arrow
Críticas de Ozymandias_Iskander
Críticas ordenadas por:
Jigsaw: El juego continúa
Jigsaw: El juego continúa (2017)
  • 5,2
    4.433
  • Estados Unidos Michael Spierig, Peter Spierig, ...
  • Matt Passmore, Callum Keith Rennie, Clé Bennett, Hannah Emily Anderson, ...
5
Más casquería
Cuando eres adolescente, a veces, la muerte parece tan lejana, que la buscas a través del cine de terror. No es extraño que sean los más jóvenes los que abarrotan las salas cuando se estrena la película de miedo de rigor. Por mala que sea. Allí están, dispuestos a pegar un grito, soltar alguna gracieta para reafirmar que lo que ven es ficción y saldrán de esta, o pendiente de los desgraciados que mueren en la gran pantalla. ¡Son tan duros! ¡Son tan adultos! ¡Son tan fuertes! Y... es irónico, porque, en diez años, salvo contadas excepciones, seguramente cuando vean algo realmente sangriento o la muerte de alguien cercano les toque, hasta la visión mínima de la idea de decir adiós para siempre le resultará desagradable. Lo sé, porque yo fui uno de aquellos adolescentes y vi casi todas las películas de la saga de Saw en el cine para años más tarde preguntarme: en serio, ¿veía esto con tal entusiasmo?

Saw (todas juntas en ultramontaje rayante) es una de las mayores películas educativas de la historia del cine. Si haces algo malo (cualquier cosa, que igual matas a alguien o te saltas un ceda el paso), acabas siendo torturado en un brutal juego donde lo más seguro es que acabes reducido a un guiñapo sanguinolento. Si así no aprendes, no sé cómo aprenderás. Se ve que John Kramer, alias Jigsaw, hubiese sido un gran profesor.

Bromas aparte, recuerdo que si algo me gustaba de la saga original era como retorcía sin parar el guion, buscando engañar al espectador como fuera y, aunque, a veces, se volvía previsible, al menos cumplía con la labor de entretener. Ahora, no encuentro casi nada de eso en una continuación que me suena a greatest hits (pero con el bueno de Charlie Clouser) y poco más.

El problema, a medida que se ha alargado la saga (recordemos que fue una por año desde el estreno de la primera en 2004 hasta el «capítulo-final-ya-no-tan-final» de 2010), es que se ha transformado en un 1000 maneras de morir: si eres una mala persona, acabarás muerto y no merecerás ni un atisbo de compasión. Y eso hace que el juego, por rocambolesco que quiera ser, se vuelva tedioso e incluso repetitivo. Nada nuevo en la carnicería.

Jigsaw (hermanos Spiering, 2017) cambia el título (al principio iba a ser Saw Legacy, porque se ve que Saw VIII solo podía ser el título en España) y busca transformar la estética, los personajes y jugar con la idea del regreso del villano al que vimos morir en Saw III (y practicarle la autopsia en el IV; puro naturismo del gore). Parece que los directores y guionistas de esta nueva película buscan olvidarse de Hoffmann, Gordon y otros seguidores de Jigsaw y centrarse en nuevos personajes por medio de la muy recurrida retrocontinuidad, que plaga esta saga de flashbacks.

Olvidándose de los giros de cámara y el montaje videoclipero que era, en parte, la clave del mareo de algunos en las escenas de tortura, con una fotografía que reduce el uso de los tonos verdosos o incluso oscuros, nos encontramos, a fin de cuentas, con un capítulo más, que lejos de lograr hacer borrón y cuenta nueva, lo que hace es repetir claves de las anteriores películas: un final que recuerda al del baño de Saw I, un previsible juego temporal de Saw II, los juegos interconectados de Saw III, las autopsias del IV, los policías corruptos de Saw V, VI y VII… Es como colocarse una especie de vídeo tribute de la saga con nuevos personajes, que nos dan un poco igual, porque todos son igual de asquerosos. Si este es el nuevo puzle, más vale ir buscando piezas en otro lugar, uno que pueda sorprendernos y traernos un par de escalofríos como la película original de James Wan, que tanto bebió de Se7en (David Fincher, 1995).

Con trampas menos ingeniosas y dispuestas en busca del puro impacto, más allá de la reflexión (pantallas planas casi en HD en 2003… con un Jigsaw que siempre prefirió algo más anticuado), con un juego del despiste esperable (y menos mal que no han metido resurrecciones) y con unos huecos de guion más bien olvidables, uno que se ha vuelto mayor (y esta saga, pese a su revival, también) solo encuentra aspectos ya vistos en una trama de villanos, polis corruptos y un Jigsaw omnipresente, con ese lapsus entre películas, que deja fuera de lugar a actores que no han sido llamados o no han querido volver. Eso sí, regresa Tobin Bell como John Kramer, aunque uno se imagine el giro de guion y de lado quede un poco la filosofía del personaje en la segunda entrega. Uno no se aburre demasiado (por suerte) con esta "nueva" propuesta, pero tampoco se queda ojiplático con lo que te están contando.

Tras siete películas y un mar de duras críticas a esta nueva entrega, Jigsaw puede que no sea un bochorno espeluznante, pero quien espere más que lo que espera un adolescente con el gore y la casquería de la saga, no se llevará más que esta especie de reboot de viejas ideas, quizás, demasiado viejas. O puede que el problema sea mío.

Publicado originalmente en: https://bit.ly/2OrZQQo
[Leer más +]
Sé el primero en valorar esta crítica
Ant-Man and The Wasp. El hombre hormiga y La avispa
Ant-Man and The Wasp. El hombre hormiga y La avispa (2018)
  • 6,0
    16.240
  • Estados Unidos Peyton Reed
  • Paul Rudd, Evangeline Lilly, Michael Douglas, Michael Peña, ...
7
Más, pero ¿mejor?
Simpática y entretenida son dos adjetivos que vienen a la perfección para describir Ant-Man y The Wasp (o Ant-Man y la Avispa, tal y como se ha medio traducido en España), la secuela de Ant-Man (Peyton Reed, 2015) y última película del Universo Marvel Cinematográfico de este 2018. Otros adjetivos, algo esnobs, que se podrían añadir a la lista son: intrascendental o errática. Y, pese a como queramos calificarla, seguramente estemos ante otro éxito comercial de Marvel, aunque arriesgue lo justo para ser una película más dentro de la franquicia iniciada en 2008 por Iron Man.

Casi cualquiera que conozca las películas de Marvel o los cómics, podría completar el argumento de esta secuela casi sin verla, ya que cae en los lugares comunes, sin ofrecer excesivos giros de guion, hecho que conduce a un tercer acto de explosiones y persecuciones que, por desgracia, jamás se siente como una amenaza tremenda, como un gran desenlace y deja con la sensación de que falta más para cerrar este capítulo de la historia de Lang, Hope y compañía. No hay auténtico peligro y el espectador habitual ya se imagina lo que está por pasar, y, pese a todo, no se aburre. Es más, la escena que hay tras los créditos se asienta más como un verdadero cliffhanger del que seguramente puede partir una película con más intrígulis que esta (y esa no será una secuela directa, sino la cuarta película de los Vengadores).

¿Estamos, por tanto, ante un fracaso para Marvel? Ni por asomo. Ant-Man y la Avispa consigue caer simpática en todo momento; es una película de "buen rollo", que nunca se toma excesivamente en serio y decide concebir una cinta de superhéroes, llena de comedia, sin tropezar en el toque de palabrotas porque sí de la macarra Deadpool (Tim Miller, 2016). Seguramente, esto se consigue por tener de protagonista a un Paul Rudd acostumbrado al género, que controla bien los tiempos y la improvisación, y que resulta gracioso por ser tan fracasado como uno mismo. No obstante, Evangeline Lilly escala posiciones y se convierte en coprotagonista, más allá de personaje de apoyo de la primera parte, y eso se agradece. Del mismo modo, en el último tercio, Hank Pym hace (por fin) algo, sin tener que ser la voz de un auricular, con un Michael Douglas que se lo pasa bien, y encaja con una Michelle Pfeiffer que, aunque aparece poco, es el punto de partida del film y siempre es bienvenida al género, tras su incursión ya lejana como la mejor Catwoman del cine (y sí, también muy particular, al estilo Burton). En cuanto a secundarios, brilla Abby Ryder Fortson como una Cassie que ya apunta a maneras como futura superheroína (se rumorea de una actriz adulta que la encarne en la cuarta de Los Vengadores) y un "robaescenas" como Michael Peña en el rol del parlanchín Luis, siempre acompañado de Dave (T.I.) y Kurt (David Dastmalchian).

Puede que la nueva incorporación de Lawrence Fishburne en el rol de Bill Foster aporte lo justo, que es mejor que lo poco que suma una olvidable sabandija de tercera como Sonny (Walton Goggins), perfecto hijo de la era Trump, hermanado con el Justin Hammer de Sam Rockwell. En cambio, con Ava/Fantasma, la actriz Hannah John-Kamen intenta dar todo de su parte en un rol que rememora al Vanko de Iron Man 2 y procura ser una especie de Soldado de Invierno, que no llega tan lejos como el llevado a la pantalla por los Russo. Puede que su gran hora no sea en solitario, sino con unos Thunderbolts.

La película abraza la locura de los cómics, como en esta secuencia donde Ant-Man no es tan hormiga... Fuente.
Por fortuna, el guion se libera del lastre del proyecto nunca llevado a cabo por Edgar Wright y rematado por Reed en la primera parte de 2015 (que se sentía muy remendada en algunos aspectos), y nos ofrecen una historia más uniforme, pese a los ya citados problemas.

Uno de los aspectos interesantes está en las escenas de acción, bien realizadas y con unos efectos especiales que cumplen con unos recursos particulares bastante interesantes (o, simplemente, divertidos): coches que se reducen, saleros gigantes, Scott que no sabe controlar su traje prototipo, hormigas gigantes que tocan la batería… Todo es tan loco como en un cómic y eso significa que la adaptación de un medio a otro no se desvirtúa completamente, pese a los cambios que haya en los personajes frente a su contrapartida de las viñetas. Y una vez más, los programas para rejuvenecer a los actores llaman la atención por cómo logran que Michael Douglas o Michelle Pfeiffer vuelvan a los años ochenta.

Pese a que la cinta decida tomar aspectos visuales ya vistos en la primera película o se opte por el mundo cuántico ya vislumbrada en esa y en Doctor Strange, continúa siendo interesante, al igual que la banda sonora de Christophe Beck, que vuelve a su primera banda sonora, pero añadiendo algunos toques nuevos, que resultan tan extravagantes como el propio personaje al que otorga de un reconocible leitmotiv.

En definitiva, queda claro que todo el equipo detrás de la película ofrece lo que deseaba ofrecer con Ant-Man y la Avispa. Salvo la escena tras los créditos, no hay ninguna sorpresa ni ningún sobresalto, para bien y para mal, lo que hace de la cinta una rueda más del mecanismo de Marvel. Después del infierno que fue la producción de la primera parte, con un proyecto que se deseaba llevar a cabo desde Iron Man 1, con un director y un reparto que abandonó casi por completo, con un guion reescrito hasta la saciedad, fue un milagro que la primera saliese bien y que haya una segunda que apuesta por lo mismo, pero intentando hacerla un poco mayor, aún con ciertos problemas, es otro milagro más.

Ant-Man y la Avispa es otro paso en el Universo Marvel Cinematográfico, capaz de entretener a su público, optando por la acción y la comedia familiar, aunque añada lo justo a una macrohistoria que lleva ya diez años trayendo a los superhéroes de los cómics a la gran pantalla.
[Leer más +]
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dunkerque
Dunkerque (2017)
  • 7,1
    44.832
  • Estados Unidos Christopher Nolan
  • Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, ...
7
Christopher Nolan fue a la guerra
Dicen que Stanley Kubrick era un director frío, que le importaban tanto las emociones humanas como a su HAL, pero cualquiera que haya visto el final de Senderos de gloria, sabe que detrás del director había alguien humano. Puede que ahora, con otra película más reciente, pero también sobre el horror de la guerra, titulada Dunkerque nos cuestionemos, hasta cierto punto, a un Nolan más centrado en las sensaciones del espectador que en los propios personajes.

En los últimos años, Nolan ha protagonizado alguna que otra polémica al hablar de cómo es solo cine para él aquello que se estrena en la gran pantalla y su punto de vista, discutible o no, es enteramente comprensible tras ver su última película Dunkerque, un film que más que una cinta cinematográfica en sí, es una experiencia sobre la guerra.

En Dunkerque, Christopher Nolan nos sumerge en el campo de batalla por tierra, mar y aire de los soldados aliados que intentan ser evacuados, mientras el enemigo avanza en la Segunda Guerra Mundial. Es una película desde el punto de vista de los aliados, una recreación histórica que, salvo algún toque más humano como ese pequeño barco que va a buscar a los soldados, busca ser un cúmulo de piezas más que una cinta con personajes de los que sepamos más, como el Bolton encarnado por Kenneth Branagh (quizás el que sale ganando es el personaje de Mark Rylance, frente a papeles más breves como el de Cillian Murphy o cameos como el de Tom Hardy). A cambio de sacrificar en estas tramas, la película gana en tensión, pero pierde en otros aspectos que hacen de la película un ejercicio corto donde el propio Nolan sabe a qué juega tras otras películas más largas como Interstellar. Nolan ha comentado su "obsesión" con el cine mudo antes de hacer la película y, más allá de la escasez de diálogos, esto se nota en su tratamiento de la trama.

Nuevamente, Nolan opta por un juego con el montaje que busca concebir la batalla desde diferentes momentos y planos, pero una vez más se centra más en las situaciones que en los propios personajes, de los que poco sabemos, como seguramente ocurriría en una guerra auténtica. Puede que sea lo que redondea la película para muchos: tener poco que contar, pero contarlo de un modo particular.

En este film, sin duda, el director sabe qué contar y cómo contarlo mediante la narrativa cinematográfica. Sabe buscar el realismo. No hay duda de ello. Omite muchos de los aspectos de los que los críticos se quejan de sus filmes y se centra en la creación de sensaciones a través de un conflicto bélico, y no se puede negar que la recreación del frente es abrumadora. El enemigo nazi permanece, casi todo el tiempo, en la sombra, como una fuerza cercana a los hados, un final inexorable. Por su parte, la música de Hans Zimmer y el diseño de sonido atronadores, con un uso de la fotografía y un diseño de producción que nos conduce a plena lucha.
[Leer más +]
Sé el primero en valorar esta crítica
Han Solo: Una historia de Star Wars
Han Solo: Una historia de Star Wars (2018)
  • 6,0
    18.403
  • Estados Unidos Ron Howard
  • Alden Ehrenreich, Emilia Clarke, Woody Harrelson, Donald Glover, ...
7
¿Una entrecuela sin más?
Después de todo el drama que parece haberse vivido tras las cámaras, con cambio de directores incluido y con rumores sobre la habilidad interpretativa de su protagonista, uno esperaba que Han Solo, una historia de Star Wars fuese un aborto fílmico inimaginable, pero como ya pasó con Rogue One, una historia de Star Wars (que también sufrió lo suyo durante su rodaje… y sus reshoots), con Han Solo tenemos una película que, aunque no alcanza del todo el nivel de Rogue One, no deja de ser una interesante y entretenida pieza del nuevo universo expandido de la saga creada (pese a quien le pese) por George Lucas.

Si bien ya se empieza a acusar a Disney de exprimir Star Wars en muy poco tiempo (aunque cuatro películas desde 2015 se antojan pocas frente a Marvel Studios, por ejemplo) y los datos de taquilla y crítica parecen menos favorables que en otros de sus títulos, Han Solo no deja de ser una película de aventuras, un western galáctico con leves toques bélicos y de cine de aventuras, que se alimenta de aquella mezcla que hizo de Una nueva esperanza todo un referente cultural en 1977.

¿Y qué tiene que contar esta nueva aventura galáctica? Los inicios de uno de los personajes más carismáticos de una galaxia muy, muy lejana: Han Solo. Y la sombra de Harrison Ford es alargada incluso para un Alden Ehrenreich que intenta copiar los gestos y las expresiones de aquel contrabandista que ha encandilado a generaciones. Quizás por su propio papel de tunante amante del vestuario, Lando es uno de los personajes revelación (aunque pilote bastante poco y su función sea la justa), interpretado por el siempre genial Donald Glover. Por su parte, Woody Harrelson como Beckett se acaba ganando más de una escena como mentor de Solo. Y ahí tenemos a Joonas Suotano, de nuevo, como Chewbacca, tras el retino de Peter Mayhew.

Más relegada a lo que se espera de su personaje (y aunque no se sale tanto de este como le ocurre con otros roles) está Emilia Clarke como una Qi’ra que nos prometen que es interesante, pero que nunca nos fascina del todo pese a los toques de vestuario y fotografía que la hacen salida del cine negro de principios y mediados del siglo XX. Lo mismo se puede decir de otros personajes con los minutos contados como la revolucionaria L3-37 (Phoebe Waller-Bridge), Rio (Jon Favreau), Val (Thandie Newton) o Enfys Nest (Erin Kellyman).

No obstante, muchos pueden parar a pensarse si no será mejor imaginar el pasado, que verlo, pero el director Ron Howard se las arregla para que las diferentes piezas: las ya rodadas, las rodadas de nuevo y las rodadas por primera vez encajen en un film que vivió la marcha de sus primeros directores con gran parte de la fotografía terminada. Vaya, un rompecabezas.

El guion de Lawrence Kasdan y Jonathan Kasdan, aquel que tanto cambiaron los directores Phil Lord y Chris Miller antes de abandonar el proyecto por diferencias creativas, se mueve por los lugares comunes de las películas del oeste y los filmes clásicos de piratas, pero los presenta en un mundo de space opera para una nueva generación de espectadores. Asistimos a los puntos previsibles, a los momentos esperados, a los giros de guion (aunque ya nos acostumbramos con Los Últimos Jedi) y los giros noir de la femme fatale que se ven venir a la legua… Y quizás el gran problema es que, más allá del aire autoconclusivo de Rogue One, Han Solo parece iniciar una especie de saga para él solo, si es que no deciden continuar con algunos de sus elementos en los esperados spin-off dedicados a Boba Fett u Obi-Wan. Ahora tocará explicar el arco de Han, de cómo pasa de ladronzuelo a delincuente amoral con cierto buen corazón para convertirse de nuevo en un contrabandista cínico que conecte con el de Star Wars. Una nueva esperanza.

Quizás los problemas del rodaje, donde más se notan, es al principio con un montaje atropellado que no nos deja ver cómo fue el tiempo de Han dentro de la academia imperial, lo que quizás nos explicase un poco más su modo de ser y cómo no ha cambiando durante tres años. ¿Qué es esto? ¿Otro hueco para más futuras precuelas dentro de precuelas?

La película tiene buenas intenciones, aunque no las logre superar en todo momento. Es la historia de ese chico que sueña con cruzar las estrellas, pero también intenta ser un relato de amor, traiciones, aventuras, robos y demás intrigas que intentan dar trasfondo a simples menciones de Solo, como el Kessel Run o cómo ganó el Halcón Milenario. Quizás, lo mejor son los pequeños momentos en los que Howard decide relatarnos cómo Han se enamora del espacio y de su fantástica nave cuando cruzan Kessell y se convierte en el piloto que siempre ha querido ser. Ahí noto más "sinceridad", por así decirlo, o, tal vez, solo humanidad.
[Leer más +]
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Samurai Chanpurû (Samurai Champloo) (Serie de TV)
Samurai Chanpurû (Samurai Champloo) (Serie de TV) (2004)
  • 7,8
    7.487
  • Japón Shin'ichirō Watanabe
  • Animation
9
El camino del antihéroe
"I think I've found what I was looking for all this time. I, who was always alone, found friends for the first time. You two were my first friends".

Hoy he dicho adiós a unos amigos y, como todas las despedidas que merecen la pena, ha dolido. Terminar de ver Samurai Champloo es, ante todo, decir adiós a la joven Fuu, el samurai errante Jin y el despiadado antihéroe Mugen en su viaje en pos del Samurái de los Girasoles, la redención, el pasado y un par de elementos más que hacen de este anime de veintiséis capítulos una joya del mundo de la animación japonesa.

Si alguien me pidiese que definiera Samurai Champloo con una palabra escogería "ritmo": el ritmo que hace que cada capítulo se pase rápidamente y que también impulsa la mezcla de música de cada capítulo y es que "mezcla" es otra palabra perfecta (champloo significa "algo mezclado"), porque también tenemos la mezcla de géneros que convierte esta aventura de dos samuráis y una muchacha en busca de un personaje casi mítico en una alocada suma de humor, drama, hip hop, rap y muchos otros toques que la convierten en una serie única.

Samurai Champloo sabe cuándo ser descarada y cuándo ser seria, cuándo balancearse por el terreno del drama y cuándo jugar con la sátira social, cuándo probar con juegos narrativos exagerados y cuándo permitir que la animación transmita ese halo de gran leyenda perdida que acompaña esta obra.

Dirigida por Shinichirō Watanabe (el hombre tras la magistral Cowboy Bebop) en 2004, estamos ante uno de esos animes que, pese a tener algunos capítulos de relleno como la historia del béisbol o los zombis o que inciden en los mismos temas (prostitución, delincuencia, secuestros, temas de honor...), siempre sabe qué movimiento realizar o qué giro dar, como Jin y Mugen en medio de un duelo.

Y es que quizás, más allá de cómo está contada, Samurai Champloo es estupenda por su uso de unos personajes carismáticos, como la pequeña Fuu, que debe aprender a crecer durante su viaje, el atormentado Jin (que mató a su maestro) y el delincuente que escapó de los piratas Mugen. Los tres acaban cayendo bien debido a su imperfección, su orgullo y su modo de ver el mundo. A su alrededor se juntan seres variopintos que nos dan algunas historias que realzan una visión desmitificada y, a veces, extravagante de Japón.

Los últimos tres capítulos de Samurai Champloo se entregan a duelos épicos, momentos de tensión y reencuentros que arrancan más de una lágrima; quizás son la definición perfecta de encontrarse con unos amigos por última vez, pero ¿qué es: "por última vez"? En ese camino que se separa, uno nunca sabe si volveremos a vernos de nuevo. Lo que sí estoy seguro es que, tarde o temprano, volveremos a cruzarnos con ellos.

Publicada originalmente en https://bit.ly/2rU9hi5
[Leer más +]
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Avengers: Infinity War
Avengers: Infinity War (2018)
  • 7,6
    35.750
  • Estados Unidos Anthony Russo, Joe Russo
  • Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Benedict Cumberbatch, Chris Evans, ...
10
Thanos contraataca
No sé cómo se sintió el público que en 1980 escuchó a Darth Vader confesar a Luke Skywalker sus orígenes, la sensación de vacío que dejó la "pérdida" de Han Solo o esa derrota imperante de nuestros héroes en Star Wars: El Imperio contraataca. Puedo imaginarme su impacto, con ecos en el mío cuando vi la película muchos años después. Debería confirmar que es similar, seguramente, a lo que volví a sentir con el desenlace de Vengadores. Infinity War.

Por mucho que parezca fácil, crear una historia a lo largo de diez años con múltiples películas, enfoques y crossovers no es sencillo y, sin embargo, Marvel Studios lo ha hecho tan bien a lo largo de esta década que la evolución de su universo cinematográfico, desde Iron Man en 2008, hace que Infinity War sea una completa celebración de esos diez años. Y, alzándose sobre cualquier tipo de dificultad, los hermanos Russo (Anthony y Joe Russo) y los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely, bajo la batuta del productor Kevin Feige, han logrado crear un inmenso crossover que conecta todo un universo. No es sencillo, pero lo han logrado.

Si ya las películas más recientes del Universo Marvel Cinematográfico nos recordaban a los cómics con esa naturalidad con la que el Doctor Strange podía aparecer un par de minutos junto a Thor y Loki en Ragnarok, por poner un ejemplo de ese pequeño gran mundo que es el Universo Marvel en los cómics (donde Spider-Man se puede cruzar en un par de viñetas con docenas de grandes personajes), en Infinity War queda todo eso ejemplificado con cómo se conectan las diferentes historias de estos héroes con pies de barro, tal y como Stan Lee, Jack Kirby, Jim Starlin y tantos otros grandes artistas han ido reflejando a lo largo de su trayectoria en los cómics. Y es que si hablamos de adaptar el sentimiento de leer un cómic, Infinity War lo consigue en la gran pantalla.

Iron Man, el Doctor Strange, Spider-Man, Hulk, Capitán América, Thor, Gamora, la Viuda Escarlata, el Halcón, Máquina de Guerra, Pantera Negra, Drax, Mantis, Rocket, Groot... Son muchísimos personajes y todos ellos brillan en este espectáculo dedicado a conmemorar el imaginario del Universo Marvel y, aunque la acción es un no parar desde el primer momento y quizás haga falta un segundo visionado para reposarla (la película llega a abrumar como una gran ciudad), si algo tiene Infinity War es que dota a cada uno de sus héroes y villanos de geniales instantes que no aburren durante sus más de dos horas de duración.

La película brilla gracias a su conexión con el público durante diez años, a sus personajes y sus momentos, al uso de la fantástica música de Alan Silvesti y a tantos otros detalles como recuperar tramas aparcadas desde sus primeras películas (ahí tenemos el regreso de cierto villano) y recoger los traumas y miedos de cada uno de estos superhéroes, pero donde el film halla su alma es, precisamente, en la búsqueda de las gemas y en el plan de Thanos, el que seguramente sea uno de los mejores villanos gracias a su evolución desde la primera entrega de Los Vengadores. Pese a los cambios en sus motivaciones, aún encontramos muchos ecos de la Muerte de Marvel en la Gamora cinematográfica y en las acciones que emprende Thanos en uno de los momentos más melancólicos del film.

En otras películas de superhéroes recientes, asistimos a explosiones, muertes y destrucciones sin parar, aquí también, pero en Infinity War nos importan. Realmente hemos conectado con todos estos personajes que nos han acompañado desde 2008 e incluso mucho antes en los cómics. Eso no lo consigue cualquier film de superhéroes. Cuando conectas con estos personajes, de poco te importa que falten pausas o que algún efecto especial no parezca del todo cumplidor, la historia se vuelve lo más relevante.

Puede que muchos ya señalen que el Universo Marvel Cinematográfico juega con la idea de la "muerte, pero no" en muchas de sus películas con personajes como Coulson, Groot, Bucky..., pero esto es algo que proviene de los cómics con ese "hacer que todo cambie para que nada cambie en realidad". El "héroes vivirán, héroes morirán, pero nada volverá a ser lo mismo" persiste para el fan que disfrute del momento sin pensar en el horizonte, donde quizás las líneas alternativas atisbadas por Doctor Strange supongan algo más en el futuro.

Hay muchos grandes instantes en la película, con tramas especiales como el amor entre la Visión y la Bruja Escarlata, o ese Tony Stark que se convierte en la figura paterna de ese joven Spider-Man, sin olvidar la tortura de Nébula, el Quill asumiendo una promesa, la revelación sobre el destino de Gamora o ese Doctor Strange que huye de su humanidad para acabar aceptándola, ese Capitán América que ya no es lo que era o ese Thor que busca venganza tras haberlo perdido todo. Puede que más minutos nos hubiesen dotado de más momentos para desarrollar lo que piensa cada personaje, pero en un film tan enorme, el equivalente a una película épica en el Universo Marvel, la acción es frenética y se dedica a desarrollar todo el potencial de ese Thanos que, por medio de sus hijos, busca del equilibrio del universo.
[Leer más +]
8 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aniquilación
Aniquilación (2018)
  • 6,1
    21.866
  • Reino Unido Alex Garland
  • Natalie Portman, Oscar Isaac, Jennifer Jason Leigh, Gina Rodriguez, ...
7
A Lovecraft le gusta esto
Si las abejas desaparecieran del planeta, la Tierra sería inhabitable poco después. Si el ser humano desapareciera de la faz del planeta, la Tierra seguiría siendo habitable sin necesidad de nuestra huella en ella. Es interesante cómo la perspectiva lo cambia todo, ¿no? Aniquilación va sobre eso.

Aniquilación de Alex Garland da la impresión de ser dos películas en una. O un film a dos niveles. Por un lado, tenemos una amenaza y unas fuerzas monstruosas, dignas herederas del horror cósmico de H. P. Lovecraft que tan bien ha funcionado en películas como La Cosa (John Carpenter, 1982) o Alien (Ridley Scott, 1979). Por otro lado, tenemos una película metáforica sobre la autodestrucción de los personajes principales, con ese matrimonio encarnado por Natalie Portman como Lena y Oscar Isaac como Kane. Mientras que en la película anterior del director, Ex Machina, tanto la parte de ciencia ficción como la parte humana parecían funcionar perfectamente, en Aniquilación seguramente sea la parte humana la que mejor se desarrolla que el típico duelo contra monstruos, el ir muriendo uno a uno o los planes de unos ¿alienígenas?, que quizás resultan ser más humanos que los humanos o, tal vez, simplemente, algo mejor.

A lo largo del film, parece prohibido que pensemos. No podemos dudar de temas como el siguiente:
¿Por qué si la psiquiatra reúne a un equipo de personas fiables, elige a una que demuestra desde casi el comienzo cierta inestabilidad psicológica?
¿Por qué entran en la zona sin ningún traje de protección?
¿Por qué no recogen muestras y vuelven sin tener que ir al faro?
¿Por qué si los seres de la zona cambian todo a su alrededor, deciden "clonar" a los humanos casi al pie de la letra salvo su interior y el iris?
¿Por qué olvidan cuando el guion así lo quiere?
¿Por qué, en años, solo se le ocurre a los investigadores mandar equipos, militares o no, a la zona, en vez de buscar otras formas de erradicar esa posible "infección" en las partes que hacen frontera? ¿Por qué no se les ocurre la típica burrada de las pelis de lanzar una bomba atómica? Sí, ya sé que es bruto, pero...

Cualquier tipo de duda que se nos vaya presentando a lo largo de la película, creo que ni siquiera su director y guionista, Alex Garland, deseaba responderla. Él mismo, que ha afirmado que no releyó la novela en que se basa para adaptarla como si fuese un sueño, busca más la metáfora que la falsa lógica de ese mundo que está a punto de colapsarse. Garland tiene el suficiente talento para hacer que, por medio de sus habilidades como director, no pensemos demasiado en los huecos de guion o en las preguntas sin respuesta. Como en un sueño, no nos planteamos tanto la lógica, solo las intenciones y los sentimientos que nos transmite. Ya sea la doctora Ventress con su enfermedad, la joven suicida, la otra miembro que perdió a su hija o la que teme perder la razón, cada una de ellas transmite a un gran porcentaje de la humanidad y poco nos importa saber que pudieran aniquilarnos con tal de cambiar. Todas son imperfectas, como nosotros. Quizás el mundo sea mejor detrás de esa inmensa pompa verdosa y, más que un cáncer para el planeta, sea la vacuna que le cure de la verdadera enfermedad que somos los seres humanos.

Visualmente, Aniquilación es muy interesante y, quizás, por eso, ciega a algunos. ¿Es perfección visual, bombo y platillo o pretenciosidad? Pensada para estrenarse en cines (como ha hecho en USA), en el resto del mundo la hemos visto vía Netflix. Más allá de meterse en una pompa de jabón gigante o que tengamos monstruos hechos por CGI, la fotografía de ese mundo devastado alcanza algunas cotas oníricas que es lo que pretendía Garland en todo momento, mientras esa historia fragmentada busca ser más de lo que es en sus dos horas.

En definitiva, Aniquilación funciona mejor como la metáfora de la imperfección del ser humano, que como un film de ciencia ficción al que someter a estrictas reglas. El espectador debe decidir con cuál de los dos aspectos debe quedarse si no prefiere quedarse pensando en si la aniquilación podría ser lo mejor que le pudiera pasar a la raza humana. Spoiler: sí, sería lo mejor.

Crítica publicada originalmente en: http://elantrodelosvampirosyotrosmonstruos.blogspot.com.es/2018/04/critica-de-aniquilacion-de-alex-garland.html
[Leer más +]
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
1922
1922 (2017)
  • 5,4
    4.874
  • Estados Unidos Zak Hilditch
  • Thomas Jane, Molly Parker, Neal McDonough, Brian d'Arcy James, ...
7
Al final, siempre nos pillan
Nueva adaptación de un relato de Stephen King en Netflix tras que pudiéramos disfrutar recientemente de la versión de su novela: El juego de Gerald y, en el caso de 1922, el resultado también es bastante acertado.

Partiendo de la obra corta incluida en Todo oscuro, sin estrellas, puede que, si la película no da un paso más allá o no sorprende como debiera, sea porque tampoco estamos ante uno de los cuentos más conocidos de Stephen King. No obstante, el director y guionista de la cinta, Zak Hilditch, se las arregla para transportarnos a uno de esos relatos que el narrador de Maine narra con la gracia natural del autor de It (Eso).

Entretiene al entrar en la parte más oscura del ser humano, en ese matrimonio que ha acabado odiándose y en ese crío que pagará todas las consecuencias. Todo el mundo quiere algo y, al final, tienes que pagar por ello. Te guste o no.

1922 cuenta la historia de un granjero que se propone asesinar a su mujer, con ayuda de su hijo, para quedarse con sus tierras. El problema comienza cuando descubre que ningún pecado puede quedar sin recibir una condena, cuando cualquier crimen jamás permanece impune. Y es que la reina de las ratas, la Muerte, acaba llegando y nos susurra aquello que no sabemos si queremos escuchar. Cada uno debe decidir cómo ha jugado las cartas.

La cinta arranca muy bien, quizás escorándose más en lo previsible en su segunda parte y con algunos arranques que nos recuerdan al mejor King (esta vez en la pequeña pantalla), y sin ser una de las adaptaciones más famosas, seguramente sí es una de las más correctas que se han hecho del trabajo de King, sobre todo por un director que sabe dónde colocar su cámara y un casi irreconocible Thomas Jane que está magistral como ese inquietante protagonista, ese Wilfred que busca lograr sus objetivos, aunque sea manipulando a su hijo o a quien haga falta. Puede que sea la mejor interpretación del actor, que ya había protagonizado La niebla, otro film basado en la obra de King.

Pese a que el film nunca se decide entre el drama, el suspenso o el terror, 1922 juega con todos esos géneros y nos regala escenas tan inquietantes como la de ese pozo donde las ratas pronto comienzan a devorar un cadáver o ese invierno que llega incluso a la mente del protagonista.

Meritoria atmósfera la creada por Hilditch para 1922, que consigue ser inquietante, sobre todo en la construcción de la trama en sus primeros compases, bajo esa confesión que nos transporta a un comienzo de siglo sórdido y terrible, donde ese tan ansiado "sueño americano" no deja ser todo lo que vemos a nuestro alrededor, incluso cuando es una pesadilla.

Y es que el rey de las ratas, uniendo su cola con las de sus putrefactos súbditos, jamás dudará en seguir a los muertos para devorar a los vivos.

Crítica publicada originalmente en: https://elantrodelosvampirosyotrosmonstruos.blogspot.com.es/2018/04/critica-de-1922-stephen-king-vuelve-al.html
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mudo
Mudo (2018)
  • 4,6
    2.744
  • Reino Unido Duncan Jones
  • Alexander Skarsgård, Paul Rudd, Justin Theroux, Florence Kasumba, ...
7
¿Blade Ronin?
Duncan Jones, el director de Moon (a la que hace varios guiños en su nueva película), Código fuente y Warcraft, ha dividido al público con su nueva película: Mute (2018), disponible ya en Netflix, y que nos conduce a un Berlín del futuro para contarnos la historia de amor de dos personajes y el submundo oscuro que les rodea. Jones ha comentado que quiso que fuera su primera película, pero, en cambio, dirigió Moon y ahora ha vuelto a este guion para transformarlo en una historia futurista de corte noir cuando en la versión original trataba sobre mafiosos en la actualidad. ¿Y qué tal el resultado de la reescritura?

Mute es una película, hasta cierto punto, caótica o, simplemente, descompensada entre tantos momentos histriónicos o viscerales, dignos del Ronin de Frank Miller. Hay momentos que son más dignos de un videoclip o de un corto, que de un film de dos horas. Nunca sabemos muy bien cuál es su propósito, porque se ve abordada por varios personajes desagradables y sus subtramas. Cuando están conectados, ya parece demasiado tarde para ejecutar un final digno, optando por una versión descafeinada de un Nicolas Winding Refn de Solo Dios perdona (y que nos hace dudar si el protagonista es Leo, Cactus o la pata de la cama con el delfín tallado).

Puede que el problema, más allá de sus dos horas de duración y su ritmo, a veces entre la parsimonia y lo falsamente frenético, esté en su dificultad a la hora de focalizar cuál es la auténtica historia. ¿Trata sobre Leo, el camarero mudo, amish, que en las últimas escenas se convierte en una especie de Frankenstein? ¿Es Cactus, el personaje amoral y salvaje de un Paul Rudd alejado a los registros que nos tiene acostumbrado? ¿O es el asqueroso Duck, un Justin Theroux que da grima con solo verlo? Ninguno de estos personajes cae excepcionalmente bien (y no tienen por qué hacerlo), pero la película, lejos de parecer coral, lo que se antoja es que escora con unos personajes que tienen arranques que surgen más del guion que de sí mismos, porque, realmente, ¿cuál es la finalidad en la trama de que Duck decida darle voz a Leo? ¿Por una estúpida venganza? A su vez, temas como la pederastia o la explotación sexual quedan como un accesorio que no acaba de encajar en la propuesta.

El espectador tiene que hacer un esfuerzo por creerse esta película y aceptarla con sus limitaciones. No es fácil. Alexander Skarsgård da vida a ese ingenuo camarero, pero no es el silencioso Ryan Gosling de Drive o Solo Dios perdona. Paul Rudd y Justin Theroux levantan la película con sus apariciones, pero sus personajes son repulsivos y se siente que no reciben el tratamiento que merecen en cuanto a su desarrollo (salvo quizás el lunático de Rudd). Seyneb Saleh como Naadirah hace todo lo que puede con el metraje que le corresponde. En el reparto aparecen, brevemente, personajes interpretados por Noel Clarke, Dominic Monagham o Robert Sheehan, pero solo añaden extrañeza a esta película que es más visual que cerebral.

No obstante, si hace poco comentaba que era justo que algunos críticos alabasen Aniquilación por el simple hecho de que no se proponía responder a las preguntas y sus dudas, es irónico cuanto menos que a Mute se la acusa de sus innumerables incoherencias y no se intente disfrutar de una trama que si bien no es perfecta, al menos es un ciberpunk decente (¿y con un final optimista?) para estos tiempos indecentes. Eso sí, el Blade Runner de Berlin está bastante conseguido con una visión del futuro que, salvo los coches voladores, no nos extrañaría ver en una década. Como siempre, es un ciberpunk abarrotado de referencias a otras películas y a un estilo que ya conocemos, pero nunca está de más ver a un director con tanto talento como Duncan Jones que decide recuperarlo bajo la partitura de Clint Mansell, con temas de Nirvana a piano o la versión del Heroes de David Bowie que hizo Philip Glass (no olvidemos que la película está dedicada a David Jones, es decir, David Bowie, el padre de Duncan Jones).

Más allá de los límites del propio film, muchos parecen pedir la cabeza de Jones por haber realizado esta película o sueltan comentarios como "que hiciera una película tan buena como Moon fue pura suerte", pero un servidor piensa que el arte es para los artistas y los artistas de verdad son los que experimentan y arriesgan. No se puede decir que Jones no lo haya intentado una vez más.

Afirmaba el director Martin Scorsese que sistemas como Rotten Tomatoes se habían convertido en los enemigos del cine por esa forma de tachar una película de buena o mala, nada más de estrena, como si fueran calificaciones de unas notas escolares, y daba ejemplos de clásicos que dividieron a la crítica como El mago de Oz y que ahora son reconocidos como obras maestras. En los '80, esto sucedió con Blade Runner, criticada sin pausa hasta convertirse, poco a poco, en una obra de culto. ¿Ocurrirá esto con Mute? Seguramente, deberemos esperar, pero la película de Jones tiene suficientes toques como para merecer su visionado, siempre que se la comprenda como imperfecta, igual que cada una de las personas que cruzan su trama en ese Berlín neblinoso del mañana.

Crítica publicada originalmente en: https://elantrodelosvampirosyotrosmonstruos.blogspot.com.es/2018/04/critica-de-mute-duncan-jones-2018-el.html
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La niñera
La niñera (2017)
  • 5,4
    4.497
  • Estados Unidos McG
  • Judah Lewis, Samara Weaving, Leslie Bibb, Bella Thorne, ...
5
Mary Poppins kills!
Imagina tener doce años. Y también a una niñera que es la criatura más maja del mundo. Y una noche te da por quedarte despierto y ver qué hace ella cuando se supone que tú estás en el quinto sueño. Y descubres que queda con sus amigos... Y ha formado una especie de secta para realizar sacrificios humanos.

Ahora, sed sinceros, ¿a quién no le ha pasado esto?

El párrafo anterior, lejos de ser un recuerdo traumático, es el "argumento" de The Babysitter (McG, 2017), un film perfecto para cuando quieres ver (preferiblemente con colegas) una película, pero no cine, y que hace que cualquier persona que sintiese algo de horror con Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964), alucine (sí, de todo hay en este mundo). El tráiler ya hace spoiler de casi toda la película así que tampoco hay grandes sorpresas, no es como cuando en Bienvenidos al fin del mundo (Edgar Wright, 2013) pasa de ser una comedia de amigos a un film de... ciencia ficción o algo así.

The Babysitter resucita (o intenta resucitar) el terror ochentero de películas como Noche de miedo, pero cae, rápidamente, en lo esperable (más allá de un arranque un poco prometedor). Que se convierta en un híbrido de Solo en casa con gore tampoco ayuda demasiado, al igual que un humor que lejos de ser transgresor es, simplemente, un poco casposo (todo después del sacrificio lo es, sobre todo cuando cierto personaje recibe un disparo en cierta parte...).

De poco ayuda que sus creadores piensen que están haciendo algo realmente transgresor con escenas como dos chicas besándose a cámara lenta. En serio, en pleno 2018, ¿alguien se escandaliza con esto? Y es que la película, a partir de que empieza el tema del sacrificio, no deja de ser la típica película de serie b que no acierta en ser lo suficientemente mala para provocar carcajadas ni lo suficientemente satírica como para suponer una crítica al estadounidense medio.
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
EMO the Musical
EMO the Musical (2016)
  • 5,6
    78
  • Australia Neil Triffett
  • Benson Jack Anthony, Jordan Hare, Rahart Adams, Jon Prasida, ...
7
¿Jesús era emo?
¿Usted se ha parado a pensar alguna vez en que Jesucristo lloraba por los pecados de otros, acabó muriendo en la cruz por los males de los demás y que se pasó toda su vida siendo perseguido y acabó pagando por los estragos de la raza humana... y eso hace que sea un poco... humm... emo? Yo nunca lo había pensado y solo por este número musical, ya EMO The musical ha valido la pena:

Y lejos de ser solo una película tontorrona para adolescentes (que lo es, no vamos a mentirnos), también tiene algunos toques de humor lo suficientemente graciosos (o, al menos, lo intentan) para levantar su mensaje de: sé tú mismo, por encima de cualquier moda. Los emos viven de sus apariencias: Bradley es una diva que quiere quedar bien con su ídolo emo, Roz finge que no le gustan los deportes, Ethan es una mentira que se ve dividida entre lo que es y lo que quiere ser y Jay..., bueno, a Jay le va bien. Sus "enemigos", los cristianos, tienen a un chaval que se somete a descargas eléctricas para no ser homosexual, a Jamali, una chica de Sri Lanka embarazada (de modo inmaculado), a la pobre Trinity que intenta bautizar a todo Cristo (je, chiste fácil, lo sé) y de líder a un Isaac que da asco con solo ver cómo se comporta con Jamali. Por otra parte, tenemos ahí ese instituto que vive de la subvención de una farmacéutica que les da antidepresivos a todo el mundo (un poco de crítica al mundo educativo nunca viene mal). Es decir, apariencias y más apariencias.

Todo esto con el estilo de un musical adolescente. Los números musicales no son siempre espectaculares ni nada del otro mundo, puede que sus letras no sean tan ingeniosas como desearíamos ni su ritmo tan pegadísimo, pero el aire majo de la propuesta hace que merezca su visionado para el espectador que no espera nada más que un grito generacional. No esperen rock corrosivo ni un verdadero conflicto, solo ese submundo adolescente donde la música podría ser una forma de expresarse.

Neil Triffet dirige la película a partir de un corto y, aunque no se siente excesivamente alargada su premisa, se nota cierto ímpetu a la hora de intentar levantar un musical de bajo presupuesto australiano, que mira con aire de sátira al género "musical adolescente" y de comedias ácidas como Mean Girls (Mark Waters, 2004).

Más allá de duelos entre tribus urbanas oscurillas como los emos y grupos de jóvenes cristianos enfrentados entre su fe y lo que desean ser, EMO the musical es una película maja, no lo suficientemente subversiva para verla quinientas veces, pero tampoco lo suficientemente idiota como para que las televisiones la emitan unas quinientas veces. No obstante, prefiero el aire un poco macarra de esta propuesta si la alternativa es la versión popera de los típicos musicales adolescentes. Y es que ninguno, hasta hoy, me había hecho preguntarme: ¿era Jesús un emo?

Crítica publicada originalmente en: https://goo.gl/CCYcSS
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bright
Bright (2017)
  • 5,1
    13.245
  • Estados Unidos David Ayer
  • Will Smith, Joel Edgerton, Noomi Rapace, Lucy Fry, ...
6
Canción triste de Middle Earth Street
La crítica... El público... Qué gran abismo separa ambos mundos, ¿no? Pocas películas recientes han generado tanto debate como Bright, la producción más cara realizada por Netflix hasta la fecha. Dirigida por David Ayer y escrita por Max Landis, la audiencia se ha visto dividida entre los que la adoran y los que la odian, mientras que la crítica no ha dudado, casi de modo unánime, en suspenderla o vilipendiarla. Pese a todo, Netflix sigue para delante con la idea de realizar una secuela. ¿Y en qué quedamos? ¿Es una película entretenida o aborrecible? Puede que sea hora de reivindicar el pensamiento y la opinión propia (¡oh, herejía!) antes de seguir los "dictamines" de páginas como Rotten Tomatoes. Al fin y al cabo, no sería la primera vez que una web que forma parte de un conglomerado mediático nos dice qué tenemos que pensar, ¿no?

Max Landis crea un mundo de fantasía épica que ha evolucionado desde las guerras contra señores oscuros, donde elfos, enanos, orcos y otras criaturas combatían por el poder de la magia o una varita. Una vez desterrado el Señor Oscuro, el mundo ha seguido girando hasta llegar a una versión de nuestra sociedad actual, pero donde los pandilleros suelen ser orcos y los ricachones suelen ser elfos. A todas estas, el agente de policía Ward (Will Smith) y su compañero orco Jakobi (Joel Edgerton) deben hacer frente a diversas amenazas que pueblan las calles: pandillas, guerreros borrachuzos, hadas... Y, en medio, unos elfos, los inferni, conspiran para, mediante una varita mágica, hacer regresar al Señor Oscuro.

Incluso recordará a Alien nation, pero con un cruce con El Señor de los Anillos. Y, aunque busquemos excusas, Landis propone todo esto mediante unos juegos que, a veces, hace que pensemos que estemos ante un mundo más interesante, quizás, que la trama que nos cuenta. Durante los primeros treinta minutos de la película, la construcción del mundo de Bright se mueve entre la ironía, la alegoría y un par de recursos entretenidos. Nunca habíamos visto grafitis de orcos en las calles ni a elfos conduciendo deportivos. Puede que lo macarra nunca sea lo suficientemente satírico, otra cuestión es si el film va detrás de esos derroteros.

¿Se imagina un mundo alternativo donde J. R. R. Tolkien se hubiese dedicado a escribir guiones para series policiales y hubiera decidido incluir su pasión por otras lenguas, criaturas y razas como El Señor de los Anillos? ¿No? Bien, Bright no es tan brillante como Tolkien, pero puede servir para que se haga una idea de lo que es este film. En el mundillo del cómic tenemos el equivalente con Top Ten de Alan Moore y Gene Ha, donde los policías eran superhéroes. Bright no es tan incisiva como la obra de Moore, pero, quizás, ayuda a las comparaciones (aunque estas, como todo el mundo dice, siempre son odiosas).

Bright no deja de ser una película de una pareja de policías que deben hacer frente a asesinos, delincuentes, pandilleros y conspiraciones dentro del propio cuerpo policial. Sin embargo, a todo esto se le mete el tema de los elfos asesinos, los inferni, el poder de la varita y otros elementos del género fantásticos que se mezclan en un cóctel que, si bien no es indigesto, tampoco es realmente sorprendente, porque la película muestra unos fallos que no sabemos muy bien si proceden de Ayer y sus cámaras lentas, su "vamos a poner una canción" o su acción muchas veces rematada en la sala de montaje, o del guion de Max Landis, que quizás no brilla tanto como en la fantástica Dirk Gently. Por ejemplo, nos presentan a los elfos asesinos como unos psicópatas imparables en la escena del club y, en el alargado clímax, mueren sin poner muchos problemas (salvo, quizás, el personaje de Noomi Rapace, que vuelve pues... pues porque sí, porque "es la más mala y es la que más mola de todos", pensarían sus creadores). A lo que añadimos que el "realismo" de la propuesta se va a hacer gárgaras cuando cae en los clichés de la fantasía épica y su "vamos a resucitar personajes mediante la magia" (la escena de Tikka en la iglesia).

Y, pese a todo, aunque parezca que he vomitado la bilis al verla... Me lo he pasado bien. Bright es entretenida. Dura dos horas (y, a veces, se nota en demasía con ese humor algo infantil, poniendo notas de "dame una patada" en la espalda del orco) y sus diálogos a modo de latiguillo (algunos terriblemente forzados, como esa súplica de Altamira en el duelo), pasan entre lo divertido y lo risible (muchas escenas entre Jakobi y Ward acaban resultando graciosas cuando supuestamente no deben serlo), si es que somos capaces de abstraernos y nunca tomarnos demasiado en serio esta cinta de fantasía épica urbana, si es que podemos inventar una especie de género. Aquel que desee hacer profundos análisis sobre la monstruosidad convertida en símil de la marginalidad o las diferentes razas "mágicas" como una versión de la magia real, puede que se dé con un canto en los dientes. No estamos ante un film filosófico, estamos ante un mero entretenimiento que no busca ser sesudo ni tan brillante como su nombre indica.

¿Y es horriblemente mala como ha señalado algún crítico? Si nos centramos en otras películas estrenadas en cines en 2017, el mismo año en que Bright debutó en Netflix, hallamos horrores como La Torre Oscura o Death Note que nos hacen replantearnos si la crítica no se la tiene guardada a Ayer por culpa del Escuadrón Suicida.

Mientras esperamos que Bright vuelva a Netflix con una segunda entrega que aguardamos que pula algunos de los defectos de su inicio, nos preguntamos en qué punto las críticas de los expertos (y no tan expertos) comienzan un murmullo que pocas veces es real. No será la primera vez que la vox pópuli hable de que algo es horrendo y a un servidor le parezca, cuanto menos, entretenido... Y es que quizás no está mal ver ciertas películas sin tener empuñar una daga con la que atravesar hasta un film digno o no de Mordor.

Crítica publicada originalmente en: https://bit.ly/2pLgxM1
[Leer más +]
Sé el primero en valorar esta crítica
Charlie y la fábrica de chocolate
Charlie y la fábrica de chocolate (2005)
  • 6,7
    91.943
  • Estados Unidos Tim Burton
  • Johnny Depp, Freddie Highmore, David Kelly, Deep Roy, ...
6
Tim Burton y la fábrica de chocolate
Puede que dentro de la filmografía de Tim Burton Charlie y la fábrica de chocolate no ocupe uno de los lugares más destacados e incluso divida a los aficionados al séptimo arte: muchos la odian, otros la ven como uno de los gestos inequívocos de la caída de la trayectoria de Tim Burton. En mi caso, sigue pareciéndome una de las películas más interesantes del director estadounidense, en parte por la atmósfera fantástica de fábula, que transmite a través del cuento original de ese gigante de la imaginación que fue Roald Dahl, escritor del libro original en el que se basa el film.

Durante años, confieso que me sentí entre atraído y repelido por esta película de Tim Burton. Había algo en su estética que me chirriaba y, en ocasiones, me llamaba. A finales del año pasado, sin embargo, la vi de nuevo con mi familia y... No sé si fue un milagro, pero entendí de qué iba realmente la cinta, más allá de cualquier defecto propio o ajeno.

No negaré que Burton puede que pierda el horizonte en algún momento, cuando los desbordantes y coloridos decorados imposibles (que, a menudo, usaron golosinas de verdad) y el uso de los efectos especiales crean un mundo dentro de esa fábrica de chocolate que a todos nos gustaría visitar algún día, pero considero que sigue siendo una historia lo suficientemente humana gracias a Charlie (Freddie Highmore, quien ya había trabajado con Depp en Descubriendo nunca jamás) como para que funcione.

Y es que Johnny Depp, como Willy Wonka, interpreta a un personaje al que no le terminan de gustar los demás seres humanos, extravagante y supuestamente inspirado en Michael Jackson según algunos apuntes de la época. Además, la cinta cuenta con las apariciones de actrices como Helena Bonham Carter o ese titán de la interpretación al que siempre echaremos de menos, Christopher Lee.

En la película, el mensaje del cómic, el subtexto de la educación a los niños y la crítica a los padres, está ahí, al igual que la defensa de que el héroe más puro, más bondadoso, el que elige a su familia y la pobreza antes que la soledad y la riqueza, siempre será capaz de cambiar las cosas a mejor. Toda una moraleja que no está de más recordar.

Por su parte, la música de Danny Elfman cumple como un elemento más de toda película de Tim Burton, incluso cuando se vuelve más lunática por culpa de esos oompa-loompas de Deep Roy que, en su versión en español, contarán con un doblaje todavía más chirriante que las voces originales, que rinden culto a diferentes estilos musicales.
[Leer más +]
Sé el primero en valorar esta crítica
Cowboy Bebop (Serie de TV)
Cowboy Bebop (Serie de TV) (1998)
  • 8,0
    15.050
  • Japón Shin'ichirō Watanabe
  • Animation
10
Ocho motivos para ver Cowboy Bebop
Si pidiéramos a varios aficionados que nos hicieran una lista de animes que ver, seguramente, en la mayoría de ellas, aparecería una historia con un nombre propio que, a son de música, nos evocará al western, las aventuras y el espacio, esa última frontera. Su título es Cowboy Bebop y es una serie que ha marcado a varias generaciones de seguidores de la animación japonesa. ¿Por qué? Porque es una obra fundamental, entretenida, llena de moralejas, con docenas de trucos sobre cómo contar historias y, seamos sinceros, porque es épica. Aquí os dejo ocho motivos por los que verla.

1. La historia
Cowboy Bebop es un anime de 1998 que nos conduce a un futuro de tecnología marchita, forajidos terribles y cazadores de recompensas. Nuestro protagonista es Spike, uno de estos cazadores, que junto a su amigo Jet persiguen a los diversos delincuentes que plagan el universo para lograr un par de billetes con los que malvivir en un universo más allá de las leyes. A su tripulación pronto se suma el perro Ein, la femme fatale Faye Valentine y la extraña (¿o extraño?) Ed. Juntos, vivirán grandes aventuras, tragedias y desdichas marcadas por un aura de western y cine negro, donde la sombra del pasado de Spike siempre les perseguirá, al igual que la imagen de Julia y el pérfido Vicious, dos piezas claves del ayer de Spike.

2. Más que recomendable
Como siempre que se habla de una obra importante, escribir sobre Cowboy Bebop nos llevaría a ensayos de cientos de páginas; por lo que este comentario lo enfoco como un "por favor, vedla" y porque os pido esto: simplemente, hay pocas historias que impacten tanto como algunos de los capítulos autoconclusivos de la serie.

3. Una mezcla de géneros
Cuando George Lucas creó Star Wars, lo hizo como un cuento de hadas en un mundo espacial marcado por el western. Es decir, unió todo aquello que le gustaba desde la niñez. Cowboy Bebop surge también como un híbrido, aunque más que de un cuento de hadas, lo que tiene es cine de artes marciales al estilo Bruce Lee y cine noir (con la yakuza), al que se añade la capa de space opera y western. Shinichirô Watanabe dio así lugar a una pieza que ha marcado a los fans o no del anime con el paso de las generaciones (de ahí su colaboración en Animatrix y Blade Runner: Blackout 2022).

4. Una historia de historias
Muchos de los capítulos de Cowboy Bebop son autoconclusivos, aunque hay cierto hilo argumental hacia el que apunta la serie. Puede que no todos los capítulos sean perfectos, que hay alguno que podríamos saltarnos y no pasaría nada, pero todos son entretenidos, incluso aquellos más extraños como el de la nevera con algo podrido que recuerda a Alien o el episodio dedicado a los traficantes de setas. De resto, la mayoría son buenos o muy buenos, con algunos momentos sobresalientes, como el primer enfrentamiento entre Spike y Vicious, la revelación sobre el origen del brazo cibernético de Jet o el enternecedor encuentro de Faye con su pasado a través de una vieja cinta de vídeo. Por no mencionar ese cierre de la serie que nos va preparando para lo más trágico.

5. Personajes geniales
Una vez el espectador está a bordo de la BEBOP, nuestros compañeros empiezan a ser colegas, desde Spike con esa dualidad entre vago cazarrecompensas y antihéroe, pasando por Jet con su pasado a cuestas, sin olvidar al tontorrón Ed o la estupenda Faye. Todos ellos son humanos y hacen lo que pueden para sobrevivir en una galaxia hostil. La serie no duda en profundizar en ellos cuando hace falta y sorprender así al lector.

6. Animando el futuro
La animación y los diseños de la serie son sobresalientes. No solo recogen la atmósfera de esas naves destartaladas de Star Wars o Alien, sino que le suma conceptos propios. Ahí tenemos la BEBOP, la Swordfish, la Red Tail y la Hammerhead. El espacio de Cowboy Bebop es único, como sus personajes, vestuarios, gestos...

7. Bailando con el universo
Otro punto más que reivindicable es la estupenda banda sonora. No solo se hacen homenajes a canciones conocidas en los títulos de los capítulos (como Sympathy for the Devil o Bohemian Rhapsody), sino que, a lo largo de la serie, tenemos diferentes estilos: rock, blues, folk, country, etc. Todo ello hace de la experiencia de ver la serie una de las mejores que podemos tener.

8. Reivindicando el legado de la BEBOP
A lo largo de los años, Cowboy Bebop ha tenido un gran éxito de crítica y público, lo que la convierte en un clásico moderno de la animación. Pese a que la serie ha contado con una película de animación Cowboy Bebop: Knockin' on Heaven's door, un corto a imagen real Cowboy Bebop PV: Don't Bother None y diversos videojuegos, la adaptación a imagen real todavía no ha llegado (aunque siempre se ha rumoreado que Keenu Reeves encarnaría a Spike). Puede que sea mejor que, antes de que llegue la película de marras, vean la serie.
[Leer más +]
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desaparecida (Serie de TV)
Desaparecida (Serie de TV) (2016)
  • 7,8
    2.265
  • Japón Tomohiko Ito
  • Animation
9
La ciudad en la que solo falto yo
La ciudad en la que solo falto yo sería el título exacto de Boku dake ga inai machi, que se ha titulado en España como Desaparecido debido al Erased inglés, pero creo que no recoge toda la poesía de este dramón de anime que, con sus más y sus menos, se ha convertido en uno de mis favoritos.

Pienso que el suspense y la misión de Satoru están muy bien llevados en todo momento. Nos convertimos en amigos de Satoru, Kenya y su pandilla en su intento de salvar a las tres víctimas del asesino y evitar que acabe entre rejas un inocente. A su vez, el misterio sigue creciendo y, del mismo modo, la pregunta: ¿será Satoru capaz de evitar la tragedia? Y pienso que, por estos motivos, el anime es altamente adictivo y no es raro que nos lo terminemos rápidamente (dos días en mi caso).

Los enigmas se plantean a medida que pasan los capítulos y, de ahí, los constantes cliffhangers que encadenan un capítulo tras otro y que no suelen resolverse mediante trampas argumentales. Hay varios giros y cambios de rumbo en la serie, que, nos los imaginemos o no, hacen que sea un placer disfrutar de ellos, porque todos, más de una vez, hemos luchado contra las agujas del reloj, contra lo que es imposible cambiar, pero desearíamos que no lo fuese.

Volviendo a lo positivo, la animación en todo momento es maravillosa y deja varias escenas para el recuerdo, como ese parque donde Satoru ve por última vez a Kayo o ese puente donde se refugia Satoru y Airi, por no decir todos esos recuerdos cinematográficos donde cae nuestro protagonista. Del mismo modo, más allá del fantástico opening, la música cumple gratamente, creando esa atmósfera de nostalgia que se repite a lo largo de la serie.

Erased tiene cierto sentido de la amistad que bien recuerda al IT de Stephen King, pero también a los viajes temporales que plantease King en 11-22-63 y, si nos alejamos del autor norteamericano, recordamos películas sobre paradojas como El efecto mariposa o El muelle, y, si viajamos de nuevo hacia el país del sol naciente, ahí está el ejemplo de la reciente Your name, que también abordaba los viajes temporales. Si entramos en el terreno de las (odiosas) comparaciones, por suerte, Erased no cae en el terreno de lo infantil como SAO, tampoco en los rompecabezas más retorcidos como Death Note ni en lo repetitivo de animes como Ajin.

Basada en el manga de Kei Sanbe, Erased cuenta además con una adaptación a imagen real que está disponible ya en Netflix. Como me ocurrió recientemente con The End of the Fucking World, espero que no haya segunda temporada que desvirtúe la primera. Eso sí, imagino que pronto habrá un live action, como en otros casos.

En definitiva, Erased (o La ciudad en la que solo falto yo, me encanta este título) es un anime de lo más recomendable, perfecto para todos los que buscan una obra conmovedora, con suspense, amistad y viajes temporales.
[Leer más +]
4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pantera Negra
Pantera Negra (2018)
  • 5,9
    25.014
  • Estados Unidos Ryan Coogler
  • Chadwick Boseman, Michael B. Jordan, Lupita Nyong'o, Danai Gurira, ...
8
Marvel Studios tiene un nuevo rey
En cierto momento de la película, el personaje de la hermana pequeña del rey T’Challa, Shuri, le dice a su hermano que porque algo funcione, no quiere decir que no se pueda mejorar. Y esta frase bien podría ser el paradigma que resuma los diez años que Marvel Studios nos lleva entregando su universo cinematográfico. Desde Iron Man hasta Los Vengadores y llegando hasta los Guardianes de la Galaxia y más allá, Marvel ha redefinido constantemente el “género” de superhéroes y, permíteme las comillas, pero es que la hibridación entre géneros es una de las claves. Black Panther lo consigue de nuevo con una película sobre dramas monárquicos, África, el racismo, la colonización, la esclavitud, James Bond y los superhéroes. Y lo logra fantásticamente bien.

Alejándose del constante humor de otras propuestas de Marvel (que a algunos les enerva y a mí me encanta), el director Ryan Coogler (responsable de Creed) lleva a la gran pantalla al personaje creado por Stan Lee y Jack Kirby, dos genios que lograron hablar sobre problemas reales a través de mundos ficticios y, con Black Panther, crearon una mitología propia con la que acercar África a los chavales que leían cómics. Este mismo hallazgo lo consigue Coogler con un casting, una historia y un guion que nos presentan a Wakanda como una clave más del Universo Marvel y lo hace en una época donde resulta más que necesario.

Como bien dice T’Challa ante la ONU, en estos tiempos, los sabios construyen puentes y los necios barreras. Dicho comentario, tan extrapolable a nuestra actualidad (con charlatanes convertidos en presidentes y un mundo que los sufre) se percibe en Black Panther ya sea hablando del secuestro de mujeres en África, el contrabando de recursos del Tercer Mundo, el racismo en Estados Unidos, la crisis de los refugiados, la dificultad de cambiar el mundo… Temas que no parecen propios del género de superhéroes, pero que Coogler y Joe Robert Cole tocan en su guion con una facilidad inusitada, en medio de sus dramas dinásticos y sus aventuras cómiqueras.

Por mucho que la “crítica especializada” española hable de una película sobre orígenes, en realidad, Black Panther es una pieza que continúa y desarrolla el Universo Marvel. Ya conocimos a T’Challa en Capitán América: Civil War, en la cual ya tenía un arco de evolución sobre la venganza y lo que supone ser un nuevo héroe. Aquí se habla de cómo T’Challa debe asumir ser un héroe, pero también un rey y saber que ya no tendrá a su padre a su lado. Y Chadwick Boseman consigue, en todo momento, que empaticemos con su personaje, desde los descubrimientos personales que hace hasta en su rol como esperanza de su pueblo y sus debates sobre qué es y qué no es lícito a la hora de ayudar al mundo.

En medio de tanto “drama”, también hay lugar para la aventura al estilo James Bond, con la fantástica Shuri (Letitia Wright, a la que hemos visto recientemente en Black Mirror) encarnando a una especie de Q o de Lucius Fox, y un Black Panther que se transforma en todo un agente secreto, que cuenta siempre con su guardaespaldas Okoye (una Danai Gurira heredera de la gran Grace Jones) y la espía Nakia (Lupita Nyong’o).

Como veis, el pulp de los cómics funciona, pero también los roles de la mujer. A diferencia de otras películas de superhéroes, aquí hay numerosas mujeres y todas hacen algo, siendo roles importantes dentro de la función, como el de la propia madre de T’Challa: Ramonda (una Angela Bassett que ojalá hubiera sido Tormenta en los X-Men). Y es que, en general, todo el reparto está lleno de estrellas (muchísimas como para ser citadas todas aquí) y es fantástico, desde los breves papeles de Forest Whitaker como Zuri, Andy Serkis como el vicioso Klaue (que ya conocimos en La Era de Ultrón), Martin Freeman como un estupendo Everett Ross, Winston Duke como el rey M'Baku o Daniel Kaluuya como W’Kabi, hasta llegar a un villano bastante interesante como es: Erik Killmonger, un Michael B. Jordan que se libra de la condena de haber sido la Antorcha Humana en cierto reboot olvidado e interpreta a un “villano” orgulloso, muy interesante. A menudo, el público se queja de los villanos de Marvel y aquí se nota que hay cierto deseo de romper lo habitual: la película comienza con el padre del villano narrándole a su hijo qué es Wakanda, el villano está devorado por la venganza y por todo lo que ha perdido y su deseo de ver arder el mundo y tomar lo que es suyo puede ser creíble; empatizamos con él, con ese chaval que no puede llorar porque sabe que el destino de todos es morir. Además, posee una de las mejores escenas finales del Universo Marvel.

Puede que las dos horas de acción y aventuras resulten aburridas para algunos espectadores, pero, para mí, cumple gratamente, porque desarrolla a sus personajes. Sí, todos esperamos cómo retorna cierto personaje y nos imaginamos el final desde que la película nos da algunos indicios, pero si nos alejamos de la parte más fría del proceso analítico del guion y los arcos argumentales, es entretenida, es divertida y nos cuenta algo muy importante: cómo debemos decidir trascender el legado para convertirnos en lo que debemos ser, cómo debemos convertirnos en ejemplo en tiempos oscuros y cómo debemos tender puentes cuando otros quieren quemarlos.

Considero que es loable que Black Panther, en dos horas, nos presente tantísima mitología sobre el personaje y lo haga de un modo natural, poco forzado. Nada se siente excesivamente esquemático, recargado y es un placer que T’Challa no se convierta en el típico superhéroe que vemos surgir de un modo que va de A a B sin más. Hay muchos personajes a su alrededor, hay mucho del misticismo de los suyos, hay muchas claves y potenciales hechos a desarrollar en futuras películas. Sin duda (y como se confirma en las dos escenas tras los créditos), Wakanda jugará un papel muy importante en Los Vengadores: Infinity War (cuyo tráiler ya impacta con solo verlo en la gran pantalla, imaginemos la película...).
[Leer más +]
24 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin City 2: Una dama fatal
Sin City 2: Una dama fatal (2014)
  • 5,7
    7.837
  • Estados Unidos Robert Rodriguez, Frank Miller
  • Mickey Rourke, Josh Brolin, Jessica Alba, Joseph Gordon-Levitt, ...
5
¿Mataríamos por esta película?
Cuando vi Sin City allá por 2005, pensé que era una gran película por su fidelidad a Frank Miller y su cómic, su extravagancia y su homenaje al cine negro. Con los años, he aprendido que una adaptación cinematográfica de un cómic o un libro puede ser más fiel al espíritu de este que a su propia forma. Por mucho que incluyas transiciones o elementos del tebeo, hay cuestiones de un medio que no suelen funcionar en otro, como decía Alan Moore. En el caso de Sin City y su secuela, que tardíamente ha llegado a España (y de manos de Netflix), se confirma que Robert Rodríguez y Frank Miller pensaron que una adaptación sería coger el cómic de Sin City y sacudirlo para que tenga movimiento, porque la cinta es exactamente eseo: un cómic en movimiento. ¿Qué es lo malo entonces? Que en esta secuela, esos elementos no funcionan como en su predecesora, y que, a veces, no parece cine.

A dame to kill for, pese a sus intentos de ser un homenaje al cine noir y recoger todo lo grande que ha hecho Frank Miller, se resiente por unos diálogos que son mejores cuando se leen que cuando se pronuncian y por una historia de historias que resulta finalmente deshilvanada y carente de la efectividad y los golpes que nos propinaba la primera entrega de Sin City. Las situaciones resultan tan caricaturescas y exageradas, dignas de parodia, como el maquillaje de Mickey Rourke o las chicas de Gail (el personaje de Rosario Dawson), por no decir que repetitivos: como esa Jessica Alba que no se cansa de bailar (aunque tenga una loable profundización en el último tercio) o ese Dwight de Josh Brolin que parece que tarda en comprender en demasía a Ava, el personaje de la siempre genial Eva Green. ¿Es una mala película? No lo creo. Considero que si el espectador acepta las reglas del juego y decide saltarse cualquier problema, puede que la película le encante.

En el apartado técnico, tanto los efectos especiales, como el maquillaje, el vestuario y la fotografía luchan por trasladar la estética del cómic a la gran pantalla, pero, en muchas escenas, resulta chocante, forzado y un ejercicio de estilo que poco aporta para una película que podría ser mucho más de lo que es, con un reparto de estrellas encabezado por Josh Brolin, Joseph Gordon-Levitt, Eva Green, Jessica Alba, Bruce Willis, entre otros. Es más, la sensación que queda es que muchos de los efectos especiales han empeorado (véase el maquillaje de Mickey Rourke) o que los actores no pueden salvar unas tramas que no dan para más (véase el personaje de Joseph Gordon-Levitt).
[Leer más +]
Sé el primero en valorar esta crítica
Ajin: Shototsu (Serie de TV)
Ajin: Shototsu (Serie de TV) (2016)
  • 6,9
    544
  • Japón Hiroaki Ando
  • Animation
7
Comienza el juego
Esta entrada lleva escrita desde hace meses, pero decidí esperar antes de publicarla, para ver si las virtudes de la serie superaban con el tiempo a los defectos de su aparente cierre. Y es que puede que esperase demasiado de este anime, Ajin, que me recomendaron encarecidamente después de ver Tokyo Ghoul.

Debo reconocer que, pese a que tiene una premisa muy interesante (el hecho de que existan seres temidos y odiados que no pueden morir), creo que Ajin se acaba volviendo tan repetitiva como uno de los videojuegos del señor Sato, esa especie de Magneto de los Ajin que busca la revolución de esta nueva raza de inmortales.

No he tenido el placer de leer el manga de Gamon Sakurai ni he podido ver las dos adaptaciones anteriores en formato de película, pero la serie de Netflix, pese a que no es mala, sí que al final se siente que, aunque tiene buenos momentos, no evoluciona tanto como debería y eso se percibe, sobre todo, en una segunda parte donde los diferentes intereses de los personajes llaman poco, porque con Sato tenemos a un villano que no puede morir y vuelve y vuelve y vuelve y los personajes se van quedando más encerrados en un mundo que, por mucho que se desee expandir, se siente pequeño pese a las inclusiones de los intereses de Estados Unidos y otros países con el tema de los Ajin.

Si hay que quedarse con lo positivo, la música, aunque a veces repetitiva (como la trama), es uno de los puntos buenos de este anime, que tiene escenas de acción que bien podrían traducirse a muchas películas que vemos y con un punto de partida que podría ser muy interesante en manos de directores como Christopher Nolan o Dennis Villeneuve.

Resulta una lástima que la animación en 3D a veces encaje mejor que en otras, aunque después de unos capítulos uno se acostumbra a este tipo de creación que evoca también a la reciente película de Netflix Blame!

Por último, el tono solemne en muchas ocasiones y temas típicos de los animes como el protagonista débil que desea hacerse más fuerte, como el propio Kaneki en Tokyo Ghoul o Eren en El ataque de los titanes, se justifica aquí con un antihéroe, egoísta, que busca más su propio bien que el de los demás y que, ya sea por el seiyuu o por su talante nos evoca, muy tenuemente, a ese protagonista genial que fue Light Yagami en Death Note.
[Leer más +]
Sé el primero en valorar esta crítica
30 días de noche
30 días de noche (2007)
  • 5,5
    23.966
  • Estados Unidos David Slade
  • Josh Hartnett, Melissa George, Ben Foster, Danny Huston, ...
5
When man meets a force he can't destroy, he destroys himself. What a plague you are.
Que conste en acta mi pecado: no considero 30 days of night una película peor dentro del género de pelis de supervivencia con gente idiota que intenta sobrevivir, aunque hagan cosas muy estúpidas. Es un subgénero dentro del slasher, las pelis de zombis y todo ese tipo de filmes que sobreviven (juego de palabras, lo sé) para que la gente pueda ir al cine, decir que pasa el miedo y gritarle a los protagonistas cuando hacen alguna cosa terriblemente idiota. Vaya, como en la mayoría de pelis de George A. Romero.

La historia, basada en el cómic con guion de Steve Niles (que lo había pensado como una película), ya es conocida: un grupo de vampiros asola un pueblo en Alaska, Barrow, donde hay un mes de noche. Ya está. A partir de ahí, el sheriff y compañía intentarán sobrevivir contra unos chupasangres que actúan como monstruos despiadados (lo que son) y contra los que parece no haber ningún modo de vencer. Parece una premisa sencilla, lo es, pero a nadie más se le había ocurrido para crear una franquicia.

David Slade es un director que me gusta desde Hard Candy y creo que aquí hace todo lo posible para intentar entrar en el terreno de directores como John Carpenter y George A. Romero. O lo intenta. Se apoya en la fotografía y la escenografía (que intenta imitar el estilo del dibujante del cómic, Ben Templesmith) y, aunque el guion a veces frustra sus impulsos, es interesante cómo recupera al vampiro más salvaje, más digno de lo bestial, más allá de lo visto recientemente con vampiros más romanticones (y sí, Slade estuvo detrás de la tercera entrega de Crepúsculo, a saber muy bien por qué... Quizás, porque hay que comer).

A mí me parece loable el intento de llevar de nuevo a los vampiros a sus raíces. No caen en los terriblemente feos y falsos vampiros del Soy leyenda de Will Smith (que solo compartía con el clásico de Matheson el nombre) y quizás es más deudor de la evolución vampírica de los chupasangres de Blade 2 de Guillermo del Toro. Se les añade un idioma inventado, motivaciones medianamente monstruosas y algunos puntos interesantes como depredadores.

El reparto oscila entre intentar interpretar y cumplir medianamente, con un Josh Hartnett al que le cuelgan el sambenito de interpretar al sheriff, papel que quizás le llevó años después a encarnar al Ethan Chandler de Penny Dreadful, donde los vampiros parecían los precedentes de los que vemos aquí. Hay alguna cara conocida más, como la de Danny Huston en el rol de Marlow, Ben Foster como el Renfield de turno y Manu Bennett como el poli que lo intenta, pero no.

Aparte de todo esto, hay gore, sí, pero a ver, ¿qué se esperabas? ¿Que los vampiros brillasen y fueran nuestros colegas? No, es una película que va sobre lo que va, con momentos francamente desagradables, pero que uno acepta porque la película es lo que es. Sin embargo, será por cuestión de mentalidad, me resulta más cruel la parte humana que la monstruosa, véase el anciano con Alzheimer. Considero que es mucho más terrorífico e incómodo que ver a una panda de vampiros desgraciados desperdiciar la sangre (porque se ve que mucha hambre tampoco pasan, porque dejan los cadáveres a medio comer).
[Leer más +]
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vampire's Kiss
Vampire's Kiss (1989)
  • 5,0
    1.596
  • Estados Unidos Robert Bierman
  • Nicolas Cage, Maria Conchita Alonso, Jennifer Beals, Elizabeth Ashley, ...
2
I am a vampire!
Tengo una relación extraña con esta película. Recuerdo que la vi hace muchos años, en una noche de verano, y, desde el principio, pensé: "qué mala es", pero, a medida que pasaban los minutos y llegaba a su final, consideré: "es mala, pero... tiene algo". La he vuelto a ver y debo reconocer que, quizás (y solo quizás), es su premisa, que funcionó en otras películas como Martin, o la idea de que con otro director hubiese resultado mucho más redonda. Vampire's kiss es la definición perfecta de la rareza, la extravagancia y de película de Nicolas Cage, que ya solo por eso se merece una categoría propia.

No existe palabra en lengua Ent, de los hombres o de los elfos capaz de describir una experiencia como ver Vampire's kiss, la película en la que Nicolas Cage intentó ser un... un algo. Y se comió una cucaracha real, pues porque es un actor de método. Esta cinta es la mayor fábrica de memes y parodias por minuto que he visto en muchísimo tiempo. Y es que Peter, su personaje, siempre es histriónico, extraño, exagerado, pasado de vueltas. No hace nada como tú o como yo. No mueve el brazo, no señala, no duerme, no bebe, no habla, no bromea, no se ríe, no llora, no se asusta, no se sorprende... como tú o como yo. Quizás es algo hecho a propósito. Muchos dicen que Cage sabía lo que hacía en todo momento, pero es que creo que solo está bien en dos escenas: su camino con la tabla y su última conversación con la psicóloga. De resto, cualquier juego como el capitalismo que representa convertido en un vampiro hacia esa pobre trabajadora inmigrante, Alva, se olvida.
[Leer más +]
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil