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Críticas de Antonio Morales
Críticas ordenadas por:
Noche de verano
Noche de verano (1962)
  • 5.9
    161
  • España Jorge Grau
  • Francisco Rabal, María Cuadra, Umberto Orsini, Marisa Solinas, ...
6
Las verbenas de San Juan
Radiografías matrimoniales en la sociedad industrial barcelonesa, la clase burguesa con sus problemas de comunicación, frustraciones personales y extra matrimoniales en busca del amor, el ambiente festivo y hedonista entre verbenas con su baile de farolillos en el que debería sonar el vals de las velas y suena una cosa parecida al jazz. Una interesante película demasiado atrevida para la época dentro del nuevo cine español. Un paseo por la Barcelona nocturna de petardos y hogueras en las noches del solsticio de verano. Film de grandes influencias del cine italiano acerca de la pareja, el aburrimiento y la vacuidad de las relaciones sociales de finales de los cincuenta.

Ópera prima de Jorge Grau, un inquieto cineasta catalán que había estudiado cine en la Italia de aquel periodo influenciado por cineastas como Antonioni y Fellini, o sea nada que ver con el drama del neorrealismo de Rossellini o Visconti. Film financiado en parte por el Opus que no gustó a la parroquia y que la censura la masacró sin piedad, hoy día felizmente restaurada por la Filmoteca Nacional. Buenos actores donde destaca el apuesto Paco Rabal y el famoso Gian María Volonté, entre las tres parejas de jóvenes, y donde su trama no termina de cuajar, seguramente por la falta de experiencia de su director. La marcha nupcial de Mendelshon sirve de elipsis para hacer transcurrir ese año entre verbenas de San Juan. Una forma atractiva de disfrutar de la Barcelona urbana de los sesenta con sus ramblas y su fuente de canaletas. Interesante como documento histórico.

En la hora del adiós como escribidor en esta web sobre cine, me despido de los que me leyeron y animaron, también de los que me ignoraron, de mis amigos y conocidos, con agradecimiento y sin acritud. Invadido por el hastío que me produce la intolerancia, el sectarismo ideológico, el postureo hipócrita, el cinismo y la mezquindad. La vida está llena de etapas y experiencias, así es como lo entiendo yo, para mí acabó este periodo de reflexionar sobre el cine como enriquecimiento cultural en este foro de ideas y de forma altruista, siempre con la mejor predisposición. Al no sentirme motivado prefiero dedicar mi tiempo a otros menesteres más provechosos y gratificantes. En la actualidad, el discurso sobre el cine y su consideración artística ha cambiado considerablemente, se ha banalizado derivando hacia el infantilismo y la pirotecnia que ha calado en esta web, convirtiéndose en un mantra excluyente que sólo soportan los cinéfilos pusilánimes y llorones. Fue bonito mientras duró, ahora lo mejor es dejar paso a otros que aporten nuevas reflexiones e ideas acerca de este maravilloso arte. Gracias a todos y hasta siempre.
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19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alien: Covenant
Alien: Covenant (2017)
  • 5.6
    22,878
  • Estados Unidos Ridley Scott
  • Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Demian Bichir, ...
2
Coherencia e impostura
Respeto a quienes les guste esta película y otras secuelas por el estilo que según mis informaciones, por sus características sólo me merece la más absoluta indiferencia. Ni siquiera tendría que puntuarla, pero es obligado para poder publicar esta reseña que no va dedicada al film, mucho menos a sus admiradores, quién soy yo para negarles lo que aprecian y disfrutan. Ni la he visto ni la veré, porque detesto este tipo de cine. Mi comentario va dedicado a los que no predican con el ejemplo, a los funambulistas de la palabra redentora del buen arte que pretenden reconducirnos por el buen camino, lamentándose de un determinado tipo de cine comercial al que nadie les ha pedido que condenen por existir.

No deja de resultar curioso que tanto crítico avezado en la retórica vacua, se escandalice ante tanta secuela de éxitos y sagas populares consolidadas que no aportan nada excepto grandes beneficios para sus productores. Es el caso de “Alien: Covenant”, que al parecer ha escocido mucho en el “sanedrín” intelectual de esta web, pero que no son coherentes con lo que predican. Se rasgan las vestiduras ante tanta basura infecta asistiendo religiosamente a la proyección de este tipo de productos quejándose de tales despropósitos, cuando ellos mismos colaboran (quiero pensar que) inconscientemente dedicándole tiempo y espacio a criticar lo que es obvio y demencial. Se flagelan con soflamas demagógicas, utilizan el discurso pedante sobre el arte cinematográfico como si necesitaran una urgente justificación ante alguien o, lo que es peor, ante ellos mismos para autoconvencerse.

Algo innecesario cuando lo más coherente sería ignorar este tipo de engendros y no darle pábulo. Por lo que a mi respecta, no voy a decir nada sobre esta secuela, inane como tantas otras, simplemente me produce indiferencia, ni quiero verla ni voy a escribir nada a favor ni en contra, eso es ser coherente con lo que pienso y no posicionarme en la impostura de predicar desde el púlpito de la sabiduría en busca del aplauso del converso o el agravio al creyente en este tipo de producciones que todos sabemos cual es su propósito y no pretenden nada más que distraer a su manera a la parroquia que se deja embelesar. Mis palabras no pretenden ofender, mucho menos menospreciar ninguna opinión, pero sí manifestar mi posición ante semejante brindis al sol que algunos suelen perpetrar.
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10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mapa a las estrellas
Mapa a las estrellas (2014)
  • 6.0
    7,891
  • Canadá David Cronenberg
  • Julianne Moore, Mia Wasikowska, Robert Pattinson, John Cusack, ...
6
Una sátira de Hollywood
Si al cineasta David Cronenberg siempre se le asoció con un cine muy personal cercano al fantástico, el terror, lo oscuro y sórdido (títulos significativos le avalan), no es menos cierto que últimamente exploró con especial sutileza el thriller (“Una historia de violencia” y “Promesas del Este”), aquí cambia de registro con un lacerante retrato del mundo del cine, aunque mantiene las constantes de su estilo: explorar la naturaleza humana, desde aspectos nada convencionales y mostrando los instintos más bajos y menos conocidos de unos personajes poco recomendables y nada lúcidos.

Una mirada ácida y despiadada que se aleja de los convencionales mecanismos de funcionamiento de la fama y el poder alrededor del cine, para centrarse en unos personajes estrafalarios que participan en una historia dislocada ofreciendo una visión bizarra, estrambótica y actual. En su trama se entrecruzan personajes y actitudes explosivas: la joven y misteriosa Agatha (Mía Wasikowska) que llega a Los Ángeles y es recogida por un apuesto conductor de una limosina (Robert Pattinson), al que hay que añadir una estrella infantil, Benjie, un adolescente caprichoso y déspota, sus padres, un gurú de las terapias (John Cusack) y la manager del chaval (Olivia Williams); y, sobre todo, la enloquecida actriz Havana Segrand, que lleva mal su entrada en la madurez, teme ser olvidada y está a punto de perder los papeles, en todos los sentidos, una Julianne Moore asombrosa, superándose en cada trabajo.

La madura pelirroja tiene un puñado de escenas sublimes, que salvan en gran parte la monotonía del film. Encarna de manera soberbia a una mujer patética, desquiciada y a la vez cargada de humanidad que toma como empleada a la joven recién llegada a la ciudad. Dentro de su rocambolesca trama planean temas escabrosos como el incesto, los conflictos y traumas familiares, los secretos del pasado, el hecho de que Havana vaya a interpretar el papel que hizo su madre en una nueva versión de un antiguo film, lo que le produce inseguridad y agobio. Todo ello se articula de forma entrecruzada donde todo es interdependiente con efectos colaterales. El cineasta se esmera en mostrarnos el autodestructivo comportamiento de sus personajes, el comportamiento malsanos de unos seres rodeados de lujo en las soleadas y espléndidas casas lujosas californianas. Cornenberg se sigue reinventando con un film chocante, atrevido y provocador.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tierra y esperanza
Tierra y esperanza (1952)
  • 7.6
    7,478
  • Estados Unidos Anthony Mann
  • James Stewart, Arthur Kennedy, Rock Hudson, Julia Adams, ...
8
Porque un hombre no es una manzana…
Y es que siempre se afirma que una manzana podrida hace que se pudra el resto de las manzanas sanas del cesto, pues suele ocurrir con las frutas como afirma unos de los personajes, aunque no siempre con el hombre, porque suele haber una segunda oportunidad para la redención. Los dos personajes principales del film son Glyn (James Stewart), al que no le gustan las ejecuciones y esconde la cicatriz de una soga en su cuello, y Cole (Arthur Kennedy); un hombre que quiere cambiar y olvidar su pasado, que sabe que puede hacerlo, y otro que, aunque a veces parece que lo desea, no puede ni cambiar ni olvidar. El primero vive obsesionado con la idea de ese olvido, el segundo no hace sino confirmar en cada plano su espíritu errabundo, fronterizo: “es mejor seguir a una estrella que un hombre con una estrella te siga a ti”. Con dos frases bastan para definirse cada uno a sí mismo y entre ambos se sitúa la parábola de la manzana que abre mi reseña.

Existe un cierto fatalismo en las relaciones y opiniones de los personajes, que la presencia de la bella Laura (la morena Julia Adams) no consigue diluir. Todos ellos integrados en una caravana de colonos que guía Glyn, granjeros en busca de nuevas tierras para establecerse a través de las montañas y los ríos en un precioso Technicolor, cuando la civilización se extendía por territorios vírgenes habitados por indios y mineros seducidos por la fiebre del oro que despierta la codicia y la ambición desmedida que preside la trama del film. Que busca una ética transparente donde no hay héroes inmaculados. Gracias a un espléndido guión escrito por Borden Chase que adapta una novela de Bill Gulick. Cuenta con la colaboración de un joven Rock Hudson que comenzaba a despuntar, aquí encarna a un jugador profesional que se une a la caravana en busca de aventuras.

Uno de los mayores méritos de los westerns de Anthony Mann durante la década de los cincuenta, cuando el género había adquirido mayoría de edad, reside en que todo lo que muestra tiene un valor exclusivamente cinematográfico. Comenzando por una planificación apoyada generalmente en los planos medios, mostrando siempre fragmentos (grandes o pequeños) del paisaje en cada momento determinado, resulta de vital importancia para seguir no sólo la evolución de los personajes sino el propio discurso narrativo: conversaciones, miradas, gestos, hechos que adquieren toda significación a la sombra del paisaje en el que se enmarcan; el elemento territorial está tratado con el vigor y la vibración de un gran paisajista que nos hace respirar ese paisaje a través de la cámara de su operador. Es por ello que sus westerns siguen siendo excelentes, ahora que el género forma parte de la historia, se mantienen vivos por los retratos de los personajes, los cuales nos parecen cercanos porque son personajes vivos.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cachito
Cachito (1996)
  • 4.8
    1,312
  • España Enrique Urbizu
  • Jorge Perugorría, Amara Carmona, Sancho Gracia, Elvira Mínguez, ...
5
Un cuento truculento
Película de encargo que Imanol Uribe dejó en manos de Enrique Urbizu, despojándola de toda solemnidad para convertirla en una fábula de aventuras para adultos (muerte de la abuelita, viaje iniciático de la joven, el monstruo que la acosa y el caballero apuesto que la defiende), que mezcla lo grotesco y lo sórdido, puro cine de evasión que acoge diversos estilos y géneros: la road movie, la comedia, el drama, el thriller, la parodia, la picaresca, el western, todo ello con folclórico aroma cañí. Una extraña historia de amistad y amor entre un camionero buenazo y una jovencita que busca a su madre mientras despierta a la vida y sus peligros. Basada en un relato de Arturo Pérez Reverte publicado en el diario El País en el verano del 94 con el título de “Un asunto de honor”, que según cuentan agradó mucho al escritor.

Muestra a unos personajes caricaturescos y desinhibidos, hay un Correcaminos, un Coyote e incluso, un Porky. Rafael El portugués, resulta un tanto histriónico encarnado por Sancho Gracia, un personaje demasiado desmadrado como villano. Es cierto que logra sacar buen partido de actores limitados como Amara Carmona o Jorge Perugorría, para mí lo mejor son los secundarios como Elvira Minguez y Aitor Mazo. Urbizu es un director imaginativo, inquieto y sin prejuicios que consigue plasmar momentos atractivos e interesantes con momentos emotivos gracias a una aseada puesta en escena. Su ritmo es vigoroso y sin pausa que nos va introduciendo paulatinamente en un espiral de violencia y horror ante la ingenua inocencia.

De todo ello, “Cachito” emerge con detalles brillantes de humor negro, se aguanta bien como un film simpático, divertido, sugerente, carente de pretensiones pedantes, donde se nos permite empatizar con los buenos y disfrutar riéndonos con los malos, en una historia truculenta de prostíbulos, putas, chulos, camioneros, vírgenes, retrasados mentales, dentro de un relato que da mucho juego para evadirse de la realidad. En todo caso prefiero al cineasta Urbizu, más maduro y reflexivo de su etapa posterior.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuarenta pistolas
Cuarenta pistolas (1957)
  • 6.9
    1,223
  • Estados Unidos Samuel Fuller
  • Barbara Stanwyck, Barry Sullivan, Dean Jagger, John Ericson, ...
8
Western febril y realista
Fue el tercer western de Fuller, se abre de forma majestuosa: vestida de negro sobre un caballo blanco, Jessica Drummond (Stanwick) cruza la pantalla con cuarenta jinetes detrás de ella, su rancho se llama “Los dragones”, se trata de una amazona con látigo, una mujer fuerte y curtida física y moralmente. Pero se ha cruzado en el camino de la pradera con Griff (Barry Sullivan) y sus hermanos que son Marshalls contratados para pacificar el país. Ella es el último de los hacendados a domesticar, junto a su hermano pequeño por el que siente debilidad. Se dilucida una inminente batalla entre el orden y el caos.

Los hermanos Bonnell son una nueva imagen de los hermanos Earp de OK Corral, una estilización notablemente auténtica de las prácticas de pacificación violentas de un periodo donde los grandes imperios como el de Jessica empezaban a decaer o conformarse en consorcios ganaderos como el de Johnson en Wyoming que tan magistralmente recreó “La puerta del cielo” de Michael Cimino. A Fuller le interesa que el dolor duela y que la crueldad sea cruel, la muerte sea mortal y la pasión incontenible, arrasadora. Su cine es disonante, crispado e inesperado.

Un film que hermana el lenguaje del cine con el cómic, de sobreentendidos donde las miradas lo dicen todo, lleno de gestos simbólicos. Disfruta de una excelente fotografía en un blanco y negro de matices y contrastes, su formato en Cinemascope para la Fox, le otorga una especial belleza para reflejar unos cuidados encuadres, de picados y contrapicados y la fuerza bruta de la naturaleza en su paisaje y viento huracanado. Cuenta con una gran actriz en decadencia, pero que sabía sacar el tarro de las esencias. Jessica (Barbara Stanwick), una mujer hecha a sí misma, una ranchera que lidera a los 40 pistoleros del título del film, figura matriarcal en un territorio despoblado de familias verdaderas.

Un western moderno sin fecha de caducidad alguna, repleto de digresiones en su estilo visual y formulación narrativa, muy iconográfico respecto al género pero, a la vez, muy distinto del clasicismo frontal en la exposición de sus señas de identidad. En este film. Fuller muestra a los bandidos de forma realista, como delincuente juveniles que disparan por la espalda, y los supuestos héroes no lo parecen porque necesitan siempre el apoyo de uno o dos rifles más para enfrentarse a su oponente. Samuel Fuller se muestra disconforme y febril, apostando por un Oeste realista.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un reino unido
Un reino unido (2016)
  • 5.9
    916
  • Reino Unido Amma Asante
  • David Oyelowo, Rosamund Pike, Jack Davenport, Laura Carmichael, ...
6
El amor interracial y el apartheid
El apartheid fue el denigrante sistema de segregación racial que imperó en Sudáfrica, consentido por el gobierno británico durante muchos años por intereses geoestratégicos y políticos, que bajo el dominio de una minoría blanca estuvo en vigor hasta 1992. Ese lamentable régimen afectó indirectamente a los países vecinos que Sudáfrica pretendía anexionarse como era el protectorado británico de Botswana, asolado por la pobreza, cuando era un rico territorio en oro y diamantes. Básicamente, este sistema de discriminación racial en Sudáfrica consistía en la creación de lugares separados, tanto habitacionales como de estudio o de recreo, para los diferentes grupos raciales, en el poder exclusivo de la raza blanca para ejercer el voto y en la prohibición de matrimonios o incluso relaciones sexuales entre blancos y negros.

Es lo que denuncia este film a través de un “biopic” sobre Seretse Khama (David Oyelowo) que luchó por la independencia y derechos humanos para Botswana. Se trata de un clásico melodrama sentimental en un determinado marco político y social basado en hechos reales. El film se sitúa en 1947 centrándose en la relación sentimental entre un futuro rey de un pequeño país africano y una oficinista británica blanca. Seretse y Ruth, se conocen, se enamoran y se casan, en un Londres posbélico, en contra de sus familias y varios gobiernos, es la trama de amor alrededor de la que se articula un drama humano como motor sociopolítico de un mundo intransigente. La difícil convivencia de un matrimonio en una época hostil y asfixiante para las relaciones interraciales.

La película resulta bastante previsible y convencional, aunque no carente de momentos emocionantes, como cuando Seretse se dirige a su pueblo liderando nobles ideales. El trabajo de Rosamund Pike, actriz emergente de belleza singular, como la abnegada esposa resulta aceptable, sobre todo por su interés en adaptarse a un nuevo mundo para ella, llena de dificultades y discriminaciones. La ambientación está muy lograda, aunque quizás peca un tanto de ser poco objetiva y un tanto simplista a la hora de retratar a los malvados británicos, representados por políticos y funcionarios mentirosos y mezquinos por sus interese bastardos.

Una visión bastante dura del colonialismo británico, que se apoderaba y explotaba los recursos naturales de los territorios que controlaban. El pensamiento crítico es un ingrediente primordial de todo totalitarismo, pero la directora del film es incapaz de dar matices a unas imágenes convertidas en postales, demasiado platónicas e incuestionables, demasiado complacientes y poco profundas. En todo caso el film se deja ver y gusta por su elegante humanidad que seduce a todo tipo de espectador, pero que no termina de convencer a los más exigentes.
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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una mujer cualquiera
Una mujer cualquiera (1949)
  • 6.1
    145
  • España Rafael Gil
  • María Félix, Antonio Vilar, Mary Delgado, Manolo Morán, ...
6
La importancia del guión
Creo que era Billy Wilder el que apostaba por partir de un buen argumento para intentar construir una buena película, puliéndola en matices para mejorarla, añadiendo que sin un buen libreto es mucho más dificil realizar una obra atractiva. Naturalmente él había sido guionista antes que director. Seguramente, el prestigioso cineasta y amante de la lectura Rafael Gil, pensaba lo mismo, mucho más cuando cayó en sus manos esta excelente historia del gran dramaturgo Miguel Mihura, más conocido por sus comedias dentro de su peculiar humor, aquí su trama discurre por el sendero del melodrama y el thriller criminal con aspectos sórdidos poco habituales en el cine español de entonces.

La película comienza en claro tono melodramático para evolucionar hacia aspectos más pecaminosos. Tras la muerte de su hijo, Nieves (María Félix) se separa de su marido. Quiere salir adelante por sí misma, pero tiene un gran problema, la mujer es extraordinariamente atractiva y todos los hombres ven en ella un instrumento de placer. Pasa el tiempo y no encuentra trabajo, ni siquiera puede pagar ya la pensión. Así que, desesperada, decide salir a la aventura cuando conoce a Luis, un misterioso hombre que convertirá su desdichada vida en una huida hacia delante.

Gracias a su ingenio y excelente estructura la trama rebosa tensión progresiva y un ritmo constante de angustia que te atrapa. Siempre, por supuesto, al servicio de la estrella, en este caso la mexicana María Félix, que aporta su magnetismo y belleza, pero el carácter de una mujer con agallas aunque también vulnerable. A pesar de tener una moral excesivamente conservadora y habitual entonces, la película es valiente y atrevida abordando temas casi tabúes hasta entonces. Donde no falta el asesino despiadado, el falso culpable, el tráfico de cocaina, la prostitución en la mujer marcada por la sociedad retrógrada. El título del film ya juega maliciosamente con interpretaciones distintas de la palabra “cualquiera”, que no es preciso aclarar.

El portugués Antonio Vilar que era un excelente galán, le da una buena réplica a la rutilante estrella femenina, con un personaje oscuro y ambiguo, ladino y misógino. También disfrutamos de excelentes secundarios, como ese vecino turbio y alcohólico (José Nieto) o el campechano comisario (Juan Espantaleón), que dan al film un digna calidad que se mantiene inmune al paso del tiempo. Impecables diálogos y excelente puesta en escena gracias a una adecuada iluminación, hacen de la película una obra interesante y poco conocida para los que no vivimos aquel tiempo.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Z, la ciudad perdida
Z, la ciudad perdida (2016)
  • 5.9
    10,647
  • Estados Unidos James Gray
  • Charlie Hunnam, Sienna Miller, Tom Holland, Robert Pattinson, ...
4
Exploradores suspendidos en geografía
No puedo más estar de acuerdo con algunos de mis compañeros que la critican sin piedad, así como tampoco me parece superior a otras pretéritas filmadas sobre aventuras en la Amazonia por Herzog o Saura, como “Aguirre, la cólera de Dios” o “El Dorado”. Sobre todo, la primera me parece una obra de referencia absoluta, donde está perfectamente reflejada la enajenación y la aventura en toda su dimensión. Como muy acertadamente apunta el compañero Betlehem, yo le añado una coma: Cómo encontrar el nacimiento de un río dejándose llevar por la corriente. Yo tenía entendido, que la corriente siempre te llevará a la desembocadura en el mar. Estamos pues, ante un despropósito, porque se pueden tomar licencias pero lo que no podemos es aceptar un absurdo que va contra la naturaleza de la aventura y la lógica aplastante, convirtiéndose en un absoluto dislate.

Más interesado por la fidelidad de los hechos históricos que por su transposición imaginaria, James Gray, realiza una película pretenciosa y aburrida, no me convence su tono intimista, además de excesivamente larga que pretende ser reflexiva sobre las circunstancias personales de un oficial británico a principios del siglo XX, a diferencia del tratamiento de Herzog que fue menos rigurosa aunque más fascinante, en mi opinión se ciñe a la cronología y a las circunstancias concretas de varias expediciones del protagonista, que con la finalidad de cartografiar un territorio desconocido y exploración de la selva amazónica, fue seducido por el misterio de lo desconocido como tantos otros a través de la Historia. Aventureros obsesivos en busca de gloria y honor, codiciosos, visionarios ególatras y ambiciosos hasta ignorar sus obligaciones familiares.

Basada en la figura de uno de los últimos exploradores victorianos, Percival Harrison Fawcett, a partir de un libro de Davis Grann, relata con demasiada parsimonia el espíritu de una época, desnudando la altanería y la decadencia del imperio británico. Las ambiciones desmedidas de éstos que aunaban la curiosidad intelectual al desarraigo existencial, el anhelo vanidoso de la fama en el marco del imperio. Gray apuesta en algunos momentos por la ficción de época por la fábula pura, pero en mi opinión nada funciona como debería hacerlo.

El film técnicamente es impecable, los actores están bien, su ambientación es asombrosa, pero no veo por ninguna parte el espíritu genuino de la aventura, su fotografía es oscura y deprimente incluso en las escenas amazónicas, no veo apenas peligro ni tensión, todo es anodino, frío y académico. Se puede narrar desde el clasicismo pero hay que emocionar al espectador con situaciones que nunca consigue crear el cineasta. Las escenas de la 1ª Guerra Mundial tampoco añade nada especial a la trama más allá de un periodo de convalecencia y el reconocimiento que ya había adquirido anteriormente. No se nos puede presentar un film de aventuras, donde apenas existe el peligro y el miedo ante lo desconocido, una aventura sin acción es como una comedia donde no hay humor, un fiasco.
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22 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Su propio infierno
Su propio infierno (1962)
  • 6.1
    154
  • Estados Unidos John Frankenheimer
  • Eva Marie Saint, Warren Beatty, Karl Malden, Angela Lansbury, ...
6
El seductor idolatrado
Clinton Willart (Brandon De Wilde) es un adolescente que adora a su hermano mayor Berry-Berry (Warren Beaty), y que cruza media América para encontrarle y ayudarle. Pero en realidad, encuentra a un vago y atractivo tipo que, según él “me dejo llevar por la brisa y vivo para divertirme”. De esta forma pulula errante seduciendo a las féminas y buscándose problemas con la ley. Si el mismo actor cuando era un niño de nombre Joy, sentía una especial fascinación por el pistolero solitario Shane (Alan Ladd) en el wéstern “Raíces profundas”, aquí se podría decir que es la historia de una decepción que sufre el adolescente Clinton cuando comprende el comportamiento y las motivaciones de su hermano mayor al que había idolatrado. Tan sólo nueve años habían pasado entre el film de George Stevens, que ya era todo un clásico y el film de John Frankenheimer.

Película basada en la primera novela de James Leo Herlihi “All Fall Down”, autor que alcanzaría una gran notoriedad con la publicación de “Cowboy de medianoche” y su éxito en la adaptación a la pantalla. El guión está escrito por el no menos aclamado Willian Inge (Picnic, Esplendor en la hierba), gozando de un espléndido casting en el que destaca un excelente Karl Malden, como un marido pusilánime y una poco valorada Angela Lansbury, excelente como madre castradora, junto a Eva Marie Saint, tímida e ingenua, de belleza singular. Su trama es una pequeña pieza de cámara y se centra casi exclusivamente en cinco personajes, los cuatro de la familia Willart y una muchacha hija de una amiga de la madre de Clinton y Berry-Berry, que pasa temporadas en casa de esta peculiar familia donde anida la incomprensión, los conflictos sentimentales y la intolerancia entre su componentes.

El itinerario moral del film se vive a través de la mirada del adolescente, es la destrucción de la inocencia, con el que asistimos a su progresivo desconcierto, en ocasiones casi un espía en busca de una identidad que le gustaría fuese parecida a la que erróneamente anhela, pero que los acontecimientos le mostrarán la verdadera y decepcionante verdad. Una reflexión sobre los mitos de la juventud, la banalidad dañina de algunas relaciones innobles y el desprecio a la responsabilidad que esconde una triste cobardía. Película con estética de telefilm, de ritmo dramático muy definido y filmada en un estupendo blanco y negro. No está a la altura de “El tren” o “7 días de Mayo”, pero se deja ver bien gracias a un Warren Beaty, hermano de Shirley MacLane, que comenzaba a postularse como el joven más apetecible de Hollywood, dicen que llegó a pasar por las camas de las más interesantes actrices del cine de los sesenta.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La amante del teniente francés
La amante del teniente francés (1981)
  • 6.7
    2,389
  • Reino Unido Karel Reisz
  • Meryl Streep, Jeremy Irons, Hilton McRae, Emily Morgan, ...
8
Pruebas de amor en épocas distintas
Nos demuestran que pese a los condicionamientos sociales, el destino lo escriben las personas con su fuerza para luchar contra las adversidades circunstanciales. Somos nosotros los que debemos imponer nuestros sentimientos y principios sin amedrentarnos ante la presión externa. Es lo que, en el fondo, plantean las dos historias amorosas que mantiene el film. Fue Karel Reisz, con guión del dramaturgo Harold Pinter, quien consiguió plasmar en imágenes el melodrama victoriano inspirado en la complicada y romántica novela homónima de John Fowles. Una obra de una belleza plástica fascinante, protagoniza por Jeremy Irons y Meryl Streep, intérpretes a su vez del rodaje (Anna y Mike) de la propia película, cine dentro de cine que encumbró definitivamente como estrella rutilante a la protagonista de “Memorias de África”, hoy en día un mito de la pantalla. La película se erige como un duro retrato de la sociedad victoriana y un estudio psicológico de la libertad como medio de autorealización.

El cine de Reisz siempre destacó por presentar a seres rebeldes desarraigados de la sociedad, un cineasta surgido del “Free Cinema” que supo explorar con acierto, nuevos caminos expresivos. Narrada desde el comienzo con fuerza y con una extraña sobriedad formal, mostrando a Sarah como una enigmática mujer de misteriosa presencia que espera a alguien en el espigón de Lymme, en medio de la furia de las olas, con ese manto negro con capucha, son imágenes que pertenecen a la Historia del Cine. Será el inicio de un argumento con una doble vertiente, por un lado la escenificación de una película victoriana rodada en la época contemporánea, y por otro, el secreto romance entre los dos actores ya casados. Personalmente yo me quedo con la primera, mucho más apasionante y atractiva que la segunda. La fotografía portentosa de Freddie Francis extrae de la pálida actriz americana un aspecto “Pre-rafaelista” con aura incluida, ademas de unas localizaciones de una belleza sublime.

En ella encontramos ecos del cine de David Lean y del poco apreciado Anthony Asquith. Este film creó escuela e influencia sobre las posteriores adaptaciones de textos de Jane Austen, aunque a primera vista parezca frío y desdramatizado, incluso contemplativo, su atmósfera te atrapa por su sobrecogedora belleza en su alcance telúrico, su magistral ambientación de época sienta precedente. Una obra sugerente, llena de matices, una triste historia de amor no correspondido que se entrelaza con otros amores. El de Sarah (Streep) esperando a un marino francés que nunca volverá, el de su encuentro con el paleontólogo Charles (Irons), que ha acudido a aquel lugar costero para sellar su compromiso con Ernestina, joven de muy buena familia que le garantizaría su futuro como científico.

Una película que nos seduce por su puesta en escena inteligente y esmerada, sus brumas de pasión reprimida que imponía el puritanismo en la sociedad de la época. Todo eso es lo mejor del film, más allá de la relación actoral en el rodaje pillada por los pelos que contribuye a darnos dos finales distintos como sugería Fowles en su novela. Es en el drama pretérito victoriano donde reside el rasgo transgresor que ofrece su dramaturgia. La de una mujer con suficiente capacidad para revelarse ante un contexto asfixiante y opresivo, saliendo adelante por la fuerza de su convicción personal. Todo ello en una época en que la intolerancia de una clase social iría en decadencia por su reduccionista visión del mundo, con sus privilegios absurdos, su despotismo e insolencia, sus criados maltratados y humillados y su grandeza imperial que esquilmaba pueblos con la cínica escusa de civilizarlos, cruel paradoja protagonizada por la cultura democrática británica. Obra muy destacable, fruto de mucho talento.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nada en la nevera
Nada en la nevera (1998)
  • 5.6
    3,071
  • España Álvaro Fernández Armero
  • María Esteve, Coque Malla, Roberto Álvarez, Laura Aparicio, ...
6
La chica de la ambulancia
Comedia romántica fresca y desenfadada, sin especiales pretensiones filosóficas ni existenciales, que no acusa para nada el paso del tiempo, sigue siendo vitalista, divertida, optimista y llena de colores eléctricos gracias a la experimental fotografía del veterano Hanns Bürman, en aquellos años innovando con nuevos filtros y ambientes, que transmiten sobre todo, ganas de vivir. Carlota (una maravillosa María Esteve), es una muchacha, inquieta e independiente, que trabaja como chófer de una ambulancia del SAMUR en Madrid, formando equipo con Rodrigo (Roberto Álvarez), médico de urgencias. Vive en la ansiedad permanente buscando pareja para estabilizar su vida, llenar el vacío de su soledad y sentirse realizada con plenitud. La búsqueda le depara fracasos sucesivos, que progresivamente convierten su objetivo en una frenética obsesión. En un servicio profesional, conoce a Jose Mari (Coque Malla), y cree haber encontrado al hombre de su vida, se trata de un profesor de EGB que dibuja comics pornos y gore en su tiempo libre.

Carlota mantiene constantemente un monólogo interior opinando sobre lo que le sucede que nos hace entender y empatizar con el personaje. El film reconstruye desde una óptica actual, punto por punto el mundo quebradizo, lenguaraz, desinhibido y algo absurdo de muchos jóvenes de hoy, de las idioteces que podemos cometer por amor. La película de Álvaro Fernández Armero escrita junto a su hermana Coloma, describe las angustias, inquietudes y crisis de una parte de la generación que se acercan a los 30 años, cuando muchos de ellos sienten la necesidad de formar pareja, encontrar la felicidad y organizarse un futuro de vida en familia. La película desmitifica los fundamentos de estas crisis y muestra los errores de las carreras por alcanzar metas que no son necesariamente prioritarias, hay otras alternativas mejores que son convenientes sin ser urgentes. Además, la película muestra la inclinación que sienten los que pronto serán treintañeros a vivir sin compromisos personales, familiares y laborales.

La inestabilidad y las incertidumbres derivadas de una sociedad competitiva, de empleos precarios, despidos fáciles, infidelidades y deslealtades, todo ello, determina la preponderancia de unos valores en los que prima la libertad sobre el compromiso. La película es ligera y se disfruta con facilidad, aunque pueda parecer frívola, en realidad, no lo es, por lo que es muy recomendable para pasar un rato divertido asistiendo a situaciones que todos hemos vivido de alguna forma. Su lenguaje narrativo es muy accesible y su ritmo te atrapa. La entrañable y poco reflexiva Carlota se ha decidido mediante un flechazo, por un chico a quien llama N.º1 que será el padre de sus hijos y nadie puede pararla.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Demonios en el jardín
Demonios en el jardín (1982)
  • 6.2
    937
  • España Manuel Gutiérrez Aragón
  • Ángela Molina, Ana Belén, Encarna Paso, Imanol Arias, ...
6
El retrato biográfico de una infancia
Precisamente la evocadora infancia del propio director del film, un relato familiar en la España de la posguerra. Una representación de simulacros, el de la aparente felicidad de una familia y el de la de un país. Donde está presente el recuerdo cinéfilo y erótico con la película “Ana” de Alberto Lattuada con el mito femenino de Silvana Mangano contorneándose mientras cantaba. “Demonios en el jardín” tiene mucho de autoreflexión sobre el propio cine del santanderino, sobre sus experiencias y obsesiones en su universo personal. Como se puede apreciar el film posee todos los ingredientes imprescindibles del melodrama, pero que está narrado de forma atípica y personal, abrupto, algo cerrado y poco accesible, pero que una vez hemos penetrado en él, todo es reconocible: matrimonio sin amor, cuñado enamorado de la esposa, duelo casi fratricida, joven seducida, embarazada y abandonada… y donde no faltan arrepentimientos, sollozos y spoilers que no puedo contar.

Una nueva visión sobre la sociedad de posguerra y la influencia del franquismo. Las vivencias de un niño que se convierto en centro de atracción dramática y eje de diversas situaciones dramáticas: enfermedad, ausencia paterna, experiencia doblemente frustrante en el conocimiento de éste, incluyendo las penalidades de la sufrida madre. Hay una estupenda ambientación y recreación de la atmósfera y las costumbres de la época que seducen por su naturalidad y cercanía humana. Gracias a un esplendido casting donde destaca su musa, Ángela Molina, y un prodigioso equipo técnico y artístico que deviene en una obra atractiva aunque controvertida por la forma que se plantea, con situaciones grotescas y un tanto extrañas, pero así ha sido siempre el cine de Gutiérrez Aragón, atípico y nada previsible.

Dentro del cine español de la transición, Manolo Gutiérrez Aragón, intelectual culto y académico, ha ocupado, sin duda, un lugar importante, demostrando con sus películas una singularidad clara, a pesar de sus defectos y grandes virtudes. Con esta película, en mi opinión, interesante que no perfecta, alcanzó el reconocimiento unánime de la crítica y el público. Un relato donde el cineasta retoma temas y aspectos recurrentes, la familia, la religión y el hambre, entre el realismo y los recuerdos de infancia, la historia y la leyenda, el pueblo y la ciudad, las secuelas de la Guerra Civil, todo ello combinado de forma envidiable por su naturalidad dentro del cine de autor.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cinco tenedores
Cinco tenedores (1980)
  • 5.3
    340
  • España Fernando Fernán Gómez
  • Concha Velasco, José Sazatornil, Rafael Alonso, Agustín González, ...
7
Una comedia corrosiva
Fernando Fernán Gómez fue un genio polifacético e incomprendido y cineasta maldito del cine español. “El extraño viaje”, una de las películas más singulares en nuestra historia, sólo tuvo una repercusión interna, ceñida a la cinefilia de su momento. El caso de “Cinco tenedores” es todavía más lamentable. Desde luego, sus dimensiones esperpénticas no llegan a las de “El extraño viaje” ni es un film tan emblemático. Pero es que se trata de una gran comedia y, en este caso, anoche tuve ocasión de descubrir una inteligente película que ni la crítica ni el público, salvo pequeñas excepciones, le dedicaron especial atención en su momento.

Aurelio y Maruja son un matrimonio que regenta su propio restaurante de lujo, además de formar parte de un selecto club de cazadores. El cocinero del restaurante se encuentra huyendo de la justicia después de haber matado a su mujer por haberle sido infiel y ahora la pareja tiene que cuidar del hijo de éste, Miguel, que también es su ahijado. Maruja le acoge como si fuese el hijo que no ha podido tener pero pronto ese amor parental se transforma en algo que tiene consecuencias. Se trata de una comedia de humor negro, donde tiene cabida el cinismo, la impostura y la gula, una excelente farsa sobre nuestros vicios nacionales, nuestro carácter latino, nuestras veleidades costumbristas, y, en el fondo, nuestras miserias.

El machismo sale salpicado de una trama socarrona y desenfadada, bastante cruel y feroz bajo su capa de intrascendente diversión, y no le faltan momentos a Fernando Fernán Gómez para observar desde su aguda mirada, caracteres y realidades sin que apenas se note que, en realidad, lo que hace es sociología. Y todo, claro está, muy bien puesto a punto gracias a la gran capacidad de un equipo de actores principales (Saza está soberbio en esta película, y no digamos Concha Velasco) y secundarios (Rafael Alonso, por ejemplo, de exquisita elegancia en su fino y grotesco humor). La alta gastronomía de un restaurante de lujo mezclada con las bajas pasiones, el deshonor del cornudo mostrado como esperpento de tragicomedia, el patriotismo mal entendido, las sospechas de la infertilidad, el patriarcado del venado furioso. Todo ello sugiere un buen menú cinematográfico.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Caravana de mujeres
Caravana de mujeres (1951)
  • 7.1
    9,092
  • Estados Unidos William A. Wellman
  • Robert Taylor, Denise Darcel, Hope Emerson, John McIntire, ...
8
La engañosa debilidad femenina
Algunos dicen que este original wéstern clásico existe porque la Columbia, el estudio donde trabajó tantos años Frank Capra, no tenía caballos para realizar lo que hubiera sido el primer wéstern del director de “Caballero sin espada”, al parecer le contó su idea a William A. Wellman (uno de los pioneros del cine que suele ser olvidado por los historiadores y cinéfilos), y éste convenció a la Metro para realizarla. El productor Dore Schary quedó entusiasmado y Robert Taylor, una de las estrellas del estudio y John McIntire, secundario de lujo acompañó a un grupo de actrices poco conocidas que cumplen holgadamente con sus papeles un tanto arquetípicos pero necesarios para exponer un heterogeneo grupo de mujeres. Rodada casi toda en el desierto de Mojave que ofrecía una notable variedad paisajística por lo decisivo de su fisicidad plástica, así como en territorio de Utah.

Se trata de una película itinerante y coral, un canto ferviente al coraje de las mujeres del Oeste y reivindicadora actual de aquellos principios de los años cincuenta del siglo pasado, en unos años de posguerra donde la mujer se había incorporado al mercado laboral cubriendo los puestos vacantes de los hombres que habían estado en el frente bélico, convirtiéndose en una fuerza obrera femenina importante con el lema: “Nosotras podemos hacerlo”. Wellman condensa la tradición del género con las corrientes neorrealistas europeas, convirtiéndose en un wéstern neorrealista que a la vez, es una primitiva aventura histórica. Corre el año 1851 en las lejanas tierras de California, los hombres trabajan duramente pero por el aislamiento territorial, les faltan las mujeres. Al terrateniente Roy Withman se le ocurre entonces la idea de hacer traer del Chicago a más de cien mujeres tentadas por la aventura y con la esperanza de comenzar una nueva vida.

Agrupadas en una larga caravana atravesarán el extenso país de Este a Oeste, soportando todo tipo de penurias y vicisitudes a las órdenes del guía y experto en este tipo de viaje Buck Wyatt (Robert Taylor). Una epopeya apasionante e inolvidable, de poesía espartana por su entidad dramática y física del todo punto estremecedora. Los accidentes del territorio tortuoso, el insoportable calor, los ataques de los indios. El personaje de McIntire aparece como una especie de patriarca primigenio y benigno: un hombre que no quiere construír un imperio sino una nueva civilización. Una aventura donde no tiene cabida la rendición: “Danos un mapa y nosotras llegaremos al valle”, dice una de las decididas mujeres. “Caravana de mujeres” es una película inalterable al tiempo, excelentemente filmada, de manera sobria, sin especiales alardes pero de un resultado incuestionable.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Permiso para matar
Permiso para matar (2009)
  • 6.0
    8,000
  • Estados Unidos Antoine Fuqua
  • Richard Gere, Don Cheadle, Ethan Hawke, Wesley Snipes, ...
7
Policías tristes y desmotivados
Un thriller puro y duro inspirado en el policíaco americano de los setenta, que lleva a cabo una exploración moral del policía y una denuncia social. Son policías que no se sienten respetados por la sociedad, que se sienten desautorizados y mal pagados por sus superiores, es por eso quizás por lo que cada uno de ellos intenta sobrevivir como mejor puede, unos cayendo en la corrupción, otros intentando no meterse en líos y otros son presionados por sus superiores para traicionar a quienes aprecian. Ya desde la primera escena vemos como un policía es capaz de dar dos tiros fríamente a un delincuente dentro de un coche para robarle el dinero. Los tres policías cuyas trayectorias, vidas y dramas, va recorriendo paralelamente el film, se sienten desencantados, despreciados por sus compañeros, desmotivados y poco compensados por un sistema que les hace vivir en una tensión permanente, entre traficantes de drogas, extorsionadores y criminales sin un mínimo atisbo de mejorar la situación profesional.

Sal (un desquiciado Ethan Hawke), es un agente católico con complejo de culpa, necesita una casa mejor para sus hijos y su mujer asmática, afectada por la humedad del edificio y se presta a una enloquecida espiral para obtener el dinero que nunca ganará honradamente. Otro es Eddie (Richard Gere, en el mejor papel de carrera) es un veterano agente a punto de jubilarse, deprimido y hastiado de patrullar las calles, divorciado y solitario con una relación intermitente con una prostituta, y que coquetea con pegarse un tiro. El tercero es Clarence (Don Cheadle) o Tango para los traficantes, es un policía infiltrado que debe apresar y traicionar mediante una trampa a un amigo que conoció en la cárcel y le prestó protección personal. Los tres personajes se mueven por las zonas menos amables de Brooklyn, uno de los barrios neoyorquinos. Actúan de manera independiente, con un sinuoso montaje paralelo de sus actividades, dibujando un mapa de comportamientos humanos a ambos lados de la ley, hasta llegar al clima final electrizante y excelentemente orquestado por su director Antoine Fuqua, gran especialista del thriller actual que testimonia su anterior “Training day”.

Ritmo narrativo trepidante, con elegantes “travellings” y gran despliegue técnico que nos muestran varias acciones al mismo tiempo en un ejercicio de virtuosismo de un cineasta que domina perfectamente el género y sabe cómo contarlo al espectador para que lo viva en toda su intensidad, en una catarsis de los servidores del orden: el desinterés por altruismo, el pecado y la redención, la traición por la amistad. Antoine Fuqua plasma perfectamente el desengaño y la sordidez del cuerpo y el alma policial, de unos hombres que no son héroes como algunos nos lo han querido mostrar, cuando en realidad, son gente con sus problemas y debilidades.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fugitivos rebeldes
Fugitivos rebeldes (1954)
  • 6.5
    167
  • Estados Unidos Hugo Fregonese
  • Van Heflin, Anne Bancroft, Richard Boone, Lee Marvin, ...
7
El asalto
Las horas vespertinas de 13 TV, están dedicadas al wéstern diariamente, por lo que a veces podemos encontrar no sólo entretenimiento, incluso algunas joyas olvidadas que podemos descubrir. Es lo que ocurre con este excelente western en el marco de la Guerra de Secesión americana, menos conocido de lo que debiera y mucho mejor de lo que parece por ser un film de bajo presupuesto o serie B. Porque la serie B nunca fue una etiqueta despectiva, no hace alusión a su calidad sino a una cantidad económica menor. La pequeña productora Panoramic y el director argentino Hugo Fregonese llevaron a buen término este ambiguo drama bélico y moral. En Octubre de 1864, un pequeño destacamento confederado realizaba una incursión en la ciudad de Saint Albans en el estado de Vermont, al norte del país y cerca de la frontera con Canadá. Bennett H. Young lideró la maniobra consistente en cruzar la frontera desde el país vecino y asaltar el banco local quemando todos los edificios posibles en el proceso. El objetivo era materializar una guerra de guerrillas que obligase a las tropas nordistas a dispersarse del frente principal de la guerra en el sur. El film se inspira en esos hechos reales.

La película es un ejemplo de concisión narrativa, claridad de dirección y riqueza de ideas que eran necesarias en la producción de bajo presupuesto. Las limitaciones no permitían desperdiciar planos, con lo cual estos se llenan por igual de información narrativa y profundización psicológica. El resultado es una reflexión sobre la guerra y los hombres en guerra, articulada en la acción y tensión de un thriller, donde los personajes están dibujados a la perfección, en sus anhelos y contradicciones, responsabilidades y deberes, méritos y errores, indecisiones y resoluciones. Extraña y oscura “The Raid” plantea desde la estética del wéstern las preocupaciones morales y la sensibilidad fatalista, mientras se solapan géneros como la fuga carcelaria, las hazañas bélicas, los robos perfectos y el melodrama. Si el wéstern es el marco iconográfico, el melodrama conduce la empatía y emoción con los personajes, todo ello reúne la sustancia trágica de un film ejemplar.

Neal Benton (Van Heflin) es el oficial sudista que lidera la fuga de una prisión y reúne un destacamento para seguir luchando en la retaguardia, un héroe oscuro y melancólico al que se le presenta una segunda oportunidad cuando conoce a la viuda Katie Bishop (Anne Bancroft) de formar una nueva familia, tras perder otra asesinada por los nordistas. Por lo que mantiene una lucha interior, corroído por el rencor, entre su deber y lo que le gustaría haber sido, más aún cuando es declarado ciudadano ejemplar de una comunidad a la que quiere atacar, haciéndose pasar por comerciante. La fotografía es amarillenta y terrosa, como queriendo agudizar la tristeza y tragedia del conflicto entre el Norte y el Sur, del que ambos salen mal parados. El ritmo narrativo no decae nunca y va creciendo en intensidad emocional, más aún cuando conocemos el oscuro secreto que esconde el Capitán yanqui Lionel Foster (Richard Boone), enamorado de la viuda que debe hacer frente a su oscuro pasado sobreponiéndose a los acontecimientos.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La noche de la emboscada
La noche de la emboscada (1968)
  • 6.9
    1,499
  • Estados Unidos Robert Mulligan
  • Gregory Peck, Eva Marie Saint, Robert Forster, Noland Clay, ...
7
Un western impregnado de tensión
A pesar de que en este extraño western predominan los exteriores, se trata de un film claustrofóbico, que se apoya en la creación de una atmósfera enrarecida y obsesiva. Se estructura en una inacabable persecución cuyo contrapunto son una serie de elementos de estricto suspense. Con una puesta en escena de precisión admirable, Robert Mulligan elabora un relato inquietante y turbio, lindante con códigos del género fantástico. Un western inclasificable y lamentablemente olvidado. Gregory Peck encarna a Sam Varner, uno de esos personajes tan característicos dentro de la filmografía de este gran actor donde la corrección moral y la bondad eran sus principales virtudes cinematográficas. Peck fue un actor sobrio, poco dado a histrionismos fáciles, sin llegar al hieratismo de otros recordados actores de su época, todos ellos con una presencia física magnífica y un magnetismo que traspasa la pantalla.

Sam fue explorador y ahora piensa llevar una vida tranquila en su rancho desde que se ha retirado del ejército, hasta que una mujer, Sara Carver (Eva Marie Saint) y su hijo mestizo se cruzan en su camino en busca de protección. Ambos acaban de escapar de su reclusión en un poblado indio y son atosigados y perseguidos por un peligroso y criminal indio llamado "Salvaje", así arranca esta interesante película con guión de Alvin Sargent. La obra refleja un western lleno de tensión, cierta dosis de critica racista y porque no decirlo, tintes del género de asesinos en serie (el villano en cuestión aniquila a todo ser viviente que se le cruza por el camino) que a pesar de contar con un sencillo argumento, Robert Mulligan presentaría un planteamiento narrativo lo suficientemente atractivo para engancharnos a la pantalla durante toda la proyección. Una película seca y sobria de poquísimos diálogos.

Su itinerario físico pasa por numerosos exteriores, por una estación de posta para diligencias, por una estación de tren que aparece como perdida, en medio de un desolado paisaje y por un pequeño rancho de Nuevo México al pie de las montañas, donde se agudiza más si cabe esa atmósfera malsana y ese ambiente claustrofóbico. Un western que plantea la soledad en un ambiente hostil, donde las tormentas de polvo, el silbido del viento, el recelo y el temor son los acompañantes de los personajes, ayudados por una música de percusión que incluye el sonido de una serpiente cascabel como amenaza y retrato de un perseguidor que apenas vemos. Un film nada desdeñable por su originalidad.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tirano Banderas
Tirano Banderas (1993)
  • 4.4
    390
  • España José Luis García Sánchez
  • Gian Maria Volonté, Ana Belén, Fernando Guillén, Juan Diego, ...
5
La caricatura de un dictador
En una república bananera imaginaria aparece el tirano Santos Banderas inspirado en la novela de Valle-Inclán, se asemeja a un ser abyecto en descomposición que huye de la luz y se refugia en la penumbra mientras su hija, de la que no conocemos nada languidece enferma en una cama. El macabro físico lo aporta un espléndido Gian María Volonté, amanerado gesticulante e histriónico sátrapa, es la imagen patética que le ha querido otorgar el cineasta al personaje con claro sabor expresionista, de cabeza casi rapada, parapetado tras unas gafas de sol redondas con movimientos parecidos a una marioneta, proyectando su malsana sombra por las blancas paredes de su imaginaria fortaleza, rodeado de correveidiles, aduladores y lametraserillos. Busca la vida en el coraje de los otros y ama la oscuridad como única compañera. Una amarga reflexión sobre la soledad del poder.

Santos Banderas adolece de la vitalidad y la fuerza para luchar por su amada, sencillamente porque no tiene nadie a quien amar, por su naturaleza represora siempre será temido y nunca amado, aunque presentado de forma vampírica, no se alimenta de sangre como hacía Nosferatu a quien se asemeja con su inquietante perfil. Pretende socavar una revolución con su paternalismo prepotente, pero la andadura de este tirano se va desmoronando igual que su mundo corrupto, mientras el resto de personajes del relato, sin apenas entidad ni espesor dramático se aferran a los privilegios que les garantiza el régimen. Esa clara diferencia entre el dictador excelentemente dibujado y sólo el esbozo del resto de personajes que le rodean: el embajador homosexual español (Gurruchaga), el prestamista ladino (Fernando Guillén), la puta vidente (Ana Belén), el cortesano bufón y ebrio (Juan Diego) y el oficial rebelde (López Tarso), entorpecen más que mejorar lo que se representa con la intención de ser fiel al autor.

Afortunadamente el film es escueto y va directo al grano sin caer en veleidades folclóricas y en la redundancia paisajistica. Aún así, la película resulta poco fluida y un tanto aburrida, a pesar de estar bien adaptada por Azcona y el cineasta, una vez que conocemos su trama y situaciones, nunca nos sorprende y todo es previsible. Deciden comprimir la historia en sólo dos días, en ese lapso temporal deberían ocurrir cosas más importantes a los personajes como a la mecánica propia del relato. García Sánchez construye un mosaico humano que siempre está en función del villano protagonista, además de no definirse con decisión entre el drama y el esperpento. En cambio su puesta en escena me parece inteligente y descriptiva pero en el fondo es un film frío que no emociona, porque no basta sólo con criticar y burlarse del patetismo de un tirano que nos puede parecer familiar y detestable.

Resulta paradójico que la película de García Sánchez, producida entre otros por Víctor Manuel, el cantautor asturiano esposo de Ana Belén y acérrimos militantes de la izquierda, fuera rodada en Cuba sobre un dictador de derechas, precisamente una de las dictaduras comunistas más longevas y terribles del continente americano, haciéndolo sin ningún complejo democrático y bendiciendo las facilidades que les otorgarían desde ese sectarismo que practica la progresía que denuncia las dictaduras, siempre que sean de derechas porque si son de izquierdas, las bendicen y las protegen con esa curiosa vara de medir que suelen practicar. Porque todas las dictaduras son execrables, señores míos, incluyendo cualquier ideología. No conozco ninguna dictadura que haya traído prosperidad a su pueblo. No puedo entender cómo siguen fascinando los Mesías revolucionarios que convencen con promesas utópicas y demagógicas a tanto ingenuo desinformado.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tiempo de silencio
Tiempo de silencio (1986)
  • 6.1
    1,487
  • España Vicente Aranda
  • Imanol Arias, Victoria Abril, Charo López, Francisco Rabal, ...
7
El médico
Película sórdida y escabrosa, dura y cruel, sobre una sociedad que tenía poco que decir y mucho que ocultar. Un film realista que traza un descarnado retrato de pobreza y ruina, de conformismo sin expectativas ilusionantes, de paseos por los barrios bajos de Madrid, de oscuras callejuelas con pobres vendedores ambulantes a deshoras, de juergas para evadirse del hastío, de sucios burdeles donde se fornicaba ahogados en alcohol, intelectuales y analfabetos, privilegiados y desheredados, moralistas hipócritas escandalizados por las palabras como: aborto e incesto. Era un tiempo de silencio donde las cosas hacían poco ruido, pero en lo hondo latían la vida, la ambición, el deseo, el ansia de libertad.

Vicente Aranda me parece uno de los mejores directores españoles, pese a los que niegan tal evidencia, si analizamos su carrera fue mucho más que un ilustrador literario, aquí adapta magistralmente gracias a un excelente casting, la impactante novela de Luis Martín Santos, “Tiempo de silencio”, un desolador y triste relato, una mirada atroz de nuestra postguerra, que abarca todos los extractos sociales, no sólo desde la miseria económica, sino también desde la moral. Tiempo de superstición y curanderos, de ignorancia e ignominia, de calumnias y rencores, de odio y crimen, de evocadoras radionovelas interrumpidas por el anuncio del Cola Cao, incluso de tragedia mezclada con humor negro: una madre se lamenta por el dolor causado a su hija muerta, por la autopsia ante el anatómico forense.

El film, que goza de una asombrosa ambientación, narra la historia de Pedro (Imanol Arias), un médico recién licenciado sin excesivo porvenir dedicado a una inútil investigación sobre cobayas, que, súbitamente se ve enredado en la muerte de una joven a la que atiende de un aborto provocado, viéndose atrapado en una trampa. Estamos a finales de los cuarenta, tiempo de gritos sordos de una fachada de normalidad, pero detrás de las recepciones burguesas junto a su amigo con complejo de Edipo, Matías (Juan Echanove), protegido del régimen. Detrás, como digo, se halla el hambre y el chabolismo donde conviven el “Muecas” (Paco Rabal) y el “Cartucho” (Joaquín Hinojosa), en medio de los escombros, la basura y el estiércol, de unos parias cuya única salida es la muerte.

Pedro se encuentra aislado en su torre de marfil de su laboratorio, cuya correlación perfecta es la cutre pensión donde se aloja, universo gris y roto sólo por la viveza y carcajadas de Dorita (Victoria Abril). Los dobles papeles de Charo López como madre y fulana, así como el tripe papel de Victoria Abril, como novia, intelectual y fulana, es la perfecta expresión obsesiva de Matías y Pedro por las distintas mujeres de igual físico. Pedro se rinde a la evidencia, asume su cobardía, la condición de castrado donde la rebelión es imposible. Todo ello transmite como un lienzo a grandes trazos de colores desteñidos que dibuja una sociedad donde todos son culpables. Un film muy personal, partiendo de materiales ajenos, de las mejores de su director junto a su obra cumbre: “Amantes”.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil