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España España · Barcelona
Voto de Eduardo:
1
Aventuras La voluptuosa Jayne Mansfield y su marido de entonces -y Mr. Universo- Mickey Hargitay, protagonizaron esta aventura mitológica en la que el forzudo Hércules tendrá que enfrentarse a enemigos y monstruos para vengar la muerte de su esposa a manos de un rey. (FILMAFFINITY)
15 de marzo de 2017
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algún día, este vicio mío del péplum me pasará factura. Ayer, por cortesía de Las mañanas de la 2, tuve el inmenso placer de visionar este espantoso ejemplo de un género que, si bien nunca acumuló obras maestras, cumplía su papel de entretener al personal sin tomarle demasiado el pelo. Lo de los pectorales del título que nadie se lo tome a mal. No sólo se refieren a Jayne Mansfield (es casi asombroso que no llenen la pantalla por completo), sino también a los de su marido del momento, el inexpresivo y cenutrio Mickey Hargitay, un musculoso descerebrado que había llamado la atención, cómo no, de la excelsa Mae West, quien lo utilizaba de corista, por llamarlo de alguna manera.
Resulta que a Hércules le mata la mujer el rey de Ecalia, y allá que va nuestro héroe para vengarla. Pero cuando llega descubre que el rey ha muerto y en su lugar gobierna la viuda (Mansfield con peluca morena). Se enamora de inmediato de la susodicha, pero está prometida al torvo y conspirador Licos (Massimo Serato, especialista del género). Luego aparecen las amazonas, aunque sin lucir pectorales, una hidra que hay que verlo para creerlo, una bruja rebruja (Mansfield pelirroja), Moira Orfei y su cruzado mágico (más pectorales, era inevitable), y ves a Hargitay intentando dibujar alguna expresión en el rostro, y comprendes que Mature era Laurence Olivier a su lado. Mansfield pasea los dos surtidores lácteos como si no le pesaran, y compone unos mohines capaz de hacer perder la paciencia al mismísimo Job. Todo es apolillado, grotesco y ridículo, sin que la experiencia de Carlo Ludovico Bragaglia en esos menesteres sirva de nada. Eso sí: te partes el final de la espalda entre tanta tontería y necedad.
Merece un lugar destacado en el infierno de los engendros. Si no lo creéis, comprobadlo. Corre por ahí en DVD. Sed valientes...
Eduardo
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