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Críticas de Strhoeimniano
Críticas ordenadas por:
Matrix recargado
Matrix recargado (2003)
  • 6.4
    82,070
  • Estados Unidos Lilly Wachowski, Lana Wachowski, ...
  • Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Hugo Weaving, ...
10
Las dudas del elegido
En principio, conviene aclarar que no es una “segunda parte” tal como entendemos esta estrategia industrial de exprimir la gallina de los huevos de oro hasta que canten... Antes de saber si “Matrix” se convertiría en ese mega éxito que reventó las taquillas de todo el mundo, los Hermanos Wachovski ya estaban rodando simultáneamente lo que después serían la segunda y tercera parte de esta obra maestra de la ciencia ficción.
Suele ocurrir en películas como esta, en las que ya hay que decidir cuál de los hijos queremos más, que las opiniones se dividen decantándose mayoritariamente por la que abre la saga. Cuando entré en la sala del cine (era la película que esperaba con más emoción), me cuestionaba si después de la gran altura alcanzada por “Matrix”, esta “recarga” se quedaría a mitad de camino; pero fiel a ese “más difícil todavía” que había marcado con la anterior película, “Matrix Reloaded” supera la peliaguda prueba con éxito hasta ser, para el que esto escribe, la mejor de la trilogía.
La trama argumental es fácil de digerir, pese a las digresiones filosóficas (¿Qué sería “Matrix” sin ellas?), mostrándonos a un Neo dubitativo ahora que se sabe el “elegido”; a la vez va dando más pistas sobre “Matrix”, e incorporando nuevos personajes, que dan cierto toque de comedia (el políglota comerciante de información y el “orgasmo pastelero”, el beso de Monica Belluci –al que nos apuntaríamos todos- son momentos de alta comedia) y de nuevas amenazas (magníficos los guardianes gemelos).
De nuevo, el despliegue técnico es perfecto, rozando lo increíble; pero toda esta parafernalia aguanta el tipo sostenida por una acción brillantemente filmada y coherente con la trama argumental que nos presenta. Un ejemplo magistral de esto, sería la secuencia de la autopista con el “hacedor de llaves”, tan bien construida y frenética que crea un clímax insuperable y hacen que los largos minutos que dura se pasen como un suspiro, o la fabulosa lucha de Neo con los innumerables “Agentes Smith”.
Lo peor: todo ese video clip que se marcan al inicio de la película presentando Zion; pero ya se sabe, estamos tan hechos a “Matrix” que la realidad nos parece una mierda...
Su magnifico final, no hizo más que desesperarnos por los días que faltaban para que estrenaran el fin de la triología; ¡pero eso ya es otra historia!
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17 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Matrix
Matrix (1999)
  • 7.9
    194,101
  • Estados Unidos Lilly Wachowski, Lana Wachowski, ...
  • Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Joe Pantoliano, ...
10
¡Knock, Knock, Neo!
Que tus ojos se asombren ante una película, a estas alturas del cuento viviendo rodeado de imágenes, es algo que no esperas cuando entras en una sala de cine. El “más difícil todavía”, pese a la aparatosa tecnología que hace que el “imposible” no exista hoy en día para el cine, sigue caminos tan trillados que no nos queda otro remedio que dar la razón a D. Reynolds cuando decía en “Cantando bajo la lluvia”: “Vista una, vistas todas”. Sin embargo, “Matrix” es lo nunca visto, lo no percibido. Nada en la historia del cine nos había preparado para una obra como esta.
Con un guión de lo más complejo, pero que parte de una premisa inteligentísima: la realidad es una construcción interesada, “Matrix” nos sumerge, con su revolucionaria estética apegada al cómic y modo de narrar único y fascinante, en ese secreto que llevara a Neo a ser un redentor de ese mundo en el que los humanos viven esclavizados por las máquinas.
Las fuentes filosóficas, míticas y religiosas asoman por doquier en esta trama abriendo la posibilidad de múltiples lecturas que enriquecen una película que gana por derecho propio un puesto privilegiado entre las mejores del género fantástico.
Con cuatro más que merecidos “Óscar” en los apartados técnicos, la película es un espectáculo visual que te deja boquiabierto. Esta apabullante tecnificación, sin embargo, está llevada bajo premisas argumentales que evitan la gratuidad con la que muchas veces se presentan los f/x. El “tiempo bala”, las magníficas coreografías de las luchas, la plasticidad de los decorados que responden a un tiempo a las reglas de la “realidad” y las de “Matrix”, las arriesgadas traslaciones entre secuencias, no sólo son estéticamente impecables, rozando lo increíble, sino coherentes con la premisa argumental de que todo lo que vemos es un mundo construido.
Todo este arropamiento, no evita que otro peso importante de la película caiga sobre el reparto. Resumiendo las actuaciones, la única palabra que acude es “sobresalientes”; y esto no es fácil teniendo en cuenta toda la parafernalia que los escolta. Sin embargo, están tan convincentes que nos imaginamos otro Neo, otro Morfeo, otra Trinity, otro Agente Smith que no sea Hugo Weaving, dándonos uno de los mejores villanos de la historia del cine.
“Matrix” es un universo propio, único, tan singular como el que en su momento creo “La Guerra de las Galaxias” o “El Señor de los Anillos”. Una obra de culto, le pese a quien le pese, dirigida con un pulso firme por los Hermanos Wachovski, que han creado un antes y un después en la historia del cine.
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39 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
La casa de cera
La casa de cera (2005)
  • 4.4
    17,531
  • Estados Unidos Jaume Collet-Serra
  • Elisha Cuthbert, Chad Michael Murray, Brian Van Holt, Paris Hilton, ...
7
El trabajo de Trudy
“La casa de cera” responde a ese género de terror adolescente que hemos padecido desde “La matanza de Texas”. Bajo estas premisas, la película tiene todos los puntos para diluirse en el olvido; sin embargo, siguiendo al pie de la letra todos los códigos de este género de tan fácil consumo, “La casa de cera” despega de sus antecesoras añadiendo a todos sus ingredientes un ingenio e inteligencia que la salvan de la quema en la que todas acaban.
Como no podía ser menos, la primera mitad se consume en presentarnos a ese grupo de cachorros de cuerpos vigorosos y cerebros poco brillantes que, por supuesto, se tienen que dirigir, la disculpa es lo de menos, a la boca del lobo. Ya ahí, uno empieza a hacer las típicas apuestas a las que te llevan este tipo de películas: ¿Quién morirá primero? Y cuando esto llega, la tensión ya no te abandona en todo lo que queda de película. Este mérito corresponde sin duda a la desenvuelta dirección de Jaume Serra, con una estética a medio camino entre el video clip y el anuncio de turno, pero también conocedora de inspiraciones más clásicas, como a la hora del clímax final donde el derroche de medios no sepulta las sugerencias que el director muestra sobre el origen de esos locos asesinos, así como sobre su atávico final.
“La casa de cera” no es un remarke sobre esta historia tan conocida por los amantes del género de terror; es más bien un cóctel que combina esas referencias con toda la tradición que han traído a este género gente como Romero, Craven o Hooper. Su salvación son las pinceladas que aquí y allá va soltando un guión más elaborado de lo que es habitual. El horror no se instala como en sus predecesoras en un siniestro museo, sino que abre sus puertas para estar presente en todo el decorado (muy cuidado para lo que nos suele ofrecer este tipo de películas) y en un “gore” que no escatima el humor negro a la hora de presentarse.
“La casa de cera” no pretender ser más de lo que da; pero esto lo hace de una manera sobresaliente.
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4 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de hora
Después de hora (1985)
  • 7.2
    15,870
  • Estados Unidos Martin Scorsese
  • Griffin Dunne, Rosanna Arquette, Linda Fiorentino, Bronson Pinchot, ...
10
La medianoche de Ulises
¿Quién dice que la aventura precise de horizontes exóticos y abiertos? Igual que existe la “vecina de al lado”, aunque no la conozcamos, también existe la “aventura de al lado” precisamente porque no la conocemos.
La aventura siempre necesita del reto que produce el desconocimiento; y para eso nadie tiene más papeletas que Griffin Dunne, un informático con una vida tan cuadriculada y monótona como la pantalla del ordenador que lo saluda todos las mañanas, y que vive en esa urbe desmesurada que es N.Y.
Bajo la “Sky Line” tan conocida, Scorsese nos sumerge en una negrura poblada de coloristas personajes siguiendo los intentos de este Ulises moderno por volver a una segura normalidad que no deja de alejarse a cada paso de la mano de personajes cada vez más extravagantes.
La fauna de Scorsese que acosa a este “pez fuera del agua” es de lo más variopinta y está magníficamente retratada por del director en dos o tres plumazos certeros que los hace reconocibles desde el primer momento.
¡Jo, qué noche!, es una comedia atormentada, preñada por un humor sutil teñido de esa negrura que domina el anochecer y que hace emerger a toda esa galería de estrafalarios que la luz del sol ahuyentaría.
En sí es una nueva recreación de las alocadas comedias de la década de los 30 / 40. El factor de soledad, desarraigo, que comparte toda la galería de personajes es dirigido hacia puntos de encuentro, como si los locos que el mundo reparte se unieran todos en una habitación, y esas son las pequeñas paradas a las que se tendrá que enfrentar un espléndido G. Dunne en una búsqueda del amor que no da conseguido. Así el humor es de difícil digestión, pues se te atraganta con la angustia que desprende toda la película.
El elenco está insuperable, encabezado por el propio Dunne (sientes el peso de su ansiedad) y con irresistibles encuentros con Teri Garr (magnífico su personaje de sesentera estancada en el tiempo, aunque no en la locura), o esa sirena varada (en todo tipo de neurosis) que es la causante inicial de las desventuras que sufrirá en esa noche de pesadilla, G. Dunne, o una Catherine O’Hara que mostrará su cara marcial y fascistoide antes de vérselas con Macaulay Culkin en “Solo en casa” (también podemos ver en un breve papel a la devoradora Linda Florentino, incluso un cameo del propio Scorsese “iluminando” a toda la fauna de un local).
¡Jo, qué noche!, es una comedia espléndida, con una visión extremada y pesimista del género humano (al final, son los ordenadores los únicos que nos tratarán con amabilidad, los únicos que nos darán “amor”), endiablada, con un espléndido montaje de la gran Thelma Schoonmaker que sabe escoltar la neurosis de la película, y un Scorsese tan inspirado como siempre que nos ofrece la mejor comedia de los años 80.
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27 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los olvidados
Los olvidados (1950)
  • 8.3
    13,370
  • México Luis Buñuel
  • Alfonso Mejía, Roberto Cobo, Estela Inda, Miguel Inclán, ...
10
Pedro y
Es la primera muestra, tras “La edad de oro”, “Las Hurdes” y “Un perro andaluz” que el Luis Buñuel que había asombrado al mundo con un lenguaje propio y único seguía ahí y aún tenía mucho que contar.
La historia, coescrita con el extremeño Luis Alcoriza, uno de los mejores guionistas con los que contó, es una descarnada denuncia sobre la desigualdad, sobre esos “olvidados” cada vez más numerosos que da a luz el desarrollismo de la opulencia. Su mirada se dirige hacia la juventud, hacia ese futuro aplazado que sobrevive en un mundo cruel (la delincuencia es la única respuesta) sin más respuestas por parte del Estado que las represoras.
Su visión es desesperanzada. Es curioso compararla con otra película de la misma década que se acerca también a la juventud (en aquel momento un tema menor dentro del cine). Mientras que en “Rebelde sin causa” las respuestas violentas, todos los conflictos que se desarrollan en el film, están enraizados en el interior de los personajes y son conflictos emocionales; Buñuel opta por despejar esos tormentos y denunciar, sin ocultar ninguna carta y con una valentía irrepetible, las causas estructurales de la violencia (el tiempo dio la razón al maestro y se la quitó al N. Ray). Esta visión está tan marcada, que el espectador la comparte con los personajes (magnifico plano de Pedro, el protagonista inocente de la película, lanzando un huevo contra la cámara).
Todo esto lo hace desde la pasión. La película está llena de una tensión difícil de soportar por lo desgarradora que es la situación a la que nos acerca. Son escasos los momentos de serenidad, de placidez, pues estos pronto caen ante la injusticia arrolladora. La galería de personajes, arrastrados todos por esa espiral en la que se ven envueltos, es inolvidable. El carácter de Buñuel se palpa en cada imagen (la fotografía es de Gabriel Figueroa que colaboró en toda la etapa mejicana). Ese posicionamiento ético de situarse siempre al lado de la víctima está en “Los Olvidados” llevado al extremo máximo. Buñuel no juzga a los personajes; pero si denuncia las situaciones. Verdugos y víctimas son presentados desde una cercanía árida, tan cruda como las situaciones que muestra, sin ahorrar el maestro sus apuntes surrealistas y ese erotismo tan carnal que tienen todas sus películas.
Las interpretaciones son prodigiosas, rebosantes de un naturalismo que yo, particularmente, no volvería a ver hasta “Amores perros”; sin embargo, todos ellos son actores con una larga trayectoria en el cine mejicano: Roberto Cobo (el cruel y violento “Jaibo”), participó en casi una centena de películas; Miguel Inclán (D. Carmelo) era el típico villano del cine mejicano; pero si alguien deslumbra es Alfonso Mejía. Él interpreta a Pedro, esa flor que nace entre el estiércol y cuyo destino se unirá al de “Jaibo”. Su mirada es prodigiosa y te ata a la sinceridad e inocencia de sus palabras componiendo un personaje difícil de olvidar.
“Los olvidados” es una obra maestra imprescindible.
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69 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil
JFK
JFK (1991)
  • 7.5
    26,001
  • Estados Unidos Oliver Stone
  • Kevin Costner, Tommy Lee Jones, Gary Oldman, Joe Pesci, ...
10
Golpe de Estado en Camelot
Costa-Gravas decía parafraseando una conocida frase que siempre aparece en las películas: “Cualquier semejanza con personas o lugares realmente existentes, no es coincidencia: es intencional.” Desde esta mirada, el cineasta pasa en esta circunstancia de artista, con el todos relacionamos su labor, a historiador. Así, la interpretación / denuncia que nos ofrece busca siempre situarnos no como espectadores (situación que ocurre con otras películas), sino como testigos de un hecho crucial, impidiéndonos tras todo lo visto dejar que éste caiga en el olvido y la mentira.
Stone, con “JFK”, explora esta posibilidad en toda su profundidad, pues en esta película, el director juega con la polisemia de un término como “historia” que, por una parte, remite a los “hechos” pero también al “relato” de los mismos. No hay historia sin relato de la historia.
“JFK” es la cámara hecha bisturí. Un bisturí impúdico, enérgico, reiterativo pero no redundante, valiente... Así, el acercamiento de Stone al magnicidio se aproxima al que se realizaría en una autopsia, mostrando, con ese amor por el detalle que tiene toda la película, la conspiración en torno a este hecho en el que el autor fija una frontera que quiebra al país (comenzaría después la pesadilla de Vietnam, en la que Stone participa). Esa conspiración ayuda a Stone a fijar la intriga que contiene la película y que logra atraparnos desde el primer fotograma acompañado por los sones de un John Williams más inspirado que nunca. Pero es aquí donde Stone muestra toda su genialidad, pues en su intención de querer hacernos testigos, el director opta por romper los códigos de este género y acercarse con un brío enorme (el montaje es frenético, abundan los planos de cámara en mano como si estuvieran recogidos “en vivo”, el paso del color al b/n) a las orillas del documental haciendo un drama que con tintes biográficos (muestra la odisea de J. Garrison, el único fiscal que presentó cargos por este asesinato) se convierte en un incómodo documento histórico.
Es en la mezcolanza de estos dos registros (el puramente documental con la utilización de archivos históricos por un lado, y la reconstrucción especulativa que realiza en base a las investigaciones de Garrison, por otro) donde la película alcanza su cenit. La media hora final, donde K. Costner muestra (“demuestra”) su teoría son realmente magistrales. Pero todo está a esta altura. El reparto (¡hasta Costner está bien, lo que es mucho decir!) es espectacular, con un G. Oldman espléndido (parece un clon), un J. Pesci igual de histriónico que siempre, pero tan impecable como cuando trabaja con Scorsese, un T.L. Jones tan magistral como siempre, y así con el resto del elenco (sale J. Lemmon y D. Sutherland dejándonos con la miel en los labios de lo soberbios que están). Es una película con tanta fuerza, que el único “pero” hay que situarlo en las caídas que se producen cuando Stone muestra la vida cotidiana de Garrison.
“JFK” es una obra maestra escalofriante.
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89 de 98 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jamón, Jamón
Jamón, Jamón (1992)
  • 5.3
    16,347
  • España Bigas Luna
  • Javier Bardem, Penélope Cruz, Stefania Sandrelli, Anna Galiena, ...
10
La jamona y el macarra
Cuando veo el cine español actual, tengo la impresión, en gran parte de las películas, que éstas podían haber sido rodadas allende de los Pirineos. ¡Será que al final es cierto que somos Europa! Sin embargo, “Jamón, jamón” sólo podía rodarse aquí. Es tan española como la tortilla de patatas, como esos ajos que toma Stefanía Sandrelli hasta ahogarse emocionada por el recuerdo de esos huevos de toro que porta Javier Bardem, como ese toro de Osborne que fija el símbolo de la masculinidad de todo un país bebedor de “Veterano”.
La historia es una exploración impúdica del machismo, de la esa pasión que corre por la sangre española sin ahorrarse exageraciones, pues su gracia, que la tiene, radica en trabajar siempre desde los extremos, con personajes situados al filo en la nada de Los Monegros. De hecho, todos ellos están creados desde esa perspectiva: La madre termina siendo una puta; la puta termina siendo una madre; el pijo lucha contra el macarra. Todo aderezado con una pasión que será la que condimente los azares de estos personajes hasta lograr un retrato ardiente de la pasión (no sólo por el jamón, sino también por las “jamonas”) en un drama escrito a ritmo de comedia, pero contado con el desgarro de un bolero triste.
El guión es impecable, contó con la colaboración del genial escritor Quim Monzó, y traza un panorama reconocible por todos logrando, tras ese acercamiento tan íntimo, una universalidad (fue un éxito en todas partes). El reparto es excepcional. Es la primera película de Penélope Cruz (antes sólo había participado en un vídeo de Mecano), que junto con Bardem y Molla (también en sus primeros papeles) componen ese triángulo cruzado también por los deseos de Juan Diego, Sandrelli y Anna Galiena (más espectacular y carnal que nunca, aún más que en "El marido de la peluquera").
“Jamón, jamón” tiene sabor a fritanga, a puticlub de carrretera, a hembras y machos en celo; pero todo escrito con “Ñ” mayúscula, desde una hispanidad caricaturizada, en ocasiones patética, pero siempre verídica.
De hecho, con esta película inaugura Bigas Luna una trilogía que iría decayendo a cada nuevo título (tras terminarla vino la desastrosa “Bámbola”), pero que merece la pena contemplar en su conjunto, para saborear la singularidad de un Bigas más Bigas que nunca y que añoramos a los que nos gusta el cine espaÑol.
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61 de 92 usuarios han encontrado esta crítica útil
La vida de Brian
La vida de Brian (1979)
  • 7.9
    108,641
  • Reino Unido Terry Jones
  • John Cleese, Michael Palin, Graham Chapman, Eric Idle, ...
10
La biblia de Brian
Irreverente hasta la médula desde la primera a la última secuencia, llena de un humor sarcástico, inteligente, surrealista, con una inspiración única que hacen de ella la mejor película de los Monty Python y una de las mejores comedias de todos los tiempos. “La vida de Brian” retrata el porvenir del paria que tiene la desgracia de nacer en el pesebre de al lado de otro recién nacido llamado “Jesús” hasta terminar sus días tan crucificado como el Mesías (pero si darnos tanto la lata como éste), cantando una magnífica y destornillante canción.
Esta película no es una ácida blasfemia contra la religión católica (de hecho: Jesús sale brevemente en un magnífico gag sobre el sermón de la montaña), sino contra todas las religiones, busquen éstas la salvación del alma (como las imperantes monoteístas) o la del hombre (como los partidos políticos aquí magistralmente satirizados). El acierto de esta película es poner lo sacrílego de estas dos visiones a ras de tierra y, desde ahí, comenzar sus acertados mamporros. De hecho, es una película única, ni antes ni después el cine Ha vuelto a hacer un cóctel tan explosivo entre farsa, religión y política. Sus fotogramas son una fiesta, llena de agudos diálogos, que por más que los tengas oídos siguen haciéndote estallar en carcajadas, y memorables gags visuales que acentúan esos diálogos y disparatadas situaciones.
La galería de personajes (todos magníficamente caricaturizados por los Monty Python) son de los que dejan sabor, llevándonos de una secuencia a otra igual o más inspirada que la anterior, siempre siguiendo los pasos de Brian, que es el que logra unir las partes inconexas hasta lograr un todo lúcido y coherente.
Toda ella es un festín. Un gran festín, pues no sabes con qué parte quedarte, cuál de los gags es tu favorito (la competencia es fortísima), qué línea de diálogo despierta tus ya agotadas carcajadas a esas alturas (yo me sigo quedando con la secuencia “¿Qué nos dieron los romanos?”). Cada nueva visión da nuevas oportunidades a esta película tan redonda como una hostia sin consagrar, pero llena de un humor divino que no para de estampar su mala baba contra el fanatismo al que, al parecer, estamos condenados (ese es nuestro infierno).
Pero hay una medicina (o una gozada): Oxigenar el cerebro con ese evangelio, según los Monty Python, que es “La vida de Brian”. No busquéis más: ¡La salvación está en la risa!
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87 de 103 usuarios han encontrado esta crítica útil
2001: Odisea del espacio
2001: Odisea del espacio (1968)
  • 7.8
    115,014
  • Reino Unido Stanley Kubrick
  • Keir Dullea, Gary Lockwood, William Sylvester, Daniel Richter, ...
10
Odisea de la humanidad
“2001” es ese monolito, ese tótem cinematográfico que marca un antes y un después en la cine de ciencia ficción. Esta palabra le corresponde con toda justicia. La preocupación de Kubrick por el verismo de todo lo que aparecía en la pantalla hace que estemos ante una película en la que las especulaciones que muestran vienen sostenidas por sólidas bases hasta hacer de “2001” una ficción, exenta de realidad, pero llena de realismo.
En sí es una ópera (es grandiosa, épica desde las primeras imágenes. Kubrick hablada de “odisea de la humanidad”) en tres actos, cada cual más subyugante e inspirado, hecha desde una inspiración asombrosa (no se volvió a hacer una película tan arriesgada), pero destilada hasta la pureza, lo que hace que sea una película milimetrada, magistral, donde nada sobra o falta para lograr un espectáculo fascinante y enigmático.
Es cine en estado puro. Pese a su extenso metraje, no creo que lleguen a 20 minutos los diálogos de la película, lo que hace que toda la fuerza, toda la fascinación venga dada por una imagen cuidada, impactante, magnética, que se queda grabada para siempre en nuestras retinas. A esto se suman unos efectos especiales (ideados por el propio Kubrick y Douglas Trumbull, que también fotografiaría y haría los fx de “Blade Runner”) que aún hoy mantienen el tipo.
Ninguna película ha hecho correr más ríos de tinta que esta. O se la ama o se la odia; ¡pero es imposible permanecer indiferente ante ella! Un guión maravilloso, basado en un relato corto de Arthur C. Clarke, nos lleva desde los albores de la humanidad (aprovechando para mostrarnos el primer asesinato de la historia) hasta un nuevo y inescudriñable amanecer. Entre estos dos extremos toda una descarga de imágenes, de una puesta en escena majestuosa, con un montaje que hace que la imagen te impregne, te lleve a reflexionar, pues en esta película Kubrick muestra todo, pero no explica nada (Clarke, cuando posteriormente hizo el libro se encargo de despejar en sus párrafos todos los misterios que contenía “2001”) y una música que trasciende su mero papel de acompañante hasta hacerte sentir la “sinfonía del universo” (Ningún director se acerca al manejo magistral que Kubrick siempre logró con sus bandas sonoras). La danza espacial al ritmo del “Danubio Azul”; la inmensidad y soledad del universo remarcado por las inspiradas notas de György Ligeti, o el archifamoso amanecer lunar al son de los compases de “Así habló Zarathustra” siguen resonando en nuestra memoria.
Punto y aparte merece el duelo de HAL 9000, quizá la parte más clásica de la película, pues puede ser contemplada cómo un sólido thriller de la máquina (es el personaje mejor construido, el más humano, y a la vez el más abstracto) contra el hombre.
Solemos llamar al cine “7º Arte”; pero hasta que no llego “2001” no podemos aplicar con justicia este término, pues sale del territorio de calificativos como magistral para situarse como “obra de arte”. Nada más y afortunadamente nada menos.
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466 de 603 usuarios han encontrado esta crítica útil
La naranja mecánica
La naranja mecánica (1971)
  • 8.2
    169,915
  • Reino Unido Stanley Kubrick
  • Malcolm McDowell, Patrick Magee, Michael Bates, Adrienne Corri, ...
10
Alex y sus drugos
Un maravilloso primerísimo primer plano de Malcolm McDowell, que nos mira insolente abre esta película (es tal el efecto que produce, que siempre me recordó por sus consecuencias al famoso plano de la navaja de “El perro andaluz”), mientras que su voz, que cabalga entre la malicia y la inocencia y que nos acompañará a lo largo de la película acercándonos a su personaje, nos presenta a los protagonistas de esta odisea donde la violación, la ultraviolencia y Beethoven tendrán su espacio. Porque “La naranja mecánica” no sólo se ve, también se escucha, y uno y otro código harán de la visión de esta obra una experiencia única.
La película, con una estructura circular que tanto gustaba al autor, tiene dos partes bien diferenciadas: Por un lado, todas las fechorías de Alex y sus drugos, que nos será mostrada con todo lujo de detalles y una estética muy particular, enseñándonos también el contexto de estos personajes (la familia de Alex, apuntes sobre la sociedad en la que se mueven, el barrio donde viven, etc); por otro, las fechorías de un Estado (dentro de su “civilización” igual de violento que Alex) que a fuerza de garantizar la seguridad limita la libertad.
Estas dos partes se combinan de un modo asombroso llevándonos Kubrick hasta el meollo de todo lo que nos presenta y moldeando nuestros estados de ánimo a su gusto. En principio, Alex es un monstruo. Es la maldad por la maldad (lo que libremente ha elegido); pero aún así no dejamos de sentir simpatía por él, por la fina ironía que destila su narración, por los golpes de humor macabro que siembran esta obra, por la violencia brutal pero a la vez hipnótica de sus hazañas. Acto seguido, Kubrick nos muestra la otra cara: el fascismo de un Estado que atajará la violencia condicionando, con el famoso método “Ludovico”, la libre elección de la persona violenta (las cárceles las necesitan para los presos políticos). Igual que en el caso de Alex, no existen escrúpulos; pero si Alex es una anomalía que puede cruzarse accidentalmente en tu vida, el Estado está presente en la vida de todos, por lo que puestos a comparar...
La visión de Kubrick es pesimista (el final no puede ser más desolador), por lo que “La naranja mecánica” siendo una fábula la tenemos que ver finalmente como una advertencia.
Punto y aparte merece la actuación de Malcolm McDowell. Incomprensiblemente no estuvo nominado para el Oscar, siendo una actuación sentida (la secuencia cantando “Singin’in the rain es una aportación suya), sobresaliente y estremecedora. Él es “La naranja mecánica”, y aunque el resto del elenco está espectacular, todo lo que hace Alex se nos queda grabado en la mente hasta sentirlo y salir de la película convertido en un pequeño “drugo”.
“La naranja mecánica” es una joya, una obra maestra más dentro de la filmografía de un maestro singular.
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166 de 197 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amantes
Amantes (1991)
  • 6.6
    7,850
  • España Vicente Aranda
  • Jorge Sanz, Victoria Abril, Maribel Verdú, Enrique Cerro, ...
10
Vértices mortíferos
Un retrato en negro de una España gris, servido con una meticulosidad que no ahorra detalle, desde una crudeza ajena a todo sentimentalismo que siempre lleva mirar hacia atrás. La magnifica fotografía de Alcaine acompaña con sus tonos fríos una historia en la que la pasión arde hasta consumirse en un final trágico, mostrado con tal inspiración que se nos hiela la sangre.
La película narra un triángulo amoroso en el Madrid de los años 50. La química que se establece entre los interpretes es estremecedora. Nunca brillaron a tanta altura. Sus interpretaciones son muy naturalistas, soberbias. Parecen sacados de ese Madrid que tan bien retrata esta película. Es en esto, donde “Amantes” alcanza un grado superior, hasta convertir esta película en un “documento”.
Pero es en el trío protagonista donde se ven las grandes virtudes de esta obra. Los tres son personajes ricos, llenos de esquirlas, sometidos a los avatares de esta historia que los llevará a un final inevitable. Así vemos a un Jorge que sin abandonar de todo ese aire de pueblo se deja arrastrar por la única “cabeza” que lo domina.
Punto y aparte merece Maribel Verdú. Es el personaje bueno, el corazón inocente que se deja llevar, que hace la apuesta fuerte sin pensar. Con sus ojos expresa todo: ilusión, amor, locura. La escena final, se sostiene toda en ella, hasta el punto de que sus palabras te hiela el corazón.
Pero si esto es un triángulo, la cima corresponde a Victoria Abril. Su interpretación es apasionada hasta la fiereza. Cuando ella sale, como buena mantis que es en esta obra, devora literalmente todo lo que se encuentra a su alrededor. La construcción de su personaje es espectacular, y su pasión por Jorge Sanz regrese a ella convertida casi en locura, pues sin dejar de ser un juguete roto, responderá a esa vena mortífera que riega este triángulo amoroso / pasional.
Porque “Amantes” juega con las dos cartas. Vicente Aranda no escatima al espectador como la pasión se va adueñando de la historia hasta que desencadena su final. Estos pliegues escabrosos están acompañados de una galería de personajes que retratan la miseria y el tremendismo de esos años oscuros. Todo acompañado de una banda sonora excepcional de José Nieto, donde el tema dramático principal, que nos acongoja a lo largo de toda la película, se nos descubre al final como un villancico de Navidad, (“Amantes” no deja de ser un cuento cruel) y en una secuencia imborrable, ante una Catedral de Burgos nevada, como si reposara sobre la nada y la desolación que acompaña a los personajes.
“Amantes” es quizá una de las mejores películas españolas de todos los tiempos, rodada con un pulso firme, lleno de una sabiduría que evita cualquier barroquismo dejando que sean los intérpretes los que nos lleven de la mano a esta película a la que siempre queremos volver.
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43 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gilda
Gilda (1946)
  • 7.8
    31,018
  • Estados Unidos Charles Vidor
  • Rita Hayworth, Glenn Ford, George Macready, Joseph Calleia, ...
10
Nunca hubo otra como ella.
“No ha habido nunca una mujer como Gilda”, decían los carteles de esta película cuando se estrenó. Sesenta años después, esa fascinación sigue intacta. Nosotros envejecemos, pero Gilda mantiene legendario embrujo porque Gilda nació para quedarse en nuestros sueños cinéfilos. Recuerdo que la primera vez que la vi era un crío (había sido el único de la clase al que habían dejado verla, por lo que me pasé semanas narrándola con todo lujo de detalles), y aún ahora vuelvo a esta película llena de una inspiración y una magia cómo sólo el Hollywood clásico podía realizar.
“Gilda” es una de esas reuniones mágicas que acontecen de tanto en tanto para destilar más allá del buen cine y crear leyenda, como ocurre con “Casablanca”, “Lo que el viento se llevó” y tantas otras. Es un soplo único, irrepetible (de hecho, intentaron repetir el éxito reuniendo al mismo equipo y apoyándolo con un mayor presupuesto en “La dama de Trinidad”, y la magia no apareció por ningún lado, aunque la Hayworth bailaba como los ángeles en esta producción), lleno de secuencias y diálogos que se te clavan en la mente, en la que quizás es una de las mejores películas de cine negro de todos los tiempos. Curiosamente, y esto lo comparte con “Casablanca”, pese a ser Rita la mayor estrella de la Columbia, la película se comenzó sin tener un guión acabado ni tampoco tener la menor idea a dónde irían a parar todos estos personajes en los que nada es lo que parece… sino muchísimo peor. Según iban rodando, iban creando nuevas secuencias (algunos de los diálogos se añadieron en doblaje), incluso los famosos números musicales de “Put the Blame on Mame” y “Amado mío” se realizaron casi finalizando el rodaje. No importa que Rita no supiera cantar. Nadie se movía como ella, nadie podía interpretar un personaje como este. Cuando dice en un diálogo memorable que si “fuera un rancho, se llamaría Tierra de Nadie”, quedas sobrecogido. El lucimiento que realiza en cada secuencia es espectacular. No es sólo belleza (es cierto, nunca hubo otra como ella) es la fuerza y la vulnerabilidad a un tiempo. El maravilloso número en el que ella se venga de Johnny interpretando en el casino el tórrido “strip-tease” pasa con justicia a la historia del cine (remata con la famosa bofetada).
“Gilda” es una obra maestra, en la que todos los detalles que hacen una gran película están ahí con la máxima expresión. Una fotografía maravillosa de Rudolph Maté; una dirección artística que hacen un Buenos Aires improbable pero imborrable; las actuaciones prodigiosas con un Glenn Ford destilando una química insuperable no sólo con Rita, sino con Geoge Macready con el que mantiene una relación homosexual brillantemente insinuada (o un trío, pues siempre está un “pequeño amigo”); y Steven Geray, como “Tío Pío”, un personaje único en toda la historia del cine negro.
Hay que saborear “Gilda”, tiene el sabor del cine legendario.
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67 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fedora
Fedora (1978)
  • 7.0
    3,190
  • Francia Billy Wilder
  • William Holden, Marthe Keller, Hildegard Knef, José Ferrer, ...
9
La tragedia de renacer
En su segunda radiografía acerca del mundo del cine tras la magistral “El Crepúsculo de los Dioses”, Wilder nos acerca a Fédora, una actriz que como en el caso de la inolvidable Norma Desmond está retirada de ese cine que se ha hecho pequeño. Aunque las dos comparten esa mirada pesimista y desesperanzada, “Fédora” no es una historia de Hollywood.
La isla de Corfú donde vive retirada Fédora queda lejos de Hollywood, aunque no de sus vanidades. A diferencia de Norma, Fédora no se retira del cine por el olvido de esta industria siempre a la búsqueda de sangre fresca, sino que lo hace en la cúspide de su carrera, lo que a primera vista podría hacernos recordar a una recreación de la gran Greta Garbo. Pero estamos ante una película de Wilder, por lo que la trama es retorcida y descarnada.
“Fédora” es una tragedia; pero en este caso la mirada de Wilder no sale de los límites de este personaje, sino que con un bisturí afilado nos abre la caja de Pandora que oculta el precio de la fama... un precio que para esta industria siempre pasa por el de la juventud, y es en esas mazmorras tortuosas a donde Wilder nos lleva de paseo. De hecho, la película la podemos contemplar como una recreación del mito de Frankenstein (hay una secuencia memorable que recrea a “La novia de Frankenstein”), pues entre esas aguas luminosas se esconden un fango turbio, terrorífico.
Narrada, igual que en el Crepúsculo en base a una serie de “flashbacks”, es en esa estructura donde la película cojea un poco, sobre todo en su parte final. A diferencia de la arriesgada, pero inteligente apuesta, de Wilder en “El Crepúsculo de los Dioses” donde un muerto nos hablaba de los “muertos en vida”, aquí serán los vivos quienes desgranen todo lo que lleva a Fédora a su trágico final. El problema es cómo introduce el “giro”, la sorpresa que cambia radicalmente todo lo que hasta ese momento hemos visto. Está integrada de un modo tan precipitado que recuerda a las típicas secuencias donde Hércules Poirot da cuenta de quien es el asesino; pero mientras que en Agatha Cristhie no queda otra resolución que esta por lo que es admisible, aquí hemos asistido a una tragedia, a un cuento gótico, por lo que toda esa parte “chirría” un poco en el conjunto de esta película, aunque hay que decir a su favor que consigue, tras la oportuna reflexión que siempre dejan sus películas, que nos acerquemos a la profundidad de ese drama.
Como no podía ser menos, en una película que trate sobre el cine, el maestro aprovechó la oportunidad para dar unos cuantos puñetazos y alguna que otra caricia. La mayor paliza se la lleva ese cine que aparta al maestro de la realización (sólo volvería a rodar una vez más en 1981: “Aquí un amigo”), profetizando en 1978 todo el cine que actualmente domina las pantallas.
Aún así “Fédora” es la película de un maestro; sólo por eso merece la pena acercarse a esta obra que bien merece una revisión.
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20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fenómenos
Fenómenos (1932)
  • 8.2
    21,391
  • Estados Unidos Tod Browning
  • Wallace Ford, Leila Hyams, Olga Baclanova, Roscoe Ates, ...
10
Espuelas
Cuesta creer que esta sea una película de la “Metro”. La soberana de las “majors”, con esa línea conservadora y amable dirigida a toda la familia, no era el vehículo más adecuado para dar lustre a una “rara avis” como “Freaks” (Mayer mandó, tras su estreno, retirar de todas las copias el logotipo de la MGM).
Esta película es un cuento cruel que deriva, hasta sumergirse, en el terror. Lo maravilloso de Tod Browning es que siguiendo al pie de la letra el clasicismo del terror, lo trastoca completamente para darnos una película de una modernidad asombrosa.
El terror nace de lo raro, de ese hecho excepcional que se vuelve intruso en la rutinaria normalidad. Esta regla básica presente en todas las películas de terror es aquí seguida al pie de la letra; sólo que en “La parada de los monstruos”, lo excepcional no son los “freaks”, sino la “normalidad” de la belleza y la fuerza de Cleopatra y Hércules, pues ellos son los anormales dentro de esta trouppe de “freaks”.
Así esta historia se desarrolla en dos partes casi simétricas: la primera parte, que podemos definir de cruel, mostraría la humillación de la belleza a la fealdad; la segunda, la terrorífica, desarrollaría la humillación de la fealdad a la belleza; pero con una pequeña diferencia: mientras que en la primera parte lo monstruoso se agazapa en lo bello (todas las humillaciones y el plan para asesinar y quedarse con la herencia); en la segunda, lo monstruoso es mostrado como un acto contra la crueldad de esa belleza que los ha excluido y marginado, tomando la venganza como un acto de hermandad.
Es curioso como Browning presenta estos dos mundos. Mientras que el de la fealdad tiene algo de paraíso perdido (la bellísima secuencia de presentación los “freaks” jugando en el bosque), el de la belleza está presentado desde la avaricia (Cleopatra y Hércules humillando al enano bien de palabra –“renacuajo”, “cagadita de mosca”, le llegan a llamar-, o por obra: Cleopatra esperando que el enano le ponga la bata); pero más magistral es cómo presenta el terror.
De nuevo el terror no surge por la naturaleza de estos “freaks”. La modernidad de Browning nos aclara que el terror es una cuestión de mirada… Puede que la normalidad domine la vida, o el aire como en el caso de la trapecista, pero el suelo, el suelo pertenece a los “freaks”… y es desde esa mirada baja desde donde controlarán toda la puesta en escena que a partir del banquete de bodas transformará la existencia de Cleopatra y Hércules en un tormento.
“Freaks” es una película extraña, fascinante, de una poética insólita. Una obra maestra excepcional e irrepetible.
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205 de 225 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vaselina
Vaselina (1978)
  • 7.1
    98,171
  • Estados Unidos Randal Kleiser
  • John Travolta, Olivia Newton-John, Stockard Channing, Jeff Conaway, ...
10
La movida de Rydell
¿Quién no quiso ser Danny Zuko? ¿O quien no suspiró noches enteras por ser el Pigmalion que transformara a esa novia mojigata que todos teníamos en una rocker como Olvia Newton-John? Yo sí. Es cierto que no vivía en Rydell; pero en muchas ocasiones, igual que Rebeca vuelve a Manderley, yo vuelvo a esas noches de verano en Rydell...
“Grease” es un musical delicioso y divertido hasta la médula. Los años 50, desde la visión irónica de este homenaje Kleiser, quedaran en nuestras retinas abrazados a este musical despreocupado y joven. Una historia tan simple como la o con un canuto, pero tremendamente emocionante porque en su superficialidad llena de tópicos, batidos, hamburguesas, poses y bailes de instituto... pasa justamente lo que deseemos que ocurra. Todo esto aderezado con una banda sonora extraordinaria (que todos nos sabemos de memoria); seguramente una de las mejores de toda la historia del cine musical y que se expone ante nuestro ojos en unos números musicales excelentes e inolvidables, llenos de una energía joven, en que el que la rabia (presente por ejemplo en otro musical “joven” como West Side Story) está descartada porque la juventud es ese tiempo que hay que disfrutar...
La química entre los actores es extraordinaria. Travolta y Newton-John son esa pareja perfecta a la que nos gustaría imitar; el resto del reparto esta preso por la misma alegría (aparece una Stockard Channing tan devoradora de la pantalla como febril con los hombres) que desprende cada fotograma de esta película inolvidable (es una de esas películas que sientes que se lo han pasado genial rodándola) y maravillosa.
“Grease” es la película generacional, a la que se van sumando nuevos adictos (quien la prueba, repite) para quedarse entre nosotros y volver a ella siempre que deseemos pasarlo bien.
El éxito de esta película propició una segunda parte infumable de la que sólo se puede salvar a una jovencísima Michelle Pfeiffer, o ¿quién no ha soñado salvar todas las noches a Michelle Pfeiffer?
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111 de 128 usuarios han encontrado esta crítica útil
Resurrección satánica
Resurrección satánica (1985)
  • 6.1
    5,901
  • Estados Unidos Stuart Gordon
  • Jeffrey Combs, Bruce Abbott, Barbara Crampton, David Gale, ...
10
La pasión del Dr. West
Si la vida es una interacción química..., está claro que venceremos a la muerte inyectando un compuesto que reactive toda esta biología... Con una premisa tan sencilla como esta, adaptación de un cuento breve del gran H.P. Lovecraft, surge en los ochenta esta libérrima y descarada película de terror.
De todos los pecados que puede cometer una película de terror, el único que no puede permitirse es caer en el ridículo. “Re-Animator” con su hábil mezcla de gore, suspense, y comedia (negrísima) podía haberse hundido en esas aguas negras, pero sale indemne de esta tentación. En ningún momento existe una pretensión de hacer una obra que siente cátedra. Ajenos a cualquier pretenciosidad, se dejan llevar libres, sustentados en un guión realmente bueno, hasta hacer creíble, y sobre todo divertido (lo que es de agradecer), todo el desfile gore que durante los 95 minutos siguientes llenará la pantalla.
Los actores están en un estado de gracia absoluta; sobre todo J. Combs, que interpreta al Dr. West haciendo uno de los mejores retratos que del científico loco tenemos en toda la historia del cine (su locura está siempre en los ojos, en la pasión de sus gestos); como no podía ser menos, también está el guapo de la película (con su novia la víctima igual de atrayente) siguiendo las pautas de descerebrados que llenaron parte de la comedia americana de los años 80. Un punto y aparte merece David Gale, aquí interpretando al “malo” de la película: el Dr. Hill y que protagoniza una de las mejores secuencias de humor negro: su cuerpo decapitado entrando con toda normalidad en el Hospital y simulando la falta de cabeza con el típico busto que encontramos en cualquier facultad de medicina.
En resumen, una película inclasificable, divertida, escatológica... ¡una gozada en la que los gritos son lo único que logran decapitar las carcajadas!
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50 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tristana
Tristana (1970)
  • 7.6
    6,866
  • España Luis Buñuel
  • Catherine Deneuve, Fernando Rey, Franco Nero, Lola Gaos, ...
10
El amor de D. Lope
Nueve años después del escándalo de “Viridiana”, Buñuel retorna a España. En este viaje vuelve a adaptar a su admirado Galdós, pero trasladando toda la acción temporal a su época su juventud.
Ante una sombra tan grande como la de “Viridiana”, “Tristana” puede parecer una obra menor; pero reúne, si cabe, tantos méritos o más que la mítica película. En sí la película trata una de las mayores preocupaciones surrealistas: el “amour fou”. En ninguna obra de Buñuel se retrata con tanto detalle el “amor loco” como en esta. La historia es sencilla: Cuando muere la madre de Tristana, ella es confiada a D. Lope, un caballero de los de antes con rentas cada vez más exiguas, pero de un cinismo calculado, que comienza a obsesionarse por la joven Tristana hasta conseguir sus favores; tiempo después ésta conoce a un pintor con el que huye hasta que las circunstancias la traen de nuevo.
La sabiduría y sencillez de esta obra es pasmosa. En ninguna otra obra posterior a esta encontraremos la depuración a la que había llegado el maestro; quizá porque surrealismo y grandes presupuestos nunca casaron del todo (la etapa mejicana y la española están muy por encima de todas sus películas francesas, aunque éstas fueron las que llegaron más al público). Es increíble la fuerza que le da a los planos, cómo éstos calan en el espectador hasta exprimir todo su significado (el plano secuencia con el que se abre –un partido de fútbol entre sordomudos-; las secuencias que muestran la relación incestuosa que mantienen; el fetichismo con el que arropa a C. Deneuve en la última parte de la película).
“Tristana” de todos modos es D. Lope. En ninguna otra película del maestro, Fernando Rey realizará mejor actuación, hasta el punto de que quizá sea la mejor interpretación de toda su carrera. De todos los personajes, es el más rico, el que realiza una evolución más sorprendente pues pasa de ser comecuras (magníficos los diálogos en los que expresa su anarquismo) a terminar tomando el chocolate con estos en la tardes frías de invierno. Su interpretación es tan sentida que estremece (cuando por fin consigue a Tristana y le escuchamos decir “Esta vez no se me escapa, esta vez será mía...” traslada la pasión que siente de un modo tan directo que es como si te pegara). Pero a su misma altura está todo el plantel. La frialdad de Denueve llega al punto de la crueldad, pero sin dejar de mostrar esa pasión alocada que sostiene a un personaje que naciendo en la pureza, terminará por vivir en el rencor (maravillosa la secuencia en la que se despide de su amante el pintor tocando una pieza de piano tan pasional como su aversión). Al lado una Lola Gaos espléndida, como esa criada abnegada que daría la vida por su señorito.
Un punto y aparte merece la fotografía. La firma Aguayo y consigue que una película a color termine siendo negra, negrísima (la secuencia de la boda es magistral, pues más parece un entierro). Otra obra maestra del gran Buñuel antes de afrancesarse.
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102 de 110 usuarios han encontrado esta crítica útil
Titanic
Titanic (1997)
  • 6.8
    180,394
  • Estados Unidos James Cameron
  • Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Billy Zane, Kathy Bates, ...
10
Y en eso llegó el iceberg
Cecil B. DeMille decía que una película tiene que comenzar con un terremoto e ir a más. En esta no hay terremoto; pero sin duda DeMille la hubiera firmado sin que le temblara el pulso. La tragedia que relata es sabida; de hecho el cine ya se había acercado en otras ocasiones a ésta, pero sin duda esta versión es la definitiva, la inalcanzable.
El acierto de Cameron está en entrelazar lo conocido con una historia de amor que nos permite estar en ese trágico escenario desde el mismísimo inicio hasta su inamovible final. Esto le lleva a manejar dos películas a un tiempo que se funden como una sola, en un equilibrio perfecto. Por un lado, todo el componente grandioso que conlleva el universo de este famoso hundimiento; por otro, la apasionante historia de amor, de un amor casi adolescente donde todo cabe: idealismo, utopía, sueños; pero que también tendrá que enfrentarse no solo a la catástrofe, sino a esa sociedad engalanada, avariciosa y ávida de poder que está magníficamente representada en los “malos” de la película (Frances Fisher, está prodigiosa). Esta magnifica comunión está presente a lo largo de toda la película. De una colectividad tan enorme como la presente, Cameron consigue relatarnos un montón de historias que no dejan de conmovernos pues todas parten hacia ese destino final. Lo colectivo y lo individual, lo íntimo y lo público, lo grande y lo pequeño encuentra acomodo en esta obra maestra, pues su triunfo no es tanto por la aparatosidad de la propuesta, sino por la fuerza y sentimiento con la que está narrada esta tragedia que no es tan maniquea como se pretende. Una muestra de esto es ver cómo presenta ese mundo dividido en clases, en feudos propios con sus ritos y aspiraciones (su descripción de la burguesía es netamente buñueliana). En ese sentido, Cameron consigue hacer del accidente una situación altamente simbólica, no sólo del tiempo que relata, sino de este presente en el que aún hundiéndose el barco la avidez y el egoísmo siguen igual de fortalecidos.
Otro acierto son los fx. Impecables en este caso, pero que aún así, y eso sí que es meritorio, no consiguen tragar toda la gama de emociones que se vive en esos dramáticos momentos.
En el reparto se situaría mi único “pero”. Winslet está magnifica, pasando de la contención exigida a una dama de esa época a la luchadora infatigable de la parte final. Sin embargo, DiCaprio... Es cierto que enamora, que su presencia en la pantalla llena; pero cuesta llegar a ver en ese “ángel” a un duro chico de la calle; creo que sería mejor un actor con una pinta más golfa (siempre pensé en Brad Pitt). Los demás, excelentes en cada una de sus interpretaciones y asombrosamente parecidos a los personajes reales que existieron. Esa es otra de las virtudes, la reconstrucción fidedigna, extremadamente documentada, de un tiempo que se pudre entre las aguas.
En definitiva, una película magníficamente narrada, con todos los elementos soberbios y el tono de buen cine que encontramos en los clásicos.
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65 de 110 usuarios han encontrado esta crítica útil
TRON
TRON (1982)
  • 6.5
    17,268
  • Estados Unidos Steven Lisberger
  • Jeff Bridges, Bruce Boxleitner, David Warner, Cindy Morgan, ...
8
La Era de Tron
Mucho antes de “Matrix”, llegó “Tron”. Igual que Neo, el protagonista es un “hacker” que se ve atacado por el ordenador dividiéndolo en moléculas y transportándolo a sus entrañas en la que un malvado programa controla todo ese universo. Pese a las ligeras coincidencias, “Tron” bebe de otras fuentes. Es una película Disney lo que lleva aparejado huir de cualquier complicación filosófica ajena a la “belleza reside en el interior”, y caminar por una línea simple que pueda digerir toda la familia.
Aún así, o precisamente por esto, “Tron” es una película a rescatar. Esta historia del bien contra el mal tiene, desde esa falta de ambición, el suficiente brío como para disfrutarla. En si son dos películas en una: la primera, pobremente contada, carente de interés y plana hasta el abatimiento, es la desarrollada en el mundo real; la otra, con un empaque visual que será imitado hasta la saciedad es la que se desarrolla dentro del ordenador. A esta película le cabe el honor de ser la primera que utiliza fx generados por ordenador, y consigue un estilo visual muy atractivo y la emoción que uno siente ante cualquier juego de ordenador. Un ejemplo de esto sería la carrera de motos. Tiene un montaje emocionante y un diseño llamativo, que no trata de engañar al espectador intentando acercarse a la realidad, sino que construye su propio código, un código sólo presente en ese universo. Las explosiones serían un buen ejemplo, nada que ver con lo que uno encuentra en el cine actual, sino que tienen una “gramática” singular de ese mundo tan estilizado y modernista que nos muestra esta película.
La película en su momento fue un fracaso. Recuerdo asistir a su estreno y no enterarme muy bien de toda esa terminología que ahora nos es más familiar que el abecedario; sin embargo si salir emocionado por todo lo que había visto y esperanzado en alguna película que continuase por esa línea... Pero “Matrix” aún tardaría en ofrecernos ese lujo.
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27 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo que el viento se llevó
Lo que el viento se llevó (1939)
  • 7.9
    56,761
  • Estados Unidos Victor Fleming, George Cukor, ...
  • Vivien Leigh, Clark Gable, Olivia de Havilland, Leslie Howard, ...
10
La roja tierra de Tara
Cuando Hollywood quiso hacer CINE, hizo “Lo que el viento se llevó”. Todo el modo de entender de ese Hollywood que nos gusta está en esta superproducción, hasta el punto de que es un icono del clasicismo.
La historia de su producción es tan legendaria como la propia película. La película está firmada por Victor Fleming; pero la nómina de guionistas y directores que dieron cuerpo a esta película hablan del exquisito cuidado con el que fue planteada. Sam Wood, Val Lewton, Ben Hecht, o el mismísimo George Cukor pusieron su saber hacer en esta epopeya sureña que recorre en una historia llena de amores, odios, intrigas desde la preguerra a la postguerra americana. George Cukor fue el director inicial pensado para este proyecto, pero fue expulsado a las pocas semanas aunque continuo dirigiendo secretamente a todas las actrices. Circulan todo tipo de versiones sobre este misterio. Las más creíbles hablan de que Gable se encontraba desasistido por el director, inseguro ante una actriz tan intuitiva como Vivien Leigh, por lo que prefería a un Victor Fleming más centrado en él; otra versión habla de los inicios de Gable en Hollywood como chapero del que Cukor había disfrutado... En todo caso, no es una película de director, es una película de productor: David O. Selznick. Él y sus famosos “memorándums” dieron forma a todos los elementos que hacen de esta película un clásico inolvidable. Hasta el más mínimo detalle tenía su espacio en estos informes de obligado cumplimiento.
“Lo que el viento se llevó” es una obra maestra de principio a fin. Pese a lo extenso de su duración (casi cuatro horas), la película aguanta constantemente el ritmo, con un empaque visual reconocible (su fotografía y el diseño de producción de Menzies son turbadores) y tan pasional como la historia que narra. Todo esto acompañado de una suite hermosísima firmada por Max Steiner (incomprensiblemente no recibió el Oscar, que ganó finalmente “La Diligencia”) que encumbra y sostiene todos los imperecederos momentos de esta película. Son muchos en una película que como esta se queda en la memoria para siempre. Seguro que cada uno tenemos el nuestro; yo me quedo con la llegada de Scarlata a la estación de Atlanta: un primer plano, corta a un plano medio y a partir de este comienza la magia con un elegante movimiento de grua que va abriéndose sobre el abatimiento.
El reparto es excepcional. Nadie es capaz de imaginar a otro actor o actriz en cada uno de los personajes que sale en esta historia del viejo Sur. Vivien Leigh compone magistralmente el que quizá sea el papel femenino mejor escrito de la historia del cine; pero es tal la hondura con la que están retratados todos los demás, que a cualquier espectador le será fácil especular cómo actuará cada uno ellos.
“Lo que el viento se llevó” es una pieza única, de una magnitud que sabemos que nunca volverá a repetirse, pero que seguiremos visitando para llorar, para reír, para emocionarnos con un CINE escrito en mayúsculas.
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23 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil