heterogénea mezcla, con recursos artificiosos, con personajes clichés, con diálogos planos, personajes superficiales, esto produce que al final el modo de querer manipularme sentimentalmente me resulta fatuo, y es que llegado su tramo final me importa un bledo lo que les pase a los protagonistas, a lo que tampoco ayuda su conclusión anticlimática. Oriol se nota muy embebido del cine americano, habiendo trazas en la cinta de las anteriormente mencionadas, y además de “La ventana indiscreta” o “Poltergeist” (por lo de la residencia suburbana), construyendo un film de suspenso con elementos hábiles, con saltos en el tiempo, asesinatos, paradojas temporales, supuestos giros inesperados, pero le pierde el azúcar al realizador, parece gustarse mucho a sí mismo, y excede el metraje más allá de lo que las posibilidades del guión (escrito por él junto a Laura Sendim), ello que por ejemplo hace que sus supuestas sorpresas queden en fuegos de artificio que un espectador medio ha desvelado hace mucho con lo que estas llegan apolilladas. Destacable es su recreación de la época del pasado con las casetes, o el grupo británico Transvision Vamp (se ve una camiseta de este grupo), o a Cindy Lauper (Time After Time canta el Nico Lasarte de niño frente a la cámara).

La protagonista Vera Roy (como bien he leído) se erige en una especie de alter ego de la mítica Cassandra, que fue castigada por el Dios Apolo con el Don de la profecía, pero que esto se convertiría para ella en una maldición. El director posee dotes para componer rompecabezas intrigantes, con elementos sugerentes que hacen nos atrape, dota de ritmo sus obras, crea un halo de misterio en sus metrajes, con estética notable, pero aquí los valores se van diluyendo en un minutaje que al querer atraparte lo que hace es mostrarte sus costuras conforme se deshilachan a cada minuto.

Las actuaciones resultan en conjunto pasables, el único que destaca es Javier Gutiérrez, que cada vez tiene más tablas, capaz sin apenas hablar de dejar constancia de su mundo interior; Adriana Ugarte me resulta sobreactuada; Chino Darín parece desubicado, como deseando acabar para cobrar el talón; Álvaro Morte cumple con su rol de simpático esposo con algún secretillo.

La puesta en escena como es habitual en Paulo resulta atractiva visual y auditivamente, rodando en Gran Canaria, Barcelona, Parc audiovisual de Catalunya-Terrassa y L'Ametlla del Vallés-Barcelona, donde la cinematografía de Xavi Giménez (“El maquinista” o “Ágora”) crea imágenes bonitas, jugando con la escasa iluminación, componiendo bellas postales de la tormenta; se suma la música del compositor Fernando Velázquez (“Lo imposible” o “La cumbre escarlata”), potenciando con sus melodías la tensión de este thriller de ciencia ficción.
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