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Críticas de Servadac
Críticas ordenadas por:
El muelle (La Jetée)
El muelle (La Jetée) (1962)
  • 7.9
    10,353
  • Francia Chris Marker
  • Hélène Chatelain, Davos Hanich, Jacques Ledoux, André Heinrich, ...
9
Atrapar el instante
La esencia del cine no está en el movimiento. [Teatro, danza]

La esencia del cine tampoco está en la imagen. [Pintura, fotografía]

La esencia del cine no es verbal. [Literatura]

La esencia del cine no se encuentra en el sonido. [Música]

[Arquitectura y escultura] ocupan el mismo espacio que lo material. El espacio cinematográfico se sitúa al otro lado, más allá de la pantalla. Por ello el cine es ilusión.

El ir y venir o la fijeza del encuadre dentro del plano son determinantes para el cine. Su uso da lugar a múltiples estilos.

Podríamos decir que lo esencial del cine está en la mezcla alquímica de todos estos elementos: sonido, imagen, espacio virtual, palabra y movimiento. Crisol de artes, no arte independiente.

Sin embargo, la esencia del cine es el montaje. La duración exacta de los planos, su ordenación precisa. El corte y la tijera. El dónde y cuándo se colocan los efectos de sonido, la música, el silencio.

===

En ‘La Jetée’ cada foto aparece un tiempo limitado. No todas duran igualmente. Su ordenación es rigurosa y necesaria. Hay montaje. Es cine en una forma efímera y preciosa.

===

¿Puede una imagen única cifrar la vida entera?
¿Un punto podría contener toda la línea?

Si lo que se pretende es abolir el tiempo, no queda más remedio que aceptarlo.

Para captar toda la vida y convertirla en un instante es obligado comprimir el tiempo, llevarlo al punto cero. Atraparlo en una nada en la que quepan los eones.

Para congelar el tiempo, la película tiene que filmar la imagen detenida.

===

La Jetée pretende atrapar el instante, cada instante. Está escrita y concebida en un presente complejo y absoluto: el presente psicológico de su protagonista, cuya consciencia, a pesar de los saltos temporales, es lineal. La voz del narrador se haya fuera del espacio de la cinta. El presente dura, literalmente, nada. Tal sucesión de nadas es lo único que existe. Un recuerdo no es pasado. Ni un anhelo es porvenir. Son evocación presente e instantánea del ayer o del futuro.

La realidad del personaje es aniquiladora: estuvo allí… mañana.
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235 de 247 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bird
Bird (1988)
  • 7.4
    9,437
  • Estados Unidos Clint Eastwood
  • Forest Whitaker, Diane Venora, Michael Zelniker, Samuel E. Wright, ...
5
Aunque es de noche
Charlie Parker tenía un sonido oscuro, sucio, inigualable. Unió en su sangre la heroína y el bebop.

Sonido mate, imagen mate.

Ambiente jazz nocturno, tonos ocre sobre negro.

La negritud milimetrada en la fotografía funciona como túnel infernal hacia la nada de la droga.

Con una doble elipsis excelente se pasa del niño con la flauta al joven genio que revolucionaría el swing. Ese paréntesis contiene horas y semanas de vida junto al instrumento. Más que tocar, diríase que Bird respira con el saxofón.

La estructura bebop es difícil de seguir por la abundancia virtuosística y el amplio margen que concede a la improvisación.

La película está filmada a capas acústico-visuales con continuas idas y venidas en el tiempo. Consigue marear, pero el foco nunca se desvía del meollo.

Forest Whitaker está inmenso.

¿Y entonces?

La cinta tiene un algo falso, el humo que aparece por la esquina del encuadre en el garito no es real, las escenas son reiterativas, el desorden demasiado minucioso. Cada cosa en su sitio, cada actor en su lugar. Como si no cupiera en este invento la espontaneidad, lo inesperado.

Y ahí, en el prodigio no previsto, debería estar la magia del gran Bird.
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52 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil
Still Walking
Still Walking (2008)
  • 7.3
    3,555
  • Japón Hirokazu Koreeda
  • Hiroshi Abe, Yui Natsukawa, You, Kazuya Takahashi, ...
6
Ozu no hay más que uno
La mirada de Ozu se sitúa siempre a la distancia justa de sus personajes. Nos da su intimidad sin aspavientos.

Kore-eda se aproxima más de lo prudente. Sus personajes tienen asma, les falta el aire para respirar.

===

Ozu filma el pueblo o la ciudad desde lo alto. Un tren atraviesa la pantalla. Unos niños irrumpen en el plano, diminutos. Juegan, se persiguen. El plano es vida.

Kore-eda reproduce el mismo plano. En color. Sin niños. La sustancia de lo vivo apenas cristaliza.

===

Ozu MUESTRA el sentimiento de sus personajes. Los diálogos parecen casi intrascendentes, mas una corriente subterránea llena de sentido fluye por detrás de las palabras. La imagen tiene el don de la elocuencia.

Kore-eda DICE lo que siente cada personaje por medio de la voz en off y del diálogo. La imagen, en su caso, ilustra más que habla.

===

Ozu filma con sordina.

Kore-eda tiende a ser enfático-pausado.

===

La cámara de Ozu se asoma a los espacios interiores.

Los espacios interiores se colocan delante de la cámara de Kore-eda.

===

En Ozu cada movimiento es un poema. Alterna y dosifica las tensiones.

Kore-eda construye una historia en forma de perpetuo pseudo-clímax. Cada escena está cargada de significación lírico-poética o dramática. El abuso de lo culminante quita fuerza a la totalidad. Y cuando llega el clímax verdadero...

===

Ozu mantiene líneas de emoción, entrelazadas.

Kore-eda se queda sobre todo en los segmentos repulidos, preciosistas.

===

Kore-eda inserta primeros planos de flores y ramitas con musiquilla hortera de guitarra.

Ozu no rueda así de cursi.

===

Kore-eda lo calcula y cierra todo para que nada se le escape. Se esmera plano a plano.

Ozu nunca ahoga. Deja que el aire fluya en el montaje.

===

En Still Walking, el armazón de la estructura es muy visible.

En Cuentos de Tokio, el esqueleto de la narración es firme y silencioso.

===

Kore-eda nos entrega una emoción analizable. Sus personajes son demasiado comprensibles.

Los personajes de Ozu son sencillos y complejos. Pedacitos de vida en celuloide.

===

Al menú de Kore-eda le falta guarnición. La necesaria para que destaque el plato principal.

===

No quisiera dar la impresión de denostar exageradamente ‘Aruitemo, aruitemo’. La cinta alberga buenas intenciones. Kore-eda no cae en idealizar la figura de los padres. Al contrario, los retrata con dureza cariñosa. Tampoco busca peripecias efectistas de guión.

Pero Ozu.

Ozu sigue caminando al otro lado del vacío.
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48 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil
Él
Él (1953)
  • 8.0
    5,673
  • México Luis Buñuel
  • Arturo de Córdova, Delia Garcés, Aurora Walker, Carlos Martínez Baena, ...
8
Cine y arquitectura
La pantalla de cine goza de tres dimensiones: base, altura y duración. Es un rectángulo en el tiempo.

La arquitectura es en sí misma tridimensional. Ordenación precisa del espacio.

===

La imagen fílmica va más allá de las limitaciones de lo plano; crea en el espectador una ilusión perfecta de profundidad.

La arquitectura es creación de espacios habitables (un puente no debería ser arquitectura) y fijos. Una vivienda móvil (‘La casa de vapor’, de Julio Verne; ‘El castillo ambulante’, de Diana Wynne Jones…) nunca deja de ser provisional. Es inquietante no saber adónde da nuestra ventana.

===

La imagen dinámica confiere al cine la pulsión de lo real. Es arte en cuatro dimensiones (las cuatro dimensiones de lo vivo). Trasciende su naturaleza de 3D.

La arquitectura es forma en el espacio. También es el vacío que limita la materia. Cuando la vida llena las habitaciones y pasillos de una casa, sentimos la respiración del edificio. Esa respiración añade al edificio un horizonte temporal (de nuevo, las cuatro dimensiones de lo vivo). En su aire penetra el tiempo subjetivo, el tiempo de lo humano. No es la erosión mecánica debida al paso de los días: el viento golpeando las contraventanas, la lluvia desconchando la pintura, las sacudidas materiales.

===

Cuántas veces añoramos la vida registrada en unos fotogramas, sabiendo que el soporte físico (actores, luz, objetos) ya no existe.

Cuántas veces evocamos, delante de una ruina, la vida que en un tiempo poblaba los espacios de su arquitectura.

Mientras haya un solo alguien que contemple, no muere la emoción.
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74 de 90 usuarios han encontrado esta crítica útil
El bazar de las sorpresas
El bazar de las sorpresas (1940)
  • 8.0
    11,101
  • Estados Unidos Ernst Lubitsch
  • James Stewart, Margaret Sullavan, Frank Morgan, Felix Bressart, ...
7
El plano Lubitsch
1h05’44”: En ese punto de la cinta se encuentra un plano inolvidable, un plano casi mudo que ilustra lo que, para mí, viene a ser el «otro» toque Lubitsch.

Un funcionario con chaqueta negra clasifica el correo bajo una lámpara redonda que ilumina la parte izquierda del encuadre. Una carta, blanquísima, destella brevemente en una de sus manos.

Al fondo a la derecha, en penumbra, se atisba el casillero con los apartados de correos.

Un segundo funcionario, con bata blanca y un saco de cartas atraviesa la escena. La cámara, en escorzo, parece que lo sigue. El cuadro se cierra con firmeza y el funcionario lo abandona para no volver. Comprendemos que el travelling no pretendía acercarse al empleado sino al apartado de correos número 237, vacío y rodeado de casillas que sí contienen algún sobre.

En ese momento, anticipamos lo que va a ocurrir. Sentimos la punzada, el desencanto.

El enfoque se desplaza hacia el fondo de la casilla y el plano se hace fijo. Una mano enguantada irrumpe temerosa, tantea, busca, nada encuentra. La desilusión queda expresada por el movimiento de sus dedos. La mano se bate en retirada al tiempo que el rostro de Klara asoma por el casillero. Es un semblante de ojos tristes, hermosamente iluminado y enmarcado por el apartado de correos.

Lubitsch encadena al siguiente plano, ya en la tienda de Matuschek. Apenas han pasado veinticuatro segundos y han sido dibujados, por medios exclusivamente cinematográficos, los sentimientos de esperanza, temor y decepción.

Sin barroquismo ni sensiblería, Ernst Lubitsch distribuye las luces y las sombras –en la fotografía y en el retrato de las emociones–. Entramos en el plano a rebosar de expectativas y el director nos lleva de la mano hasta el abatimiento.

Se suele decir que el ‘toque Lubitsch’ habita en la ironía fina y elegante. Pero, como se echa de ver en este plano, el alemán también acierta a deslumbrarnos con otro tipo de elegancia: aquella con que muestra el sentimiento puro, tembloroso, sin rastro de ironía.

Fijando la emoción con sutileza, el plano Lubitsch resplandece con la magia de los grandes.
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97 de 103 usuarios han encontrado esta crítica útil
Intriga internacional
Intriga internacional (1959)
  • 8.3
    66,832
  • Estados Unidos Alfred Hitchcock
  • Cary Grant, Eva Marie Saint, James Mason, Martin Landau, ...
8
O de onírico
- ¿Mr. Kaplan?

La cámara se acerca, rauda, y encuadra el rostro de los dos sicarios. Ése es el detonante de la acción, el pistoletazo de salida.

A partir de ahí, entramos en la peripecia onírica de Roger O. Thornhill, un publicista de afilada lengua y vida sosa.

La trama es impecable porque el punto de vista, enteramente subjetivo, es impecable. Y cuando Hitchcock lo vulnera, es licencia de artista (1). Lo vemos todo a través de la mente figurada de Thornhill en el acto gratuito de soñar. Cada plano posee, empezando por los títulos de crédito, una mirada intensa, oblicua, plagada de reflejos. Cada cuadro tiene la lógica implacable del mundo de las ilusiones. Sólo me sobra la reunión explicativa en que se muestra a los prebostes de la Inteligencia norteamericana.

Thornhill aprovecha la libertad (una libertad no exenta de barreras) del durmiente para hacer realidad sus fantasías, eróticas, aventureras. Hitchcock se vale de esa misma libertad para hacer CINE y nos regala secuencias memorables: la casa de Frank Lloyd Wright (revelando sutiles concordancias entre espacio cinematográfico y arquitectura), el tiroteo en avioneta, la subasta, el tren, el monte Rushmore.

Hitchcock es maestro en el mirar, su cámara no deja indiferente. Domina la tensión pausada y el montaje nada atropellado. Prefiere resaltar el brillo de un puñal a una sangría innecesaria. Maneja como nadie la latencia. Es incisivo. Sin descuidar el rigor, bucea en el absurdo (2). Cuando el tiempo se detiene y queda suspendido momentáneamente entre dos planos, la imagen pura se destaca ante nosotros. He ahí la cima de su arte.

David Lynch llegaría algo más lejos, rompería las barreras de lo comercial y eliminaría los nexos narrativos. Mulholland Drive es cumplida prueba de ese logro.

===

Que nadie se pregunte por el significado de la O en el nombre del protagonista. El cero, la nada. El sueño vivo de la imagen indeleble.
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76 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil
El increíble hombre menguante
El increíble hombre menguante (1957)
  • 7.6
    12,676
  • Estados Unidos Jack Arnold
  • Grant Williams, Randy Stuart, April Kent, Paul Langton, ...
9
Cuestión de escala
Al igual que sucede con ‘La metamorfosis’ de Franz Kafka, esta es una historia pavorosamente realista, salvo en la premisa con la que se abre el relato. Sucede un hecho incomprensible, sí, pero a partir de ese momento, todo es razonable: la obsesión, la irascibilidad, la alternancia de momentos de euforia y depresión, la variación continua de las condiciones del entorno, igual y diferente. La (des)proporción y la amenaza.

El cambio se inicia con un inconveniente de pequeña magnitud, la ropa empieza a estarle holgada al señor Carey…

Luego viene un carrusel espeluznante e in crescendo: la hipocondría, el deterioro de la vida conyugal, la condición de freak, el abandono forzoso del contacto con los suyos, la lucha por el alimento y la supervivencia.

La sensación de peligro se vuelve más oscura. Scott se asoma a los abismos de lo muy pequeño, pero sigue discurriendo como un hombre, y eso es lo que nos resulta sobrecogedor.

El ser humano, por lo general, busca su parcela de estabilidad a despecho de la segunda ley de la termodinámica. En esta cinta, es el propio individuo quien, con su mutación interminable, convierte un mismo elemento (un gato doméstico, una araña, unas tijeras) en algo muy distinto. Existe un único camino, el de la adaptación perpetua e inmediata. Un camino incierto, agotador.
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138 de 145 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fresas salvajes
Fresas salvajes (1957)
  • 8.1
    19,619
  • Suecia Ingmar Bergman
  • Victor Sjöström, Bibi Andersson, Ingrid Thulin, Gunnar Björnstrand, ...
10
Alquimia
Fresas salvajes es un canto onírico, imperfecto y maravilloso a la soledad que anida en la raíz del ser humano. Es un autorretrato del hijo a través del padre (acaso la forma más íntima de retratarse, la más sincera). Es una búsqueda perpetua e imposible. La infancia en la vejez.

“Modelé una figura que exteriormente se parecía a mi padre pero que era enteramente yo. Yo, a los treinta y siete años, aislado de relaciones humanas, relaciones que yo había cortado, autoafirmativo, introvertido, no sólo bastante fracasado sino fracasado de verdad. Aunque exitoso. Y capaz. Y ordenado. Y disciplinado.”

Fresas salvajes no sería lo mismo sino fuera por la presencia de un gigante: Victor Sjöström. Sus ojos, su mirada, la forma de inclinar la cabeza hacia lo alto. El infinito detrás de las pupilas.

“Victor Sjöström me había arrebatado mi texto y lo había convertido en algo de su propiedad, había aportado sus experiencias: su propio sufrimiento, misantropía, marginación, brutalidad, tristeza, miedo, aspereza, aburrimiento. Había ocupado mi alma en la forma de mi padre…”

De ese modo, la riqueza de la cinta se duplica. La realidad del alma traspasa la pantalla y se hace celuloide. El padre se desborda y el hijo no consigue confinarlo en un trocito de papel.

===

Quisiera haber escrito este magnífico poema para celebrar Fresas salvajes. Andrés Neuman se me adelantó, le puso letra y música a mis pensamientos.

(LOS ERRORES PERFECTOS)

La simetría: un animal sagrado
que pide ser sacrificado al sol.
El rigor cuando sueña se convierte
en un círculo blando que se abre
inundando de zumo
la razón y sus formas.

El ansia por lo exacto
conduce, si es sincera, a lo imperfecto.
Sé que la perfección
es el arte marcial del temeroso,
que toda proporción bien entendida
renuncia al consumarse.

Generosos errores, necesito
belleza improvisada.

ANDRÉS NEUMAN
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97 de 111 usuarios han encontrado esta crítica útil
Watchmen, los vigilantes
Watchmen, los vigilantes (2009)
  • 6.8
    74,612
  • Estados Unidos Zack Snyder
  • Jackie Earle Haley, Malin Akerman, Patrick Wilson, Billy Crudup, ...
7
¿Héroes o villanos?
Quid custodiet ipsos custodes, se pregunta Juvenal, ¿quién vigilará a los que vigilan?

Es lugar común pensar que Dios asuma esa tarea.

Pero, ¿y si Dios ya no estuviera entre nosotros o fuera un Dios indiferente?

===

Watchmen, siendo fiel al espíritu desquiciado de la época, hace historia ficción y juega con los planos narrativos.

Al mundo paranoico y trastornado de la guerra fría, le corresponden unos superhéroes no convencionales, locatis y excesivos.

El Comediante nos dice que la vida es una broma ultraviolenta.

Ozymandias considera que la humanidad es un sistema de ecuaciones que él ha conseguido resolver.

El doctor Manhattan conoce la primera ley de la termodinámica y asume la segunda. Se acerca tanto más a la divinidad cuanto más se aleja de lo humano.

Rorschach es un personaje unidireccional, con un propósito perfectamente definido. Se alimenta de latas de conserva. Su rostro expresa todo aquello que escondemos. Su máscara desnuda la vileza de una sociedad sin redención ni escapatoria. Es serio, asexuado. Una especie de ángel turbio y vengador que se desliza por la cara B de la existencia.

Dan Dreiberg encarna la segunda versión del Búho Nocturno. Es el más humano de los héroes disfrazados. No lleva el peso de la trama. No es decisivo para el desenlace. Nos recuerda a Batman y a Clark Kent (un homenaje, quizás, a los dos clásicos del género). Su presencia a ras de tierra se agradece.

Las féminas apenas cobran relevancia. Son poco más que piezas accesorias en el engranaje del guion. Laurie, la jamona, no tiene la profundidad de los protagonistas masculinos.

===

La película trata de adaptar lo inadaptable con un resultado más que digno. Inevitablemente, en el camino queda alguna capa narrativa, pero la sucia oscuridad del mundo retratado permanece.

===

¿Quién vigilará a los que vigilan?, decimos enfrentados al espejo.

Los vigilantes son el pozo existencial en que nos vemos reflejados. Son proyecciones psíquicas del inconsciente colectivo. Son héroes y villanos. No pueden existir y, sin embargo, habitan en nosotros.
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59 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
El desierto de los tártaros
El desierto de los tártaros (1976)
  • 6.4
    536
  • Italia Valerio Zurlini
  • Vittorio Gassman, Giuliano Gemma, Helmut Griem, Philippe Noiret, ...
9
Reloj de arena
La novela de Buzzati me enseñó la verdadera lucha que todos hemos de librar. Una lucha que acaba como acaba.

Cuando el protagonista (Drogo, un nombre tristemente eufónico) comprende que el enemigo forma parte de uno mismo, no le queda más remedio que cerrar los ojos y mirar en su interior. Y, sí, el vacío le devuelve la mirada.

===

El ritmo lento y fascinante de la cinta es un reloj de arena cinematográfico. Zurlini logra que escuchemos su tictac, le pone voz a las palabras de Buzzati, nos hace ver el tiempo.

Y no hay bastión ni fortaleza que pueda contener el paso de los días.
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46 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
Innisfree
Innisfree (1990)
  • 7.0
    690
  • España José Luis Guerín
  • Documentary
4
¿Dónde está el verde de la verde Erin?
Lo que pretende hacer Guerín en su ‘Innisfree’ es expresar el ateísmo pervirtiendo una pietà de Miguel Ángel.

La idea del comienzo tiene magia: planos líricos de la estación a la que llega Thornton, vacía, con la banda sonora de ‘The quiet man’ como telón de fondo alegre, evocador, inmensamente sugestivo.

Pero el veneno del rencor se va filtrando en el documental, nos expulsa sin contemplaciones del Edén imaginado por John Ford, se recrea en los vestigios tristes, desleídos, del naufragio. El quiosquillo de souvenirs, la excesiva fijeza de la cámara, las fotos detenidas sin remedio…, todo me sabe en esta cinta a rígor mortis.

‘El hombre tranquilo’ es mito, no es arqueología. Por la Innisfree de Ford no pasan las centurias. Es un lugar que se sitúa fuera de la Historia, al otro lado del espejo. Feliz, por inmortal. Es una rosa glauca sin espinas. Si alguna vez te lleva el viento a sus praderas, sabrás por qué la cinta de Guerín es casi un sacrilegio.
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36 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
El hombre quieto
El hombre quieto (1952)
  • 8.1
    27,949
  • Estados Unidos John Ford
  • John Wayne, Maureen O'Hara, Barry Fitzgerald, Ward Bond, ...
9
Tierra mítica
No se puede rodar con más acierto y elegancia una carrera de caballos. Ni captar mejor el paso de los hombres en la hierba o retratar más bellamente el movimiento.

No hay nadie como Duke para prender un cigarrillo.

El verde habla por la boca de Innisfree, igual que el amarillo en una tela de van Gogh o los azules insondables en los lienzos de Chagall.

Sean Thorton huye del mundo y cruza la frontera. El fuego de una cabellera guía sus pisadas. En un principio, no consigue comprender las reglas del lugar. Nadie permanece quieto en Innisfree pero la suma de todos los desplazamientos, de todas las idas y venidas, de todas las corrientes y veredas, es igual a cero. El tren que llega nunca ha de partir.

Ludopatía y alcoholismo son sencilla melodía, canción coral o esparcimiento. No hay enfermos mentales ni cirrosis y el dinero es sólo de latón, papel sin vida.

No existe la violencia en Innisfree. Los golpes no hacen daño. La muerte es una cruz torcida al borde del camino.

John Ford toma los vicios, los suaviza, y crea un universo lleno de virtud. Divide en dos el alma de los hombres y se deshace de la parte más oscura. Extrae la luz que existe en todas las miradas, se alía con el viento.

Innisfree es feliz, del mismo modo en que lo son nuestros recuerdos más preciados de la infancia.

Al fin, una advertencia: no trates de llegar hasta Innisfree fuera del cine.

Y un consejo: evita cualquier juicio en clave moralista.

¿Qué sentido tiene atribuirle ideología temporal a aquello que, por su naturaleza, está fuera del tiempo?
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183 de 205 usuarios han encontrado esta crítica útil
El arca rusa
El arca rusa (2002)
  • 7.1
    3,841
  • Rusia Aleksandr Sokurov
  • Sergei Dreiden, Mariya Kuznetsova, Leonid Mozgovoy, Edisher Giorgobiani, ...
7
El arca nevada
Interesante, un 6, con una sola frase o plano interminable, la steadycam, a tientas, en busca de una forma, queriendo vislumbrar la historia de San Petersburgo, nunca en esta cinta Leningrado, champagne de tres centurias, cada una de sus miles de burbujas retratada, aristócratas rientes, danzarines, zares, Puskhin, airado con su esposa, Pedro, furibundo, reproduciendo con su gesto el gesto de los cuadros, la realidad, qué duda cabe, imita siempre al arte, la nieve afuera, Glinka, Valeri Gérgiev batuta en mano y elegante, un europeo chuchurrío, con trazas de marqués o sifilítico incurable, se erige en falso cicerone, despistado, observa, espía casi, se extravía, testigo sordomudo, Sokurov le pone voz al Hermitage, su propia voz, la voz del director, cómo lograr que la inflexión encaje y armonice en cada movimiento planeado e imposible, cómo fundir la voz en la secuencia, sentir la misma pulsación, el mismo tiempo subjetivo, la cadencia, cuando la cámara no deja de moverse, el reflejo de la luz en el óleo de los cuadros, la cámara se escora, pintando diagonales, ahí está, jamás desaparece, ahí la tienes, puertas abiertas y cerradas, pasillos tenues, un ensueño, se diría, persiguiendo aquello que hay de Historia en el palacio, puente colgante entre la Europa de las luces y la Rusia de los zares, Catalina, el jinete de bronce, la dama de picas, la cena final de Nicolás II, el baile de Natacha, la cámara no quiere entrar en el invierno del bloqueo, ya suena la campana, acaba el recital, riadas nobiliarias hacia el exterior, los cuadros y esculturas quedan dentro, ya forman parte del museo, las salas se vacían, la cámara se hunde en el trasiego de los pasos, parece deslizarse hacia la puerta de salida, cesura o pausa, la cámara se gira y abre al Neva, no era la voz del director, ni la presencia constante de la steadycam, ni la serie de obras maestras visitadas sin un solo parpadeo, el arca mira al río, con ese cuadro abstracto, el único de la película, la cámara despega, y así comienza su viaje, un 7.
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45 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
A través del espejo
A través del espejo (1961)
  • 7.8
    3,747
  • Suecia Ingmar Bergman
  • Harriet Andersson, Gunnar Björnstrand, Max von Sydow, Lars Passgard
9
Test proyectivo
- Si yo dijera isla, ¿tú dirías?
- Padre mío.
- ¿Y si dijera nube?
- Pasatiempo.
- Si yo empezara por los números impares…
- Diría que la vida es geometría transparente.
- Dibuja un trapecista.
- Será un pincel como una alondra.
- ¿Azul o enferma?
- Aguamarina.
- Escribe un garabato.
- Ga-ra-ba-to.
- Escucha ahora el vuelo de la tinta.
- Me sabe a luna azor y triste.
- Describe a tus parientes.
- Una princesa moribunda y un río de coral en cuarentena.
- Cierra los ojos y dime qué recuerdas de ti misma.
- La roca, el lirio, el oleaje, aquella espuma sin rumor.
- Amanece, mañana seguiremos.

Cerró el cuaderno de arandelas. La sesión había sido un éxito rotundo. Con gesto de cansancio y satisfecha, salió de su despacho. Después de hablar con la figura del espejo, se dio de bruces contra el mar.
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44 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil
Doctor Zhivago
Doctor Zhivago (1965)
  • 7.9
    34,685
  • Estados Unidos David Lean
  • Omar Sharif, Julie Christie, Geraldine Chaplin, Alec Guinness, ...
9
Palabras para Yuri
Zhivago es médico y poeta. Sus manos son el instrumento sanador. Con ellas cura cuerpos, restaña las heridas materiales producidas en el hombre por el hombre. Con ellas, cuando escribe, procura dar alivio a las heridas sin costura del espíritu, acaso más profundas. ¿Quién duda de que la cicatriz de Striélnikov sea más interna que exterior?

Más allá de las imágenes excepcionales, fascinantes, grandiosas, sobrecogedoras y perfectas; más allá de la precisa metáfora de la balalaica, desbordante de colores vivos entre paisajes grises; más allá del mecanismo visual hermosamente matemático; más allá de la exactitud milimétrica en el diseño del vestuario, en el trazado de los personajes, en la puesta en escena, en el uso de la luz, en los encuadres, en la composición de cada plano. Más allá de la maestría narrativa, de la belleza de Christie y de Sharif. Más allá, digo, de los aspectos técnicos de la película, Doctor Zhivago es el retrato milagroso del alma de un poeta.

Yuri Zhivago busca sin descanso una ventana, una abertura, un pasadizo, que le permita escapar de la cárcel más inmensa que pueda concebirse. Una cárcel tan grande como el mundo. A Yuri le basta con un mínimo cuadrado que le deje ver el cielo, con su hijo, en un vagón repleto de personas; le basta con un cerco de luz en un cristal cubierto por la escarcha. Le basta con el sol, el aire, la luna o las estrellas.

Pero en la cinta no encontramos sólo campanitas del lugar y atardeceres. La narración es inmisericorde con sus habitantes. Komarovski (un espléndido Rod Steiger) hubiera situado con cinismo socarrón el agujero de escape para Yuri entre las piernas de Larisa.

Nunca sabemos si las separaciones serán irrevocables: los individuos no son quienes hacen la Historia; la Historia les pasa por encima.

“Si encienden las estrellas / es porque alguien las necesita, ¿verdad? / alguien desea que estén, / alguien llama perlas a aquellos salivazos”, nos dice Mayakovski, el gran poeta de la Revolución.

David Lean convierte el salivazo que es la vida de sus personajes en perlas para los sentidos. Nos enseña, sin palabras, los versos de Zhivago.
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115 de 127 usuarios han encontrado esta crítica útil
Código desconocido
Código desconocido (2000)
  • 6.7
    4,231
  • Francia Michael Haneke
  • Juliette Binoche, Luminita Gheorghiu, Thierry Neuvic, Ona Lu Yenke, ...
5
El Golem o la apariencia de vida
MH sostiene entre sus manos una barra de metal. La dobla y trata de formar un círculo perfecto. El material no es maleable hasta ese punto y salta en mil pedazos.
[Corta A]

MH recoge los fragmentos. Selecciona los más aprovechables. Los ordena. Lima y pule los extremos. Aplica el soldador y reconstruye la figura. Los aparentes navajazos al final de las secuencias son obra, en realidad, del bisturí de un médico forense.
[Corta A]

MH compone una estructura circular a base de segmentos rectilíneos.
[Corta A]

MH se olvida de que “el aire libre es también una forma de arquitectura” (*). Refleja desde lejos lo foráneo: África y Rumanía son barniz sin pulpa, color sin fruto, paisajismo sin profundidad.
[Corta A]

MH sabe del poder de los detalles. Le pide al defensor que se deshaga de las gafas antes de encararse al gilipollas en el metro. Esa escena es lo mejor de la película. El cine como trampa y un escalofrío: la interpretación de Juliette Binoche en clave snuff cuando la encierran en el cuarto.
[Corta A]

MH se decide a visitar el museo de cera: Fotógrafos recién salidos (siempre) de Kosovo; magrebíes (siempre) heridos en su orgullo racial; agricultores (siempre) huérfanos de hijos y mujer; adolescentes (siempre) problemáticos; una mendigo (siempre) avergonzada de su mano tendida. Un universo feo y congelado, desmaquillado poro a poro, pelo a pelo. Un punto de vista parcial (de clase media, siempre) y subjetivo, con atavíos de objetividad.
[Corta A]

MH pronuncia las palabras del rabino Löw. Algún defecto en la declamación o en la grafía hace que el homúnculo se mueva con torpeza. Se oye el eco y no las voces.
[Corta A]

MH nos ofrece un tubo de pastillas cuya idea es superior a su sabor.
[Corta A]

“Sólo el estúpido cree que el mundo se acaba donde él mismo acaba.” (Thomas Bernhard)

MH no es estúpido. En esta cinta se golpea con los límites de su capacidad. Y luego nos enseña las heridas. Donde otros ven un cuerpo, yo sólo atisbo cicatrices. El problema es mío, ciertamente.
[Corta A]
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30 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
Candilejas
Candilejas (1952)
  • 8.3
    12,600
  • Estados Unidos Charles Chaplin
  • Charles Chaplin, Claire Bloom, Nigel Bruce, Sydney Chaplin, ...
6
Melodrama en forma de autorretrato
El arquetipo o ideal de Candilejas se encuentra entre las páginas de un cómic: Watchmen, cuyo guión es de Alan Moore. Basta con cambiar el nombre del payaso y...

Un hombre va al médico. Le cuenta que está deprimido. Le dice que la vida le parece dura y cruel. Dice que se siente muy solo en este mundo lleno de amenazas donde lo que nos espera es vago e incierto. El doctor le responde:

- El tratamiento es sencillo. El gran payaso Charles Chaplin actúa por la noche en la ciudad. Vaya a verlo. Eso le animará.

El hombre se echa a llorar y dice:

- Pero, doctor... yo soy Chaplin.

===

Una escena: El dúo final con Buster Keaton

Una frase: "El hambre no tiene conciencia"

Una pega: De todos los estilos teatrales, ¿por qué escoger el melodrama?

Una reflexión: La vida es infinitamente más dura con los cómicos gastados que el director de Candilejas (Charles Chaplin) con Calvero (Charles Chaplin). La complacencia de la cámara con el personaje principal y las miradas arrobadas de Claire Bloom ofrecen un autorretrato maquillado de Calvero. Y eso es trampa. Sobre todo si, como repite el comediante en varias ocasiones, lo que se desea es la verdad.
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43 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las horas del verano
Las horas del verano (2008)
  • 6.5
    2,210
  • Francia Olivier Assayas
  • Juliette Binoche, Charles Berling, Jérémie Rénier, Edith Scob, ...
7
La maison d'Hélène
En la novela ‘El último puritano’, George Santayana nos dice, por boca de su protagonista, que pretender dotar de entidad moral a las cosas materiales es caer en la superstición. Olivier Assayas quiere mostrar con esta cinta que es posible que una casa y sus objetos tengan alma.

Lo triste o lo feliz es que esa alma se sitúa en las personas que la habitan, que los usan.

Como en la saga juvenil de J. K. Rowling, los individuos pueden fragmentar su alma y repartirla en diferentes objetos, lugares o incluso en otros seres vivos.

A pesar del título, tan veraniego, Assayas acierta con la sombra más que con la luz: la escalinata, Hélène subiendo, el arco vegetal oscurecido; el cuarto, que acoge en la penumbra a Frédéric; la visita de los tasadores a la casa, deshabitada y umbría.

En la película ‘Toy story 2’ los juguetes se debaten entre la inmortalidad vacía del museo y la mortalidad con aventura de la infancia.

Los recuerdos se constituyen en vivencia presente del pasado. Los objetos y lugares funcionan como interruptor. Conjuran sólo aquello que ya está en nosotros mismos. Al fallecer, fallecen en nosotros. Quién sabe si perduran, intactos, en otras redes neuronales.
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52 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tokio-Ga
Tokio-Ga (1985)
  • 7.3
    743
  • Alemania del Oeste (RFA) Wim Wenders
  • Documentary, Chishu Ryu, Werner Herzog, Yuuharu Atsuta, ...
6
Lo grande y lo pequeño
Yasujiro Ozu quiso que en su lápida se inscribiera un único ideograma: "mu", el espacio que hay entre las cosas; la nada o el vacío.

Chishu Ryu, actor que encarna al padre en muchas de sus cintas, le rinde pleitesía. Limpia la tumba, se inclina levemente. Nos regala un plano inolvidable de silencio.

===

Wim Wenders no acierta con la voz en off. Su verdadero tributo al director nipón hay que buscarlo en otra parte: está en ese temblor, apenas perceptible, de la cámara en mano, especialmente cuando tiende a la inmovilidad y roza el plano fijo del maestro.

Hay que buscarlo en esa toma general de un tren que cruza al horizonte. En esa niña que atraviesa el parque a la carrera. En la nostalgia indefinible del paisaje.

===

Werner Herzog nos cuenta su deseo de embarcarse en un viaje sideral para captar la imagen pura y transparente, imposible de hallar en nuestro mundo. Ozu le responde con toda sutileza: Yuharu Atsuta, su eterno operador, nos explica cómo situaba la cámara a la altura de los ojos de quien se sienta en el suelo. Ozu no necesitaba alejarse de la tierra en la nave espacial de la megalomanía para filmar la realidad. Le bastaban la luz de una mirada limpia y un objetivo de 50 mm.

===

Wim Wenders nos ofrece un homenaje sentido y en mayúsculas. Pervierte sin quererlo la esencia misma del maestro japonés, cuya escritura cinematográfica no admite la grandilocuencia.

La "mu" de Ozu nunca se declama, se dice muy despacio y en sordina.

Es diáfana y humilde. Tan diminuta que abarca el universo.
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29 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Berlín, sinfonía de una ciudad
Berlín, sinfonía de una ciudad (1927)
  • 7.5
    1,695
  • Alemania Walter Ruttmann
  • Documentary
10
Gira, il mondo gira
1) La línea recta

La vida es un segmento contenido en una línea recta. La verticalidad le pone fin a su desnuda arquitectura.

Las vías, los túneles y puentes, los postes y tendidos de electricidad.

Un tren que sale para Potsdam mirándote a los ojos.

Barrotes y escaleras. Una anciana que llega con esfuerzo hasta la casa del Señor.

===

2) El círculo

La circularidad fractal de la existencia compone su poema. La mano del hombre despierta el mecanismo.

Agujas y un dial.

"Entonces uno sale del Instante Eterno -explicó Marrasquino- y entra en el Tiempo. Poco a poco desaparecen las habilidades de la imaginación, y el mundo comienza a ser un lugar sólido e inmutable. En los estados más graves de la enfermedad, los pobres aburridos creen que sólo existen las cosas que tocan con las manos, que sólo existen las cosas que se pueden medir.

-Pero el tiempo no se puede medir.

-¡Ellos lo miden! -dijo el gato-. ¡Ellos lo miden todo!" (*)

===

3) Ingeniería

Vehículos. Hombres-máquina. Garajes, puertas y ventanas. Los maniquíes bautizados por la luz. Escaparates. Carteles y neones.

El monigote dice adiós a una pareja. Se cierra una persiana. Una colilla va directa al suelo y el humo inunda la estación. Silencio. Un féretro de agua.

===

4) Vida artificial

Vender, fumar, comer y desplazarse.

El reverso triste de 'El hombre con la cámara', de Dziga Vertov.

===

5)

La música de Edmund Meisel acierta a darle a las imágenes un toque Lynch/Badalamenti.

===

Los pies de Charles Chaplin.

Y la certeza de que todos los que salen en la cinta estamos muertos.
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36 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil