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Nadie quiere la noche (2015)

Nadie quiere la noche
Trailer
6,1
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Sinopsis
Groenlandia, año 1908. Josephine Peary (Juliette Binoche), una mujer rica y culta, inicia una expedición al Polo Norte para reunirse con su marido, el explorador Robert Peary. Durante el viaje se encuentra con una humilde mujer esquimal, Allaka (Rinko Kikuchi). Pese a sus numerosas diferencias culturales y personales, ambas tendrán que unirse para poder sobrevivir a las duras condiciones climáticas de la tundra en el Ártico. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ España España
Título original:
Nadie quiere la noche
Duración
118 min.
Estreno
27 de noviembre de 2015
Guion
Miguel Barros
Música
Lucas Vidal
Fotografía
Jean-Claude Larrieu
Productora
Coproducción España-Francia-Bulgaria; Neo Art Producciones / Mediapro / Ariane & Garoe / Noodles Production / One More Movie
Género
Aventuras Drama Supervivencia Años 1910-1919 Basado en hechos reales
6
Cálida lectura de los parajes polares
Es una película original, compleja, arriesgada, meritoria y hermosa.

Tiene varias vertientes, no todas igual de caudalosas en cuanto a su aporte líquido.

1 ) Vertiente histórica.

Nos da una idea de lo que fue la odisea de los exploradores polares a principios del siglo pasado.
Los personajes que protagonizan la cinta: Josephine Diebitsch Peary y, en ausencia, Robert Edwin Peary, existieron. A Robert Peary se le atribuye la conquista del Polo Norte, aunque con muchas dudas pues el estado de la tecnología en aquellos tiempos impedía la confirmación de su supuesta gesta. Lo más probable, a tenor de sus registros, es que se aproximase mucho, pero que lo que él tomó por el Polo Norte estuviese a unos 40 Kms. del auténtico. Para mayor confusión, otro explorador, Frederick Cook, reclamaba, sin fundamento, ese honor para él, y los partidarios de uno y otro pionero (Peary y Cook) se pasaron la vida echándose los trastos a la cabeza y buscando los puntos débiles de la presunta proeza del rival de su ídolo en aquella aventura. Existió también una Allaka (la protagonista esquimal), aunque mucho más joven y sin que, muy probablemente, su vida de cruzase con la de Josephine, como documentaré en el "spoiler".

2 ) Vertiente artística.

Aquí sí que hay que aplaudir a Isabel Coixet. La fotografía de los parajes helados noruegos, que hacen las veces de los polares, es una verdadera maravilla. Creo que es poco discutible que el Director de Fotografía, Jean Claude Larrieu, ha hecho un trabajo excepcional.

3 ) Vertiente argumental.

Hay mucha diferencia entre la primera parte que finaliza con la llegada de Josephine al refugio donde tendrá una larga estancia, y la segunda. Es cierto que la claustrofobia obligada de esta última impide una acción trepidante, pero es verdad también que la segunda mitad de la historia se hace en ocasiones pesada porque resulta reiterativa, porque hay escenas en las que no se sabe muy bien qué pasa pues la larga noche cuando se filma arroja poca luz y, sobre todo, porque falta tensión dramática.

4 ) Vertiente militante.

Tanto Coixet como Binoche son mujeres comprometidas. La sinergia entre ambas no podía dejar de serlo. El mensaje de la película puede sintetizarse en una afortunada frase de Binoche:

"Hay que saber bajarse del pedestal de la supremacía de la cultura blanca occidental para poder conocer la experiencia de la Humanidad".

La contraposición de dos mundos culturales muy distintos en una situación límite, de la que se levanta acta, avala esta afirmación.

En resumen una película que, en mi opinión, merece la pena ver, aunque tiene las limitaciones señaladas, quizás debidas a lo ambicioso del proyecto.
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49 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Mujeres enamoradas
Americana necia y majadera como invierno sin sol se lía la manta a la cabeza y se va al Polo Norte a buscar a su marido; caiga quien caiga (literalmente), arrasando con todo y con todos; valerosa, ciega y terca como una cabra montés.
O, mejor mirado, con ojos de lechón enamorado, amantísima esposa con la generosidad por bandera, quiere recuperar a su hombre antes del fin.
O quizás no sea más que una fábula sobre cómo el Occidente rico, arrogante y clasificador aplasta/conoce otras culturas en su afán de marcar nuevos hitos, en la prometeica lucha por el progreso obsesivo y la fanática vanidad.
La película te embelesa con su fotografía y sus hermosos fotogramas llenos de blancura inmaculada. Paisaje desolado decorado con el garbo y las telas de la buena de Binoche; pistonuda, heroica e insufrible señora Peary.
También te entretiene durante un buen rato: a ver qué pasa, te preguntas curioso.
Pero el invierno polar se nos echa encima, el hambre y la miseria invaden la película y el espectador, sin quererlo, el pobre, se ve contagiado, identificado con esa deriva absurda y torpe hacia la nada; un martirio alcornoque, un calvario horrísono, digno de mejor causa.
Bella, meritoria, bastante confusa e indecisa finalmente. Amaga y no da. O cree que sí, pero no sabe bien a qué.
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17 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil