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8
El ocaso del viejo Oeste visto con lirismo, nostalgia, admiración y respeto
Realizada por Sam Peckinpah, se rodó en conemascope en Inyo National Forest y Bronson Canyon (California), con un presupuesto de 1 M dólares. Producida por Richard E. Lyons, fue nominada al BAFTA a la mejor actriz novel (Marietta Hartley).

La acción tiene lugar, camino de Coarsegold, en un momento no determinado de la última década del XIX. Narra la historia de un antiguo sheriff, Seteve Judd (Joel McCrea), respetado, entrado en años, contratado por un banco para transportar un cargamento de oro desde la mina a la ciudad, a través de un territorio peligroso. Judd se hace con la colaboración de veterano Gil Westrum (Randolf Scott) y del joven Heck Longtree (Ron Starr). En el camino encuentran a una muchacha, Elsa Knudsen (M. Hartley), a la que defienden de los intentos de rapto y violación de los hermanos Hamond.

La película recoge toda la iconografía del "western", con pistoleros, aventureros, banqueros, prostitutas, mineros, misioneros, comerciantes, cantineros y otros, que sitúa en un contexto temporal y social diferente. El Oeste no es ya el espacio de las correrías de los indios, ni el lugar de asentamiento de pioneros y colonos, ni el escenario de las proezas de héroes como Will Kane, Ethan Edwards, Owen Thursday. El sentido crespuscular de la historia se acentúa con la edad de Judd y Westrum, su participación en los "westerns" de la época dorada y la hora final de sus carreras: última intervención en cine de Randolf Scott y una de las últimas de Joel McCrea. La emergencia de un tiempo nuevo se simboliza en el primitivo modelo de un automóvil, que presagia profundos cambios tenológicos. Se trata con respeto, nostalgia y lirismo el viejo Oeste y los códigos de conducta de sus protagonistas (amistad, lealtad e independencia personal). La historia es rica en trazos de humor, que culminan en la ceremonia de la boda de Elsa y Billy. Se exalta el sentido de la amistad y responsabilidad de Judd y se condenan la traición al amigo y el fanatismo religioso de Joshua Knudsen (R.G. Armstrong), que suma ciega ortodoxia religiosa y maltrato con abusos de la hija.

La música aporta una brillante partitura de viento y percusión, que añade algunas canciones populares. La fotografía se ajusta a la estética de Peckinpah: colores atenuados y neutros, juegos de luces y sombras bien construídos, importancia del claroscuro y paisajes espectaculares. El guión desarrolla una historia interesante, intensa y crepuscular, rica en toques de humor (carrera de un camello y muchos caballos). La interpretación de los dos veteranos es magnífica y loable la de los secundarios. La dirección demuestra, a los 36 años, una espléndida madurez.

Película rica en matices y sugerencias, que dice más de lo que aparenta. Muestra el ocaso del antiguo Oeste con nostalgia, lirismo, admiración y respeto.
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56 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El ocaso del antiguo oeste (8.9)
Más allá de las interpretaciones -todas magníficas-, no encontramos ante uno de los mejores western que yo recuerde, equiparable a cualquiera de los clásicos de Ford o Mann. Lo encuentro incluso más maduro, sarcástico y profundo que la mayoría de ellos.

Como tema central, la amistad, la base de la filmografía de Peckinpah, de su estilo de vida.
Como condimento, y esto es novedad, un amor bastante sincero, sin más ambigüedades que la inseguridad e ingenuidad de la joven. En pocas de sus películas posteriores se volvió a repetir, aunque apostaría a que en ésta fue impuesto por los productores.

No se esperen épicos tiroteos, sino a un par de ancianos con reuma que intentan sobrevivir en un mundo que poco tiene que ver con el de su juventud.

El ocaso del antiguo oeste: "la época de las vacas gordas ya ha pasado, y los días del hombre de negocios han llegado".
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53 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La muerte tenía un precio
“El western es la vida” me comentaron en cierta ocasión. Y aunque no recuerdo cuando ni quién pronunció tan lapidaria sentencia, debo admitir que es verdad. Una verdad como un templo. Porque todo, absolutamente todo y más, podemos encontrarlo en un buen western. Sobre todo si es tan sobrio y maduro como “Duelo en la alta sierra”. Sin lugar a dudas, la primera -pero no por ello menos importante- obra maestra de Sam Peckinpah. El hombre que recogió el testigo del western clásico de los Ford, Hawks o Mann y lo dotó de una poética mágica, melancólica, sublime. Una poética sin igual.

Yo, por lo menos, soy un fanático del western gracias a Sam. Y a Leone, claro. Pero creo que fue mi tardío y crucial descubrimiento de la obra de Sam Peckinpah lo que, definitivamente, contribuyó a inclinar mi balanza. Una balanza en la que el western pasó de ser uno de mis géneros favoritos a mi género favorito. Por antonomasia. Y todo ello gracias a su poética. Una poética que contempla con nostalgia esa cándida y lírica visión del oeste y la coteja, constantemente, con una realidad muy diferente. Quizás no tanto desde una perspectiva cronológica pero sí desde la perspectiva íntima y particular de unos personajes que se encuentran ya en el ocaso de sus vidas. En este caso, dos viejos amigos curtidos en mil y una batallas, cuya filosofía existencial sintetiza -a la perfección- esa eterna dialéctica entre los viejos tiempos y el controvertido “progreso” que siempre planeó sobre la obra de “Bloody Sam”.

Y aunque los que me conocéis ya sabéis de sobra que no suelo pormenorizar demasiado en mis críticas permitidme -esta vez- que me explaye destripando el final de esta peli. En zona spoiler, por supuesto. Fundamentalmente porque, como ya han advertido otros usuarios, el cine de Peckinpah es riquísimo en matices. Y “Duelo en la alta sierra”, por descontado, no podía ser menos.
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35 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Imprescindible
Es uno de los mejores western que se han realizado jamás. Dos actores en el ocaso de sus vidas, profesionalmente hablando. Dos actores que siempre han sido unos secundarios de lujo en las grandes producciones de Hollywood y buenos actores de serieB y que han unido sus fuerzas con un director novato pero que resultaría uno de los mas controvertidos y a su vez contundentes de la historia del cine. Randolph Scott, Joel McCrea, y Sam Peckinpah juntos.
Hay que decir que Raldolph siempre ha tenido cara de palo y a mi nunca me ha trasmitido mucho carisma en las peliculas que realizaba con Boetticher, pero aqui, su soberbia interpretacion es solo igualado por Joel McCrea, que está magnifico. Ambos actores llenan la pantalla desde el principio hasta el final, donde la amistad, traición, violencia y final de los mas epico y hermoso que pocas veces se ha dado en el cine, son plasmados con una soltura y preciosidad paisajistica que solo Sam Peckinpah podía realizar, nada que envidiar a los grandes western de Ford y Anthony man.
No se la pierdan.
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29 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Un hombre de honor
¿Quién no se cegaría ante el brillo del oro? ¿Quién no mandaría todo al diablo para fugarse con el futuro asegurado?
Stephen Judd no lo haría, porque ha aprendido a ser un hombre de honor que valora la paz de su conciencia. Se contenta con su paga de veinte dólares al día por realizar una tentadora y arriesgada empresa: transportar un cargamento de oro desde las minas de Alta Sierra hasta el banco para el que trabaja.
No es un cometido que se le encomiende a cualquiera. Pero Judd ha demostrado ser un hombre fiable que no se deja arrastrar por la codicia. Para él tienen importancia otras cosas que no guardan relación con el dinero.
Judd se reencuentra con un viejo amigo y, confiando en su antigua y estrecha amistad, le propone participar en la peligrosa tarea, y éste a su vez le presenta a su joven socio. Los tres acuerdan llevar el oro hasta su destino.
Pero la avaricia suele corromper a las almas débiles y hacer olvidar incluso el valor de la amistad y de los lazos afectivos…Mientras Judd predica la honradez y la dignidad con el ejemplo, sus dos compañeros maquinan a sus espaldas…
En su trayecto se cruza una joven que vive sola con un padre demasiado rígido y severo, y que está sedienta de amor y libertad… Y decide escaparse, unirse al grupo protagonista y dejarse escoltar hasta la Alta Sierra, donde la aguarda su prometido, un minero…
Un western clásico sobre los grandes valores que se ven enfrentados a la corrupción, sobre la invaluable amistad que a veces flaquea, sobre el respeto que despierta la dignidad, sobre la compasión y el sentido del deber que impiden dejar a una mujer indefensa entre bestias inmundas, sobre la capacidad de vencer y superar ciertas tentaciones, sobre los errores, sobre las rectificaciones y sobre el perdón.
En unas tierras en las que la ley era más una palabra que un hecho, en las que muchos se vendían y mataban por el sonido de las monedas, en las que el honor era un concepto absurdo digno de libros románticos para soñadores… Aún queda un hombre de honor, un hombre de conciencia, un hombre de palabra.
Esa es la verdadera valentía en un lugar en el que cualquiera puede empuñar un revólver o un rifle.
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20 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Sobre las oportunidades
“Duelo en la alta sierra” es de esas películas que he tenido que madurar poco a poco en mi cabeza. Quizá aún no la haya fagocitado todo lo que debiera y necesito de un segundo visionado para poder llegar a captar todo lo que me está diciendo Peckinpah.

Es el fin de nuestros mejores días, puede ser, el mensaje que no quiere dejar de leernos este director. A Peckinpah se le tacha de violento, pero es el director de western más filosófico de los que yo conozco. Y tal vez por ello siempre sus películas maduran dentro de mí, poco a poco, hasta que pasado un tiempo me doy cuenta de la magnitud de su cine.

Oportunidades que llegan, oportunidades que se fueron.

Un tiempo pasado que siempre fue mejor y dos vaqueros gastados por la vida se reencuentran para ir a por oro. Pero cada uno tiene sus propias ideas de lo que hacer con el oro. Se pudo dar un papel trascendental a como Mariette Hartley pasa de unas manos a otras en la alta sierra. Yo al menos, lo esperaba. Esperaba una carnicería, un encierro, un secuestro lleno de sangre sobre la nieve blanca. Y me quedé con las ganas, con la sensación que se había perdido una gran oportunidad: una comunidad enloquecida, marginada en las alturas contra tres vaqueros oxidados. ¡Ufff!

En la bajada de la montaña la pólvora comienza a oler, pero quizá sea demasiado tarde. Aún así, Peckinpah se guarda un gran final. Un final made in Sam P.
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15 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
El ocaso de los clásicos
El inicio de los 60 aportó al género algunos de los westerns más importantes como este "Duelo" o "El Hombre que mató a Liberty Valance" (1963), pero paradójicamente, la llegada de estos westerns, lejos de anunciar una nueva época dorada, supusieron el final del género desde un punto de vista clasicista, tanto es así, que los grandes westerns que el propio Peckinpah realizó años más tardes como "Grupo Salvaje" o "La Balada de Cable Hogue", seguiran caminos narrativos, estéticos y argumentales diferentes.
Dentro de este canto de cisne, cronológicamente lógico, del western clásico, "Duelo en la Alta Sierra" es un trabajo antológico desde todos los puntos de vista: interpretativo, con un Radolph Scott absolutamente impresionante y un gran McCrea, sin que el trabajo de la Hartley y de Edgar Buchanan les desmerezcan. Argumental, lejos de los argumentos metafóricos ni de las parabolas de otros trabajos del género, el "Duelo",no es ni más ni menos que aquello que con su verdad desnuda nos ofrece, un oeste cuya época mítica y dorada quedó en el recuerdo, sentimientos y personajes nobles con un conflicto moral denso y profundamente elaborado. Dirección extraordinaria con una gran cantidad de recursos fílmicos sin que, y eso es tal vez lo más importante, se abuse de ninguno de ellos (hay dos o tres elipsis formidables), conformando una unidad narrativa excelente. La Música pone así mismo unos subrayados magníficos que augurarán a los grandes trabajos de los años 60 aunque la instrumentación básicamente se mantiene en los parámetros de los westerns de los 40 y 50, la utilización de recursos más amplios harmónica y melódicamente es un hecho. También me gustaría destacar la precisión de lo diálogos en donde nada sobra y poseen una miga muy especial sin caer en lo redundante y/o superficial.
Considerar a esta como la mejor película de Sam Peckinpah sería un poco discutible pues como bien he dicho, sus trabajos posteriores están guiados por planteamientos muy diferentes pero no tengo ningún problema en reconocer a esta película como un trabajo de visión imprescindible. El final es uno de los grandes momentos del séptimo arte, poesía pura.
Obra Maestra.
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12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Pistoleros al Atardecer (1962) (9.5)
En las montañas de Norteamérica se desarrolla esta magnífica película. Con una dirección de gran altura de Sam Peckinpah en la que demuestra toda su destreza para dirigir Westerns, grandes actuaciones de Randolph Scott y Joel McCrea, demostrando su compromiso con sus personajes y dando una imagen de hombres duros y de profunda sabiduría a través de una vida de duras enseñanzas. Un guión sobre la vida y la muerte, la amistad, el matrimonio, la religión y muy profundo en sus diálogos. Noventa y cuatro minutos de un cine brillante que cabalga en un atardecer por altas cumbres.

-Fragmentos en el spoiler-
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Es dificil no emocionarse al verlo
Siempre supone un placer revisitar esta obra maestra de Peckinpah. Film inmortal, western legendario, sublime, mágico, que bebe directamente de los filmes de Ford y rezuma clasicismo, homenaje y amor a un género que estaba desapareciendo tal como había sido concebido.

Y para ello se relata una historia crepuscular, de un Far West que desaparece, como sus protagonistas, una historia de amistad, reconciliación y segundas oportunidades, apoyada en dos inmensos actores como Joel McCrea y Randolph Scott, supervivientes de un tipo de cine que estaba desapareciendo. Peckinpah, un renovador del género en el que dejó una impronta reconocible, no pretendía épatar, sino integrarse entre los grandes westerns como un epílogo imprescindible del género, ofreciéndonos un bello y delicado filme, cargado de emociones.

Está lleno de escenas memorables, como el enfrentamiento final, en la que dos colosos como McCrea y Scott se engrandecen con una toma ligeramente baja, la carga a galope de Scott y, entre todas ellas, ese final en la que uno de los protagonistas cae fuera de plano. Y se apoya en unos diálogos magníficos entre los dos amigos, que no dejan de recordarme a los de "Sin Perdón" de Eastwood o los de "Hasta que llegó su hora" de Leone, otros filmes que homenajeaban a una raza de hombres del oeste que desaparecían. También brilla sobremanera una Mariette Hartley, de una belleza singular y fascinante.

Gran filme. Uno de los grandes westerns del cine.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Peckinpah vale mucho oro
Empezó muy bien el maestro, enseñando sus mejores virtudes y ejerciendo con su estilo personal un poder que llevado a imágenes le ha hecho grande. Con el tiempo desarrollará su estilo y será capaz de ofrecer una realidad que sólo él enseñó así. "Duelo en la alta sierra" sugiere más de lo que aparenta y la fácil historia del oeste que se traza en la sinopsis esconde grandes motivaciones; así, entre líneas se pueden leer conceptos como la amistad, el amor y sobre todo el lado malo del ser humano, yo diría que lo peor de lo peor. Esa violencia innata, genética, que tan bien como aquí mostrará en tantos otros títulos, le sirve de elemento director para introducir una acción que empieza sujeta a muchas palabras que se las lleva el aire pero que acaba desatándose en un duelo final que hace de la película un imprescindible del género.

Me encanta que haya gente buena que lucha contra esa maldad, me encanta que según cómo, unas veces ganen unos y otras no, me encantan las del oeste, me encanta Peckinpah, que muestra una iconografía del western completísima (mineros, sheriff, putas, pistoleros, borrachos)... me encanta el buen cine, el que ofrecen directores como este hombre, haciendo bien las cosas, sin extenderse demasiado, comedido, justo, preciso.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Una amistad eterna.
Esta es unas de las películas más sinceras y conseguidas de Sam Peckinpah. Sus mejores puntos de inflexión, menos numerosos quizás pero más evidentes con el paso de los años, son el ocaso de los héroes del western, representados aquí por Joel McCrea (57 años) y Randolph Scott (64 años), una vaga noción de lo que es vivir con dignidad en un ambiente corrompido, una ácida mirada sobre la degradación del oeste americano y, muy especialmente, la magnífica utilización del formato (Cinemascope y Metrocolor) y el paisaje como elemento dramático. Podemos comenzar a valorar lo que será el estilo del cineasta, siempre basado en la amistad, la cual forma parte de su universo, a pesar de las penurias y dificultades.

“Duelo en la alta sierra” es un film tan sentido y tan asumido personalmente por el cineasta, que todo, bueno y malo, consigue combinarse para la creación de una atmósfera nostálgica y sofocante marcada por el desequilibrio: evocadora por la añoranza del tiempo pasado; sofocante por la vibrante violencia del tiempo presente. Por eso, esta segunda obra de Peckinpah, se recuerda, sobre todo, por detalles, momentos y colores: por la ropa interior de los dos viejos amigos (blanca para el ingenuo McCrea, roja para el titubeante Scott), por las hojas amarillentas de los árboles, por las hermosas panorámicas verticales que subrayan la monotonía del viaje, por la falta de convicción que arrastra consigo Scott; por la obstinación de McCrea; por la impulsiva cabalgada de Scott para ayudar a su amigo ante el peligro.

Las miradas de Scott y McCrea revelan un pasado compartido; el contrapicado sobre ambos caminando, decididos, para enfrentarse al destino. Es como un pasado recuperado durante unos segundos a través de la mirada… Peckinpah, también es original mostrándonos al cowboy que galopa sobre un camello, la boda en una casa de mala reputación, la cena en el rancho del viejo puritano, acreditan la imaginación y el sentido del humor del cineasta. Pero no es esa la única virtud de Peckinpah. Al lado de su fértil sensibilidad para lo pintoresco, destaca su rigor lógico, palpable en la fuerza centrífuga de cada secuencia, en la construcción del film y su visión metafísica de las potencias intelectuales y pasionales del hombre.

Desde otro punto de vista, muchos aspectos concretos de este film crepuscular, nos recuerdan otras obras y otros autores, el juez borracho nos recuerda a personajes de John Ford; el humor de Raoul Walsh parece haber inspirado ciertas secuencias. El enaltecimiento de la profesionalidad y de unión entre compañeros para llevar a cabo una empresa es un tema grato a Howard Hawks. Asimismo el personaje del joven Heck (Ron Starr), tiene considerables puntos de contacto con el joven Ricky Nelson de “Rio Bravo”. “Duelo en la alta sierra” esconde en el fondo un lamento nostálgico por los “viejos tiempos”, por una parte los dos protagonistas, y por la otra el propio Sam Peckinpah, cuyo abuelo había trabajado en una explotación minera muy parecida a la de la excelente película.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Última mirada a las montañas.
Un peculiar Western de Sam Peckinpah, director de culto, sobre dos amigos cruzando montañas a caballo, dos pistoleros con historia y la historia continúa. Peckinpah te pone un cuervo en el hombro de Warren Oates y a James Drury, el Virginiano, de tío despreciable, y luego al resto de sus hermanos; que como buenos hermanos se lo reparten todo, hasta la chica. Trama y subtrama.

Un sólido guión con frases memorables; diálogos hirientes de gran efectividad. Un viejo clérigo te resume el fondo del film con su enseñanza: Sólo existe el Bien y el Mal; pero su hija no se entera. La ilusión no entiende de maldades; Peckinpah te dará una lección que te servirá para el resto de tu vida. Siempre hay gente despreciable dispuesta a terminar con las ilusiones de los demás.

Una muy fea historia pero es que esto es un Western de verdad. Todo amigo del Western debe tener esta película presente, una película que obtuvo excelentes críticas; un relato sobre el caminar de los dos amigos haciendo cuentas de la vida, con sus historias a cuestas y hablando de las cosas importantes que les queda por hacer. Y como no podía faltar, los tiros... ¡La lírica violencia de Peckinpah!
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Comienza la era Peckinpah.
Ni mucho menos su mejor obra, pero Peckinpah nos empieza a mostrar su peculiar estilo de hacer cine, reflejado en este western tosco, traicionero, con hombres duros, hombres leales y otros codiciosos que matarían a su mejor amigo a cambio de una pequeña fortuna. La película se va animando a medida que va transcurriendo, aunque haya fases en que el film parece algo desajustado. La trama y el guión son bastante buenos, con un cuidado diálogo y unas interpretaciones notables de Scott y McCrea (la escena en que los dos están en calzones con las botas puestas y el sombrero me parece fantástica). Con un gran final.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Dos Amigos.
104/05(07/05/12) Segundo largometraje del gran cineasta californiano Sam Peckinpah, un maravilloso clásico del oeste en el que subyacen las constantes de su cine, unos perdedores como protagonistas, en un canto a la vida, a la amistad, a la lealtad, a los perdedores, al sentido del deber, al romanticismo, a la violencia latente, a la melancolía de que cualquier tiempo pasado fue mejor, un universo poblado de tipos duros, rudos, violentos, donde se tocan temas inherentes a su cine como la hermandad, la traición, la avaricia, el honor, la misoginia, el fanatismo religioso y por supuesto coronado por un final épico. Un ex agente de la ley ya mayor, Steve Judd (gran Joel McCrea), es contratado para transportar oro de un campamento minero a un banco por un peligroso camino, Steve recaba la ayuda de un antiguo socio, Gil Westrum (gran Randolph Scott), este malvive como feriante, que a su vez lleva consigo al joven Heck Longtree (correcto Ron Starr), por el camino paran a dormir y comer en una pequeña granja regida por Joshua Knudsen (R. G. Armstrong), este es un tipo ultrareligioso que tiene una oprimida hija, Elsa (buena Maritte Hartley), esta se escapa con ellos pues tiene a su prometido en el campamento minero. Con este hilo argumental se desarrolla un enorme western crepuscular, el centro son dos pistoleros a los que su tiempo ya les pasó, les ha atropellado, reflejado en su magnífico comienzo, primero Steve se baja del tren y piensa que la fiesta que hay en la estación es por él, y es por una carrera de un camello contra un caballo, y después la simbología se acentúa pues a Steve al cruzar una calle un automóvil está a punto de pillarle, los protagonistas son dos tipos en el ocaso de sus tortuosas vidas. Fue la última interpretación de Randolf Scott y lo borda, transmite la honradez y dignidad que su personaje requiere, posee una hidalguía impresionante, su lenguaje gestual es portentoso, imperial, Joel McCrea es su socio que también está cumbre, emite una picardía y humanidad soberbias y entre los dos se establece una química estremecedora, brotan diálogos de un gran calado, donde la nostalgia flota en el aire, son los grandes soportes del film que lo elevan de modo impresionante curiosamente los papeles eran al revés pero poco antes de empezar el rodaje se los cambiaron), teniendo su zenit en el antológico final. (Sigue en spoilers sin spoilers)
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Decadencia en la alta sierra
Nos enfrentamos a un western crespuscular en el que el contraste entre el ayer y el hoy se observa como telón de fondo durante todo el largometraje.
Ante nuestros ojos van pasando noventa y cuatro minutos de metraje, en los que se incluyen varias escenas cuya función principal no es más que alargar el film hasta la hora y media. Grandes dosis de violencia, en ocasiones totalmente prescindible, permiten a los personajes regodearse en ella, mientras Peckinpah da por hecho quizá de manera errónea que el espectador se deleitará entre disparos y enfrentamientos.
Con un ritmo narrativo bastante dinámico (salvo excepciones), y un guión construido coherentemente, con diálogos con un contenido en ocasiones conmovedor, en ocasiones cruel, Duelo en la alta sierra va ofreciéndole al espectador ambos estados intermitentemente. No se nos contextualiza de manera precisa tiempo ni lugar, se nos introduce inteligentemente en la trama sin recurrir a innecesarias explicaciones.
Una banda sonora mediocre contrastada por un magnífico trabajo de fotografía y unos actores que se enfundan en su papel llevandolo hasta el final con fuerza y talento.
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11 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
LA NUEVA ERA DEL WESTERN: FILM CREPUSCULAR by SAM PECKINPAH
Western crepuscular de uno de los creadores del nuevo Western que sucedió a los de corte clásico como a los Ford, Hathaway, Mann o Walsh, Sam Peckinpah describe la historia de dos antiguos amigos que colaborarán en una última misión: custodiar y transportar un cargamento repleto de oro. Es la historia de un desengaño y una decepción, de la decadencia de una nueva época; una oda visual repleta de lirismo perpetrada en una película magistral e inolvidable con la elección de dos actores ya desclasados en aquél entonces que bordan sus papeles de manera brillante y dejando al espectador un poso de nostalgia y tristeza.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La película más bonita de Sam Peckinpah
Segundo film como director de Sam Peckinpah con el que arreglaba su accidentado debut un año antes con la penosa Compañeros mortales. En Duelo en la alta sierra tenemos a dos veteranos pistoleros que deciden trabajar juntos protegiendo un cargamento de oro desde una zona minera hasta la ciudad. Sin embargo, nada sale como esperan cuando la codicia y un incidente con los mineros les llevan a un peligroso enfrentamiento.

La película tiene un aroma a cine clásico y todavía no se ven en ella las particularidades del cine de Peckinpah, a excepción del tema de la amistad traicionada. Nada hay pues de la violencia descarnada, el montaje fragmentado y otros aspectos tan característicos de su autor.

Se trata de una obra hermosa con una historia bien escrita, cuyos aspectos más sórdidos están contados sin efectismos, y con un par de carismáticos actores Randolph Scott y Joel McCrea que encarnan convincentemente sus respectivos papeles. En el caso del primero sería su última película como actor ya que decidió retirarse del cine nada más terminar el rodaje.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Viaje lleno de melancolía y nostalgia por los viejos tiempos.
"Duelo en alta sierra", es uno de los mejores títulos de Sam Peckinpah, su película más hermosa, clásica y reposada, un inolvidable western crepuscular que retrata el final de una época, el final de unos hombres y sus códigos de vida. Peckinpah nos brinda, a través de un estilo transparente y reposado, cargado de lirismo, otra de sus melancólicas historias sobre la amistad, el honor, y ese universo mítico que se apaga paulatinamente; Peckinpah consigue con pequeños elementos, en apariencia insignificantes, vestir y dibujar a sus personajes, todos los personajes pueden presumir de tener un apropiado dibujo, ninguno sobra, todos tiene algo que decir y aportar a la historia, en muchas películas hay personajes de relleno, en ésta no.

La película recoge toda la iconografía del “western”, con pistoleros, aventureros, banqueros, prostitutas, mineros, misioneros, comerciantes, cantineros y otros, que sitúa en un contexto temporal y social diferente. El Oeste no es ya el espacio de las correrías de los indios, ni el lugar de asentamiento de pioneros y colonos, ni el escenario de las proezas de héroes. Se tratan con respeto, nostalgia y lirismo el viejo Oeste y los códigos de conducta de sus protagonistas (amistad, lealtad e independencia personal), la historia es rica en trazos de humor, se exalta el sentido de la amistad y responsabilidad y se condenan la traición al amigo y el fanatismo religioso.

Para interpretar a la inolvidable pareja protagonista, Peckinpah tuvo el privilegio de contar con Joel McCrea y Randolph Scott, en roles que se intercambiaron antes de comenzar el rodaje porque los actores lo acordaron así. El resultado no pudo estar mejor, ambos dieron lo mejor de sí mismos dando vida a dos hombres cuyo tiempo ha pasado, y tienen una última oportunidad de hacer algo bien. Scott, que había sido el actor fetiche de otro director especializado en westerns, Budd Boetticher, abandonó el cine después de realizar este film; lo cierto es que Scott nunca fue considerado un actor de primera línea, más bien un secundario de lujo, actor de limitado registro, tuvo la suerte de pertenecer a una época en la que había directores que sabían hacer algo que hoy en día rara vez se ve en el cine americano: dirigir a los actores. Joel McCrea era mejor, mucho mejor, de eso no hay duda, trabajó con los grandes (Wellman, Hitchcock, Sturges…) y en manos de Peckinpah logró una de sus más recordadas interpretaciones, consiguiendo una química especial con Scott.

Una película de Peckinpah en toda regla, una obra imperecedera de un escultor de lo imposible, un artesano de los westerns, un hombre que vivió y murió con la misma pasión a la hora de hacer películas. Una estupenda película para amantes de los grandes westerns, o simplemente para amantes del cine con mayúsculas.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Primeras vitaminas.
La historia de 2 viejos vaqueros (Scott y McRea) que se reunen para transportar oro desde unas minas hasta un banco, acompañados de un joven y una muchacha granjera y asilvestrada que escapa de su rígido padre.
La segunda película de Peckinpah y según la crítica la primera sólida de su carrera. Sin ser redonda ni mucho menos, el cineasta va introduciendo en el western las primeras vitaminas a efectos de su renovación y ya aparecen algunas constantes de sus mejores logros: la amistad traicionada y repuesta perpetuamente tras la muerte; la violencia, en estampida, deslocalizada y frecuente, sin que importe el tiempo, el lugar o el hecho que la deriva; los heroes crepusculares, borrados, los seres desarraigados; la lírica (aquí no muy afortunada), a modo de balada, que hacen de la película algo raramente poético; la falta de autoridad y ley - ese sheriff ridículo y borracho -.
Con baches de guión y una puesta en escena todavía algo parcheada, es un adecuado primer acercamiento a Peckinpah y a su cine de vocación anticlásica.
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8 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
La dignidad recuperada
El paisaje, la amistad, el aprendizaje, el itinerario y el heroísmo son los elementos que componen el esqueleto de un western clásico. Antes de que otros elementos extraños y foráneos crisparan su cine, compuso Peckinpah con estos ingredientes una historia que, siendo sencilla en su planteamiento, alcanza las altas cotas de reflexión moral sobre lo bueno y lo malo.

Los personajes de Mc Crea y Scott son las dos caras de la moneda que representa al viejo héroe del oeste, que se resiste a dejar paso a una nueva generación, recordando constantemente viejas aventuras pasadas, en permanente lucha consigo mismo, obligados a aceptar un trabajo de veinte dólares desempeñado con altiva dignidad y muriendo gloriosamente para mejor alcanzar el olimpo de los mitos.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
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