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España España · Madrid
Voto de horacio:
9
Drama En la China de los años 30, a un viejo artista de la calle, maestro en el arte de cambiar de máscara, le es dada la oportunidad de practicar su arte en la opera de Pekín. Pero él rechaza la oferta, ya que solamente quiere pasar sus conocimientos a un heredero masculino. Una noche le es vendido un niño, Pichón, por sus padres, hundidos en la pobreza. (FILMAFFINITY)
28 de noviembre de 2007
15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
El viejo vagabundo con un arte tradicional que va de hombre en hombre, el actor-estrella que interpreta siempre el mismo papel femenino, y una niña condenada a sobrevivir como hombre o como esclava... he aquí un triángulo que se arma de valor para asomar la cabeza en una China de tradiciones milenarias en las que destaca la religiosidad, el abuso de poder, los extremos de riqueza y pobreza... y el desprecio pleno a la mujer fuera del ritual de la familia.

El rey de las máscaras tiene una factura singular, una atmósfera muy lograda de tensión dramática en la que temes por tus criaturas, comprendes la ignorancia, ansías la liberación.

La ambigüedad de los personajes se refleja no sólo en los aspectos sexuales (el actor especializado en hacer de mujer que reconoce ser un poco mujer; la niña que se hace pasar por niño) sino también en el bien y el mal: el hombre bueno, el artista generoso que vive con orgullo su pobreza económica y su destructiva afición a lo tradicional, a cumplir con esa esclavitud propia de todas las civilizaciones, basada en la fidelidad a unas normas de conducta que limitan la existencia. En este caso, el tema central que deambula por toda la narración como una serpiente: la pena de ser niña. Mas cuando ella se empieza a abrir camino como una mujer decidida a todo desde sus ocho años, pregunta: "Qué tiene un niño que yo no tenga" Y el hombre fiel a la sobrevaloración del macho empieza a dudar, aún sin darse cuenta: "Un pitorro de tetera".

Un cine asiático que exhibiendo el pasado refleja con sabiduría las constantes del presente; presenta con habilidad situaciones enrevesadas y crueles, quedándose en el justo límite del horror y el cine familiar, ya que no omite el secuestro de niños para su explotación ni la venta desesperada o meramente mercantil en un callejón: venta de bebés o niños por familia numerosa, a tal punto que a veces se regalan.

Avanza la trama sin desbordar el punto justo en que la angustia podría ser insoportable, pero el afán de supervivencia se impone con holgado sentido del humor y abundante ternura.

Los tres actores dominan una técnica de excepcional calidad: tres generaciones, tres estilos y una dinámica de creatividad muy lograda a pesar de contar con escasos recursos.

Mención aparte para la excelente fotografía que ayuda al logro de momentos muy ricos en sugerencias, sobre todo cuando el viejo y la niña deambulan por ambientes húmedos y
miserables: tienes frío y hambre como ellos y como ellos aspiras al calor de un hogar, al abrazo de un amigo.
horacio
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