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La ley de la hospitalidad (1923)

La ley de la hospitalidad
Trailer
7.8
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Sinopsis
Los Canfield y los McKay han heredado una enemistad que ha pasado de padres a hijos durante muchas generaciones. Pero, por caprichos del destino, Willie McKay (Buster Keaton) coge un tren en Nueva York, en el que conoce a Virginia Canfield (Natalie Talmadge)... (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Our Hospitality
Duración
74 min.
Guion
Jean C. Havez, Joseph A. Mitchell (Historia: Clyde Bruckman)
Música
Película muda
Fotografía
Gordon Jennings, Elgin Lessley (B&W)
Productora
Joseph M. Schenck Productions
Género
Comedia Siglo XIX Cine mudo
8
La clásica historia de Montescos y Capuletos... desde otro punto de vista (7.85)
La he vuelto a ver hace tan sólo unos minutos.

Os comento. No empieza tan cómica como de costumbre, sino con un violento y dramático enfrentamiento entre dos miembros de clanes enfrentados que ofrece un magnífico uso de la luz –de la oscuridad, en realidad–. Tras él, de la familia McKay sólo quedan vivos la mujer y su bebé, de nombre Willie, así que ésta decide enviarle con unos parientes para que se críe alejado de tanto odio. Años más tarde, un Willie ya adulto regresará al pueblo para reclamar una herencia. Y ¿de quién diríais que se enamora durante el viaje? Efectivamente, de la guapa hija de la familia rival.

Os sigo comentando. Las situaciones son deliciosas e ingeniosas. Encontramos ideas visuales relacionadas con los trenes precursoras de las que unos años más tarde explotaría en "El maquinista de la General" –vías con baches muy acusados, convoyes destartalados, carriles flexibles, traviesas sueltas, locomotoras con caldera multiuso...–, situaciones tan absurdas como la propia "ley de la hospitalidad" que se imponen a sí mismos los miembros masculinos de la familia Canfield –desternillantes son las persecuciones pistola en mano–, y escaladas de lo más vertiginosas –tengo vértigo, así que lo pasé mal, de verdad–.

Cada día lo tengo más claro: Keaton fue un mago que descubrió el truco para comprimir el tiempo. ¿En qué manga se escondería los 74 minutos?
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22 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La ley de la hospitalidad
Ciertamente no es de las mejores de Keaton, pero su vigencia cómica y cinematográfica sigue siendo incontestable. A modo de balance: engancha con un prólogo dramático y oscuro, cautiva con ese surrealista trayecto en tren que serviría de ensayo a la superior The General, arranca carcajadas purísimas con su entrada, triunfal, en la mismísima boca del lobo, pero luego baja el pie del acelerador y se relaja en exceso, rozando incluso cierto estado de ánimo parecido al aburrimiento. Su tramo final, sin embargo, vuelve a reconciliarnos con un cineasta enorme que, en unos tiempos en los que el cine aún daba sus primeros pasos, supo innovar, inventar y maravillar sin perder en ningún momento la capacidad de hacer reír al espectador. En este caso, además, con un sentido del humor por momentos negrísimo y un ensamblaje técnico (toda la odisea en el río y la montaña) sencillamente portentoso. Lo dicho: un mago, un titán de este noble y menospreciado género que es la comedia.

Lo mejor: los líos de Keaton en la casa de la familia rival.
Lo peor: una arritmia central grave y lo previsible del desenlace.
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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil