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Candilejas (1952)

Sinopsis
Un viejo payaso (Charles Chaplin), después de evitar el suicidio de una joven bailarina (Claire Bloom), no sólo la cuida, sino que, además, se ocupa de enseñarle todo lo que sabe sobre el mundo del teatro para hacerla triunfar. Último y melancólico film americano de Chaplin. (FILMAFFINITY)
Director
Reparto
Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Limelight
Duración
145 min.
Guion
Charles Chaplin
Música
Charles Chaplin
Fotografía
Karl Struss (B&W)
Productora
United Artists
Género
Drama Romance Drama romántico Teatro Ballet Años 1910-1919
10
The End
Se acabó. Chaplin fue expulsado de malas maneras de USA poco después de rodar Candilejas. Dicen que lo último que vió del país de la libertad fue la estatua de la libertad, desde la parte de atrás del barco que le llevaba de "visita" a a su Inglaterra natal, y que en ese momento se le informo de que se le denegaba el regreso.

Acosado por el McCarthismo que le acusaba de comunista, por el F.B.I y por la prensa por sus gustos por la gente...por la gente más joven que él (por decirlo suavemente), Chaplin vivía sus horas más bajas. Depresivo, melancólico, enterrado ya por siempre Charlot el vagabundo, consciente de que se la jugaba si volvía hacer una película con tintes sociales, Chaplin se enamora por última vez de una chica de 18 años, a la que da el papel de protagonista en la película.

Para la ocasión, contó con su fiel amigo (adversario en la taquilla y maltratado por el cine con la llegada del sonoro) Buster Keaton, haciendo unas breves apariciones, con uno de los números más tristes que recuerdo (yo es que desde que veo a un pobre viejo borracho entrar en la casa; Chaplin, ya estoy llorando). Dicen que esta película compagina sabiamente la lágrima y la risa, pero no estoy de acuerdo. La melodía que suena constantemente (compuesta por Chaplin y por la que ganó su único Oscars a excepción del honorífico, cuando América se dió cuenta de su error) es una buena muestra de ello.

Chaplin se despide de todo lo que le rodea. Es imposible no ver que es bastante autobiográfica; un hombre que hacía reír a todo el mundo y que vive sus peores momentos, abandonado, borracho y solo, y que trata por todos los medios de salvar a una joven mujer (por no decir chiquilla de 18 años), y de darle ánimos y esperanzas, aunque el ya no disponga de eso en un mundo que le ha olvidado. Pero lo más doloroso para él es soñar con las risas del pasado y despertarse con el silencio del presente. Ya solo actúa en actuaciones de segunda clase, y para darse valor debe beber más de lo aconsejable. Nadie se atreve a decirle que esta acabado, no por respeto a lo que fue, sino por lástima.

Los últimos 10 minutos, con la actuación "cómica" con el otro perdedor, Keaton, y todo lo que viene después es fantástico. Nadie lo dice, pero se entiende; El espectáculo debe continuar.



- ¿No odiabas el teatro?

- También odio la sangre, sin embargo corre por mis venas.
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282 de 295 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Amor, sueños y nostalgia.
Chaplin, querido Calvero, cuántas horas de magia y belleza nos has brindado. Genio generalmente comprendido, siempre será para mi aquel vagabundo que paseaba por las aceras, tornaba esquinas, mientras era iluminado bajo la luz taciturna de una farola a punto de apagarse.

Si hablamos de Candilejas abordaremos muchos temas vitales. Si hablamos de Candilejas como película estaremos de acuerdo en que es un cine eterno, abismal, único e irrepetible, filmado con garra y precisión, con un guión soberbio, fotografia impecable... y todo lo que contribuye a que una película sea cumbre, capital. Qué más decir.

Pero referente a los temas vitales, resumiré los mismos en amor, sueños y nostalgia.

El amor, pasión efimera e indestructible, que cabalga siempre sin dejarnos elegir, iba a nacer un día. Le golpeó hasta dejarla k.o. . Hora tras hora se fue fraguando a fuego, con letras de oro y mimbre y se impuso siempre, a pesar de todo.

Sueños, aquello que quizás sea y seguro que fue, al menos por un instante. Un momento de luz y melancolía que nos espolea y nos invita a seguir soñando.

Nostalgia, aquel sentimiento ambiguo, casando alegría y tristeza, que deja un sabor agridulce, más dulce que agrio, puesto que sin lo agrio, lo dulce no sería tan dulce. Un sentimiento del que no podemos parar de tomar hasta vomitarlo todo y aceptar el presente incierto.

Pero tras dos horas frente al cristal salí a pasear y pensé en Candilejas, y el amor, los sueños y la nostalgia embriagaron mi mente y, pese a todo, en un instante, tan sólo por un instante, aborrecí la vida.
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