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Críticas de antonalva
Críticas ordenadas por:
The Extraordinary Journey of the Fakir
The Extraordinary Journey of the Fakir (2018)
  • 6,3
    196
  • Francia Ken Scott
  • Dhanush, Bérénice Bejo, Erin Moriarty, Barkhad Abdi, ...
6
De buenas intenciones están llenos los panteones
Cine intrascendente y para pasar el rato, repleto de buenos sentimientos, pero ayuno de sustancia. Como es el caso de tantísimas novelas que se venden como rosquillas y se hacen un hueco en la lista de los libros más vendidos, también en las salas de cine nos encontramos con productos fabricados en el laboratorio del entretenimiento vacuo e insulso, donde parece que se abordan grandes temas de actualidad (las migraciones, la pobreza, la bondad esencial de las personas, el embrutecimiento general de los políticos, etc.) pero que se limita a pintar en trazo grueso y sin matices la dificultad de vivir en un mundo lleno de oportunidades pero en el cual aquellos que hemos nacido en sociedades opulentas – o donde las carencias son minoritarias – llevamos todas las de ganar.

Como en tantas ocasiones podríamos decir: la fotografía es muy hermosa, los actores transmiten frescura y encanto, los escenarios son seductoras postales que todos quisiéramos visitar algún día… y todos los personajes resultan tan adorables que quisiéramos tenerlos como amigos. Pero tanto sentimentalismo de cartón piedra, tanto multiculturalismo fraudulento y estomagante resulta demasiado impostado por su blandenguería anodina que a todos quiere complacer y nadie pretende irritar. No es que la cinta sea mala ni produzca urticaria visionarla, pero se podría esperar algo más de un producto prefabricado que parece atender sólo al objetivo de hacer dinero y recuperar la inversión (y de paso, obtener beneficios, claro).

Quien quiera viajar sin moverse de la butaca habrá elegido bien. Pero quien quiera conocer el mundo, se verá defraudado. Tanto sirope empalagoso y tanto escapismo adocenado más que seducir transmite una sensación de cansancio difícil de soportar. La luminosidad del relato (que no encubre los lodazales del infortunio, pero los disfraza de fotorreportaje brillante) nos hace pasar unos estériles momentos agradables, pero al acabar estamos insatisfechos. Su mayor error es resultar demasiado fría y previsible, pese a sus cálidas tonalidades y al pintoresquismo de divulgación elegido. Pese a su manifiesta sensiblería, carece de genuina sensibilidad. Sin llegar a ser un truño, lo bordea con elegancia y nos permite salir del cine con la conciencia apenas alterada. Prescindible.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Sisters Brothers (Les Frères Sisters)
The Sisters Brothers (Les Frères Sisters) (2018)
  • 7,0
    4.397
  • Francia Jacques Audiard
  • Joaquin Phoenix, John C. Reilly, Jake Gyllenhaal, Riz Ahmed, ...
7
La Gloria hogareña
Pocos géneros tan iconográficos, potentes y añorados como el western. Y, sin embargo, ha sido abandonado porque ahora la aventura de la conquista del Oeste está mal vista (y censurada) porque supone abordar la masacre de los indios (los nativos lugareños a los que se arrebató tierras y vida) e implica reconocer las tropelías y abusos que si bien pudieran ser considerados habituales cuando entonces, ahora se tiene la manía de denunciarlos por el ‘presentismo’ castrador que lo anega todo, es decir, adoptando baremos morales y sociales actuales para juzgar episodios pretéritos. Por eso sorprende este excelente cuento montaraz sobre la fiebre del oro y el fervor de los magnates autóctonos por hacerse inmensamente ricos gracias a tener el pecunio suficiente para financiar un número ilimitado de sicarios. Y lo que la lluvia de balas construye, que no haya mortal que lo desbarate.

El poder del dinero. La idolatría de las armas. El ensueño de las utopías terrenales. La añoranza de la gloria y del hogar… Todo esto tiene cabida en este melancólico, parsimonioso y lastimero western realizado con tanta garra como elegancia. No hay mayor tristeza que rememorar los paraísos perdidos; no hay mayor pena que atisbar el edén y no alcanzarlo jamás. Estos son los dos polos de una misma ecuación: el brillo del oro (o el centelleo de la lumbre) frente al ocaso de la quimera (o el fin de la vida). Entre estos dos extremos bascula toda la trama. Por mucho que se gane en un duelo, con un botín, en un río perlado de oro, el balance final será siempre de vacío, de insaciable sed insatisfecha, de fracaso. La riqueza se diluye y evapora entre los avaros dedos codiciosos. De tanto buscar los tesoros en un afán disparatado por alcanzar la opulencia, nos olvidamos de nuestras raíces y de nuestra alma, arruinándonos la ansiada paz.

El director francés, Jacques Audiard, nos propone una historia desmitificadora, que, siendo fiel a la leyenda, subvierte los detalles, dándoles un significado novedoso, menos idealizado y más terrenal. Esta concreción casi física aporta una increíble densidad al relato, donde se entreteje, por ejemplo, el amor hacia un caballo malherido o el afecto fraterno por el bala perdida del hermano pequeño, dipsómano e iracundo, codicioso y matón. Pero también tiene cabida una ternura ingenua y delirante que proporciona una de las más candorosas escenas de la cinta: el aviso de una meretriz al enamoradizo del hermano mayor, conmovida por la bondad de su trato.

Dolorida película, quizás de ritmo algo moroso y disperso, pero llena de inesperada hondura. El cuarteto protagonista descuella por su perfecto ensamblaje y complementariedad y nos hace añorar la calidez insospechada de una bienvenida.
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por gracia de Dios
Por gracia de Dios (2018)
  • 6,7
    492
  • Francia François Ozon
  • Melvil Poupaud, Denis Menochet, Swann Arlaud, Eric Caravaca, ...
7
Perdón sin compasión
Cuando eres niño, el mundo de los adultos es un enigma indescifrable. Poco a poco vas aprendiendo cómo se comportan y lo que pretenden con sus conductas, porque una cosa es lo que proclaman y otra muy diferente es lo que en realidad hacen. Si tienes la mala fortuna de encontrar en tu camino a una persona que te somete a abusos físicos o sexuales, entonces cuesta expresar lo que pasa. Además, cuando lo que te ocurre tiene que ver con la sexualidad – un tabú donde se mezclan la curiosidad, el secreto, el sentimiento de culpa o el silencio de tus allegados – entonces te falta la capacidad para elaborar una respuesta fluida y natural con la que abordar esa tropelía. Quizás no sea ni lo peor ni lo más dañino que te pueda ocurrir durante la infancia, pero está claro que alguien (el abusador) ha cruzado una frontera y uno mismo (el abusado) no comprende lo que está aconteciendo. Y si, para colmo de calamidades, quien traspasa ese límite es un educador o una persona con autoridad, entonces podemos sucumbir al desánimo o la locura.

Los abusos sexuales son una pegajosa y tupida tela de araña que nos atrapa y engulle. Negar los abusos es aberrante. Tratar de encubrir a los culpables es criminal. Y aunque este tema parezca reducirse a los desafueros cometidos – y ocultados – por la Iglesia Católica, no debemos olvidar que ni han sido los únicos ni, quizás, los más abundantes, aunque a buen seguro que dada su vocación salvífica y compasiva puedan – y deban – considerarse los más tóxicos y censurables. Pero también las familias deben cargar con su responsabilidad, al no haber escuchado y entendido lo que estaba pasando. Señalar sólo a los infractores es querer silenciar que hubo muchos cómplices que por comodidad o pereza optaron por hacer dejación de su obligación de estar junto a los más débiles y vulnerables: los vástagos.

François Ozon nos propone una exhaustiva crónica sobre la incapacidad de la Iglesia – debido a un inapropiado concepto del perdón que los llevó a creer que los trapos sucios, por el bien de sus feligreses, debían purificarse, con disimulo y sin publicidad, entre bastidores – para encarar y atajar este lacerante asunto. Pero la omisión del deber de amparo y respeto hacia los perjudicados salpica más allá de los claustros y las abadías, facilitando con ello que los agravios se multiplicaran por el mero disimulo o inacción. Quizás la cinta resulte demasiado prolija y envarada, con unos diálogos redundantes y repetitivos, pero su excelente factura y su mirada clemente la convierten en un documento imprescindible para comprender que nunca es fácil encontrar soluciones sencillas a problemas complejos.

Necesaria y desasosegante.
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6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pupille
Pupille (2018)
  • 6,8
    203
  • Francia Jeanne Herry
  • Sandrine Kiberlain, Gilles Lellouche, Elodie Bouchez, Olivia Côte, ...
8
El buen amor
En Occidente cada vez nos cuesta más tener hijos – y no me refiero al factor crematístico, sino a la creciente dificultad de ciertas parejas por quedarse embarazadas y concluir con éxito la gestación. Es como si la bonanza económica hiciera aflorar la infertilidad de forma dramática. Seguramente esto ya ha sido estudiado por las mentes preclaras y los ‘expertos’ (colegiados o no) del ramo y se haya llegado a las conclusiones pertinentes. Los embarazos no deseados se multiplican al tiempo que las personas con voluntad de formar una familia y tener prole se tuviera que enfrentar a un sinnúmero de escollos, ya sean éstos biológicos o sociales. Por ello resulta del todo pertinente la aparición de esta atípica cinta gala que se detiene en el lento, meticuloso y paciente proceso de adopción en una provincia francesa, que se centra tanto en las personas que forman parte de la red estatal de adopciones como en los individuos o parejas que quieren adoptar.

Estamos ante una película de ficción. Sin embargo, el mimo y prolijidad invertido en todo el proceso – desde que una joven veinteañera va a un hospital para dar a luz un hijo no deseado que quiere dejar en adopción, hasta la escrupulosa y meditada labor de los servicios sociales acompañando a la madre durante esas primeras horas, así como durante el colegiado esfuerzo por encontrar una familia (ya sea monoparental o matrimonio) donde acoger al recién nacido – convierten esta cinta casi en un documental. Y el punto de vista que se siga durante todo el desarrollo es fundamental para culminar con éxito la tarea. Queda claro que el interés básico es no atropellar los derechos de nadie y ser justos con el sinfín de solicitudes que hay pendientes; todo esto sin perder de vista que el principal objetivo es dar con el entorno ideal donde el vástago pueda encontrar el amor, acogida y cuidado al que todos tenemos, en principio, derecho.

Quizás tanta delicadeza y esmero delaten – para bien – el amoroso e insobornable punto de vista femenino de su directora y guionista, Jeanne Herry. Se toma muy en serio el precepto que enuncian varios de los trabajadores sociales en algunos momentos importantes de la trama: ‘estamos aquí para acompañar, no para juzgar’. Y cuando esto es no sólo un axioma teórico, sino que se abraza como una certeza absoluta, entonces podemos esperar que el resultado será el mejor de los posibles, aun cuando nunca tengamos asegurado nuestro futuro ni el futuro de nadie. Podrán existir errores y fallos, pero ninguno será fruto de la mala fe o de la imprudencia. Si nos impulsa el amor al prójimo y el bienestar de nuestros semejantes, entonces tendremos éxito.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Buñuel en el laberinto de las tortugas
Buñuel en el laberinto de las tortugas (2019)
  • 7,4
    342
  • España Salvador Simó Busom
  • Animation
6
La manipulación… ¿justificada por una buena causa?
Pocos dudan de que el aragonés Luis Buñuel (1900-1983) es uno de los grandes genios del cine. Sin embargo, dada su atípica trayectoria cinematográfica, desarrollada en tres países diferentes – Francia, España y México – pocos caen en la cuenta de que se trata de uno de los exponentes más inclasificables y heterogéneos de lo que algunas veces ha venido en llamarse Edad de Plata de la cultura española o la vertiente cinéfila y universal de la Generación del 27. Pero como dijo su coetáneo Max Aub (1903-1972), otro singular y ecléctico ejemplo de la diáspora cultural española: “uno es de dónde cursa el bachillerato”. Resulta evidente que la aparente contradicción entre su innegable realismo y sus inmoderados toques surrealistas son una aportación única en su género, de raíz netamente española. Pero se nos olvida, porque somos desagradecidos con todos aquellos que encuentran la fama más allá de las fronteras nacionales.

No sé si la presente obra le hace justicia a la personalidad ‘histórica’ de Luis Buñuel. Pero en cualquier caso abre una muy interesante reflexión sobre lo que es – o puede llegar a ser – un documental, tanto en su planteamiento como en su realización. Al igual que siembra serias dudas sobre la verdad (o veracidad) de unas imágenes que, no por ciertas o posibles, fueron manipuladas a conciencia por su director con el fin de causar un mayor impacto para provocar la necesaria intervención política y social para remediar el atraso en que vivía sumida una región española a comienzo de los años treinta del siglo XX. La falta de empatía y compasión hacia las personas y hacia los animales hoy nos puede parecer incomprensible e inadmisible, pero debe verse con los ojos de entonces para no sacar conclusiones erradas ni perder de vista que lo que Buñuel trataba de crear con “Las Hurdes. Tierra sin pan” (1933) era un panfleto de denuncia. Y como tal, permanece como uno de los iconos de referencia del séptimo arte.

Nos encontramos con un ejemplar cine de animación dirigido a un público adulto e ilustrado, capaz de entrever, más allá de las impactantes imágenes, el objetivo perseguido: ayudar a que unas personas, ciudadanos españoles, dejaran atrás el siglo XIX y pudieran beneficiarse de las mejoras en la sanidad, educación y cultura de las que gozaban sus demás compatriotas de otras latitudes. Sin embargo, el cine nos repite y devuelve, una y otra vez, las imágenes rodadas entonces – no sin artimañas ni desafueros – convirtiendo en leyenda inalterable lo mismo que se denuncia.

Sin ser una gran obra, lo mejor es la reflexión que provee: ¿Hasta dónde podemos o debemos llegar cuando denunciamos una injusticia?
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Doubles vies
Doubles vies (2018)
  • 6,1
    667
  • Francia Olivier Assayas
  • Juliette Binoche, Guillaume Canet, Olivia Ross, Christa Theret, ...
6
Fingidas supervivencias
Una hemorragia de palabras. Sin embargo… Los protagonistas se pasan toda la cinta hablando sin parar, entrando o saliendo de la cama (ya sea con sus parejas ‘oficiales’ o sus amantes ‘oficiosos’), sermoneando sobre literatura y sus cambiantes soportes físicos (ya sean éstos en papel, en formato electrónico o los insurgentes audiolibros), asistiendo a tertulias y veladas sobre lo que escriben, sobre lo que publican y, también, sobre lo que leen y ven o sobre lo que dejan de leer y ver. En definitiva, un desolado castillo de apariencias y ardides que amenaza con sepultar sus parlanchinas vidas bajo un barniz de cortés indiferencia o un raído lustre de obsoleta agudeza. Dialogar sobre rancios conceptos intelectuales o vetustas abstracciones eruditas nos puede gustar a unos pocos, pero somos cada vez menos y atesoramos una pira de años que chamusca nuestra vida, aunque ya no tengamos la necesidad de esconderla ni el coraje de falsearla.

Película muy francesa, tanto para lo bueno como lo malo. También recuerda a cierto cine de Woody Allen cuando nos intenta seducir y lisonjear hablando de lo divino y de lo humano, aunque sin su gracejo neoyorquino ni su pertinaz pedantería diletante de alumno aventajado en dobleces sesudas e hipocresías de alcoba (de las que sabe mucho, quién lo duda). Pero más allá de su posible modelo, nos encontramos con una agridulce tragicomedia sobre la supuesta madurez de los adultos cuando aún se sienten jóvenes y garbosos, aunque se acerquen o hayan traspasado la frontera de los cuarenta años o se encuentren ya peinando canas y transitando con resignación el irrefrenable páramo de la cincuentena. Echan la vista atrás y advierten – con innegable desasosiego – que el número de repeticiones sobrepasa en cantidad (y calidad) a los inéditos descubrimientos, no quedándoles más remedio que entretenerse con insignificantes aventurillas transitorias que nada aportan, pero les hacen arrinconar la certeza de que se están (estamos) acercando al inexorable canto del cisne.

Para que funcione un atildado artilugio artificioso como éste sobre el lento declinar de las ilusiones – o sobre el cruel purgatorio de las ensoñaciones marchitas – se requiere de unos actores cómplices y entregados. Por fortuna, el quinteto protagonista supera las expectativas y nos regala unas festivas y jocosas interpretaciones, llenas de paródica dignidad. Descuellan, sobre todo, una incombustible Juliette Binoche, que más que envejecer va mejorando con el paso de los años, así como Guillaume Canet, que, si bien no ha madurado con igual apostura y gallardía, mantiene un encanto zalamero que sabe utilizar en beneficio de su cometido.

Quien requiera de efectos especiales o (super)héroes avasalladores se verá decepcionado. Pero agradará a quien sepa degustar unos personajes bien trazados, elucubrando unos frondosos diálogos repletos de ironía.
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8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo dejo cuando quiera
Lo dejo cuando quiera (2019)
  • 5,7
    1.897
  • España Carlos Therón
  • David Verdaguer, Ernesto Sevilla, Carlos Santos, Ernesto Alterio, ...
3
Lo dejamos por imposible
Primera regla de una comedia: ser divertida. Segundo precepto: hacernos sonreír. Tercera obligación: despertar – como mínimo – nuestra simpatía (o indulgencia). Cuarto mandato: tomarse en serio el intento de obsequiar al público con alguna secuencia hilarante. Quinto cometido: hacernos creer que al menos los actores se lo pasaron de fábula haciendo el ganso y participaron en esta sandez de buena fe y con ganas de reivindicar su oficio de comediantes. Y me detengo aquí porque si no podría llegar a ser tan pesado y aburrido como asistir, de nuevo, a la proyección de este insufrible engendro carente de gracia, ayuno de chispa, desprovisto de ingenio y falto de vergüenza. Pocas veces he presenciado a toda una sala de cine congelada en sus butacas ante la incredulidad de estar presenciando una infame bufonada tan esaboría como soporífera.

Si había numeroso público era porque tanto Telecinco como Mediaset realizan ubicuas y eficaces campañas de marketing con las que promocionar sus pestiños. Tanto menospreciar y criticar a Hollywood por su habilidad para vendernos cualquier cinta por infumable e indigna que sea, cuando en España contamos con una maquinaria tan bien engrasada y potente como su denostado modelo norteamericano. A las pruebas me remito. La manía de ver la paja en el ojo ajeno y negar la viga en el propio nos convierte en iracundos censores de todo lo foráneo y mansos exegetas de todo lo nacional. Triste consuelo corroborar que lo podemos hacer igual de mal (o peor) que el vilipendiado molde y pretender que al elevar la cuota de pantalla del ‘cine español’ se está – además de engordando las ganancias de las compañías antedichas – realizando una magnífica labor cultural. Menuda patraña.

No he visto la película italiana ‘Smetto quando voglio’ (2014) de la que es una reelaboración patria. Pero o bien el humor y las ocurrencias se perdieron por el camino o bien todo el empeño se reduce a querer hacer caja, con independencia de que tenga interés o sentido. Quizás el único consuelo sea que al menos ha dado de comer a algunos técnicos y actores españoles… Aunque no sé si a David Verdaguer se le debiera considerar mejor una ejemplar contribución ‘internacional’ de la República Catalana, a Ernesto Sevilla un excelso hidalgo del gracejo de La Mancha, a Carlos Santos un excepcional representante del Reino de Murcia o a Ernesto Alterio – excelente – un insigne, integrado y jubiloso inmigrante rioplatense. ¡Quién sabe! Ahora que España es una nacioncilla de Naciones no quiero ultrajar a nadie utilizando el despreciable y deshonroso adjetivo: español.

Sólo me queda concluir que es una lástima que se acometa semejante alabanza al sinsentido en nombre del entretenimiento y hacerla pasar por sublime.
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15 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Corazón borrado
Corazón borrado (2018)
  • 6,4
    2.267
  • Estados Unidos Joel Edgerton
  • Lucas Hedges, Nicole Kidman, Russell Crowe, Joel Edgerton, ...
7
Personalidad ¿corregida?
Construir tu propio carácter siempre es tarea difícil para cualquier adolescente: muchas veces sabe (o cree saber) lo que se espera o exige de él, pero no siempre escucha o atiende a lo que él necesita o desea en realidad, porque da más importancia y valor a los dictados normativos – explícitos o implícitos – que va absorbiendo de su entorno (familia, amigos, sociedad, …) que a sus necesidades y anhelos íntimos, porque aún no sabe calibrar por sí mismo los límites entre su pulsión real y sus ansias gregarias de obtener un lugar en el mundo. Es una frágil y sutil lucha entre querer ser bueno y querer ser aceptado por todos a los que ama y necesita. Pero si nos dejamos imponer la tiranía de los ojos que nos miran sobre la verdad de nuestra inalienable esencia, estamos perdidos.

La presente cinta pudiera parecer una obrilla académica que ilustra lo antedicho, pero en realidad es una radiografía del terror (y horror) psicológico al que es sometido un joven – hijo de un predicador evangélico y de una sumisa esposa amantísima – por una denuncia anónima e interesada, de ser gay. Internado en un centro de ‘reeducación’ (terrible y falaz palabra que presupone que podemos ser programados a voluntad) para personas extraviadas del ‘recto camino bíblico’, asistimos al impío y desolador calvario de ser tratado como escoria, como engendro infecto, como morralla inmoral y pecaminosa por la nimia e invisible diferencia de orientar tu deseo y afecto emocional y sensual hacia personas de tu mismo sexo. Podrá ser una disposición minoritaria, pero ¿acaso depende el respeto que nos otorguen los demás a que tengamos que ser, por obligación o mandato, siempre unánimes y uniformes?

Quizás para aquellos que nunca hayan tenido que enfrentarse, por los motivos o razones que sea, a lo que de ellos se esperaba o exigía, tengan alguna dificultad de entender el desgarro, angustia y desolación que supone tener que rebelarse frente a tus seres queridos y tomar la decisión de ser honestos consigo mismos antes que sucumbir a la hipocresía y castración de cumplir con la imposición colectiva de fluir con la mayoría y no salirse de los márgenes trazados, aunque esto conlleve el sacrificio de ser excluidos del seno familiar o del amparo y protección de la comunidad. Ser diferente nunca es fácil. Proclamar y defender esa disparidad puede ser devastador.

Estamos ante un penetrante estudio de caracteres. Y para ello es de vital importancia contar con unas excelentes actuaciones – como es el caso – para comprender la dolorosa amalgama de los afectos y fobias que están en juego: Lucas Hedges brilla como el acosado afligido; y Nicole Kidman está soberbia como madre escindida entre dos ¿irreconciliables? lealtades.
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14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
La chute de l'empire américain
La chute de l'empire américain (2018)
  • 6,8
    598
  • Canadá Denys Arcand
  • Alexandre Landry, Maripier Morin, Rémy Girard, Louis Morissette, ...
8
El apogeo del lucro personal
O la compasión como una de las Bellas Artes. He visto durante los últimos treinta años algunas de las películas del veterano director canadiense Denys Arcand (de 77 años) y casi siempre me han gustado, al mostrarme las inquietudes de un cineasta comprometido con los individuos y preocupado con la realidad del momento reflejado. Parecen obras realistas, aunque bañadas con una irreal pátina de ensoñación sombría que las vuelve vitriólicas y lacerantes a cualquier atento espectador que se adentre en su juego seductor de espejos deformantes o en su microcosmo de esperpento amoral y mezquino. Las personas pueden ser rectas y bondadosas, pero basta cualquier mínimo resquicio u ocasión para convertirse en pirañas que olfatean la sangre y enloquecen.

La trama arranca con una locuaz, triste y melancólica ruptura entre dos amantes – un joven e inseguro licenciado en filosofía que trabaja como repartidor de correos y una desilusionada empleada de banca que es, además, madre soltera – para luego pasar a un incompetente atraco cruento que ofrece la inesperada oportunidad al retraído e insulso protagonista de hacerse con el ingente botín que los ladrones extraviaron durante su huida. Esto marca el tono de la cinta: el azar y el provecho sobrevenidos que ofrece un mundo tan injusto como ineficaz, donde lo bueno y lo malo depende de circunstancias aleatorias y no de su contenido ético o moral intrínseco. Quizás evoquemos el sentencioso refrán de ‘quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón’, aunque sazonado con un agrio y mordiente humor negro que no deja títere con cabeza ni corruptela sin explorar, ya que hay situaciones que es mejor aprovechar y cazar al vuelo, no sea que la diosa fortuna pase de largo.

Tal vez la visión del mundo que se nos ofrece sea sesgada y parcial – con una indisimulada orientación izquierdista de parvulario – rebosante de moralina y tendente al sermón virtuoso y dominical, pero no deja de tener su coherencia incisiva ni su pertinencia social. Todo lo que se desvela nos resulta muy reconocible y cercano como para poderlo impugnar; puede que no se confronten todas las alternativas, pero las que se nos ofrecen resultan demasiado verosímiles e irrebatibles. El dinero – y, sobre todo, las formas de esquivar su transparencia y fiscalidad – se ha convertido en un lastre endémico de nuestras opulentas y escurridizas sociedades del bienestar. Mientras más poderoso y adinerado seas, tanto más fácil será eludir la supervisión y vigilancia que los cándidos políticos – parte interesada, al fin y al cabo – quieran introducir para su control y seguimiento.

El gran acierto de la cinta es revestir sus sarcásticas denuncias con un ácido y mordaz tono burlón. Nada novedoso pero chispeante.
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7 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nosotros
Nosotros (2019)
  • 5,9
    7.896
  • Estados Unidos Jordan Peele
  • Lupita Nyong'o, Winston Duke, Elisabeth Moss, Tim Heidecker, ...
6
A través del espejo
Es una lástima que un excelente planteamiento inicial acabe desembocando – una vez más y por desgracia – en la en apariencia inevitable traca fallera de fuegos de artificio caprichosos y truculentos que subvierten y anulan todo lo visto con anterioridad. Es como si estuviéramos viendo dos películas distintas – una primera parte desazonadora y estimulante; y una segunda parte del todo banal e intrascendente – que nada tienen que ver y que además están mal ensambladas y que malviven como dos fragmentos antagónicos que son manoseados por el albur antojadizo de un mañoso guionista bisoño que no sabe cómo mantener el amenazador tono inicial propuesto ni hacer creíble el brusco y arbitrario cambio de rumbo adoptado. Y el espectador se pregunta, incrédulo, ¿para qué un arranque tan prometedor si el desenlace es tan insustancial como adocenado?

En estos casos lo más irritante es que tanto el urdidor de la trama como su avezado productor y director –el emergente y talentoso Jordan Peele – demuestra talento, aptitudes y arrojo como para haber pergeñado un relato más coherente y mejor engarzado. Es como si le hubiera temblado el pulso y temiera no verse favorecido por el ansiado éxito de público si no daba cabida a los más vulgares, insípidos y retorcidos tópicos y tretas de una producción hollywoodiense al uso. Si tuviera que valorar la cinta por lo que pudo haber sido y no es, sólo podría concluir que es una decepción sin paliativos, un quiero y no puedo, un fallido engendro abortado. Pero atendiendo a lo que he visionado en el cine, al producto estrenado entre alharacas de marketing y parabienes de la crítica, sólo puedo concluir que es un frustrante ejercicio lleno de ideas, pero ayuno de resultados, un suflé vistoso y apetecible, aunque vacío de contenido o enjundia.

Creo que su fallo esencial es el guion, construido de forma tramposa y artera. La elipsis inicial que pudiera parecer un recurso brillante y sibilino para acrecentar el desasosiego e intensificar la angustia deviene así en su pecado original: un barato truco de caseta de feria en decadencia, carpintería de desguace de un guionista torpe y falto de habilidad que pretende vendernos una mercancía averiada como si fuera un diamante en bruto. Pero al no saber pulir ni tallar esa larvada gema, el resultado final deviene en artimaña marrullera. El juego de espejos acaba aburriendo y las costuras e imposturas se hacen demasiado evidentes. No basta con tener una turbadora ocurrencia, se requiere pericia y talento para urdir sugerencias, destellos y reflejos que nos hagan admirar el resplandor y nos permitan olvidar que hemos sido engañados de forma maliciosa.

Lo más reseñable es la excelente e inquietante actuación de Lupita Nyong'o. Nada más.
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13 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dolor y gloria
Dolor y gloria (2019)
  • 7,4
    7.636
  • España Pedro Almodóvar
  • Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, ...
9
Tinieblas y claridad
De la cueva al cielo. O de cómo utilizar tu inasible vida para urdir sabios embustes fulgurantes. Pedro Almodóvar quizás sea un mal carácter, una persona ingrata, parcial y llena de amargura, pero no creo que haya nadie que pueda poner en duda que sea uno de los artistas españoles más interesantes, inquietos y perdurables del último medio siglo. Su insolente personalidad y sus inimitables fabulaciones nos acompañan desde hace ya ocho lustros y si bien llevaba más de una década sin realizar nada interesante ni a la altura de su talento – con la excepción de su anterior cinta, Julieta (2016), que pasó casi desapercibida – ahora nos ofrece una de sus obras más redondas, perfectas y sugestivas, un portentoso melodrama que transita sin pudor ni remilgos la ficción autobiográfica, lo tragicómico y el angustiado ensimismamiento melancólico con envidiable garra, maestría, elegancia y sabiduría.

Tanta destreza no es una casualidad, sino señal de madurez, autocrítica y talento. Quizás sea esta la mejor obra de su autor hasta la fecha – aunque desde luego no es ni la más graciosa, ni la más diáfana ni la más embaucadora. Estamos ante una sutil síntesis de su estilo, de sus orgullosas raíces, de sus sempiternas obsesiones y sus variopintos desengaños, pero sintetizando todo ello hasta convertirlo en una historia indeleble repleta de añoranzas, ensoñaciones y fragmentos que sin rehuir la sinceridad se travisten de obstinadas ilusiones y medias verdades que nos recuerdan que sólo reescribiendo nuestros recuerdos más emponzoñados somos capaces de superarlos y seguir adelante. Este tardío y juicioso florecimiento de la evocación pudiera hacernos pensar que al artista le ha dado un compungido ataque de honradez… pero nada más lejos de la realidad. Lo que aquí nos muestra es su peculiar manera de canibalizar, tergiversar y trascender su propia biografía hasta convertirla en Arte.

Ya lo dejó dicho Mario Vargas Llosa – con su habitual lucidez – al hablar de la esencia intrínseca de la novela: la Verdad de las Mentiras. Y una vez más, Almodóvar consigue aquí que todos sus actores sean sus más feroces cómplices y devotos aliados, al sacar lo mejor, lo más perdurable y profundo de su amplísimo elenco artístico. Ante todo, es de justicia alabar el portentoso trabajo de un inconmensurable Antonio Banderas: cada gesto, cada palabra, cada silencio es un compendio de pericia, emoción y buen entendimiento. Se mimetiza con su creador hasta casi volverlo indistinguible. Pura filigrana de orfebrería. A igual altura brilla una excepcional Julieta Serrano. Pero sería injusto no mencionar también a Asier Etxeandia, Penélope Cruz o Leonardo Sbaraglia.

En resumen, quizás no sea del agrado de todo el mundo, ni resulte fácil o inmediato reconocer sus muchas referencias y conexiones. Pero bordea la perfección y es una joya.
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31 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
La mula
La mula (2018)
  • 6,7
    11.381
  • Estados Unidos Clint Eastwood
  • Clint Eastwood, Bradley Cooper, Dianne Wiest, Michael Peña, ...
7
Redención
El refranero español nos recuerda: ‘nunca es tarde si la dicha es buena’. Y este parece ser el tema central de esta cinta crepuscular con la que nos obsequia un ya casi bíblico – en el mejor y más agradecido de los sentidos – Clint Eastwood. Cuando estás de vuelta de todo y echas la vista atrás te das cuenta de que quizás deberías hacer algo para enmendar los errores del pasado y reconciliarte con la vida y con las personas que te han querido a lo largo de tu zigzagueante deambular terrenal … antes de que pudiera llegar a ser demasiado tarde o del todo inútil emprender semejante filigrana o labor de orfebrería. Porque los únicos lamentos que nos llevaremos a nuestra tumba serán nuestros errores, nuestras omisiones, nuestra incapacidad de enmendar yerros o enderezar entuertos. No haberlo ni tan siquiera intentado sería nuestro merecido infierno.

Quizá se le pudiera reprochar a esta cinta que sea demasiado lineal, monocorde, previsible e inocente. Quizás. Pero la verdad es que, pese a la mínima trama, el obstinado desaliento y repetición de los caminos transitados, a la reducida tensión dramática del metraje, al hieratismo perseverante de su protagonista, a los lacónicos y manidos diálogos que producen hasta cierto sonrojo y a la turbulencia familiar que de puro tópica y resobada casi resulta una afrenta al espectador… pese a todo los pesares que pudiera yo ahora enumerar – y seguro que se me olvida alguno en el arbitrario listado precedente – la verdad es que la trama funciona, la historia nos llega y el clímax se alcanza como por embeleso o arte de birlibirloque: las piezas del moroso y tenaz rompecabezas encuentran su atinado acomodo y hasta nos dejamos conmover y emocionar por un desenlace que no por presentido – y casi inevitable – deja de estar bien construido y astutamente interpretado. Son las prerrogativas del pícaro perro añoso que encuentra en la facilidad su anhelada felicidad.

Algunos repiten que estamos ante la despedida de Clint Eastwood como actor: a punto de consumar los 89 años de vida, este siempre postergado y nunca del todo consumado adiós parece más una obviedad física que no una voluntariedad anímica … pero siempre nos ha sorprendido este artero humanista del séptimo arte, con su infatigable rosario de grandes obras desde hace más de sesenta años, tanto delante como detrás de la cámara (e incluso simultaneando cometidos). Pero ¿qué mejor que el relato redentor de un antihéroe que consigue ser perdonado y reconciliarse con sus seres queridos para cerrar su calvario íntimo y completar su ansiada salvación?

Y a buen seguro que este parsimonioso broche de oro pudiera haber sido algo mejor, pero que tal y como está, hace justicia a su dilatadísima carrera.
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15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cafarnaúm: La ciudad olvidada
Cafarnaúm: La ciudad olvidada (2018)
  • 7,7
    2.272
  • Líbano Nadine Labaki
  • Zain Al Rafeea, Yordanos Shiferaw, Boluwatife Treasure Bankole, Kawthar Al Haddad, ...
8
Pandemónium
Estos últimos años, casi todo el cine proveniente de El Líbano me ha parecido de lo más interesante e instructivo que se ha podido ver en salas comerciales, realizado en lo que conocemos como ‘Oriente Medio’, una de las zonas más conflictivas e ingratas tanto de la segunda mitad del siglo XX como las primeras décadas del XXI, crisol irresoluble de culturas, religiones e ideologías que nos muestran las muchas contradicciones y conflictos que asolan nuestro atribulado presente y que tiñen de sangre y congoja nuestros días y bañan de pesimismo y desolación nuestro futuro. Se nos presenta aquí una recargada y caótica coctelera con algunos de los temas que impregnan nuestros insomnios diarios: la maternidad mal entendida (o entendida como fuente de recursos crematísticos), la inmigración ilegal o alegal, la trata de seres humanos como mercancía, el trabajo infantil (en vez de poder asistir a la escuela y así formarse para romper la aciaga esclavitud de la pobreza) y los abusos lacerantes a la dignidad humana…

Quizás se le pueda reprochar a su directora y coguionista, Nadine Labaki, el haber querido meter demasiadas cosas durante el desarrollo de la trama, pero también es verdad que la vorágine que se despliega ante el espectador como un confuso mosaico nos permite escrutar la complejidad de un mundo al borde del infierno, lleno de privaciones, anhelos, decepciones y sueños, donde la mugre cotidiana aún nos permite atisbar cierta bondad natural inmarchitable en los corazones de sus sufrientes protagonistas, donde el amor y la compasión son las piezas indispensables que nos permiten salir adelante pese a la adversidad y el dolor en que vivimos. Este exceso de problemas e historias nos permite escudriñar la complejidad del mundo actual, donde todo parece poderse comprar o vender sin ningún remordimiento moral ni atisbo de misericordia, donde nada que no tenga un precio tiene valor alguno. Exceptuando solo la honestidad.

Nada de lo que vemos puede considerarse novedoso o inaudito, aunque en realidad lo más reseñable estriba en la fuerza y ternura que rezuman sus imágenes y la verdad que desprende su protagonista infantil, hilo conductor de este descenso al averno, atravesando la podredumbre inmisericorde que nos anega y la fortaleza personal que nos redime. El catálogo de calamidades y desdichas que sufre y padece no busca la complicidad sensiblera u oportunista ni pretende invocar el gimoteo quejumbroso y dócil de la víctima, sino que nos abofetea con rabia y desesperación, como un grito colérico de resistencia e ira ante la crueldad e indiferencia de un mundo insolidario, desmemoriado e injusto.

No gustará a quienes vayan al cine para evadirse del hedor ordinario. Pero gustará a quienes se preocupen por sus semejantes y quieran comprender sus infortunios.
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13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
La favorita
La favorita (2018)
  • 7,2
    15.953
  • Reino Unido Yorgos Lanthimos
  • Olivia Colman, Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult, ...
8
El favorito
Lo mejor del cine histórico es la posibilidad no sólo de arrojar luz sobre oscuros eventos del pasado, sino también la de podernos esclarecer y hacernos comprender nuestro propio obtuso presente. Desconocía la existencia de la Reina Ana de Gran Bretaña y desconozco si el retrato que se hace de ella, de su época y de su corte se ciñe a la realidad histórica o es una fabulación fantasiosa, pero más allá de los muchos logros artísticos de la cinta – que es una delicia tanto visual como humorística – nos sirve como metáfora del barrizal nacional español, en la persona del Favorito de los Dioses y los Electores, el ínclito y sin igual Pedro Sánchez, ese emisario de la Buena Nueva de un mundo más justo, más igualitario, más inclusivo, más dialogante, más femenino y celestial.

La cinta nos habla de la caída en desgracia de la favorita de la Reina, Lady Sarah Churchill, Duquesa de Marlborough y la paulatina sustitución por una nueva favorita, la trepadora Abigail Masham, prima de la anterior y mujer de un terco objetivo: su beneficio personal. Antes de su advenimiento sólo existía oscurantismo e intolerancia, tras su fulgurante ascenso comienza la verdadera HISTORIA de la HUMANIDAD. ¿A alguien le resuena esta vanidosa matraca indigesta de autopromoción? No hay mejor ciego (o sordo) que el que no quiere ver (o entender). Lo mejor de esta película es su contagioso sentido del humor, sus chispeantes diálogos llenos de aristas y mala leche y su capacidad de crear personajes de carne y hueso que iluminan los recovecos más siniestros del alma y que buscan por cualquier medio atornillarse a un puesto en el que sentirse insustituibles y guarecidos en esta vida llena de decepciones, fracasos y humillaciones.

No me suele gustar el cine de Yorgos Lanthimos, pero en este caso le ha salido una obra redonda. El guion es excelente, el tono bascula entre la parodia hilarante y una respetuosa reconstrucción estética, llena de meticulosos y suculentos detalles que nos acercan a los albores del siglo XVIII como si fuéramos testigos privilegiados de la corte y sus quebrantos diarios. Y sobre todo gracias a contar con tres actrices excelentes que dan lo mejor de sí mismas. Están tan perfectas, tan mimetizadas con sus papeles que se hace imposible decantarse por ninguna de ellas: Olivia Colman es la encarnación de la regente sin mando, Emma Stone es la favorita incombustible, sólo atenta a su medro personal, mientras que Rachel Weisz (inconmensurable) es la estadista caída en desgracia que se consolará con una larga vida envuelta en riquezas y nostalgia.

Pregunta para el negro de Pedro Sánchez: ¿Quién de las tres es una mera nota a pie de página?
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10 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Green Book: Una amistad sin fronteras
Green Book: Una amistad sin fronteras (2018)
  • 7,6
    22.412
  • Estados Unidos Peter Farrelly
  • Viggo Mortensen, Mahershala Ali, Iqbal Theba, Linda Cardellini, ...
6
Paseando a Don Shirley
De nuevo, la Academia se ha pegado un tiro concediendo el Oscar 2018 al mejor largometraje a este panfleto repleto de buenas intenciones, blandenguería al por mayor y estudiada capacidad de edulcorar lo inaceptable, aunque se puedan apreciar también su innegable propósito de mostrar las aristas y animadversiones viscerales que, si bien no es deshonesto, resulta demasiado obvio, epidérmico y simplón. Una cosa es tener un buen punto de partida – una supuesta historia real que nos permite transitar lo más lacerante y cruel de un racismo endémico que ha impregnado hasta la náusea ciertos estados sureños de EE. UU. durante casi toda su existencia – y otra muy diferente es acertar con el tono o con la dimensión trágica de lo que se nos quiere hablar.

Don Shirley, nacido en Florida de inmigrantes jamaicanos (1927-2013) fue un músico de educación clásica que durante unos años trató de labrarse una carrera como solista pero que debido al hecho de que era negro, apenas consiguió abrirse camino en el exclusivo y racista mundo emperifollado de los grandes salones, teniéndose que conformar con tocar, no sin arte ni provecho, músicas y estilos que quedaban muy por debajo de su talento y anhelos. Luego estudió psicología, pero viendo que tampoco lo satisfacía volvió a dar conciertos por todo el mundo, incluyendo composiciones propias. Ya es de por sí difícil tener talento y descollar, pero cuando te cierran las puertas del reconocimiento y de la fama por el color de tu piel, habremos topado con el límite inexpugnable del mundo. Y eso puede conllevar una depresión vital de nefastas consecuencias.

El punto de vista adoptado es el de Tony Lip (1930-2013) – el chófer y guardaespaldas contratado por la compañía de discos de Don Shirley para llevar a buen puerto una gira por los estados sureños durante el año 1962 – y ese cambio de perspectiva se debe a que uno de los guionistas es la del propio hijo de Tony Lip. Por lo tanto, contemplamos todas las injusticias raciales desde la mirada ¿inocente? del hombre blanco que nunca ha sentido el zarpazo del racismo sobre su piel ni en su vida cotidiana. Y el infame Libro Verde en el que se recogen los tugurios donde podían pasar la noche los ‘turistas’ de raza negra que tuvieran la extraviada voluntad de recorrer ciertos estados sureños infestados del racismo sempiterno de los que han mantenido esclavos como parte de su visión del mundo. Y Viggo Mortensen, hace toda una creación de ese gárrulo inculto, soez y cretino, hasta convertirlo en el prototipo del blanco de corazón bobalicón y honesto.

En definitiva, unas palomitas henchidas de aire que te tragas sin rechistar, pero te dejan con hambre.
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21 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
La casa de Jack
La casa de Jack (2018)
  • 6,6
    5.194
  • Dinamarca Lars von Trier
  • Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman, Riley Keough, ...
7
La vanidad de Satán
El director Lars von Trier es un alborotador. Sus obras suelen ser perversos mecanismos que causan incomodidad y llevan al espectador hasta los límites de su resistencia o tolerancia – e incluso más allá. Tiene la corrosiva característica de hacerse odioso y meternos el dedo en el ojo (o en nuestra boca) hasta conseguir que desviemos la mirada o se nos revuelvan nuestras tripas hasta provocarnos el vómito. Lo que pudiera tomarse como un ejercicio de fatua hostilidad o un reto insolente a nuestra capacidad de aguante, deviene así en una forma de entender el arte: promover la antipatía visceral como envoltorio para contarnos sus historias, siempre al borde de lo tremendista o de lo excesivo, nunca tomando el camino más cómodo, sino explorando los más áridos recovecos como irrenunciable exigencia narrativa.

Con un estilo moroso, alejado de los apremiantes montajes del cine comercial, nos propone la radiografía de un psicópata irreductible, de un asesino en serie que, bajo la apariencia de un educado y circunspecto ingeniero con veleidades de arquitecto, se siente impelido a desafiar el convencionalismo de un respetable padre de familia y se dedica a matar a diestro y siniestro como si de un mero entretenimiento de caza se tratase. No se nos ahorran los crueles detalles de ninguna de sus hazañas, repletas de sangre, ironía y coincidencias brutales… lo cual le hacen creerse superior a los demás mortales y digno de un destino mejor en el que se cree hasta con fuerza y arrestos de desafiar al averno. No se trata tanto del qué se nos cuenta sino del cómo: Y la textura de los materiales elegidos presagia su propia caída.

No es plato para paladares gazmoños. Tampoco es propicio para estómagos acostumbrados a la sanguinolenta crueldad de la puesta en escena del dolor ajeno como espectáculo vivificante de la perversidad humana (siempre que ésta esté dirigida hacia los demás, pero nunca hacia nosotros mismos). Porque cada golpe, cada disparo, cada crimen se clava en la retina del atónito espectador alucinado, como si de una violación estomagante, repulsiva y atroz se tratase. Nos hace partícipes de unos hechos y unas consecuencias que son inaceptables, que censuramos sin reservas, que ni su incuestionable inteligencia ni su ofensiva capacidad de ironía convierten en soportables. ¿La brutalidad o el sadismo como una de las bellas artes? Con seguridad: No.

Como tibio consuelo queda el inapelable correctivo final. Triste y ofuscado balance para una historia tan repelente como bien trazada, tan aborrecible como irritante. Buen cine que, una vez padecido con horror, permanecerá en el congelador del olvido.
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
High Life
High Life (2018)
  • 5,7
    1.626
  • Francia Claire Denis
  • Robert Pattinson, Juliette Binoche, Mia Goth, André Benjamin, ...
6
Vida Empantanada
Creo que una de las más encomiables características del buen cine es ser capaces de concebir y eregir un mundo imaginado – ya esté ubicado en el pasado, en el presente o en un futuro incierto – y hacerlo pasar por indiscutible o al menos por veraz y verosímil, en donde se pueden llegar a suspender las reglas y leyes que nos atan a la tediosa realidad que nos envuelve y engulle por doquier. Y quizás sea ésta la mayor virtud de esta cinta francesa rodada en inglés: nos propone una distopia futurista que no por atroz e inhumana deja de tener su molesta credibilidad. No resulta una experiencia ni agradable ni indulgente para con el espectador, pero quizás más por las crueles posibilidades que presagia y no tanto porque lo que vemos sea absurdo o delirante.

Nos enfrentamos con una fábula alejada de la ciencia ficción hollywoodiense, aunque en su tosca y precaria verosimilitud – que nos remite más al feísmo intimista de Alien que a la bullanguera espectacularidad de Star Wars – prime la mugre, el fatalismo y la monotonía sobre la fastuosa megalomanía de los efectos especiales de batallas y mutantes. El individuo puede estar, en apariencia, al mando, pero en verdad es esclavo de una tecnología que lo arrolla y doblega hasta convertirlo en una marioneta quebrada, en una molesta y onerosa cobaya caduca. El pesimismo visceral que impregna las imágenes nos debiera servir de recordatorio que todo ser humano tiene unos derechos que deben ser respetados y salvaguardados, sin que puedan ser menoscabados o atropellados por lo que pueda llegar a decidir una mayoría, por muy democrática que ésta diga ser.

Claire Denis nos propone una desoladora reflexión travestida de pesadilla futurista sobre la deshumanización del presente – aunque en apariencia nos hable del futuro y nos ubique en una cochambrosa nave espacial tan alejada de la tierra como de cualquier paraíso utópico, tan ajena a la compasión como a la misericordia. El hombre es lobo para el hombre y nada mejor que pergeñar un relato que parece reflejarnos lo que podemos llegar a ser cuando en verdad no abandonamos en ningún momento el lodazal terrestre en el que apenas quedan atisbos de esperanza ni mentiras piadosas que contarnos. Vamos encaminados hacia un agujero negro que anulará cualquier promesa de redención.

Por su falta de optimismo y luminosidad, resulta una obra difícil de recomendar, pero abre un sinnúmero de espinosos interrogantes que resuenan, sin respuesta, en el vacío interestelar.
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7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un día más con vida
Un día más con vida (2018)
  • 7,3
    1.823
  • España Raúl de la Fuente, Damian Nenow
  • Animation, Miroslaw Haniszewski, Vergil J. Smith, Tomasz Zietek, ...
8
Un crepúsculo más de infamia
Las vivencias del periodista polaco Ryszard Kapuściński (1932-2007) da para un sinfín de películas, a cuál más brutal, dolorosa y atroz. Por ello es perfecta como punto de partida para bucear en una de las más largas y cruentas guerras fratricidas del siglo XX: la guerra civil que asoló de 1975 a 2002 a la excolonia portuguesa de Angola – y que prolongaba y multiplicaba lo que había sido su particular Guerra de Independencia (que se había dilatado durante casi tres feroces lustros) – con la intervención, entre otros muchos, de componentes cubanos, zaireños, sudafricanos, norteamericanos y soviéticos. La matanza – una de las múltiples manifestaciones de la infausta Guerra Fría que protagonizaron los dos bloques rivales en que se dividió el mundo tras el fin de la II Guerra Mundial – pasó tan inadvertida como casi todo lo que acontece en el continente africano, tan oscuro e impenetrable como su pasado y su futuro: desangrarse por unos ideales tan de prestado como equivocados, peones accesorios de un tablero repleto de comparsas y carente de interés para cualquiera que tuviera un ápice de decencia o de ecuanimidad.

Lo más lamentable es que Angola es un extenso territorio de casi 1.250.000 km² que posee abundantes y ricos yacimientos minerales y petrolíferos, aunque a pesar de ello, el nivel de vida de la mayor parte de los angoleños es muy bajo y, tantos sus índices de mortandad infantil como de expectativa de vida están, aún hoy, entre los peores del mundo, quedando la mayor parte de la riqueza nacional en manos de un porcentaje ínfimo de sus habitantes. Nada nuevo bajo el sol, pero especialmente doloroso cuando tanta lucha y tanta muerte pretendía instaurar un régimen marxista de justicia, igualdad y africanidad que les diferenciase de otras excolonias europeas. Este es el marco que refleja el relato que nos ocupa, los meses anteriores y posteriores a la ansiada independencia que se materializó en noviembre de 1975. Carnicería y desolación. Confusión y arbitrariedad.

Estamos ante una película que combina dibujos animados (para adultos) con imágenes reales, con entrevistas actuales a algunos de los protagonistas de aquel entonces, con fotografías de aquella infausta época y con textos del propio Kapuściński sacados de su crónica periodística de aquellos aciagos días y publicada en forma de libro en 1976. Sobrecoge comprobar que se haya derramado tanta sangre para alcanzar tan poco, tan penoso y tan ajado. Los humanos estamos agotados por la costumbre de tropezar una y otra vez sobre la misma piedra, sin aprender nada, sin comprender nada, sin enmendar nada. Somos animales de costumbres ancestrales, repetitivas e inquebrantables.

Destaca la inusitada agilidad del relato, desengañado y sin moralejas. Un aldabonazo inmisericorde.
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12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Journal 64
Journal 64 (2018)
  • 6,6
    1.310
  • Dinamarca Christoffer Boe
  • Nikolaj Lie Kaas, Fares Fares, Nicolas Bro, Anders Hove, ...
6
Q…ualquier tiempo pasado fue peor
Las hemerotecas (palabra que, a más de uno, acostumbrado a navegar por internet, le sonará a reliquia de un pasado remoto) están llenas de casos y sucesos sepultados, inverosímiles e incomprensibles que ahora nos hielan la sangre y nos ponen los pelos como escarpias. Pero debemos sopesar que lo que ahora nos parece normal no lo fue hace tan solo unos años y que debemos enjuiciar cada época considerando los valores morales y sociales predominantes en cada momento, diferenciando entre lo que ahora nos parece normal y admisible de lo que pudieron ser los criterios prevalentes en un pasado ni tan remoto ni tan alejado de nosotros como para considerarlo un agravio al sentido común o un insulto a nuestras creencias. Y también deberíamos saber que lo que ahora nos parece universal e inapelable, dejará de serlo en un futuro próximo, en que otros se llevarán las manos a la cabeza y nos tacharán de bestias, salvajes y palurdos.

Esta cinta policiaca danesa nos habla tanto del pasado como del presente, de las lacerantes actitudes habidas en otras épocas, de la tiranía de la venganza cuando nos han humillado, de cómo a veces nuestra imaginación es nuestra peor condena y nos cierra las puertas de la necesaria redención. Y las segundas oportunidades son casi siempre imposibles o no están al alcance de nuestra mano. Es decir, tras un envoltorio de thriller, nos encontramos con una exploración nada complaciente del pasado de un país tan encumbrado por el progreso como salpicado por el sarampión de la superioridad racial. Por lo tanto, nos enfrenta a los despojos morales de lo que todos los países de todas las latitudes han sufrido a lo largo del infausto siglo XX, lleno de ideas supremacistas y de leyes que ahora nos hacen sonrojar de vergüenza. Nadie estamos libre de culpa y por ello es necesario que volvamos la vista atrás y denunciemos todas aquellas conductas que nos hacían creer que tenemos lo que otros carecen: compasión y rectitud.

La trama es convencional, el desarrollo es algo simplón y sin garra, pero el tema – a poco que nos interese el mundo que habitamos – es de acuciante pertinencia. Las explicaciones son siempre las más verosímiles, pero desconocer nuestro pasado nos condena a repetirlo y por ello es digno de señalar que se haga un mínimo de autocrítica para reconciliarnos con la raza humana y concluir que la humildad siempre será nuestra mejor aliada.

En resumen, tiene más interés su exploración histórica que su desarrollo detectivesco y nos presenta escenarios que no por ignorados debemos de obviar ni arrojar al cajón del olvido. A destacar la labor de Fares Fares.
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12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Roma
Roma (2018)
  • 7,1
    20.978
  • México Alfonso Cuarón
  • Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Marco Graf, Diego Cortina Autrey, ...
9
Amor
De los engaños y espejismos de la vida nos damos cuenta tarde. Y cuando volvemos la vista atrás nos queda la amarga sensación de no haber sido capaces de leer e interpretar los detalles con suficiente atención o antelación. Hemos dejado que la inercia, el tesón o la ingenuidad fueran nuestra guía, cuando en realidad era tan solo una forma de mantener al macho al mando y a la hembra sometida. La consideración hacia tus semejantes es el único tesoro que debemos admirar y conservar. Lo demás son juegos vanos de artificio que nos nublan la vista y quiebran nuestra lucidez. Con estos mínimos elementos urde Alfonso Cuarón un tapiz sobre los pilares de nuestra existencia: el amor, de lo que nos hace humanos, de lo que nos aleja de las fieras, de lo que fortalece el clan y nos permite salvar las adversidades. Podemos llamarlo familia o tribu, pero lo esencial es el respeto hacia uno mismo y el cuidado apegado y sincero hacia todas las personas queridas.

El rasgo común con otra de las grandes películas del año – ‘Cold War’ de Pawel Pawlikowski – es el uso del blanco y negro para urdir el tapiz de la nostalgia que se nos propone. Lo que en la cinta polaca abarca quince años de relaciones, encuentros y desencuentros, en esta obra mexicana apenas cubre un año. Todo es más concentrado, más intenso, más volcánico y más íntimo. Es una apología del amor materno – ya sea consanguíneo o adoptado – que se convierte así en un elogio de la fuerza motriz de la civilización y de las relaciones humanas: la maternidad y sus múltiples cuidados y esfuerzos para sacar adelante a la prole, mientras el macho cachondo se entretiene en fertilizar y utilizar a cuanta mujer deseable y propicia que se cruza por su camino. Es la admiración hacia el desvelo y diligencia maternal perenne sobre el irascible e indiscriminado afán de preñar y desatender del macho cabrón. Y la premisa no resulta en absoluto forzada porque la realidad la desenmascara e ilustra con suficiente elocuencia.

No censura los defectos del varón, sino que ensalza las virtudes de la mujer: su afán titánico por el cuidado, por el respeto y los desvelos para dar continuidad a la raza humana y su linaje, cualquiera que sea la desdicha o circunstancia. Ellas son el sexo fuerte y la esencia de la familia. Ellas nos nutren, nos cobijan, nos protegen y nos sacan adelante. Luego ya nos encargaremos cada uno de nosotros por seguir nuestro propio camino y repetir aciertos o yerros según nuestras inclinaciones y apetencias. Pero es de bien nacidos ser agradecidos y por ello estamos ante una loa universal: un homenaje al seno materno.
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27 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil