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10
EL ENCANTO DEL ARTE
“Madame de…” se titula con la fórmula de anonimato que disimula la identidad de una aristócrata, involucrada en frívolos enredos en la Francia de finales del XIX.

Podría subtitularse “Historia de unos pendientes”. Tales piezas, formadas por diamantes de enorme valor, van de mano en mano, en recorrido lleno de formidables coincidencias durante el que se cargan con fuertes simbolismos personales y sirven de elegante hilo conductor al relato.

Tan elegante como los planos largos de una cámara que no se detiene un instante en el travelling; planos suntuosos, equilibrados, en escenarios y decorados detalladísimos, sin incurrir en lo majestuoso.

El mismo equilibrio con que la historia oscila entre la comedia y la tragedia para discurrir por ese filo, a ritmo musical. La narración avanza como esos valses que bailan interminablemente los protagonistas. La cámara y la sucesión de acontecimientos parecen seguir esa cadencia vienesa (para Ophuls, la ciudad por excelencia).

El amor, el destino, la mentira y el perdón, girando circulares, a ritmo de vals.

Los tres actores que arman el triángulo (Danielle Darreux, Charles Boyer y Vittorio de Sica) trabajan a excelente nivel y consiguen que, llegada la culminación del conflicto, la tensión sea máxima.

También contribuye la acertada economía con que se adaptan de la novela original los diálogos.

El Ophuls que dirige esta película es un indiscutible artista. Refinado y culto, aporta lirismo, meditación, preciosismo, melancolía, ligereza, romanticismo, humor, vitalidad, drama y fantasía, todo armonizado con gusto exquisito y encanto irresistible en un conjunto que se puede denominar sin vacilación Arte.

Quien no haya visto aún “Madame de…” es afortunado: tiene aún por delante la ocasión de gozar por primera vez de esta obra maestra.
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45 de 53 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La señora de ...
Penúltimo film de Max Ophüls (1902-57), realizador alemán nacionalizado francés. El guión, de Marcel Archard, M. Ophüls y Annette Wademant, con diálogos de M. Archard, adapta la novela “Madame de ...” (1951), de Louise de Vilmorin. Se rueda en el bosque de Rambouillet (Yvelines) y en los platós de Studios Boulogne-Billancourt (Hauts-de-Seine). Es nominado a un Oscar (vestuario). Producido por Ralph Baum (no acreditado) para Franco London Films (Paris) y Rizzoli Film (Roma), se estrena el 16-IX-1953 (Paris).

La acción dramática tiene lugar en Paris, con dos breves escenas en Constantinopla y Basilea, en el último año del XIX (1900). Louise de ... (Darrieux), casada con el barón André de ... (Boyer), general de artillería, se ve obligada a vender unos pendientes al joyero Remy (Debucourt) para liquidar unas deudas que la apremian. Los pendientes a lo largo de la cinta son objeto de compraventa, intercambio o donación como obsequio, al menos, en 9 ocasiones. Louise es desdichada, caprichosa, derrochadora, frívola, coqueta, de belleza estilizada, decidida e insatisfecha. André es patriarcal, posesivo, vanidoso y celoso de las apariencias, las convenciones sociales y su prestigio personal. Fabrizio (De Sica), embajador italiano, conoce a Louise por azar. Es atento, afectuoso, educado y distinguido.

El film suma drama, romance y análisis social. Es una de las 4 obras maestras que el autor realiza en Francia, tras su regreso (1950) de EEUU. En ellas explora los entresijos, secretos, ilusiones y conflictos del amor. Combina con singular habilidad el dramatismo con la ligereza y con toques de ironía y humor. Abundan las digresiones iniciales que sirven para mantener al público a la expectativa de descubrir cuál es la línea argumental básica del film. La narración es liviana, ligera y elegante, sin perjuicio de exponer en profundidad los temas que preocupan al autor y quiere exponer.

Hace uso de una estética esencialmente clásica, que divide el relato en 4 actos, pensados para cumplir las 3 funciones canónicas de presentación, nudo y desenlace. La afición que profesa por el cuidado de los detalles, le impulsa a construir una visualidad rica en matices y elementos de adorno, que le confieren una apariencia de barroquismo de inspiración romántica, acorde con los gustos de la época (1900). Con todo, el armazón de la historia es conceptualmente clasicista y por ello equilibrado, armónico, sólido y dominado por la búsqueda de equivalencias entre el fondo y la forma.

Con la ayuda de elipsis encadenadas y el recurso al simbolismo de unas imágenes envolventes, construye una escena central de enorme fuerza y fuerte contundencia: el vals que descubre a los miembros de la pareja sus sentimientos íntimos, les facilita la comunicación silenciosa de los mismos y les sella su confirmación a través de la expresión corporal asociada a las vueltas del vals y a lo que sucede a su alrededor.
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32 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Imprescindible
Excelente melodrama, retrato cínico de una sociedad de apariencias e hipocresía. Un triángulo amoroso y unos pendientes que circulan de mano en mano. Excelentes diálogos y planificación. Destaca la actuación de Charles Boyer, aunque también son convincentes las de Danielle Darrieux y Vittorio De Sica, así como las de los secundarios. Es el primer título de Ophüls que veo y me ha dejado satisfecho, para muchos es su mejor film. Dominio absoluto de la puesta en escena y de la planificación.
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26 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
NO ME GUSTÓ LO QUE ME CUENTA PERO ME ENCANTÓ COMO LO CUENTA OPHÜLS
Para valorar justamente esta película en el año 2007 habría que meterse, mas que en la piel, en los conocimientos y experiencias de alguien que viviese hace más de cincuenta años. Y no lo digo por lo del triángulo amoroso que es un tema universal y siempre de actualidad, sino por todo lo demás: lujo, teatros, bailes, admiradores, joyas, viajes, nobleza, sirvientes, lacayos, cuadros de Napoleón, etc, etc, etc.

No quiero decir con ello que para comprender y valorar una obra haya que haber vivido en el tiempo que se refleja. No estoy tan loco. Pero en este siglo 21 empiezan a resultar increíbles estos tipos de personajes intentando recobrar el honor que hace ya mucho tiempo que perdieron. Y esto, en cuestión de cine, es un síntoma de mal envejecimiento.

Dicho queda pues que lo que la pelicula de Ophüls cuenta no me interesa demasiado pero en cambio me parece atractiva la forma de contarmelo. Se nota que Max Ophüls es un director diferente con una inteligencia poco convencional. "Madame de..." en manos de otro director más "normalito" podría haber sido una píldora soporífera. Pero Ophüls le saca partido, con unos diálogos que se mueven entre la comicidad y la ironía, con una serie de casualidades magistralmente imaginadas y puestas en escena para deleite del espectador y sobre todo con dos actorazos de la talla de Charles Boyer y Vittorio de Sica.

Hay quien dice que Boyer está mejor, tal vez porque asociamos el papel sicológicamente más complejo con una mejor disposición interpretativa, pero de Sica está absolutamente creíble en su papel de noble diplomático y seductor y esto es lo máximo que puede pedirsele a un actor. En cuanto a Danielle Darrieux, está bastante bien en su papel, pero claro, al lado de dos fieras interpretativas como Boyer y de Sica, pues se queda algo rezagada. No obstante admiramos su finura, su estilizada belleza y también, quede claro, su buen hacer.

No me gustó lo que me cuenta pero si me gustó como me lo cuenta Ophüls. Por ello la calificaré con un 7, eso si, alto.
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30 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Madame de... (1953)
En 1950, tras su periplo hollywoodiense, Ophüls, director alemán con nacionalidad francesa, y sin perjuicio, de poseer la alemana, regresa a Francia para iniciar la etapa más brillante de su carrera. Allí realizó cuatro obras maestras –'La ronda', 'El placer', 'Lola Montes' y la cinta que nos ocupa–, donde reflexiona sobre el amor y las relaciones humanas.

Ambientada en la Europa de comienzos del siglo XX –el contexto histórico favorito de Ophüls–, período que supone el ocaso del viejo continente y el inicio de una nueva época de inestabilidad, 'Madame de…' es un sencillo y fantástico melodrama entre un triángulo amoroso que termina en tragedia.

Toda la filmografía de este cineasta y, consecuentemente, las diversas escenas de la película, se encuentran marcadas por el expresionismo, el impresionismo y el barroquismo. Ophüls, autor de referencia de Stanley Kubrick, mueve la cámara de forma fluida, conformando un trabajo de cámara sin igual.

A ritmo de valses y unos pendientes que sirven de refinado hilo conductor de la trama, el filme está lleno de escenas magistrales, como pueden ser, el plano secuencia que presenta al personaje femenino y que sirve para definir totalmente su personalidad, o el vals que revela a los miembros de la pareja sus sentimientos íntimos.
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13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Romanticismo evanescente.
En 1951, Louise de Vilmorin, mujer de letras muy dada a recibir en su residencia a la crema de la intelectualidad parisina, hace llegar a Max Ophüls, asiduo de sus tertulias literarias, un ejemplar de su novela “Madame de…” con vistas a una posible adaptación a la pantalla. Pensaba la escritora, después de asistir entusiasmada a una proyección de “La Ronde” (1950), que el material dramático de su texto se adaptaba como un guante al universo del realizador franco-alemán. Así, la particular andadura de la Condesa Louise De, una aristócrata predispuesta a las intrigas y galanteos amorosos que encuentra en unos pendientes su atormentado rondó cinematográfico, no estaba lejos de algunos temas habituales de su filmografía. La propia circularidad de la historia permite a Ophüls trabajar sobre un conjunto de elementos comunes a su obra y a los que dotar de su particular concepción del espacio y el tiempo.

El cineasta vuelve a contar con Danielle Darrieux, una actriz de aspecto elegante y sofisticada muy acorde con el personaje, como también lo son, su marido, un excelente Charles Boyer, contenido en las formas y un no menos grande Vittorio De Sica, como amante, que además de ser un gran cineasta era un soberbio actor. Los personajes del film se debaten entre lo que realmente son y la imagen que proyectan sobre los demás, entre la tensión generada por sus sentimientos enfrentados a sus actuaciones sociales. Es fácil, por tanto, encontrar en el film numerosos planos en que los personajes aparecen encuadrados a través de cristales o espejos que constituyen una especie de ventana del alma, por así decirlo. La profundidad de campo que dan los espejos, da paso a una puesta en escena con una elegancia en los detalles, “travellings” suntuosos con una fascinante armonía en los movimientos de los personajes y la cámara.

Los diálogos son brillantes, la gestualidad, dignos de un cineasta de gran cultura, propio de un director con un estilo fácilmente reconocible. Cómo están filmadas las escenas en la estación del tren, las escenas de la ópera (por el aria que suena, diría que es “Orfeo y Eurídice” de Gluck), son una gozada. Un cineasta feminista que retrata a la mujer con mucha fuerza, personalidad y una rebeldía absoluta ante los convencionalismos. Pero siempre desde el buen gusto, ejerciendo una irónica y soterrada crítica de esa clase social en decadencia. Una estupenda fotografía y una deliciosa música de una sutileza absoluta que hacen de este bello film una propuesta admirable de una forma de hacer cine que no ha encontrado discípulos que la mantuvieran viva, y que lamentablemente es irrecuperable. Max Ophüls fue un sagaz cronista de principios del siglo pasado.
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
MI CITA CON MADAME DE...
Por fin, este domingo pasado, me he decidido a disfrutar de una cita que tenía pendiente, desde hace algún tiempo. La cita era con una señora con una pinta estupenda, y sus referencias, no podían ser mejores (el film mejor valorado de Max Ophüls), con todo esto que comento, como comprenderéis, estaba ansioso por la cita.
El único y triste motivo del retraso de esta quedada es mi torpeza con los idiomas, y es que la copia que tenía de la película era en versión original subtitulada. La V.O. tiene lo suyo, escuchas las voces reales de los actores, que no es poca cosa. Pero desde mi punto de vista, que solo domino el castellano, y no demasiado bien, prefiero las versiones dobladas.
Así que la mañana del domingo, después de un saturday night muy tranquilo, perfectamente descansado y desayunado, me dispuse a gozar de mi anhelada cita, y cómo no decirlo, a leer subtítulos como un ceporro, aún así no fui decepcionado para nada.

Madame de... es un drama amoroso con toques de humor, reflejados en algunas escenas, como las de los artilleros sordos, o el plante de los músicos del baile y reflejados también en unos diálogos ácidos, ágiles y chispeantes. El triángulo amoroso, marido, mujer, y amante, están interpretados a la perfección por Charles Boyer, Vittorio de Sica, y la menos conocida Dannielle Darrieux, al menos fuera de Francia, aunque para mi, el personaje de Charles Boyer es para echarle de comer aparte, es simplemente sublime.
La sociedad de finales de siglo XIX en París está maravillosamente reflejada por parte de Ophüls, es una alta sociedad decadente y caduca, donde la frivolidad y la superficialidad es lo que prima, y guardar las apariencias resulta ser lo más importante.
Quizás lo que más pueda caracterizar este film, sean los PENDIENTES DE MADAME DE... , hilo conductor de la historia, los continuos viajes, idas y venidas de los valiosísimos pendientes engranan de manera brillantísima el relato.
INMEJORABLE.
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10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El siglo XIX como jamás se ha visto en una pantalla
Maravilloso retrato femenino enmedio de la Francia de finales del siglo XIX: sus salones, sus afeites, sus militares, sus palcos. Nunca la ambientación de una película tuvo tanto que ver con los caracteres de los personajes que la pueblan. Se lo digo yo que he leído mucho sobre ese siglo y además soy muy mayor. Aquí, no son actores en un decorado, sino seres vivientes de aquel siglo. Nada sobra, y usted nunca tendrá la sensación de que la gente que pasa por la calle son extras. Pero, ojo, los personajes son aristócratas y clases dirigentes, y del siglo XIX además, así que se comportan como tales, (en vez de, como en tantas películas modernas, como usted o yo vestidos con ropas carísimas y yendo a la ópera en coche de caballos). Louise de Vilmorin, la autora de la novela, era ella misma aristócrata, y coleccionista de amantes, (alguno famosos como Cocteau, Malraux o Saint-Exupery, ahí es nada). Ella misma presentó en su salón, (ya se sabe el significado de la palabra salón para estas gentes) a Max Ophüls.
El retrato psicológico de la protagonista, (fría, como siempre, Darrieux, pero aquí queda de perlas), es uno de los mejores que recuerdo. Pero no le va a la zaga el marido, con una interpretación de antología de Charles Boyer. Más discreta es la actuación de Vittorio de Sica, con su sempiterno aspecto de peluquero. También hay una pequeña colección de personajes secundarios que resultan hondos, veraces, casi sin proponérselo, como la criada y confidente.
No hay argumento que contar, apenas; referencias a Bovary y Karenina, pero con mucho más hielo. Y un ballet cinematrográfico por parte de Ophüls, que nos lleva volando de los armaritos y los pequeños frascos de perfume a los grandes palcos de la ópera, siempre destilando vida en cada plano.
¿Por qué, por tanto, no un diez? Será por alguna sensación extraña, difícil de explicar, algo relacionado con el frío.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Los pendientes de Madame de...
He tenido la suerte de disfrutar en estos días de dos maravillosas películas de Max Ophuls, "El placer" y "Madame de"...que todavía no había tenido ocasión de ver. Anteriormente tuve la oportunidad de visionar "Carta de una desconocida", "La ronda" y "Lola Montes", especialmente la primera me entusiasmo. Con estos precedentes ya tenia una idea por donde giraba la obra de este académico director, que sabia mezclar de manera muy sutil el drama y la comedia con esa peculiar mezcla entre la ligereza más fina y la más amarga tragedia sin que percibieses apenas el momento.
Madame de...representa la más refinada elegancia de un mundo decadente y superficial donde todo es apariencia, representación, y buenas maneras. La historia gira alrededor de unos pendientes de gran valor que van pasando de mano en mano en varias ocasiones y que sin duda retratan magníficamente a sus distintos poseedores, y que acabara siendo el eje de todas las situaciones que se producen en la trama.
Si la dirección es grandiosa que decir del trio protagonista Darrieux-Boyer-De Sica, magníficos, no solo en la interpretación sino en los vestuarios de época que lucen. Realmente parecen bajados de un cuadro Neoclasicista.
El conjunto de sus variados detalles y la elegancia de la puesta en escena hacen de Madame de...una obra maestra de irresistible belleza. Dulcemente encantadora tanto en la forma como en el fondo.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Romanticismo puro
Maravillosa película de Ophuls, en la que muestra, dentro de un triángulo amoroso, los sentimientos de grandeza, entrega, celos ( pueriles o profundos ), pasión, ... Particularmente me gusta su tratamiento del amor y la distancia, que lo alimenta a través de la esperanza (la escena en la que D. Darrieux pasea por la playa).
Como es habitual en Ophuls la ambientación es fascinante y el guión se entremezcla admirablemente con el drama psicológic. Además añade con su estilo particular, el aderezo de cierto humor y costumbrismo.
Destaco una escena en la que la protagonista tiene que hacer una visita a una familiar que acaba de dar a luz en la que se mezcla magistralmente lo cotidiano y lo sublime, el alboroto de una casa llena de gente, de niños y de vida, con la soledad interior y el sufrimiento de ella.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Madame de...
Estupendo drama de época dirigido por Max Ophüls (Carta de una desconocida, La ronda) que adapta una novela homónima de la escritora francesa Louise de Vilmorin. La película, una de las últimas del maestro alemán (moriría sólo 4 años después), pertenece a su segunda etapa francesa, y concentra, para gozo de sus admiradores, las principales constantes temáticas de su filmografía: infidelidad, enamoramiento apasionado, frustración ante el amor no correspondido y mucha sensibilidad. Con la elegancia y sofisticación de la mejor pieza de orfebrería, Ophüls sitúa este romance aristocrático en los albores del siglo XX, y transforma la frivolidad inicial de su protagonista femenina en un sentimiento desgarrado abocado a la tragedia. La categoría de su reparto no hace más que enaltecer el producto.
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5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
DEPENDIENTES
Si uno no hubiera visto ninguna de las películas de Ophuls esta sin lugar a dudas podría servir de ejemplo de su maestría como director, de su estilo fluido con la cámara dolly, amante de los objetos y los detalles y de su pasión por ese mundo centroeuropeo de principios del siglo XX. No por ello, a mi juicio, la mejor de su obra, de la que fue su penúltimo trabajo.

A las críticas iniciales que la consideraron una obra "menor" y a la posterior revisión por los gurús de Cahiers du Cinéma que la etiquetaron de obra maestra, me quedo con la virtud del término medio. A saber:

La cortedad de la novela en que se basa, de la novelista y poeta Louise de Vilmorín, amiga personal del director y cuya vida amorosa probablemente daba más juego que la novela en sí. Ophuls sacó petroleo del relato.

Los personajes de Vittorio de Sica y de Danielle Darrieux fueron diseñados en el guión pensando en ellos. A de Sica que admiraba a Ophuls y que había intentado ya trabajar con él anteriormente, el director alemán "se lo debía" y Darrieux, que por cierto acaba de cumplir 100 años, estaba en lo más alto de su fama y parece que fue condición indispensable por parte del director para realizar la película.

Sus alardes como director y la puesta en escena (magnifico vestuario) acaban por ser el protagonista principal de una historia que refleja, como la abundancia de espejos que utiliza, la vanidad efímera de sus protagonistas, la superficial, frívola y despreocupada sociedad en la que viven ajena a lo que se les viene encima y a la miseria exterior a su mundo privilegiado, palidamente reflejada en esos familiares abarrotados de niños. Una clase social de matrimonios de conveniencia donde las pasiones se ocultan bajo un manto de apariencias hipócritas, siempre lastradas por el freno de la moral. Sobre todo en las mujeres, carentes en general de una educación amplia, abocadas a ser "La señora de...", perdiendo su propia individualidad. A esto es a lo que entiendo se refiere el título y no a la intención de ocultar nombres que pudieran ser reconocibles, como se ha escrito abundantemente.

También discrepo sobre las "excelsas actuaciones" en este caso del trío protagonista, que me parecen algo sobrevaloradas dentro de su notable nivel. Dicen que Boyer andaba algo perdido ante las motivaciones que movían a su personaje y que Ophuls cansado de las preguntas del actor sobre ello acabó por responderle que estaba escrito así y punto. En cualquier caso me parece el personaje más interesante, capaz de mantener un equilibrio social donde los coqueteos de su mujer no dejan de ser un capricho permitido, un juego admisible en beneficio de su propio ego que solo se convierte en inadmisible cuando "su posesión" ya no le pertenece aunque siga encerrada en su jaula de oro.

Funciona el juego de los pendientes y el humor que entrevera una pasión algo tibia que no acaba de emocionarme lo suficiente más allá del análisis racional anteriormente expuesto. Todo ello desembocaba en un final cíclico donde los pendientes se convertían en herramienta del destino. Al final y después de haberlo rodado, Ophuls lo desechó y apostó por otro más arriesgado y abierto, con una coda final de, a mi juicio, dudosa efectividad.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Ophüls, el elegante aristócrata.
Una de las más prestigiosas obras del genial Ophüls, otro ejemplo de elegancia fílmica, dónde todos los elementos están notablemente dosificados. El director vienés posee una embaucadora concepción del arte del Cine, dónde suma a la levedad en el manejo de la cámara la gravedad de los temas que toca quedando un sutil cocktail con el que logra penetrar en el alma de los personajes, sobre todo femeninos.
Película muy hermosa y sobre la hermosura, sobre la felicidad y el amor, de la que se extrae que era Ophüls un romántico lujoso, racional y feliz gracias a su talento artístico dónde mata su, creo yo, infelicidad. Y es que hablamos de un aristócrata en su arte.
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4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Después fue tarde
Desde luego el trío de actores es magnífico.
El hilo conductor de la historia, los pendientes de brillantes, llevan al espectador a escenarios, que combinan una extraordinaria belleza repleta de lujos, cristaleras, candelabros, arañas de cristal, espejos venecianos. Lujo en cada encuadre en cada botón, en los escotes exquisistos del vestuario. Todo contrasta con el minimalismo y la sordidez de espartanos despachos que vienen a ser como la trastiendas de las vidas de los protagonistas.
En cuanto a los trenes, a los viajes siempre son un fundido en negro, una huída de ellos mismos. El desenlace tendrán que verlo, un tanto precipitado tal vez.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
LA INFLUENCIA DE MAX OPHÜLS
Muestra elegancia, apuntas de lirismo, aire intimista, una ambientación brillante, una apariencia evanescente y una notable voluntad de simbolismo pero en la pantalla algunos de los elementos suenan a forzados, su planteamiento ofrece síntomas de debilidad y el desarrollo tiende hacia lo deslavazado.
El relato resulta interesante pero desde el punto de vista cinematográfico se transforma en una narración poco convincente.
Y, a pesar de todo, la película que dirige M. Ophüls se ha convertido en un referente casi legendario del cine francés de mitad del siglo pasado.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Sociedad constreñida
Ophüls nos regala este maravilloso drama, mostrándonos las interioridades de las altas esferas de la sociedad, donde las apariencias lo son todo y todos son prisioneros de las reglas del juego. Con una dirección excelente, narra la historia con gran habilidad haciéndola girar en torno a la extraña suerte de un objeto (también superficial, puro maquillaje) que revela los deseos, las pasiones y las miserias de sus protagonistas. Una insuperable Darrieux y unos maravillosos Boyer y De Sica consiguen hacernos partícipes de esta formidable cinta en la que vemos discurrir las vidas de sus personajes oscilando entre la resignación vital y la imposibilidad (incapacidad) de encontrar un amor verdadero. Altamente recomendable, una gran película.
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8
Versallesco drama romántico.
Me resulta curioso como los franceses son los únicos capaces de mostrar con toda normalidad a un matrimonio de una joven mujer y su maduro esposo durmiendo en camas separadas hablando de su "amor" mientras mezclan frívolas conversaciones con doble sentido.

El caprichoso comportamiento de los personajes muestra una clase social alta llena de ambiguos intereses y mentiras.

Interpretaciones y dirección excelentes en un drama aristocrático con factura clásica, que recuerda ligeramente la atmósfera de Madame Bovary.

Los actores todos muy bien, elección correcta de todos ellos, son creíbles en sus papeles de lánguidos amoríos.
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5
Cortinajes y bisutería
Drama de apolillado aroma. Hay tanta languidez en los afectos y en las pasiones que, incluso en su teatralidad, resulta fraudulento. No hay veracidad en estas desesperaciones del amor. No hay aliento en estos desgarros del desamor. Las vidas que acogen estos exuberantes decorados, parecen hechas del mismo cartón, la misma falsedad.
Un cansino romance. Insípido. Anticuado. Caduco.
Así como hay novela decimonónica, hay amores decimonónicos, y películas que los cuentan con el mismo engolado y añejo artificio.
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0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Algo increible
Bastante floja en argumento. La ambientación, los actores y toda la parte técnica es muy hollywoodense, muy buena.

Pero el argumento es tan... pasable, que corre el peligro de dormirte.

Debería llamarse: Los pendientes malditos o algo.

La veo muy poco creible, y nada normalizada para lo que nos están contando.
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8 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Hipocresialand.
215/02(07(09/08) Melodrama ambientado en la Europa de finales de siglo IXX. Comenzaré diciendo que este género no es ni de lejos mi preferido, los melodramas me parecen telenovelas comprimidas, el germen de lo que hoy son culebrones televisivos y este no se salva. Lo destacable del film es su forma de rodarlo, lleno de buenas escenas, sello de uno de los maestros del género, Max Ophuls, como botón de muestra valdría el comienzo en el que sigue con la cámara a unos pendientes sin que se vea el rostro de la dueña, al final vemos su rostro (Danielle Darrieux) reflejado en un espejo rodada de todas sus posesiones materiales, un sello de mucha clase. Esta cinta nos relata la vida de un matrimonio de clase alta, André (Charles Boyer) consiente que su mujer, Louise (Danielle Darrieux, le engañe con otros, mientras no se enamore de ellos, ella, Louise, cree que él no lo sabe, vamos que él es un flemático reprimido sexual que no es capaz de satisfacer a su ninfómana esposa. La cinta nos sumerge en un mundo decadente, donde todos mienten, viven en un mundo invadido por la hipocresia. Recomendable a los que gusten de melodramas enfermizos. Fuerza y honor!!!
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10 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
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