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Críticas de Jark Prongo
Críticas ordenadas por:
Documentary Now! (Serie de TV)
Documentary Now! (Serie de TV) (2015)
  • 6.9
    54
  • Estados Unidos Fred Armisen (Creator), Bill Hader (Creator), ...
  • Fred Armisen, Bill Hader, Jeffrey Ashkin, Nathan Barnatt, ...
7
Falso Documental
Una serie que consiste en parodiar famosos documentales y modos de aproximarse al género. Desde los manierismos del periodismo digital de Vice o los controvertidos documentales protesta de Errol Morris a tótems de ahora y siempre tales que la fenomenal Grey Gardens, The War Room o la archiconocida Stop Making Sense del llorado Jonathan Demme.

Todo bien, como no podía ser de otra forma en Bill Hader, Seth Meyers y Fred Armisen, ambos tres procedentes del Saturday Night Life.

Lo excepcional es el episodio Waiting For The Artist. Una joyaza que parodia el The Artist Is Present de Marina Abramovic que es cumbre del humor televisivo, un cénit del género igual sólo con parangón en aquel sublie Paedoggedon de Brass Eye, la sobrada de Chris Morris.

Cate Blanchett hace de Marina Abramovic de forma excepcional: sus tics de persona tarada, sus risas ególatras, sus ataquitos de ira por no dejarle cumplir con su performance de prenderle fuego a un museo y salir corriendo de él... es sensacional cómo se mimetiza Cate con la afamada artista tronada. Y encima la crítica al mundo del arte (ese campamento para jóvenes artistas es descacharrante) y sus contorsionismos argumentativos en el sector de la performance para justificar las mayores aberraciones queda muy próxima a la vista en Exit Through The Gift Show, película también del género mockumental con la que conecta directamente a través de uno de los personajes que aparecen.
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The Shivering Truth (TV) (C)
The Shivering Truth (TV) (C) (2018)
  • 6.7
    30
  • Estados Unidos Vernon Chatman, Cat Solen
  • Animation
3
Jam.
Todo lo de Chris Morris en Jam 18 años después.

Que Adult Swim existe gracias a ese programa es evidente, pero en las piezas buenas cada movida sigue su curso, su senda.

Esto no: es Jam en mal, Jam versión Henry Selick.
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Christine (TV)
Christine (TV) (1987)
  • Reino Unido Alan Clarke
  • Vicky Murdock, Kelly George, Mark Harvey, Joanne Mapp, ...
10
"Drogas, drogas duras; un problema para los jóvenes"
Nadie ha arriesgado lo que Alan Clarke. Nadie. Fue un señor que hizo para la tv británica una serie de películas sobre temas controvertidos y personajes al margen que hay que verse del tirón la caja que editó el British Film Institute sobre él (Dissent And Disruption, The Complete Alan Clarke) para pasar a considerarle el mejor director
británico de la historia. Y encima sin ínfulas de estrella ni pisar a los guionistas ni mierdas de esas: Alan se limitaba a hacer su tarea de la forma que creía era la correcta y ya, a por otra película. Grandes logros suyos fueron To Encourage The Others (sobre la condena a muerte de Derek Bentley, caso famoso en el sistema judicial UK pero que Clarke sacó a colación dos décadas después de darse al ver que caía en el olvido el asunto y con ello las reformas que debían haberse dado), Diane (sobre una chica preñada por su padre), Baal (una rupturista -en lo formal- adaptación de la obra de Brecht con David Bowie haciendo de moderno Marqués de Sade), Penda´s Fen (un locurón que Dennis Potter alabó sin reservas el cual mezcla ángeles, demonios y paganismo con las dudas de un adolescente sobre política y su propia orientación sexual) y la famosa por su prohibición y veto de la BBC Scum, que luego haría también en versión cine. Hasta cuando le salía regular la cosa terminaba molando, pues al musical de snooker y vampiros Billy The Kid And The Green Daize Vampire y a la imposible mezcla entre peli a lo Bicivoladores y drama social anti Tatcher Stars Of The Roller State Disco a arriesgadas es imposible superarlas. En sus memorias póstumas gentes tales que Tim Roth, Gary Oldman y Stephen Frears cuentan que
a puntito estuvo en Estados Unidos de hacer una película escrita para él por Hubert Selby Jr., además de una anécdota maravillosa que en realidad son dos: Alan Clarke tiene el honor de haber sido vetado de por vida tanto de la cafetería de la BBC como de los ascensores del ente. Lo primero por saludar a base de placajes a los directivos aun sin conocerles de nada, y lo segundo por pasarse un día entero haciendo botellón en uno de los ascensores hasta que se terminó montando en él el director general. Hay que quererle.

No obstante es cuando descubre al operador de steadicam John Ward -mientras visita a su amigo Stephen Frears en un rodaje- cuando Alan Clarke aportará una herramienta fundamental al cine naturalista, cuando dejará al resto de cineastas uno de los más grandes y a la vez más sencillos hallazgos narrativos que se hayan conocido jamás. Alan cae en que esa libertad de cámara permite una nueva forma de contextualización de personajes en su entorno, empieza a concebir desde Made In Britain una serie de secuencias que se limitan a seguir trasera y lateralmente a los personajes. Algo hipnótico de ver y que permite arrojar mucha información sin necesidad de verbalizarla ni de usar otras técnicas ni de recurrir al montaje, que ya se sabe que conlleva un sesgo siempre. Ya en The Firm y Road pule la técnica incorporando soliloquios de los personajes dirigiéndose a cámara y largas tomas corales. Todas estas películas de nuevo protagonizadas por skin heads iracundos, part time hooligans y desarrapados alcohólicos a los que nunca, bajo ningún concepto, entrará a juzgar. Con Elephant y Christine alcanzará un ascetismo minimalista que sin tener nada que ver en la forma –en la vida usará un plano detalle Clarke y jamás haría un Plano Labordeta (si se permite traducir así el término original aplicado a la creación de Clarke, Walking Shot) Bresson de haber conocido la steadicam en vida- pero sí en la reducción a sus mínimos elementos el drama, el obviar todo artificio y toda fullasca accesoria e irrelevante. Elephant Harmony Korine se la recomendó a Gus Van Sant vendiéndosela como su película favorita y a Gus le quedó luego de verla la mejor película de instituto de la historia, su homónima a la de Clarke; también fue una peli que Bertrand Bonello alquiló un cine para que la viesen todos los actores de Nocturama para explicarles qué esperaba fuese la primera mitad de su peliculón. Y eso por no hablar de las tomas soplanucas de Clarke, que desde Cuerpo En El Bosque a Tarde Para La Ira es incontable el número de films que las implementan. Sin ellas los hermanos Dardenne no sabrían ni qué hacer.
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Final Deployment 4: Queen Battle Walkthrough (C)
Final Deployment 4: Queen Battle Walkthrough (C) (2018)
  • 6.6
    21
  • Estados Unidos Chris 'Casper' Kelly, Nick Gibbons
  • John Mangan, Angela Marie Williams, Kristina Adler, Daryn Kahn, ...
8
¡Denle like a mi canal!
"Planeamos el golpe. Expondremos las quejas.
Vaya plan si no te puedes fiar ya de las palabras de los profetas
Pero si no pasamos de esta fase beta, propondremos al Programador que suba de nivel y dé vidas extra."

(Las Revistas Científicas Mienten, Sagrado Corazón de Jesús)

Vuelve el artífice de aquella increíble Too Many Cooks que tantísimas cabezas destrozara un par de años atrás. Y si entonces un fotograma aludiera a los ZAZ (Zucker/Abrahams/Zucker, la máxima vanguardia del humor el pasado siglo con la venia de los Monty Python y Chris Morris) aquí vuelve a hacerse: no de una forma velada pero a través de ese nexo que fuera Escher para con la obra de los ZAZ y Chris Kelly.

Me explico.

¿Recuerdas el fotograma de Aterriza Como Puedas en el que Lloyd Bridges aparecía en primer plano mientras varias fotos en el muro proyectaban su imagen a un punto de fuga infinito? Es, de alguna manera, la estructura de matrioshka de Final Deployment 4, además de una configuración diferente pero de concepto muy semejante a las afamadas escaleras del pintor matemático. Todo es conexo y en función de la perspectiva es imposible determinar quién está arriba y quién abajo (en el cuadro) en la misma medida que para cada uno de los gamers existe una disposición semejante: son dioses de simulacros por debajo suya pero a ojos de terceros no dejan de ser un simulacro con una capa por encima.

Esta idea, la del videojuego como simulacro o entorno jerárquico con un dios y unos peleles no es nueva, claro: ya en el videojuego Populous se tanteaba (de forma invertida y muy de base conceptual), y en ExistenZ es donde mejor lucía. Pero a diferencia del magnífico film de Cronenberg, en esencia un homenaje al Philip K Dick base a Baudrillard y demás post-estructuralistas, Chris Kelly no quiere abundar en algo cuasi manido a estas alturas: mete al principio la fenomenal idea de la equivalencia tiempo (escala 1:1, en verdad) entre el simulacro y la realidad y varios chistes realmente graciosos en función de esta relación y ahí lo deja. Porque quiere otra cosa.

Quiere ahondar en cómo afecta al ser humano este nuevo entorno, quiere ir por la senda de Marshall McLuhan. Perfila youtubers con deficiencias afectivas, con bugs funcionales (¿o son evoluciones en la senda que resumiera Videodrome?) y comportamientos que se rigen por esos nuevos entornos que precisan de la inmersividad de un videojuego (el simulacro) y las nuevas psicologías conductuales que generan las redes sociales en base a sus estadísticas de visitas, likes y demás, es decir, cuando el "game thru" de un entorno no necesariamente en red pasa a un nuevo entorno que ya no depende del gamer, sino que es bilateral y presenta diferentes códigos y sistemas consensuados de recompensa y castigo.

Al margen de lo anterior lo mejor es ver Final Deployment 4 y hacer la firma promesa de jugar un poco menos al PC Mus y ayudar más a los desfavorecidos.
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La patria del 'Rata'
La patria del 'Rata' (1980)
  • 5.5
    200
  • España Francisco Lara Polop
  • Danilo Mattei, Julia Martínez, Arturo López, Taida Urruzola, ...
8
La mejor película de todo el Cine Quiqui.
La Patria Del Rata es obra de un magnífico profesional del sacar réditos del modismo que toque, dicho esto desde el máximo respeto a lo lícito de manejarse así en el ámbito que sea. Francisco Lara Polop nunca ha ocultado su faceta exploit ni ha pretendido darle un cariz social o intelectual; se inició guionizando Megatón Yeye, y ya luego
de director dedicó toda su carrera a revestir de profesionalidad el noble ejercicio de ganarse el pan a través de las modas del cine de género, del destape, del cine comprometido, de la parodia bufa y de lo que fuese. Justo venía de realizar una pequeña maravilla, Asalto Al Castillo De La Moncloa; aquella era una joya, en apariencia
mera astracanada al hilo de la transición, que remontaba con la técnica del doblaje (técnica inventada por el gran, enorme Enrique Jardiel Poncela tres décadas antes que Woody Allen y Roger Corman con sus Celuloides Rancios) Los Amantes Del Desierto para insinuar de soslayo -mientras estaba sucediendo la maniobra en cuestión que dicha transición era en realidad una operación teledirigida y supervisada por El Capital, a diferencia de lo que dicen muchos revisionistas naives de ahora sobre que fue un triunfo de ”la valiente ciudadanía” (sic) cada vez que se acercan las elecciones generales y necesitan orientar el voto de cara a determinados intereses. Si ahí el guión de Joaquín Portillo tcc Top daba yemas al oportunismo de la izquierda, qué no hará Manuel Summers en La Patria Del Rata: Don Manuel es una persona difícil de catalogar, pues si bien de primeras parece afín a Blas Piñar o Francisco Marhuenda por sus opiniones sobre la pena de muerte, el aborto y demás objetos de diatribas eternas entre derechas e izquierdas, el buen hombre parece más un anarquista si se le analiza a través de su obra como humorista gráfico para Hermano Lobo o de algunas de las auténticas joyas de las que dispone en su filmografía, donde asoman Juguetes Rotos y Ángeles Gordos.

La Patria Del Rata se inicia con el atraco a un banco. Atraco secuenciado a través de fotos fijas, rollo el hijo de El Dioni pasando un power point en clase sobre lo que hizo su viejo cuando lo del furgón. Última foto y se vuelve a los 24 fotogramas por segundo. El Rata huye en un SEAT por Capitán Haya dirección Chamartín. En la huída apresan a uno de sus compinches y al otro le abaten de un disparo. El Rata se mete por los barrizales de La Ventilla y a consecuencia del cada vez más estrecho cerco sobre él no le queda otra que colarse en una casa para sitiarse allí con un rehén. El rehén es una niña. El Rata tapia puertas y ventanas, informa a la policía sobre que
tiene a la chiquilla y se sienta a recuperar el resuello mientras espera que el dispositivo policial mueva ficha. El espectador también recupera el aliento, pues han sido diez minutos, quizá quince, frenéticos de veras. Lara Polop procede a hacer retrospectiva sobre qué ha llevado al Rata a esa casa, tan lejos del barrio de Villaverde en el cual
reside. El Rata daba algún que otro tirón, pequeños hurtos. De ser el protagonista de Pickpocket pasará a cuasi integrante del Comando Txikia por ponerle jetpacks a dos policías. Se come una condena de las de perpetuidad no revisable. La Ley De Amnistía de 1977 le saca de presidio. Ahí, ya fuera, cuando va dando tumbos de una nueva formación política a otra para que le devuelvan el favor, se ve que lo suyo no fue un asesinato ideológico, sino consecuencia de pasar hambre y tener que hacer encargos a terceros para poder cenar caliente. No es Pío Moa y le dan la espalda en todos lados. El INEM otro festival, su visita a la sucursal de Villaverde se desarrolla sin incidentes igual porque Reincidentes aún no habían sacado su inmortal apología sobre aplicar fuego a las oficinas de semejante infamia. Una chica con la que andaba liado le va ayudando a tirar con pequeños préstamos. Su futuro es el nubarrón que veía Sarah Connor al salir de la gasolinera al final de Terminator. Y, al igual que ella, se niega a que sea de esa manera, le planta cara al determinismo. Sarah conoce qué pasará si gana Skynet porque un emisario del futuro se lo dijo. El Rata no tiene quien le acuda a dar consejos desde la línea temporal venidera porque carece de ella, no existe el futuro para él. Pero sí que dispone de una información igual de valiosa que la que le manda John Connor a su vieja: conoce de primera mano lo peor que le puede pasar, sabe qué es estar recluido entre cuatro paredes. No tiene nada que perder.
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Finisterrae
Finisterrae (2010)
  • 5.5
    482
  • España Sergio Caballero
  • Pau Nubiola, Pavel Lukiyanov, Santi Serra, Yuri Mykhaylychenko
9
Philippe Garrel + Monty Python
Al igual que si a aquel sketch del Flying Circus titulado French Subtitled Film se le hubiesen suprimido las risas enlatadas a un amplio margen de los espectadores (caso de verlo descontextualizado del programa al que pertenecía) les habría costado discernir si era una pieza inédita del Godard de su etapa medio narrativa medio política o una mera parodia por la precisión al detectar tics de forma y fondo y mimetizarlos, cabría hacer el experimento opuesto añadiendo una pista de risas a Finisterrae para demostrar que funciona de idéntica manera a lo referido al principio de esta larguísima frase. Es más, la película de Sergio Caballero deambula todo el rato por un fino alambre sin caer ni del lado de la mofa ni del del cine trascendental, es un ejercicio de funambulismo que acerca el cine a ese espectáculo más próximo al circo y a lo mágico que debiera ser según sus preceptos fundacionales (nunca está de más recordar que George Méliès era mago, al igual que muchos otros pioneros del cine tipo Segundo De Chomón). Finisterrae es una obra atípica en su resultado final pero todavía más en su concepción, pues no existía un guión a seguir, una historia que contar, eso ya se inventaría en la sala de montaje. Aquí prima la imagen de base, algo lógico teniendo en cuenta que Sergio Caballero lleva dos décadas encargándose de todo lo que concierne al apartado visual del Festival Sónar y considerando su vinculación hace ya bastante a Marce·Lí Antúnez, un artista que siempre ha buscado poder plasmar abstracciones en imágenes concretas. La cercanía a la naturaleza está ahí en todo momento, no solo por la presencia de animales, sino también por la de los cuatro elementos –tierra, aire, agua, fuego-; tanto es así que que el nombre de Luis Miñarro aparezca en labores de producción resulta del todo comprensible, pues él anduvo también en idénticas tareas
en otras dos películas casi bucólicas en cuanto a su vínculo con la naturaleza, Honor De Cavalleria de Albert Serra y Tío Boonmee Recuerda Sus Vidas Pasadas, de Apichatpong Weerasethakul. Ésta última con ciertos nexos en su metafísica holística con las pretensiones de los dos protagonistas de Finisterrae.

En Finisterrae no va ni un minuto de metraje y ya estás viendo más un retablo a la Roy Andersson que un encuadre de cine, aquí casi tiene más sentido hablar de retablos pictóricos por segundo que de frames. Dos minutos más y con un caballo y dos fantasmas creados con sendas sábanas del LIDL Sergio ha conseguido dejarte un plano icónico que es probable que perdure más en la memoria del espectador que cualquier solemnidad metafísica de Bergman con la muerte jugando al ajedrez en la playa. Esa secuencia la remata con un comentario sobre la náusea que bien puede que sea la cosa más bufa que se haya visto jamás en una película o la más trascendental, el espectador será quien lo decida. Y al poco una toma nocturna del fantasma al galope en medio de una ciudad -reminiscente de aquella fantástica The Navigator, Una Odisea En El Tiempo de Vincent Ward- de las de quedarse boquiabierto que también queda remachada con la aparición del segundo fantasma derrapando con su silla de ruedas a lo Die Antwoord en Umshini Wam o Daniel Day Lewis en Mi Pie Izquierdo que qué otro director te ha hecho eso alguna vez, que es lo mismo que si en Stalker llegan a La Zona todo serios los protagonistas y allí está Juan y Medio para recibirles con el jamoncito y unos chistes de Manolo de Vega. Y así todo el rato, separando –o igual concediéndole la misma importancia a una cosa y a la otra- lo trascendental y lo chorra. Demostrando que ambas posibilidades no son excluyentes, sino que funcionan cual ying y yang, que depende del espectador conceder qué tiene predominancia de negro y qué de blanco en la sucesión de momentos delirantes. Que son muchos y muy pero que muy buenos, del nivel de Hayao Miyazaki en El Viaje De Chihiro o de las ocurrencias de los dos unicornios malignos de Charlie El Unicornio, destacando por encima de todos ese alcornoque que muestra video arte catalán de los años ochenta y su versión alternativa, una ventana
interdimensional a Jeff Mills soltando el The Bells en una edición del Sónar. Porque aquí la música sí que es esencial, y por ello se escoge de tal manera que Nico y Suicide expliquen con sus canciones en las escenas en las que aparecen la importancia no ya de saber musicar bien en el cine, sino de considerar a las canciones un elemento compositivo de plano y secuencia igual de importante que el encuadre. Y, yendo más lejos, el medio también igual de importante: Sergio hizo el videoclip de Tu Coño Es Mi Droga pensando en los smartphones, y de ahí que se desarrolle en una sorprendente cadencia en vertical.
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Historias verdaderas
Historias verdaderas (1986)
  • 6.8
    109
  • Estados Unidos David Byrne
  • David Byrne, John Goodman, Spalding Gray, Tito Larriva, ...
8
Crespia (The Film, Not The Village)
"It's a beautiful world and a beautiful dream
And you know I don't care if things are not what they seem
Making up stories that you know aren't true
But you know it's all right 'cause I know it too."

Lie To Me (Merengue), David Byrne


¿Es David Byrne un extraterrestre que hace un reporte antropológico a sus superiores de lo que ve en un pequeño pueblecito de Texas por considerarlo representativo del todo USA y, por ende, de todo aquel otro país bajo el influjo cultural de los EEUU? Sea lo que fuere lo que representa True Stories es una película de eso que vino en llamarse "uplifting", es muy difícil no terminar de verla sin quedar contagiado por esa celebración que supone de las extrañezas de la vida. Pero sin trampas ni mierdas. Es un modo de mirar que más que cambiar el objeto y seres sobre los que proyectamos la mirada (algo que iniciase Paul Morrissey y luego continuasen el documentalista Errol Morris, Nick Zedd y en la actualidad Harmony Korine) así como su naturaleza lo que hace el obrar un cambio en el sujeto que mira: le devuelve la facultad de asombrarse ya no como un niño, sino como un ser exógeno y extempóreo al planeta tierra que asiste a una visita guiada. Es como El Libro de los Condenados de Charles Fort solo que recopilando en vez de sucesos no explicables por la ciencia sujetos que se comportan de una manera muy lejana a lo que recogería una hipotética campana de Gauss de comportamientos normales.
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42/83: No Film (C)
42/83: No Film (C) (1983)
  • 3.7
    55
  • Austria Kurt Kren
  • Documentary
7
¿Es cine una pregunta sobre lo que es cine?
7 de Abril de 1983. Kurt Kren estrena 42/83: No Film. Tres segundos de una plancha que muestra el título de la pieza estructuralista y el copyright y anticipan la etapa dorada de las presentaciones en power point. Sólo al final se produce una variación, la que proviene de introducir una interrogación al final de No Film. De idéntica duración
al parpadeo que Chris Marker introdujese en La Jetée su relevancia, medida en cuanto a la batería de preguntas que plantea sobre qué y qué no es cine, debería ser idéntica para el espectador de una y otra.
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Tiempos duros para Drácula
Tiempos duros para Drácula (1976)
  • 4.5
    45
  • España Jorge Darnell
  • José Lifante, Beatriz Savón, Miguel Ligero, María Noel, ...
8
La Vida Privada de Drácula // Virgen A Los 742
En una de las brillantísimas canciones de Hora De Aventuras Marceline (la sexy vampira) justificaba con un certero ”no me juzguéis, tengo mil años y mi código moral se ha quedado anticuado” el que se la tachara de terrible e irracional poco antes en la canción. Ese sucinto resumen de una de las principales claves que rigen el mundo de los vampiros -y que a la vez menos se han tenido en cuenta en las innumerables ficciones que han protagonizado- es en gran medida lo que vertebra Tiempos Duros Para Drácula, una insólita coproducción hispano argentina que resulta extrañísima por cómo se desenvuelve dentro de un terreno ambiguo, pues en apariencia es una comedia a lo Mel Brooks cuando en realidad resulta ser un dramón bastante importante.
De hecho –y pese a las abismales distancias para con la obra maestra de Billy Wilder- tiene más parecido con La Vida Secreta De Sherlock Holmes que con El Jovencito Frankenstein o cualquier otra parodia al uso. Y eso es porque ambas usan el eficaz mecanismo de la desmitificación de un personaje de ficción ya mitificado a través de la exhibición de sus miserias para conseguir con dicha maniobra humanizar a la creación ficticia. Si en la obra de Wilder Watson había de esconderle la droja a Sherlock sólo para terminar dejándole tirar de ella para paliar el duro varapalo emocional que se llevaba al final, aquí lo primero que se oye en todo el film es a Drácula pedir una transfusión de sangre a un desconocido en medio de la noche. Que hace mucha risa, sí, pero que con ese final que se gasta la peli, igual ya menos: el deseo de un excluido por no quedar totalmente al margen de la sociedad contemporánea y los esfuerzos que hace para ello -luchando incluso contra su propia fisiología- terminarán
por llevarle a un manicomio. O lo que es lo mismo, apartado ya del todo y sin posibilidad de levantar dicha exclusión.

Aquí Drácula viene dado en lo físico por José Lifante representando esa imagen ya casi arquetípica del Conde -al menos a finales de los años setenta en Occidente- en la que más que pensar en un grabado de un noble
amanerado de hace siglos la gente ya asocia directamente al sorbeglóbulos con Christopher Lee. Es un Drácula que cuentas sus cosis en retrospectiva en un diván a un psicoanalista, que no falte nunca esa presencia en una película medio argentina. Para entender sus circunstancias no basta sólo plantearse en que en cuatro décadas -o ni siquiera la mitad de tiempo- a cualquiera de vosotros os resultará incomprensible la música que escuchan los jóvenes, intolerables las pintas que llevan e ininteligibles los emojis que se mandan. No. Eso ya lo permitía vislumbrar Bram Stoker en su magnífica novela, si bien en aras de resaltar la paradoja de cuán solitario estaba Drácula pese a las mejoras en las posibilidades de comunicación y transporte. Aquí Jorge Darnell introduce los cambios paradigmáticos en las costumbres y éticas de un siglo tan propicio para ellos como fue el XX, de tal manera que Drácula sufre no sólo la ruptura connatural a ser otro tipo de ente, sino que a ella se le suma la propia a quien pretende integrarse, a quien hace por ser un ciudadano de su tiempo, y con ello no puede conseguir otra cosa que marginarse y alejarse conforme lo intenta. Ya sea porque es de natural patoso o porque cuando vives siglos te es imposible reciclarte y adaptarte de continuo, máxime si estás inmerso en una contemporaneidad en la que las costumbres, la moda y la moral, lejos de mantenerse inamovibles durante décadas, más que variar a menudo parece que algún hijo de puta les aplica la obsolescencia programada a cada instante. Y en esas está Drácula aquí, siempre tarde, siempre mal, siempre haciendo el ridi, siempre cagándose en no poder ni cagarse en su puta sombra, pues ni siquiera la proyecta.
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Héctor, el estigma del miedo
Héctor, el estigma del miedo (1984)
  • 6.3
    22
  • España Carlos Pérez Ferré
  • Ovidi Montllor, Juli Mira, Aldo Sambrell, Andrea Albani, ...
8
Tasio + La Casa De Las Ventanas Que Ríen
”El capital quiere mantener al campesinado en el olvido y en el silencio, pero el campesino quiere ser dueño de su propio destino”.

Esta cita extraída de El Campo Para El Hombre, uno de los documentales-ensayo de la castellano-catalana Helena Lumbreras, bien pudiera resumir no sólo Héctor El Estigma Del Miedo sino que también a una película primo hermana suya, Tasio. Si en la maravilla de Montxo Alméndariz Anastasio era un ejemplo de orgullo y tenacidad en cuanto a seguir a pies juntillas el destino que él mismo se delimitaba al margen de trabajar para terceros y emigrar a la ciudad, si decidía ser un ciudadano libre (al menos en el ámbito que compete a no
depender más que de sí mismo, pues la dura vida campestre tampoco es que permita un holgado margen de decisión) pese a complicarle esto la vida a él y a los suyos más que facilitársela, el film de Carlos Pérez Ferre hace otro tanto de lo mismo durante su primera mitad: se muestra en una línea temporal presente a Héctor negándose a vender su pequeña y humildísima Masía a un terrateniente que ya ha obtenido el sí a la adquisición del resto de tierras e inmuebles de sus convecinos. Se niega a cambiar a mejor su vida en lo económico. Algunos flashbacks le muestran de pequeño aprendiendo a capturar zorros con lazo de alambre y muy apegado a su abuela, la única persona que le da cariño en un entorno difícil que su padre –vía guantada a cada instante y recordándole siempre que puede que gracias a su nacimiento muriera su madre al parirle- se encarga de convertirlo en insufrible.

A las dificultades del día a día en el campo, a las penas del auto-abastecimiento que en ocasiones ni para eso
da, el film no da concesión alguna al atisbo de esperanza, al rayo de sol; no sucede lo que en Tasio, no hay ni partida de pelota ni baile en la feria ni beso de Paulina. Héctor está contrahecho, queda cojo como consecuencia de un palizón de su viejo, es analfabeto sin más sabiduría que la que le sirve para llevarse algo a la boca o cazar un bicho del que vender su piel y encima está sometido por esa concepción mágico/mística de la religión que suele darse en el campo, ese asociar la figura de una cruz a un dios vengativo y toda serie de supersticiones. Cuando en otro flashback parece darse un cambio a mejor, cuando a Héctor y a su padre les contrata el cacique local para hacer un poco de todo en su finca, resulta que la hija del potentado (una espectacular Eulalia Espinet tcc Andrea Albani, la mujer más guapa del cine nacional junto a Soledad Miranda) pilla a Héctor en las cuadras follándose a una oveja y, en un plot twist inesperado, lejos de escandalizarse, aquello a la muchacha le excita y procede a decirle a la cabra ”yeeeeee, chatijuera, quita tú pa ponerme yo”. Una escena que además de ultramorbosa no tiene piedad para con lo que siempre ha sido algo muy comentado de la vida sexual en los pueblos y que así se encarga de mostrarlo sin rodeos, omisiones ni elipsis. Ni mucho menos entra a juzgarlo: sucede, sin más.
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Me va a encantar el siglo XXI (C)
Me va a encantar el siglo XXI (C) (2014)
  • 5.2
    41
  • España Macarena Fajardo, Santiago Monroy, ...
  • Macarena Fajardo, Santiago Monroy, Miguel Monroy, Cristina García
8
Novísimo cine español.
A principios de Mayo de 2014 apareció una cuenta en YouTube conteniendo tres vídeos con otras tantas piezas de idéntica duración y título. En la explicación de cada uno de ellos se instaba a votar por cada usuario de tal manera que lo elegido se correspondiese con la pieza que, una vez siendo la ganadora ya contabilizados los votos, fuese la única que sobreviviese del tríptico original. Las demás serían eliminadas de la cuenta y de los soportes donde se encontraban almacenadas al cabo de un mes de publicadas. El director (los directores, en
realidad) confirió un papel activo al espectador en el resultado final de la obra; aun siendo un método con carencias (al igual que todo sistema fundamentado en las votaciones) suponía trasladar cierta responsabilidad a quien nunca se cansa se exigir eso mismo a películas y directores pero nunca tiene que responder de forma recíproca, que es aquel que se encuentra al otro lado de la obra.

Habrá quien diga que no deja de ser algo similar a un concurso de cortos al uso o a aquellos pases que se hacían antaño antes del estreno de una película para anticipar respuestas y modificar lo que se pudiera antes del batacazo comercial, pero claro, sucede que quien afirme eso ya no podrá ver las otras dos “Me va a encantar el siglo XXI” que quedaron por el camino. Todas son películas suicidas en la medida que por cada opción de ser la elegida tenían dos de ser vetadas. Las que se fueron eran las más radicales: una de ellas alternaba tomas borrosas -grabadas en una VCR con saltos de imagen- que parecían la glorificación de lo sórdido, algo muy semejante a lo cultivado por los reyes de este tipo de vídeos en “Skullcrush”, la banda Salem. La otra lo mismo
solo que a través de metraje ya existente, a través del sampleado de imágenes y secuencias: entre la inmensa cantidad de barbaridades mostradas (sólo dimos reconocido el suicidio en directo en estudio de Christine Chubbuck y el casero de Ricardo López, el acosador de Björk), el montaje usado y el tono abrasador elegido por acompañamiento musical raro fue que aguantase un mes el vídeo colgado en youtube. La que ganó contiene
pequeños insertos de sus dos mellizas, al igual que ellas también hicieron lo propio con la primera. Queda un remanente de su existencia de la misma forma que quien pierde a un hermano o hermana, salvo Alzheimer, se acuerda.

Los dieciocho minutos de “Me va a encantar el siglo XXI”, además de servirle a Vicente Monroy (uno de los tres directores) para que Gonzalo García Pelayo le confiase la tarea de ayudante de dirección en “Niñas” y “Copla”, dejan muchas cosas encomiables. La primera sería la ya comentada en el párrafo anterior. La segunda es la clara noción de que, por mucho que se hable gracias a Internet y las nuevas vías de distribución que suprimen intermediarios, ni de lejos esto implica que dejará de existir un cine invisible (en su doble acepción de cine arriesgado y no visto); más bien todo lo contrario, pues si no se hace un trato mercantil con Filmin o Netflix la
posibilidad de que se sepa de una película alojada en youtube o vimeo entre los millones de vídeos que hay hacen irrisoria la casualidad de dar con ella si no cuenta con los palmeros de rigor aka la crítica española, ya sea la inamovible de la sección impresa del periódico de rigor o la pujante del nuevo sitio web especializado en hablar de lo de sus colegas y ya. La tercera consiste en que no se considera el stándard de duración en torno a noventa minutos para catalogar el artefacto visual de película, algo que debería ser así desde que unos obreros salieron
de una fábrica en Lyon hace algo más de un siglo: condicionar el audiovisual a tal o cual metraje para obtener según que categoría se entiende que de cara a catalogar y etiquetar resulta útil, pero fuera de eso es hasta contra producente para el medio. Y lo último, que conglomera varias cosas, tiene que ver con cómo ha cambiado el hecho de ver las películas en ordenadores diversos aspectos y cuán distintos serán los espectadores futuros que no precisen saber ni qué es una sala de cine. Cambios de paradigma y blablablao.
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La danza de la muerte
La danza de la muerte (2016)
  • España Gustavo García Sierra
  • Gabriel Cuevas, Mireya Díaz, Natxo Molinero, Pilar Serrano, ...
6
La muerte, de Erasmus.
"Things will be different
From now on."

The Pest, The Devastations

Muy interesante película de debut este film de Gustavo García Sierra. Algo así como una mezcla entre La Muerte De Vacaciones y Under The Skin aprovechando para hacer parada y fonda en diversos homenajes a los clásicos de la Universal y la RKO.

Aquí Zacarías es un becario de la muerte que cumple con rigor y eficiencia mecánica la que es su labor en el mundo de los vivos: dar matarile a quienes ha de dárselo por encomendación de sus instancias superiores. Un chico eficaz que vive para matar. Sin disfrute e igual sin tener muy claro el por qué de ello, pero así son las cosas. En esas que una más de tantas de quienes pasan por sus frías manos resulta ser una chica de la que se enamora. Una chica, todo sea dicho, que le lleva a descubrir una serie de nuevas sensaciones hasta entonces ajenas a su espectro de sentimientos posibles. Y mientras empatiza con los humanos nosotros lo vamos haciendo en paralelo con él: la chamaca de la que se pilla es normal y corriente, tirando a indie, aficionada a los festivales veraniegos y del Orcasitas. Asistimos a la toma de contacto de un ser posiblemente ajeno a este mundo con una serie de sensaciones que son de lo más corriente y moliente en el ámbito de lo humano.
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3 anuncios por un crimen
3 anuncios por un crimen (2017)
  • 7.6
    42,022
  • Reino Unido Martin McDonagh
  • Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, John Hawkes, ...
7
Madre Coraje.
“Y me hablan, me piden
que les deje salir de allí
para poder vengarse
del que les hizo morir”

Sala Iberia, Primogénito López

La nueva película de Martin McDonagh es un western disfrazado de rape & revenge en el que una madre coraje (cuya hija ha sido violada y asesinada) pone patas arriba todo un pueblo en lo que ella considera es una búsqueda de justicia habida cuenta que la policía parece ser igual de inoperante que incompetente. En las dos horas que dura va modulando las percepciones que pudiésemos tener de los personajes en base a la información que suministra de ellos, terminando por llevar del extremo más polarizado posible las impresiones iniciales (ella, heroína sin posible discusión; las fuerzas vivas, mierda seca en remojo) a unos baremos más cercanos al gris, a lo real: son gente todos, sin excepción, cuyo sufrimiento les lleva a las cotas más rastreras en comportamiento y prejuicios pero que también sabe encontrar su acción redentora.

El efecto bola de nieve de los tres cartelitos de marras ocasiona en la comarca una serie de consecuencias que raro es el vecino que no se ve inmiscuído en ellas conforme las consecuencias de la acción inicial adquieren una inercia imparable. El suicidio del Sheriff (excelsa interpretación de Woody Harrelson) parte la película en dos de forma inesperada, dando además una nota de suicidio dirigida a Frances McNormand con una retranca que ni que fuese de Toldaos o A Coruña Woody. Y a partir de ahí un sinfreno de tragedias y explosiones y agresiones que sólo se frenarán conforme empiece a aparecer la figura del perdón como mediadora de la paz social entre todos, dejando la película con un final abierto que le queda la mar de majo.
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3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
La maldita primavera
La maldita primavera (2017)
  • 4.6
    88
  • España Marc Ferrer
  • Óscar Huerta, Sònia Montoya, Beatriz Escribano, Adrià Arbona, ...
7
Cine Pop Yeyé Redux
“vivan los bares de copas,
las canciones tontas,
la primavera y el amor”

(Beti Jai, Los Lagos de Hinault)

Tras su debut con la infame Nos Parecía Importante Marc Ferrer no desiste en esto de hacer cine de dos pesetas pero esta vez con excelentes resultados. La Maldita Primavera es el cruce imposible entre el cine pop ibérico de los 60 con Micky y Los Tonys, Los Bravos, Juan Pardo y demás (aquellas Megaton Yeyé, Dame Un Poquito de Amor, A 45 RPM y demás joyas psicodélicas surgidas para explotar el cine pop de Richard Lester con los Beatles) y la etapa urbana del Robert Bresson ya en colorines (es increíble el grado de parecido que presenta todo el tramo final -con esas secuencias en calles de Barcelona donde el sonido de cláxons y murmullos es omnipresente- con ciertas tomas de Cuatro Noches de Un Soñador, Una Mujer Dulce y El Dinero), con agradecidos momentos mamarrachos que parecen venir de los dislates de La Escuela De Barcelona y sus películas más cuchufleras y de ambiente comiquero. Fata Morgana, vaya.

La secuencia que da inicio al film es toda una declaración de intenciones: casi un videoclip de la banda Papá Topo, el uso del color recuerda en su agresividad tonal y de contrastes al Almodóvar imitador de Antonioni, solo que sin tener los medios de aquellos, con una planificación de andar por casa, muy DIY. Luego hay metacine tontorrón y muchas subtramas de amores hetero y homosexuales que se ríen de Rohmer (y por ende del anormal de Jonás Trueba) y sacan un paraguas a pleno sol fingiendo que llueve y ahí la incredulidad no se suspende, cosa que si ocurre al plantearse al final de la película cómo siendo que todos los personajes sabían fecha y hora del concierto de la banda terrorista Papá Topo nadie dio parte a las fuerzas de seguridad del estado para que allá se personasen y les detuviesen, pero bueno, por lo demás genial. Y Mónica del Raval a su puta bola, qué jefaza esa señora.

Pues eso, que muy bien, para ver en programa doble con Me Va A Encantar El Siglo XXI. Viva el cine pop. Viva el cine subnormal. Viva Yuri.
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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
El patrullero
El patrullero (1991)
  • 6.8
    121
  • México Alex Cox
  • Roberto Sosa, Bruno Bichir, Pedro Armendáriz Jr., Vanessa Bauche, ...
8
Apatrullando la ciudad.
"THIS (extrayendo Repo Man de un estante del almacén de Criterion). Alex Cox. We all miss you. Please make more movies. Make more movies. We miss you."

Nicholas Winding Refn.

Muy lejos de la redención de la posterior Teniente Corrupto de Abel "Capillitas" Ferrara así como otras semejantes películas con un modelo de expiación de culpas que bebe de la fenomenal Pickpocket de Robert Bresson (esto es, personajes de vida disoluta con un día a día execrable moralmente que en un tercer acto expurgan su pasado con un último acto redentor, personajes tipo el Travis de Taxi Driver o el Ernest de God´s Lonely Man) Alex Cox logra con El Patrullero una obra mucho más interesante en el fondo y en la forma que la famosísima mierdaza de Ferrara. En el fondo porque aquí no se moraliza ni mucho menos la religión comporta una vía de salvación, una senda recta que permite redenciones in extremis: en esta película lo que mandan son las circunstancias, y la amoralidad más que una elección es una fuerza física con mayor empuje que la gravedad a la hora de acercar a los protagonistas a las acciones a las que se aproximan por aquello de ser más pobres que las ratas y carecer de otra opción. Y en la forma por la sencilla razón que se filma todo en un entorno fronterizo y yermo a plena solana cueceaxilas, nada que ver con el marco habitual de este tipo de historias: las zonas más putrefactas y sórdidas de las grandes ciudades, por lo general de noche.

Pedro Rojas es un pobre diablo igual de insignificante a la hora de saber imponer su voluntad que tenaz en su vocación de convertirse en policía. Lo logra, sí, pero su estampa al verle patrullar y ser toreado una vez tras otra recuerda casi más a Cantinflas a esa máquina de poner sanciones administrativas que le dicen desde instancias superiores ha de ser. Un hombre enjuto, nimio, apocado. Un tío que la primera mordida que se lleva es más por dejadez y no saber interrumpir a su interlocutor que por predisposición a los ingresos en B para redondear su nómina. Un pobre diablo que termina cojo, suspendido de empleo y sueldo un mes y con dos familias que alimentar. En cuanto a lo apocado de su persona es flipante la escena en la que primero se mama en un puticlub (que juraría es el mismo que el que sale en la excepcional Río Abajo de Jose Luis Borau, otro peliculón con aspectos similares en cuanto a lo de las corruptelas e inmigraciones ilegales), ha de ser la puta quien le arrastre escaleras arriba de cara a yacer y, ya en el desenlace de la secuencia (sin aclararse si follaron siquiera, que no sería extraño descartar la señorita le dejó durmiendo y le cobró la faena sin haberse dado tal), llegar borracho a casa con su suegro roncando que tiembla la casa, verle su mujer y correrle a leches y pescozones en un espectacular plano secuencia por toda la casa hasta que el otro le enseña el dinero de la mordida, que ahí ya su señora se calma. Una secuencia que no sabes si es drama o comedia porque tiene lo mismico de Cassavettes que de Benny Hill.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interruption
Interruption (2015)
  • Grecia Yorgos Zois
  • Alexandros Vardaxoglou, Maria Kallimani, Alexia Kaltsiki, Christos Stergioglou, ...
8
Deus Ex Machina.
"Have you considered the way people might react to all the things that your characters say?
And are their actions hand in hand with what you want to portray?"

Storytelling, Belle & Sebastian

Un teatro neo-minimalista en medio de una ciudad. Se representa Orestes de Yung Eurípides solo que desde un prisma que mezcla teatro con performance e instalación vanguardista. Hasta las trancas de público, que ya se puede aventurar con poco márgen de error a que estrato sociocultural pertenece y cuantas liquidaciones de IBI distintas ha de hacer al año: sociedad pudiente y con estudios de posgrado, vaya. Los actores hacen cucamonas a la manera de Marina Abramovic tirando un jadouken, declaman como si viviesen en un anuncio de perfume francés. Se meten en el interior de una jaula de cristal trasnslúcida. Unos desconocidos irrumpen en la obra y dejan encerrados a los anteriores actores en la jaula. Uno de ellos asume el control de la narrativa desde el cuadro de mandos de la escenografía. Va instando a elementos del público a que se unan a la obra y a que hablen de ellos. Se vuelven a asignar los papeles de Orestes. Se vuelve a representar. Los de interior de la jaula flipan, pero el público sigue sin inmutarse. Varios planos fijos muestran la sala de control y varias estancias del teatro: parece cosa de la tranquilidad que parecía regir el Nakatomi Plaza de Jungla De Cristal desde fuera de tan bien que tomaban Alan Rickman y los suyos el edificio y a sus rehénes; de hecho misma educación y maneras mostraba Hans Gruber en su faceta de secuestrador de alta cultura que el presunto jefe de El Coro aquí, que así se hace llamar ¿la banda terrorista? ¿el grupo de teatro experimental? que toma la función sin reivindicar nada. Se sientas todos a debatir qué vuelta de tuerca u opciones presentaría hoy día el mito de Orestes: unos dicen que matar jamás, otros opinan que los mitos son sagrados y tal como nos vienen dados han de permanecer, el niño se saca un moco y se lo da a probar a su madre, La Fura del Baus ríe.
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El grito en el cielo
El grito en el cielo (1998)
  • 4.0
    562
  • España Félix Sabroso, Dunia Ayaso
  • Maria Conchita Alonso, Loles León, María Adánez, Pepón Nieto, ...
7
Network, Un Talent Show Implacable
"Now she is a popstar / With her own TV show
Tells them all her stories / And hopes they'll never know"

Talulah Gosh!, Talulah Gosh

Luego en los dos miles vendría el No Somos Nadie de Jordi Mollá y con anterioridad se dio aquella joya del Cine Invisible que fuera El Elegido, pero lo cierto es que la década en la que mejores películas se han hecho en España criticando la telebasura y todo lo que había tras ella fue la de los noventa. Cuatro películas clave hay en dicha década:

1- Kika: obviamente esta es la más conocida por ser obra de Almodóvar, si bien todavía sigue funcionando de maravilla y aún hay quien -en pleno 2017- aboga por la quema de los negativos a causa de la extrañísima violación que se muestra en el film.

2- La Pistola de MI Hermano: quizá la segunda más famosa por el boom Ray Loriga. Una fantástica película, no muy lejana del Buffalo 66 de Vincent Gallo, infravalorada a todas luces. En ella la crítica igual no era tan chabacana e hiperbólica, su pulla a los medios parecía velado por dedicarse en vez de a los programas chocarreros de intimidades ajenas en platós saturados de colores pastel (Douglas Sirk), es decir, al rollo Tele 5, iban más contra los que con el pábulo de llamarse Informe Semanal revestían de rigor idéntico interés y explotación por el morbo.

3 - Mamá Es Boba: ya todos sabemos que Santiago Lorenzo escribe que te cagas, ¿verdad? Bueno, pues también hace películas igual mejores que algunas de sus mejores ideas publicadas en formato escrito. Vedla sin saber nada, por el amor de Dios: igual junto a Animia de Cariño y Cuerpo En El Bosque la mejor película española noventera.
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Hogar
Hogar (2016)
  • 6.5
    162
  • Bélgica Fien Troch
  • Sebastian Van Dun, Loïc Bellemans, Karlijn Sileghem, Mistral Guidotti, ...
8
What if The O.C. were directed by the Dardenne brothers?
"'Cause we're young and insane
And we're running away for the summer
We're deprived and depraved
And we won't get away with it, young and insane."

Young And Insane, The Magnetic Fields

Cuarto peliculón consecutivo de la belgo-flamenca Fien Troch, que apunta ya no a encabezar listas de las mejores directoras en activo, sino a figurar en el Top 5 de un hipotético listado que no haga distinciiones entre mujeres y hombres. Y aquí la sensación es que su naruralismo viene precedido por un "¿Y si adapto un formato tipo la serie de adolescentes The Orange County a una extemporaneidad lejana a la burbuja en la que vivían Ryan y el pijazo chistoso? ¿Y si hago un Compañeros naturalista qué queda?". Y con todo su papo lo ha hecho, qué tía. Una película que es prima hermana del Hermosa Juventud de Jaime Rosales (en el uso de medios de filmación ajenos a la cinematografía estandarizada, esto es, la incorporación justificada de grabaciones con el móvil) en lo formal pero, muy especialmente, en lo que postula: un reparto simétrico de culpas en el estado de las cosas. Aquí Fien Troch enfrenta generaciones, a padres e hijos, y se niega a colegir joven equivale a bueno y adulto a malo o viceversa, abandona ese maniqueísmo. Los unos y los otros son tan capaces de lo mejor como de lo peor, y al no sincronizar nunca esfuerzos conjuntos (por los factores que sean) tendrán unas fricciones que derivarán en las sempiternas broncas y berrinches.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Brass Eye (Serie de TV)
Brass Eye (Serie de TV) (1997)
  • 7.7
    73
  • Reino Unido Chris Morris (Creator), Michael Cumming, ...
  • Chris Morris, Mark Heap, Kevin Eldon, Doon Mackichan, ...
8
Grade Is A Cunt.
Hace 20 años que se emitió el primer episodio de Brass Eye. Es curioso verificar que los estándares y clichés de los informativos que satirizaba Chris Morris, cuando eran desde la hipérbole pura, se han convertido ahora en el patrón que rige el formato. Bueno, más que curioso es lamentable, la verdad. La frase hecha de índole subnormal, las licencias poéticas de carácter retrasado, la gesticulación de sordomudo al dirigirse a la audiencia, los gráficos con variables de fantasía, el hablar de lo que no se entiende ni se constata con nada a la manera de un hecho irrefutable, los saltos aleatorios de temáticas chungas a otras frívolas, los espacios publicitarios para famosos con la salvaguarda de la caridad o la condena y demonización de drogas o el amarillismo que toque... todo, absolutamente todo, figura en Brass Eye. Hizo que se cambiaran las normas que decían qué y qué no se podía emitir en TV, en este caso las entrevistas a famosos a colación de un tema inventado que cualquier persona con dos dedos de frente y no ansiosa por autopublicitarse a santo de lo que fuera en la tele sabría torear, de tal manera que el código censor de UK incluyó la cláusula Brass Eye entre sus disposiciones para dar pábulo a que todo aquel anormal que quisiese hacer gala de su subnormalidad pudiese hacerlo al margen de ser un miembro del parlamento, Britt Eckland o quien fuese.
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Nocturama
Nocturama (2016)
  • 6.3
    908
  • Francia Bertrand Bonello
  • Finnegan Oldfield, Martin Petit-Guyot, Vincent Rottiers, Jamil McCraven, ...
8
Neo Violence.
”No no need for a baseball bat
Don’t need no knife for a sharp attack
No excuses no looking back
We think too much about the things we lack”.

Neo Violence, The Tough Alliance

Nocturama es la actualización a hoy día de La Tercera Generación. No es difícil ver en la pareja protagonista un remedo de Andreas Baader y Ulrike Meinhof, ambos los más idealistas. El asesinato de Jurgen ponto tiene aquí su eco en el de otro banquero en su piso por el equivalente a La Segunda Generación de las Baader Meinhof. También tiene sus peculiaridades: la célula que forman los chavales de la obra de Bonello casi más que atentados – por el cómputo de víctimas- lo que hacen es vandalismo de alto standing, atacando pilares institucionales (el Ministerio de Fomento), empresariales y financieros (el rascacielos, a lo El Club De La Lucha, y el banquero) y culturales (timbran a casa de Alizee y se marchan sin responderla nada). También prenden fuego a la efigie de Juana de Arco, algo que hay que poner en línea con aquel episodio de Los Simpsons y Jimbo, Kearney y Nelson negándole el saludo a Bart por haber degollado la estatua de Jebediah Springfield, algo de veras imperdonable, cosa que luego la masa enfurecida del pueblo se encargará de recalcar antorcha en mano. En Nocturama la banda de delincuentes ocasionan cierto número de muertes, si bien esta no era su intención de base. No tienen unas reivindicaciones claras y a buen seguro tampoco muy claro qué pretenden, pese a que a la hora de ejecutarlo funcionen sincronizados que ni un reloj suizo. Se dan ciertas pinceladas a la procedencia economico-social de algunos de ellos y a los anhelos de otros, siendo, cómo no, el pijazo cuyo padre es amic de un ministro el que más siente la opresión del pueblo chileno en los setenta pese a ser el francés al que le faltaban dos décadas para nacer, un clásico siempre. Lo que sí las consecuencias, en línea con La Tercera Generación y lo que sucede siempre en la vida real: cuatro pobres diablos que tuvieron la mala suerte de estar donde no debían a la hora que tampoco muertos, y la segura garantía de que la represión se fortalecerá en la misma medida que los derechos civiles se supriman. Porque si con Andreas y Ulrike al menos se tomaron la molestia de montar un juicio pantomima mientras apañaban sus muertes ahora ya no, ahora se te liquida en el acto bajo la premisa de posible pertenencia a Isis o lo que toque.
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15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil