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Críticas de Javicaysa
Críticas ordenadas por:
The Young Pope (Serie de TV)
The Young Pope (Serie de TV) (2016)
  • 7.9
    8,439
  • Italia Paolo Sorrentino
  • Jude Law, Diane Keaton, Silvio Orlando, Scott Shepherd, ...
7
Genialidad y pinchazo
Esta es una crítica para quienes ya han visto la serie, porque me es imposible valorarla sin hablar explícitamente del argumento. Solo diré que, en mi opinión, la serie arranca con la genialidad más absoluta para al final convertirse (lamentablemente) en una serie bastante normalita durante los últimos capítulos.

De manera que quienes no hayan visto la serie pueden tener en cuenta mi nota y el título de la crítica para guiarse.

Y quienes la han visto pueden votar si están o no de acuerdo conmigo, y así ya tienen los demás otra referencia.

Me explayo en el spoiler...
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138 de 185 usuarios han encontrado esta crítica útil
Misión rescate
Misión rescate (2015)
  • 7.0
    60,617
  • Estados Unidos Ridley Scott
  • Matt Damon, Jessica Chastain, Chiwetel Ejiofor, Jeff Daniels, ...
4
El anti-guión (vaya desastre)
Reparen en lo siguiente, por favor:

1- El 80% de los diálogos (o monólogos) solo están ahí para que el espectador entienda las cosas científicas o tácticas que pasan. De ese modo, TODOS los personajes quedan deshumanizados; convertidos en seres parlantes que le explican al espectador lo que pasa o pasará. Casi podrían haber puesto un narrador, como en la serie de Cosmos, y hubiese quedado más elegante que tener al pobre Matt Damon hablándole a la camarita.
2- Ningún personaje tiene un conflicto consigo mismo; ni prácticamente con los demás. Al ser meros tornillos en la trama, ninguno está desarrollado en absoluto. Ni siquiera Matt Damon.
3- De hecho, aparecen personajes planos esenciales en la trama que luego vuelven a desaparecer para siempre.
4- Otro 10% de los diálogos son, sin más, chistes. Sí, chistes. Que a veces hasta se repiten. ¿Cuántas veces se queja Matt Damon de la música? Otras veces, no tienen gracia. Otras veces, resulta sencillamente inverosímiles. La camaradería pseudo-adolescente que se traen entre los tripulantes de la nave es insultante. Solo me reí con un chiste (en el 'spoiler' digo cuál); y ni siquiera es del todo un chiste.
5- El 10% restante, por fin, se emplea en dotar a ciertos personajes de algo parecido a "un carácter". Con escasos resultados.
6- El desarrollo de la cinta es muy previsible.

Por lo tanto, de primeras nos encontramos con una docena (!) de personajes sin relevancia en sí, cuyos roles son meramente funcionales, atorados en un sinfín de explicaciones que bordean la estulticia para que hasta el espectador más alelado se entere de cada cosa que sucede. Tanto rajar sin parar elimina del film la incertidumbre: y eso provoca que el espectador se distancie. A diferencia de lo que sucedía con Gravity (con la cual guarda muchas semejanzas), nos sentimos demasiado lejos como para empatizar con nadie; y no sentimos ni angustia, ni inquietud, ni miedo.

Para colmo, las explicaciones científicas nos las creemos porque nos las cuentan. Pero son tan concretas, tan rebuscadas, que podrían habérselas inventado. Nadie va a pensar: "¡Qué ingenio! ¡No se me habría ocurrido!". Porque nadie sabe si tales cosas son posibles. Igual con las dificilísimas ecuaciones que se resumen en un "¡Demonios, los cálculos son correctos! ¡Vamos a hacerlo!" (en esta película, por cierto, los subordinados responden a las preguntas más chungas y técnicas antes de 2 segundos, y todo el mundo hace cálculos súper precisos en un chasquido de dedos).

Los actores hacen lo que pueden, pero un guión sin más estructura que las descripciones de las cosas que pasan no hay por dónde cogerlo. Eso sí, los efectos especiales son impecables.

Mi enhorabuena al que haya conseguido congeniar con cualquiera de los seres parlantes de esta... ¿película?

Destripo delirios concretos en el spoiler.
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474 de 730 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sherlock: Su último voto (TV)
Sherlock: Su último voto (TV) (2014)
  • 7.9
    10,162
  • Reino Unido Nick Hurran
  • Benedict Cumberbatch, Martin Freeman, Lars Mikkelsen, Amanda Abbington, ...
5
El último desastre
El peor episodio de la serie.
Si ya han visto los anteriores, véanlo, por supuesto. No tiene sentido echarse para atrás a estas alturas. El capítulo tiene momentos muy majos, y el humor funciona a la perfección.
Pero si ya lo han visto, vayan al espoiler, y no serán capaces de discrepar (qué indignidad).
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27 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nebraska
Nebraska (2013)
  • 7.4
    28,803
  • Estados Unidos Alexander Payne
  • Bruce Dern, Will Forte, Stacy Keach, Bob Odenkirk, ...
6
El viaje a ninguna parte (o toma el dinero y corre).
¿Es el personaje interpretado por Bruce Dern imbécil profundo en el sentido más metafísico y psicológico de la expresión? Por si acaso, aclaro que no está enfermo ni padece de taras mentales diagnosticadas. En consecuencia, juzguen ustedes mismos: cree que le ha tocado un millón de dólares porque lo dice una propaganda enviada a su nombre; cuando su hijo le explica que se trata de un timo, él sencillamente no contesta; afirma que se casó “porque quiso ella”, y no sabe en qué consiste estar enamorado; tuvo hijos sin planearlo porque “me gustaba follar”; se lanza a caminar hacia estados lejanos por la carretera vestido de cualquier modo; le importa un bledo lo que le ocurra al resto de la gente, familiares inmediatos incluidos; es alcohólico desde hace décadas; de joven todo el mundo abusaba de él porque siempre hacía cualquier favor sin solicitar nada a cambio; insulta a su propio hijo si éste le incordia con educadas preguntas personales; habla poquísimo, nunca escucha a nadie, y su respuesta más habitual es un alelado “¿eh?”. Fíjense: no les pregunto si un individuo tal es mala o buena persona. Les pregunto si es sencillamente imbécil. En su defensa, y mientras se lo piensan, ya les adelanto que, como decía Emerson, no debemos juzgar a nadie por sus malos matrimonios; tal vez el pobre Woody, que así se llama, se encuentre en semejante estado mental a causa de un mal matrimonio, o debido a que las esperanzas de su vida se han truncado con el paso de los años. Quizá esa tristeza ante la ausencia de un sentido vital le haya erosionado tanto que ya sólo queda de él la parte más hosca. Quizá. Pero, si es así, eso, desde luego, no está en la película; que tiene la torpeza de revelarnos cómo Woody, en su más lozana juventud, dejó a una novia admirable sólo porque su futura mujer, más ligera de cascos, sí follaba antes del matrimonio. De manera que he ahí la respuesta: Woody no sólo es desagradable, simple, egoísta y está hundido: también es idiota.
Al rescate de tan entrañable imbécil acude su hijo; quizá el personaje más soso, y con menos conflictos interiores, que haya jamás protagonizado una película. A los diez minutos nos encontramos con que el pobre lo ha dejado con su novia. Trabaja en una tienda de equipos de música y tampoco parece un gran vendedor. (No me digan que tan hondas congojas no resultan dignas de una película de Bergman o Dreyer). Así que coge el coche y se lleva a su padre al estado de turno para que cobre el premio. No está demasiado lejos, pero como una pronta llegada echaría al traste la película, los guionistas deciden que se detengan antes en casa de un hermano de Woody para que puedan desarrollar, en ese pueblo, ahí una simpática y calma comedia costumbrista tachonada de ternura, como mandan los cánones.
¿Por qué un servidor, habiendo escrito los dos párrafos anteriores, ha puntuado con un seis esta película? O, dicho de otro modo: ¿Puede ‘Nebraska’ sobreponerse a tan atroz planteamiento de partida? Sorprendentemente sí.
Aunque llegue a irritarle al espectador avispado la conciencia que posee sobre su propia sutileza (el crítico Carlos Boyero, más limpiamente, encuentra en ella demasiado cálculo emocional: y lleva razón, pero no es para tanto), el tono agridulce no desentona no desentona en su conjunto. Bien concedo que varios giros del guión bordean lo previsible, y que las escenas de paisajes con música country de fondo se reiteran sin una justificación aparente (lo mismo que en ‘Los descendientes’, allí con Hawai), pero algunas escenas son tan hermosas que compensan lo trabado. Y la parte cómica… ahí, créanme, ahí sí que todo funciona.
Algunas otras críticas se han cebado con el personaje de la madre; a mí mismo, al principio, me pareció desagradable y repulsiva. “La pintan demasiado malvada”, pensé. Pero luego su carácter insoportable se vuelve tan caricaturesco, que uno acaba admirándola como un genio cómico involuntario, al estilo de los grotescos personajes más desternillantes de Dickens, o de una moralista tan ridícula como la Lady Bracknell de Oscar Wilde. Cada vez que abre la boca, toda la sala contiene la respiración para no perderse ni una palabra de lo que va a decir. Se trata de uno de esos secundarios que permanece en nuestra memoria con fuerza incluso semanas después de haber visto la película.
El resto de los familiares, o de las gentes del pueblo, conforman un rico fresco de la vida en esos sitios en donde nunca parece ocurrir nada; y quiero evocar aquí la mirada, bellísima y profunda, de la directora del periódico; o la surrealista familia de Woody, que también aporta unos cuantos momentos de altísima comedia.
La dirección de Payne aporta serenidad y tempo al desarrollo de la trama; lo cual se agradece porque, en ocasiones, se estanca. Y un pulso firme capaz de alejarle la impaciencia al espectador sólo puede lograrse con una sólida dirección.
Bruce Dern logra humanizar la profunda estupidez de su personaje, por el que uno hasta siente verdadera compasión unas cuantas veces (lo cual es admirable), Will Forte hace lo propio con el soseras del hijo, Bob Odenkirk (“Better call Saul!”) aporta distinción al hermano, y June Squibb está inconmensurable.
Una película agradable de ver, pequeña, profunda hasta donde se deja llevar.
No va a partir la pana en el Olimpo cinematográfico, y en ocasiones manipula sin piedad los sentimientos del espectador (ya saben: en un momento verán que asoman los malos contra los buenos; ¿se imaginan por quién creen los guionistas que debemos tomar parte?), pero es una buena película, y cuando uno sale de la sala no se ha arrepentido de haber entrado en ella.
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38 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil
El abogado del crimen
El abogado del crimen (2013)
  • 4.7
    11,446
  • Estados Unidos Ridley Scott
  • Michael Fassbender, Penélope Cruz, Cameron Diaz, Javier Bardem, ...
6
Mitad excelente, mitad horrorosa.
Ridley Scott rueda la primera película escrita en su integridad por el novelista Cormac McCarhty.
Quienes conozcan la obra de este soberbio autor no encontrarán aquí nada que de verdad les sorprenda; y me atrevo a considerarlo una virtud. Todas sus obsesiones están aquí: el poder, el destino, el mal, la violencia y el deseo. También una retahíla de frases antológicas; posee McCarthy la facilidad para la sentencia metafísica más cruda, distante y estremecedora a la vez. Nadie como él para sintetizar una idea complicadísima en apenas diez palabras, ni para perfilar un personaje con dos rasgos.
La deuda del guión con su narrativa se extiende también al empleo de una estructura muy novelística –demasiado, como se verá–, que lastra el desarrollo de la primera hora, pero que a la vez despliega un juego de símbolos y de simetrías bastante eficaz en algunos casos.
Aquí empiezan los problemas: un diálogo no es igual en el cine que en un libro; por algo los libros se “adaptan”. Pues bien: durante la primera hora, como acabo de decir, este film resulta un tostón. Las escenas se suceden idénticas: dos personas –dos, no más– hablan de lo divino y de lo humano, sentados en algún sitio. No ocurre nada. Están cimentándose los entresijos de la trama, claro, pero uno cree asistir a un prólogo más que a una película en sí, porque para colmo el contenido de las conversaciones son metafísicas o muy trascendentes. Cada personaje raja sin parar y divaga mientras suelta verdades absolutas. Uno no puede creerse que un capo mexicano se lance a perorar con seriedad sobre las mujeres y la moral con su abogado, y que emplee para ello una retórica digna de Schopenhauer. Suele pasarles a los villanos de McCarthy: son terrorifícamente teóricos y conscientes de su villanía; disertan sobre ella y se maravillan de sí mismos, a lo Shakespeare. Pero aquí, durante el 60% de la película, no funciona. Demasiado literario. En el mal sentido. Porque no sucede nada. Nada. Y cunde el desinterés.
Tras una hora de tedio (¿adónde coño va esto?, se pregunta uno), por fin pasan cosas. La trama se pone en marcha, y la película termina con uno de los mejores clímax que he visto yo en estos años. McCarthy deja unas cuantas perlas marca de la casa, y entonces la complejidad se multiplica por diez. Los monólogos que antes se antojaban insufribles, de golpe cobran una fuerza tremenda. Funcionan. Estremecen. Pero, claro, ya es demasiado tarde para salvarla del desastre.
De entre los actores, cuenta un servidor con una desventaja: desde hace ya unos ocho años o así, no me creo nunca a Penélope Cruz. La veo a ELLA actuando, no a su personaje. De modo que tal vez la historia me hubiera llegado más si, en vez de Pene, hubiera estado ahí, no sé, Rachel McAdams, o Carey Mulligan. Ignoro si sólo es cosa mía o se trata de algo más extendido. La veo y sólo puedo imaginármela gritando “Peeedrooooo” como una desequilibrada. Eso, lo quiera uno o no, echa por tierra mucho de la película.
Por lo demás, todos bien. Brad Pitt con el agradable piloto automático que con tanto oficio sigue (idénticas pose y actitud a las de “Killing the softly” y “Guerra mundial Z”) a veces; Bardem pasado de vueltas, como acostumbra, pero con bastante dignidad; Cameron Díaz haciendo de zorra con garra y rendimiento, a pesar de que es el papel más difícil, por fácil que a primera vista parezca… Y Fassbender. Sólo lo diré una vez: Fassbender es Dios. Siempre está perfecto y jamás manifiesta exceso alguno en ningún papel. Posee tal dominio de la actuación que parece haber aparecido de golpe según se iban revelando los rollos de celuloide.
Además el cinéfago curioso encontrará por ahí al inconmensurable Bruno Ganz (“El amigo americano”, “El cielo sobre Berlín", “El hundimiento”), en un cameo pequeño, a Natalie Dormer (“Juego de tronos”) y a Dean Norris (“Breaking Bad”).
En síntesis: a pesar de todo, una obra fallida. Pero con unos últimos 30 minutos que yo encontré rebosantes de fuerza, hasta el punto de que en una escena (la llamada de teléfono en el coche), me puso la piel de gallina; pues se unían de verdad las fuerzas de la imagen y de la palabra. Que es lo que durante 60 minutos y pico no había ocurrido.
Quién sabe, tal vez en una revisión mejore; tal vez se la valore más con el tiempo. De momento me ha parecido un fracaso brillante, o un brillante fracaso. Pero fracaso, al fin y al cabo.
Sin embargo, no descarten que con el tiempo se convierta en una extravagante película de culto. Dos inolvidables ocurrencias (la escena sexual motora, y esa muerte repugnante y terrorífica), y una densidad que tal vez se aprecie mejor revisándola, se prestan a ello.
Desde luego aún no se me ha ido de la cabeza.

Para otros detalles más concretos, al spoiler. No son spoilers que revienten la trama ni el final, pero algo de miga se cuenta. Avisados quedan.
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13 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jazmín azul
Jazmín azul (2013)
  • 6.8
    38,335
  • Estados Unidos Woody Allen
  • Cate Blanchett, Alec Baldwin, Sally Hawkins, Bobby Cannavale, ...
5
¡Disidente!
Pues sí, disidente, como en La vida de Brian. Para los de poca paciencia, vayan al párrafo tercero, contando éste. Pues no se piense que esta crítica destila bilis. Al contrario, lo que hay aquí es amor al Maestro. Así que si están preparados y libres de prejuicios, allá vamos. Espero que sea útil, al menos.

De entre los muchos misterios de esta vida, me gustaría averiguar uno: ¿Por qué Woody Allen –o merced a qué deuda contraída– ha de rodar una película por año, sin falta en dicho plazo desde 1982? Cierto que de vez en cuando nos obsequia con una obra maestra, y que pocos directores en este mundo tan regulares y prolíficos (me vienen a la cabeza, pero en una escala algo mayor, Bergman, Ford o Kurosawa) nos quedan. Acaso Clint Eastwood. Sin embargo, ¿no le vendría bien algo de descanso, o al menos una pizca más de elaboración en sus guiones? Afirma en su estupendo libro de conversaciones con Eric Lax que lo que menos le cuesta es escribir sus películas; que siempre le rondan varias ideas por la cabeza, y que lo único complicado es el momento de empezar el rodaje.

Puede que diga la verdad. No obstante, aquí seguimos un año más. Y yo, que me he visto todas sus películas menos Alice (no por nada personal, es que a día de hoy es la única que me falta), pues ya le tengo muy calado al maestro neoyorquino. Y qué quieren que les diga: Blue Jasmine es una obra menor, muy menor, en su filmografía. Mucho me temo que sólo reluce por la soberbia y sobreactuada interpretación de Cate Blanchett; pero resulta que todo en esta película tiende al exceso.

Dos graves problemas la lastran: el primero, su más que exagerado parecido con Un tranvía llamado deseo, de la que copia el asunto, los personajes, el desarrollo y la conclusión. Solamente. El segundo, lo burdo de las trazas del guión, previsible en cuanto uno se halle más o menos avispado. Me resultó lamentable adivinar desde mi butaca la mayoría de lo que iba a suceder.

Allen muestra su fineza en la comedia. Ahí sí que nos emociona con maestría. Hace muy poco revisé Manhattan y Annie Hall, y me sentí con ganas de gritar desde mi terraza que son dos películas inmortales; aguantan sin tara el paso de los años, impertérritas. Pero con el drama se le va la mano. Lo mide todo excesivamente. Se le notan las costuras a kilómetros de distancia. No sabe hilar fino. Parece como si la solemnidad le impulsara a estrangular al pobre espectador. “¡Esto es lo que quiero decir!”, exclama.

Porque en esta película Woody nos impone su lectura, como autor, en todo. Los paletos son muy paletos. Los ricos son muy educados y muy esnobs. Los conflictos fraternales carecen de la extrema riqueza con que se muestran en la obra de Tennessee Williams. Recuerde el espectador el primer encuentro entre hermanas de la primera versión. En eso consistía el supremo arte de planos, contraplanos, diálogos, y gestos y entonaciones de cada actriz. O sea, CINE. Era increíble. Se pueden escribir libros sobre la riqueza de esa escena. En Blue Jasmine roza el tópico, lanza un chiste (el del avión) y luego todo se diluye. Entre medias, es verdad, se ha dicho lo de "estás estupenda"; "no, lo estás tú". Pero lo que en "Un tranvía..." era definición perfecta aquí es banalidad. Y lamento compararlas, pero se prestan a ello completamente.

Aquí las cosas son blancas o negras. No se nos deja entrever ningún término medio, ni guardamos distancia alguna con los hechos. Tampoco ayuda un guión en el que todo sucede, más que por lógica interna, para que aparezca luego la escena que el autor desea narrar.

No la suspendo, no obstante. Ella está tan bien, que (incluso a pesar del guión, y de la dirección, pues Allen suele pasar mucho de los actores, según todo lo que de él he leído) logra que la película, pese a todo, salga a flote. Es el mayor tributo a la actuación que jamás llegará a rendir Cate Blanchett. Si ya en Diario de un escándalo mereció los mayores elogios, y con razón, en esta puede uno decir sin más que ella es la película. No su personaje, sino su actuación. La única causa por la cual se distingue de El sueño de Casandra –otro film por completo mediocre y sin interés– esta Blue Jasmine, se debe a Cate Blanchett. Sólo ella sabe darle el toque adecuado entre la comedia más idiota y el drama más banal. Sólo ella parece de verdad real en este pastiche de tópicos y revisiones de su propia obra y de la ajena.

No es que los demás actores estén mal. ¿Qué mal actor elige Woody a estas alturas? Es que, sencillamente, Cate Blanchett sostiene la película entera.

Otro año más.

Recuerdo cuando me topé con el espantoso tráiler de Midnight in Paris. Fui a verla después como el cordero va al matadero. Me pareció una sublime gozada, una maravilla.

Esta vez el tráiler tampoco me daba buena espina; pero cualquiera se fía.
En fin, vayan a verla que es de Woody Allen. Pero la olvidarán pronto.
A pesar de los sesudos y vacuos análisis que verán por ahí.




P.D: Prometo ver Alice antes de una semana... ¡Y Woody, danos una alegría el año que viene!
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216 de 312 usuarios han encontrado esta crítica útil
La vida de Adèle
La vida de Adèle (2013)
  • 7.5
    36,355
  • Francia Abdellatif Kechiche
  • Adèle Exarchopoulos, Léa Seydoux, Salim Kechiouche, Mona Walravens, ...
10
El amor, la vida, el placer, el deseo, la desesperación.
Se me hace difícil escribir sobre "La vida de Adèle". Ignoro si se debe al montaje final (ya ha prometido el director una versión extendida con más de 40 minutos añadidos), pero es ésta una película atípica, con un desarrollo férreo y a la vez narrativamente laxo, que se adentra en varias cuestiones sin ahondar demasiado en ninguna, y cuyo verdadero núcleo temático, el amor trascendente, se muestra a veces con tanta fuerza que le impide a uno hasta pensar.
En consecuencia, toda crítica o análisis de "La vida de Adèle" se quedará necesariamente corta. Aún así, por lo que pueda valer, ahí vamos:
Kechiche se vale de primerísimos planos constantes para pegarnos al cuerpo y a la vida de Adèle, cuyo rostro llegamos a conocer tan bien como el nuestro, con sus pliegues, sus gestos y hasta el brillo de sus poros (en la película no se emplea maquillaje). Vemos cómo se despierta, cómo va al colegio, cómo come, cómo suspira y cómo duerme. Durante la primera hora es un retrato de esa íntima soledad que acompaña a ciertas personas como una sombra; sin saber por qué, uno percibe en ella el estigma del perpetuo desamparo. El espectador está tan cerca de Adèle, se ha adentrado tanto en ella –metafóricamente–, que desaparece el límite entre lo ficticio y lo real; y, si besa a alguien, casi podemos oler el beso. Tenemos la impresión de estar viviendo nosotros su vida. Es tan intensa y tan cercana, que conmueve hasta lo más hondo; y deseamos que esa chica confundida y sola sienta hasta las entrañas el desbocado placer del verdadero amor.
Cuando ese amor llega, lo hace unido al sexo salvaje; y resulta un acierto estético de auténtica sabiduría el esfuerzo de Kechiche por no separar lo uno de lo otro, el amor del sexo, el cuerpo de la mente. Durante una escena lésbica explícita y larga como pocas (nunca había visto yo nada igual en una película que no fuera pornográfica), asistimos a una exaltación limpia del deseo puro. Cada una quiere ser la otra; cada caricia o cada beso quieren abarcar o sentir el cuerpo amado con desesperación existencial; pero al mismo tiempo se están entregando ellas a la actividad más intensa de sus vidas, perdiéndose en lo oscuro, en lo inabarcable, en ese éxtasis que, si se alcanza, es capaz de elevarnos místicamente por encima de nosotros mismos, hasta diluir nuestra identidad. Cuando Adèle cae desplomada tras eso que un médico o un asesino del amor llamaría “orgasmo” (perdonen por reducir el asunto a una palabra tan fea), sabemos –sentimos– que ya nada será igual en su vida. Que ha quedado definida por ese placer, por esa felicidad, por ese instante. Ha encontrado por fin todo lo que buscaba.
Pero el tiempo pasa y la vida sigue.
Y pasan los amigos, y la familia, y se termina el colegio, y se empieza a trabajar, y la rutina también a su modo mata…
Y comienza –aunque no se diga de modo explícito– el “capítulo 2” de la vida de Adèle; y cae éste sobre nosotros como un latigazo, pues presenciamos el más descarnado retrato de la pasión y del deseo que se ha hecho en el cine en muchísimo tiempo. Adèle experimenta muchas y variadas confusiones, se sume en la desesperación, se hunde en un vacío personal, trata de salir, trata de entregarse a sí misma, trata de olvidar cuánto duelen los amores cuando parecen haberse perdido, trata de saber qué hacer, quién es, cómo ha llegado hasta ahí.
La película es magnífica porque es honesta, porque carece de tesis pero a la vez lo muestra todo, porque uno la ve y palpa la esencia de la vida y del amor, sean éstos lo que sean, y en todas las escenas hay una miríada de sensaciones que el espectador sensible recibe fascinado.
La fotografía es prodigiosa, y los actores, jóvenes casi todos, están soberbios. Léa Seydoux cumple siempre, pero Adèle Exarchopoulos toca los límites de lo que entendemos por “actuar”.
Kechiche abre en canal la vida de Adèle y la de cualquiera.

Una maravilla.

(Sigue en el spoiler, pero no hay spoilers de ningún tipo; lean sin miedo).
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320 de 368 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una final de familia
Una final de familia (2013)
  • 5.8
    29,738
  • España Daniel Sánchez Arévalo
  • Quim Gutiérrez, Antonio de la Torre, Patrick Criado, Verónica Echegui, ...
5
A lo facilón
Daniel Sánchez Arévalo elabora un cine muy definido; no diré que posee un estilo propio, pero sin duda conoce su oficio perfectamente. Y, si hasta ahora ha funcionado, ¿para qué arriesgarse y cambiar? Sin embargo, no ha podido estarse quieto del todo, y ha logrado lo que hasta ahora parecía imposible: la combinación del cine patrio más hispánico, más de casa, con el formato y el desarrollo de la comedia típica americana, al más puro estilo (y no puede negarse, qué vamos a hacerle) de "La gran boda". Sí, esa comedia con olor a alcanfor que llegó hace no mucho a nuestros cines y que ya el mundo habrá olvidado. Tiene muchos más puntos en común de lo que podría pensarse. En cierto sentido abstracto, son calcadas.
El guión de "La gran familia" tira de manual 100%. Un chico se casa con su novia de toda la vida, que está embarazada. Ambos tienen 18 años. El chico tiene cuatro hermanos: el mayor, que no se siente valorado por su padre; el segundo, que es responsable y luchador y lleva mucho tiempo alejado de la familia; el tercero, que ha vivido siempre a la sombra del segundo; y uno que padece de algo de retraso, y que no tiene conflicto alguno (está ahí para hacer chistes). ¿Les suena? ¿No se parece a A dos metros bajo tierra? ¿No se parece, la verdad, a cualquier ficción en donde salgan hermanos en el centro de la trama? Además de esto, el padre se está muriendo por problemas cardíacos. Y el que se casa no sabe si ama a su futura mujer o a la hermana de ésta.
Pues una vez más o menos montados, durante la primera media hora, los traumas de cada uno, a seguir del tirón. Un par de escenas, unas vueltas de tuerca, y todos son muy felices, y se quieren, y España gana el Mundial, y nos hemos reído. La película, en este sentido, no engaña. Quiere ser pequeña y conmovedora; a mi juicio se queda tan pequeña que se deshace como cuando se sopla un diente de león. No estoy seguro de que conmueva.
Hay varias razones para ello. Para empezar, va a envejecer muy mal. Los personajes, sobre todo los locos jovenzuelos, dicen frases como “no flipes”, “¿Tú me I love you?”, “Contigo no, bicho”, o “mazo de fuerte”; hoy en día uno lo escucha y no pasa nada: pero esperen a revisarla dentro de 15 años, y les sonará tan rancio e impostado como Ramoncín todo él en la película atroz Adolescencia (1982). ¿Qué pasa con esto? Pues que se le ve el plumero a Sánchez Arévalo, más preocupado por el aspecto inmediato que por el acabado artístico. Se asoma peligrosamente a ser una película de época y nada más. Los conflictos antes mencionados no llegan a mucho, y son meras excusas para que se den ciertas situaciones. Hay chistes cansinos que pierden efectividad según se repiten idénticos, como el camarero al que siempre se le cae la bandeja, o el “tema del robo”. Por otra parte, se cae en cierta inverosimilitud, y algunas cosas no se las puede creer ni el más predispuesto, por mera congruencia humana o racional (al spoiler).
Es una película excesivamente planeada, medida, controlada, domesticada, sin riesgo ni puntos de fuga. Le da al espectador la cantidad exacta de humor y de ternura; y todo el mundo es muy bueno. Hay algo irritante, para cualquier corazón sensible, en el esfuerzo consciente por evitar que la gente salga del cine pensando con libertad: La gran familia española te dirige hacia un estado de serenidad artificial en donde la verdadera viveza ha quedado disecada sin miramientos. Te manipula y controla todo lo que debes sentir. Además usa un vil ardid para emocionar: como el partido de España ya puso los pelos de punta a la mayoría de la gente, se tira de catarsis evocativa. Eso es ahorrarse sentimientos: tiran de los ya sentidos. Encima, con aspiración colectiva.
¿Aciertos? Bastantes, también. Seamos justos. El cásting es impecable. Todos y cada uno de los actores bordan el papel; incluso los más jóvenes y desconocidos. Me parece que sobresale, un poco por encima del resto, Verónica Echegui. Es una actriz que lo expresa todo, y que pone verdadera alma a su personaje. Aunque ya nos ha acostumbrado a que esté siempre fantástica. También merece la pena resaltar el montaje de algunas escenas. La doble conversación entre la novia y sus amigas, y, aparte, el novio y sus hermanos, es, sin más, magistral. Muchos chistes son muy buenos, y vaya si funcionan.
En fin, le doy un aprobado pese a todo (peores cosas de largo hemos visto), pero si me preguntan por qué no merece más, diré que por jugar a dos bandas. Al rollo de ser como muy salido del Hollywood más facilón (todas las canciones de la película son pop inglés buenrollero, vaya una declaración de principios), y a la vez por caer demasiado en el costumbrismo más rancio. Sólo cuando elude ambas tendencias consigue respirar de verdad.
Película agradable, fácil de ver, simpática... y para olvidar a los 30 minutos. Es una pena que no se le exija más, porque el director sí tiene talento. Pero va a lo fácil.


En el spoiler destripo algunas incongruencias.
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136 de 177 usuarios han encontrado esta crítica útil
Deberás amar
Deberás amar (2012)
  • 5.2
    4,627
  • Estados Unidos Terrence Malick
  • Ben Affleck, Olga Kurylenko, Rachel McAdams, Javier Bardem, ...
3
To the disaster: a Malick se le va la olla.
Asústense: He visto "El árbol de la vida", hasta el momento, cinco veces. La valoré con un 10. Creo que es una película sobrecogedoramente bella, que puede alimentar una docena de tesis doctorales, y que refleja la infancia universal del ser humano como nunca jamás se había hecho en el cine hasta ahora. Lo quiera o no, la película siempre me hace llorar. Me seduce su simbolismo, su unidad fílmica, su ritmo.

Asústense más (si no les gustó "El árbol de la vida", agárrense el marcapasos): le he puesto un 3 a "To the wonder", y creo que mi admiración hacia este gran director me ha hecho ser incluso demasiado benévolo.

"To the wonder" es ligeramente superior (en duración: no sabría decir si en calidad) a un anuncio preciosista de perfumes o de compresas.
Mantiene, e incluso mejora, la exuberancia estética de "El árbol de la vida". Tanto, que uno se pregunta si acaso no se están alcanzando en ella los límites de la belleza fotográfica. Aquí concluye el inventario de sus virtudes.

Empleando el montaje como quien sostiene una metralleta, Malick consigue destrozar la película en prácticamente todos sus niveles.

Nos regala fallos de raccord que desafían las leyes de la materia (espejos que se rompen de un golpe en un plano y, en el plano siguiente, en la misma escena, en lo inmediato en el tiempo, ¡están reconstruidos!), o diálogos que contradicen su propia información en apenas dos líneas. Magistral.

Cuando ya nos ha puesto alerta, descompone a los personajes. Ninguno parece tener un carácter razonable, y los actores, en multitud de escenas, pasean como muertos vivientes ante la cámara sin tener ni idea de qué hacer o de qué decir, en su desesperada lucha por improvisar con algún sentido. Por si fuera poco, y para estar seguro de que la película se desploma, quizá porque teme que algún actor consiga salvar algo de este horror, escribe escenas atroces que bordean la vergüenza ajena exhibible en un cine (ver spoiler).

Pero, previendo que tal vez la trama pudiera resultar interesante, también introduce Malick personajes que no pintan en la película nada de nada. Bardem y sus dudas teologales y sociales, ¿a cuénto de qué están ahí? No creo que pueda explicarse jamás qué hace ahí, más allá de darle a ella una buena hostia (consagrada) o de soltarle un sermón tonto a Ben Affleck. Y la niña de ella, ¿qué aporta a todo esto? La trama, ya de por sí lánguida e imprecisa (mi enhorabuena al que adivinó que Ben Affleck era aquí un escritor fracasado, tal y como reza la sinopsis), se diluye en el tedio hasta convertirse en una bruma

Para asestarle la puntilla, el último golpe de pala sobre el ataúd, repite las mismas escenas, como en una danza cansina, una y otra vez. Amantes que se besan junto a río; junto a una cama; junto a unas briznas de hierba; junto a unos caballos; junto a unos bisontes. Luego se pelean en un prado; o en una piscina; o en una casa. Sólo es comparable tanta repetición a la repetición en las butacas de los constantes bostezos.

En definitiva: una película pésima, hueca como un sonajero sin arenilla dentro, manierista, autocomplaciente, que parece preocuparse más por tener imágenes bellas que por su propia coherencia interna. El peor Malick de toda su filmografía, con salvaje diferencia. Una película sin unidad. Sin sentido.

Lo mejor (y lo que yo les recomiendo) es ver el tráiler, que es magistral, y olvidarse de esta película para siempre; se ahorra uno 110 minutos de sopor y absurdo.
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119 de 162 usuarios han encontrado esta crítica útil
Duro de matar: Un buen día para morir
Duro de matar: Un buen día para morir (2013)
  • 4.5
    19,499
  • Estados Unidos John Moore
  • Bruce Willis, Jai Courtney, Sebastian Koch, Cole Hauser, ...
4
John McClane de vacaciones. Y Bruce Willis, también.
Los más veteranos quizá recuerden todavía cómo el genuino John McLane era un héroe muy sufridor. Era listo como él solo, con su olfato sagaz y sus argucias sutiles, y les desbarataba el plan a los villanos más inteligentes y precisos. Sobrevivía con arte y oficio, y mientras tanto le sucedían mil y una putadas que le hacían sudar la gota gorda. Para colmo, andaba el hombre metido en disputas familiares.

Bueno, pues olvídense de ese John McLane. En esta quinta parte eclosiona lo que ya se perfilaba en la cuarta: ahora no es John, es la caricatura de una caricatura de una caricatura. Ni sufre, ni es listo, ni es humano, ni es -apenas- un personaje. Sus líneas de diálogo consisten, una por una (por favor, se lo ruego: cuéntenlas y fíjense), en una retahíla de gracias sin gracia, de chulerías, de cinismos y de obviedades. Dice treinta veces eso de "¡estoy de vacaciones!" por lo menos: las primeras 18 te sonríes; las otras 12 ya cansan. Y ni siquiera está de vacaciones (no sé si repararon en eso los guionistas: va a Rusia a por su hijo, ¿no?). También dice mucho "vamos a matar a los malos". ¿Quién ha escrito esas líneas de diálogo? Qué vergüenza.
Pero cuando tiene que actuar... ahí es casi peor que cuando habla. Le da lo mismo estrellarse con un coche a 200 kms/h. Le importa un bledo que le tiroteen 30 sicarios. No le impresiona que le tengan de rodillas y maniatado para ejecutarle. Apenas le altera saltar desde un edificio de 100 metros de altura. Llega a Moscú, y a los 10 minutos ya está en una persecución mortal por la autopista. Sin esfuerzo, sin nervios, sin despeinarse. Hasta mantiene divertidas conversaciones telefónicas mientras está jugándose la vida.

Y en toda la película no se le quita la sonrisita de la boca. Sigue con cara de estar gozando cada segundo y sigue soltando tontadas para que se ría el patio de butacas. Va tan de sobrado, que en vez de ver a un personaje, ves a Bruce Willis pasándoselo teta mientras ruedan a los demás actores, que -para que la cosa sea aún peor- sí tratan de actuar en serio.

Este McLane ni sufre, ni siente, ni padece, ni es nada. No deduce nada en toda la película, no es sagaz. No tiene dudas. Ni miedo. Es cartón piedra, parodia, un huevo de pascua bien vacío.

Me dirán ustedes que muy bien, pero ¿el resto? ¿Como peli de acción cómo está? ¿Y los secundarios? ¿Y los malos? Pues bueno: está bien. Es entretenida, hay escenas espectaculares, la trama es un poco tonta pero no derrapa, el hijo de McLane está bien... como película de acción, es más que pasable. No extraordinaria, pero está bien.

No obstante, ¿cómo puede reponerse al hecho de que su protagonista parezca imbécil? Los guionistas, dando por hecho que el espectador conoce a McLane, no le dan nada más que tópico tras tópico. Pero, si no has visto las anteriores, pensarás que ese tal McLane es sencillamente subnormal.
En fin, un desastre en conjunto que hace la película inverosímil y olvidable.

Para cosas de la trama, caballeros, al spoiler.
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119 de 139 usuarios han encontrado esta crítica útil
Django sin cadenas
Django sin cadenas (2012)
  • 7.9
    111,891
  • Estados Unidos Quentin Tarantino
  • Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Kerry Washington, ...
5
Crítica impopular
Pues, la verdad, le resulta a uno raro tener que ponerle los pies en el suelo a tan elogiosas críticas.

Es una película que contiene escenas geniales, una por una; cuyas actuaciones son todas absolutamente magistrales; cuyos diálogos encierra cada uno pequeñas joyas (ver spoiler para glosa de todo esto); con una fotografía y una dirección absolutamente deslumbrantes, marcas de la casa.

Pero, a diferencia de la muy reciente "Malditos Bastardos" (que, de otras anteriores suyas, ya ni hablamos), que al menos era irreverente y muy original, y que daba para unas cuantas preguntas, al terminar de ver Django Desencadenado, muy bien puede el espectador decir: "Muy entretenido: ¿Y qué?"

Si estuviera dirigida por Peter Smith, nos parecería resultona y simpática. Como viene con la marca de Fábrica de Tarantino, le damos automáticamente nuestra complacencia con notas elevadas.
No obstante, en su reverso también sucede lo contrario: a Tarantino, a su genio (manifiesto sobradamente en esta película, como en todas las suyas) se le exige mucho más, viendo lo que pone en juego de arte cinematográfico. Por eso le otorgo un 5, en vez del 6 que se merecería. Porque la película en sí misma destila oro, y al final el resultado parece endeble cual hojalata, por sus excesos.

La última media hora es un desastre metido con calzador, se mire como se mire. Los geniales hallazgos se diluyen. El gozo inicial (qué inmensos 30 primeros minutos) queda aminorado y hundido.

Esto no es Clint Eastwood. Ni John Ford. Ni Peckinpah. Ni Kurosawa. Ni Hawks. Aquí no hay lecturas sobre la naturaleza humana. Ni siquiera enterradas entre la trama, que era la baza de los maestros. Éstos siempre tenían algo de verdad que decir. Aquí no.
Aquí hay absoluto vacío envuelto en perfecto papel de celofán. No se merece más de un 7, a mi entender.

Es una lástima que tantísimo talento, tanto genio, se enrede en sus amaneramientos.

Que su talento innato sin par esté al servicio de una estética huera y amanerada.


Y que esta crítica sea necesariamente impopular. :P

(Pero lean los spoilers antes de votar, sean caballeros)
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602 de 931 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Sabes quién viene a cenar?
¿Sabes quién viene a cenar? (1967)
  • 7.6
    15,978
  • Estados Unidos Stanley Kramer
  • Spencer Tracy, Sidney Poitier, Katharine Hepburn, Katharine Houghton, ...
4
Pasada, sosa, anodina, coyuntural.
Mucha gente la ensalza.

Es verdad: Katharine Hepburn fue una actriz genial; Spencer Tracy tiene gracia siempre.

Pero la película, a día de hoy, está más pasada que un sándwich de cangrejo de hace tres años.

Rancia, anquilosada casi en su época, mal envejecida. Quiere tener mensaje social chupi, y al mismo tiempo hacer reír con ¡esa locura de que un negro se case con una blanca! ¡Repámpanos! ¡Qué tema inmortal! ¿Cómo es que Shakespeare no escribió una comedia con semejante asunto? ¿O Aristófanes?

Nada, nada: humor bobo, rollo social caduco, y totalmente fuera de lugar en nuestros días.

Y si una película no aguanta el paso del tiempo, no hay vuelta de hoja: es mala.

Hace unos días me volví a ver Lo que el viento se llevó, y ahí aguanta fresca como una jodida lechuga. Es un ejemplo de cine que soporta los años: los hay a millares. No es el caso.
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15 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las nieves del Kilimanjaro
Las nieves del Kilimanjaro (2011)
  • 6.9
    4,448
  • Francia Robert Guédiguian
  • Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan, Maryline Canto, ...
4
¡Que te emociones y te rías, coño!
En los telefilmes americanos es frecuente que, durante la primera media hora, se nos muestre la felicidad extrema de un personaje o de una familia; el espectador ya sabe que el arte, aunque sea malo, no se ha inventado para narrar la felicidad (que es una cosa que más bien se vive), e intuye con tino que pronto ocurrirá alguna desgracia. De lo contrario, ¿qué clase de trama sería ésa? Aunque Las nieves del Kilimanjaro intente disfrazarse de película francesa sutil, pequeña, sublime y preciosa, sus procedimientos narrativos son, sin duda, dignos de cualquier mala película: su afán es manipular al espectador de modo burdo, para arrancarle a trompicones algún tipo de empatía.

En la primera escena vemos cómo una empresa portuaria recorta personal para no cerrar. Veinte serán los despedidos a causa del bien común. En vez de analizar a cada empleado, o fijar un criterio de antigüedad, se hace un sorteo. Da lo mismo que uno tenga 62 años y le queden meses para jubilarse; o que alguien padezca una minusvalía; o que haya un inepto entre los empleados: se sortea; y, al que le toque, pues despedido. El protagonista, Michel, que es un sindicalista honesto y bueno, se incluye en el bombo de los posibles despedidos: y le toca. Éste es el absurdo punto de partida, el hecho inverosímil.
A continuación regresa a su casa mirando al infinito, mientras suena una música triste de fondo para que así el espectador –por si acaso está despistado– sepa que hay que ponerse triste. No sabe el pobre Michel cómo decirle a su mujer que está despedido. Pero se lo dice, y añade que quizá fuese de idiotas el haber incluido su nombre. Éste es el momento dramático, tenso, duro, social.
Su mujer le mira, le sonríe, y (como si no hubiera pasado nada), contesta suspirando: “¡Qué duro es vivir con un héroe!”. Éste es el momento tierno, chiquitito, lleno de amor, de humor sano, de ironía sutil y europea, de intimidad y optimismo.

Pues bien: toda la película repite el mismo esquema. Pasa algo inverosímil, se da un momento de tensión dramática, y luego todos son muy buenos, y ríen mucho, y abren una puerta al infinito optimismo. Lo cual resulta, a la larga, increíble e irritante.

En conjunto una película artificial, construida de modo evidente y previsible, que juega sucio para que todos nos emocionemos y riamos por cojones, y que, aunque muchos incautos caigan en su juego, pues para eso está hecho, no es sino una sucesión de diálogos desastrosos, humor simplón, y escenas inverosímiles. Y del final, ni hablamos.

Más ejemplos concretos de por qué la película hace agua, en el spoiler. Y encima en algunos (un lujo) explico por qué el director la cagó con esas escenas.
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92 de 142 usuarios han encontrado esta crítica útil
Furia de titanes 2
Furia de titanes 2 (2012)
  • 4.6
    13,642
  • Estados Unidos Jonathan Liebesman
  • Sam Worthington, Liam Neeson, Ralph Fiennes, Rosamund Pike, ...
2
¡Por todos los dioses! ¡Si es aún peor que la primera!
Hay dos sencillos modos de ver esta película:

1- Empezar a preguntarse si la mitología griega -y su espíritu- está conseguida: si los dioses siguen con su rico juego de ser inmortales y, a veces, infantiles, pero sabios y poderosos; y si los hombres, que padecen y mueren, hacen lo que pueden para caer con extrema dignidad trágica. Si seguimos este camino, querremos viajar a Londres (¡que encima la película es inglesa!); localizaremos a los guionistas, al productor, a los actores, y hasta al currito que calentaba los cafés, y los asesinaremos dolorosamente, uno por uno, sin remisión posible. Esperando que, en el Tártaro, padezcan, para siempre, suplicios iguales o peores que los de Sísifo, Tántalo y Prometeo juntos. Si los amantes de la mitología griega quieren echar espumarajos de rabia, les insto a leer el spoiler. Allí comprenderán las aberraciones que semejante mierda de película comete con cualquier cosa clásica que aquí pueda aparecer.

2- Olvidarse de Grecia, y pensar: "Bueno, vamos a ver la película como si fuera una de aventuras para pasar el rato". No sé si esta opción es casi peor. Porque al menos mientras uno se centra en la mitología, puede olvidarse de la trama de cartón piedra, de los personajes a cual más vacío, hueco y lelo; de las escenas de acción mil y una vez vistas; de la emoción nula; de actuaciones que a veces dan pena de lo patéticas que son (especial mención merece Helios, el hijo del protagonista: no se puede poseer un rostro que cada vez que gesticulas parezcas en medio de un ataque de diarrea. ¡Un poco de cásting, por favor!). De ver lo que ya hemos visto mil millones de veces: épica impostada, CGI para los monstruos, luchas al límite, hostias por doquier, y frases "profundas" de baratillo. Un 300 de clase Z (a alguien habrá que imitar).

En fin, para ahorrarles el tedio supremo a ustedes, y para evitar que malgasten 10 euros, o lo que toque (que hasta gratis perderán hora y media de sus vidas), en esta soberana castaña: escojan el camino que escojan, se van a encontrar ante una película verdaderamente infame, anodina, burda y olvidable en cuanto se pestañea.

(Ya sé que habrá, como de costumbre, quiénes le pongan un 8 y digan que "está muy bien para pasar el rato, yo no le pido más a una película": pues no hagan caso. Mentira. Esa gente sería capaz de "pasar el rato" hasta con Campamento Flipy. Hasta para "pasar el rato" hay niveles).

Vamos al Spoiler, que aún me quedan (pocas, la verdad) fuerzas...
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90 de 115 usuarios han encontrado esta crítica útil
Grupo 7
Grupo 7 (2012)
  • 6.5
    32,850
  • España Alberto Rodríguez
  • Antonio de la Torre, Mario Casas, Joaquín Núñez, José Manuel Poga, ...
6
Muy buen thriller español; pero aquí hay sólo hay chispas, no fuego.
Un grupo de cuatro policías (conocido como "Grupo 7") tiene como misión limpiar las calles de Sevilla de drogas y de gentes de mal vivir, en las vísperas de la Expo 92. Cada cual posee sus cosillas: uno es honesto y buen tío; otro, un tipo violento y amargado; el tercero, un salado sevillano que se las sabe todas; el último, un homófobo que se conoce bien el oficio. Entre los cuatro, merced a unos chanchullos no del todo legales, empiezan a ganarse fama política y policial, cuando empiezan a llegar los problemas...

Lo que podría ser una cosa chusca mal traída, se convierte en un intenso, entretenidísimo y bien resuelto thriller español que da el nivel necesario. Vaya si lo da. Toda la parte policial está rodada con primor (salvo un par de detalles que desvelo en el spoiler); se cuidan las subtramas; la ambientación. Las líneas de diálogo tienen mucha chispa; nunca ve uno el artificio. Incluso en las redadas más jodidas de la peli mantienen todos su salero sevillano, lo cual le da al asunto verdadera vidilla. Las escenas impactan, el argumento nunca se lía o aburre, todo es lógico y está bien traído. En definitiva: una peli de género que sobresale en el panorama español.

Pero no es oro todo lo que reluce. De los cuatros protagonistas, sólo 2 poseen realmente una fuerte interioridad. El homófobo (y fíjense que no de otro modo sé describirlo) es un personaje plano, que está ahí y ya. El casado se enamora de una puta, y ahí se acaba su arco. Casas y De la Torre sí poseen una vida interior, pero nos importa un bledo: lo hemos visto ya mil veces. Uno de ellos padece dificultades en su matrimonio, porque es policía, claro. Imma Cuesta lo hace bien, pero su personaje no va más allá de cuatro escenas y dos actitudes. El otro afronta un drama personal y amoroso que parece metido con calzador. Ni nos emocionan ni nos alteran sus desdichadas cuitas. De ninguno de los dos.

El conjunto resulta, por tanto, frustrante. Su calidad técnica y su seriedad (se toma en serio a sí misma, y le sale bien) triunfan, pero las tramas emocionales no calan en el espectador. Son banales, son estereotipos.

En fin, es de agradecer una sorpresa tan madura como ésta en el cine español, pero no se ha llegado al nivel de cintas recientes como Celda 211. Una pena. Aunque se agradece el muy buen intento. Es cine patrio más que digno.

Lo mejor: evita lo fácil, rebosa talento, y posee un tono solemne que funciona. Lo peor: la parte emocional está ya más que vista, y no emociona.

(Sigue en spoiler hablando sobre los actores y algunos hechos del guión).
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82 de 112 usuarios han encontrado esta crítica útil
Agentes secretos
Agentes secretos (2011)
  • 4.8
    5,812
  • Estados Unidos Steven Soderbergh
  • Gina Carano, Ewan McGregor, Michael Douglas, Channing Tatum, ...
4
Marimacho letal
Pues oyes, que resulta que al Soderbergh le ha dado por hacer una de espías. ¿Querrá abarcar todos los géneros de aquí al 2020? ¿Tendrá algo que contarnos quizá para dentro de diez años?

La trama va de lo siguiente: una tipa bastante inexpresiva, y con cara de bruta, es una gran agente secreta. Reparte leches como panes, y se embarca en peligrosas misiones. De repente, ¡oh sorpresa de sorpresas!, ¡sus jefes la traicionan! Milagrosamente consigue escapar de la emboscada, y, a partir de ese momento, intenta averiguar por quién, cómo, y por qué ha sido traicionada. ¿Les suena? ¿Alguna vez habían escuchado algo semejante?

En fin, que se sucede lo de siempre. Con una estética personal muy marcada (que para algo dirige Soderbergh), con fotografía juguetona (que si ahora una tonalidad azul, que si cálida, que si te pongo unas lucecitas, que si uso un blanco y negro), y con una dirección con ciertas trazas de estilo europeo, se intenta hacer un Bourne femenino bastante vacío, insulso y vulgarote.

Los secundarios son muy buenos, y cumplen. Banderas se mesa mucho la barba y pasea su marcado acento. La protagonista transmite menos feeling que un pelador de patatas, y la trama se reduce a cuatro bobadas puestas la una detrás de otra. Nuestra buena Gina Carano luce palmito mientras pone caras de mala uva, toma la iniciativa en cuestiones sexuales (faltaría más), bebe para olvidar, y -eso sí- no fuma ni un mísero cigarrito.

En fin, se agradece que haya un par de peleas de vez en cuando, pero la película, además de ir de cool, y de pretender tener un estilo, es muy, muy, muy pobre. Y uno la olvida en cuanto sale del servicio tras la proyección.

¡Qué días aquéllos de "sexo, mentiras, y cintas de video"!
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47 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil
Poderes ocultos
Poderes ocultos (2012)
  • 6.1
    26,361
  • España Rodrigo Cortés
  • Cillian Murphy, Sigourney Weaver, Robert De Niro, Elizabeth Olsen, ...
6
Bastante bien, pero por desgracia no brillante.
Prosigue Cortés su andadura americana con este prometedor thriller sobre engaños de magos, parapsicólogos, y demás; que sin embargo (y mucho nos duele) no acaba de convertirse en la gran película que podría haber sido tras ese triunfo que le supuso "Buried". Luces Rojas, a diferencia de "Enterrado", se le va a uno pronto de la cabeza.

En esta película, Murhpy y Weaver son, respectivamente, una profesora muy racionalista, y su más aventajado alumno (un físico); ambos se dedican a descubrir las trampas de quienes dicen poseer poderes sobrenaturales (lucrándose por ello, o engañando a la gente). De repente aparece en escena un deslumbrante, sutil y legendario curandero o ilusionista (De Niro) que ya puso en aprietos a Weaver unos 30 años atrás. De nuevo tendrán que medir sus fuerzas y sus inteligencias entre ellos...

El guión de Cortés es excelente. No recae en ningún tópico, los diálogos están llenos de vida y los personajes resultan siempre creíbles. No se complica más de lo necesario. La dirección se adapta al modo americano; lo cual, en parte, es una ganancia; y, por otro lado, es una pérdida (¿por qué Hollywood vuelve tan "estándar" cualquier dirección, y aniquila la creatividad personal, por qué?). Los actores, en especial una soberbia Weaver (¡que buena actriz es esta mujer!), bordan los papeles. El ritmo no decae nunca, y uno ve la película casi sin pestañear. Y hay que reconocer que ciertas escenas tienen verdadera chispa.

Pero por desgracia el asunto nunca termina de levantar el vuelo. La profundidad no nos atrapa, porque la cosa acaba resultando más superficial de lo que debería. Y el final, aunque muy bien traído, nos hace olvidar los conflictos más emotivos de los personajes con una conclusión a medio camino entre lo espectacular y lo obvio. Cosa que, en parte, echa por tierra mucho de lo logrado anteriormente.

Con todo, como la película no es mala en absoluto, y como hay muchas cosas buenas en ella, esperemos que en la siguiente que dirija sepa canalizar todo lo que tiene que seguir contando, y que lo haga con mejor tino que en esta ocasión. Buen intento "Luces Rojas", pero Cortés puede -y debe- darnos mucho más.

(Sigue en spoiler con variados y verdaderos spoilers: así que cuidado).
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136 de 159 usuarios han encontrado esta crítica útil