arrow
10
¿Qué hacemos con este Franck?
Antológico film de Leone, crudo, áspero, con un comienzo sin palabras en el que se imponen el silencio y los planos cortos. Y acto seguido la aparición de Franck ( Henry Fonda) acompañado por una desgarradora música de Morricone en la que se aprecia una guitarra eléctrica que acentúa aún más el desasosiego. Una escena brutal pero tratada con tanta maestría que adquiere un gran lirismo y deja ya claro desde muy temprano que un acto tan malvado e injusto no puede quedar sin venganza. Creo que Leone condensó en este film todo lo mejor de sus western anteriores. Las tres películas anteriores, de la llamada trilogía del dólar, desprendían un aroma más humorístico y resultaban más divertidas y dinámicas. Hasta que llegó su hora, sin embargo, ahonda más en los sentimientos de los personajes y ofrece una visión más pesimista de la condición humana, los personajes son taciturnos y a todos se les nota un poso de tristeza en lo más interno incluso al astuto Cheyene al que se le detecta cierta nostalgia por una vida tranquila de hombre de familia que no ha podido pudo vivir. Ambición, egoísmo y venganza se se unen en una única dirección posible que es la de la muerte. Pero al mismo tiempo el director quiere dejar una puerta abierta al cambio y a la esperanza que se representa es esa estación de ferrocarril naciente que es levantada con entusiasmo.Unos vienen y otros se van...
Una obra maestra.
[Leer más +]
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
No sólo sabes tocar...
Guauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu....

Imposible ver esto sin expresar una onomatopeya como ésta u otra por el estilo; Sergio Leone reinventó el western, y , tras su fantástica trilogía, nos regala esta soberbia obra maestra (en la que, por una vez, el título traducido no desmerece al original, C'era una volta il West). La peli es una maravilla total desde el principio: evidentemente, ningún estudio estadounidense permitiría a un artista dedicar cincuenta minutos a un prólogo, a la presentación de unos personajes que saldarán cuentas con su destino en casi tres horas de auténtico placer.
Empezaremos por Jill, la viuda McBain, o, lo que es lo mismo, la belleza personificada, unida a la fuerza que representa una mujer a la que arrebatan violentamente su sueño de cambiar de vida, una magistral Claudia Cardinale, demostrándonos cómo se debe sudar y ser sexy a la vez; por otro lado, Morton, el malvado magnate del ferrocarril, caballo de hierro que traerá una nueva realidad al desolado Oeste, asediado por una tuberculosis ósea que hace difícil cumplir sus sueños de unir dos océanos. Por ahí anda también Cheyenne, uno de los personajes característicos de Leone, el asesino simpático, interpretado por Jason Robards, y que, por sus particulares motivos, ayuda al héroe a llevar a cabo su venganza; pero todos los personajes bailan al ritmo que marca el dúo protagonista, por un lado Frank, el malo por antonomasia, que lo sería menos si no fuera por el trabajo realizado por un alucinante Henry Fonda, hastiado de sus papeles de santurrón y que transmite, a través de la gélida mirada de sus ojos azules, todo el desprecio, odio y ambición que mueve a su personaje; pero a Frank le llegará su némesis personificada en el inquietante Harmonica, un hombre misterioso, innominado, venido de lejos a cobrar deudas del pasado, a quien da cuerpo, y escasas palabras, un Charles Bronson marcado por el sufrimiento.
Todos estos personajes se mueven en un entorno fascinante, a medias entre Tabernas y Monument Valley, fotografiado con la pericia habitual de Tonino Delli Colli, y, sobre todo, inmerso en el alucinante trabajo musical de Ennio Morricone, que otorga un tema inolvidable a cada uno de los roles de la peli, complementando así la personalidad de cada uno, y rellenando los silencios narrativos de Leone con una apoteosis musical impresionante.
Y el ritmo; ese ritmo, lento, pausado, desasosegante, un tempo que nos habla de la espera infructuosa, de nuestra propia pequeñez ante la inmutabilidad del destino que nos espera...

Repito: Guauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
[Leer más +]
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
JILL, HARMONICA, CHEYENNE Y FRANK
La famosísima primera secuencia de la mítica HASTA QUE LLEGÓ SU HORA (Sergio Leone, 1968) deja ya a las claras la importancia del ritmo, del tiempo en la película. Es posiblemente en HASTA QUE LLEGÓ SU HORA donde el estilo dilettante de Leone alcanza su punto culminante en la obra del majestuoso director romano.
[Leer más +]
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Western en estado puro
No se trata tanto de contar una magnífica historia de pistoleros buenos y malos y de venganzas y catarsis duelistas, que también, sino de embridar la epicidad de la quintaesencia del western a base de multitud de referencias de decenas de westerns consagrados con novísimas aportaciones de cosecha propia, para mi que eso de alambicar en una sola peli la tragedia y la esencia del western, lo consigue. Esta reseña no da para siquiera orillar los mil detalles excelsos que cimentan la obra. Sin más, meter a Henry Fonda de malo terrible con ese pasado mítico de héroe americano es simplemente un acierto genial, y Henry Fonda lo borda. El resto del reparto es inigualable, con un Jason Robards que juega a ser el malvado de maldad blanca que es en suma la mirada del espectador que quiere un desenlace justo o liberador y para ello hay que pasar por el rodillo del duelo y la muerte. Una Claudia Cardinale hermosísima y con un carácter entre femme fatale, bella dama y luchadora fuerte que muy pocas habrían encarnado así, un Charles Bronson con esa mirada gélida, con ese aparecer siempre hierático y como preternatural y un rostro que parece esculpido en madera y que apenas esboza una sonrisa para Cheyenne al que guarda simpatía no por lo que es, sino por su franqueza y su victimismo, Cheyenne es un forajido que se justifica, y eso tiene gracia porque es moral. La música, con el leitmotiv por cada personaje parece que existiera antes de que se inventara el western, como si siempre hubiese estado allí. Y esa opinión que a veces se mantiene sobre el exceso metraje en realidad se justifica porque Sergio Leone gusta del detalle minucioso y manierista, pero sobre todo de la elipsis lenta antes de la resolución del disparo rápido; es decir, toda la acción se trabaja y se preña en el lento y previo desarrollo de las secuencias que es un suspense que captura velocidad cinética antes del disparo o el golpe, que es rapidísimo y que da respuesta catártica a ese lento preámbulo que en realidad da forma y espesor a la escena ulterior. Sorprende la enorme cantidad de detalles esmeradamente recreados.
[Leer más +]
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
... Se nos hizo de noche.
La película se hace muy larga. Según el meridiano de Greenwich, Hasta que llegó su hora tenía que haber llegado mucho antes.

-Yo doy una estrellita por Jason Robards que indudablemente es el que consigue la actuación más creíble respecto al resto de los estólidos personajes y otra por el último extra que como sale poco también está creíble.
-Le quito varias estrellas por esos primeros planos interminables que terminan siendo como anuncios de ópticas o de rayos uva y no anuncian nada.
-Le quito otras cuantas por ser un spaghetti western con una permanente sensación de aspiraciones muy elevadas, siendo lo real una lentitud de movimientos de la gente demasiado para el body. Llegué a pensar que faltaba poco para ver a Bronson haciendo katas de Kung Fu a cámara lenta al estilo capitán Willard. Leone cae bien a la gente pero goza de demasiado crédito, me parece.
-Le doy una estrella por Fonda, no sé por qué.
-Le doy dos estrellas por la música.
-Le resto una y media porque observo viendo tantos dieces de nota que esta película sirve para crear más afinidad que credibilidad. Aunque la página web se denomine Affinity no es ese el sentido del nombre.
-Le quito media estrella en definitiva porque es un film decepcionante con poca sustancia para tanto metraje y media estrella más va fuera porque Claudia no me convence; le falta un punto sexy que es muy importante en el Oeste. La escena de la cama de ella con Fonda es bastante mediocre. ¿Estaba esperando a que él dejara de hablar o él se había metido en la cama sin pistola?

Total, que quito y pongo estrellas para un spaghetti lleno de estrellas pero estrellado en el intento de algo realmente épico pero que absurdamente (desde mi modo de ver) goza de buena estrella.
[Leer más +]
27 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
¡Y menos mal que llegó!
Tú, Sergio, tú que me hiciste disfrutar como un niño con esos insólitos primeros planos y ese lacónico, agudo y hermético Clint Eastwood en la genial ‘Por un puñado de dólares’. Tú que me dejaste embobado con esa musiquilla de reloj que anunciaba uno de los duelos más perdurables que ha dado el séptimo arte en la siempre interesante ‘La muerte tenía un precio’. Tú que ratificaste el Spaghetti western con esa reflexión sobre la bondad y la maldad, sobre la exigua diferencia entre ellas, en la notable ‘El bueno, el feo y el malo’. Tú que nos hiciste ver el sinsentido de la revolución y nos entregaste esa visión tan pura de la amistad y de la traición, que serviría como puente de tu obra posterior, en la infravalorada e imperfecta (aunque no por ello deja de ser sensacional) ‘¡Agáchate, maldito!’. Y tú que alcanzaste la cima con la compleja, maravillosa e irrepetible ‘Érase una vez en América’. Tú, Sergio, ¿cómo pudiste engendrar semejante tostón?

No lo sé, no me lo explico. Y lo peor es que parece ser que estoy en ese escaso grupo de personas que se hartan de esos innecesarios estiramientos de planos y prolongaciones de escenas que acaban por aburrir a las monjas, a las ovejas, a las cabras, a los columpios y hasta al malo de Luchino Visconti. El grupo mayoritario afirma que es lo mejor del italiano, que es una obra maestra, que los actores molan, que la Cardinale (¡actuando!) está cojonuda, que Bronson es diez veces Clint (ya le gustaría…), que cocer venganzas a retrovelocidad es divertido, que Henry fonda con barba tiene más sex-appeal… ¡Venga, hombre! ¡Seamos serios! Esta película no merece ni un puñado de reconocimiento.

Un tres por el cuarto de hora tan espléndido del inicio, por su banda sonora y por un par de diálogos más que ingeniosos. Y va que chuta.
[Leer más +]
19 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
El mejor western de Leone
El único defecto que esta película puede tener es un poco lenta y a veces se hace un poco pesada, pero eso para mí no es ningun inconveniente. Para mí es una de las pocas películas a las que se le puede calificar de perfectas.
[Leer más +]
13 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Ese hombre se merece una venganza
Hablar de western es hablar de Sergio Leone, hablar de como alguien que ni mucho menos inventó el género ni que siquiera fue hijo de las tierras en donde las andanzas de los pistoleros se convirtieron en leyenda, supo hacerse un hueco en un mundo que le era ajeno creando su propio estilo, hablar de como ese alguien se convirtió en un maestro indiscutible e imperecedero no solo por su talento si no también por su infravalorada contribución al arte por el arte y hablar de como otros, Tarantino entre ellos, deben tanto a Leone y a esta obra maestra suya en particular, pues viendo "Hasta que llegó su hora" uno es cuando realmente se da cuenta de hasta que punto "Kill Bill" bebe directamente del cine de Leone.

Si esta "Kill Frank" destila desde su primer segundo de metraje una belleza arrebatadora, se debe en gran medida al estilo propio y personal de Leone y a la maestría de la que se sirve de la genial partitura de otro monstruo, Morricone, para conjugarla en todo momento con imágenes de letal lirismo y sobrecogedora belleza en que se retrata a los viejos pistoleros del lejano oeste más como poetas armados que como bandidos salvajes sin renunciar a la violencia que les es propia.

Más allá de la portentosa fotografía, los magníficos juegos con luces y sombra, los primeros planos de los ojos de los pistorelos y la maestría en el uso de la cámara, Leone disfruta recreándose en los detalles, impregnando cada escena de un lirismo que en sus escenas finales es capaz incluso de conmover al espectador con su épica emotiva. La narración, pese a lo lioso que puede parecer al principio el argumento, no deja ningún cabo sin atar y se torna sorprendente en su conclusión, cuando la historia del hombre de la armónica cobra sentido.

Una obra maestra, infravalorada durante años con el epíteto de "spaghetti", a la que si no pongo un diez es porque a mi juicio, hay incluso una obra aún del propio Leone que constituye la obra maestra definitiva de su carrera: "El bueno, el feo, y el malo", pero no por ello deja de ser un portento visual al que "Kill Bill" y Tarantino mucho deben.

"El que muere se queda muy asustado"
[Leer más +]
10 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
No temáis calificarla de obra maestra
''Hasta que llegó su hora'' merece el calificativo de obra maestra. Desde sus comienzos, el film mantiene un altísimo nivel con esa escena en una estación, en la que los planos de detalle contribuyen a acrecentar el clima de tensión.

Nos encontramos ante un cúmulo de virtudes cinematográficas. El manejo de la cámara es para quitarse el sombrero, pues constituye toda una lección de elegancia, de tacto. La trama, que parece dispersa y confusa al principio, se va consolidando de un modo natural: sus dos ejes son la venganza y la ambición, señalados como los valores que presidieron la conquista del Oeste americano. Por lo demás, el guión deja frases inolvidables.

Las interpretaciones, todas sin excepción, son sobresalientes, con especial mención de Henry Fonda y Charles Bronson. Claudia Cardinale no se limita a aportar el elemento de sensualidad sino que va mucho más allá. El resultado es un conjunto de personajes oscuros, movidos por todo lo que está opuesto a la bondad o a la nobleza.

Respecto a la banda sonora de Ennio Morricone, basta decir que llega, en un momento dado, a poner los pelos de punta, lo que es la mejor prueba de su incomparable genialidad. A pesar de lo que objetan muchos, el extenso metraje ni siquiera es un problema: la película no ''pesa'' en ningún momento.

Estamos ante una película titánica, de la más elevada dignidad. La única pega: la traducción del título al español. ¿No sería mejor haberlo traducido literalmente del inglés o, simplemente, no haberlo traducido y haberlo dejado como ''Once Upon a Time in the West''?
[Leer más +]
8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Polvo, moscas, raíles y cadáveres en la arena
Leone era un diseñador de atmósferas. Consigue que el calor pegajoso se te pegue a los huesos. Que el zumbido de las moscas y el chirrido monótono de un molino de viento te ponga nervioso. Y que veas el transcurrir inclemente y desabrido del tiempo en las facciones curtidas, en la aspereza de la piel sin afeitar, en las arrugas causadas por la intemperie y por haberse acostumbrado a entornar los párpados para fijar la vista pacientemente, sin prisa, en el objetivo.
El destello metálico de unos iris azules y acerados, fríos como témpanos, atraviesa inescrutable el aire seco y radiografía directamente algún punto impreciso que es ocupado al otro lado de la pantalla por el espectador, el mismo espacio del enemigo al que se va estrechando el cerco paso a paso. Los segundos se detienen, se deleitan en esas miradas cargadas de nada. Si el odio se pudiera destilar, no habría más que exprimir el polvo y las ropas sudadas para obtenerlo a borbotones.
Los minutos pasan con lentitud en la espera licenciosa de los que tienen poco más que odio y nada. También pasan frente al desafío de quienes luchan por tener algo más dentro.
Leone fotografiaba la futilidad, el viento indiferente, la quietud anterior a la refriega, solazándose en cada gesto, en cada silencio cargado de electricidad.
Fotografiaba el vacío, la crueldad, la dureza, la codicia de oro y placeres, la denodada pelea por sobrevivir contrastando con un arriesgado desprecio hacia el pellejo propio. Como si para morar en el Oeste uno tuviese que estar fabricado de un material peculiar, hecho ante todo de riesgo, de flirteo con lo salvaje, con la muerte.
A lo mejor era así. Quizás había que estar muy loco para irse al Oeste.
O muy desesperado.
Como una tierra de promisión.
Riquezas en perspectiva, si uno era listo. O, si a uno no le llamaba el olor del dinero, tal vez la sensación de libertad. O de impunidad.
O de empezar de nuevo.
El ferrocarril como columna vertebral, como un río que fertilizara los terrenos por los que pasaba. A su alrededor, codicia, aves de rapiña, promesas de prosperidad en rincones perdidos.
Una bella mujer que tiene lo que hay que tener para venir a parar a la boca del averno. O quizás es que para ella puede ser lo más parecido a un Paraíso que nunca ha conocido.
Hombres bajo cuya sombra la escasa hierba se resecaría al percibir su aura de muerte. Forajidos sin alma. Forajidos con restos de algo que podría ser humanidad, si esa palabra puede coexistir con revólveres y rifles.
Venganzas.
[Leer más +]
8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
“Hasta que llegó su hora” – Sergio Leone (1968) o cuando los revólveres se cargaron de lírica. (1)
Una puerta desvencijada parece abrirse sola. Arrastra consigo un chirriar vetusto e incómodo, su objetivo no es otro que clavar su cadencia en tu memoria, como los recuerdos más dolorosos y traumáticos: es el sonido seco y metálico de la venganza que va a llevarse a cabo. Tras de ella, se intuye el vasto y árido desierto de Monument Valley. Así se abre paso a través de nuestros ojos esta descomunal ópera fílmica en forma de westerm, titulada “Hasta que llegó su hora”.

El homenaje nada soterrado que Sergio Leone rinde al gran poeta del cine americano, John Ford, queda patente de inmediato. Donde, al final de “Centauros del desierto”, Ford pintó a un héroe en el umbral de su casa, atormentado, condenado a vagar solo, desterrado ya de su figura mítica y enfrentado a un paisaje que ya no le pertenece, Leone, sugiere por su parte un angosto camino a seguir, la puerta entornada sugiere la llegada del héroe, la redención interna que habrá de cumplir mediante la venganza. El marco donde se ubica sin embargo es el mismo, la atmósfera de transición y melancolía de un viejo y salvaje tiempo que está a punto de desaparecer. Último plano y plano inicial unidos por su esencia desoladora. De lo que Ford dispone, Leone propone.

Pero sigamos con esta secuencia hipnótica. Analizar toda la película en detalle sería una tarea inabarcable, propia de una tesis doctoral. Intentaré centrarme en esta primera escena, en la mirada del orfebre, en lo que, subjetívamente, siento al contemplar esta forma de rodar.

A continuación, una mano arrugada marca con delicadeza sobre una pizarra el tiempo de retraso en la llegada y salida del próximo ferrocarril hacia Flagstone. Cada detalle está cuidado al milímetro, nada es gratuito. Una declaración de intenciones en cada plano: los estilizados números que marca el anciano con suma lentitud, su artesanal dedicación, el cariño por el trabajo bien hecho, la tediosa rutina de una vida dedicada a esperar el siguiente tren.

Puede que la banda sonora que compuso Morricone para esta película sea la mejor de la historia del cine. Eso depende de gustos. Está tan sumamente cuidada, tan sutilmente integrada en las imágenes que es imposible no quedarse hipnotizado. Leone pensaba que el sonido era el 40% de la obra. Rodaba a partir de la música. Escuchaba la melodía, pensaba la escena e iba moldeándola una y otra vez hasta alcanzar el grado de perfección que había contemplado en su imaginación. En “Hasta que llegó su hora”, un gran acierto consiste en que cada personaje tiene un tema que lo identifica y que se va desarrollando según avanzan las relaciones entre los personajes, desde la juguetona melodía que acompaña las apariciones del rufián Cheyenne, la inquietante y amenazadora tonadilla de armónica en cada aparición del homónimo personaje de Charles Bronson, hasta la pieza gris y despiadada que acentúa el carácter de Frank (un gran descubrimiento advertir el tono de frialdad que encierra la mirada del buenazo de Henry Fonda)

Sin embargo, para esta primera secuencia, Leone decidió, por recomendación de Ennio, que lo mas adecuado era enfatizan los sonidos naturales que envuelven la amenazante espera. Así, uno tras otro, van superponiéndose dichos elementos, favoreciendo la atmósfera de tensión que impregna toda la escena: una tiza deslizándose sobre el encerado, el molino que no cesa de girar, el pájaro enjaulado, las pausadas pisadas sobre los gastados tablones de madera de la estación, el viento agitando los trajes, el telégrafo, la silla balanceando, la gota del depósito golpeando intermitentemente sobre la cabeza del personaje de Woody Strode, la molesta mosca incordiando sobre el rostro del cabecilla, el crujir voluntario de las falanges preparando el momento del duelo.

Leone sitúa la cámara en una posición absolutamente contemplativa, intercalando grandes panorámicas con primerísimos planos y planos detalle. Para él, el rostro de un personaje es un paisaje más, capaz de sugerir una historia propia, con sus cicatrices, sus pequeñas marcas, la profundidad de una mirada (otro elemento mas que supo digerir de las lecciones de Ford, quien sabía situar toda la fuerza emotiva de sus escenas en la expresividad de las miradas de sus actores).

Así, cada uno de los tres secuaces intenta matar el tiempo a su manera. Sin embargo, ni siquiera el entorno está por la labor. El calor es asfixiante, la atmósfera pesada, los sonidos se intensifican de tal forma, que el espectador se siente parte de esa letanía misteriosa.

Un detalle importante. Imagino al bueno de Leone, en el intervalo de una de sus indecorosas y excesivas entregas a los placeres culinarios ¿Cómo podría hacer que una escena se quedara grabada a fuego, perdurara para siempre en la mente de los espectadores? Pues al detalle. ¿qué quiero mostrar? Un duelo. ¿Cuál es el duelo mas desequilibrado y sin embargo mas molesto para un ser humano? Cuando no puedes deshacerte de una mosca cojonera. Pues con un par, lo planteo, lo desarrollo y creo un clímax y un epílogo insuperable. Cómo olvidar cuando atrapa a la mosca con el cañón del revolver. Insuperable. Cómo no inquietarse ante el macabro placer reflejado en su rostro cuando la escucha intentando liberarse del cañón. Y para rematarlo, engarza el sonido del insecto desesperado, reflejo de su victoria en el nimio duelo, con el agudo y atronador de la llegada del tren a la estación. Sublime.
[Leer más +]
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Viva el spaghetti-western, Viva Sergio Leone
Obra maestra del western realizada por el genial Sergio Leone.

Sergio Leone cuida al máximo todos los detalles, no hay ningún tipo de improvisación en esta cinta. Leone ya tenía rodada la película en su cabeza antes de empezar. Destacar la cuidada y milimétrica caracterización de los personajes (sus gestos, movimientos, atuendos,…), los escenarios y la fotografía (mezclando imágenes de Almería y del Monument Valley), la importancia de los ruidos de los diferentes objetos (que en ocasiones forman una sintonía que sustituye a la música de Morricone). Todo en su conjunto constituye una verdadera obra de arte cinematográfica.

El reparto de actores:
Empezar por el increíble “Henry Fonda”, que llegó a Europa un poco perdido sin saber que era lo que quería el tal Leone ese (al que no conocía de nada, ni siquiera había visto sus anteriores películas), pero termina realizando uno de los mejores papeles de malo jamás vistos, un tipo de papel desconocido totalmente para el porque en Estados Unidos era la imagen de lo honrado, noble, decente, honesto, …
“Claudia Cardinale” realiza un papel principal en una película del oeste (algo novedoso) pero es que a parte es la mujer del oeste más atractiva que nunca haya existido.
“Charles Bronson” realiza el que posiblemente es el mejor trabajo de su carrera, aún así no se si otro podía haberlo hecho mejor (ya sabéis a quien me refiero).
“Jason Robards” lo borda aportando la parte cómica del film con su papel de pistolero tramposo, granuja e inteligente.

No me he olvidado, pero es que no tengo palabras para definir la maravillosa banda sonora de Ennio Morricone que, entre otras cosas, compuso una canción para cada protagonista.

Y para terminar nombrar el fascinante duelo final, el duelo de miradas en que Sergio Leone termina enfocando solo los ojos de Bronson y Fonda (¡que ojos!), no hacen falta pistolas.

Para algunos la película es demasiado larga, lo entiendo son más de dos horas y media, pero yo no le quito ni un minuto. En USA acortaron la cinta para su estreno y se la cargaron.

Una obra maestra, de 160 min., pero una obra maestra.
[Leer más +]
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Había una vez en el oeste...
Dentro de mi vida cinematográfica, así la he descrito yo, hay películas que te llegan, que te marcan, que te hacen cambiar de pensar, que te hacen ser más fuerte, más sutil, vulnerable, pero esta película definitivamente tocó todas las fibras sensitivas de mi ser, aparte de que la ví en una época muy especial de mi vida.
Vivo en México y fué traducido su título como: Había una vez en el oeste.........
Te das cuenta de su calidad actoral, la escenografía es excepcional, la historia que, siento que te explica en 3 horas de duración que la vida es especial y que las cosas tienen un precio, y que la gente mala puede ser o no ser. Ya está de más decir que la banda sonora sobrepasa los límites de lo que uno puede llegar a oir y te haga ser una persona mejor.....
[Leer más +]
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La venganza del Spaghetti Western
El Western siempre ha sido una de las máximas representaciones del cine norteamericano. Alcanzó su máximo esplendor en la edad de oro de Hollywood y se caracterizó por mostrar la problemática social que la expansión de la civilización encontró en su camino hacia la costa del pacífico. Este género redefinió la figura del héroe, un personaje sacado de las novelas de caballerías quien, a lomos de su rocín, se dedicaba a salvar a damiselas en apuros o a pequeños comerciantes extorsionados por despiadados grupos de salvajes. Se adaptó la personalidad de estos caballeros por una mucho más ruda, cambiando la sagaz retórica y finos modales por el sarcasmo descarado y el tabaco de mascar, el inquebrantable honor por la picardía, y el espíritu desinteresado de aquellos que se contentaban con servir a su rey, por los caza recompensas que no conocían otra ley que la del oro.
Antes de su completa desaparición, allá por los 70, nació el Spaghetti Western, denominado de esa manera, no sólo como indicativo de la procedencia de sus películas (españolas e italianas), sino también por la forma en la que la crítica se refería a ellas para menospreciar la calidad del producto. Y es que este subgénero siempre fue la vergüenza de la familia, la oveja negra del rebaño, todo eran producciones infumables con una puesta en escena mediocre y pésimos guiones; esto era así… hasta que llegó su hora. Y su hora llegó el día que apareció Sergio Leone para revolucionar la industria cinematográfica, dando un golpe de autoridad y con un más que ajustado presupuesto supo encontrar la clave que le llevaría al éxito, y que otorgó al western un homólogo europeo a la altura. Dicha clave residió en un talento innato para la dirección, acompañado de una gran fotografía y de dos geniales colaboradores; el primero, uno de los mayores iconos el cine, poseedor de una mirada como no ha habido otra y el actor que reinventó la figura del fuera de la ley, Clint Eastwood, quien con su poncho, su sombrero lleno de polvo y su barba de 2 días, se convirtió en el referente de la trilogía que compusieron, Por un Puñado de Dólares, 1964, La Muerte tenía un Precio, 1965, y El bueno el Feo y el Malo, 1966; su otro colaborador fue el compositor Ennio Morricone, que consiguió dar a la música un protagonismo casi absoluto en las más de quinientas películas a las que puso la banda sonora, siendo el creador de las mejores canciones que se han escuchado jamás en la gran pantalla.
En esta ocasión, el director, no contó con Eastwood, de hecho el proyecto de Once Upon a Time in the West le fue impuesto de manera inesperada al director, siendo Charles Bronson el encargado del papel principal. Este dato no hizo que el realizador se abrumara, todo lo contrario, aceptó el reto de la mejor manera posible. Un director que sabe mejor que nadie donde ha de colocarse una cámara, el tiempo que ha de esperar hasta dar paso al siguiente plano, o la cantidad de palabras que una mirada o un gesto pueden ahorrar, supo sacar una de las mejores interpretaciones de Bronson en su prolífica carrera. Pero lo mejor estaba por llegar; habiéndose ganado el favor de productores e inversores, tuvo una petición muy especial para el rol de malo: Henry Fonda. En un papel que rompería con su faceta de héroe apuesto, que tan buenos resultados le había dado junto a directores como Sidney Lumet interpretando al único hombre compasivo de aquellos 12 hombres sin piedad, 1957, Fritz Lang, Pretson Sturges, Hitchcock, Vidor e incluso en sus muchas colaboraciones con el maestro John Ford, donde dejó clara su aportación al western, aunque siempre del lado de “los que visten de blanco”. Sin embargo, otros planes tenía para él Leone, vistiéndole de negro por primera vez y haciendo que aquella fría mirada se mostrara indolente, oculta tras un pañuelo, mientras cometía los actos más atroces de todo el oeste. Otra de las sorpresas de la cinta fue la actriz Claudia Cardinale, pese a que Leone no era muy partícipe a otorgar papeles importantes a mujeres, no pudo evitar rendirse a los encantos de la artista, que llegó a convertirse en todo un mito erótico de la época.
La trama es la recurrente en este tipo de películas pero, por la forma en la que está presentada, podría decirse que es el prototipo del cine del oeste. Es la lucha del bien contra el mal, blanco contra negro. Un niño al que se echó sobre sus hombros el peso de una responsabilidad que no podía soportar y que con el paso de los años convirtió el triste son de la armónica, que con violencia le fue introducida en la boca, en la música de una muerte anunciada, que perseguirá a Frank durante todo el metraje hasta que consiga recordarla.
Pero no es realmente la historia, brillantemente escrita por Leone, Dario Argento y Bernardo Bertolucci, lo que llama la atención en esta ocasión, sino la manera en la que está contada.
[Leer más +]
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Obra maestra, bravo por Leone
Tengo que comenzar diciendo que Sergio Leone ha sido siempre uno de mis directores fetiches (y de quién no, si Tarantino lo idolatra en un podio por algo será). Desde bien pequeño he visitado recurrentemente su trilogía del dólar, como tantos niños alentado por los gustos de su padre y abuelo, disfrutando esas calurosas tardes de verano en cualquier pueblo perdido de la mano de Dios.

Poco a poco te vas enganchando a esta maravillosa adicción llamada cine y descubres que oye, tiene otras películas (que no solo de Eastwood vive el hombre) y qué cosas tiene la vida, son peliculones, auténticas maravillas… peeeero no son muchas y decides que vas a desgranarlas poquito a poco, sin prisas que las cosas buenas tienen que llevar su tiempo.

Y un día te descubres esquivando el visionado de para el gusto generalizado (crítica y público va n de la mano en una de esas ocasiones tan atípicas) es su auténtica obra maestra, la película por la que será recordado ad eternum (más allá de su icónica aportación con la trilogía ya mencionada).

Y llega el momento, te sientas en tu sillón favorito y decides que ya vale, que ya va siendo la hora, que quizá se lo debas al bueno de Sergio y aunque con el miedo en el cuerpo: ¿cumplirá las expectativas? ¿un “spaguetti” marca Leone sin Eastwood tiene tanto potencial?, decides que es el momento de cerrar el ciclo.

Y el resto os lo podéis imaginar, aún tengo un escalofrío de recordar su banda sonora (histórica, de las mejores de Morricone), mantengo en mi retina la fría y despiadada mirada de Henry Fonda, en una de sus mejores interpretaciones curiosamente como villano, en las antípodas del regio vaquero de las pelis de Ford. Me enamoro de la Cardinale espectacular como pocas veces se ha visto en pantalla demostrando que las mujeres de Leone tienen más bemoles que muchos personajes macho-alfa de cualquier otro director… Mención especial para el dúo de pícaros formado por Robards y Bronson, a quien su pétrea expresión esculpida a golpe de mazazo y cincel no le puede venir mejor al misterioso personaje Harmónica, hecho a la medida de Clint Eastwood para que nos vamos a engañar, pero a quien no se le echa en falta para nada.

OBRA MAESTRA sí, en mayúsculas.
[Leer más +]
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Notas sobre el Oeste
Cuando el tempo -marcado por el director- sumado al ritmo -marcado por el montador- y a otros tantos elementos como son el sonido, las acciones de los personajes, los juegos de luces y sombras, los movimientos de cámara y los objetos compositivos del cuadro son capaces de trabajar conjuntamente y con un objetivo claro surgen maravillas como C'era una volta il west.
__________

Una mujer que llega en tren desde Nueva Orleans. Nadie le espera. Vagabundea por la estación. Finalmente decide tomar las riendas y abandona el lugar. La cámara se eleva por encima del edificio y le presenta un nuevo mundo: bienvenida al Oeste.
__________

Los ojos, tan importantes para Leone, tienen su propio lenguaje. Es por ello que presentan una multiplicidad de colores, tamaños y expresiones.
__________

La música de Morricone, eterna acompañante de las aventuras vividas por los personajes de Leone, vuelve a despertar aquí profundas y tremendas sensaciones.
__________

La llegada del ferrocarril es un indicador del progreso, de la expansión de la llamada civilización. Ello implica obviamente el fin del Oeste como tal, su declive. No es meramente un hecho histórico, sino también algo que marcará la carrera de Leone quien tan solo dirigirá un western más.
__________

"Y si alguno te da una palmada en el trasero, haz como que no es nada." Una frase que resume la historia de la mujer en el Oeste.
__________

Y al final: el duelo.
[Leer más +]
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Cine, con mayúsculas.
Un análisis exhaustivo de su comienzo podría resultar un tanto farragoso debido a la riqueza y complejidad de una hipnótica puesta en escena, que deviene en una sinfonía compuesta de un raudal de imágenes y sonidos que cuestan no solo enumerarlos, sino extraer todas sus implicaciones y sugerencias. Tres matones esperan en las inmediaciones de una estación la llegada del tren. Uno, sentado en una silla mecedora echa una siestecita truncada por el papel de la máquina expendedora de billetes del tren y por una mosca inoportuna que surca sus mejillas y a la que trata de espantar en vano a base de soplidos. Otro matón de raza negra, sofocado y con una asombrosa calma, deja que un goteo providencial inunde su sombrero. El otro chasquea nerviosamente sus nudillos. Y en medio de esta espera, Leone nos hipnotiza con una sinfonía de sonidos, cada cual más sugerente: El taconeo de las botas en el suelo de madera, el viento, el rechinar de las aspas de los molinos, gorjeos de pájaros, el zumbido de una mosca, el goteo. el rechinar de los goznes de las puertas, escopetas que se cargan, una puerta que se cierra con estrépito, soplidos, el ruido de una silla mecedora, el chirriar de una tiza en la pizarra, el canto de un gallo ... y uno no terminaría de enumerar tantos sonidos que no solo crean una atmósfera de parsimoniosa pero a la vez tensa espera, sino que son esenciales para la puesta en escena en los momentos claves del arranque, como el estridente silbido del tren, que anuncia su llegada, el ruido de unos pasos presurosos en la huida de la mujer india, los crujidos de los nudillos de uno de los matones que reflejan su impaciencia, una escopeta que se arma con presteza para recibir a "Armónica" ( Bronson)... Para tal audacia de Leone, solo encuentro un parangón con los primeros compases de Sed de mal y con el inicio de La ventana indiscreta, dos arranques prodigiosos que darían para hablar mucho también.
Me imagino esta película proyectada ahora en pantalla grande y ya estoy viendo desfilar a la mayoría por los pasillos, en busca desesperada de la salida, echando un vistazo a los mensajes del móvil o palpando nerviosamente los bolsillos en busca de un pitillo. Es una pena, porque no saben lo que se pierden. Leone ,deliberadamente quiere que nos impacientemos, que nos sofoquemos con el calor, incordiarnos con esa mosca, que participemos en esa interminable espera, poner a prueba nuestra paciencia hasta límites insospechados y lo asombroso es que, muy lejos de irritarnos ya ha logrado el milagro , nos ha hipnotizado para siempre. Creo, en mi humilde opinión de simple aficionado al cine, que esta no solo es la obra maestra de Leone, sino también una de las películas más relevantes que se hayan filmado, sencillamente Cine, con mayúsculas
[Leer más +]
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
No debiste pasarte con el metraje, forastero
Sobre gustos no hay colores, lo sé, pero a mí me quitan a Charles Bronson, me ponen a Clint Eastwood y reducimos unos 30 minutos la cinta y... le doy un diez. Sé que Leone se recrea muchas veces, pero es que Bronson es una esfinge sin vida, y no trasmite nada. Henry Fonda es muy bueno, pero me quedo con Lee Van Clift... En fin, reconozco que soy muy subjetivo, pero es mi opinión particular.
[Leer más +]
13 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
EL MAYOR ESPECTACULO DEL MUNDO... JAMAS CREADO.
Como se puede mejorar lo que uno cree que es imposible hace mejor? Como puede sorprenderte algo cuando crees que todo está dicho? Como se puede uno emocionar con un duelo final cuando crees haber visto el mejor enfrentamiento de todos los tiempos?
Son preguntas que uno se hace después de ver la fabulosa "trilogía del dolar"
Pues bien, la respuesta la tienes después de haber visto "Érase un vez en el Oeste" (o como a mi me gusta llamarla), la mejor película del Oeste jamás creada.
¿Qué es el cine, sino una máquina de fabricar sueños? y esto el Sr. Leone lo sabía perfectamente y plasma en esta película un universo de personajes irreales con los que cualquiera de nosotros querría por un momento ponerse en la piel (desde el Malvado sin escrúpulos Frank, al héroe hierático y lacónico Harmónica, pasando por el bueno de Cheyenne.....) personajes que sin duda parten de la imaginación, porqué no decirlo alucinada y alucinante de Sergio Leone en una época histórica real, el declive del salvaje oeste en favor de la llegada del ferrocarril o lo que es lo mismo el progreso.
Son personajes que sin duda no existieron, nadie imagina en el oeste real un tipo como Harmónica, Frank (tan malvado pero a la vez con un sentido del honor tan particular) o incluso Cheyenne pero eso es el cine, hacer real cosas irreales.
A parte de todo esto el filme cuenta con un guión excelente y una dirección magnífica, así como una banda sonora que te hiela la sangre.

Pocos directores tienen el privilegio de que a posteriori sus compañeros, cuando quieren un primerísimo primer plano espeten a su director de fotografía: "Dame un Sergio Leone"

Enhorabuena maestro, allá donde estés.
[Leer más +]
7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El bostezo, el genio y el ritmo
Que sí, que es Sergio Leone, que es mítico, que es un maestro, pero Hasta que llegó su hora no llega al nivelazo de la Trilogía de los Dólares. Simplemente no llega.
Ya no es que sea más larga que un día sin pan (le sobran fácil cuarenta minutos, si no más) y tenga un ritmo tremendamente lento, sino que en ningún momento la historia enancha como enganchaban y fascinaban las andanzas de el Manco, Joe o el maravilloso trío formado por Rubio, Tuco y Angel Eyes en la magistral trilogía protagonizada por Clint Eastwood. Aquí lo bueno está en la dirección de Leone, una vez más absolutamente magistral, y en ese toque suyo tan peculiar que aparece sobre todo en el excepcional comienzo de la cinta, casi sin palabras, haciendo uso de la música y de las miradas de los actores para provocar tensión o risa, según toque. Y qué música del maestro Ennio Morricone.
Recomendable, interesante, cinematográficamente espléndida pero lastrada por una duración del metraje imposible de defender y menos interesante en su trama que otras obras del director.

Lo mejor: El inconfundible toque Leone, las presencias de Fonda, Bronson y Cardeinale, y el comienzo.
Lo peor: Con dos horas de película o incluso menos hubiera sido suficiente.
[Leer más +]
7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ver críticas con texto completo