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El gatopardo (1963)

7.8
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Sinopsis
Es la época de la unificación de Italia en torno al Piamonte, cuyo artífice fue Cavour. La acción se desarrolla en Palermo y los protagonistas son Don Fabrizio, Príncipe de Salina (Burt Lancaster), y su familia, cuya vida se ve alterada tras la invasión de Sicilia por las tropas de Garibaldi (1860). Para alejarse de los disturbios, la familia se refugia en la casa de campo que posee en Donnafugata en compañía del joven Tancredi (Alain Delon), sobrino predilecto de Don Fabrizio y simpatizante del movimiento liberal de unificación. (FILMAFFINITY).
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Italia Italia
Título original:
Il gattopardo
Duración
205 min.
Guion
Suso Cecchi d'Amico, Pasquale Festa Campanile, Massimo Franciosa, Enrico Medioli, Luchino Visconti (Novela: Giuseppe Tomasi di Lampedusa)
Música
Nino Rota
Fotografía
Giuseppe Rotunno
Productora
Productor: Goffredo Lombardo
Género
Drama Siglo XIX Histórico
"Obra maestra. (...) profunda reflexión acerca de la decadencia. (...) El magnífico Burt Lancaster ve cómo su mundo aristocrático se derrumba y su clase social desaparece en este tratado de cine tan elegante como moderno."
[Diario El País]
10
La más bella muestra del talento y la pasión creativa de Visconti
A partir de “Senso”, Luchino Visconti aborda y desnuda en sus films su contradictorio y complejo mundo interior. La destrucción del núcleo familiar; la decadencia de una clase social, -la suya-, y la degradación moral serán los ejes básicos de sus tres indiscutibles obras maestras: “Rocco y sus hermanos”; “El Gatopardo” y “Muerte en Venecia”.

Adaptación de la novela homónima de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, enmarcada en la convulsa Italia del Rissorgimento, el Don Fabrizio de “El Gatopardo” es el “alter ego” del autor y el de un Visconti plenamente identificado con un personaje al que ama.

El estallido de la revolución garibaldina obliga a Don Fabrizio (sublime Burt Lancaster) a refugiarse con su familia en su residencia de Donnafugata. A su llegada será recibido por Don Calogero (Paolo Stoppa), alcalde y máximo representante de la vulgar burguesía dominante, a la que desprecia, pero a la que tendrá que aceptar con resignación cuando su sobrino Tancredi (Alain Delon), alistado en el ejercito garibaldino, -si queremos que todo quede como esta, es preciso que cambie todo-, se prometa con Angélica (una Claudia Cardinale de una belleza provocadoramente vulgar), hija de Don Calogero, asumiendo la llegada de un tiempo en el que no hay lugar para el.

Último representante de una clase social a caballo entre el viejo orden y el nuevo que se avecina, toma conciencia lúcida de que no encaja en ninguno de los dos. Crónica de la decadencia de una clase social, la aristocracia, y del surgimiento de otra, la burguesía, “El Gatopardo” emerge como un inmenso fresco histórico de una belleza apabullante, como uno de los mejores films de su autor y de la historia del cine.

Con una dirección magistral y una puesta en escena de fuertes influencias pictóricas, “El Gatopardo” se sustenta en un guión rico en detalles y matices de Suso Checci D’Amico y Enrico Medioli entre otros, al que Visconti viste con las mejores galas, arropado por la brillante fotografía de Giuseppe Rotunno, el suntuoso vestuario de Piero Tosi y la inmortal partitura de Nino Rota, -que adaptó una sinfonía suya inacabada, y recuperó un vals inédito de Verdi-, para regalarnos esta hermosa, lúcida y barroca reflexión sobre un mundo que se extingue serenamente en los dulces brazos de la muerte.

En nuestras retinas quedan grabados para siempre momentos de gran cine: La entrada de una deslumbrante Angélica en la cena de bienvenida a Donnafugata; la larga secuencia de la fiesta, -imprescindible para comprender el sentido último de un film irrepetible-, y sobre todo ese momento mágico en el que un Don Fabrizio cansado y una bellísima Angélica, vestida de blanco, bailan un vals como metáfora viva de un pasado que se extingue y un futuro que ya es el presente, y de que efectivamente “todo ha cambiado para que todo siga igual”.

Obra maestra absoluta y lección suprema de cine, no apta para todos los públicos.

Francesc Chico Jaimejuan
5 de junio de 2008
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114 de 119 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El baile (50)
No lo puedo evitar. No niego que sea una gran película porque posee suficientes alicientes como para no defraudar al más cinéfilo: una estupenda fotografía, un vestuario impecable, una magnífica banda sonora y la interpretación del mejor Lancaster. Sin embargo, su mensaje... su historia... en fin, no me dice gran cosa. Contemplar a la aristocracia decadente del lugar dejando al margen al populacho durante todo el film, me deja un bastante frío.

Le sobra metraje. Durante tres horas, aparte de bailes, pedidas de mano, supuestos amores y negocios y batallitas varias, no ocurre gran cosa destacable. Acabas preguntándote si sucederá algún suceso relevante que dé una vuelta de tuerca a esta infinita presentación de circunstancia. Es decir, tras observar durante ciento ochenta minutos un cine visualmente intachable, todavía no he entendido lo que me han querido contar aparte de lo obvio de su sinopsis.

A su favor: el baile más bello y mejor filmado de la Historia del Cine.
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119 de 170 usuarios han encontrado esta crítica útil