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El ocaso de los cheyennes (1964)

El ocaso de los cheyennes
Trailer
7,3
2.158
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Sinopsis
En 1868, trescientos indios cheyennes expulsados de sus tierras vivían miserablemente en una árida reserva de Oklahoma. Tras esperar en vano una solución de las autoridades de Washington, sus jefes decidieron emprender un largo viaje hasta sus praderas natales. Pero la huida fue descubierta y la caballería salió en su persecución. En el primer combate murieron el comandante Braden y ocho de sus hombres. Cuando se supo la noticia, millares de soldados fueron enviados a combatir contra los valerosos cheyennes. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Cheyenne Autumn
Duración
160 min.
Guion
James R. Webb, Mari Sandoz (Novela: Howard Fast)
Música
Alex North
Fotografía
William H. Clothier
Productora
Warner Bros.
Género
Western Racismo
Grupos  Novedad
Adaptaciones de Howard Fast
John Ford también retrató el maltrato de los indios americano por parte de los blancos. La caballería, otrora héroes glorificados de los westerns del maestro, son ahora los villanos que intentan detener la desesperada huida de unos pieles rojas cheyennes, desde la árida reserva de Oklahoma hacia sus antiguas tierras de Wyoming. Penúltima película del gran John Ford, rodada a los 69 años, y en la que el director norteamericano todavía demuesta un talento inigualable para rodar y elaborar puestas en escenas que fascinan por su aparente sencillez y perfección.
[FilmAffinity]
"La mayor reivindicación del pueblo indio que se ha hecho en el cine"
[Diario El Mundo]
2
Corazón roto
Sabía de ella pero todavía no la había visto: críticas elogiosas, calificaciones notables, en fin, augurios de gran cine: ¡El último western de John Ford!

Empieza regular. Con aires de denuncia falsa. Como si en este juicio el abogado defensor no fuera más que un escribano rutinario. No hay convicción en la defensa de los indios (de hecho, en el primer enfrentamiento, el indio tonto es el primero que dispara).

Cada escena me avergüenza. Me siento incómodo, como un mal nadador en el mar en un día de resaca. Me digo que ahí están los planos del maestro, con esos maderos verticales multiplicados, al fondo, por las agujas de los montes. No hay manera, las secuencias son plomizas.

Me vienen a la mente las imágenes de un boxeador sonado, tratando de aguantar un par de asaltos para así ganarse la soldada.

El cine de John Ford es inmortal. Debe de haber algún conejo en su chistera. Quiero creer que cuando comparezcan Karl Malden, Edward G. Robinson y James Stewart ‘El gran combate’ (el título español parece un guiño triste a mala uva) alzará el vuelo. Pero los tres resultan bochornosos en sus absurdos roles de opereta. Me consuelo pensando que la cinta busca el interludio cómico o festivo.

Cuando una película no me dice nada, si el director es solvente, trato de ampararme en la fotografía. Monument Valley, nada menos. Un lugar de culto... transformado en un desierto emocional. En un quiosco de postales. Con una historia que se arrastra por la arena indiferente.

La conquista del oeste fue abusiva. El uso de la fuerza como único argumento es despreciable. Los pieles rojas fueron masacrados. El hombre blanco es una mierda… pero dilo de otro modo. De un modo que parezca verdadero ya que, al fin y al cabo, fue verdad.

La voz en off nos alecciona. Los personajes son cartón. La tensión es una lipotimia.

Me entran ganas de llorar. Como cuando te encuentras con esa compañera de pupitre por la que suspirabas hace veinte años (sí, soy madurito) y te sientes reflejado en el espejo de su aspecto lamentable. Vuelves a casa con el alma jodida. Quieres refugiarte en el recinto de las cosas que no mueren. Ahí, en un rincón privilegiado, están las pelis de John Ford.

Necesito ver ‘El hombre tranquilo’ una vez más para quitarme este regusto a almendra amarga de la boca.

Ver de nuevo las fotos del colegio. Comprobar que no me equivocaba: la chica era un bombón. Y el verde de Innisfree deslumbra en su perpetua primavera.
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58 de 90 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Largo viaje a la añoranza
Último western de Ford y penúltima de sus películas. Escrito por James R. Webb ("La conquista del Oeste"), se inspira en la novela "Cheyenne Autumn" (1953), de Mari Zandoz, y en la novela "The Last Frontier" (1941), de Howard Fast. Se rueda en exteriores de Utha (Monument Valley, Archer National Park...), Wyoming y Colorado, en los ranchos RKO Enciso (L.A.) y White (Utha) y en los Warner Studios, con un holgado presupuesto de algo más de 4 M dólares. Es nominado a un Oscar (fotografía). Producido por Bernard Smith y Ford, se estrena el 3-X-1964 (EEUU).

La acción principal tiene lugar entre el 7-IX-1868 y la primavera de 1869, en la reserva cheyenne de Oklahoma, Fort Laramie, Fort Robinson, las tierras nativas de los cheyennes en Yellowstone (Dakota) y el camino entre ellas. El gran jefe cheyenne, acompañado de los jefes Pequeño Lobo (Montalbán) y Cuchillo Sin Filo (Roland), al frente de los 286 superveintes cheyennes confinados en la reserva de Okahoma, vistos los incumplimientos por el Gobierno de los pactos acordados, deciden regresar a sus tierras de origen en un recorrido de más de 2.000 km. Forma parte de la expedición la cuáquera Deborah Wright (Baker), maestra de los niños, que simpatiza con el capitán de Caballería Thomas Archer (Widmark).

El film hace referencia a hechos reales que forman parte de la historia del país, por la que Ford siente admiración y en la que se inspira con reiterada frecuencia. La cinta es una obra largamente deseada por Ford, como medio para exaltar la valentía, el pundonor, la fortaleza y la grandeza de los cheyennes y de todos los pueblos amerindios. También, como instancia de reparación por la imagen que de ellos había ofrecido en sus westerns legendarios. La realización de la obra topa con problemas de producción que impiden a Ford construirla como deseaba. La Warner impone actores hispanos en sustitución de los indios nativos propuestos, introduce cortes (20 minutos), etc. Ford tiene problemas con el guionista y no le gusta la música engolada y enfática de North.

El relato se desarrolla como un largo peregrinaje de regreso a las tierras nativas, plagado de dificultades. Es una odisea, un regreso del destierro en Egipto, un retorno a la Tierra Prometida, un viaje sagrado, dramático y épico. Es una gesta titánica de un pueblo que lucha por la supervivencia y la libertad. La sinceridad y neutralidad de Ford hacen que la expedición, más allá del texto, la imagen y la palabra devenga una historia triste, amarga y desoladora. Guerreros, jefes, mujeres, ancianos y niños, mientras avanzan entre escaramuzas sangrientas, incidentes con jinetes desaprensivos, choques con personajes obtuso, borrachos y fanáticos, y disensiones internas, no se acercan al Paraíso, sino a una reserva, un espacio acotado y cerrado, una prisión sin barrotes, un escenario de reclusión y exclusión.
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29 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil