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EL TRABAJO DE UN MÉDICO NO ES PARA ENRIQUECERSE SINO PARA AYUDAR A LA HUMANIDAD
Excelente película, como excelente es su director King Vidor —poco conocido por esta obra "La ciudadela" y mucho más por otras cuyas historias resultan menos profundas o esenciales, como son el caso de "Duelo al sol" (1946), "El manantial" (1949), "Pasión bajo la niebla" (1952), "La pradera sin Ley" (1955) o "Salomón y la reina de Saba" (1959); sólo supera a "La ciudadela", por la enjundia y contenido, su film más laureado con toda razón "Guerra y paz" (USA 1956)—.

La película es una estupenda exposición crítica de las componendas, sinvergonzonerías e intereses creados que se dan en la profesión médica, válida no ya sólo para la primera mitad del siglo XX (tiempo en que se sitúa la historia), sino también para antes de esas fechas, para nuestros días, e igual y por lo que vemos continuamente para las décadas que aún no han llegado.

King Vidor nos narra filmícamente, de manera espléndida, contundente y sobrecogedora, la vida de un médico desde que llega a su primer destino en una aldea, después de titularse como facultativo, con los problemas primeros de novato inexperto, con las adversidades que representan la gente ignorante o malintencionada y el medio en que hay que trabajar, con las luchas sostenidas con los propios colegas y sus círculos acotados donde no quieren que nadie les haga sombra ni perder sus cotas de poder, etc.

Es decir, una magnífica película que debían de pasarle en el primer año y de nuevo en el último, a los estudiantes que quieren licenciarse en medicina (al menos para que tengan constancia imantadora y magnífica de lo que son los primeros ideales de la profesión, y que el protagonista encarna de forma magistral, además de las tentaciones de hacer del ideal un negocio para enriquecerse y sobre todo para que observen bien a las claras qué es moral médica, o si lo prefieren, qué es ética médica).

En definitiva, y como K. Vidor bien hace decir a la mujer del médico protagonista, en un momento en que éste ha perdido todos sus ideales y dignidad humanitaria, habiendo caído en la práctica médica sólo como negocio y modo de enriquecerse: «Tu trabajo no es ganar dinero, sino ayudar a la Humanidad.»

"La ciudadela" es de las mejores y más concienciadoras películas, que pueden hallarse en la historia de la cinematografía, sobre el tema de profesionales médicos y el ejercicio de la medicina ya con moral ya con inmoralidad. Maravillosa película que hace llorar de emoción y que vista una vez les aseguro guadarán como una joya y volverán a ver complacidamente numerosas veces más; o sea una verdadera obra de arte.

Fej Delvahe
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30 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El profesional
Film producido por la MGM en el RU, realizado por King Vidor (1894-1982). El guión, de Ian Dalrymple, Frank Wead y Elizabeth Hill, con diálogos adicionales de Emlyn Williams, adapta la novela “The Citadel” (1937), de A. J. Cronin. Se rueda en escenarios naturales de Gales y Londres y en los platós de Denham Studios (Inglaterra, RU). Es nominado a 4 Oscar (película, actor, director y guión adatado). Producido por el realizador Victor Saville (“Adiós Mr. Chips”, 1959) para MGM British Studios, se estrena el 3-XI-1938 (NYC).

La acción dramática tiene lugar, antes de la IIGM, en dos localidades mineras de Gales (Blaenelly y Aberalaw) y en Londres. Andrew Manson (Donat) es un joven médico escocés, soltero, recién titulado, que consigue su primer trabajo en una pequeña localidad minera. Algún tiempo después se hace cargo con contrato fijo, previo concurso de selección, de una de las cuatro ayudantías del Dr. Llewellyn (Ambler), titular del servicio médico de otra población minera, mejor dotada en medios sanitarios que la anterior. Aprovechando los pocos días libres de que dispone para el traslado, se casa con la maestra de Blaenelly, Christine Barlow (Russell). Él, de unos 23 o 24 años, es idealista, íntegro, honrado, sincero e intransigente. Trabaja por vocación y se siente impulsado a investigar las causas de las enfermedades que afectan con mayor prevalencia de la normal a la población que atiende. Ella es desenvuelta, inteligente, equilibrada, atractiva, generosa y resistente.

El film suma drama, romance, crítica social y medicina. Explora las dificultades con la que se ha de enfrentar un médico recién licenciado a causa de su inexperiencia, la ignorancia de la población a la que asiste, la fuerza de los prejuicios colectivos y las inercias que obstaculizan la aceptación de nuevos remedios y nuevos métodos de diagnóstico. Por lo demás, el idealismo y la intransigencia propios de la juventud pueden suscitar la hostilidad de algunos colegas deseosos de evitar problemas, amparándose en prácticas y corruptelas inconvenientes: prescripción de medicinas que no curan y no perjudican (pero gustan a los enfermos), demora del anuncio de diagnósticos alarmantes (foco de tisis), etc. Otros peligros son la ofuscación que producen la fama y el éxito y las tentaciones que genera la codicia. Las reflexiones sobre las obligaciones del médico y los peligros que le acechan tienen una validez que va más allá de los profesionales de la medicina. Son de aplicación a todas las profesiones y a todo tipo de profesionales.

Para la correcta interpretación del film se ha de tener en cuenta que se refiere a una etapa temporal anterior a la reforma sanitaria que se aplica en el RU tras la IIGM, durante el gobierno laborista de Clement Attlee (1945-51) con la creación, gestionada por el ministro de sanidad Aneurin Bevan, del National Health Service (NHS).
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21 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Vocación
Siempre me han flipado las historias de vocaciones mantenidas contra viento y marea. Supongo que es por el contraste con el mundo moderno, que cambiamos de todo cada dos por tres.

Esta es la historia de una vocación médica en la Gran Bretaña de principios de siglo XX. Desde que el médico se licencia y obtiene su primer trabajo; la ilusión y el nerviosismos de su primer paciente, su pasión por mejorar la sanidad de donde vive, cómo transmite su ilusión a su chica, su entusiasmo en la investigación, sus fracasos vocacionales unidos a sus éxitos profesionales, sus amistades, etc. En resumen, una vida. Con sus altibajos y sinsabores también, pero vida de verdad.

La acción transcurre básicamente en dos escenarios: la pobreza galesa, y la opulencia londinense. Y es curioso el contraste entre los dos lugares y su relación con el éxito o fracaso profesional o vital del protagonista.

A algunos médicos escocerá esta película, porque igual rastrea en su vocación frustrada de juventud. Pero ya se sabe que las heridas para que curen, los mejores remedios escuecen.
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10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Cuando se pierden las verdaderas motivaciones en la vida laboral
Basada en la obra de Cronin, nos muestra la vida de un médico quien se ve obligado a decidir entre su austera profesión con mucha incomprensión por parte de la gente y una vida holgada pero sin las verdaderas motivaciones que lo llevaron a ser quien era.
Filmada en la década del treinta, todo el trasfondo que nos entrega está plenamente vigente. Si bien la suntuosidad que nos presentan es un poco anacrónica no cuesta nada extrapolarla a nuestra vida actual y todo calza perfectamente. Los valores mas nobles de la profesión médica están muy bien expuestos. La decisión vital equivocada a la que un hombre con nobles ideales puede ser empujado por circunstacias de la vida y que finalmente termina por traicionar sus mas profundos principios sin darse cuenta del todo, está magnificamente representada en esta obra.
Emotiva ,conmovedora, remecedora de conciencias, un film que todo médico no debiera dejar de ver.
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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
SIN MORALINAS
Película dinámica, ágil, sugerente, armoniosa y concisa.
Estupenda cinta si exceptuamos el desenlace de la historia y la moralina final con la que Vidor la despacha.

Hasta ese momento el director había conjugado con mucha habilidad el desarrollo de una trama delicada y el manejo de unos actores que, en todo momento, cumplen su cometido a la perfección.

Si hubiera suprimido los últimos minutos del metraje habría conseguido una obra extraordinaria.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
“Te conocí con la esperanza en la mirada y arrojo en el corazón”
Si hay algo que me haya producido desencanto en la vida, es encontrar a tres excompañeros de la universidad, con los que pregonábamos la justicia social y la transparencia en el ejercicio de nuestra educación, matriculados dos de ellos después, en rancios y corruptos partidos políticos, y el tercero haciendo de médico en uno de esos hospitales donde la honestidad apenas entra por una rendija. Ver a un par de amigos, con los que compartí experiencias alrededor del arte en el que nos movíamos ávidos de despertar conciencias y elevar el nivel cultural de nuestro pueblo, haciendo de pastor, el uno, en una desvergonzada iglesia, y el otro sirviendo a un laboratorio de fármacos donde cuenta vender pero nunca sanar; y mayor desencanto me ha producido, ver a uno de mis exalumnos a quienes tanto insistí sobre el carácter y la dignidad, y sobre el respeto a sí mismos y hacia los demás, trabajando para una de esas empresas donde ganar dinero es lo único que cuenta… y hasta lloré, el día en que descubrí a una preciosa alumna que ahora estaba prostituyéndose.

¿Qué es lo que nos cambia? ¿Qué es lo que nos arranca ese esplendoroso brillo que teníamos en la mirada con el cual podíamos ver amorosamente a cada ser humano? ¿Qué es lo que nos saca de la luz y nos mete en la oscuridad como si en esta hubiera esperanza alguna?

En “LA CIUDADELA” hay algunas respuestas. King Vidor ha hecho un filme directo, objetivo y basado en hechos reales, pues el autor de la novela, el escocés A. J. Cronin (Archibald Joseph Cronin, 1896-1981) fue un médico cirujano graduado con honores y quien ejerció en lugares como los que vemos en la película pues, algo de ficción, pero mucho de autobiográfico resplandece en ella, y el objetivo era mostrar como, una ciencia nacida para servir a la humanidad y no para llenarse de dinero, en adelante ha funcionado completamente a la inversa. De no ser por una tomas con back-projection donde se evidencia demasiado el proceso, creo que “LA CIUDADELA” hubiera sido una película perfecta. Pero, en cualquier caso, es imprescindible.

Se trata aquí de un médico, Andrew Manson (muy bien representado por el estupendo Robert Donat) quien junto a su gran amigo, Philip Denny (magnífico Ralph Richardson), comienza un ejercicio limpio y consecuente de la medicina, pero cansado después de las limitaciones y de la obtusa oposición que encuentra en sus proyectos, se deja seducir por una particular oferta donde, con algo de maña, trabajando en un particular equipo, y sabiendo cobrar a quienes se puede cobrar, es muy fácil llenar una caja de caudales y poder acceder a todos los lujos que nos ofrece el mercado.

Vidor trata a sus personajes con la mayor altura, no hace juicios, no condena a nadie -excepto a un personaje que colma la tasa del atrevimiento- pero la denuncia está ahí, directa y muy precisa. Y cuanto nos duele saber que, ¡77 años después de escrita la novela y 76 de realizada la película “LA CIUDADELA”!, las cosas siguen peor y la medicina es cada vez un negocio más oportunista, excluyente e infame, con un espíritu de servicio elevado a la mínima potencia.

Me llega al alma la frase que, Philip, tiene el valor de decirle a su amigo Andrew en un momento crucial: “El mundo está lleno de miserables, pero cuando tu mejor amigo se une a ellos, eso es lo que duele… y en realidad duele mucho”.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La nobleza del juramento hipocrático
A lo largo de su obra, King Vidor ha mostrado siempre la cara y la cruz de una misma moneda, el anverso y el reverso de la sociedad reflejada. Partidario absoluto del cambio social y del progreso, no escondió jamás en sus películas los aspectos más sucios de éste, como tampoco su simpatía hacia el primitivismo, hacia el tratamiento épico del luchador solitario, de ahí que, en su cine, abunden los personajes de férrea voluntad que, con un sentido indómito e incansable, tratan de imponer su visión de las cosas, encontrándose en todos los casos con la oposición de una sociedad cargada de prejuicios como: el arquitecto (Gary Cooper) de “El manantial”, el vaquero (Kirk Douglas) que luchaba contra las alambradas en “La pradera sin ley”o como el Dr. Manson que nos ocupa con su “Esperanza en la mirada y arrojo en el corazón” según le recuerda su amigo Danny.

“La ciudadela” narra la vida del doctor Andrew Manson, un personaje no carente de atractivos, en su tránsito de médico rural a médico de la aristocracia londinense, a partir de una novela de A. J. Cronin. Pero entre una y otra ocupación media un itinerario, en el que confluyen tal cantidad de situaciones y personajes” vidorianos” que hacen del film uno de los más típicos de su autor. Es quizá por ello que sus personajes son frecuentemente idealistas enfrentados a una sociedad hedonista y acomodada. Y “La ciudadela” se centra absolutamente en ello: el Dr. Manson (Robert Donat) es un médico joven e idealista que, ejerciendo primero en un pueblo y después en una cuenca minera, investiga las enfermedades que afectan a las capas sociales más oprimidas – aldeanos y mineros – es por ello que quiere montar su propio laboratorio, aún a costa de ganarse la enemistad de sus colegas acomodados en las costumbres.

Su honestidad le lleva a dimitir de su labor, cuando investiga una enfermedad tan terrible como la silicosis, ante el boicot de unos pacientes brutos e irracionales, y otros colegas adocenados, abandonando Escocia para instalarse en Londres con su abnegada esposa (Rosalind Russell) una humilde maestra que conoció en el pueblo. Encontrando a un compañero de estudios (Rex Harrison) que le introduce como médico de la alta sociedad, donde la nobleza de Manson se irá deteriorando progresivamente olvidando sus ideales, atendiendo a los caprichos y manías de señoras acaudaladas, sólo preocupado en acumular lujo y dinero. Pero el encuentro con un viejo amigo, Danny médico de fatigas (Ralph Richardson), producirá en nuestro héroe una catarsis moral con su emocionante discurso ante un tribunal médico. Es en el fondo, una de esas películas que cuando terminas de verla te sientes enormemente influido por lo que has visto, nadie como Vidor supo retratar las debilidades humanas.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
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