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El placer (1952)

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Sinopsis
Adaptación de tres cuentos del escritor francés Guy de Maupassant que versan sobre el placer:
- Un hombre extraño, que asiste a un popular baile de máscaras en París, baila hasta caer extenuado. El médico que lo atiende descubre sorprendido que tras la máscara se oculta un anciano. Cuando lo acompaña a su casa, la esposa le cuenta al médico la triste historia del bailarín.
- A Madame Tellier, que regenta un prostíbulo, la invita su hermano Joseph a la primera comunión de su hija. La Madame cierra el negocio y se traslada con sus pupilas a la lejana granja de Joseph para asistir a la ceremonia. Terminada la fiesta, regresan al prostíbulo en medio del regocijo de los hombres, que ya las echaban de menos.
- Un famoso artista se enamora de su bella modelo Josephine. Sólo pinta retratos de ella y alcanza el éxito, pero su historia de amor tiene un final inesperado. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Le plaisir
Duración
93 min.
Guion
Jacques Natanson, Max Ophüls (Cuentos: Guy de Maupassant)
Música
Joe Hajos
Fotografía
Philippe Agostini, Christian Matras (B&W)
Productora
C.C.F.C. / Stera Films
Género
Drama Romance Comedia Película de episodios Drama romántico
9
La búsqueda del placer
Antepenúltimo largometraje de Max Ophüls (1902-57), es uno de sus mejores trabajos. El guión, de Jacques Natanson y M. Ophüls, con diálogos de J. Natanson, adapta tres relatos breves de Guy de Maupassant (1850-93): “La masque” (1889), “La maison Tellier” (1881) y “La modèle” (1883). Se rueda en escenarios naturales de Calvados (Baja Normandía), llamada la “Suiza Normanda”, y Paris (Escuela de Bellas Artes) y en platós de Franstudio (Joinville-le-pont), Studios Eclair (Epinay-sur-Seine) y Studios Boulogne-Billancourt. El rodaje se inicia el 6-VI-1951, se interrumpe en agosto y se retoma y termina en octubre/noviembre. Es nominado a un Oscar (dir. artística). Producido por Édouard Harispuru, M. Kieffer y M. Ophüls para CCFC (Compagnie C.F. Cinématographique) y Stera Films, se presenta en sesión de preestreno el 14-II-1952 (Fécamp, Alta Normandía).

La acción dramática tiene lugar en Paris (“La masque” y “La modèle”) y en el departamento de Calvados (Deauville, Bolbec, Vau de Vire, Le Bouillet…) a finales del XIX (1881-90). El film consta de 3 episodios: dos breves (“La máscara” y “La modelo”) y uno central de mayor duración (“La casa Tellier”). Ambroise (Galland), antiguo primer oficial de la peluquería Marcel, de la ópera de Paris, jubilado y olvidado, no se resigna a envejecer. Julie (Renaud), la patrona de la casa Tellier, cierra el establecimiento entre el sábado por la mañana y la tarde del domingo, a finales de mayo, para asistir en compañía de sus pupilas (Flora, Rafaela, Rosa, Luisa, Fernanda…) a la primera comunión de su sobrina Constance (Jany) en una pequeña localidad de la campiña normanda, donde vive y trabaja como carpintero su hermano Joseph Rivete (Gabin). Joséphine (Simon) y el pintor Jean (Gélin) se enamoran apasionadamente, pero el paso del tiempo produce en su relación efectos imprevisibles.

El film suma comedia, drama, romance y cine de época (finales del XIX). Responde a una idea largamente acariciada por Ophüls, aplazada sucesivamente. Con la colaboración de Jacques Natanson elabora el guión entre marzo y abril de 1951. En septiembre, por razones presupuestarias y de prudencia ante el rigorismo moral de la sociedad europea del momento, se sustituye el tercer episodio previsto (“La femme de Paul”), una historia de amor lésbico, por “La modelo”. El conjunto del relato mantiene en su integridad el vigor narrativo y los temas de Ophüls.

El estilo refleja la afición del autor por las formas recargadas, pomposas y barrocas, y por la ambientación minuciosa y detallista de época. Tras la apariencia de las formas se oculta el espíritu equilibrado, riguroso, ordenado y clasicista de Ophüls, que se manifiesta a través de la estructura armónica del relato, dividido en 3 partes de arquitectura casi geométrica. Su clasicismo se confirma con los temas que trata, siempre centrados en el análisis de la naturaleza humana, sus alegrías, sufrimientos, ambiciones, deseos, etc.
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48 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La delgada línea entre el placer y el dolor
Ophüls, como ya hiciera con la audaz “La ronda”, explora las fragilidades del corazón y de la carne y la sutil dualidad entre placer y dolor. Cómo uno no puede existir sin el otro; un matrimonio de opuestos que no tendrían sentido por separado. Porque no se puede apreciar el goce sin conocer también los alcances del sufrimiento, y viceversa.
Mediante tres cuentos de Guy de Maupassant, el narrador omnisciente (y testigo ocular) nos guía por tres situaciones muy distintas cuyos denominadores comunes son la búsqueda, pérdida, recuperación o añoranza de esa palabra suprema que da título a la película, y una sensación trágica de fugacidad.
El anciano enmascarado del primer cuento persigue patéticamente una juventud que ya se le escapó, resistiéndose a los zarpazos de la vejez que le arrebatan su planta y sus energías de petimetre seductor.
Las mujeres del segundo cuento regresan a la inocencia de la Primera Comunión, cuando eran niñas todavía intactas, no maleadas por la vida en un burdel. Asistir a tal evento religioso para ver a la sobrinita de la madame, tras tantos años descarriadas, las enternece; lloran por los sueños esfumados, habiendo comprobado que los puestos de princesas, reinas y heroínas de leyenda no estaban destinados a chicas como ellas. Y el hermano de la madame, el padre de la niñita, echa de menos las alegrías del galanteo con una mujer bonita, al notar que hay feeling entre él y Rosa, una de las atractivas pupilas de su hermana.
El último cuento es un colofón tan crudo que casi provoca temblores. Esa pareja de enamorados que degenera tristemente es tan actual como los vecinos de nuestra casa de enfrente. El placer inicial se convierte en rayos y demonios, y en un grillete tan aparatoso como un peso muerto.
La mejor frase: “La felicidad no es alegre.”
¿Qué es el placer? Aquello que nos ocurre entre dificultades y batacazos, en esos raros momentos en los que el dolor está de vacaciones por un lapso siempre más corto de la cuenta.
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22 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil