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7
Un toque de canela
“El repostero de Berlín” es el debú en el mundo del largometraje de Ofir Raul Graizer, una coproducción germano- israelí en la que él mismo participa, además de encargarse de su guión. La película sirve de tarjeta de presentación de un creador moderado, tanto en intensidad como en propósitos, y que para tratarse de un primer film, ha salido bien parado. En esta ocasión ha optado por darle un tono casi de docudrama. En líneas generales está llevada con corrección y, sobre todo, a pesar de contar con ciertas elipsis que no nos convencen, posee un par de escenas muy logradas que comentaremos brevemente en la zona del spoiler.

“El repostero de Berlín” es una historia de amor e incomprensión, de verdades y mentiras, cuyo personaje central, el de Thomas, llevado a cabo por un comedido Tim Kalkhof, busca respuestas indagando en la vida personal de otros, algo que sabemos gracias a otras obras, sean literarias o cinematográficas, que es una misión bastante arriesgada y que pueden acarrear consecuencias irremediables.

Como decíamos, el tono elegido por Ofir Raul Graizer era quizás el más acorde, no ya por tratarse de un film de bajo presupuesto, si no porque lo que más le interesaba era mostrar eran las diferencias y similitudes de dos culturas, a priori, que nada tienen que ver entre sí. Su ritmo dramático subyace en un segundo plano casi todo el metraje y el desarrollo de las circunstancias se produce sin intentar crear golpes de efecto, simplemente va fluyendo. Su historia es simple, no es complicada, pero lo que cuenta lo hace desde el conocimiento sin caer tampoco en falsos sentimentalismos.

Dominique Charpentier hace un buen trabajo musical, así como Omri Aloni a la fotografía. Quizás, al menos para mí, el punto fuerte y a la par casi imperceptible, sea el trabajo interpretativo de sus actores, que han seguido al pie de la letra la propuesta de una dirección pausada, que no parsimoniosa. Desde el mencionado Kalkhof a Sarah Adler o Zohar Shtrauss, son trabajos que parecen que nacen de la improvisación, pero no es así. La naturalidad, en este caso, se ha impuesto a cualquier ejercicio de reclamo comercial más común.

No sé si con el paso del tiempo será un film a tener en cuenta por el público o si se verá más bien como un film casi costumbrista de consumo y rápido olvido, pero al menos creo que tiene su mérito y detrás hay un director que puede seguir contándonos historias que nos hagan sentir o reflexionar a determinado tipo de público, no elitista, pero sí al que le guste que le cuenten cosas de manera objetiva.
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27 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La bombonería del amor
A veces, cuando leemos la sinopsis de una película tenemos la impresión que su contenido bordea el ridículo o transita la delgada frontera entre lo aceptable y lo inverosímil. Pero luego, cuando visionamos la cinta, nos llevamos una sorpresa al comprobar que estamos asistiendo a un ejercicio de equilibrio entre lo increíble y lo posible, configurando un mundo lleno de recovecos intransitados que nos iluminan recodos brumosos e inexplorados del alma humana, convirtiéndonos en personas más complejas y completas de lo que pudiéramos imaginar. Esto es el caso de este filme germano-israelí que nos adentra en un raro entramado de amores y querencias que nos permite alcanzar la cuadratura del círculo, asistiendo a un relato lleno de sutiles recetas que nos sorprenden a cada paso.

Estamos ante un inusual triángulo amoroso donde el tercer vértice permanece oculto durante el metraje y, sin embargo, está presente durante el paciente y medido horneado que presenciamos. Dos hombres, una mujer y un hombre, un hombre y una mujer. Variaciones sobre un mismo tema que van moldeando una bollería íntima e insondable donde lo más relevante ocurre fuera de campo (un accidente mortal, la discusión de un matrimonio que se resquebraja, la – ¿reconciliación? – improbable de unos enamorados, los numerosos viajes que jalonan el recorrido) pero en todo momento tememos que el paciente equilibrio del apunte o esbozo se interrumpa y malogre por la intransigencia o por los prejuicios o por el fanatismo trasnochado de unos pocos… o de nosotros mismos. Los lugares adquieren así la simbología del refugio, del hogar, de la calidez y del amparo; las personas nos limitamos a ser el vehículo a través del cual se manifiesta el amor.

Quien quiera paladear certezas o verdades absolutas se equivocará de elección. Aquí no asistimos a la enésima copia de lo ya conocido, sino que se nos propone ir amasando unos ingredientes fértiles y novedosos donde debemos desnudarnos con humildad y deferencia de todos nuestros tabúes y convencionalismos para adentrarnos en la espesura de la vida, con sus lamparones, sus yerros, sus embustes y sus suciedades. Quizás no alcancemos a degustar – ni tan siquiera a vislumbrar – la felicidad, pero al menos nos habremos atrevido a emprender un camino que nos hará más sabios o más comprensivos o más respetuosos. No caben soluciones o respuestas sencillas ante problemas complejos: solo nos queda emprender un viaje que quizás nos lleve a Ítaca o quizás al infortunio.

Sarah Adler es una actriz soberbia y en su rostro se entrelazan el desconsuelo y la esperanza. Y el impertérrito semblante de Tim Kalkhof nos proporciona una caja de resonancia admirable donde escrutar la complejidad de la existencia. Exiguos mimbres para una exquisita golosina.
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21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
UNA HERMOSA PELÍCULA
Nos empeñamos en clasificar el mundo y las personas que en él viven según la nacionalidad, el sexo, la religión, el color de la piel, la cultura... Sí, ya sabemos el rollo ese del artículo 2º de la Declaración Universal de DDHH, pero eso está bien para los gobiernos, las administraciones. Mi vida es mía y dispongo mis relaciones como quiero, y bla, bla, bla.

El repostero de Berlín nos enfrenta a muchas divisiones y fronteras que usamos habitualmente, y las pone patas arriba. Cuando dejamos fluir nuestros sentimientos más sinceros y nuestras emociones más espontáneas esas barreras caen. Es entonces cuando podemos comprobar que los afectos, si no están mediatizados por los tópicos y las ideologías, pueden fluir con naturalidad.

La colaboración, el trabajo mutuo, el respeto profundo, la atracción y la admiración son posibles si partimos del velo de la ignorancia —y perdonadme la pedantería, pero toda la película es un excelente ejemplo de la teoría de Rawls—. En cambio, una vez que el fichero se completa, comienzan a actuar los prejuicios y las convenciones sociales más rancias.

La película me ha parecido un hermoso ejercicio cinematográfico y toda una lección de cómo utilizar las imágenes para que comuniquen y narren con absoluta claridad sin tener que recurrir a las palabras. La utilización de la cocina como elemento conductor y simbólico, todo un hallazgo.

Dulce, delicada, tierna, intimista y acogedora, pero sin renunciar a la denuncia y a la dureza de la realidad cotidiana. Por cierto, a muchos críticos les ha sobrado el epílogo. No comparto esa opinión. Me parece que no rebaja un ápice ni la fuerza narrativa ni el compromiso con la historia y, en cambio, aporta esperanza.

Totalmente aconsejable.
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18 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Dulce
Ayer, después de un día tranquilo y de sosiego, decidí ir al cine. Estuve mirando la sinopsis de varias películas de la cartelera, y esta fue la que más me llamó la atención. No se si por la historia de amor, por la repostería, o si por el "morbo" de la relación entre judíos y alemanes. Y la verdad es que salí del cine sorprendido, además de ansioso por degustar gominolas.
El filme está muy bien hecho. Las palabras justas. Los planos interesantes. La interpretación de los actores impecable. El drama que va entrando dulcemente en el alma, y que no deja mal sabor de boca. Me encantó.
Es de esas películas que dicen más de lo que muestran. Cine interesante.
La recomiendo a los amantes de la repostería, y a los del drama sutil.
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13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Verdadero amor
Historia complicada, pero que el espectador va asumiendo sin sobresaltos ni dramatismos innecesarios. Los personajes de Thomas y Anat hacen creíble lo que podría parecer poco real. A destacar la interpretación de la actriz Sarah Adler, con esa expresión y esos ojos tan tristes, aceptando la pérdida del ser querido y su situación familiar con resignación pero al tiempo con la determinación y el empeño de salir adelante. El personaje de Thomas nos da una lección magistral, pues ama sin reservas y asume como suyos a los que amaba su gran amor. No hay celos, rencores ni venganzas, solo deseo de estar donde estaba el otro y con quienes estaba, ocupar su puesto en la familia. Lección que ella también aprende al final.
Película muy bonita, sincera y honesta también al tratar el tema de la religión y costumbres judias. a destacar también la fotografía. Muy recomendable, aunque no te gusten las películas de amor
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12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Una delicada, bonita y original historia de amor
La película habla de amor en su mas pura versión, mientras que los protagonistas y sus relaciones contrastan con esto, quiero decir con esto que se apartan de lo esperado y aceptado por la sociedad.

Emplea para contarlo un lenguaje parco en palabras pero lleno de significado y sentido en la conducta, en los gestos.
Excelentemente interpretada y con una buena fotografía.

Muy recomendable. Una de las buenas de un año escaso en buen cine.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Cocinar como medida es escape
Tras su paso por la sección oficial del Festival de cine de Karlovy Vary y su presentación en el Festival de Cine de San Sebastián, nos llega a los cines la opera prima del cineasta alemán Ofir Raul Graizer. Es una historia con tintes autobiográficos que ha recibido también muchos elogios de público y prensa en festivales como el Chicago International Film Festival, el London Filme Festival o el Festival Internacional de cine de Hamburgo.

Nos cuenta la historia de Thomas, un talentoso pastelero de Berlín, que mantiene un romance con Oren, un judío israelí que visita con frecuencia la ciudad por negocios. Cuando de forma repentina desaparece, Thomas no duda en cambiar de vida en busca de respuestas aunque ello conlleve un conflicto con el que pelear. En toda esta lucha interior, la repostería será la perfecta vía de escape.

Este tema ya se llevo al cine hace unos años con la película “Yentl”, aquí se vuelve a tocar temas tan complejos como el judaísmo, la religión, las costumbres atávicas y el machismo. El director alemán toca todos esos temas, pero en su drama también introduce otro ingrediente como es la homosexualidad.

Desde la escena inicial, con una música maravillosa y una puesta en escena exquisita, el espectador se introduce en la historia y la disfruta hasta el final. La cinta desprende una ternura, pasión y emociones intentas. Es una película que no muestra prácticamente nada pero es muy sensual y rebelde.

Uno de los principales objetivos que tiene en reconciliar en cierto modo a los países de Alemania e Israel, cuestionar ciertos comportamientos y dar un mensaje de ilusión.

Para mi es uno de los títulos más destacados de lo que llevamos de año, una película para dejarte llevar y disfrutar de principio al fin.

Lo mejor: La pareja protagonista
Lo peor: Nada
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8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Todo lo que somos cuando ya no estamos
Juzgamos a las personas por su sexo, raza, nacionalidad, creencia religiosa, género y orientación sexual. Como si el ser humano fuera algo tan fácil de clasificar. Como si los engranajes del alma y del corazón humano formaran parte de un estante donde todo debe estar siempre bien clasificado y dividido. Las fronteras mentales que establecemos para reclamar nuestra autenticidad y poder separarnos de los demás son aun peores que las físicas. Limites mentales que nos encierran en una idea errónea del mundo que nos rodea, para al final dividirnos.
El repostero de Berlín va mucho más allá y nos recuerda que el cine son emociones. Que a veces debemos abandonar la lógica y guiarnos por el corazón, disfrutar de lo que nos rodea a través de los sentidos, deleitarnos con los placeres más cotidianos de la vida.
Y es que no solo somos los sitios donde nacemos. También somos los lugares que visitamos a escondidas y con sumo deleite. Las personas a las que les entregamos nuestro cariño y ternura. Y cuando nos marchamos, raudos y veloces, de este mundo incomprensible, dejamos una parte de nuestro ser alojada en el interior de cada una de las personas a las que hemos amado.
Esa es nuestra herencia para el mundo. Un montón de besos y te quieros que ya no saben a nada. Un hogar cálido que se vuelve gélido y que solo consigue recuperar su textura inicial a fuerza de conjurar las sombras de lo pasado.

Oren y Thomas viven el inicio de un apasionado romance en Berlín, donde el primero está de viaje de negocios y el segundo reside. Deben separarse pronto, quizá demasiado pronto. Sin ninguna despedida ni respuesta. Thomas, con el alma rota, deberá recobrar los pedazos de su amante y buscar los porque en un inesperado viaje hacia el lugar de origen de Oren donde conocerá a su mujer, una viuda que regenta un café, y a su hijo, un niño que se encuentra perdido sin la figura paterna.

La película de Ofir Raul Graizer goza de una fotografía exquisita, una banda sonora perfecta y una sensibilidad y elegancia innatas que hacen que todo el que la observe detenidamente caiga bajo un hechizo del que es difícil despertar.

El repostero de Berlín nos reclama inmaculados como un niño de pecho. Sin ningún prejuicio aparente o idea preconcebida. Desnudos de toda apariencia.

Porque si deseamos penetrar con honestidad en la historia que presenta, lo debemos hacer con la inocencia oculta de la mirada de Thomas.

Esa que solo pertenece a los niños y a los ángeles. Seres para los que no está hecho este universo tan terrible.

Comencé esta película sin saber muy bien que me iba a encontrar y su historia me ha cautivado.

Muchas personas no la comprenderán pero es una de las narraciones más bellas que he visto en la historia del cine.



¿Y es que el amor no es eso?


¿Habitar en todos los lugares donde tú has estado?


¿Amar cada uno de los rincones en los que permaneciste cautivo?

¿Conceder sin reservas el cariño y la ternura perdida que ofrecías a los que querías?

Pisar cada uno de tus pasos y abrir el camino que te hubiera gustado haber iniciado, para de ese modo prolongar tu recuerdo y hacerte eterno.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El festín de Thomas
Importante: muchos primeros planos de pasteles y cosas dulces en general. Así que no vayáis a ver esta película con hambre. Es como una competición de repostería entre Alemania e Israel, donde en este caso Alemania gana por goleada.

El supuesto argumento tampoco está mal. Va de un chico que se le ve muy buen tío, humilde, trabajador, de pocas palabras aunque las justas, vamos, el típico asesino en serie que cae bien a los vecinos. No es que sea un asesino en serie, era para que os hagáis a la idea. De todas formas como habla poco, es bastante solitario y no dispone de voz en off, no está nada claro lo que piensa.

El problema del chaval, que insisto parece muy buen tío, es que se enamora y se obsesiona mucho. Si se centrara más en su talento hasta podría ganar Deutschlands MeisterKoch, pero le da por el amor. Bueno y a partir de ahí la cosa se complica, ya lo veréis cuando vayais a verla, o si léeis la típica sinopsis destripadora en alguna página recomendadora de películas.

A mí me ha gustado, y un espectador que tenía atrás se ha reído ocho veces, la mitad de ellas no sé muy bien por qué, pero ahí queda el dato.

Gustará a: gente que siempre saluda, Gabriel Axel, peritos calígrafos
No gustará a: ansiosos, fundamentalistas judíos, diabéticos
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Thomas
cada una de las expresiones de Thomas refleja sus estados de ánimo y hasta se puede predecir lo que pasa por su cabeza. Me ha sorprendido la calidad de expresión que logra el artísta en cada uno de sus momentos, incluso cuando calla y observa como única respuesta. Buen trabajo también del director que logró la personificación de un ser muy tierno.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
AMOR DULCE
Una muy buena película que muestra un camino más a través del que el amor se abre paso en las relaciones humanas contra la lógica aparente.
La intensidad emocional y vivencial va subiendo de tono con mano firme, a la par que desbroza claramente lo importante y lo superfluo en la vida de unos personajes en busca de los resortes que les ayuden a encontrar las claves de su existencia.
Relato construido sobriamente, sin adornos de ningún tipo para retratar unas vivencias de amor fuera de lo común.
Película para pensar, sentir y gozar del cine como contador de historias vivas.
No te la pierdas.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Cuando se nos arrebata la intensidad y continuamos en una incesante búsqueda...
La actitud neutral del director hace que la amalgama de situaciones intensas y desgarradoras fluyan con la naturalidad del que ve la vida pasar. Muestra Ofir Raul Graizer con cierto costumbrismo ese toque de cine culinario que tenemos en nuestras mentes, esa mezcla de intensidad, sentimiento y tremendismo que solo la erótica de los fogones sabe sacar a un personaje. Pero al final la cinta no se centra en sus peculiaridades gastronómicas, sino que extrae las relaciones personales a relucir de una forma sencilla. Sexualidad, religión, pasión, mundo laboral, política... personajes insertados en un contexto, en una comunidad, que ve aflorar la antitética sinrazón de las almas que en un momento lo pueden llegar a tener todo y que su ausencia hace que los caminos vayan por derroteros nunca pensados, ni imaginados, ni, al final, esperados por el espectador.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Dulzura.
Thomas trabaja como repostero en una cafetería berlinesa. Allí llegará un día como cliente Oren, un ingeniero israelí, residente en Jerusalén, casado, con un hijo, y que acude a Berlín debido a su trabajo una vez al mes, con una estancia de dos o tres días en cada ocasión. De inmediato se iniciará un romance entre estos dos hombres. Después de un año de relación Oren muere en Jerusalén por causa de un accidente de tráfico, aunque a Thomas no le llegará más que la información de la muerte. Sin más, sin que sepamos la verdadera razón, el joven repostero decide irse a Jerusalén y presentarse en el café regentado por Anat, la viuda de Oren.

Primer largometraje como director del también montador y guionista israelí, Ofir Raul Graizer, autor, igualmente, del guion. Coproducción germano-israelí de bajo presupuesto, rodada en las dos ciudades anteriormente citadas en tan sólo dos semanas y media. En sí estamos ante una película israelí; como alemana tiene que de ese país llegó la mayor parte del dinero para producirla, lo que resultó bastante dificultoso; pero en Alemania no ha sido estrenada ni su director cree que vaya a serlo, lo que achaca a problemas sociales y morales del país europeo con dos de los tres temas principales que toca mayormente este film, aspectos políticos y de la sexualidad del protagonista.

La historia que se nos cuenta, al analizarla como conjunto, resulta poco factible, algo forzada, pues se mezclan una serie de factores que por separado se pueden dar, pero como totalidad hacen surgir dudas. Como dije anteriormente en esta cinta hay tres elementos (sexual, religioso y político) que entran en juego. La homosexualidad o bisexualidad de Thomas y Oren, ello en un mundo judío ultraortodoxo en el cual vive Anat, ella no es religiosa, pero su cuñado Moti, hermano de su fallecido marido, que parece ejercer la tutela sobre su cuñada y sobrino, sí lo es; además su negocio, para que funcione debidamente, necesita ser certificado como Kosher, es decir, que la mayor parte de su clientela es religiosa. Por último, el hecho de la nacionalidad de Thomas tampoco ayuda a la integración de éste en ese mundo bastante cerrado.

Con todo lo anterior, y a pesar de las dificultades que a simple vista destacan que entraña, Graizer consigue crear una obra de gran belleza intimista, en que cada una de las partes que la componen, y el ambiente creado, parecen terminar resaltando más que el argumento. Ambiente en el que el centro reside en la repostería, y a ver a quién le amarga un dulce. El director, apasionado cocinero y, en especial, repostero, que hasta ha editado libros de recetas, nos presenta la creación de dulces de una delicada manera, por la que se hacen irresistibles; y con el resto de su obra, gracias a su buen hacer de artesano, sucede casi lo mismo. Drama romántico duro presentado con delicadeza, sensibilidad y mucho tacto, valiéndose de una cuidada fotografía, de Omri Aloni, de planos muy largos que definen de forma precisa cada secuencia, con la suave música de Dominique Charpentier interpretada con el piano como instrumento principal, y una cadencia de tiempo precisa, sosegada y grata. Total, que estamos ante una obra en la que resaltan más las formas que el fondo.

En el aspecto interpretativo quiero destacar el gran trabajo de Sarah Adler (actriz francesa, residente en Israel desde los diez años) en el papel de Anat; tanto ella como Zohar Shtrauss (Moti) y Sandra Sade (Hanna, madre de Oren) son prestigiosos intérpretes en Israel.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
EL ENGAÑO Y LAS DUDAS.
Una historia de trama escueta, pero en absoluto simple, sobre dos hombres cuyas vidas que se cruzan.
Los personajes, bien construidos e interpretados con la sencillez y profundidad requerida por la historia; consiguen alejarnos de un genero donde resulta sencillo caer en lo más evidente y fácil.

Aunque la narrativa mantiene un desarrollo lineal, su ritmo sosegado no supone un lastre. Las secuencias correctamente encadenadas, permiten que nos reencontremos con un cine de relevancia, a través de imágenes rodeadas por elementos que reflejan el descubrimiento de la fragilidad, el encuentro con la liberación; dentro de esa sutil línea, que en ocasiones no diferencia lo poético de ese abismo existencial que frecuentemente nos arrastra.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Amor, dulce y amargo amor
De la mano del director de cine israelí Ofir Raul Graizer llega a España la película alemana "El repostero de Berlín". Sutil, delicada, con una interpretación por parte de sus dos protagonistas (el repostero - el magnífico y novel Tim Kalkhof- y la mujer) tan verosímil como la vida misma. Ambientada en Jerusalén con la condición religiosa siempre presente, incordiando la vida de sus protagonistas. Me ha gustado.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
PASADO Y FUTURO
Thomas es pastelero en Berlín y mantiene una relación homosexual con Oren, un ejecutivo de una empresa israelí que viaja constantemente a aquella ciudad. Sorpresivamente, Oren fallece en una accidente en Jerusalén. Thomas se siente atraído por el misterio de esa muerte y viaja hacia aquel lugar en busca de respuestas.
Con un guión construido minuciosamente con una precisión casi hithcockiana que bien podríamos decir que hace recordar muy libremente a La Sospecha, aquel extraordinario film del maestro que data de 1941, protagonizada por Cary Grant y Joan Fontaine, el israelí Ofir Raúl Grazier escribe un guión notable que desde el comienzo mismo de la estadia de Thomas en Jerusalén establece una incógnita que interroga sobre qué ha pasado con aquellos prejuicios sobre el ser alemán y el nazismo.
La respuesta es simple. El film habla de otra cosa, y está regido por un profundo humanismo. Thomas está elaborando un duelo y necesita compartirlo con alguien, pero también se siente atraído por la curiosidad de saber algo más sobre quien fue su amante y por eso, comenzará a trabajar en el bar kosher de la viuda de Oren. Es entonces cuando esas dos personas comenzarán a compartir silenciosamente un duelo. En esa convivencia concentrada en la atención del bar, la ex esposa y el ex amante, entablarán una simbiosis que irá más allá de la de patrón / empleado dando lugar a mutuas sospechas que irán tornando en apasionante una trama que elige a la rutina diaria como su medio de desarrollo.
Opera prima de Grazier, un graduado del Sapir College de Sderot, estamos ante un largometraje notable y arriesgado, que genera mucho interés en su visión. Su debut es muy auspicioso porque su film resulta de una madurez infrecuente en una ópera prima. Mantiene un interés permanente en su obra que describe sentimientos amorosos y de soledad con gran precisión, a la vez que va trabaja un suspenso creciente sobre los caminos que van tomando sus protagonistas manteniendo al film entre el drama y la comedia costumbrista sin perder nunca el equilibrio del relato.
Pero lo logros no terminan allí. Grazier habla también de una relación homosexual entre un alemán y un judío. Habla con libertad de un alemán que viaja a Jerusalén, una ciudad dividida por las religiones, en busca de respuestas. Sus personajes están moviéndose siempre hacia el futuro. En El Pastelero de Berlín el pasado pareciera ser cosa absolutamente superada y solo el mantenimiento de tradiciones como la comida kosher parecen tener sentido para personas como el hermano de Anat, que hace denodados esfuerzos por mantener el carácter religioso del bar de su hermana, mostrando paradójicamente, una personalidad con rasgos de cierta intolerancia.
En el final, así como Oren se trasladaba periódicamente para ir a la oficina alemana de su multinacional en Jerusalén, será ahora otro de los personajes el que se traslada a aquel país en busca de respuesta. Lo notable del caso es que tales repuestas están relacionadas con un pasado inmediato y no con un pasado histórico como el del holocausto. En este sentido, el film muestra una actitud totalmente proactiva hacia la superación de las diferencias y los prejuicios que durante muchos años hicieron que el retorno a su país de un judío alemán fuera poco menos que imposible.
Ya hace unos meses Juan José Sola estrenaba El Último Traje, donde su personaje volvía en busca de su pasado interrumpido violentamente por la guerra, y sobre todo en busca de sus raíces. Hacia el final, ocurre algo parecido. La protagonista, no duda en viajar hacia aquel país en busca de las respuestas que necesita. Todo esto habla de una apertura muy amplia del cine israelí, del interés de sus temáticas, de su falta de prejuicios para encarar temas urticantes.
Película muy recomendable, muy actual e interesante, no hace otra cosa que confirmar el excelente momento que atraviesa la cinematografía israelí, de la que no solo da cuentas el cine sino también la televisión a través de las notables series y miniseries que se han podido ver a lo largo de estos últimos años.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Acertada
"El repostero de Berlín" es la cinta debut del cineasta israelí Ofir Raul Graizer, encargado tanto de la dirección de la misma, como del guión. En esta co-producción entre Alemania e Israel, el personaje central es Thomas (Tim Kalkhof), un repostero que reside en Berlín, y trabaja en una cafetería y pastelería de la cual es el encargado de la producción. El ingeniero israelí Oren (Roy Miller), en uno de sus tantos viajes de índole laboral por la ciudad alemana, conoce el negocio de Thomas, por quien sentirá un atractivo que desembocará en un romance, mientras mantiene estable su vida de familia con su esposa e hijo en Jerusalem. Tras uno de estos encuentros, Oren fallece en un accidente, pero Thomas tarda un tiempo en enterarse. Sin tener muy claro su destino, el joven repostero decide viajar hacia la ciudad de su amante, y descubre que su mujer Anat (Sarah Adler) es propietaria de un café con cierta orientación kosher, lo que lo lleva a ofrecerse como empleado del mismo. Tras obtener un puesto más relacionado a limpieza y tareas varias, no tardará en presentarsele la oportunidad de demostrar sus habilidades culinarias, lo que en un principio significará un problema, pero terminará por ser la razón que impulse el negocio de Anat. Esto igual progresivamente molestará a Moti (Zohar Shtrauss), el hermano de Oren, quien quiere mantener las costumbres kosher en la comida que se prepara y vende en dicho lugar.

"El repostero de Berlín" se presenta como una cinta dramática que pone en perspectiva la concepción sobre el amor, y en algún punto la obsesión, así como determinadas búsquedas personales. Graizer no termina de dejar en claro cual es el objetivo de Thomas en acercarse a la que fuera la familia de Oren, e involucrarse con los mismos, pero existe una representación simbólica muy marcada, que se configura con el imaginario que el joven repostero tiene de su amante, y que tiene que ver con una proximidad a este, pese a que Oren ya no forme parte del mundo de los vivos. También podemos evidenciar una crítica hacía marcados ideales que giran en torno a profesar una determinada religión, sin detenernos a observar que no todos tenemos la misma mirada, ni las mismas intenciones sobre lo mismo; aquí la persona perjudicada recae en el personaje de Anat, quién manifiesta no tener un interés sobre las costumbres de la comunidad. Hay un muy elaborado trabajo en las construcción de los personajes, y sus formas de relacionarse, que van desde su concepción, hasta el desarrollo de las actuaciones centrales. Tanto esto, como todo lo referido a puesta en escena y fotografía, envuelve al espectador en una historia de amor, que va más allá de una cuestión de géneros, sino con elementos que giran alrededor más de temática referidas a una incertidumbres, determinados temores, y el significado intrínseco del amor. Ayudan también algunos paisajes, que tienen que ver con las ciudades de Berlín y Jerusalem, como escenarios principales del relato, y cierta lírica, que por momentos colorea esta interesante y recomendable película.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Una película interesante
Me parece una buena película, entretenida, con una correcta línea narrativa.
Además es original, muy diferente a la típica película que podemos ver en los cines comerciales.
Sinceramente, no te deja para nada indiferente, despierta en ti todo tipo de sensaciones, y tiene un buen guión, buenas interpretaciones.
Los temas que aborda son interesantes,, puesto que... muestra al fin y al cabo las relaciones humanas, los prejuicios
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Entre Berlín y Jerusalén
El repostero de Berlín (The Cakemaker)

Mis queridos e improbables lectores, la película que acabo de ver, “El repostero de Berlín”, es sencilla y llanamente, una exquisita golosina, tanto o más que las deliciosas galletas y pasteles que hornea el bueno de Thomas. En efecto, el israelí y alemán de adopción Ofir Raul Graizer debuta en el cine con una de las películas más elegantes, delicadas y tiernas que este cronista recuerda. Y es que nuestro director -que también ha escrito el guión- produce el milagro de describirnos un dolorosísimo drama sorteando con gran sutileza el siempre más que socorrido camino del tremendismo. Y eso, menos aún en un debutante, no es nada frecuente y supone, además, un notable mérito.
Graizer mueve intermitentemente su cámara entre la sosegada, moderna y bien trazada ciudad de Berlín y una antigua Jerusalén dividida entre estrechas callejuelas, caótica y bulliciosa como un enjambre de esforzadas abejas. Parece querer mostrarnos el marcado contraste entre ambas metrópolis, que respiran de forma diferente pero permanecen unidas por el hilo conductor de un amargo pasado que los judíos isrelíes aún no han podido romper y del que todavía recelan.
El noble y tenaz Thomas, en el papel de repostero, protagonizado por el joven alemán Tim Kalkhaten -un hallazgo casual a través de una red on-line después de que Graizner desechara a más de 200 candidatos-, y que debuta en el cine al igual que su temerario descubridor, no solo da la talla sino que se agiganta ante sus compañeros de reparto, todos ellos reconocidos y experimentados intérpretes israelís como Sarah Adler, Zohan Shtrauss, Roy Miller o Stephanie Stremler. La mirada de Kalkhaten, limpia y transparente como un espejo, aguanta imperturbable prolongados primeros planos que harían parpadear al más curtido de los actores.
Si yo fuera usted, por nada del mundo me perdería esta maravillosa película porque reconforta y alecciona, renueva nuestra fe en algunos seres humanos y demuestra que el mejor antídoto para la reconciliación no es otro que el de conocernos y comprobar que no somos tan distintos los unos de los otros.

Emilio Castelló Barreneche
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
COOKIES PARA TODOS
A veces una simple galleta bien elaborada y con los ingredientes justos es un pequeño placer que va más allá que la más sofisticada receta repostera. Eso es más o menos lo que ha conseguido el debutante Ofir Raul. Una grata sorpresa que reflexiona sobre el dolor de la perdida de un ser querido y el complicado triangulo amoroso que se produce derivado de ello. Un tema en el que hubiera sido fácil caer en los clichés del melodrama pero que Ofir sortea con un guión escrito por él mismo, inteligente y sensible con sus protagonistas, a los que acompaña con un aspecto formal que apuesta acertadamente por planos muy cuidados que, generalmente ausentes de todo aditivo incluida casi siempre la música (sutil y excelente por cierto), bucean en los rostros y sobre todo las miradas por donde traslucen los sentimientos y los conflictos.

Ofir maneja los tiempos, el tiempo y los ritmos con delicadeza generando tensión dramática, sin estridencias, de una forma amable que nos hace empatizar con la situación y sus interpretes, un elenco que cumple notablemente con sus roles. No descuida el director el detalle y el toque culinario del asunto. Aún tiene tiempo para hacer sentir las brasas que aun no se han extinguido entre el pueblo judío y el alemán así como el peso intransigente de unas tradiciones religiosas que lastran la diversidad y la libertad de cada cual en la convivencia diaria. El amor no entiende de sexos, razas ni matemáticas. Habrá que seguir la pista a las siguientes "recetas" de este director. 

cineziete
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
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