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Ni à vendre, ni à louer (Holidays by the Sea) (2011)

6,2
96
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Sinopsis
Por fin han llegado las vacaciones y todo el mundo se va a la costa. Dos jubilados en un vehículo muy lento tirando de una minúscula caravana se cruzan con una pareja punki muy enamorada que vive en una casa dibujada en la arena. Dos impostores juegan al golf delante de un cortejo fúnebre. Un vendedor de paraguas se cita con su amante en un hotel y la vida de dos parejas infelices cambia radicalmente a causa de una cometa extraviada. Unas vacaciones cerca del mar siempre albergan extraños encuentros. La película es un homenaje a la famosa ‘Las vacaciones del señor Hulot’, de Jacques Tati. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Ni à vendre, ni à louer (Holidays by the Sea)
Duración
80 min.
Guion
Pascal Rabaté
Música
Alain Pewzner
Fotografía
Benoît Chamaillard
Productora
Loin Derrière L'Oural
Género
Comedia
6
Vi a Tati, pero en la distancia
Llega el verano y todos se van de vacaciones. Una pareja punk, que vive en una casa dibujada en la arena, se cruza con dos jubilados en un cochecito de juguete. Un seductor busca refugio entre las fustas de su amante, coincidiendo en el hotel con dos infelices parejas reencontradas por una cometa y un par de impostores se cuelan en un cortejo fúnebre. Así de excéntricas son las clásicas vacaciones en la playa que plantea un homenaje a la célebre película Les vacances de M. Hulot (1953), dirigida por cineasta francés Jacques Tati.

Para los que no hayan oído hablar de este director, se trata de uno de los mejores cineastas cómicos de la historia. La recuperación del viejo cine, el abundante uso del gags y su peculiar estética hacen de sus películas originales piezas de arte que instan a reír hasta al espectador más apático. Algunas de sus películas más sonadas son Jour de fête (1947) y Mon oncle (1958), por la que ganará un Oscar a la mejor película extranjera.

Holidays by the sea ha seguido dos aspectos fundamentales del arte de Tati. En primer lugar, un alto grado de meticulosidad en la selección de sonidos, sin obviar, por supuesto, la banda sonora, que ha mantenido el ritmo cómico en todas las escenas. En segundo lugar, la ausencia de diálogos, sustituidos por una importante comunicación no verbal. Se trata de una narración en la que los gestos, las miradas y las sonrisas hablan por sí solas, sin necesidad de utilizar el lenguaje verbal. Un guión plenamente visual que explota al máximo las herramientas comunicativas de la imagen.

Sin embargo, la estética ya mencionada tan original y única de Tati se ha sustituido por una vulgar que no dice nada. Los encuadres dejan de comunicar, el peso recae totalmente en las interpretaciones que, por suerte para el film, son buenas. Otro aspecto que he echado en falta es el ingenio de las bromas. Y aunque durante buena parte de la película no cesan las carcajadas en la sala, también es cierto que otros gags están vistos, son absurdos o carecen de ingenio.

Parece ser que últimamente homenajear está de moda en el cine pero recordemos que este ejercicio debe hacerse con el afán no solo de rememorar antiguas glorias, sino de readaptarlas a nuestro tiempo, haciéndolas igual o mejores de lo que eran en su momento. De otro modo, estaríamos insultándolas al llamarlas “homenaje”.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil