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Un hombre y una mujer (1966)

Un hombre y una mujer
Trailer
7.0
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Sinopsis
Anne es una joven viuda que tiene una hija pequeña y cuyo marido murió durante el rodaje de una escena peligrosa. Ella también trabaja en el mundo del cine. Jean-Louis Duroc es también un joven viudo que tiene un hijo de corta edad; es un hombre más bien triste e introvertido. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Un homme et une femme
Duración
102 min.
Guion
Claude Lelouch, Pierre Uytterhoeven
Música
Francis Lai
Fotografía
Claued Lelouch
Productora
Les Films 13
Género
Romance Drama Drama romántico Drama psicológico Melodrama Película de culto
10
Un telegrama y un te quiero
No me cabe duda de que el Óscar a la mejor película de habla no inglesa de 1966 fue más que merecido para este bellísimo drama romántico que narra de un modo original, seductor y cautivador el naciente amor entre Jean-Louis, un piloto de rallies, y Anne, que trabaja en la industria del cine como técnica de cámara. Ambos viudos, y con hijos.
Lelouch hizo gala de su maestría artística y narrativa para dar lugar a una película plena de romanticismo por los cuatro costados, pero que elude brillantemente los tópicos empalagosos y los sentimentalismos facilones.
Sin duda, Lelouch quiso experimentar con la imagen y el modo de contar la historia, jugar con la técnica visual y narrativa para ofrecer algo diferente y fresco. Y lo consiguió con su fotografía que combina el color y el blanco y negro, creando un marco afectivo que oscila entre el pasado (sus anteriores vidas matrimoniales) y el presente (la relación que comienza a surgir entre ellos). Lo consiguió con los encuadres de la atrevida cámara, los planos, los escenarios y los paisajes. El director filmó un derroche absoluto de instantes preciosos captados por su personalísima cámara: un embarcadero al atardecer, por el que pasea un hombre llevando a su perro de la correa, mientras Anne comenta, con voz embelesada, que hombre y perro llevan el mismo paso; una playa en un día nublado, con los dos adultos y los dos niños que se están conociendo; Jean-Louis y su hijo, conduciendo a la orilla del mar; flashes del pasado de Anne cuando era feliz con su marido en el rodaje de las películas en las que él trabajaba como especialista en escenas peligrosas... Y, sobre todo, el impacto de los primeros planos que nos acercan extraordinariamente a los protagonistas.
Entre escenas en las que se vive felizmente el momento, conversaciones espontáneas, risas ante un divertido Jean-Louis, adrenalina incluida con las escenas de las carreras, y en definitiva el embrujo de la soberbia imagen cambiante e inquieta, pasional como ese amor ilusionado que empieza a brotar entre ese hombre y esa mujer que han tenido ya su tanda de sufrimientos en un pasado cercano, y que han elegido este momento para empezar a decir adiós a lo anterior y abrirse a lo nuevo. No sin dudas ni sin obstáculos, no sin que sus escarceos estén marcados por las inseguridades. Como en todo amor que se despierta.
Anouk Aimée y Jean-Lous Trintignant personifican a ese par de incipientes enamorados con una riqueza de matices que permanecen en la retina y en la memoria durante mucho tiempo.
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30 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El discreto encanto de la sencillez (aunque sea burguesa)
Contaba Terenci Moix en sus maravillosos libros sobre las estrellas del cine, que participó gustoso en el abucheo al jurado de Cannes 66, cuando premió a esta película, en detrimento de rotundas obras maestras como "Campanadas a medianoche" o "Faraón". Y tal vez también sorprenda el inmenso éxito comercial que obtuvo en todo el mundo; pero, a pesar de sus limitaciones, pienso que, más de cuarenta años después, se paladea con agrado.

Como ocurre con "La diligencia", que parece muy tópica porqué posteriormente fue imitada hasta la saciedad, pero que en el momento de su realización era ciertamente original, la imagen más recordada de este film nos parece también hoy muy tópica, pero porqué dio lugar a recurrente estética publicitaria (los amantes corriendo en la playa, la cámara girando…). El estilo fotográfico y de montaje, qué duda cabe, es hijo de su tiempo, aunque eso no es necesariamente un defecto. En concreto, la alternancia del color, el blanco y negro y la tonalidad sepia, me parece que sigue funcionando a la perfección, porqué no obedece a criterios mecanicistas —como utilizar uno para el pasado y otro para el presente, como sucede en muchas películas— sino, de manera intuitiva, a estados de ánimo.

Pero la belleza de esta película reside, en mi opinión, en la absoluta sencillez de su propuesta: un hombre y una mujer (habrá que admitir que, visto el contenido, es el título más acertado posible). La dramaturgia clásica del cine romántico acostumbra a situar a los amantes ante difíciles tesituras: la infidelidad —de "Breve encuentro" a "Los puentes de Madison"—, el conflicto con el deber —"Casablanca"—, el destino trágico —"Carta de una desconocida"—, etc. Aquí no hay daños a terceros ni colaterales: tan sólo dos viudos que pueden rehacer su vida. Ignoro si se trata de una operación de cálculo —estética audaz para el público proveniente de las nuevas olas e historia modosa para el público más conservador—. Sea como sea, el resultado me parece bonito y emotivo (su reverso tenebroso podría ser el último título de Naruse, "Nubes dispersas": un hombre y una mujer viuda, siendo precisamente el hombre quien, en un accidente, atropelló al marido).

Una película de estas características necesita a la fuerza de unos actores de especial carisma, que transmitan la química entre ellos y caigan bien a todos los espectadores. Creo que ambos lo consiguen. A Trintignant le toca bailar con la más fea (su personaje, no su partenaire). De él, oímos más la voz en off de su pensamiento y, de ella, vemos más los recuerdos de su matrimonio. Y, sin embargo, la acabamos conociendo mucho más ella, sabemos qué siente y lo comprendemos. A su lado, el personaje masculino aparece mucho menos complejo y trabajado, y por eso creo que fundamentalmente brota de ella la emoción.

Finalmente, démosle de nuevo la razón a Terenci cuando proclama su devoción por el rostro de Anouk, bello como pocos y fascinante como más pocos todavía.
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16 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil