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Crítica de Strhoeimniano
A Coruña, España
10
El fotógrafo del pánico
El fotógrafo del pánico (1960)
  • 7.3
    5,546
  • Reino Unido Michael Powell
  • Karlheinz Böhm, Moira Shearer, Anna Massey, Maxine Audley, ...

Yo pierdo todo lo que fotografío

6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Definida por su director como “la película de un cineasta”, refiriéndose evidentemente a su protagonista: Mark Lewis (Karl Böhm), un hombre literalmente traumatizado porque siendo niño fue utilizado por su padre (curiosamente, está interpetado por el propio director: Michael Powel, y es maravillosa la secuencia en la que "aparece") como cobaya humana para estudiar fotográficamente la resistencia de los niños al miedo. Esto hará que en su presente el protagonista deambule entre dos vidas: la pública, en la que trabaja como foquista (es decir: el responsable de que todo lo que salga en pantalla esté nítido) y la privada, en la que su pulsión se manifestará de un modo cruento.
Esta rara película inglesa se abre con una secuencia maravillosa que marcará todo el relato y en parte explica la película. En plano subjetivo, a través del ojo de la cámara, vemos una calle, nos acercamos hacia una prostituta, a una vecina, unas escaleras y una habitación. Luego, este movimiento fluido se ve interrumpido por una oscilación brusca. El rostro de la prostituta cambia de la indiferencia con que ejecuta su vida al terror con que recibe su muerte. Y todo esto, con un instrumento: la cámara de 16 mm, pues todo lo que rodó, hasta la vida de esa prostituta, ahora solo se encuentra en la película de la cámara; es decir: la cámara es la que se apropia de todo.
De ahí que, aparte de que “El fotógrafo del pánico” pueda ser vista no solo como una aproximación al vouyerismo con todo su dolor y éxtasis, sino que también puede ser vista como un bello análisis sobre el sentido del cine (su naturaleza) y sobre la pasividad del espectador en la relación que mantiene con este arte.
También es en esta significativa secuencia cuando aparece lo que es el motor de la historia, lo que lo precipita todo: el MIEDO. Este no es solo la causa de los experimentos del padre, sino también el origen de los propios traumas de Mark, del mismo modo que es la espoleta que precipita todos los asesinatos. Esos ojos desorbitados que vemos, enfangados de miedo, es lo que marca el inicio del rito asesino
Por este motivo, un acierto portentoso es poner en este relato a un personaje que permanece exiliada de este ritual: la madre ciega de Helen (maravillosamente interpretada por Maxine Audley). Es curioso que el único personaje que no pueda ver, y por tanto que no puede caer en el “hechizo” de la cámara, sea el que vea la naturaleza tortuosa de Mark, como si las rarezas evidentes de uno y otro, podemos decir que ambos son “accidentes" de la naturaleza, se olfatearan en su excepcionalidad.
“Peeping Tom” es una película triste y de una belleza absoluta. La dirección de Powel es magistral, llena de momentos intensos y brillantes, permitiéndonos una observación de los personajes llena de comprensión y hasta de cierta simpatía, pues está narrada con un singular cariño que la dota de una belleza extraña pese a lo escabroso del tema y de la historia. Dar también su mérito al guionista y autor de la idea original: Leo Marks, pues escribe un guión magnificamente estructurado, y como dice una crítica anterior por ahí: despejando el mayor motor de toda historia: el suspense, saber quién es el asesino.
En resumen: No te la pierdas. Mírala. Dísfrútala. Gózala. Súfrela, Alucina... todas las veces que quieras, una obra maestra de este calibre no se agota nunca. Y recuerda, como dicen en la película: Todo lo que se fotografía, se pierde...
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