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Maigret tend un piège (Maigret Sets a Trap) (1958)

6,8
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Sinopsis
El célebre detective francés inmortalizado en decenas de novelas de George Simenon, se enfrenta a un peligroso psicópata adicto al asesinato de mujeres. Después de duros interrogatorios y de una meticulosa investigación a la vieja usanza, el comisario Maigret destapará al criminal... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Maigret tend un piège (Maigret Sets a Trap)
Duración
116 min.
Guion
Michel Audiard, Jean Delannoy, Rodolphe-Maurice Arlaud (Novela: Georges Simenon)
Música
Paul Misraki
Fotografía
Louis Pager (B&W)
Productora
Coproducción Francia-Italia; Intermondia Films / Jolly Film
Género
Intriga Thriller Crimen Policíaco Asesinos en serie
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Georges Simenon Jules Maigret
7
EL ALMA PÚBLICA DE MAIGRET Y LA IMAGEN PÚBLICA DE JEAN GABIN.
Estamos ante un caso claro de “confusión” de identidades. A pesar de haber interpretado tan solo en 3 ocasiones el personaje de Maigret, la identificación de Gabin con el comisario creado por Simenon es palmaria. Y uno se pregunta si las facciones y el carácter escénico del actor francés le venían bien al personaje o si en el fondo todo fue un montaje con el consentimiento del escritor. Esta última es la versión que tiene más adeptos lo cual no deja de ser un reconocimiento a la diversidad de registros de un actor al que recordamos también por sus interpretaciones en La bête humaine o La grande ilusión, entre muchas otras.

Sea como fuere, el “traje Maigret” le sienta de perlas a Jean Gabin y resulta totalmente creíble e identificable para quienes leímos algunas de esas novelas donde con un par de dedos de frente, algo de cultura preferentemente rural, ciertas medidas de inconformismo y cabezonería y unas cuantas gotas, sabiamente distribuidas, de mala leche cuando la ocasión lo requiere o el presunto se pone bravo, se resuelven todos los casos que en la Sureté han sido. Incluso suple con la experiencia de quien las ha visto de todos los colores la carencia de tratados freudianos, tal es el caso de este film que se tituló en España con un genérico “El comisario Maigret” aunque la traducción literal era Maigret tiende una trampa, mucho mas acorde y revelador con un argumento donde los proteccionismos maternos y otros traumas desembocan en situaciones psicóticas.

Vistas así las cosas se entiende porqué un “monsieur” algo anodino, aparentemente, como Gabin, encaja en el rol de Maigret. Esta película es ilustrativa al respecto. En ella el comisario está de forma casi permanente pidiendo excusas a los encausados. Maigret, bajo el maquillaje de la simplonería bobalicona, esconde seis sentidos alertas (el sexto también cuenta). Ese es el pego y la imagen que da Gabin. Un actor mas joven no hubiese resultado creíble. La voz de la experiencia habla en la imagen de Jean Gabin. La meticulosidad, el raciocinio y la lógica deductiva visten con gabardina, fuman en pipa y caminan siempre hacia delante de forma lenta pero inflexible. No es un personaje fácil. Maigret tiene un alma pública y gracias a Jean Gabin tiene también una imagen pública.

Hablando de imágenes no estaría de mas echarle un vistazo a la interpretación que del famoso policía realizó Laughton. Seguro que, como todo lo del gran Charles, merecerá la pena.

Se agradece la presencia de Annie Girardot, una de esas actrices que siempre dejan el cine francés y el europeo a buenísima altura. También Desailly y Lino Ventura añaden carácter a este seudo polar de una cinematografía que, antes de vagues o no vagues, tenía sus buenos índices de calidad e interés.
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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Amables crímenes
Recuerdo que un verano de la infancia leí la novela de Simenon, que dio origen a esta película. Los acontecimientos del relato aparecían flotando en un clima amable, casi familiar, a pesar de contener los ingredientes de un escenario diseñado por un psicópata asesino en serie. La novela se leía con tal placidez, que la hacía perfecta para la hora de la siesta, con la chicharra a tope, los deberes de matemáticas terminados (?) y las cortinas flotando con pereza.

He visto con una sensación parecida la película; qué casualidad, otra vez verano. Y pienso que puede tener que ver con la ambientación, con el clima que rodea a la acción. Da la sensación que los actores, los figurantes (sobre todo ellas) fuesen tías de las que se tienen en los años 50, con sus vestidos de lunares y sus escotes portentosos; de esas que te llevan al parque, y te invitan a un helado porque hace calor- cosa que tus padres no hacen ni por asomo.

También puede tener que ver con el hecho de sorprender al inspector en plena escena doméstica, con pantuflas y viendo la tele ¿o era tomándose un gazpachito?, casualmente en la hora nostálgica del ocaso de un día de verano. Hay algo común a los personajes principales de la película: en algún momento revelan cierta faceta que inspira estival cercanía y familiaridad.

Dan ganas de colarse en las calurosas calles del Paris recreado en esta película. Me pasa un poco como en alguna película de Bresson. Apetece meterse allí, ajeno al desarrollo de la acción, y estar un par de días haciendo turismo del pasado.

Esta es una película ideal para ver una noche de verano. Seguramente contribuirá a que el día concluya suavemente, sin grandes emociones ni sobresaltos y aportará unas imágenes finales muy refrescantes.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil