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8
VER EN LA OSCURIDAD
Se trata de dejarlo todo preparado para el viaje sin retorno. De despedirse sin dejar cabos sueltos. De mirar con nostalgia y temor ese minutero cabrón que no cesa. Cesc Gay se apunta a esa ola emergente de películas centradas en saber decir adiós desde un prisma menos familiar, imprimiendo ternura, y desechando cualquier acercamiento al drama de manual. Vertiente que encontró su mayor representación hace ya más de una década en "Mi vida sin mí", magistral ejercicio de estilo y contención de Isabel Coixet.

Precisamente ahora nos encontramos con varias cintas que versan en la introspección del enfermo y su visión ante la propia ausencia. Obras que priorizan la forma en un fondo que se antoja cotidiano. Sin ir más lejos, Médem con la cursi y emotiva "ma ma", o la incisivamente simpática triunfadora en el último Sundance, "Me and Earl and The Dying Girl". "Truman", sin embargo, despliega toda su emotividad en la palabra, sin mayores artificios. Aquí no hay cámaras danzando ni luces color pastel para conseguir tocar al espectador. Gay camina por el dolor verdadero desde ese asfalto que pisamos cada día, dotando de un realismo hiriente a cada situación. Porque si de algo puede presumir el catalán es de mantener pulso en su escritura. Más ahora, cuando el tema es blanco de todos los dardos.

El cineasta, con una voz muy marcada, paradigma del sibaritismo patrio, firma su obra más redonda. Las copas siguen sosteniendo vinos caros, los portales no pueden tener más encanto pero Gay se apunta el mayor de sus tantos en este ejercicio de dolorosa honestidad, utopía en los últimos años. Estamos, por tanto, ante una película sencilla en su concepción que irradia honradez obteniendo el aplauso de un público que se siente agradecido ante tanta franqueza.

"Truman" es un filme de valores en peligro de extinción que anhelamos recuperar. Porque nos rechina la amistad sin contrapartida. La generosidad que no obtiene moneda de cambio. Esa misma que han entregado dos animales de la escena. Dos actores que se abren en canal para construir una química apabullante. Ricardo Darín sentenciando lo que es, una bestia sobre las tablas, aquí en un papel arriesgado que resuelve con maestría y sensibilidad dando la réplica a un Javier Cámara inconmensurable cuya mirada traspasa la pantalla.

Con esta particular entrevista con la muerte, Gay apunta directo al corazón de una manera sutil, cercana, entregando una de las despedidas más dolorosas que se han filmado en años. Imposible no salir tocado de una cinta que es puro sentimiento.
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118 de 139 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Artimañas, añagazas, artefactos, ardides, artificios…
Produce rabia y desánimo asistir a la malversación cansina del talento. Destellos de buen cine – cine de altura, ambicioso, irreductible y corajudo – echados por tierra y desperdiciados entre tanto oropel, falsedad, impostura y pretenciosidad. Ponerse grandes retos es muy loable y tratar de tomar caminos novedosos o poco transitados produce respeto y simpatía en una cinematografía tan parca, cateta, cautelosa y adocenada como la española, donde cualquier atisbo de originalidad suele ser censurado con el escarnio público y la indiferencia en taquilla. Pero una cosa es ser valiente y proponer algo fresco y otra cosa distinta es partir de una premisa tan falsa, tan fallida, tan inverosímil, tan impostada que acabe invalidando toda la propuesta.

Porque aquí partimos de un pecado original que lo hace naufragar todo: la relación de amistad entre sus dos protagonistas carece de entidad, de pasado, de sentido, de sustancia y de propósito… e invalida lo que viene a continuación porque lo convierte en algo sin interés, sin dirección, sin enjundia. Y por eso estamos ante un artilugio defectuoso aunque tenga destellos de buen cine (hay al menos cuatro o cinco escenas brillantes, eficaces, intensas y emocionantes, pero que se quedan en estampitas asiladas que se han perdido entre un fárrago de ardides y argucias). Pero en conjunto estamos ante un armatoste vacuo que se indigesta porque usa balas de fogueo que suenan a fingimiento y cuya pólvora está mojada.

Cuando todo el andamiaje depende del punto de partida, si éste hace aguas, el conjunto de desmorona sin remisión. Y la falta de explicaciones por parte de los guionistas contribuye a la ofuscación del espectador que asiste perplejo a un conjunto de estampitas llenas de buenas intenciones, buenos actores, lustroso acabado técnico, hacendosa labor de orfebrería y cuidada ambientación puntillosa, pero del todo inverosímil, opaco, forzado y enigmático. Y hay una escena de sexo tan risible como patética que agrava la sandez en su conjunto, porque toma por iluso y crédulo al sufrido espectador. Tanto elogio casi unánime para tan insulsa piececita fallida produce irritación y perplejidad. ¿Qué han creído ver que yo no he sabido desentrañar? Arcano irresoluble…

Nadie duda del talento y magnetismo de Ricardo Darín. Pero Javier Cámara es un actor de recursos limitados, más una presencia que un intérprete, que basa su gancho en despertar la simpatía del espectador más que por sus dotes histriónicas (que se limitan a la mueca bobina o a la medio sonrisa bobalicona). Y aquí es incapaz de proporcionar el necesario contrapunto dramático de la historia. En definitiva, una decepción sin paliativos.
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135 de 230 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El mejor amigo del hombre
En la última película de Cesc Gay, Julián (Ricardo Darín) se entera de que tiene un cáncer terminal. Tras entender que es irreversible, Darín toma la decisión de no recibir tratamiento de quimioterapia, evitando así prolongar innecesariamente la agonía, y vivir sus últimos días plácidamente y con dignidad, asumiendo su inminente muerte.

El título de la película alude al perro de Darín (Truman), que simboliza la amistad y la lealtad, con éste y con su amigo Tomás (Javier Cámara) vivirán 4 días inolvidables y emotivos, recordando tiempos pasados, emociones, vivencias, a la vez que se dan el último adiós.

La película es una oda a la amistad y también a la libertad. Trata de dos personas que aunque amigos, son muy diferentes entre sí. Darín es un hombre que sabe como ganarte, va de frente, y carece de dobleces.
La interpretación de Darín es una vez más, sublime y Cesc dota al film de un toque de humor, aunque es un humor muy negro, para que el resultado sea menos duro, más llevadero.

En definitiva, es una película dura, de una temática que no a todo el mundo agradará, aunque sí es un film conmovedor, que te remueve por dentro, y que, sin abusar de sensiblería, conseguirá tocarte la fibra, y hacerte reír o llorar de emoción.
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54 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
¡Qué buen drama hubiera sido!
Todo parece perfectamente medido para evitar lo lacrimógeno, para resultar sutil y sugerente, para que imaginemos que los personajes lloran a solas cuando la cámara se ha ido, para que pensemos cuánto dolor hay tras la falta de expresividad de Tomás, y cuánto miedo tras la frivolidad de Julián. Pero ocurre que la historia que no deja de ser un dramón, y esa frialdad del guionista en el cálculo del tono de contención perfecto se cuela entre líneas, te desconecta de la pantalla y te hace sentir continuamente que estás viendo una película. Una película que acaba por ser larga y tediosa.
Resulta, además, que los cálculos no están del todo bien hechos, porque casi todo tiene un aire artificial: la selección de féretros en la funeraria; las conversaciones entre Julián y los conocidos con los que se cruza, que conocen su situación terminal y oscilan entre el pudoroso hacerse los locos y la expresión de solidaridad; el gorroneo de Julián -¿por qué, si tiene un buen trabajo?-, el hecho de que, tras dos días juntos, Julián y Tomás aún no hayan hablado de dónde vive el hijo del primero, ni de si sabe o no que su padre se está muriendo, o la del todo inverosímil escena final entre la prima de Julián y Tomás. Elementos como estos aportan amenaramiento a la película y restan realismo a una historia que, en principio, parecía apostar por ser la sencilla crónica de una amistad y una muerte.
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46 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Un drama naíf sobre la enfermedad y la muerte
No seré yo quien, premios incluidos (Concha de Plata al Mejor Actor, compartida, para Ricardo Darín y Javier Cámara en la 63 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián), contradiga a público y crítica cuando cuentan, y no cesan, las excelencias de "Truman". Independientemente de cuál haya sido mi experiencia con ella, nada más lejos de mi ánimo que tratar de convencer a nadie de que es una mala película. Al contrario, creo que hay que verla porque estoy segura de que, dependiendo de la propia experiencia vital, a unos conmoverá sobremanera mientras que a otros, como me ha ocurrido a mí, puede que les deje indiferente.

Julián (un actor argentino que vive en nuestro país) y Tomás (matemático en Canadá) son dos amigos de la infancia que, a propósito de la enfermedad del primero y tras años sin verse, se reencuentran en España para pasar cuatro días juntos en los que rememorar viejos tiempos y formalizar su despedida.

Con esa halagüeña premisa, lo primero que me chirría es el empeño colectivo en catalogar esta película como comedia dramática, comedia intimista o comedia a secas. Hay algún momento que yo encuentro surrealista (como preguntarle al veterinario de qué manera se puede ayudar a un perro a afrontar la pérdida de su amo), hay simpáticos desayunos en barras de clásicos cafés de ciudad y, a ritmo de viejas canciones que te hacen añorar los años de la dulce y despreocupada juventud, hay noches de farra y colegueo en acogedores locales de ese Madrid que nunca duerme. Pero diversión y risa…

Están ellos, los dos protagonistas de la historia: un Javier tan contenido, tanto, que Ricardo, sin apenas esforzarse, prácticamente lo borra de los planos que comparten. Porque si algo destaca en Darín, porteña y ronca voz aparte, son sus maravillosos ojos: tiene una manera de mirar tan sugerente, tan intensa, tan rica en emociones y matices que no puedes evitar preguntarte si en la vida real alguien te ha mirado así.

Pero no es suficiente.

¿Qué cuál es el problema?

Considero que "Truman" es un drama naíf sobre la enfermedad y la muerte que yo, sencillamente, no me creí.

Sin apenas lagrimas que te impidan ver las estrellas, hay un enfermo terminal que nunca flaquea, el amigo de siempre al que no ves nunca pero que acude a darte el último adiós, una ex mujer enrollada dispuesta a ayudar cuando hace falta, un viajecito a Ámsterdam para visitar al muchachote que está de Erasmus y que sabe que su padre se muere pero finge no saberlo, un perro con nombre muy literario en busca de un nuevo hogar, cogorzas que terminan durmiendo con las manos entrelazadas y una prima cuyas quejas y reproches (todos vienen o van y solo ella permanece fija y fiel al lado del enfermo) son el único bocado de realidad en esta cinta que peca, para mi gusto, de exceso de buenrrollismo.

¡Considero que este Truman necesita más de un Capote para resultar convincente!

¿Quieren credibilidad?

Así es la muerte: "Vivía deprisa como un mecanismo de reloj que se estropea, franqueaba al galope las edades que no le era concedido alcanzar en el tiempo, y durante las últimas veinticuatro horas se convirtió en un anciano. La debilidad de su corazón le producía una hinchazón en el rostro, lo que daba la impresión a Hans Castorp de que la muerte debía ser, por lo menos, un esfuerzo muy penoso, a pesar de que Joachim, gracias a los frecuentes eclipses de su conciencia, no parecía darse cuenta. (…) Más de una vez dijo cosas de doble sentido. Parecía saber y no saber. (…) Luego su actitud se hizo distante, severa, inabordable, incluso incivil; no se dejaba impresionar por ninguna ficción ni por ningún paliativo, ni contestaba; miraba ante él con aire ausente. A las seis de la tarde manifestó una manía chocante. Con la mano derecha, cuya muñeca se hallaba más ceñida por un pequeño brazalete, se frotó repetidas veces la región de la cadera, elevando un poco la mano y luego arrastrándola hacía él, sobre la colcha, con un gesto de rascar, como si atrajese o recogiese algo. A las siete murió. (…) Los ojos giraron, la inconsciente tensión de sus facciones desapareció, la penosa hinchazón de los labios se desvaneció rápidamente, y el mudo rostro de nuestro Joachim recobró la belleza de una juventud viril. Todo había terminado".

Así es la pena: "(…) Fue Hans Castorp quien, con la yema del anular, cerró los párpados de aquel que ya no tenía respiración ni movimiento, y fue él quien unió suavemente sus manos sobre la colcha. Luego Hans Castorp lloró, dejó resbalar sobre sus mejillas las lágrimas que habían quemado al oficial de la marina inglesa, ese líquido claro que mana en todas partes del mundo tan abundante, tan amargamente y a toda hora, hasta el punto de que se ha dado al valle terrestre un nombre poético que recuerda ese producto alcalino y salado de las glándulas, que el trastorno nervioso de un dolor que nos traspasa tanto el dolor físico como el moral arranca a nuestro cuerpo".

Así lo dejó escrito para las generaciones venideras Thomas Mann.

¡Muy duro, lo sé!
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61 de 94 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
En mi opinión críticas sobrevaloradas
En Truman hay una necesidad de ser natural, que todo fluya espontáneamente mostrando la amistad de dos amigos y esto se nota y esa es la mayor pega, que se nota mucho. Hay un hilo de artificio en los diálogos, las miradas, los silencios, incluso en la decoración de los interiores. Todo tan bien puesto que parece sacado de la revista El Mueble. Hasta los secundarios que les rodean aparecen como si lo hicieran solo por unos minutos, de visita, por ser amigos del director.
Es verdad que Ricardo Darín y Javier Cámara están bien pero resultan algo afectados. Javier Cámara permanece casi toda la peli con los ojos algo vidriosos y los labios pegados en un amago de sonrisa para que se note que esta triste pero entero y que se deja llevar por el amigo sin apenas reacción. Y Ricardo Darín dice frases que quizá sean habituales en personas que están en su situación pero desde luego no son del común de los mortales. Dolores Fozi y la ex del protagonista resultan mejor. En definitiva una película correcta sobre la amistad a la que le falta emoción y le sobran miradas. Lo mejor Madrid que sale muy bonito y sorprendentemente limpio.
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44 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Truman
Hace tres años descubrí a Cesc Gay con la película "Una pistola en cada mano", film compuesto por varias historias, con lo agrio de las relaciones de pareja como hilo conductor. Aquella película me encantó, y me abrió los ojos a un realizador al que desde ese momento tendría que tener muy en cuenta. Ahora estrena nueva película, y lo único que puedo decir es que se ha superado, "Truman" es un caramelo.
Muchas cosas se dirán sobre la cinta, y tampoco quiero resultar repetitivo. La historia es genial, Javier Cámara y Ricardo Darín están sublimes, la trama halla el perfecto equilibrio entre el drama y la comedia, cuando hay que reír se ríe y cuando hay que llorar se llora. El espectador que no disfrute con "Truman" es que es de piedra.
Obviando lo obvio, quiero destacar algo que me ha dejado impactado del film. Para mí, en lo que realmente destaca "Truman", es en los silencios. Es de esos trabajos que dicen más con una mirada que con veinte conversaciones. La escena en la que se encuentran por primera vez los dos protagonistas en la puerta de casa del personaje de Darín, es brutal; medio minuto sin palabras que es toda una declaración de intenciones. Esa humanidad que desprenden este tipo de momentos, es los que eleva la película a otra categoría, la del cine con sentimiento. Hablo con sinceridad cuando digo que el último trabajo de Cesc Gay llegara muy lejos en la temporada de premios que se avecina.
"Truman" es una excelente película que demuestra que se puede transformar lo amargo de la vida en dulce, solo hace falta afrontarlo sin miedo.
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32 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La vida sin uno
“Truman” es la crónica de cuatro días especiales, donde -como puede- el protagonista tiene que organizar su vida y la de su mascota antes de partir. Es una comedia dramática que utiliza frecuentes momentos de humor para descontracturar un tema tan real como difícil: ¿cómo son los días de una persona aún joven para morirse, cuando sabe que su cuerpo ha entrado en cuenta regresiva hacia el adiós definitivo?, ¿cómo organiza su vida y cómo se relaciona con los demás?
Sobre estos interrogantes circula la nueva película protagonizada por Darín, en uno de los picos de su carrera. En la historia se llama Julián y es un actor argentino que vive en Madrid, donde es bastante reconocido. Tiene barba, muchas canas y un aspecto juvenil; está separado y tiene un hijo estudiando en Amsterdam, al que hace bastante no ve.

Luego de años sin verse, Tomás (Javier Cámara), radicado en Canadá, viaja a España para acompañarlo y convencerlo de que retome un tratamiento médico sin garantías a pedido de la prima de Julián, Paula (Dolores Fonzi).
La película empieza y termina con este amigo yendo de Canadá a Madrid y viceversa. Abarca solamente cuatro días, que es el tiempo que durará esa visita al amigo. Ese breve plazo temporal colma de intensidad la breve anécdota y sostiene una película íntima y confesional, concentrada en dos personajes y el perro del título.

Cine minimalista, que explota al máximo tiempos, miradas y pausas. Es confortante que la película no predica ni baja línea. Construye su relato alrededor de la enfermedad sin descargar golpes bajos, siempre ligado a la despedida como eje narrativo.
Las distintas escenas y personajes le sirven al realizador para ejemplificar los puntos de vista y las situaciones vivenciales que ocurren con el entorno, cuando alguien cercano va a morir.
No hacen falta grandes discursos, reiteradas palabras, sino unos grandes actores y un director que deja a las emociones que fluyan en la escena. La fotografía y la música van de la mano con la humanidad del guión que, incluso con su elevada cuota de misoginia y misantropía, no deja de ser una tragicomedia con humor liberador para describir la despedida de un amigo, aprovechando a exponer que, en nuestra sociedad, ni la muerte escapa de las leyes de mercado y se puede elegir el ataúd o la urna, el modelo y la parcela, recibiendo los distintos presupuestos por e-mail.
Porque el director jamás renuncia a provocarnos una sonrisa y las acciones fluyen y emocionan de una manera tan natural que olvidamos la representación. Tal vez porque ante todo “Truman” es una película sobre los afectos y la comprensión. Y también sobre la aceptación del otro tal cual es y de las jugarretas inevitables del destino, al que se puede ladrar o cascotear con sonriente estoicismo.
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32 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Oda a la amistad.
Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, y que los mejores amigos siempre llegan para quedarse incluso cuando uno se va para no volver. “Truman” es ni más ni menos que eso, un reflejo realista de lo que significa la amistad.

Julián (Ricardo Darín) y Tomás (Javier Cámara) son amigos íntimos, separados por miles de kilómetros ya que el primero vive en Madrid y el segundo en Canadá. Cuando a Julián le detectan un cáncer terminal, Tomás decide ir a visitarlo y acompañarle en esos últimos momentos de su vida. El argumento de la película es sencillo, simple. Los diálogos lentos, los instantes eternos, los gestos de los personajes, hasta los silencios reflejan mucho más que las palabras, cine minimalista de alta calidad que permite a los actores lucirse en su papel y ofrecernos dos interpretaciones maravillosas, dignas de ser destacadas.

La película es un drama, eso es innegable, a pesar de que presente ciertos toques de humor (ese humor negro argentino que a Darín se le da francamente bien interpretar) para, digamos, “hacer más llevadera la tragedia”. Quizás la palabra que mejor la defina es “conmovedora”, al espectador le conmueve esa aparente sencillez (fruto del ingenioso guión) que radica en saber decir adiós dejando atados todos los cabos sueltos antes de marcharse para no regresar.

“Truman” es una historia que merece la pena observar, no solamente ver. Un ejemplo de cine español de calidad, del valor incalculable de la amistad. De las despedidas con sabor agridulce, eso sí, más dulce que agrio. Una película totalmente recomendable.
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22 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Muy floja
Estoy tristemente harta de que últimamente las comedias dramáticas no sean películas sino meros trozos de la vida de las personas. Vamos a ver, que la fotografía es preciosa, que los responsables del vestuario, maquillaje y decoración son muy buenos, ¿y qué? La verdad es que el único motivo por el cual, como espectador, tienes que verla hasta el final es por ver qué pasa con el dichoso perro. La película es francamente simple, excesivamente larga, y con puntos con los que incluso me siento ofendida como espectadora. Ver una película ausente de guión y que te lleve de la mano es un insulto. Y si seguimos poniendo peros, la ausencia de realismo en una película que se vende como "la cruda realidad" entra en discusión con catastrófica interpretación del hijo del argentino o la sucesión de hechos completamente irrelevantes como la escena de sexo. ¿Es realmente importante ver cómo un tío con hijos y muy bien aconsejado por su mujer se va a ver a su amigo y se tira a la prima de este? En serio, el temita cuernos está completamente fuera de lugar y me dejó muy mala sensación en el cuerpo. Qué ofendida me siento...
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26 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Amistad verdadera
La historia de una amistad verdadera, vista a través de los ojos de un director que nos muestra la humanidad a través de la sencillez y el humor, cosa nada fácil.

El deambular de sus personajes por las calles de madrid, viviendo momentos clave de sus vidas a traves de la sencillez de pasear a Truman, hacen de esta intimista película un regalo. Ambos actores transmiten, sin decir mucho, muchisimas emociones que las hacen totalmente creibles y que te hacen conectar fácilmente con su situación vital.
Y cabe añadir, si no fuera suficiente, que ambos actores se encuentran en el apogeo de sus carreras y nos regalan próbablemente una de sus mejores actuaciones.
Gracias.
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20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Los hombres también lloran
Las mujeres son las reinas del drama en el cine. Extrovertidas, emocionales e impulsivas, son mucho más agradecidas en pantalla que los hombres, siempre forzados por genética y convicción a ocultar más sus sentimientos. De ahí que orientar una carrera cinematográfica hacia las relaciones de afecto masculinas, siempre más cohibidas, más introvertidas, menos visuales, sea toda una hazaña, la que inició Cesc Gay con Una pistola en cada mano y se afianza ahora con Truman.

En esta ocasión, es la actitud frente a la enfermedad y la muerte la que sirve como punto de partida para adentrarnos en esa mentalidad del hombre tan poco explorada cinematográficamente, como si el hombre sólo existiera en pantalla para reforzar su rasgo más superficial, el de la impetuosidad. De ahí que la presencia de dos hombres tan poco susceptibles de desprender poca hombría como Ricardo Darín y Javier Cámara sea tan importante. Demuestra que ellos, nosotros, a nuestra manera, también somos capaces de querernos.

De nuevo, Gay cede todo el protagonismo a la palabra y el talento de unos actores que sabe escoger. El mejor camino para destapar los sentimientos que normalmente quedan ocultos, silenciosos, pero implícitos. Hay dos momentos, dos abrazos en el filme que ejemplifican perfectamente esa comunicación basada en la introversión, el que se dan dos amigos como última despedida y el de un padre a un hijo. Dos instantes contenidos pero mágicos, altamente emotivos.

El director catalán, además, aborda una enfermedad tan sobada en el cine como el cáncer de la manera más pragmática posible, sin recurrir a reacciones fantasiosas y tan efectivas para la ficción como las que tiene la protagonista de la maravillosa Mi vida sin mí o al melodrama lacrimógeno de la más reciente ma ma. Aquí el personaje de Darín se preocupa por cuestiones reales, por el tamaño de la urna de sus cenizas o por dejarle el mejor hogar posible a su mejor amigo Truman. Qué gusto comprobar que la sensatez también tiene cabida en el cine y, sobre todo, qué gustazo saber que ni una sola coma del guión estará fuera de lugar.
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19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Muy recomendable. Preparad pañuelo sobre todo dueños de mascotas (y los demás)
Película durilla pero altamente recomendable. Alterna de manera acertada momentos tristes y golpes de humor que ayudan a sobrellevar la mas de hora y media en el cine. No me gusta Ricardo Darin, pero reconozco que borda el papel. Y Javier Cámara (que tampoco es santo de mi devoción) le acompaña bastante bien. Me ha sorprendido y sobre todo me ha pasado algo extraño. Las lagrimas han aparecido ya avanzados los títulos de crédito.
Especialmente sensible para los que, como yo, tenéis un perro fiel que os acompaña
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18 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Película con cáncer
- Director Cesc Gay, director Cesc Gay, acuda a la 313… ¿Es su película? Lo siento no hay nada que hacer. Bajo mi punto de vista tiene un tumor grave de autenticidad y la metástasis ha afectado a la construcción de personaje, las emociones sinceras y la humanidad. El guión da encefalograma plano. La superficialidad ha contaminado todo el sistema. Por fuera parece una película, pero sus órganos no funcionan.

- ¿Autenticidad? Escuche cómo hablan…

- Si llama autenticidad a que los actores hablen de forma artificiosamente natural, metiendo interjecciones, dudando antes de la frase... Lo siento, las aspirinas no sirven. Además, la producción reiterativa y kitsch propia de algunas series de tv ataca a los nervios.

- Bueno pero hay momentos divertidos…

- La radiografía de la sala de cine confirmó ausencia de risas.

- ¿Y los actores? Qué carisma...

- Como el material es flojo, su carisma se come al material. Así que durante toda la película no ves personajes, ves actores haciendo de personajes. Casi me atraganto con tanto primer plano. Javier Cámara se salva en algunos momentos actuando desde las tripas.

- ¿Y el mensaje?

- Eso es lo peor de todo. Los enfermos con cáncer no necesitan existencialismo de barra de bar ni palmaditas en el hombro, necesitan psicología y verdades. Necesitan escuchar al Doctor Fermin Moriano, o el vídeo de las Cinco leyes biológicas.

- Entonces, ¿no podemos hacer nada?

- Sí. En mi opinión, cuando haga otra película pretendidamente humana preocúpese de que tenga alma, y deje que el espectador pueda pensar.
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22 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Pulso y contención
En Truman, Cesc Gay aglutina los mejores rasgos de su estilo: la contención dramática y la humorística, el costumbrismo y la encantadora representación de la vida de las personas normales por medio de actores dirigidos de no sé qué manera única.

He visto en Truman a uno de los mejores Darines de los últimos años, aquellos en los que el actor se ha mantenido en la cresta de su propia ola. También al mejor Cámara, sin duda. Nunca lo sentido tan cercano, tan normal. Como un vecino. Los abrazos, eso sí, se los daría todos al argentino. Es inevitable llevarse todos los vítores haciendo maravillas con el mejor papel de la cinta.

Y luego está el ritmo, el mismo que llevaría cualquiera que hace una escapada para visitar al amigo que vive lejos: un desayuno aquí, unas compras allá; acompáñame que tengo que hacer un recado; vamos a emborracharnos esta noche. Me lo creo todo. Y el guión, que salta del precipicio del drama al mar del humor en el más estricto sentido del verbo.

Truman no provoca el llanto a base de música lacrimógena a un volumen excesivo; lo provoca, en parte, por empatía con los protagonistas. Pero creo que, sobre todo, aquellos que se emocionaron en la sala que compartimos, se vieron reflejados en alguna de las discusiones, encuentros nostálgicos, despedidas o redenciones de ambos protagonistas. Son tan creíbles y están tan bien ensambladas en los cuatro días que dura esta última copa que es inevitable.

Aunque sólo lo haga durante los cinco minutos que tarda uno en salir del cine, Truman despierta una fuerte sensación de querer pedir perdón a aquellos a quienes has jodido alguna vez, aquellos a quienes decepcionaste. También, ansia de abrazar a tus cercanos. A la mayoría, se nos pasa, pero nuestro orgullo y ese acusado alejamiento emocional que hoy nos caracteriza, no debe ensombrecer el logro. Meritorio es.

Son muchas las cintas que nos recuerdan lo puta que es la vida, pero me cuesta recordar alguna tan sutil, cercana, bien actuada y, sin más, divertida.
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12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Simplemente maravillosa
A pesar de su fondo duro y aspero, Truman es en todo su conjunto un film que desprende dulzura y sentimientos, muchos sentimientos, sobre todo el de la amistad verdadera.
Recorrer miles de kilometros para hacer más llevadero la enfermedad de tu mejor amigo, sólo lo realizan los amigos de verdad y eso es lo que demuestra su director, Cesc Gay, en este su nuevo trabajo.
La química de los dos actores, Darín y Cámara, traspasa la pantalla y hay momentos en que la trama entra por los poros del espectador, sientiendose en algún momento parte de la historia.
Pero para que no sea tan aspero el film, los momentos de humor y pequeños chistes en forma de pullas, sacan la risa al espectador, sin necesidad de recurrir al chiste fácil.
Truman es redonda. Con una sola palabra se describe este film, maravilloso.
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11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Cada uno muere como puede
Sin lugar a dudas, uno de los platos fuertes de la sección oficial de la 63 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Tras la exitosa ‘Una Pistola en Cada Mano’, Cesc Gay regresa a ese cine que profundiza en los personajes y las relaciones humanas, hasta exprimir las posibilidades de una línea argumental concreta. En este caso, el reencuentro entre dos viejos amigos en circunstancias muy diferentes: por un lado, Julián padece una enfermedad terminal y necesita encontrar una familia adoptiva para Truman, su perro, mientras que Tomás, tras una larga ausencia, regresa a Madrid para convencerle de que siga luchando por su vida, e intenta retomar su antigua amistad.

El director catalán demuestra que sigue moviéndose como nadie en ese terreno en el que el drama está oportunamente complementado por momentos de una comicidad fresca, gratificante, y no exenta de sensibilidad. Gran parte del mérito radica en la soberbia interpretación de Ricardo Darín y en un guión que mantiene siempre el interés, merced al dinamismo de sus situaciones, a sus ingeniosos diálogos, y al excepcional tratamiento de temas tan complejos como la aceptación de la muerte y la amistad.

A pesar de su arranque diésel, ‘Truman’ alcanza el ritmo adecuado a medida que avanza el metraje. Puede que no esté a la altura de las mejores películas el director (En la Ciudad, Ficción), pero estamos ante una muestra loable de cine comercial español, que satisfará tanto a cinéfilos como a espectadores casuales.

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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Yo llevo meses pensándolo, eres tú el que acaba de llegar
Más que de la muerte, podría decir que se trata de cómo dejar la vida. Porque, al fin y al cabo, de la muerte solo sabemos que es el final de la vida. Y Julián decide disfrutar la suya todo lo que puede en sus últimos días. Deja a un lago el ego, el egoísmo, la vergüenza y el miedo y lo prepara todo. No quiere que nadie se preocupe ni que nadie sufra. Incluso parece que se siente culpable por estar muriéndose. Se preocupa más del resto que de sí mismo, porque como bien dice «las relaciones son lo más importante que tenemos en esta vida».

Y por eso en "Truman" vemos una de las amistades más poderosas del cine actual. La relación entre Julián y Tomás se muestra fiel, incondicional y auténtica, ahorrándose los efectismos tramposos y los picos melodramáticos en la narración para optar por los encuentros y las pequeñas pero importantes conversaciones. Esas que todos deberíamos tener más a menudo. Cada ceño fruncido, cada mirada, cada silencio y cada palabra muestran a dos hombres que se respetan, se aceptan, se valoran, se aprecian y, sobre todo, se quieren mucho.

Cesc Gay, con una sensibilidad de oro, regala un acercamiento a la muerte doloroso y violento, como no podría ser de otra forma, pero que está lleno de elegancia, de vitalidad y de humor. Una historia sobre personas para personas. Con una loable actuación de Javier Cámara, dificilísima la suya. Y, bueno, lo de Darín ya es un tema a parte.

Emociona, alegra, reconcilia y humaniza.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Más allá de la amistad. Amor.
La amistad es hermosa, y duradera si es sincera, Truman es un film que va más allá, a un lugar donde pocas veces llega la auténtica amistad, al Amor, de hombres sin necesidad de llegar al sexo, a la comprensión y su aceptación tal y como es cada uno.

Actuaciones de Goya, dejan de manifiesto el portento de un guion llenos de diálogos cargados de emociones, necesarios para su credibilidad, en un drama terminal. Todo son alabanzas a este film, al buen hacer de una obra, con corazón y con consolidación, alejado de esos mediocres filmes que están surgiendo a día de hoy, donde grandes actores se venden a pésimos directores, o donde directores se venden a maliciosas marcas.

Recomendable, una gozada visual, con dosis dramáticas y con lagrima, que gusta y seguirá gustando.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Amor perro
Al recoger su merecida Concha de Plata al Mejor actor en la pasada edición del Festival de Cine de San Sebastián, que compartió con su compañero de reparto Javier Cámara, el excelente actor argentino Ricardo Darín quiso destacar el tuit que había escrito un chico el día de la presentación de la película en el certamen donostiarra, y en el que decía algo así como "me he metido a ver una película sobre la muerte, y he aprendido casi todo sobre la vida". No me puede parecer más acertado.

Y es que "Truman" sublima la amistad, el amor, la ética, la humanidad, la vida... Y conmueve. Es una película realmente estupenda. De esas de las que sales del cine muy reconfortado, no sólo por la siempre agradecible sensación de haber visto una muy buena película, teniendo en cuenta meramente su calidad, sino en este caso también porque es de esas que emocionan por lo dicho, su humanidad, su espíritu, su manera de ver las cosas y contarlas, por la maravillosa complicidad actoral...

Consigue todo un catálogo de emociones y buenas sensaciones en el espectador porque está magníficamente escrita e interpretada. Cámara está muy bien, pero lo de Darín es ya... en fin, más allá del elogio. Próximo Goya asegurado al Mejor Actor.

Ese saludo compasivo y reconciliador en el restaurante... Esa mirada de Truman al ver alejarse a su compañero vital... Ese abrazo frente a los canales de Ámsterdam...
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