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9
En ocasiones el amor llama a tu puerta… y trae consigo a alguien que lo empuje
He aquí una comedia mordaz hasta el tuétano, pícara de la entrada hasta la salida, y divertida por donde se la mire. Transcurre en tiempos de la II Guerra Mundial, pero los dos caballeros que protagonizan la historia –no obstante que guardan su secretico- están por ahora más interesados en darle salida a un nuevo amor que florece, ¡pero no entre ellos!, sino entre el más joven, Joe Carter –quien se ha presentado como fabricante de cochecitos para bebés- y Connie Milligan, la arrendadora del medio apartamento que, los dos amigos, comparten medio de medio.

Pero, ocurre que a veces, el amor quiere entrarse por una rendija y necesita de alguien que lo empuje un tantico. Y así es como el primero en llegar no es Carter -el señalado por Cupido- sino el “millonario jubilado” Benjamin Dingle, un caballero astuto, con un inmejorable sentido de la oportunidad.

El filme se inicia mostrándonos el más delicioso contraste entre la Washington que describe un presentador y la que vemos en imágenes “documentales”. Al terminar, se nos hará ver, en un “interesantísimo” primer plano, la estatua de un almirante. El nombre… creo que es mejor olvidarlo, porque lo que importa es recordar la “frase inmortal” que aparece al pie del monumento: “¡Malditos torpedos. Avanzad a toda velocidad!” Esa frase retumbará en los oídos de Mr. Dingle, quien la asumirá como bandera para animar sus impulsos.

El director George Stevens, vuelve a contar con la estupenda Jean Arthur, a quien consideraba “una de las más grandes comediantes que hayamos visto en la pantalla”. Quien lo dude, no es sino que siga su trabajo junto a este director, o junto a Frank Capra, con quien también hizo maravillas. A ella, la acompaña otro lingote de oro llamado Charles Coburn, quien recibiría un merecidísimo Oscar. Y junto a ellos, Joel McCrea consigue ajustarse en su sereno rol de aspirante al corazón de la comprometida chica.

Con “EL AMOR LLAMÓ DOS VECES”, Stevens vuelve a demostrar su solvencia para la comedia, logrando un delicioso entramado con el que uno se ríe, se sorprende, se emociona, sacude la cabeza… y siente, con certeza, que hay un puñado de gente bien calificada detrás de todo lo que ahora está viendo.

Así son las buenas comedias, hacen que la alegría te recorra las entrañas.
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12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
¡Malditos torpedos!
‘¡Avanzar a toda velocidad!’

A George Stevens le podríamos englobar en uno de esos directores de oficio y de encargo al servicio de Hollywood (muchos ya quisieran los dos Oscars que consiguió por “Gigante” y “Un lugar en el sol”). Ojala la propuesta que nos presenta en “El amor llamó dos veces” se extendiese a todo el metraje como sus primeros veinte minutos. La siempre cuidada puesta en escena con esos dos troncos de dos árboles que cubren a los protagonistas, las puyitas a los japoneses (producción del año 43) son algunos de los múltiples detalles que ofrece la película para delirio y desenfrene de los más puristas adictos al cine clásico americano.

Desde que se va el viejo la cosa baja. Mucho, demasiado. Aunque siempre ligeras brisas pueden hacernos ver la capacidad que tenía Hollywood para realizar comedias románticas tan competentes. ¡Cómo llora Jean Arthur! Aunque siempre serás la Bonnie Lee de “Sólo los ángeles tienen alas”.

6 nominaciones y Oscar para (y por) los torpedos de Charles Coburn.
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13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Clásica comedia romántica americana de la II Guerra Mundial
La escasez de viviendas en tiempos de guerra en Washington proporciona el pretexto para esta comedia post-screwball, rehecha casi dos décadas más tarde con “Walk, Don't Run”. La remilgada Jean Arthur se compromete a regañadientes a adoptar a Coburn como huésped y lo siguiente que ella se da cuenta es que este ya ha subarrendado su parte de la vivienda al guapo McCrea. Su ménage à trois es bastante inocente, pero es inevitable que el matrimonio de la Arthur se adentre en planes de modificación. Coburn ganó un Oscar por su papel secundario como el travieso viejo casamentero Sr. Dingle, pero el verdadero placer está en las interpretaciones del simpático conjunto de actores: el trío intentando seguir el ridículo horario de las mañanas de Arthur, tomando el sol en el tejado leyendo a Dick Tracy, o el romántico estrechamiento de los jóvenes amantes en los escalones del apartamento. Magistralmente filmada a través y alrededor de puertas, ventanas y paredes de papel, Stevens consigue crear una sensación creíble y (lo que es más) un fuerte razonamiento de lo que significa vivir y convivir en el espacio de otro. Solazadamente tierna y sentimental, esta continúa siendo una película a la vez íntima y refrescante.
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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
"El amor llamó dos veces" ("The More the Merrier, George Stevens, 1943)
Si George Stevens había alcanzado el culmen de su obra en 1942 tras "Talk of the Town" y "La mujer del año", una de sus últimas comedias antes de interrumpir su producción en 1943 por el asunto bélico, con "El amor llamó dos veces", irrisible título para "The More the Merrier" redondeó la faena en 1943 con otro filme realmente notable, si bien quizá no tan magistral como los dos anteriormente citadas.

Intentar realizar una comedia romántica durante un conflicto bélico como aquel, no debió ser tarea fácil, de ahí que el resultado final se ve ligeramente lastrado por las inevitables concesiones. Pero de nuevo hay mucha chicha en esta comedia de equívocos, en la que Constance (Jean Arthur) vuelve a tener que ejercer de casera, al igual que en Talk of the Town, y alojar en su casa a dos inquilinos (en tiempos de guerra era una obligación cívica), Charles Coburn (Mr. Dingle) y Joel McCrea (Joe Carter). Sin entrar en más detalles sobre el argumento (recomiendo fervientemente el visionado), una historia con cierto valor costumbrista, con los enredos derivados de los "problemas" de conviviencia de los tres personajes en el apartamento, me voy aquedar con dos escenas antológicas.

Inevitablemente (y propiciado finalmente por Mr. Dingle, que ejerce de celestino), Constance y Joe Carter se sienten profundamente atraídos. A las 19:30h de su última tarde en el apartamento, Joe le propone salir esa noche, idea que parece no desagradar a Constance, pero sin embargo advierte que tiene ya una cita con su prometido, Mr. Pendergast (un George Kittredge de la vida), pero que la ha de llamar antes de las 20:00 h para confirmarla (es un tipo muy ocupado). Hay un plano excepcional que el que se ve a los dos mirando por la ventana el reloj del campanario, esperando que las agujas marquen las 20:00h. Una vez que esto se produce, los dos salen corriendo y se encuentran bruscamente en la entrada (ella ya "casualmente" vestida para la cita), pero disimuladamente, Constance descuelga el teléfono, no vaya a haber sorpresa de última hora.

La segunda escena, es en la que Joe acompaña a Jean Arthur a su casa después del baile (que es en la que él vive también, claro). Ella lleva un irresistible vestido con hombros descubiertos, y Carter se pasa todo el camino (en un alucinante plano-secuencia), manoseándola, con un jueguecito que se traen con una especia de prenda de piel. Es una escena magistral, que ilustra lo que comentamos habitualmente acerca del ingenio que tuvieron que desarrollar los directores tras el código Hays.

Sería injusto comentar esta película y no apuntar que Charles Coburn está espléndido, como siempre, y que recibió un Oscar por su papel. Menudo actor!! Y que Jean Arthur es maravillosa, claro.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Charles Coburn. Uno de los grandes secundarios del cine.
Una de las últimas comedias que podrían englobarse en lo que yo creo que fue la edad de oro de la comedia. Ese periodo extravagante en el que predominaban las llamadas screwball comedy ( comedias alocadas) o las comedias sofisticadas y que van desde los años treinta hasta el comienzo de la segunda Guerra Mundial que cambiaría el mundo y con ello, la manera de entender el humor.
Muchísimos maestros las cultivaron. Hawks, Capra, Sturges, Lubitsch, MacCarey, Leisen, De la Cava, también Wilder como guionista, antes de dar el salto a su gran carrera como director y Cukor en sus comienzos, nos regalaron auténticas joyas de estas clases de comedias que, en mi opinión, resisten el paso del tiempo y siguen siendo refrescantes y un bálsamo para el alma.
Y hay que incluir a George Stevens. Este grandísimo director, que en los años 50 nos traería grandes melodramas como " Gigante" y "Un lugar en el sol", era un director todoterreno, capaz de asumir cualquier género y sobresalir en todos ellos. Aventuras " Gunga Din", Western " Raíces Profundas", Comedias " La mujer del año".
Y a mí me parece que en este film, Stevens consigue un peliculón.
Estamos en plena segunda Guerra Mundial y muchos de los films de esa época estaban orientados a la propaganda. Ésta, aunque tiene una propaganda más sutil, también tenía ese objetivo. No se trataba de ensalzar los valores patrióticos de otras películas, sino de insuflar ánimos a la población civil que se quedaba en América mientras los hombres iban a luchar al frente. En ese sentido, tenemos una comedia de enredos puramente románticos, en el marco de una ciudad ( Washington ), enloquecida y afanada en la preparación de la maquinaria de guerra. En ese contexto, había que llenar de optimismo y fuerza al espectador de entonces y creo que lo consigue ampliamente.
Así, tenemos un argumento y un magnífico guion muy particular y poco visto.
Washington, 1943. La ciudad se encuentra abarrotada. Cada día va llegando gente de todos los rincones del país para trabajar al servicio de la guerra. No hay vivienda suficiente para acomodar a tanta gente y es deber cívico de los ciudadanos tratar de facilitar hospedaje, aunque sea en sus propias casas, a los recién llegados.
Por otra parte, los jóvenes están luchando lejos. En esa ciudad, como muy bien se afirma en un momento dado, tocan a ocho mujeres por varón. Las mujeres para ligar, lo tenían difícil.
Charles Coburn, imponente en esta película, llega a la ciudad para trabajar pero no encuentra hospedaje. Se las arreglará para subarrendar la mitad del apartamento de Jean Arthur, que no sabe lo que le viene encima. Éste, resultará ser un metomentodo que decidirá arreglar la vida de su patrona.
George Stevens demuestra aquí conocer todos los resortes del humor y los utiliza sabiamente, mezclando todos los estilos y combinándolos muy bien.
Había trabajado con Stan Laurel y Oliver Hardy " El gordo y el flaco" y esta película tiene un montón de escenas que recuerdan a aquellas comedias. También mira a otros grandes como Lubitsch, del que toma muchos ejemplos así como escenas de " Sucedió una noche" de Capra. Diálogos dignos de Hawks y escenas de screwball que bien podría haber tomado de éste o de Sturges o de De la Cava.
Dicho así, podría parecer un batiburrillo de todos los grandes y quedarse en una mera copia de todos ellos. Pero no es así en absoluto.
Stevens demuestra ser un gran admirador de sus coetáneos pero un gran cineasta también. Y resuelve con tanta pericia toda suerte de situaciones difíciles, siendo el conjunto una comedia tan grata, que no se puede menos de reconocer a esta película como uno de los ejemplos más representativos de esa gran época dorada.
Una Gran, Gran Película.
Y otra película infravalorada por lo que veo en esta página y con muy pocos votos además. Una lástima. No se lo merece.
Por cierto. Me gustaría saber cuánto costó esta película. Estoy seguro que muy poco presupuesto. Sin embargo, desborda talento a raudales. Quisiera saber qué profesionales podrían hacer algo parecido hoy, con tan poco dinero. Corramos un tupido velo.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
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