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Crítica de Neathara
Demonlandia, Tajikistan
8
Los puentes de Madison
Los puentes de Madison (1995)
  • 7,5
    73.987
  • Estados Unidos Clint Eastwood
  • Clint Eastwood, Meryl Streep, Annie Corley, Victor Slezak, ...

Hoy empieza todo

211 de 226 usuarios han encontrado esta crítica útil
En realidad, hay pocas cosas más milagrosas -y misteriosas- en esta vida que enamorarse: pero no encoñarse, ni encapricharse, sino enamorarse de verdad, hasta las trancas, hasta el punto de ser abducido y colonizado por un sentimiento que nos hace aún más imperfectos, si cabe, pero a veces mucho mejores de lo que soñaríamos ser jamás. Y ese amor que es como la devastación de un territorio más que dispuesto a ser devastado, no es el que el cine suele querer vendernos habitualmente. Más bien es como esta sencilla, casi austera historia que confirma a Clint Eastwood como uno de directores vivos más grandes del cine americano y le revela como un cineasta de poliédrica y minimalista sensibilidad, capaz de retratar con aliento más que poético la simple emoción de dos seres humanos entera y verdaderamente enamorados.

La historia arranca con un encuentro fortuito (y afortunado) entre dos seres lo más alejados de los clichés románticos que pueda imaginarse. Él es un lobo solitario, un fotógrafo del National Geographic ya entradito en años y ella una madura ama de casa pasando un fin de semana de soledad en su granja. De cómo estas criaturas tan dispares comienzan sintiendo una atracción espontánea y más tarde, comienzan a enamorarse de tal manera que duele el corazón de verlos, va la película.

No hay nada muy espectacular, ni grandes escenas amorosas, ni siquiera un ritmo que pueda llamarse ágil: la sensible dirección de Eastwood vuelve a dar sentido a aquella expresión de "menos es más". Algo tan sencillo como el rostro de ella (el descubriento de estar siendo deseada, admirada) cuando él la está fotografiando en los puentes, resulta mucho más elocuente que un pegajoso morreo en primera plana. O esa mano sobre el picaporte...qué decir de una escena que roza lo prodigioso en cuanto a contención estilística y desgarro emocional.
Todo en la película está cuidado hasta el extremo, dejando que el talento de los actores (el propio Eastwood y la increíble Streep) hable por sí mismo, sin más excusa argumental que el milagro de un amor correspondido en el crepúsculo de la vida, en el momento más inesperado, cuando ya se ha tirado la toalla para replegarse en la comodidad de una existencia sin sobresaltos pero sin sorpresas.

Y sólo por eso, vale la pena...verla y enamorarse.
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