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Críticas de Strhoeimniano
Críticas ordenadas por:
La vaquilla
La vaquilla (1985)
  • 7.3
    14,379
  • España Luis García Berlanga
  • Alfredo Landa, Guillermo Montesinos, Santiago Ramos, José Sacristán, ...
10
Las cornás de la guerra.
¿Tiene la Guerra Civil Española material suficiente para una comedia? Si quien está detrás de las cámaras es el tándem Berlanga & Azcona, la respuesta es un rotundo SÍ. Aunque filmada en los años ochenta, este proyecto estaba en la cabeza de sus creadores mucho antes; sólo que dar una versión de la contienda alejada del espíritu triunfalista y redentor era una misión del todo imposible. Un ejercicio tan libérrimo como el aquí nos presentan, en la que quizá sea su última mejor obra, precisa de esa sobredosis de aire que da la libertad de expresión.
La guerra de Berlanga no es un ejercicio dramático; pero sí trágico, profundamente trágico. Su esperpéntica visión nos acerca a un realismo más cotidiano que naturalista. El esbozo magistral de la infinidad de personajes, marca de la casa de ambos autores, nos muestra el papel del azar que existe en todas las contiendas a la hora de arrollar la vida de las gentes (magistral la secuencia en la que G. Montesinos da una vuelta enorme para ver cómo están sus tierras y arremete contra su ejército por bombardearlas). Así, este hermanos contra hermanos que tiene toda guerra civil, no es producto de una convicción ideológica (los ideólogos son los que ordenan, pero no los que mueren), sino de estar en lugar inadecuado a la hora errada. El lugar: el frente de Aragón, que no se mueve desde hace meses; la hora: las fiestas del pueblo en el bando nacional. La unión de este espacio y tiempo servirá para seguir las peripecias de cinco soldados republicanos en territorio enemigo obstinados en boicotear las fiestas secuestrando a la vaquilla.
Este desastre de tropa está encabezada por un genial Alfredo Landa, pero bien escoltado por José Sacristán como el Teniente Broseta, más ágil con la navaja (es barbero) que para dar órdenes que se cumplan; Santiago Ramos (impagable ese “Limeño” que compone, con más “cornás” de cobardía que arrojo en su toreo), Guillermo Montesinos, que interpreta a Mariano, un natural del pueblo que terminará más cornudo que la vaquilla a la que pretende secuestrar, y Carlos Velat, como cura. Como no podía ser menos en el cine de Berlanga, el reparto está espectacular. Son viejos conocidos suyos, pero que bajo su batuta están espléndidos: Mª Luisa Ponte, Antonio Gamero, Agustín González, Luis Ciges y un largo etcétera para esta película coral en la que las risas se dan sobre un telón de fondo que amarga esta comedia. Punto y aparte merece Violeta Cela. Es la “jamona” de la película; pero hace una interpretación tan espectacular que nos habla de lo desaprovechada que está esta gran actriz, aquí componiendo una mujer dejada llevar por la historia que le toca mamar, pero con esa energía que cuando sale pone los puntos sobre las íes.
El final, de los más inspirados que se pueden ver en una pantalla, una de esas imágenes en la que es cierto ese dicho de que lo que ves, vale más que mil palabras. Por eso hay que ver “La Vaquilla”, es Berlanga, es buen cine.
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58 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
Casino
Casino (1995)
  • 8.1
    74,016
  • Estados Unidos Martin Scorsese
  • Robert De Niro, Sharon Stone, Joe Pesci, James Woods, ...
10
Entre dos mafias
Aunque no pueda ser tomada como la 2ª parte de “Uno de los nuestros”, “Casino” es una continuación de esos chicos de la calle que, por una vez en la vida, toman las riendas de una ciudad soñada: Las Vegas. En si, esta película narra la transición entre dos mafias: desde la mafia que da origen a esta luminosa ciudad, hasta que las multinacionales, y con ellos los jubilados (maravillosa la irónica imagen final de esa excursión del Inserso invadiendo el casino), toman el relevo a esta gente de gatillo aún más rápido que un crupier con las cartas.
El genio de Scorsese vuelve a brillar con más esplendor que los neones que dan carácter a esta capital del juego. Uno de los planos iniciales ilustra un poco la intención de este autor: un plano aéreo de Las Vegas se dibuja en una noche oscura; las archifamosas luces dibujan sus calles; el plano continua su avance sumergiéndonos en la negrura, en ese desierto que guarda más de un secreto. Para eso, seguimos los avatares de “Ace” Rothstein (R. de Niro), un apostador profesional, casi un científico (no juega por placer) que puede hacer variar los pronósticos de todo el país; pero que hace una única apuesta mala: enamorarse de Ginger (S. Stone). Sobre esta historia de amor, el bisturí de Scorsese radiografía sin perder detalle, en ocasiones con una violencia arisca, todo el complicado engranaje sobre el que se sustentan estos centros de juego.
Como siempre, va bien escoltado. El guión es de N. Pieleggi (que coescribiera “Uno de...) & Scorsese; la fotografía, luminosa pero dramática de R. Richardson (director de la mayoría de las películas de O. Stone); el fantástico montaje, de su colaboradora más fiel, la montadora: T. Schoonmaker (están hechos el uno para el otro); la selección musical la realiza el propio Scorsese (sólo él y Kubrick tienen el poder de ajustar tan bien la banda sonora a la película); títulos: el último trabajo de S. Bass.
Un punto y aparte es el reparto, gran parte de él tomado en las mismas Vegas donde rodaba (sale también la madre de Scorsese bordando un papel de “mamma” en una de las pocas escenas de comedia que hay). ¿Qué decir del trío protagonista? La altura del tándem: Scorsese, de Niro, y Pesci ya la conocíamos de otras obras maestras; aquí vuelven a jugar fuerte y salen ganando la apuesta con todos los honores. Es fascinante ver como Pesci, que en otras películas está insufrible, con Scorsese su energía está más que redimida. Borda el papel. Pero esta cima tiene un nuevo huésped: S. Stone. Su interpretación es desgarradora, sentida, casi no interpreta: es Ginger, una buscona fascinante, enamorada del dinero y de un hombre equivocado (un chulo magníficamente interpretado por J. Woods), encerrada en una jaula de oro por R. de Niro; pero sin olvidar en ningún momento ese vuelo que la lleva a la autodestrucción.
En definitiva, “Casino” es esa mirada lúcida de un gran autor a un mundo que ya no existe, pero que con esta obra maestra queda para siempre grabada en nuestras retinas.
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195 de 220 usuarios han encontrado esta crítica útil
La invasión de los usurpadores de cuerpos
La invasión de los usurpadores de cuerpos (1956)
  • 7.6
    14,564
  • Estados Unidos Don Siegel
  • Kevin McCarthy, Dana Wynter, Larry Gates, Carolyn Jones, ...
10
Vainas en el invernadero.
Ningún género reflejó mejor las tensiones sociales existentes en los años cincuenta que la ciencia ficción. Es en esta década cuando se consolidan las bases del género, que amparándose en la coartada de la ficción echaba una mirada más que metafórica a una sociedad atemorizada. Aquí está McCarthy y su vergonzosa “caza de brujas”: poderes extraños se apoderan de cuerpos y mentes de los habitantes de una pequeña población convirtiéndolos en seres pasivos y obedientes. Cómo no podía ser de otra manera, el protagonista se niega a someterse, y esa película que comienza en clave de ciencia ficción se sumerge de lleno en un género en el que Siegel brilló con luz propia: el trhiller.
La película está basada en un relato de J. Finney. D. Mainwaring será el guionista que convierta este relato en una visión sombría de una sociedad paranoica e histérica como la de aquel tiempo (Mainwaring tuvo problemas durante la época de la “caza de brujas”, fue despedido de la RKO por sus simpatías políticas).
La película es maravillosa, llena de detalles que captan el alma de una comunidad rural y encerrada. El elemento extraño está introducido con sutilidad, pero desde la cotidianidad más absoluta: la familia. La visión de la película es inquietante, pues poco a poco ese elemento extraño, “irreal” se va apoderando de todo.
Kevin McCarthy, que no era una estrella, está aquí inconmensurable, pasando de esa tranquilidad burguesa que muestra el médico que controla todas las anormalidades (aunque sean de la salud) a desembocar en una histeria angustiosa del que se sabe que tiene las de perder.
Lo único malo de la película es el prólogo y epílogo que, sin permiso de Siegel, introdujo el productor W. Wanger, ya que nos sustrae parte del suspense del film; pero de todos modos un pecado perdonable pues es una de las películas más angustiosas que uno puede ver en toda la historia del cine. Y ésta, como todas las películas de este genero que aún no reinaba en las pantallas, hecha desde un presupuesto modesto, pero con una imaginación y saber hacer portentoso.
En 1978, el guionista y director P. Kauffman haría un remake muy digno de esta película, pero que no logra empañar el brillo de la realizada por Siegel. Ahora, preparan una nueva versión para el próximo año teniendo a N. Kidman como protagonista y acortando el titulo, y mucho me temo que también la imaginación, pasando a titularse: “Invasión”.
Pero puestos a saborear, quedémonos con este gran clásico.
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79 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cantando bajo la lluvia
Cantando bajo la lluvia (1952)
  • 8.1
    45,829
  • Estados Unidos Stanley Donen, Gene Kelly
  • Gene Kelly, Donald O´Connor, Debbie Reynolds, Jean Hagen, ...
10
¡¡Pasión por vivir!!
Ni los que detestan el género musical acuden a ese tópico de decir: “¡Vaya, otro Musical de la Metro!” “Cantando bajo la lluvia” no es otro musical. Es el musical. Tiene todas las virtudes del género y ninguno de sus defectos. Es encantadora de principio a fin.
La idea de partida es de A. Freed, en aquel entonces el productor que llevaba todos los musicales de la MGM. Sólo tenía la idea de hacer un musical basado en las canciones que él y Nacio Brown compusieran para este estudio. Condem y Green vistieron estas con un guión maravilloso, uno de los mejores acercamientos a Hollywood (todas las anécdotas que aparecen en la película son reales), donde el amor que muestra viene escoltado por una sátira irreverente, pero de una vitalidad única. No existe película más optimista, y que contagie esta fuerza, que “Cantando bajo la lluvia”. Verla y desearla. De hecho, el paraíso es esta película.
La historia es simple, pero fascinadora: la estrella del cine que se enamora de la corista; en medio de este romance una disparatada actriz (espléndida Jean Hagen), que no consigue hacer la transición al sonoro que se retrata en el film. Toda esta historia, ligera como la brisa, está plagada de números musicales que quedan en nuestra memoria sentimental una vez vistos: el enérgico “Make’Em Laugh”, la optimista “Good Morning”, la romántica “You’re my lucky Start” o la mítica “Singin’in to the rain”.
La dirección, firmada conjuntamente por G.Kelly y S. Donen, es tan armoniosa como un baile, con elegantes movimientos de grúa y una suavidad que te sitúa en primera línea. El reparto espectacular. Nadie se imagina a un Cosmo que no sea D. O’Connor (su canción de Make’Em Laugh quizá sea el número más enérgico de toda la historia del musical) ni a una corista más inocente que D.Reynolds, y, por supuesto, Lina Lamont es y será J. Hagen (D. Reynolds está doblada en toda la película y J. Hagen la doblaba en las secuencias que se suponía que la Reynolds doblaba a Lina Lamont). ¿Y qué decir de G. Kelly? ¿No cantamos todos con él cuando entona bajo la lluvia la famosa canción? Es una de las sensaciones que tienes al ver la película: su estado se te contagia. ¿Por otra parte, había otro modo de expresar lo que sentía que cantando? En esta película, todas las canciones son NECESARIAS, llegan en el momento que tienen que llegar y ni el mejor diálogo puede sustituirlas.
Lo curioso es que no fue un éxito inmediato (parece ser que a la crítica del momento no le gustó y sólo consiguió ser nominada para dos Oscar); sin embargo, es la mejor muestra de un cine que ya no tiene cabida en nuestras pantallas, hecho con la maquinaria más engrasada que la MGM tenía para este género.
“Cantando bajo la lluvia” es una delicia magistral de principio a fin. ¡Una gozada! El mejor musical de todos los tiempos y una de las obras maestral del cine en general.
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23 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Historias de Nueva York
Historias de Nueva York (1989)
  • 6.6
    9,451
  • Estados Unidos Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, ...
  • Nick Nolte, Rosanna Arquette, Steve Buscemi, Patrick O'Neal, ...
9
Tres miradas
El riesgo de participar en una película de episodios es que el resultado final se va a comparar con las acompañantes, hecho que no ocurriría en una obra independiente. Asumido este riesgo, tres de los mejores directores norteamericanos vivos esbozan sus particulares creaciones teniendo como fondo la más que reconocible y entrañable ciudad de N.Y.
“Historias de N.Y” es una película con dos pequeñas obras maestras y un despropósito. Sin duda, en la cima de esta pirámide hay que situar la obra de Scorsese. “Apuntes al natural” es una pequeña joya que concentra todo el brío del autor. La historia narra la relación amorosa entre una estudiante de arte (R.Arquette) y un pintor genial (N.Nolte), pero miserable como persona. Como todos los personajes de Scorsese, éstos están en permanente desequilibrio emocional. Lo hermoso de este film es que muestra la creación y la destrucción como procesos paralelos. Hay una secuencia espeluznante que sólo por ella merece la pena ver esta película. R. Arquette, tras una pelea, baja dispuesta a seguir con la gresca pero se encuentra a Nolte en pleno trance creativo. Los primeros planos de Arquette son maravillosos y traducen todo lo que le pasa por la mente: primero, la admiración; poco después, la crueldad de saber que ella “nunca podrá hacer eso”. Es el desencanto del amor, pero también de su pasión como artista. La fotografía es uno de los últimos trabajos del gran N.Almendros.
“Edipo reprimido” es una muestra del mejor Allen, de ese que como en “La Rosa Púrpura del Cairo”, coge una historia irreal y la convierte en un momento delicioso, de comedia disparatada, pero inteligente e incluso creíble. La historia es una pesadilla de amor, pues nada más y nada menos que desaparecerá la madre por un truco de ilusionista y aparecerá en el cielo de N.Y. narrando con amor maternal esos pequeños detalles íntimos que uno se pasa la vida queriendo sepultar. “Edipo reprimido” es un Allen concentrado, que goza de la oportunidad de dar en esa dosis todo su universo particular y elevar la paranoia a la línea del cielo de N.Y. Una delicia.
“Vida sin Zoe” es fiel al título (Zoe, en griego, significa vida). Es una historia hueca, escrita en familia entre el director y su hija antes de que le llegase la sabiduría que demostró en “Las vírgenes suicidas” y “Lost in traslation”; si eso es perdonable (el amor se somete a pruebas como esta),cuesta ver la mano de Coppola en la realización vaga, poco inspirada y que de algún modo anuncia los “patinazos” que tras la realización de “Drácula” llevaría la carrera de este magnífico autor. Ni los actores (y eso que está Talia Shire), están a la altura, eso que lo acompañan en esta fallida aventura sus habituales: V.Sotoraro, Carmine Coppola, Barry Malkin; pero ni con esas. Puede que toda esta afirmación sea debido a las obras que la acompañan; ese es el riesgo.
Aún así compensa ver este recital de tres autores imprescindibles para amar el cine.
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7 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Toro salvaje
Toro salvaje (1980)
  • 8.1
    49,494
  • Estados Unidos Martin Scorsese
  • Robert De Niro, Cathy Moriarty, Joe Pesci, Frank Vincent, ...
10
Toro furioso
El mundo del boxeo a dado un buen puñado de películas, pero sin duda “Toro Salvaje” las derrota a todas por un indiscutible “ko” técnico y se erige con el título del campeón pues es una de las mejores películas de todos los tiempos. La película narra la historia de J. La Motta (R. de Niro) hasta convertirse en campeón de los pesos medios y su posterior caída a los infiernos víctima de sus propias paranoias. La historia, como no, responde a toda la mítica de este género, presente en obras como “Más dura será la caída”, “Cuerpo y alma” y otras (“Rocky” y todas sus secuelas serían para toda esta mitología como un grano molesto en el culo). Sin embargo, siendo una película sobre el boxeo, la hondura y el poder de su mirada hacen que vaya más allá.
Es el modo de narrar lo que hace de esta película un ejercicio único, fascinante, llena de la misma energía violenta que un combate de boxeo. En el aspecto técnico es impecable. La dirección de Scorsese es precisa e inspirada. Contamos con una sobria y acerada fotografía de M. Chapman, que ya había colaborado con él en “Taxi Driver” y el magnífico documental “The Last Valz”, y que logra un b/n soberbio. El guión es de P. Schrader, el guionista que mejor entiende el universo de Scorsese. Por último, la colaboradora más fiel del director y sin cuya presencia no se puede entender su obra: T. Schoonmaker. Será su primera colaboración juntos, y desde aquella el matrimonio seguirá pariendo obras incontestables. El montaje es espectacular, (le darían su primer Oscar) de esos que te guían a un mar de emociones, subrayando cada uno de los momentos. Prueba de ello, son las elipsis que realiza de los combates, con un uso de la cámara lenta hermoso e impactante; o los recuerdos desvaídos de ese tiempo de felicidad que muestran las películas familiares y que se escurre por el desagüe de la locura.
Las actuaciones son soberbias. ¿Qué decir de R. de Niro? ¿Qué adjetivos pueden definir con justicia la actuación que realiza? Compone con tal precisión y entrega que su actuación se ha erigido en el tótem al que todos miran cuando quieren citar el olimpo de las actuaciones; sin duda, podemos decir que es la mejor actuación de todos los tiempos. A su lado, una espléndida C. Moriarty en su primera película. Su papel es fascinante, parece salida de un cómic, llena de curvas, con un erotismo increíble, añejo pero fresco; a la vez, el sufrimiento que padece, te desgarra. Por último subrayar a Joe Pesci, un actor desaforado, pero que en las manos de Scorsese está siempre genial y que aquí interpreta al hermano de La Motta.
Incomprensiblemente, sólo gano dos Oscar (Fue el año de “Gente corriente”, una gran película, pero que de todas formas empequeñece al lado de este titán). El tiempo obro con justicia y “Toro Salvaje” está en el olimpo de las grandes películas, como esa obra única, irrepetible, de una maestría absoluta, tan desgarradora y hechizante como la vida, pues de eso trata.
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152 de 199 usuarios han encontrado esta crítica útil
Solas
Solas (1999)
  • 7.6
    23,810
  • España Benito Zambrano
  • María Galiana, Ana Fernández, Carlos Álvarez-Novoa, Antonio Dechent, ...
10
Abnegada soledad.
“Solas” alza el vuelo sin salir de ese ras de suelo en el que se mueven todos sus personajes. “Solas” es un viaje sencillo a la verdad, y por lo tanto profundamente conmovedor. La humildad de sus planteamientos, de su producción, hacen que la pantalla se llene no de una película, en el sentido de algo programado y creado, sino de una historia narrada desde una cercanía que te permite sumergirte y ahogarte en todo lo que muestra.
La película narra la llegada de una mujer a la casa de su hija en Sevilla. Mientras permanece allí conocerá los diferentes problemas que su hija está padeciendo. Esto dará pie a mostrar distintos temas: la soledad, la violencia machista, la incomunicación, la generosidad materna, la amistad... Todo mostrado desde una pena, desde una melancolía que no te deja ni en su optimismo final.
Esa verdad, de las más áridas que ha mostrado el cine español, está, sin embargo, impregnada de la mirada de María Galiana. Es en este personaje, de una hondura tan grande que contagia a toda la película, donde la película alcanza esa sensibilidad poética con la que puede ser vista una historia tan dura. Su creación es espectacular, conmovedora, auténtica, sintiendo en su rostro toda la abnegación de una generación de mujeres privadas y maltratadas, pero llenas de una dignidad inalcanzable. El resto del reparto, mengua a su lado, pero no por eso dejan de estar increíbles. Desde Ana Fernández, viva estampa del sufrimiento, a la soledad que sufre Carlos A. Novoa como ese viejo abandonado y que entabla una amistad preciosa con la madre.
“Solas” es una de las mejores películas españolas de todos los tiempos, una de esas películas que sólo se pueden ver desde el corazón, pues es allí al lugar donde se dirigen y que ya nunca abandonan.
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12 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Padre nuestro
Padre nuestro (1985)
  • 6.3
    476
  • España Francisco Regueiro
  • Francisco Rabal, Fernando Rey, Victoria Abril, Emma Penella, ...
10
Los asuntos del Cardenal
Película árida, como el paisaje castellano que muestra; pero tan rica como ese vino que se disputa hasta el mismísimo Vaticano. Esta película la firmaría con agrado D. Luis Buñuel, pues tiene esa socarronería y herejía tan presente en sus películas. La historia es la de un cardenal (F. Rey) que viene a poner orden en ese pasado del que huyo para refugiarse en los cómodos muros del Vaticano, entre otras cosas, una hija (puta) tenida con la criada antes de partir.
El desarrollo de la historia es maravilloso. Por momentos, pareces que estás asistiendo a un mundo ya en descomposición, pero tan racial como esa seca tierra a la que se agarran. Toda la película está llena de momentos memorables, expuestos con gramática parda: el bautizo en el lupanar de Victoria Abril (una soberbia y magnifica herejía); la llegada al pueblo en un helicóptero de F. Rey, casi como si fuera una anunciación; y la cómica e irónica producción de la “sangre de Cristo”, el exquisito vino con el que consagran todas las iglesias europeas y que al final es un asalto en toda regla a la fortuna de esta familia y al futuro del pueblo.
Punto y aparte es el reparto, comenzando por los secundarios. Está la grandiosa Amalia de la Torre, como esa matriarca devota y despótica del clan; también, Rafaela Aparicio, haciendo de sempiterna criada, pero en un papel mucho más jugoso que los habituales y que nos muestra lo grandísima que fue; también Emma Penella, como esa criada que tenían todos los señoritos y que terminaba por criar bastardos, llena aquí de una humildad que raya la sumisión; pero podíamos seguir así, pues cada uno de los que aparece (magistral Lina Canalejas como dueña de la casa de putas, o Luis Barbero, como experto vinícola que abre los ojos al cardenal por la esquilmación que está haciendo el Vaticano).
Pero “Padrenuestro” es Fernando y Paco. Es la última oportunidad que tendremos de verlos juntos. Sus secuencias muestran la altura inalcanzable a la que se manejaban los que quizás fueron los mejores actores españoles de todos los tiempos. Hay una química, una familiaridad que traspasa la pantalla y te dejan con un sabor único, que siempre sabe a poco.
“Padrenuestro” es una de las mejores películas de los años 80 y una obra a recuperar, pese al éxito que tuvo en su momento. Una película que va ganando con el paso de los años hasta ser la oración que tenemos que ver si deseamos ganar el cielo viendo cine.
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21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Psicosis
Psicosis (1960)
  • 8.4
    104,703
  • Estados Unidos Alfred Hitchcock
  • Anthony Perkins, Janet Leigh, John Gavin, Vera Miles, ...
10
La película nunca vista
“Psicosis” es la única película que no se ve. Me explico: A todas las películas asistimos más o menos pasivos a nuestro papel de voyeur; aquí no. Desde que los fabulosos títulos de crédito de S. Bass abren este prodigio hasta su irónico final, A. Hitchcock nos dirige. Ya desde la primera secuencia, en esa intromisión impúdica con la pareja de amantes clandestinos que dejan de comer para follar, el maestro nos llevapor una serie de estados, totalmente contradictorios algunos de ellos; eso sí, sin soltarnos. Es quizá, la película que tiene más presente al público (y eso que para él la formulación de un film era un triángulo entre el autor, la película y el público); y quizá por eso, su mayor éxito.
La película está llena de momento imborrables. Desde esa huida de Marion en la noche lluviosa que nos deja con el corazón en un puño (maravillosa la tensión del policía), creyendo nosotros encontrar la serenidad en el motel; hasta las conversaciones que sostiene sobre la taxidermia, o como no: la famosa bomba de relojería que es la escena de la ducha. De todo este conjunto, yo me quedo con tres secuencias: la primera el cierre de la escena de la ducha con la llegada de Norman limpiando, como buen hijo, todas las pruebas del crimen y que da un giro en nuestra visión de la película; la segunda, una secuencia inteligentísima que es la primera vez que nos presenta a la madre, tras saber en la secuencia anterior que está muerta, el genio de esta secuencia es jugar con nosotros al despiste mediante una conversación del todo insustancial pero a la que no podemos dejar de prestar atención mientras la cámara, sirviéndose de ese disfraz sonoro, realiza un movimiento de grúa que nos permitirá “ver” a la madre; la última: el hundimiento del coche de Marion, cuando con todas tus fuerzas deseas que se hunda pese a que se ha cometido un asesinato. Muestras todas ellas de ese “dirigir” al público que está presente en toda la película (cuenta la leyenda que hicieron una prueba a Hitchcock, y este sabía en qué momento se encontraba la película escuchando los gritos de los espectadores de diversas partes del mundo).
El reparto es espectacular, sobresaliendo sin lugar a dudas A. Perkins, cuya carrera quedará marcada por este personaje, con esa mezcla de inocencia y timidez que lo hace libre de toda sospecha (magnífico, irónico y terrorífico su monólogo final). Otro tanto para J. Leigh (que a partir de esa película nunca más se pudo duchar sin temores), en un papel sorprendente, pues con esta película el maestro rompía el tabú de que la estrella, se quedara o no con el chico, estuviera hasta el último rollo. Pero, aparte del reparto, todos los elementos presentes en una película alcanzan aquí la perfección. ¿Qué podemos decir de la magnífica banda sonora de B. Herrmann? ¿Quién la escucha y puede permanecer tranquilo? O su soberbia fotografía en b/n (es cierto: el color le sienta mal a esta película).
“Psicosis” es la obra maestra del cine del s. XX.
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37 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
Capitanes intrépidos
Capitanes intrépidos (1937)
  • 8.2
    7,007
  • Estados Unidos Victor Fleming
  • Spencer Tracy, Freddie Bartholomew, Lionel Barrymore, Melvyn Douglas, ...
10
Una aventura maravillosa.
“Capitanes Intrépidos” tiene el sabor de la aventura; como toda que se precie, los protagonistas no serán los mismos al final del viaje. Decía la publicidad de la época que esta película era más grandiosa que el “Motín de la Bounty”. Estas frases tan dadas a la exageración muestran en este caso una verdad: “Capitanes Intrépidos” es grande, muy grande. La grandeza no viene de lo aparatoso de su propuesta. La película es una aventura íntima y emocionante en el marco de un mar libre que lo mismo da la vida que la quita. De ahí, que sea una de esas películas que una vez vista, uno conserve entre los momentos más emocionantes que ha gozado en una sala de cine.
La historia es una aventura moral, profunda y humana. Un niño rico malcriado caerá por la borda de un trasatlántico siendo rescatado y “adoptado” por un marinero portugués (¿no se confundirían y sería gallego?), Manuel, marinero de un barco que persigue la gran pesca. Los valores de uno y otro se enfrentaran en esta epopeya, narrada con ese clasicismo entrañable de la época dorada de Hollywood, y que tenía a V. Fleming como uno de los mejores creadores.
¡Desafío a cualquiera a ver si consigue terminar esta película con los ojos secos! Dudo que esto pueda ocurrir; si ocurre, pellizque a la persona, seguramente está muerta. La sabia combinación de aventuras y melodrama logra aquí una aleación extraordinaria. Los momentos épicos escoltan otros llenos de un sentimentalismo que logran no ahogarse y resultar patéticos. De hecho, es una película que rebosa autenticidad; hay momentos, incluso, que son puramente documentales (toda la preparación de la pesca, las miradas sobre el mar, esa niebla delicada...); pero parte de esta verdad surge del hacer de sus protagonistas.
Primero, S. Tracy, que consigue con su interpretación, premiada con un Oscar más que merecido, la creación de un personaje difícil, pero de una honestidad tan limpia como ese mar que surca; y todo esto sin acudir a trucos sucios, a despliegues intensos, sólo con la verdad de su mirada, con ese buen hacer que hacen de él uno de los mejores actores que ha dado Hollywood. Pero si queremos ser justos, la película pertenece a F. Bartholomew. De entre toda la hornada de niños prodigio de aquella época (aquí aparece junto al M. Rooney, que no logra robarle ni una escena), él es el más “adulto”, el que siempre acometió papeles más complejos antes de emprender una carrera que para nada sería justa con su maravillosas cualidades. Es increíble ver la seguridad con la que actúa delante de un gigante como Tracy, hasta lograr que ese imposible de que el “pez chico se coma al grande”. En un principio, su altanería resulta insoportable; pero cuando llegan las últimas secuencias, logra hacernos sentir todo lo que padece con una actuación tan transparente y sentida que estremece.
“Capitanes Intrépidos” es un clásico, una de esas películas que se convierten en favoritas una vez vista, pues siempre vuelves a ese mar, aunque sea para llorar.
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79 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil
La ventana indiscreta
La ventana indiscreta (1954)
  • 8.2
    72,233
  • Estados Unidos Alfred Hitchcock
  • James Stewart, Grace Kelly, Thelma Ritter, Raymond Burr, ...
10
Miradas indiscretas
Una de las muestras más sorprendentes de la que quizá sea la etapa más creativa de A. Hitchcock (en toda esa década dirigiría, entre otras, “Extraños en un tren”, “El hombre que sabía demasiado”, la magistral “Vertigo” para terminar con ese tótem que es “Con la muerte en los talones”).
El maestro hace un ejercicio arriesgado y nos ofrece una película más compleja de lo que a primera vista parece por su factura de comedia y suspense. J. Stewart se halla convaleciente (maravilloso plano secuencia que nos presenta al personaje) tras un accidente, para matar el tiempo termina por observar a sus vecinos, deparándole este “vicio” una desagradable sospecha.
El hallazgo de A. Hitchcock es el punto de vista escogido. El maestro nos sitúa en la posición del mirón (sólo salimos en una ocasión del apartamento, “aireando” innecesariamente la película) y logra extraer, de elementos en apariencia mínimos, la dosis de suspense a la que nos tiene acostumbrados. La infeliz “corazón solitario”, la fogosa pareja de “recién casados”, el músico sin éxito, el viajante... Todas serán historias a las que entraremos de un modo impúdico a base del uso de planos generales que, según F. Truffaut, acercaban esta película a la vida y al cine (nosotros en la vida siempre miramos en “p.general” y el cine siempre nos hace fisgones). Pero a la vez, y es ahí donde se ve la grandeza de este director, las mismas historias son ese “McGuffin” pues toda esta película está recorrida por la tensión que hay entre J. Stewart y su novia G. Kelly, entre esa mirada del fotógrafo que quiere una relación libre de ataduras (de hecho, su mirada hacia fuera es causa de que no desea contemplar el temor que supone un compromiso por lo que evade ese problema buscando los problemas en su vecindario) y la mirada de la rubia por excelencia de Hitchcock, aquí una mujer de clase alta (elegantísima, con esos vestidos maravillosos de la omnipresente Edith Heath) que contempla ese noviazgo como meta hacia el matrimonio (maravilloso el plano detalle en el que G.Kelly luce la alianza como signo de que pronto tendrá la suya).
El trabajo del reparto es excepcional. Esos primeros planos tan expresivos de J. Stewart (Hitchcock utiliza el mismo plano para mostrar distintas reacciones del personaje ante lo que ve), la contención de su actuación, limitada en gestualidad y movilidad. A su lado, G. Kelly brilla como nunca en su primer trabajo con el maestro. Por supuesto, citar a la siempre espléndida Thelma Ritter y Raymond Burr, este con una actuación soberbia (siempre es visto en p.g, sin sonido alguno y, en cambio, “entendemos” perfectamente lo que dice y hace).
En Resumen, “La ventana indiscreta” es uno de los mejores trabajos de este inigualable e inalcanzable autor. ¡Para mirar!
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130 de 165 usuarios han encontrado esta crítica útil
Compadres
Compadres (1981)
  • 6.6
    3,363
  • Estados Unidos Billy Wilder
  • Jack Lemmon, Walter Matthau, Paula Prentiss, Klaus Kinski, ...
8
Despedidas
La despedida del cine del maestro que aún viviría 21 años más condenado al ostracismo de la industria, que no del público que seguía, sigue y seguirá adorando su obra. No sé por qué siempre pedimos ver en la última obra un sumum. Es difícil imaginar esa película, dada la cantidad de obras maestras que componen la producción de este director. El problema es que esta no es una obra maestra; pero no es una mala película (nunca cometió ese pecado).
Decía Wilder que para realizar una película “tenía diez mandamientos. Los nuevo primeros dicen: No aburrirás”. Esto lo cumple a la perfección. Trabuco (Mathau), un asesino a sueldo tiene que cumplir su último mandato antes de retirarse. El encargo se complica cuando en la habitación de al lado se aloja el depresivo Víctor (Lemmon). Con esto, Wilder realiza una película donde la risa no tiene ningún filo de amargura o de crítica tan habitual en el. Es una comedia amable, pese a sus pinceladas de humor negro (maravillosa la secuencia de Lemmon intentado suicidarse y dejando en suspenso la acción final para hacer sus necesidades).
Sin embargo, hay una parte de la trama que chirría, hecho bastante sorprendente pues estamos ante una de las mejores pareja de guionistas de toda la historia del cine, aunque esta película sea un remake de la película francesa “El embrollón”. La parte es toda la referida a la historia de K. Kinski (las relaciones durante el rodaje fueron muy tensas, a un loco como a Kinski sólo lo aguantaba otro como Herzog), que interpreta aquí a un doctor naturista y profeta del sexo libre que es el amante de la mujer de Lemmon. Es curioso, si uno cosa tiene el cine de Wilder, independientemente de la fecha en que realizara la película, es la actualidad. Ninguna de sus películas ha envejecido un ápice. No son modernas, tienen el poder de ser contemporáneas, de acompañar al espectador independientemente de la época. No es este el caso, toda esa trama chirría tanto como si de una película del “landismo” se tratara. Tiene una visión grosera, muy sesentera, con situaciones que dudo que incluso en esos años inocentes y locos hicieran gracia. Fuera de este pequeño crack, la película funciona a la perfección. Es la última reunión de Lemmon y Mathau a las órdenes del maestro, por lo que tiene un sabor de despedida. Un adiós grato. Nadie como él entendió tan bien la química que estallaba entre estos dos grandes actores, y en esta ocasión también les ofrece uno de esos “trajes hechos a medida” para que luzcan todas sus dotes en esta atropellada comedia.
En todo caso, dado el encefalograma plano que tenía la comedia norteamericana de aquellos años (época de Porkys y desmadres...), “Aquí un amigo” gana en esa comparación, y cuesta creer, o da rabia, que no se acudiera de nuevo al maestro para insuflar de gran cine las pantallas que dejó huérfanas tras su marcha.
“Aquí un amigo”, sin ser ese amén que uno esperaría de Wilder como remate de su obra, conserva los quilates de su inteligencia y saber hacer.
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18 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amadeus
Amadeus (1984)
  • 7.7
    75,462
  • Estados Unidos Milos Forman
  • Tom Hulce, F. Murray Abraham, Elizabeth Berridge, Simon Callow, ...
10
Trágicos compases de envidia
¿Necesita la genialidad aposentarse en seres igual de iluminados en todas sus facetas? Por lo que se ve, no. El Mozart que nos presenta M.F. es un cretino infantiloide, voluptuoso, borrachín, con una sonrisa que habla de lo cercana que está la genialidad de la anormalidad; lo que si necesita la envidia, es de hacerse escoltar por buenas compañías.
La condena de la envidia es estar al lado de lo deseado. Así, la tragedia de Salieri no es su mediocridad, sino el castigo de ser testigo de una genialidad irrepetible, casi divina. De hecho, el duelo que se establece a lo largo del film, no es entre dos contrincantes Salieri “versus” Mozart. Salieri admira a Mozart. Asiste a sus estrenos arrobado sabiendo que aquello que está escuchando tiene el don de la inmortalidad al estar hecho desde la suprema belleza e inspiración. De este modo, el duelo lo establece Salieri contra Dios, contra ese Ser Supremo que al inicio de la obra le concede su deseo, sin saber la amargura que este llevará al toparse con la genialidad en el cuerpo de un ser mezquino y amoral, no en el suyo desde siempre consagrado a honrar a la divinidad.
M. Forman realiza un ejercicio de orfebrería a lo largo de todo el film convirtiéndose en un director de orquesta, donde todos los elementos que componen un film tan complejo (imagen, sonido, decorados, banda sonora) están armonizados y aparecen ante nosotros para hechizarnos. Es curioso el uso que hace de la banda sonora, dejando de lado su función mero fondo subrayante para hacerla protagonista de ese proceso de creación que nos va mostrando (fascinantes todas las secuencias en las que vemos cómo compone Mozart; cruel el instante en que Mozart adapta la marcha que Salieri le ha dedicado, tras escucharla una sola vez). Así, no es la imagen la que nos hace testigos, sino la música la que se presenta y nos sienta en primera fila.
Pero está sinfonía, necesita de buenos ejecutantes. Ya estamos habituados a que en el cine de Forman los repartos sean magistrales; de hecho, circula como una leyenda negra, sobre todo entre los que fueron protagonistas, de tras haber trabajado con Forman se ven condenados a tener una carrera irregular, pues ningún papel alcanza a lo que esté director extrae de sus interpretes. El dueto Hulce y su némesis: F.Murray Abraham está extraordinario, hasta quedar en nuestro imaginario cinéfilo como estos personajes. Finalmente, la ironía del destino se encargó de reparar las humillaciones sufridas por Salieri y fue F.Murray Abraham el que ganaría el Oscar por su interpretación. Un premio más que justo pues compone uno de los “malos” más fascinantes de la historia del cine. Los momentos sublimes se suceden como cuando lee las partituras originales de Mozart, la decadencia de su vejez, o todas las secuencias donde experimenta la humillación y vemos la intensidad de su odio contenido, pero no domesticado.
“Amadeus” es una bendición, una película que se halla a la misma altura de la genialidad y la envidia que relata.
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84 de 92 usuarios han encontrado esta crítica útil
El ocaso de una vida
El ocaso de una vida (1950)
  • 8.5
    43,723
  • Estados Unidos Billy Wilder
  • William Holden, Gloria Swanson, Erich von Stroheim, Nancy Olson, ...
10
Cuando el cine era grande
Una película desoladora, cruel, en la que el humor siempre presente en la obra de este autor queda descartado o, cuando aparece, lo hace acompañado de la amargura. Ficción y realidad (son numerosos los cameos, algunos crueles como el de Keaton, N. Olson –el Jesús de C.B. DeMille-, otros irónicos como el de Cecil. B. DeMille o el de H. Hooper) se dan aquí la mano para mostrarnos la historia de una antigua estrella del cine muda recluida en su anacrónica mansión y olvidada por ese público fiel que algún día la idolatró. A esa mansión llega un guionista perseguido por sus acreedores que comenzará a establecer una relación vampírica (será primero el guionista de “Salomé”, el “comeback” con el que quiere retornar la diva; pero acabará convertido en gigoló en un ciudad donde los sueños se mueven por dinero). Este argumento servirá para que Wilder y Brackett (será su última colaboración juntos y la mejor junto con “Ninotchka”; todo un hallazgo que la película sea narrada por un muerto) pasen revista con todo lujo de detalles y sin ahorrar en crueldades la naturaleza de esta industria de los sueños, que hace vivir a sus protagonistas en pos de una demanda siempre perpetua de carnea fresca, auténticas pesadillas.
Como no podía ser de otra forma en las películas del maestro, los diálogos sublimes, de esos que te quedan grabados en la memoria (“Yo soy grande, es el cine el que se hizo pequeño”; “No hay nada trágico en tener 50 años; a no ser que intente tener 25”; “Sr. De Mille, cuando quiera estoy lista”); pero aquí también cuidara en extremo la imagen, siempre más secundaria para autor como él. La secuencia de la piscina, la del rodaje de “Sansón y Dalila” con ese foco que la ilumina, o la secuencia final de la bajada de escaleras es una prueba de que nunca como en esta película Wilder cuido tanto la imagen, quizá por acercarse a las espléndidas estrellas del cine mudo (“figuras de cera”) que tan certeramente retrata.
El trío protagonista está en estado de gracia. Comenzando por la extraordinaria G.Swanson que dota a su gestualidad exagerada ese deje de locura en la que terminará su caída (maravillosa la secuencia en la que imita a Chaplin, o el primer plano final, con esa mirada que congela la sangre). Mi admiradísimo Erich V. Stroheim, aquí como criado y antiguo director (las imágenes que pasan para mostrar el esplendor de aquellos son de “La Reina Kelly”, película inconclusa producida por el amante de Swanson, J.P. Kennedy, y que supuso la expulsión definitiva de la industria de este GENIO), en una actuación contenida, sobria, pero profundamente humana. Para terminar el triángulo W. Holden, que borda a la perfección su figura cínica que no se redimirá la historia de ilusión y amor que sostiene con Betty Shaefer.
En resumen, “El Crepúsculo de los Dioses” es una genialidad de un maestro único que sí sabía hacer cine a lo grande. ¡¡Cuánto te echamos de menos Billy!!
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228 de 254 usuarios han encontrado esta crítica útil
El joven manos de tijera
El joven manos de tijera (1990)
  • 7.8
    115,992
  • Estados Unidos Tim Burton
  • Johnny Depp, Winona Ryder, Dianne Wiest, Anthony Michael Hall, ...
10
El monstruo fuera del paraíso
Primera presentación de ese universo lírico con tintes góticos tan propio de su autor. La historia es un cuento de navidad; pero como todo cuento que se precie, al lado de esa dulce ternura que conquista nuestros corazones se encuentra también la inevitable crueldad que hace de la especie humana ese ser mísero en el que nos hemos convertido. Coherente con sus primeros trabajos (los cortometrajes “Vincent” y “Frankenweenie”), Burton nos presenta un monstruo, una criatura surgida de la creación de un amable inventor (V. Price en su última película y aquí claramente homenajeado) que nos es mostrada en una serie de preciosos flashbacks. Esa isla de belleza sufre un día el desembarco (¡Avon llama!) de una vecina de unas casas que firmaría la mismísima “Barbie”.. A lo largo de la película, Burton incidirá en cada una de las secuencias en subrayar que la monstruosidad no anida en el corazón de un alma pura como la de Eduardo, sino en esa galería de personajes que adornan , tras sus fachadas pastel, un mundo egoísta, donde la violencia no tarda en escoltar todos sus actos. El acierto de Burton no es seguir esa estela disneyniana de que la “belleza reside en el interior”, sino en mostrar su anverso y llevarnos, de la mano de un humor en ocasiones negro, a esa antesala que todos guardamos en el interior en perpetua oscuridad.
Lo bueno de esta película es su sentido visual. Tiene un diseño de producción cuidado, que hace contrastar los dos mundos que presenta retratándolos perfectamente. Es una delicia ver la mansión de Eduardo, un decorado gótico pero lleno de armonía. La espléndida banda sonora de D. Elfman acentúa el lirismo que alcanza esta película.
Un punto y aparte es el reparto. Es el primer monstruo que Burton le ofrece a J. Depp (quizá el más emblemático de los que hasta ahora le ha ofrecido), y éste logra una actuación sobresaliente, sin casi líneas de diálogo, todo establecido con una mirada que surge directamente de su corazón. A su lado, D. Wiest, esa vendedora de Avon que encuentra en su trabajo el refugio para esa bondad desinteresada que la aparta del mundo. Hay que citar también a la desaforada Kathy Baker, aquí hecha una señora hembra devoradora que no le importa repetir la unión, aunque sin tanta magia, de “la bella y la bestia” (la bestia por supuesto es ella, no el “monstruo”).
“Eduardo Manostijeras” es un clásico, una de esas películas que uno visiona una y otra vez y a la que no puede permanecer indiferente, pues siempre ataca directamente al corazón.
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7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fargo, secuestro voluntario
Fargo, secuestro voluntario (1996)
  • 7.8
    94,960
  • Estados Unidos Joel Coen
  • Frances McDormand, William H. Macy, Steve Buscemi, Peter Stormare, ...
10
Tormenta sobre Fargo
Minnesotta es un desierto de nieve en el que nunca pasa nada. Sobre ese blanco níveo, los hermanos Coen nos proponen un viaje salvaje, divertido y sangriento a una historia presentada bajo la premisa “basada en un hecho real”, pero enteramente concebida por estos inspirados hermanos.
Como en otras películas de su espléndida filmografía, un hecho mínimo va a desencadenar unas consecuencias devastadoras sobre los protagonistas. En este caso, W.H. Macy, que construye un personaje magnífico (es inocentón, apocado, un buen hombre con decisiones equivocadas...), quiere conseguir dinero para emprender un negocio y saldar sus deudas; como no podía ser de otra manera, su entorno es un nido de víboras (magistral Harve Presnell haciendo de suegro avaricioso) y para eso recurre a dos “profesionales” sin escrúpulos para que secuestren a su mujer: el estupendo S. Buscemi y P. Stomare.
La genialidad de esta película es que perteneciando por derecho propio al género negro, llega a él realizando una comedia despiada, rezumante de un humor negro desenfadado y estrambótico, mostrándonos a una galería de personajes que sólo pueden tener acomodo en un paisaje tan rural como el que me muestran en la película. De hecho, parte de la riqueza de esta película surge del hecho de constrastar la placidez de unos personajes (estupenda la secuencia en la que un vecino informa de la “gente rara” que vio; o la espléndida F. McDormand que compone una “policía” única en toda la historia del cine), sobre el temperamento más sanguinario y violento de otros. Una violencia bizarra que de todos modos siempre estará escoltada por la sonrisa.
Para eso, los hermanos Coen se valen de una realización muy estilizada (prodigiosos los travellings, los planos generales de esa Minnesotta helada, el maravilloso picado que muestra el enfado de Macy), con el manejo tan inspirado al que nos tienen acostumbrados.
Como no podía ser de otra manera, el reparto está sublime. La verdad es que no sabes a cuál destacar, pues el trío protagonista (Macy, McDormand y Buscemi) están llenos de tal autencidad que habla del prodigioso trabajo que realizan.
“Fargo” es una parada obligatoria, una cita maravillosa para todas las personas que crean que el cine es el arte más divertido del mundo.
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216 de 254 usuarios han encontrado esta crítica útil
La loba
La loba (1941)
  • 8.1
    5,651
  • Estados Unidos William Wyler
  • Bette Davis, Teresa Wright, Herbert Marshall, Patricia Collinge, ...
10
Nido de lobos
Es el tercer encuentro de Wyler con B. Davis tras “Jezabel” y “La Carta”. La genialidad de ambos tiene unas alturas prodigiosas que hacen de esta película la más fascinante y severa de estas colaboraciones tan fructíferas que tuvieron, y, sin duda, una de las mejores películas de todos los tiempos.
Como hizo con “La Carta”, Wyler volvió a contar con Herbert Marshall y Bette Davis para llevar a la pantalla la obra teatral de la gran Lillian Hellman. La historia gira en torno a la avaricia de un trío de hermanos para lograr emprender un negocio para el que necesitarán el apoyo económico del moribundo marido de B. Davis. Sobre esta premisa, Wyler teje uno de sus prodigiosos melodramas, mostrando una inspiración tan grande que nos deja sobrecogidos ante la voracidad que pasea por sus fotogramas. No hay buenos y malos; hay malos y víctimas.
El gran acierto de esta película, no es su historia (en sí no es más que otro de los combates del bien contra el mal, casi una parábola pues los personajes son tan completos y densos que funcionan ya como arquetipos), sino por el lujazo de las actuaciones que nos ofrecen. Así, la planificación de Wyler no toma como referencia la historia, sino la actuación de los personajes (en ocasiones nos hurta los primeros planos para que imaginemos la expresión, la maldad del actor/actriz); y no hay duda que para eso contaba con un ramillete de actores excepcionales. En el lado luminoso: H. Marshal, Teresa Wright, Patricia Collinge. El primero, ya moribundo, quizá en otros tiempos también lobo de esa manada, pero que en este presente intenta morir de un modo en el que el “mundo no vaya a peor”; T. Wright es la inocencia, el calor del amor, la flor que ha nacido en medio de ese estiércol despiadado; por último. P. Collinge es un retrato avanzado en el tiempo de Teresa, una mujer que ahoga su tiempo en alcohol pues está tan herida que de otro modo le es imposible vivir. En la parte oscura: Dan Dureya, C. Dingle, Carl B. Reid y B. Davis.
Pero “La Loba” es sobre todo B. Davis. Es la maldad despiadada. Nunca los ojos de B.D. fueron más mortíferos. Su rostro es una máscara (un maquillaje maravilloso, que por un lado sirve para enmascarar esa juventud que ya se fue de la protagonista y por otro para caracterizarla), de un hieratismo feroz, sin escrúpulos. Los duelos que mantiene con H. Marshall son sanguinarios. La maravillosa secuencia del ataque al corazón, llega al clímax centrada exclusivamente en un primer plano (fabuloso trabajo el del G. Toland) dándonos escalofríos pues nunca la maldad se mostró tan desnuda y atroz. Los diálogos son de los que te hielan la sangre para quedarse grabados en la memoria (“No te odio; solamente te desprecio”). En una palabra, cada uno de los aspectos que hacen de una película, una gran película, están aquí multiplicados por la genialidad de un modo de hacer cine que ya no veremos, pues “La Loba” tiene la altura no de un gran película, que lo es, sino de una obra de arte.
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51 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Grifters (Los timadores)
The Grifters (Los timadores) (1990)
  • 6.6
    4,408
  • Estados Unidos Stephen Frears
  • Anjelica Huston, Annette Bening, John Cusack, Pat Hingle, ...
10
Infierno de timadores.
Jim Thompson era el típico autor de novelas baratas, de esas “pulp” que llenaban los kioscos. Tanto su lenguaje como sus tramas eran francas y directas como un puñetazo, sin ahorrar el dolor de la crueldad de la sociedad norteamericana. Pese a valor literario, pocas veces el cine ha bebido de sus historias, aunque sí acudió a sus servicios (realizó los diálogos para “Atraco Perfecto”, y fue el guionista de “Senderos de Gloria”). Sin embargo, este imperdonable olvido se condona por la excelente adaptación que se realizó de esta novela.
“Los timadores” narra un triángulo; pero no uno cualquiera: A. Huston, antigua prostituta y ahora trabajadora para el mafioso Bobo Justus, reaparece en la vida de su hijo, J. Cusack, un timador de poca monta que va de estafa en estafa. Pero aún falta un vértice: A. Bening, otra timadora / prostituta, ésta de altos vuelos pero en horas bajas, que ve en Cusack al último sapo que se puede convertir en príncipe. Como en todo triángulo que se precie, uno de los vértices sobra; y es aquí donde la película alcanza sus cimas más crudas. Toda la relación está llena de una tensión (para incrementar aún más la intimidad de este enfrentamiento, Frears divide por momentos la pantalla mostrándonos a los personajes a un tiempo) que se siempre se ataja acudiendo a una zorrería llena de violencia. El enfrentamiento entre ellas es cruento. Como perras que husmean el peligro, dan vueltas dispuestas a atacar, por una simple razón: o eres tú la que se va o soy yo.
El lujazo de “Los timadores” son sus actuaciones. El trío protagonista está en estado de gracia. J. Cusack es un retrato de la inocencia, de ese timador que desconfiado no salió aún del cascarón pues no dejó de ser hijo, aunque quisiera ser otra cosa. Este secreto, está perfectamente reflejado en su actuación. En las secuencias con Huston notas la presencia de algo que no puedes definir, pero que sabes que está ahí. ¿Qué decir de Annette? Pues que borda el papel. Es la ambición, la furia, la maldad... es una mujer en la cuneta que lucha como una gata por recuperar el reino perdido. Pero como no hay triángulo sin cima, ésta le corresponde con toda justicia a Anjelica Huston. Su actuación estremece (estuvo nominada para el oscar, que finalmente se llevó K. Battes; también a Annette le birló el suyo Whoopy). Es una actuación contenida pero transparente, llena de infinidad de matices hasta hacer del personaje una loba hambrienta pero maternal. Es increíble la facilidad con la que cambia de registro en una misma secuencia, lo mucho que puede decir con un primer plano. La última sencuencia que tiene con J. Cusack te pone un nudo en la garganta. Pero todas estas actuaciones se lucen con una herramienta fabulosa: unos diálogos espléndidos, tan cortantes como las uñas afiladas.
La película está producida por Scorsese y se nota esta sombra en el pulso con la que la dirige Frears hasta convertir a “Los timadores” en esa verdad absoluta de estar viendo cine cien por cien.
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21 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
La ley de la calle
La ley de la calle (1983)
  • 7.3
    15,471
  • Estados Unidos Francis Ford Coppola
  • Matt Dillon, Mickey Rourke, Diane Lane, Dennis Hopper, ...
10
Peces de combate
Entre “Corazonada” y “Cotton Club”, Coppola filmó dos narraciones de la escritora norteamericana S.E. Hinton desde una modestia presupuestaria que no volvió a repetir a lo largo de su carrera. Mientras que en “Rebeldes” su mirada era desde el clasicismo, recreando esos años 50 que están en nuestra retina gracias a películas como “Rebelde sin causa”, de la que parece hermana (aparte de su sentido homenaje a “Lo que el viento se llevó”), en esta Coppola ajusta su mirada para hacer una recreación absolutamente personal y poética, desde un vanguardismo que anuncia el posterior cine digital.
“La ley de la calle” ilustra un mundo lleno de violencia y en descomposición, donde los viejos tiempos de las bandas han dado paso a un Camelot desarticulado aún sin rey pero regido por las mismas leyes de supervivencia.
Pero el rey vuelve de sus cruzadas. “El chico de la moto”, M. Rouke, aparece; no para reinar, pues como bien dice D. Hopper, “nació en la era equivocada y sobre el lado incorrecto del río”, sino para presentar un nuevo Camelot a su hermano, M. Dillon, que a toda costa quiere emular el reinado de su hermano, volver a esos tiempos donde había un referente, un compañerismo que ya es imposible por los nuevos tiempos donde las drogas terminaran con esa camaradería.
La película es un viaje, un viaje trágico entre los hermanos, donde si bien Dillon no tomará la corona, si terminará viendo ese mar que el hermano no vio, en un plano sorprendente que en vez de representar ese horizonte abierto con el que siempre se asocia el mar, presentará esa meta, como un final en el que ya no existe posibilidad de ir más allá.
Las actuaciones son soberbias. Rouke y Dillon establecen una química única que se da desde los extremos; mientras que Rouke es la contención (toda su actuación es comedida, en un tono bajo, casi hipnótico), Dillón realiza la suya desde la energía. A su lado, D. Lane, un jovencísimo y casi irreconocible, N.Cage.
El genio de Coppola se manifiesta en todos los planos y da muestras de esa manera personal que marca a los maestros en este arte. Una secuencia maravillosa, donde rompe los moldes del espacio cinematográfico, es el “viaje astral” que realiza Dillon, todo esto acompañado de una banda sonora magnífica, de Stewart Copeland, que da a las imágenes su aire hipnótico, casi de ensueño. La espléndida fotografía de Stephen H. Burum, que también firma la de “Rebeldes”, es en b/n (antes de “Sin City”, ya Coppola había jugado con mostrar el color en sólo unos elementos del plano), pues Coppola nos quiere acercar a cómo ve el mundo “El chico de la motocicleta”, en ese gris permanente que tiene por su daltonismo.
“La ley de la calle” es una obra mayor, una de las mejores películas de su autor y, quizá, del s. XX.
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74 de 94 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pandillas de Nueva York
Pandillas de Nueva York (2002)
  • 6.7
    66,652
  • Estados Unidos Martin Scorsese
  • Daniel Day-Lewis, Leonardo DiCaprio, Cameron Díaz, Jim Broadbent, ...
10
La cuna de todo.
Falta aún por saber cómo será la versión pensada por Scorsese, sin esas mutilaciones que hieren de muerte a la historia de amor entre DiCaprio y Cameron Diaz; mientras tanto “Bandas de N.Y” emerge como una obra magistral, que seguramente irá a más, del mejor director norteamericano vivo.
Su amada N.Y., tan presente en toda su filmografía, es ahora la protagonista absoluta de la película. Scorsese bucea en los orígenes, en esa noche de los tiempos, para mostrarnos de dónde salió toda esa galería de personajes que ilustra otras películas suyas. Así, “Bandas de N.Y” es, sobre todo, una película histórica, que se sumerge no en los grandes protagonistas, sino en aquellos que hacen la “intrahistoria” unamuniana. La preocupación de Scorsese por mostrarnos que todo lo que ocurre en la pantalla es fruto de la investigación llega aquí al extremo. Cada hecho, cada anécdota, tiene su reflejo en las páginas amarillentas de los diarios que circulaban en esa época.
De todo este universo, Scorsese pone su mirada en “Five Points”, una matriz de la que germinará ese N.Y.; y de este crisol, tres protagonistas, escoltados por una galería de secundarios inolvidables, que atan su vida a un destino violento, única respuesta válida en aquel infierno. DiCaprio es la venganza, un sentimiento de furia que no lo abandona en ningún momento de su maravillosa interpretación; Cameron, es la flor rota, la superviviente nata, una buscona que ha enterrado su corazón en lo más profundo; y en la cima de todo: Daniel Day-Lewis. Su interpretación es sobrecogedora, a su lado, todo empequeñece, literalmente hace una carnicería por donde pasa de lo espléndido que está interpretando a la crueldad absoluta en la que se mueve “Bill el Carnicero”. Es la crueldad absoluta. No hay ni un solo rasgo positivo en su personaje, guiado todo él por el miedo (maravilloso el diálogo que explica como el miedo, “un espectáculo de actos temibles”, es el orden de las cosas).
Punto y aparte, merece el diseño de producción. Los decorados de Dante Ferreti están construidos a tamaño natural, con ese amor por el detalle que preside toda la película y que la alejan de la ilusión digital a la que acuden otras producciones para darle una verosimilitud única.
El plano final, sencillamente inigualable: Una N.Y. crepuscular, aún con las dos torres; pero que seguira en pie, porque esta ciudad se construye en las calles.
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15 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil