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De tal padre, tal hijo (2013)

De tal padre, tal hijo
Trailer
7.2
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Sinopsis
Ryoata, un arquitecto obsesionado por el éxito profesional, vive felizmente con su esposa y su hijo de seis años; pero su mundo se viene abajo cuando los responsables del hospital donde nació su hijo le comunican que, debido a una confusión, el niño fue cambiado por otro. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Japón Japón
Título original:
Soshite chichi ni naru (Like Father, Like Son)
Duración
120 min.
Estreno
29 de noviembre de 2013
Guion
Hirokazu Koreeda
Fotografía
Mikiya Takimoto
Productora
GAGA / Amuse
Género
Drama Familia
6
La misión de la paternidad
En contra de lo que a primera vista se pueda pensar, “De tal padre, tal hijo” no trata (solo) sobre el intercambio de dos niños al nacer; en lugar de ello es una película que ansía reflexionar sobre la paternidad. ¿Qué significar ser padre? ¿Sustentar a la familia y garantizar el éxito del hijo o darle un hogar cálido lleno de amor y aceptación? ¿Cuándo se comienza a ser padre? ¿Nada más ver al hijo, cuando uno se reconoce física o psicológicamente en él, tras habituarse al cambio radical que ha tomado tu vida, o tras haber pasado horas con el niño? ¿Es igual esta situación para el padre que para la madre, quien lleva al niño en su vientre nueve meses antes de encontrárselo de frente? Sin duda la noción de ‘paternidad’ cambia con el tiempo, radicalmente cuando se tiene un hijo, y sin duda es distinta en cada familia y en cada progenitor. El tema del cambio de recién nacidos es la excusa que permite lanzar estas reflexiones y captar la atención del público. Además permite explorar otra de las cuestiones fundamentales del film: el significado de los lazos de sangre. El intercambio de recién nacidos es en Japón, como en España los robos, un tema de gran vigencia; y el significado de los lazos de sangre fundamental en la cultura japonesa.

La principal misión en un drama como este es la credibilidad del relato. Que las preguntas y las respuestas surjan solas, sin ser forzadas, haciendo de los personajes algo más que signos en el discurso: personas reales que sufren, aman y viven. La equilibrada sencillez de Koreeda y su particular sensibilidad parecían adecuadas para el desafío.

Así es durante los dos primeros tercios del filme en los que se presenta a los protagonistas, se plantea el dilema de si cambiar o no a los niños como sugiere el hospital y ambas familias comienzan a conocerse. Durante más de una hora surgen todas las preguntas por sí mismas, de forma natural y emotiva. Todo está medido y calculado por la dirección y el guión de Koreeda: el protagonismo absoluto de Masaharu Fukuyama, personaje que se planteara todas las preguntas del filme y padre volcado en el trabajo, sin apenas tiempo que pasar con su hijo pero absolutamente implicado en su formación y tan ansioso de ser amado por su hijo como de verse reflejado en él; la dirección minimalista y las actuaciones que buscan transmitir la sensación de naturalidad; la emotividad de la película con la música de Beethoven para marcar el tono emocional en los momentos oportunos sin resultar excesivamente ñoña y molesta; el contraste sociocultural y educativo entre las dos familias; las diferencias entre las madres y los padres y sus relaciones entre sí, etc. Todo está escrupulosamente controlado, y sin embargo, Koreeda logra matizar los contrastes y escapar de un film de héroes y villanos para que el relato parezca natural, desaparezca la cámara, y nos dejemos llevar por un relato con vida propia.

Pero, una vez tomada la decisión de los padres llega el último tercio y la hora de ofrecer respuestas. Entonces todo se vuelve forzado, el discurso devora al relato, los minutos pasan despacio y, aunque hay momentos emotivos de gran intensidad, notamos cierto sentimentalismo forzado en busca de nuestras lágrimas.

A base de emotividad, redención y respuestas se alcanza un bonito e intenso final. El espectador sale contento de la sala, se recrea unos instantes en lo que ha visto y sin dificultad le da carpetazo. Spielberg llora y compra los derechos para un remake.
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34 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
'La película japonesa que emocionó a Spielberg'
Hirokazu Koreeda es un director que me interesa y bastante, y todo esto a pesar de que considero su películas más famosa/reconocida como una de las menos buenas que ha hecho, "Nadie sabe" (2004). Me encantó "After Life" (1998) y sus primeros trabajos demostraban una ambición poco habitual en el cine japonés, alejada completamente de lo comercial para ahondar en terrenos más áridos, como en su debut "Marobosi" (1995) o la posterior "Distance" (2001). A partir del triunfo de la película de 2004 parece que cambió un poco las tornas para dedicarse a un cine menos críptico y más dado a la aceptación ("Hana", 2006; "Air Doll", 2009), alternando en el proceso algún trabajo un poco más exigente, como la fantástica "Still Walking" (2008). Había cierto miedo no obstante a la hora de enfrentarse a "Like Father, Like Son", principalmente por venir detrás de "Kiseki", y tras los encendidos elogios de un Steven Spielberg que no ha tardado en comprar los derechos para su remake norteamericano. Buen, vista la película se entiende este movimiento pero también se comprende la buena prensa del film: es un trabajo de cierta altura.

Sin llegar a la fuerza de "Still Walking", se nos plantea aquí una duda moral: qué haríamos al descubrir que alguien de nuestra familia no pertenece en realidad a ésta. Si primaría 'la sangre' o la convivencia. Desde el punto de vista de dos matrimonios cuyos hijos fueron intercambiados hace seis años vamos viendo cómo todo esto afecta su existencia mientras tratan de lidiar con el problema de la mejor forma que les es posible. Koreeda no plantea grises en el retrato de estas dos familias, sobre todo en lo que respecta a la figura paterna: uno es pobre, pero enrollado y dedicado a su familia; otro rico, pero gris, y ausente. Esto debilita en cierto sentido la fuerza poética del film al no introducir gamas de grises, convirtiendo el relato en un "héroes o villanos" en lo relativo a esta representación. Dicho lo malo, toca hablar de lo bueno: la exploración de dos formas de vida, funcional, y sobre todo la serie de ideas de guión que se van desarrollando.

""Like Father, Like Son" (o "De tal padre, tal hijo") es una buena película, no cabe ninguna duda. No es tan oscura como podría, pero juega bien sus cartas de buen cine 'familiar' -y sobre la familia- constituyendo un ejemplo de cómo los 'dramas con niño' deberían ser. Su final es muy potente además, aunque reincida en ciertos temas sin necesidad real y -personalmente- me habría gustado algo más ambiguo, al estilo "Nader y Simin". No obstante esto simplemente una forma de fantasear y de quejarse por quejarse porque se le pueden poner pocas pegas a un film de dos horas que mantiene el interés sin mayor problema y que se, además, está notablemente dirigido y cuenta con unas interpretaciones muy sólidas, tanto en lo relativo a los padres como los niños, punto fuerte de Koreeda, que siempre saca lo mejor de ellos. Un trabajo sólido que habrá que ver cómo adaptan al mercado norteamericano. No es difícil de hacer -tampoco de entender porque gustó a Spielberg-, pero si se toca la tecla errónea puede ser fatal.
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25 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil